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18 de junio de 2013

¿SE DESINFLA BRASIL? Y EL FUTURO DE LOS EVENTOS DEPORTIVOS



Como cada mañana temprano, revisando la prensa me topo con una columna de opinión escrita por Dan Hodges, del Telegraph, consultable aquí... no puedo estar más de acuerdo con su análisis y me viene la inspiración de escribir también al respecto.

En estos momentos se celebra la Copa Confederaciones en Brasil a manera de antesala de la Copa Mundial de Fútbol que el próximo año tendrá lugar en el mismo país. A diferencia de otros años, parece que el deporte de las patadas no está despertando el mismo entusiasmo que antaño hacía en Brasil, a la vez que se está revelando que en mucho, el presunto despegue del gigante amazónico no ha sido tan potente como se pensaba, o bien, no ha repercutido en la mejora real de las condiciones de vida de las mayorías, aunque sí es innegable que los Gobiernos de Henrique Cardoso y Lula da Silva fueron exitosos en elevar el monto del Producto Interno Bruto carioca y hubo una relativa mejora en las condiciones de millones, quizá por esto es que ahora los brasileños han abierto los ojos y se han dado cuenta de que el fútbol no lo es todo en el mundo y hay cosas mucho más importantes que deberían ser prioritarias para los gobernantes. Los reclamos indican una población mucho más informada y consciente, que antes festejaba bailando los goles de Pelé o de Romario en las favelas, hoy, los goles que pueda hacer el sobrevaluado Neymar le tiene sin cuidado, sabe que por muchos goles o una sexta copa mundial, eso no resolverá sus problemas, quieren salir de las favelas y vivir dignamente, esos cinco campeonatos que se presumen no han servido de nada, mientras que hay países como Canadá o Noruega que jamás han logrado ni lograrán probablemente ganar el mismo palmarés, pero han resuelto las necesidades materiales de sus habitantes.

Incluso, y ya lo he dicho antes, el fútbol brasileño ya no es lo que era antes, muy probablemente porque los jóvenes brasileños se han dado cuenta de que hay horizontes más amplios y otras diversas maneras de salir adelante aparte de patear una pelota, así, ahora se desea desarrollar el talento para otras actividades, y el equipo brasileño actual no es ni la sombra de aquellas míticas, poderosas y sorprendentes formaciones que brillaron en el Campeonato del Mundo en sus ediciones de 1982 y 1970. En el juego contra Japón se ve un equipo amontonado, desordenado, con destellos de capacidad, pero sin alma ni alegría.

Así es, estamos en una etapa de "futbolización" del mundo que parece puede derrumbarse por su propio gigantismo. El deporte más popular, debido a su sencillez y la poca sofisticación de los medios con los que se juega está presente en todos lados; incluso, aquellos lugares que eran refractarios a su encanto, como Estados Unidos, están sucumbiendo ante el hechizo del balón que rueda impulsado por los pies de 22 jugadores, mucho del hechizo se debe a que se ha convertido en un negocio extraordinariamente millonario que mueve cantidades inmensas diariamente entre organizadores, patrocinadores, televisoras, prensa, clubes y organismos rectores, como las Federaciones Nacionales del deporte y la propia FIFA, además de las inmensamente ricas estrellas del juego: por lo general tipos de baja extracción social y mínima cultura convertidos en magnates antes de los 25 años por obra y gracia de sus habilidades con los pies como Messi, Beckham, Casillas y ahora Neymar,  no en balde, parece que se han asegurado de que todos los días se jueguen partidos del balompié, de ahí que por capricho de un príncipe árabe, --Y vaya que los islámicos, si no cuentan con grandes figuras en el deporte sí cuentan con el dinero para influir en él, debido al petróleo-- se haya creado el torneo que ahora se está jugando, una especie de versión pequeña y express del Mundial, en el que juegan las selecciones campeonas de cada confederación regional en que la FIFA tiene dividido su imperio global. Un torneo que, o una de dos, o sustituye a la Copa del Mundo o desaparece, ya que es innecesario y solo contribuye a aumentar más el negocio de directivos, patrocinadores y medios de comunicación.

El fútbol ha sido el único deporte que por sí mismo consigue, con su campeonato mundial, igualar y hasta opacar a la máxima fiesta deportiva global: los Juegos Olímpicos, la FIFA por sí misma maneja un presupuesto mayor y mueve cantidades de dinero más grandes que el propio COI (Comité Olímpico Internacional) al que se encuentra afiliada, los otros deportes de conjunto más populares, como el Béisbol y el Básquetbol, no se le acercan ni un poco, durante años fueron víctimas de la soberbia de los estadounidenses y la desorganización a nivel internacional que ellos mismos provocaron a fin de proteger su monopolio sobre los deportes que inventaron para que sus equipos campeones de las ligas nacionales se ostentaran como "campeones mundiales" aunque en muchos países también existieran ligas profesionales de dichos juegos. Sin embargo, el éxito indudable del fútbol, cocinado y explotado durante las últimas tres décadas bajo las dirigencias de la FIFA a cargo del brasileño Joao Havelange y el suizo Joseph Blatter, ha surgido y se ha desarrollado aparejado a una enorme corrupción y manejos de tipo mafioso, que tuvieron su culminación con la designación de Qatar y Rusia como sedes para los futuros campeonatos de 2018 y 2022, respectivamente. En ambos casos, según se dice, tanto la poderosa familia real qatarí, dueña de varios equipos de fútbol europeos, como el régimen de Putin, ambos alimentados por la riqueza petrolera, pagaron cuantiosos sobornos a los directivos del deporte a cambio de obtener las sedes.

Y es que se viene un problema que es causa de las protestas que vemos ahora en Brasil, y que tiene relación también con los Juegos Olímpicos: este tipo de eventos cada vez es más caro el hacerlos y los beneficios, muchas veces, no corresponden con la cuantiosa inversión necesaria para llevarlos a cabo. Desde después de la II Guerra Mundial, los eventos deportivos se fueron convirtiendo en grandes negocios, el deporte amateur, que se suponía, de acuerdo a lo planteado por Pierre de Coubertain, debía ser estimulado, (claro, en su época el deporte profesional era incipiente) fue dando paso al profesionalismo y a la entrada en el negocio de los grandes patrocinadores: las marcas de ropa deportiva, como la norteamericana Nike, la británica Reebook, las alemanas Adidas y Puma, las marcas de bebidas gaseosas, aerolíneas y demás empresas del más diverso giro empezaron a invertir en el deporte profesional, cada país sede invirtió en la construcción de infraestructuras deportivas, cada vez más grandes, faraónicas y ostentosas: en 1950, Brasil, precisamente con sus sueños imperiales siempre postergados, construiría al monstruoso estadio de Maracaná en Río de Janeiro con cupo para 200,000 espectadores, todo para perder en forma humillante la final del primer campeonato mundial de fútbol celebrado en su casa, ante Uruguay, en lo que se conoce como el Maracanazo.

Tokio, en 1964, construiría estadios y toda una infraestructura ultramoderna para la época para recibir las Olimpiadas, a fin de mostrar al mundo "el milagro japonés" de su reconstrucción tras la II Guerra Mundial, cuatro años después y en medio del conflicto estudiantil, México inauguró al Estadio Azteca recién construido en la zona del Pedregal de San Angel en la Ciudad de México, obra del reconocido arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y una joya de ingeniería, edificarlo fue tan caro que se creó un impuesto nuevo: el de la tenencia de vehículos, cobrado a nivel nacional, para sufragarlo, dicha contribución no sería suprimida sino hasta el año 2010. El Azteca fue escenario de los triunfos de Pelé y Maradona en 1970 y 1986, para esa segunda ocasión en que México fue sede del Mundial de Fútbol, se edificó el moderno Estadio Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez en Querétaro, que si bien está a la altura de muchos escenarios deportivos en el mundo desarrollado, ha permanecido subutilizado la mayor parte de sus 27 años de Historia.

En esta carrera por ver quien hace más y quien construye lo más ostentoso y hasta extravagante para alguna justa deportiva internacional, destaca lo hecho por España en 1992, los ibéricos, deseosos de mostrar que habían vuelto a las "grandes ligas" de las potencias económicas desde su catastrófico siglo XIX, y de los logros de la trancisión democrática tras el Franquismo y su afiliación a la Unión Europea, se fueron a lo grande: una Exposición Universal en Sevilla y las Olimpiadas en Barcelona, donde echaron la casa por la ventana e iniciaron una era de auge deportivo cuyos coletazos aún nos llegan tras 20 años con su selección de fútbol, sus tenistas como Nadal y Ferrer o el corredor de autos Fernando Alonso, pero que amenaza con agotarse al no haber nuevas figuras en el horizonte. Hoy en día, en medio de una severa crisis económica, el desempleo creciente y un Gobierno inundado, desde el burócrata de escritorio hasta la corona, por la corrupción, queda claro que el '92 y lo visto en Sevilla y Barcelona fue un sueño o una alucinación promovida por un Gobierno como el de Felipe González en el que se sembraron muchos de los problemas actuales de nuestra "Madre Patria". Estados Unidos en 1996, con más racionalidad, organizó unos juegos mucho más austeros en Atlanta, aunque con grandes problemas logísticos, de seguridad (el bombazo en el festival cultural) y muchos cuestionamientos respecto a la actuación de árbitros y jueces, que favorecieron en muchos casos al país sede para que se llevara el medallero... quizá lo que ahorraron en estadios lo gastaron en sobornos, sobre todo en Gimnasia, donde probablemente se dio la competición más descaradamente sucia que se ha visto en la Historia y que le dio el triunfo a los mediocres gimnastas gringos, tanto hombres como mujeres, en forma inexplicable.

Los Australianos harían unos juegos promedio de los que muchos ahora ni se acuerdan, pero el caso de Grecia es tan épico como las obras de Homero: en 2004, Grecia se daría el balazo en la sien de un suicidio económico de efecto retardado. No solo contrataron a un arquitecto español, Santiago Calatrava para que levantara el estadio olímpico y otras instalaciones, porque no había nada para las competencias a no ser la zona arqueológica de Olimpia y los restos de los juegos de 1896 y la falta de talento local en un país que no ha vuelto a generar un nuevo Fidias por su sistema educativo de nivel lamentable, también se llevaron ingenieros germanos que construyeron un sistema de tranvías en Atenas y ampliaron el metro de la misma "Grecia de la Grecia", repavimentaron calles,  reforestaron áreas de la de por sí árida Atica, arreglaron el aeropuerto y hasta le dieron su "manita de gato" a los vestigios de la Acrópolis... ¿de dónde salió el dinero para todo eso? de los préstamos otorgados generosa y usurariamente por Alemania, tanto por los mecanismos de la Unión Europea como por la banca privada y empresas, para ello, hubo multitud de negocios oscuros entre esas entidades y las familias que controlan el poder político y económico de un país tercermundista que vive casi exclusivamente del turismo, como los Karamanlis y los Papandréon: compras a sobreprecio, licitaciones falsas, contabilidad alterada, un verdadero cochinero propio de los establos de Augias que Heracles debió limpiar desviando ríos, precipitaría a la Hélade al más profundo de los abismos del Tártaro, del que no ha podido salir y no se ve que pueda hacerlo.

¿Y los estadios? Los mismos se han unido al inmenso patrimonio arqueológico micénico, clásico, helenístico y romano-bizantino del país, al igual que la economía griega:


El caso de China fue excepcional, la pujante economía del Celeste Imperio pudo organizar las fastuosas Olimpiadas de Pekín, consideradas las mejores de todos los tiempos y salir indemne sin preocuparles si recuperan o no la inversión, no importa, las instalaciones, como el Cubo de Agua o el estadio Nido del Pájaro, han sido usadas en eventos internacionales y se mantendrán como escenarios para ese tipo de competiciones, por lo que los gastos poco a poco se están resarciendo, sabiendo aprovechar la infraestructura para hacer lo que mejor saben hacer los chinos: negocios lucrativos.

El año pasado, los Ingleses buscaron economizar y transparentar al máximo la construcción del parque olímpico de Londres, incluso con el empleo de estructuras desmontables; aun así, el costo fue fabuloso, los juegos no fueron tan lucidores como los chinos y las finanzas británicas no salieron tan indemnes como se cree.

Pero no nos vayamos más lejos, cada vez queda claro que los Panamericanos de Guadalajara en 2011 no fueron un buen negocio para Jalisco, y los mismos sirvieron para realizar negocios de corrupción para el entonces Gobernador Emilio González y sus cómplices panistas, aumentando la deuda pública de nuestra entidad federativa, y generando problemas ambientales y políticos como el de la Villa Panamericana donde se hospedaron los atletas y cuyo destino sigue siendo incierto, o la destrucción de varias manzanas ubicadas cerca del Parque Morelos en el centro de la ciudad, donde presuntamente se iban a levantar tales instalaciones y al final no se hizo nada; ahora el nuevo Gobierno anda hablando de una Ciudad Creativa Digital para situar ahí centros de desarrollo de software, aunque la verdad, todo suena a "elefante blanco" o fraude inmobiliario para beneficiar a los priístas ahora ocupantes del poder.

Ante todo esto, es claro que los brasileños han abierto los ojos: este tipo de eventos no resolverá los evidentes problemas que Brasil, pese a sus progresos todavía arrastra y que han vuelto a agravarse por la pésima administración de Dilma Rouseff, mujer con antecedentes penales como asaltabancos, demagoga y feminista radical, carente de la astucia política y la habilidad de Lula da Silva para la comunicación, sobre todo, el gran problema de Brasil es la corrupción y es bien sabido que mucho de lo ocurrido en Grecia se ha reproducido en Brasil con la construcción o remodelación de estadios: los arreglos del Maracaná costaron como tres veces la reconstrucción del Wembley en Londres, pues los costos fueron inflados para tapar lo que funcionarios y empresarios agarraron. Siempre pasa lo mismo con nuestros países en América, cuando parece que vamos a salir adelante siempre nuestros políticos se encargan de bajarnos de la nube, como comentaba con un amigo argentino a través del Facebook, nuestro continente es el mundo de la fantasía: a los Canadienses los hacen creer que son una monarquía y no lo son, a los gringos, Obama les ha tomado el pelo como nadie en la Historia, en México, como decía en el post anterior, nos dicen que todo va de maravilla cuando todo está mal, y en Brasil les vendieron el cuento de que ya eran parte de las nuevas potencias, como parte del BRIC, y la verdad, muchos nos la hemos creído. Ciertamente, Lula le llevó a unirse a Rusia, la India y China y a buscar un papel en la política internacional, pero quizá no se pueda sostener por mucho tiempo, pues ha sobredimensionado su fuerza y una postura asertiva y activa en el panorama mundial debe sostenerse con fuerza militar, económica y cultural, y tal vez Brasil no la tenga.

¿Y qué hay de los eventos deportivos internacionales? Mucho me temo que van camino a desaparecer y entraremos quizá a un periodo de decadencia de la FIFA y el COI... este tipo de eventos es muy caro de realizar y como van las cosas, terminarán por ser patrimonio exclusivo de los países más ricos que serán los únicos capaces de darse el lujo de organizarlos. O bien, habrá que replantearlos, para nadie es extraño que ahora los campeonatos mundiales de fútbol, por lo menos desde Italia 1990 han presentado un nivel cada vez más bajo, y esto se debe a que los jugadores ahora juegan calendarios más apretados y mucho más redituables financieramente con los clubes que hace que jugar con la selección nacional de su país sea algo secundario, y riesgoso ante las posibles lesiones que les impidan jugar campeonatos con los equipos, por ello, es cada vez mayor el nivel en la Champions League europea , por ejemplo. No en balde, los monarcas qataríes han propuesto la conformación de una "Liga Mundial" en que jueguen equipos conformados por puras estrellas o bien los clubes mejor clasificados por regiones como en la Champions... la Globalización ha  reducido los patriotismos y debilitado en muchos casos a los orgullos nacionales, incluso ha erosionado el concepto de nacionalidad: la selección francesa en su mayoría está conformada por africanos, la estrella actual del fútbol italiano Mario Ballotelli es un ghanés adoptado por un matrimonio italiano, y viendo los equipos juveniles alemanes, queda claro que dentro de poco su selección será en realidad un combinado del Medio Oriente bajo la bandera germana.

Ante esto, quizá los planes de los Qataríes no sean del todo descabellados, sería algo más congruente con la realidad actual y sobre todo, más económico. Aunque quién sabe, quizá se venga un replanteamiento del deporte profesional como espectáculo: las masas ya se están hartando de circo y quieren comer algo más que simple pan...

1 comentario:

Anónimo dijo...

El Gigante del Sur ha despertado.