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25 de junio de 2013

SUDAFRICA Y MANDELA



Previo a seguir escribiendo respecto la situación internacional actual y el juego por el poder global, es momento de escribir sobre el ex-Presidente de Sudáfrica Nelson Mandela, que en estos momentos se encuentra agonizando en Pretoria, capital de ese país, a los 94 años de edad, víctima de una infección de las vías respiratorias que se le ha complicado.

Mandela pasará a la Historia como uno de los íconos del siglo XX, siglo pródigo en liderazgos que van desde Lenin hasta Juan Pablo II, pasando por Gandhi, Hitler y Churchill y de Reagan a Gorbachov, pasando por Stalin y Castro. El caso de Mandela es único y es digno de pasar a la memoria histórica de la humanidad como uno de los grandes, alguien que consiguió no solo la igualdad y la libertad plena para los negros en su propia tierra, sino que además, logró una verdadera unidad nacional en un país tan complicado como Sudáfrica, que vino a aceptarse a sí mismo como una Nación plural y compleja, conformada por distintas etnias que fueron unificadas bajo el pacífico signo del perdón de un hombre que bien pudo salir de la prisión para buscar venganza contra los blancos culpables de la opresión en que vivían sus hermanos de raza, no en tierra extraña, como fue el caso de los descendientes de africanos en América en los siglos que existió la esclavitud, sino en su propia patria; sin embargo, Mandela, o Madiba (título nobiliario otorgado en la etnia a la que pertenece nuestro personaje), salió de la cárcel con la misión de lograr la reconciliación y la unión entre todos los sudafricanos sin importar su raza o condición social.

Y eso era difícil, más cuando se ve que la Historia de Sudáfrica es la de una Nación construida por el odio, tristemente: al principio, diversas etnias Khoisan, como los Bosquimanos, habitaban el territorio de lo que hoy es Sudáfrica, dedicados a una vida primitiva de caza y recolección; sin embargo, hacia el 500 a.C., llegados del centro del continente, aparecieron los Bantúes, que ya conocían la fundición de metales, la ganadería y una agricultura primitiva y que exterminaron o desplazaron a los Bosquimanos a zonas más pobres y áridas, como el Desierto del Kalahari; a fines del siglo XVIII, apareció en una de esas etnias, los Zulu, el gran Rey Shaka, considerado como el Napoleón Negro por su extraordinaria capacidad como estratega militar: Shaka organizó un verdadero Estado unificado con sus conquistas, con un ejército profesional conformado por el reclutamiento y el servicio militar obligatorio, y una burocracia efectiva para la recolección de impuestos y la administración de Justicia, además, premiaba el mérito y los logros personales valían más que el linaje para el otorgamiento de cargos públicos y ascensos en el escalafón militar. (Por cierto, existe una miniserie televisiva excelente que relata la biografía de este gran (pero psicópata) monarca del Africa Negra: Shaka Zulu, una producción de Harmony Gold, la misma casa que llevó a las pantallas el gran anime Robotech).

Sin embargo, el dominio Zulu era en exceso cruel, desde Shaka y sus sucesores a lo largo del siglo XIX, esta etnia ejerció un dominio sangriento y feroz sobre los demás pueblos negros africanos de la región, cuyas rebeliones eran constantes para ser reprimidas brutalmente con bosques de empalados y crucificados o poblaciones enteras reducidas a la esclavitud, y pronto se dio el choque con los colonizadores europeos. 

La situación de los colonos europeos era también bastante caótica: los Portugueses fueron los primeros en llegar en el siglo XVI, pero tras la absorción de Portugal por España con la muerte del Rey Sebastián en batalla contra las fuerzas otomanas y marroquíes en el Norte de Africa, los proyectos de expansión en el sur de ese continente quedaron abandonados, para no ser retomados sino por otra parte del Imperio Español que adquiría su independencia convertida en potencia naval: Holanda, que logró asentar un buen número de colonos en esa zona. Los colonos holandeses, impulsados por el protestantismo calvinista y una lectura literal de la Biblia, en especial, del pasaje de la maldición de Noé a Cam, se adueñaron de la zona en el siglo XVII y se sintieron destinados a poblar aquella "tierra prometida" y destruir o someter a los negros, raza a la que consideraron inferior por mandato divino.

Los Holandeses, primero asentados en lo que hoy en día es Ciudad del Cabo, empezaron a expandirse hacia el interior del país, como aventureros y desalojando a los africanos nativos mediante la violencia, esta especie de pioneros, que luego se establecían en granjas, fueron llamados Boers, algo así como "granjeros" y se dedicaban a la agricultura y a la ganadería; pese a sus ínfulas de superioridad sobre los negros, empezaron a tomar algunas costumbres y hasta palabras de las lenguas bantúes o formas gramaticales de ellas, así, pronto en ellos fue surgiendo una identidad africana y su raíz europea fue quedando en el recuerdo, surgiendo además una nueva lengua, el Afrikaans, una mezcla del neerlandés de los siglos XVI y XVII con palabras y formas africanas. Para el siglo XVIII, sin embargo, Holanda empezó a decaer como potencia naval y los nexos entre las colonias sudafricanas y Amsterdam se fueron debilitando; en su lugar, Inglaterra apareció como la nueva señora de los mares, y ante el estallido de las Guerras Napoleónicas, y para asegurarse que el Corso no interrumpiera o bloqueara las rutas comerciales hacia la India, Inglaterra ocupó Ciudad del Cabo y los territorios que le habían pertenecido a Holanda.

Los Ingleses, en una gran ironía, prohibieron la esclavitud de los negros y trataron de llevar buenas relaciones con Shaka, que en esos momentos se encontraba en el apogeo de su poder, (algo que se retrata en la serie de TV) mientras afectaban los privilegios de los blancos holandeses, además de interesarse en las enormes riquezas minerales del país, y que se convirtieron en un jugoso botín para la Revolución Industrial que conocía la Gran Bretaña. Tanto por el entendimiento que empezaba a darse entre negros y británicos, como los deseos de los ingleses de apoderarse de tierras para la explotación minera fueron factores que llevaron a los Boers a buscar nuevas tierras y a sacudirse el yugo británico. Marcharon más hacia el interior, hacia las regiones del Traansval y de Orange, derrotando a las tribus negras que encontraron a su paso y fundando además unos pequeños Estados: las Repúblicas Boers, como la del Transvaal, la República de Natal y el Estado Libre de Orange. La migración Boer y la fundación de estos Estados, hecha a sangre y fuego, provocaron movimientos de población de las tribus nativas que huían de la ferocidad de los holandeses, chocando con los Zulu y provocando que éstos se fueran en contra de los Británicos en una serie de guerras que si bien terminaron con la victoria anglosajona y la aceptación de los Reyes Zulu a someterse a la corona londinense, hacia el decenio de 1870-1880, fueron bastante parejas, puesto que los Zulu habían adoptado las armas de fuego y su ejército adquirió un nivel casi al parejo de las fuerzas armadas europeas en esa época.

El choque entre Británicos y Boers era inevitable y así, estalló la llamada Guerra de los Boers al terminar el siglo XIX: los ingleses, liderados por el General Lord Kirchener, se mostraron implacables y le dieron a los africanos de origen holandés una "sopa de su propio chocolate": desataron verdaderas campañas de limpieza étnica contra los Boers como estos lo habían hecho con los nativos negros. La guerra fue extraordinariamente violenta y feroz, y Kirchener, quien sería uno de los ídolos de Hitler, --quien en realidad, admiraba a los Británicos, de hecho se habla que incluso vivió con un hermano suyo que residía en Londres en los años inmediatamente previos a la I Guerra Mundial-- estableció los primeros campos de concentración de la Historia, en los que internaba a familias Boers y a civiles, donde los sometía a regímenes de trabajos forzados y las enfermedades y el hambre causaron numerosas muertes, además de las frecuentes violaciones y malos tratos contra los prisioneros.

La Guerra finalmente terminó en 1902 con la victoria británica, algo evidente dado que los Ingleses lanzaron todo su poderío imperial contra esas pequeñas repúblicas de campesinos, y Sudáfrica quedó conformada como colonia británica. Los Boers se fueron recuperando de las terribles matanzas sufridas y quedaron con un rencor enorme hacia los anglosajones, habiendo aceptado someterse a su gobierno, además de no abandonar su odio ni su desprecio hacia los negros. Entre estos, a su vez, los Zulu consideraban inferiores a las demás etnias, y éstas detestaban a los Zulu por el recuerdo de su feroz y sangriento dominio imperial; a su vez, todos: negros y Boers odiaban a los británicos que los explotaban por igual como obreros en las minas o en las fábricas y granjeros y les expoliaban a través de altos impuestos; los anglosajones, entre tanto, se convirtieron en la élite dominante que vivía en lujosas mansiones en Ciudad del Cabo o Johannesburgo, financiada por la riqueza de las minas,  mientras los Boers se quedaban marginados en sus granjas y los Negros se hacinaban en barriadas miserables en Pretoria y las otras ciudades. Para terminar de complicar el asunto, los ingleses, ante la carencia de mano de obra calificada tanto en los negros: cazadores y ganaderos, como en los Boers, simples rancheros, se llevaron a miles de obreros calificados hindúes a Sudáfrica, para la construcción de los ferrocarriles, donde se quedaron a vivir con sus familias.

Los anglosajones se dedicaron a vivir por tanto como la etnia dominante y crearon un verdadero sistema de castas, donde existía cierta discriminación racial incluso hacia los otros "güeritos" de origen holandés, no en balde, un acaudalado abogado hindú llamado Mohandas Karamachand Gandhi, egresado de Oxford empezaría la lucha primero por los derechos de los trabajadores hindúes en Sudáfrica y después por la independencia de su gigantesca nación tras ser arrojado de un tren por haber ocupado un compartimento en un vagón de primera clase, mismo que estaba reservado para los anglosajones. Sin embargo, cuando a partir de 1910 se concedió a la colonia sudafricana el autogobierno dentro del Imperio Británico, los Boers empezaron a organizarse para recuperar el control político en el país. Cabe decir, sin embargo, que la discriminación no llegaba a un grado tan extremo como a excluir a los Boers, Negros y demás del sistema educativo o de los servicios básicos, hasta eso, el régimen británico era bastante benevolente.

Los Boers o Afrikaners poco a poco lograron el poder en la Unión Sudafricana y a partir de la década de los años 20 los suyos ocuparon el cargo de Primer Ministro y la mayoría en el Parlamento; eso les permitió modificar la legislación, que se fue haciendo cada vez más restrictiva hacia los Negros.Los Boers hicieron una especie de transacción con los Anglosajones, quienes conservarían el poder económico a cambio de que les devolviesen el poder político a los holandeses, lo cual ocurrió. En 1948, el Gobierno, totalmente controlado ya por Boers estableció una política legal de segregación racial, que pasó a denominarse Apartheid. En teoría, consistía en la idea de que negros, Blancos, Hindúes, todos eran iguales, pero debían estar separados: "juntos pero no revueltos" a fin de que los blancos (donde se englobaba a Anglosajones y Boers por igual) dirigieran el desarrollo especial de las otras etnias, en la práctica, aquello no tenía nada de bondadoso ni significaba la "carga del hombre blanco" de Kipling de llevar a los otros pueblos a la civilización, sino era una forma de asegurar su sometimiento. De igual forma que ocurría en los estados sureños de EUA hasta la década de los 60, había lugares a los que los negros no podían entrar, solo los blancos, los servicios variaban de calidad según la raza, había escuelas para negros y para blancos, y además, a fin de evitar que los negros pudiesen tener algún tipo de desenvolvimiento se les prohibía aprender Inglés, y solo podían hablar y aprender su lengua bantú nativa y el Afrikaans, lengua que evidentemente, solo se habla en Sudáfrica. Pero además, llegaron a crear Estados artificiales en los que, a manera de reservas de los indígenas en EUA, se concentró a vivir a los nativos africanos, los llamados bantustanes, como Venda o Bophutatswana, a fin de decir que los negros no eran ciudadanos sudafricanos, sino extranjeros y por tanto no podían tener los mismos derechos que los blancos, los "verdaderos" ciudadanos del país, así que, cuando el negro de Venda salía de ahí con rumbo a la siderúrgica de Pretoria en la que desempeñaba su malpagado trabajo, era en realidad un extranjero que se internaba en territorio de otra Nación y sujeto a la normatividad migratoria, que planteaba una serie de restricciones para los de su etnia, aunque hiciera eso todos los días.


Es en ese momento que surgen movimientos de resistencia, incluso violentos, y surge la figura de un abogado   negro de la etnia Xhosa, procedente de una noble y rica familia de la realeza nativa, que pronto toma en sus manos el liderazgo de un movimiento negro que pugnaba por la eliminación del Apartheid y la igualdad plena de derechos entre negros y blancos: Nelson Mandela y su movimiento llamado el Congreso Nacional Africano, al principio, y siguiendo el ejemplo dejado por Gandhi en Sudáfrica, fue pacífico, pero después, en 1960, el gobierno del Afrikaner Jean Francoise Malan terminó de establecer las leyes de segregación racial en forma definitiva, al disponer que los negros necesitaban de una especie de pase o pasaporte para trasladarse de un lugar a otro en el país y en respuesta, los negros se lanzaron a las calles a protestar, en la ciudad de Sharpeville, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes, matando a 80 negros entre mujeres y niños. Mandela, entonces, hace un llamamiento a las armas y estalla una guerra de guerrillas y ataques terroristas. a raíz de ello, Mandela sería hecho prisionero y encarcelado a cadena perpetua desde 1964 hasta que el Presidente Sudafricano Frederik De Klerk decretara su liberación en 1992.

Ante la oposición del Gobierno y la Corona Británica al Apartheid, Sudáfrica se declaró independiente en 1961 y separada de la Commonwhealth, como una República Presidencialista. Al final, los Boers se habían salido con la suya, los Anglosajones, por su parte, se manifestaban contrarios al Apartheid en su mayoría, pero eran eclipsados por los Boers, que ahora, se habían adueñado del control político y económico del país, creándose un país que solo existía en su imaginación y en sus barrios exclusivos, mismos que parecían ser transplantados de las zonas de más alto nivel de vida en Europa. La intención de los Afikaners era mostrar que los negros eran incapaces de lograr una vida civilizada o desarrollada, y que su exclusión de la vida política y ser tratados como menores de edad permanente era garantía de que los blancos, en cambio, serían capaces de lograr un alto desarrollo y que Sudáfrica era parte del Primer Mundo.

Nada más falso: fuera de las zonas residenciales de Pretoria, Ciudad del Cabo o Johannesburgo, donde vivían los Boers dueños de la política, que constituían un grupo cerrado y altamente corrupto y los Anglosajones acaudalados, la mayoría de la población africana nativa vivía en la miseria en barriadas sin pavimentar, las ciudades no contaban con sistema de transporte público y lucían las mismas carencias que cualquier otra ciudad del Africa Subsahariana, las epidemias y la insalubridad se cebaban sobre la población; además, no todos los blancos vivían en los barrios exclusivos de los políticos y empresarios enriquecidos con el negocio de los diamantes, oro y uranio, principales recursos naturales del país, muchos blancos pobres, de los cuales era representante el abogado Harry Schwartz, antiguo compañero de estudios y amigo de Mandela, quien en su juventud había conocido la miseria, vivían en condiciones similares de pobreza que los negros y desempeñaban las mismas labores, ligeramente mejor pagados que sus compañeros de color. Estos blancos, en su mayoría Boers discriminados por sus patrones Anglos y menospreciados por los políticos de su misma etnia, empezaron a unir su voz a los negros en el descontento.

Mandela se convirtió en un símbolo de la libertad y de la lucha por la igualdad, y su situación empezó a orillar a la comunidad internacional a aislar diplomáticamente a Sudáfrica con la ruptura de relaciones, y también con un embargo comercial y de armamento; sin importar que el régimen supremacista blanco se presentara como guardia contra el Comunismo --estamos en el centro de la Guerra Fría-- en el contexto de las independencias africanas, en la década de los setenta, las cosas empezarían a cambiar gracias precisamente a esto. En esos años, Fidel Castro soñaba con establecer en Africa una especie de "Imperio Cubano" o zona de influencia de la isla en el Continente Negro a base de apoyar a los movimientos de independencia, fundamentalmente en Angola, donde el régimen salazarista portugués se resistía a ceder la independencia a un movimiento financiado y apoyado por la Rusia comunista. Moscú no intervino directamente en el conflicto, como tampoco lo hizo en Etiopía, donde un movimiento comunista destronó a Haille Selassie, el último de los Salomónidas que habían reinado en el país africano desde el 900 a.C., sino que mandó a su satélite cubano a intervenir en estos conflictos, mismos que fueron totalmente estériles y dañaron permanentemente a la frágil economía isleña. En realidad, no estaba en pugna la libertad o la igualdad de los africanos, sino el control sobre el mercado de los diamantes, el oro y otros minerales, de los que esos países están repletos y de los que la "Isla bella" carece totalmente y el Kremlin ambicionaba para doblegar a Occidente.

Se dice que el apartheid murió en las trincheras. El régimen Sudafricano, temeroso de que el Comunismo se filtrara entre los negros, se lanzó a combatir contra los Cubanos y sus aliados en Angola, Mozambique y hasta en Etiopía, había construido un ejército muy poderoso, que incluso coqueteaba con buscar la bomba nuclear, pero, necesitado de efectivos militares, reclutó a negros además de los oficiales y soldados blancos, mandándolos al frente todos juntos. Al igual que en los demás países africanos, en una de sus más terribles prácticas militares hubo hasta niños rubios y de color combatiendo juntos contra los caribeños y sus aliados nativos. La camaradería entre blancos y negros, surgida al calor de los combates nació y en los soldados blancos desapareció la idea del negro inferior, timorato y salvaje, mientras que en el negro se borró la imagen del blanco soberbio, explotador y malvado, nada quizá contribuyó a cambiar la postura de la sociedad sudafricana en pos de la unidad nacional que ese conflicto.

Al llegar el fin de la Guerra Fría las cosas cambiaron: Pieters Botha, que había desempeñado la Presidencia del país y era un Afrikaner fanático de la superioridad racial (había levantado un monumento a Hitler en Pretoria, la capital) cayó enfermo y tuvo que ceder la primera magistratura a Frederik de Klerk, holandés de raza también pero hombre moderado y con conciencia de la realidad: la economía sudafricana estaba arruinada tanto por la guerra como por los embargos y el aislamiento internacional, en la sociedad, la mayoría ahora clamaba por el fin del Apartheid y de Klerk obró en consecuencia (yo siempre he pensado que la figura de Mandela ha opacado injustamente a la de este blanco, que tuvo un valor tremendo para enfrentarse a la clase política Boer y romper con ella, impulsando las reformas constitucionales y legales que le prepararon el camino para Mandela al frente del país), formó un nuevo congreso constituyente que emitió una nueva Ley Fundamental que aseguró la igualdad ante la Ley de todos los ciudadanos sin importar su raza, legalizó al CNA y a los otros partidos políticos negros, como el partido Zulu Inkhata, eliminó las leyes de segregación racial, garantizó el sufragio universal, desapareció los "bantustanes" y por último: liberó a Mandela.

Mandela regresó a hacerse con el liderazgo del Congreso Nacional Africano, y metió orden, aunque eso conllevó el divorciarse de su esposa Winnie, quien había tomado mucho del liderazgo durante la prisión de su marido y que había construido un imperio de corrupción en su ausencia, lo que fue un gran escándalo. Entre tanto, los demás partidos, en especial el Inkhata Zulu, habían hecho que la lucha contra el Apartheid fuese desorganizada ante la división entre diversos grupos, que incluso, tenían enfrentamientos violentos entre sí. Para 1994, aceptaron unirse en pos de Mandela para la nueva vida política que se daba en el país. 

Así, en las primeras elecciones que se dieron en Sudáfrica con el sufragio universal, Mandela ganó la presidencia, y una vez en el poder, hizo su mayor logro: superar los odios de todos contra todos: Anglosajones Vs. Boers, blancos unidos todos Vs. Negros y entre estos: Zúlues Vs. demás Bantúes Vs. Bosquimanos y todos Vs. Hindúes y demás inmigrantes asiáticos y enfilar a Sudáfrica a la conformación de una Nación unida, quizá el símbolo que representó más este triunfo de Mandela en la Presidencia sea la victoria en la Copa Mundial de Rugby de 1996, episodio narrado por Clint Eastwood en la película Invictus con Morgan Freeman y Matt Damon en los roles protagónicos.


Sin embargo, esto no representó el fin de los problemas de Sudáfrica, país que ha puesto los pies sobre la Tierra, y que como vimos en el año 2010, cuando el Mundial de Fútbol, se asume como un país en vías de desarrollo, con una gran desigualdad social al interior y una gran pluralidad étnica que se refleja en los modernos colores de su bandera. Los Afrikaners en su mayoría han asumido más ya una identidad africana que el discurso de la pretendida superioridad blanca y el pertenecer a una Europa que jamás han visto o pisado, lo mismo que los anglosajones. Hay mucha corrupción en el gobierno, como lo demuestra el caso Pistorius y su libertad bajo fianza en el caso del asesinato de su novia, y no deja de haber tensiones, pues también hay un gran número de blancos que se sienten ahora discriminados y convertidos en minoría, amenazados por un buen número también de negros que mantienen los rencores un tanto ocultos y que exigen, sobre todo en el ámbito rural, una reforma agraria que despoje a los Boers de gran parte de sus propiedades y las reparta entre campesinos negros, temor que ha provocado que algunas familias blancas hayan salido del país en estos últimos veinte años y regresen a las tierras de sus ancestros: Inglaterra y Holanda, donde sufren el problema, muy curioso, de sentirse inadaptados y más semejantes a los inmigrantes negros africanos que a sus hermanos de raza. Mientras, existe también una elevadísima tasa de criminalidad, el desempleo y el SIDA constituyen gravísimos problemas para el país que no son fáciles de resolver, pero al menos, los Sudafricanos de todo color tienen ya plena conciencia de que existen y ya no como los aristócratas de el Cabo que se la daban de vivir en un paraíso primermundista rodeado de la miseria africana.

Así, muchos piensan que tras la muerte de Mandela, las tensiones pueden volver a estallar y habrá una guerra entre blancos y negros... Yo no lo creo, "Madiba" no lo merece, su memoria, por el contrario, debe ser una conciencia para los Sudafricanos de que hoy en día, forman un solo pueblo, y han nacido en una misma tierra. Por el contrario, Mandela debe ser un impulso para demostrar que pueden coexistir entre sí y formar un nuevo pueblo que les permita salir adelante y ser una potencia emergente por derecho propio.

Ahora que la vida de Mandela se apaga, nace el mito.

2 comentarios:

jorge lenton dijo...

Mi madre ( no ha hecho nada polemico) piensa que fueron ingleses y holandeses los que hicieron el apartheid...no me extraña teniendo en cuenta como trataron a nano y como me tratan a mi...en fin que la historia no es una linea recta sino que tiene muchos claros, oscuros, verdes etc...y los ingleses como dicen ellos mismos en la canción de colplay, saint peter wont call their name, isnt??

José M. López Sierra dijo...

¿Deben los criminales estar a cargo de corregir los daños que hicieron?

Los puertorriqueños votan en las elecciones de cada 4 años a un 80% de participación. Puerto Rico ha sido una colonia del gobierno de Estados Unidos (EEUU) por los últimos 116 años. Si las decisiones para Puerto Rico se toman en Washington DC, ¿para qué son las elecciones? Estas elecciones son para engañar al mundo que Puerto Rico es una democracia.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) declaró el colonialismo un crimen en contra de la humanidad en el 1960. La ONU le ha pedido 33 veces al gobierno de Estados Unidos que descolonice inmediatamente a Puerto Rico. EEUU ha ignorado estas peticiones. EEUU dice que la relación política entre Puerto Rico y Estados Unidos es un asunto domestico que no le compete a la ONU.

Para aparentar que el gobierno de EEUU quiere descolonizar a Puerto Rico, EEUU favorece el uso de plebiscitos para saber lo que quiere los puertorriqueños. ¿No te parece eso suena inocente y democrático? ¿Cuál es el problema?

Para empezar, la comunidad internacional ya tomó juicio y determinó que el colonialismo es ilegal. Por lo tanto, tener como opción en un plebiscito que Puerto Rico continúe siendo una colonia no es posible. Tampoco no es posible tener como una opción que Puerto Rico sea un estado de Estados Unidos. La razón tiene que ver con el comienzo de este artículo. Para tener elecciones libre, el país tiene que ser libre. Para que estos plebiscitos tengan validez internacional, Puerto Rico tiene que ser un país independiente primero.

Lo que la gente tiene que entender es que Puerto Rico es colonia de EEUU porque el gobierno de EEUU lo quiere así. Por eso ha usado el terrorismo de estado para mantenerla. Por eso no quiere excarcelar al prisionero político de 33 años Oscar López Rivera. Y por eso es que es ridículo pensar que la descolonización de Puerto Rico es un asunto interno de EEUU, y que la ONU no tenga jurisdicción en la misma. ¡Si nosotros dejamos que el gobierno de Estados Unidos descolonice a Puerto Rico, Puerto Rico será colonia de EEUU para siempre!

José M López Sierra
www.TodosUnidosDescolonizarPR.blogspot.com