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29 de agosto de 2016

RIO 2016, LA DECADENCIA DEL OLIMPISMO MODERNO


Primero que nada: una disculpa, no había escrito nada en este Blog en las últimas semanas debido a una cuestión meramente personal (el fallecimiento de mi mamá) pero ya estoy de vuelta con un post que pretendía publicar antes de que iniciasen los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, Brasil.

En el año 393 d.C., el emperador romano César Flavio Placidio Teodosio Augusto, mejor conocido como Teodosio I el Grande, clausuró los últimos Juegos Olímpicos celebrados en la antigua Grecia, que se habían estado llevando a cabo desde el año 776 a.C., aunque la leyenda les atribuía una Historia mucho más antigua y un fundador ilustre: Heracles, desde los tiempos micénicos. Tradicionalmente, se atribuyó la decisión de este César, el último en gobernar el Imperio Romano completo, a cierto fanatismo cristiano. Después de todo, Teodosio fue quien convirtió al Cristianismo en religión de Estado y prohibió el culto a las deidades paganas, sobre todo a las olímpicas, veneradas tanto por Romanos como Griegos.

Sin embargo, ese decreto del César era reconociendo la realidad de que el Cristianismo ya se encontraba muy extendido en las ciudades, mientras que el culto pagano pervivió hasta el siglo VII, sobre todo en zonas rurales, y en Egipto perduró en la isla de Filae hasta poco antes de la llegada del Islam, y salvo casos de chusmas histéricas --independientemente de la presunta muerte de Hypatia a manos de los Cristianos en Alejandría, cosa que no fue realmente así, como tampoco la biblioteca de la capital egipcia fue incendiada por los Cristianos, sino que ya desde los tumultos por la llegada de César durante el reinado de Cleopatra se dieron los primeros incendios, incrementándose las destrucciones con cada tumulto, mitin o manifestación dentro de la agitada vida política del Egipto romano,-- no hubo destrucciones del arte clásico destinado al culto, sino que hasta la Iglesia se dio a la tarea de conservarlo y Constantinopla se llenó de obras de arte clásico, como la estatua de Zeus de Fidias, que permanecería admirada en el palacio imperial hasta el saqueo de los cruzados en 1204; por otro lado, Teodosio no prohibió las actividades deportivas lúdicas que llenaban los ratos de ocio: las carreras de carros fueron todo un acontecimiento en Constantinopla hasta el siglo XV, y los combates de gladiadores siguieron celebrándose en el Coliseo hasta el siglo VI, cuando ya Roma había dejado de ser la ciudad de los césares y se encontraba bajo el mando de los Ostrogodos, mientras que en el Imperio Romano de Oriente ese tipo de combates se seguirían llevando a cabo en el hipódromo constantinopolitano hasta el siglo XII. El Cristianismo, además, no era ni es hostil al ejercicio físico o al deporte, incluso San Pablo en una de sus cartas hace símiles de la vida espiritual a los logros atléticos, por ejemplo; aunque hay que recordar que la idea de deporte de los clásicos era muy diferente a la nuestra.

Teodosio finalmente pudo haber cristianizado la celebración de los Juegos Olímpicos, como tantas otras festividades paganas fueron absorbidas y adaptadas por el Cristianismo; sin embargo, no fue así, y la clave quizá no las da el gran historiador de Roma Theodor Mommsen, en su obra El Mundo de los Césares, cuando habla de la situación de Grecia dentro del Imperio Romano: la realidad es que para la época de Teodosio, los Juegos Olímpicos carecían ya totalmente de sentido: las actividades atléticas que se practicaban en el pasado y con las que competían entre sí las distintas polis tenían la finalidad de preparar a los hombres como combatientes; con la desaparición de la independencia de las ciudades-estado helenas, todas formando parte de las provincias romanas, ya no tenía objeto preparar guerreros que antes eran esenciales dentro de las luchas constantes entre las polis. 

Además, como nos dice Mommsen, la población griega había conocido un descenso brutal comparado con la época clásica: las guerras de los Diadocos, la invasión romana y graves epidemias que se sucedieron periódicamente desde el siglo I al III y las incursiones de los Godos en ese siglo, habían reducido el número de habitantes sensiblemente. Muchas de las antiguas poderosas ciudades se habían convertido en poco más que aldeas, como el caso de Esparta, donde, por supuesto, el espíritu militar había desaparecido. Los Juegos Olímpicos, por tanto, se habían reducido a ser una especie de feria pueblerina que se seguía celebrando por mera costumbre sin tener el carácter sagrado que tenía en el pasado, con el decreto de una tregua entre las rivalidades ahora inexistentes, y por supuesto, con el Cristianismo extendido, el significado religioso de honrar a Zeus con las competiciones se había perdido. En pocas palabras, Teodosio no hizo más que certificar la muerte de algo que ya, desde el siglo I, estaba en vida vegetativa.

La situación actual me lleva a preguntar si no estamos viendo nuevamente el vaciamiento de sentido del movimiento olímpico, fundado a fines del siglo XIX por el barón belga Pierre de Coubertain tras el surgimiento del deporte como lo conocemos durante dicha centuria como consecuencia de la Revolución Industrial que permitió la existencia de tiempo libre para los trabajadores y sobre todo, la clase media: el fútbol, el rugby, el basquetball, el béisbol, tenis, etc., son deportes que empiezan a surgir desde mediados del siglo XVIII como medio de entretenimiento sobre todo de las clases populares, y después, como espectáculo, y que se extiende a toda la población, cuando originalmente la práctica deportiva se reservaba a los aristócratas, precisamente dueños del tiempo libre.

Ya lo apuntaba hace 4 años cuando hablé aquí de las Olimpiadas de Londres 2012, que se notaba a diferencia de lo ocurrido antes, en 2008 y en ediciones anteriores de la justa deportiva, una tibia expectación a nivel mundial por la celebración del evento, como había sido desde 1936, en que Hitler, con fines propagandísticos de los logros de su régimen, convirtió a los Juegos Olímpicos en un evento masivo al que se le buscaba dar difusión mundial. Hoy la expectación no ha sido tibia, ha sido helada, abonando a ello una serie de circunstancias lamentables:

  • Brasil en crisis: Cuando Brasil se presentó para ser sede de tres eventos seguidos: la Copa Confederaciones en 2013, el Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos de Río en 2016, se encontraba con Luiz Inácio Lula da Silva en la presidencia; estos tres torneos deportivos, se pretendía, serían la forma de mostrar al mundo los logros de Brasil que al fin, se decía, dejaba de ser un país del Tercer Mundo para realizar lo que siempre se había esperado de él: convertirse en una verdadera potencia: había mejorado sus condiciones económicas y sacado a 40 millones de personas de la pobreza, sin embargo, esto también obro en contra de Lula, como lo he dicho antes: el brasileño dejó de ser un dócil habitante distraído por los deportes de sus problemas para ser ahora más consciente de su realidad: los eventos se convirtieron en ocasiones perfectas para negocios provechosos para Lula, su sucesora Dilma Roussef y adláteres, lo que contrasta con las enormes necesidades de las clases menos favorecidas en el país, lo que ha provocado enormes molestias y denuncias por los brasileños. La crisis originada por la corrupción de los anteriores presidentes, la escasa popularidad del mandatario interino Michel Temer, y las dudas sobre el futuro político del país ensombrecen la celebración, misma que se mantuvo por tener que cumplir con el compromiso, pese a que la misma devoró los escasos recursos de la ciudad y del estado de Río de Janeiro y del propio Gobierno Federal brasileño.

  • Pésima organización: Que el bienestar y logros de Brasil en los últimos años, son en parte reales es cierto, pero también que hay mucho de maquillaje: basta ver las espantosas condiciones ambientales de Río de Janeiro, con aguas contaminadas que pueden poner en riesgo a la salud de los deportistas, la quiebra de las finanzas públicas de la ciudad y del estado de Río, una villa olímpica calificada de inhabitable por varias delegaciones que han preferido rentar hoteles, y lo peor: una piscina para clavados, water-polo y otros deportes acuáticos contaminada con el agua de color verde.

  • Inseguridad: Nomás bajar del avión unos deportistas chinos fueron asaltados, Un entrenador de remo alemán falleció en un accidente de tráfico, y las balaceras y actos de violencia se sucedieron en Río por las luchas entre pandillas por el control del mercado de drogas. Mención aparte tiene el escándalo generado por Ryan Lochte quien ganó la medalla de oro al ridículo, pretendiendo usar a la inseguridad en Brasil como pretexto para cubrir sus indisciplinas y sus complejos por ser siempre superado por el titán Michael Phelps. 
  • Política: Como si estuviésemos en los años de la Guerra Fría, estos Juegos Olímpicos se vieron ensombrecidos por las acusaciones hechas principalmente por EUA a lo atletas rusos sobre la presunta existencia de un programa orquestado por el Estado Ruso para el dopaje y por tanto, mejora de los rendimientos de los deportistas moscovitas; esto llevó a la amarga despedida de la gran saltadora de pértiga Yelena Isinbayeva y sus diatribas lanzadas contra el COI, y la descalificación, al completo, del equipo paralímpico ruso. Por supuesto, esto redundó en los resultados del medallero y que Rusia se precipitase hasta el cuarto lugar sin que muchas de sus grandes figuras pudiesen competir. A lo largo de la justa deportiva se notó una gran tensión en contra de los rusos, quienes hace dos años en Sochi, cuando organizaron los juegos invernales, tuvieron que soportar la mala prensa occidental que cuestionaba las políticas del Kremlin contrarias al homosexualismo.

  • Ideología de género: Si uno de los principales temas del choque entre Rusia y EUA es el fomento que la Administración Obama ha dado a la ideología de género, misma que se hizo presente en las pistas con la polémica victoria del(a) sudafrican@ Caster Semenya en los 800m planos.

Añadamos a todo lo anterior el fiasco que representaron algunos deportistas como Serena Williams o Novak Djokovic en el tenis, en que prácticamente jugaron para perder, ante el desinterés completo en la justa olímpica y tener las miras apuntadas hacia el U.S. Open, lo que refleja el peso que tienen las ganancias millonarias de los deportistas profesionales por encima del "amor a la camiseta", lleva a que cada vez el nivel de muchos competidores esté más bajo, a menos que se trate de gente que realmente compite por el honor como un Rafael Nadal o Andy Murray, un Neymar que finalmente buscó y logró darle a Brasil la alegría de una medalla de oro en el fútbol; y es que no todo fue malo en estas olimpiadas.

Lo Positivo:

Pudimos ver probablemente por última vez a dos gigantes de la Historia del Deporte: Michael Phelps que se convierte en el máximo ganador de todos los Juegos Olímpicos -incluso contando los de la Antigua Grecia-- y a Usain Bolt llegar por tercera vez a ser campeón en los 100 metros planos , en los 200 y en relevos. Ambos son unos fenómenos, verdaderos superhumanos que tienen unas capacidades con las que se colocan muy por encima de sus contrincantes, pero también son fuentes de inspiración, como pasó con Phelps que sólo fue superado por el nativo de Singapur Joseph Schooling, quien veía en el Tiburón de Baltimore, a un ejemplo a seguir en las albercas, 

Y ¿qué tal el equipo norteamericano de gimnasia tanto femenil como varonil? Sobre todo la destacadísima actuación de Simone Biles, quien ha sido entrenada por la esposa del mítico Vela Karoli, el famoso entrenador detrás de Nadia Comannecci, ante la implosión de Rumania, que ya ve en su deporte emblema la afectación tras ya dos décadas de gobiernos incompetentes, crisis económicas y corrupción, 

Como cosa curiosa, estas Olimpiadas fueron casi unas "Olimpiadas católicas": fue muy destacada la actuación de muchos deportistas católicos que además, no ocultan su fe, sino la ostentan con valor en un mundo secularizado y hasta cada vez más hostil hacia el Cristianismo, y sobre todo, en países anglosajones: Neymar y la banda que se puso en la cabeza agradeciendo a Jesús en la ceremonia d premiación, Andy Murray y Nadal, Simone Biles y la nadadora campeona Cathy Ledeckie, la voleybolista de playa Jennings, el propio Usain Bolt, o el fondista keniano David Rashida, e incluso Michael Phelps que pasa por un proceso de conversión que quizá lo puede llevar a la Iglesia dieron buena cuenta de ello.  

México:

La actuación de México en las Oimpiadas fue un reflejo de la implosión, el amiguismo y las miras estrechas del gobierno de Enrique Peña Nieto, con la a todas luces detestable gestión de Alfredo Castillo al frente de la Comisión Nacional del Deporte (CONADE), un funcionario emanado del ámbito policíaco donde, también, su paso ha sido, en el mejor de los casos: mediocre, cuando no ha sido digno para fincarle responsabilidades hasta por delitos contra la seguridad del Estado como en Michoacán, pero que tiene la única virtud de ser amigo del actual Presidente de la República, cuyo gobierno, en todos los aspectos, se está desmoronando como un mazapán en el agua. Peña, que parece completamente ajeno a la realidad, o porque no confía en nadie más que en sus amigos de siempre, siguiendo esa idea de "Club de Toby" que tienen entre ellos en el Grupo Atlacomulco, prefiere mantener a sus amigos pese a sus inepcias, pues no confía en nadie más, y tal es el caso de Castillo, de Videgaray o de Osorio Chong.

Los resultados de tan nefasta mentalidad quedaron a la vista con 5 magras medallas de plata y bronce conseguidas de último minuto y con deportistas, como en el caso del boxeador Misael Rodríguez, que tuvieron que pedir limosna para costearse la preparación y el viaje a Brasil, o el pesista que tuvo que competir con un uniforme parchado por no ser el oficial para competir en la justa olímpica, mientras Castillo se llevaba a su novia de paseo por el evento.

Increíblemente, Peña ratificó a Castillo al frente del organismo gubernamental encargado de apoyar a los deportistas y que no ha hecho nada por limpiar de corrupción a las federaciones deportivas mexicanas ni por eliminar la "futbolización"de la cultura deportiva nacional que mantiene en el olvido a otras disciplinas en las que México es mucho más exitoso.  Es realmente indignante.


En resúmen, creo que estos juegos quizá signifiquen el principio del fin del Olimpismo como lo conocemos: la excesiva comercialización, lo oneroso de su organización, los escándalos e indisciplinas de los atletas, la corrupción de las federaciones deportivas, todo ello, deberán llevar a una reorganización o un replanteamiento de los juegos, es cierto: el mundo necesita circo, pero también necesita los ideales que inspiraron a Coubertain, sin ellos, no cabe duda que faltará poco para que alguien tome la misma decisión que Teodosio al finalizar el siglo IV.

6 de agosto de 2016

EUA: INICIA EL CIRCO ELECTORAL


Hace unas semanas, el columnista Rubén Cortés del diario La Razón publicó un muy lúcido artículo sobre las dimensiones de Obama como Presidente de EUA, tras ocho años de mandato: el balance que hace es demoledor y lleva a preguntar por qué a la "comentocracia" mexicana y los medios en nuestro país sienten tal veneración por el mandatario norteamericano.

El realista retrato que el articulista mencionado hace del afroamericano es demoledor: ha sido un fracaso, que dejó todo en promesas o las cumplió a medias o mal, no duda de sus habilidades de orador, --y ha de incluirse aquí también las de su esposa Michelle-- pero no así de sus capacidades como Estadista. Recordemos: el Estadista (así, con mayúscula) toma decisiones y actúa con miras al futuro y no duda en actuar sin importar con la opinión pública o mayoritaria en contra, en contraste con el Político, para quien sus preocupaciones terminan en el siguiente proceso electoral; Obama, lo mismo que la gran mayoría sino es que la totalidad de los personajes de la vida pública en México, es un Político, y la verdad, probablemente en EUA ya no han contado con un liderazgo del calibre de un Estadista desde Ronald Reagan.

Reagan fue un Estadista y como tal quedó inmortalizado con la frase "¡Sr. Gorbachov: derribe ese muro!", pronunciado ante el muro de Berlín. Antes de él, quizá el último Estadista del lado Demócrata fueron John y Robert Kennedy, quienes pretendieron dirigir a su país a una era de liderazgo mundial y de limpieza de la política: lo primero, lo lograron, con la llegada del hombre a la Luna y vencer a la Rusia Soviética en la carrera espacial, lo segundo les costaría la vida.

Pero los mandatarios que van desde Bush padre a Obama han carecido de ese ímpetu y de visión: el primero de esta serie de Presidentes menores solo se concretó a recoger los frutos de la era Reagan, Clinton únicamente promocionó su figura personal y maquilló las cifras económicas, con ayuda de Alan Greenspan para generar la impresión de que EUA estaba en una etapa libre de problemas y de prosperidad inaudita, mas la realidad le estallaría a Bush Jr. que ante el reto económico no hizo más que hacerse de la vista gorda ante los malos manejos de las corporaciones financieras y ante el reto lanzado por el terrorismo islámico sólo lanzó guerras para expandir la Democracia que sembraron las semillas del caos y del auge del radicalismo musulmán al que pretendió combatir, mientras dejaba en claro las componendas tejidas con regímenes autocráticos como los de Arabia, Qatar y Emiratos; Obama, por su parte, solo ha sabido responder a base de discursos de excelente retórica a graves problemas heredados de sus antecesores o ha visto, durante su mandato, nacer y crecer otros nuevos.

Obama deja una sociedad con gran tensión étnica en un país que no ha podido conformar una identidad nacional propia real más allá de ideas políticas de "libertad y democracia" o económicas como "capitalismo" para unir a un conglomerado heterogéneo de inmigrantes que gravitan en torno a la población original de origen británico: ingleses, escoceses e irlandeses principalmente que hicieron la conquista y colonización original de Norteamérica en su costa este, con la imagen de las policías a nivel municipal y estatal por los suelos, pues se ha demostrado que la brutalidad, corrupción, racismo e impunidad de los agentes de la Ley campean a sus anchas, lo que también refleja la pésima capacitación para atender ciertas situaciones o desórdenes y la falta de protocolos adecuados para la actuación de los policías, lo que derrumba aquella idea forjada en Hollywood de abnegados y heroicos oficiales a los que no se escapa nada. Obama, en vez de impulsar reformas sobre el tema y fomentar una mejor policía ha impulsado el victimismo de los afroamericanos, iniciando un enfrentamiento mediático y abriendo la brecha racial, olvidando también los enormes índices de criminalidad entre sus hermanos de raza y sin proponer soluciones para ello.

Las reformas en seguridad social y sistema de salud no han cuajado y resultan incosteables, la promesa de una reforma migratoria ha sido un vil recurso electorero que se esgrime mientras se deporta a miles de hispanos que ilegalmente se encuentran en el país, o se les apapacha con prestaciones inmerecidas que significan costos para los contribuyentes y se les invita a la Convención del Partido Demócrata para acrecentar la demagogia y que los hispanos muerdan el anzuelo a la par que se les azuza contra los anglosajones representados por Trump; aparte, la respuesta del gobierno obamita contra el terrorismo islámico resulta débil, cuando no queda claro que la propia administración ha brindado su apoyo a los terroristas y generado el caos definitivo en Medio Oriente con el Estado Islámico, mientras igualmente, se ha buscado innecesariamente la confrontación con Rusia y China, reviviendo la Guerra Fría. Todos esos problemas el mandatario y su partido los tapa abriendo debates bizantinos sobre temas como la homosexualidad, los baños sin diferencia de sexos, animalismo y similares, generando distractores que consumen energías y espacios que deberían estar abocados a enfrentar los verdaderos problemas, nada pequeños a los que EUA se enfrenta mientras su poderío global mengua día con día.

Ante esto, como concluye el propio columnista, no es de extrañarse que surja un candidato como Trump; aunque Cortés cae nuevamente en lanzar epítetos negativos contra el ahora candidato del Partido Republicano, pero el empresario inmobiliario no está en realidad, cayendo en un discurso de odio ni ferocidad, como los medios de comunicación "progresistas" lo hacen ver, en mucho, el eslogan adoptado por el magnate para su campaña es ilustrativo "I am your Voice": Trump ha decidido ser la voz de aquella "mayoría silenciosa" que ha permanecido callada y que ha dejado que en los mandatos de Bush y Obama sean gobernados por elites que han hecho y deshecho al país e impuesto políticas adornadas de intelectualidad. Mentiríamos si dijéramos que Trump será un estadista, muy probablemente no lo será, pero representa al sector de gente sinceramente preocupada por los problemas de su país y que quiere resolverlos, cansado también de tanta corrección política; Trump, efectivamente, no será un tipo de maneras diplomáticas ni de oratoria barroca y adornada como el actual Presidente; pero al menos, no será hipócrita, con todo y los problemas que se deriven de ello, como ocurre con el caso de los padres del soldado musulmán que participaron en la Convención Demócrata y las declaraciones del abanderado del elefante.

Para muchos, la actitud de Trump no es ofensiva, sino un respiro de franqueza y de sinceridad en un tiempo en que expresar una opinión, emitir una ironía o sarcasmo, puede ser la puerta para ser víctima de ostracismo y condena ante políticos que han inventado un sinnúmero de vías para no decir la verdad, e inventado ofensas a tal o cual "grupo vulnerable" del que recopilan votos y apoyos, lo cual es cansino e hipócrita.

Del otro lado, se encuentra la Sra. Hillary Clinton, que llega con el apoyo en bloque de los medios masivos de comunicación: prensa, TV, articulistas y columnistas no solo en EUA, sino a nivel internacional; en México, La ex-primera dama es la candidata del Gobierno y de los medios, que todos los días nos tratan de convencer de sus bondades y que su triunfo sería positivo para México. Si vemos lo que fue el gran evento de arranque de la campaña, encontramos que igualmente el Partido del Burro cuenta con el apoyo de la farándula y los músicos no se quejan de que suenen sus temas amenizando los actos, a diferencia de lo ocurrido con Trump --recuérdese que fue un gobernante Demócrata: Kennedy, quien empoderó a Hollywood en la política norteamericana-- pero a pesar de la aparente fortaleza de la aspirante, su campaña empieza con problemas.

Para empezar, la Sra. Clinton no es la primera mujer candidata a la Presidencia de la República norteamericana: ya en el siglo XIX y antes de que se reconociera el derecho al voto de las mujeres en nuestro vecino del norte, la feminista Victoria Woodhull fundó un partido político por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y se lanzó a una campaña que se podría decir, fue simbólica, por la primera magistratura; recientemente, en 2012, en el proceso que llevaría a la reelección de Barry Soetoro, fue candidata --ahora sí, oficial-- la activista por el medio ambiente Jill Stein, por el Partido Verde de EUA. Claro, un partido minoritario que al parecer, para los medios mainstream no existe, junto con otros sobre los que hablé en este espacio ya con anterioridad. Este pequeño dato incómodo, por supuesto, no es dado a conocer porque reduce las ínfulas de la ex-secretaria de Estado.

En segundo lugar, apareció Julian Assange y Wikileaks, el famoso sitio que ha venido a ser uno de los mayores dolores de cabeza para EUA desde la Guerra de Irak y que ha llevado al albino australiano a estar recluido en la Embajada de Ecuador en Londres desde hace ya algunos años, ante el peligro de ser extraditado a EUA por filtrar y difundir información confidencial de Washington. Estas filtraciones han golpeado más duramente a la campaña de la candidata, todavía más que aquellas de sus famosos correos de su etapa como Secretaria de Estado y de los que salió el profesar diversas supersticiones como su adoración a Moloch y su inacción mientras el embajador Christopher Stevens y su personal de seguridad eran linchados por los grupos islamistas aliados a EUA y la OTAN en el derrocamiento de Ghaddafi.

Los correos ahora filtrados corresponden a la dirigencia nacional del Partido Demócrata Democrat National Committee, y exhiben cómo la precampaña y el proceso electoral interno del instituto político mencionado estuvieron cargados a favor de la Sra. Clinton, y cómo también se amarró con las principales cabezas de los medios de comunicación el apoyo para ella en detrimento de su rival interno y de Donald Trump, con lo que además se daña enormemente la credibilidad de los medios masivos tradicionales norteamericanos, igualmente, se refleja aquí cómo la élite financiera de Wall Street está abrumadoramente a favor de la abanderada Demócrata, lo que ha redundado en las donaciones recibidas por uno y otro candidato y los gastos de campaña erogados hasta ahora: para el caso del magnate inmobiliario, apenas se han donado $19,000 dólares, para el caso de la abogada, la cantidad ha sido de $48.5 millones de billetes verdes... y esto lo reconoce uno de los principales corifeos de los Clinton que es el Wall Street Journal; claro, en ese diario, el manejo de la información es que eso refleja la mayor confianza que brinda la supuestamente experimentada señora que desea volver al palacio presidencial de la Avenida Pensilvania, sin embargo muestra que su campaña ha sido un dispendio brutal que sin embargo, la tiene por abajo en las encuestas iniciales del proceso electoral, con 7 puntos porcentuales favorables al millonario neoyorkino.

Putin, ¿convidado de piedra?


Es un secreto a voces que Assange y Wikileaks tienen nexos con Rusia, tal y como se demuestra del refugio que el gobierno de Rafael Correa le ha dado al periodista australiano, siendo un firme aliado del Kremlin en Sudamérica, y el asilo concedido por Moscú al soplón Edward Snowden, siendo ambas sendas derrotas en el tablero estratégico para Obama ante el gran rival Putin.

No cabe duda que el líder ruso se ha convertido en una especie de líder del conservadurismo mundial, con su política de restauración de las tradiciones cristianas rusas y una reconciliación del pasado moscovita tanto por su vertiente comunista como por la zarista, finalmente, ambas fueron épocas de esplendor imperial para el gigante eslavo y a la par que se reivindica a Nicolás II reivindica a Stalin, Es muy posible que el magnate, que recientemente se ha decantado --no podemos negar que por conveniencia al saber que la "mayoría silenciosa" es favorable a esa tendencia,-- pero también porque sabe que EUA no está en condiciones de reiniciar una Guerra Fría con su rival histórico, por lo que se ha expresado en varias ocasiones en el sentido de tener el ánimo de reconstruir las relaciones con Moscú.

Lo curioso del caso es que el hecho de que los Demócratas acusen a Rusia de intervenir en el proceso electoral actual es casi una confesión de que EUA se ha derrumbado hasta cotas tercermundistas, es casi como las quejas que hacían regímenes de Izquierda en América Central en los años 80 o la consabida monserga de Nicolás Maduro quejándose de que Washington apoya a la oposición, así que, en vez de que esto obre contra Trump parece más bien una confesión de la debilidad del país tras los ocho años de la administración Obama que hasta poderes extranjeros intervienen en su política interna, lo cual por otro lado, es cierto, con la injerencia enorme de las monarquías árabes que llevaron a las Primaveras Arabes, o la fácil forma de ceder del gobierno ante los chantajes persas que terminaron en el pago de un jugoso soborno a Irán para obtener la liberación de prisioneros acusados de espionaje. Por otro lado, no es de dudarse que Rusia abiertamente simpatiza con Trump de la misma forma que simpatizó con el Brexit, y que ahora de tener a Erdogan catalogado como enemigo ahora lo aceptan como aliado de corazón contrito, en un juego que, sin duda, divierte bastante a Putin, quien está saliendo ganador del mismo.


La moneda está en el aire, mientras, nos espera una campaña sucia llena de polémicas y escándalos, ante la amenaza que representa Trump para el orden establecido de la Globalización que es representado por los Clinton; ante la posibilidad real de que el millonario inmobiliario gane, algunos medios en México empiezan a despertar y ofrecen una visión mucho más centrada y objetiva, incluso por voces autorizadas como Raymundo Riva Palacio que ha criticado igualmente a la Clinton,  como verdadera enemiga de México, lejos de la demonización del personaje, nos llevan a concluir que es más bien nuestra responsabilidad el generar empleos y aprovechar el cambiante ámbito de nuestras circunstancias para lograr beneficios para nuestro país y competir en un panorama global cada vez más difícil y conflictivo.



29 de julio de 2016

DEMAGOGIA Y COBARDÍA



A inicios del siglo XVII, el entonces Rey de España, Felipe III, impulsado por su Primer Ministro el Duque de Lerma, emitió uno de sus decretos más polémicos: la expulsión de los Moriscos; estos eran musulmanes o sus descendientes a los que se había permitido permanecer en España tras la culminación de la Reconquista en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos. Muchos de ellos se habían convertido al Cristianismo; sin embargo, se sospechaba de la sinceridad de ello, razón por la cual Isabel y Fernando habían fundado el Tribunal de la Inquisición. Esto no era por mera intolerancia religiosa como se habría pensado, después de todo, los islámicos que quisieran conservar su culto podían hacerlo y seguían contando con algunas mezquitas pequeñas, sin embargo, si se convertían aparentemente y en realidad se conservaban como adeptos al mahometismo, podían ser sospechosos también respecto de sus lealtades, más cuando la conversión, por así decirlo, les abrían las puertas a lo que hoy llamaríamos "derechos políticos" y podrían ocupar cargos públicos, que, ante la amenaza del Califato Otomano no era asunto menor.

La decisión de Felipe III no fue fácil y era claro que tendría consecuencias gravísimas. Los moriscos habían conservado sus tierras y eran parte importante de los pequeños propietarios rurales y poseían buen número de granjas, o bien, se desempeñaban como obreros en las manufacturas o peones en los latifundios de nobles y burgueses ricos en Andalucía y sobre todo, en el Reino de Aragón. Sin embargo, tras la derrota musulmana en Lepanto, y con Marruecos, Argelia y Túnez --provincias otomanas-- cerca de España cruzando el Mediterráneo, siendo además centros de operación de corsarios islámicos que depredaban las costas del Imperio Hispano tanto en la península ibérica como en Italia, la población musulmana en el reino constituía un grave riesgo, más cuando había constantes rebeliones, como la de las Alpujarras, o actuación de grupos de moriscos que, precisamente espiaban para el Califato, entonces regido por Ahmed I, y que colaboraban con las depredaciones de los corsarios berberiscos y tunecinos, o les pasaban información --el famoso, para los parapsicólogos y pseudohistoriadores mapa del almirante turco Piri Reis, no es más que una copia del mapa de Juan de la Cosa, hecho antes de que los descubrimientos de los navegantes españoles fueran hechos públicos-- la expulsión fue decretada y evidentemente llevó a muchas situaciones que hoy en día se calificarían de abusivas e inhumanas, incluso se dio una rebelión que fue aplacada a sangre y fuego en la Sierra Morena, y hubo un gran desplazamiento de población; los moriscos fueron obligados a embarcar, a su costa, con rumbo a Marruecos y Argelia; donde, como incluso ocurre hoy, en muchos casos los musulmanes expulsados de Europa fueron víctimas de sus correligionarios en las zonas que los recibieron, que les robaron y hasta esclavizaron o asesinaron.

El perjuicio económico a España fue mayúsculo ante la pérdida de una buena proporción de la población activa de aquel entonces (recuérdese que España no tenía el número de habitantes o la densidad de la misma con la que contaban sus rivales Francia o Inglaterra) y las tierras confiscadas a los moriscos fueron a parar a manos de terratenientes favorecidos por Lerma en muchos casos, recuérdese que el hábil jefe de la administración de Felipe III, un hombre que era mucho más sensible y flexible que su padre Felipe II y también consciente de no ser tan capaz para el gobierno, por lo que cedió el encabezar la administración al hábil pero corrupto noble que más tarde se salvaría de ser procesado por sus sucios negocios al acceder a las órdenes sagradas y a un capelo cardenalicio tras enviudar. Algunos dicen que esto provocaría el relativo atraso de España respecto de las otras potencias europeas al privarse de una fuente de mano de obra valiosa. Por otro lado, la tradición jurídica castellana y aragonesa no era proclive a dar un trato inhumano a las personas, aún a las no cristianas, como se demostró con las medidas jurídicas para la protección de los indígenas durante la conquista y colonización de América, sin embargo, la decisión tomada por el monarca español fue contundente y ejecutada con todo rigor y celeridad.

Felipe III muy probablemente estuvo consciente de lo que hacía, incluso de las consecuencias, más cuando la España de la época fue pionera en contar con académicos que elaboraron los primeros análisis económicos, pero también supo que tenía que adoptar esa medida a fin de garantizar estabilidad y paz en España y en Europa, al menos por un momento, y cancelar todas las pretensiones del Islam de recuperar Al-Andalus, evitando que los Otomanos contasen con una quinta columna al interior de España. En pocas palabras, fue una decisión valiente, que de no haber sido tomada, quién sabe qué consecuencias habría tenido en siglos pasados con los intentos del Califato turco por fenar su caída ante los europeos, o que tendría en la actualidad, más con los regionalismos españoles.

En cambio, veamos la época actual: París, Bruselas, Orlando, Niza y ahora Munich, Alemania y San Etienne, en Normandía, Francia, donde ha entregado su vida el primer mártir europeo del siglo XXI: el Padre Jacques Hamel... la lista y la cronología del horror islamista se alarga, como también crece la omisión de los líderes occidentales y su cobardía para llamar pan al pan y vino al vino. En la época de la corrección política es prioridad el no ofender, el no generar controversia, no expresar lo que se piensa, se opina o se cree en pro de una supuesta armonía, diversidad y tolerancia, creyendo cándidamente que si yo declino mi derecho a defenderme y pongo la otra mejilla, el agresor se conmoverá y depondrá las armas; erróneamente se piensa que estamos en Portugal en 1973 y que podemos poner fin a la amenaza terrorista con claveles que coloquemos en los cañones de los fusiles, con veladoras, cartitas sentimentales y osos de peluche en el lugar en que cayeron las víctimas y pianistas indignados que toquen ese himno a la pasividad del drogadicto llamado Imagine.

La cuestión es que nadie de entre los líderes occidentales se atreve a reconocer la naturaleza expansionista y bélica del mensaje contenido en el Corán, ¡vamos! desde el Papa Francisco I a mandatarios como Françoise Hollande, Obama o la Sra. Merkel, nadie se atreve a decir que el Islam trae consigo un mensaje de conquista y guerra, sino que todos insisten que el Islam es una "religión de paz" y que el libro que compila la predicación de Mahoma es un "libro de amor". Incluso entre representantes de la Izquierda o del llamado "Progresismo", se hacen comparaciones tendientes para demostrar que la Biblia, --sobre todo en sus libros históricos del Antiguo Testamento-- es mucho más violento que el libro sagrado del Islam o que la Legislación Mosaica es más cruel que la Mahometana; olvidando que ambas, en terrenos materiales, son herederas del Código de Hammurabi babilonio que ya contaba con medidas draconianas que pasaron a ambos sistemas legales semitas.

Como dice el columnista de origen Palestino Raimond Ibrahim, los líderes --si es que se les puede llamar así-- occidentales, parecen o idiotas o cobardes, o ambas cosas; pues no se encuentra razón lógica alguna para justificar el que no vean la naturaleza bélica y conquistadora del Islam, y que dicha doctrina ha tenido desde su elaboración con Mahoma como vehículo ideológico para la unificación de las tribus árabes y posteriormente sirvió como justificante para la expansión imperial de Omeyas, Abbasidas y Otomanos.

Por el contrario, se nos quiere decir que todos los atentados que han ocurrido son hechos aislados, producto de personas desequilibradas o con problemas psicológicos; sin embargo, el incremento en la frecuencia de los ataques indican otra cosa: no se trata de hechos aislados ni de personas con problemas mentales, tampoco lo demuestra los vídeos o declaraciones de los perpetradores que juran lealtad al Califa Abu Bakr (II) Al-Baghdadí, lo que demuestra una ineludible comunión con los ideales del Estado Islámico, aunque en el caso muniqués resulta que el autor del ataque era un persa nacido en Alemania, lo que indica que estaba muy lejos de ser leal al ISIS, ya que se trata de un musulmán chiíta y no sunnita como es el movimiento extremista nacido en Siria e Irak.

Pero ¿por qué se tapa tanto la realidad? ¿Porqué parece que las autoridades occidentales están dispuestos a sacrificar la libertad de sus pueblos y la seguridad y hasta la vida de sus ciudadanos? Aquí trataremos de dilucidar algunas, la realidad es muy compleja:

  • Los valores ideológicos actuales: Si se habla que desde la Revolución Francesa se ha buscado crear un Estado Laico, con libertad de culto y de conciencia, De igual manera, el Nacionalsocialismo alemán terminó por dar a entender que el nacionalismo fue la causa de las guerras y enfrentamientos; de ahí que el mensaje globalista a favor de sociedades multiculturales choque con la idea de excluir a los musulmanes de Europa, o de que ésta y Occidente en general tiene unas raíces definidas y propias; debe de llegarse a una sociedad neutra y en la que quepan todos los colores.
  • La Democracia electoral: La población musulmana en los países europeos o en EUA se ha convertido en una apetitosa fuente de votos para los partidos políticos, estos, por supuesto, no quieren perderlos, así que prefieren abrirles las puertas y hacerles concesiones: reconocer a sus autoridades y normas tradicionales, darles espacio y ayudas para construir mezquitas, etc.
  • El anticristianismo: No nos hagamos, en Occidente hay un cada vez más hostil clima contra el Cristianismo, un tema sobre el que vale la pena abundar en otro post, pero que principalmente surge de que esta doctrina religiosa es un obstáculo a la sociedad de consumo que tanto beneficia a las grandes fortunas capitalistas: finalmente se trata de estimular los impulsos, instintos y apetitos de las personas para que consuman, para ello, tienen que ser grandes buscadores de placeres y entretenimientos: sexo, drogas, frivolidades; una religión que plantea un afán de trascendencia, ascetismo y austeridad, sin el exotismo que vende del budismo, viene a ser un obstáculo para el negocio; así, se cree que el Islam, enemigo natural del Cristianismo desde el origen en la Alta Edad Media, servirá para si no destruir, sí eliminar la influencia de la Iglesia y del Evangelio en la sociedad de manera definitiva, estúpidamente, se piensa que después los musulmanes serán secularizados y modernizados.
  • Ignorancia fatal sobre el Islam: En Occidente se carece, incluso por parte de nuestros dirigentes, que no son precisamente los más cultos de nuestras sociedades, de una comprensión completa del Islam; creyéndose que es solo un conjunto de doctrinas religiosas sobre espíritus y cuestiones metafísicas, ignorando que el Islam en sí, es todo un paquete civilizatorio en sí mismo, que incluye un conjunto de doctrinas religiosas y morales, pero también un sistema jurídico, un sistema político y una forma de sociedad, por ello resulta muy difícil, si no imposible, el intentar la secularización de las sociedades o de los individuos musulmanes, siempre queda algo en el fondo, y los ejemplos los tenemos en la fragilidad y el fracaso de los regímenes como el fundado por Mustafá Kemal y todos sus continuadores en otros países del Medio Oriente; los musulmanes, trasladados a otras regiones y aún en medio de otras poblaciones, no se integrarán a ellas, por el contrario, transplantan su cultura e intentan extenderla y hacerla florecer a donde llegan; por ello, el Islam puede ayudar a la Izquierda o a los "Progresistas" a desterrar al Cristianismo de la vida pública, pero el efecto no será la sociedad plural y amorfa que gire en torno a la economía y al consumo de placeres que sueñan, sino la islamización de las sociedades receptoras de musulmanes.
  • La idea actual de los Derechos Humanos: El concepto de Derechos Humanos ha sido enormemente manipulado hasta convertirse en cadenas y esposas que atan a las manos del Estado para imponer el orden y el imperio de la Ley en sus sociedades, se le han inventado generaciones y progresividades en una tendencia que a lo que llevarán será a la anarquía y el libertinaje más irresponsable en que todo vale sin límite alguno. Los islámicos, que no desarrollaron este concepto y que además les resulta totalmente antipático, se escudan sin embargo en el mismo para gozar de la más amplia impunidad. Los gobiernos, por su parte, no osan enfrentar el problema por no caer en contradicciones en su discurso pro-derechos humanos, la fuerza queda como el último recurso a usar y se privilegia el diálogo, aunque sea con una parte que no entiende de diálogo más que el que se habla con las armas.
Es increíble, pero si lo analizamos bien, esto no es exclusivo de Europa con respecto al Islam, en México lo vemos con respecto a los "movimientos sociales", verdaderas sediciones que no solo se dirigen contra el --espantoso-- gobierno de Peña Nieto, sino que son auténticas agresiones a la sociedad, que están ocasionando severos daños a la economía con el bloqueo a puertos y vías férreas, y pese a los llamados y a los claros perjuicios que esto ocasiona, la autoridad no ejerce el legítimo recurso a la fuerza pública, ni aplica la Ley, es el temor a quedar como vulnerador a los derechos humanos, a la libre manifestación, etc. El Gobierno prefiere doblegarse y someterse a las exigencias de grupos vandálicos impulsados por intereses oscuros, con lo que provoca la ingobernabilidad, inestabilidad y por supuesto: inseguridad.

Desgraciadamente, no tenemos liderazgos: este tipo de procederes ha permeado desde la Iglesia hasta las autoridades municipales, la falta de valor y los deseos de quedar bien actuando como veletas nos ha llevado a una situación sumemente peligrosa, nuestra Civilización Occidental está pasando por una etapa crítica que exige una vuelta de timón y el regreso de liderazgos clásicos, impulsados por valores y convicciones fuertes, pero además por la conciencia de tomar decisiones que quizá serían impopulares o tomadas como tiránicas, pero que, al igual que una medicina amarga o una dolorosa inyección, tendrá efectos positivos para sus pueblos, como la tomada por Felipe III hace 400 años.

Es curioso, Felipe III es considerado como uno de los más débiles reyes de España, pues vivió bajo la sombra de sus titánicos padre y abuelo: Felipe II y Carlos V, y la gesta crepuscular de su hijo Felipe IV, sin embargo, con su acción de la expulsión de los Moriscos, demostró tener más conciencia de jugarse el futuro de España y de Europa entera ante el peligro representado por el Islam, que los gobernantes actuales del Viejo Continente. Si éste fue un "Austria menor", no sé qué tamaño tendrán los actuales políticos vistos desde el futuro.

24 de julio de 2016

MOLOCH

Hace unos 2,200 años, la República Romana se enfrentaba ante la situación de mayor peligro de su Historia: la invasión a Italia de parte del ejército de mercenarios encabezado por el General Cartaginés Aníbal Barca, y quien tras haber cruzado media Europa Occidental proveniente de Hispania, atravesando tanto a los Pirineos como a los Alpes, había llegado a la península conduciendo a un abigarrado conjunto de pueblos enemigos de los antiguos Latinos: Íberos, Celtíberos, Galos y por supuesto Púnicos o Fenicios, quienes, procedentes de Tiro en el Líbano, habían fundado, desde el siglo XI a.C., la ciudad de Qart Hadasch, latinizada como Cartago, que se había convertido en la gran potencia marítima del Mediterráneo Occidental continuando con la tradición naviera de sus antepasados; ante el previsible ocaso de los Griegos, sumergidos en las grandes guerras entre las Monarquías Helenísticas sucesoras de Alejandro Magno, quedaba claro que el trono del mundo sería o para los Romanos, o para los Fenicios cartagineses, quienes se habían convertido también en un enorme poder militar, aunque sustentado en contingentes de mercenarios, pero comandados por una elite de guerreros púnicos que habían adoptado la estrategia y la táctica griegas.
Para los Romanos, la lucha contra Cartago no era solo cuestión de mantener su supervivencia, sino también se convirtió en una lucha entre el bien y el mal; ya que la propaganda en la urbe de las Siete Colinas comenzó a ir dirigida en el sentido de que los púnicos eran ciertamente salvajes, más que bárbaros, y aún tras haberles derrotado en dos guerras, posterior al fin de Aníbal, probablemente el enemigo más temible que tuvo Roma en su Historia, el Censor Catón el Grande terminaba siempre sus arengas con la frase Delenda Carthago!, es decir "¡debemos destruir Cartago!", no solo porque la ciudad norafricana se había repuesto de la derrota y amenazaba nuevamente con reducir al comercio romano en el Mediterráneo o a volver a ser una potencia militar rival, sino porque la misma existencia de ella era algo así como dejar vivir a la raíz del mal mismo.
¿Qué repugnaba tanto a los Romanos de los Cartagineses? Curiosamente, lo mismo que hace que las páginas del Antiguo Testamento estén llenas de diatribas de los Profetas Judíos en contra de los enemigos Cananeos de Israel y la influencia de los demás pueblos Semitas --hoy genéricamente englobados bajo el gentilicio de "Árabes"-- de Israel: su religión. El culto de los antiguos pueblos del Medio Oriente se sustentaba en divinidades astronómicas y de la fertilidad (de ahí que el monoteísmo Judío en torno a Yahvé sea tan discordante y ajeno al entorno en el que se desarrolló y, esto, para los que somos creyentes sea prueba misma de su origen revelado). Deidades solares como Marduk, de la flora y la agricultura como Astarté, del caos primigenio como la dragona Tiamat y su esposo, el demonio Kingu, de quien  provino el coágulo de sangre del que fue creado el ser humano (mito que pervive en el Corán), el dios de la realeza: Shamash... para referirse a todos estos númenes, se les invocaba con el título de "Baal", que quiere decir "amo" o "señor"; el principal de todos, el Padre de todos los dioses semitas, era conocido como Baal-El, pero también se contaba con el "Señor de las Moscas", dios de la muerte: Baal-Tzebub o Belcebú, y en diferentes regiones, además, se contaba con dioses particulares, como en Emesa, el meteoro negro caído del cielo (como la piedra negra de La Meca) y adorado como representación misma de El-Aga-Baal, del que fuera devoto después el Emperador Severo Heliogábalo, a inicios del siglo III.
Entre los Fencios, Cananeos y Amorreos, vecinos de los Hebreos, se contaba así con un Baal muy particular y cuyo culto llenaba de horror, más que el extravagante, y aceptable para los itálicos, dirigido a las otras deidades: Moloch; representado como una figura antropomorfa sentada en un trono y con cabeza de toro, a este dios que representaba al fuego, la fuerza primigenia y la fertilidad masculina encarnada en el bóvido, se le rendía un culto horrendo: el sacrificio humano de bebés recién nacidos o con pocas semanas, que además eran muertos de  forma por demás espantosa: la estatua de Moloch era generalmente de bronce, y se le encendía un fuego en su interior que se avivaba hasta que la escultura estuviese al rojo vivo, entonces, el niño era colocado en los brazos del ídolo,  en otros casos, era introducido en sus fauces, muriendo incinerado lenta y dolorosamente. Los gritos y llantos del bebé eran tapados por la estridente música y cantos que se entonaba por la concurrencia, que además danzaba, entregada a un culto orgiástico.
Bien sabemos que los Romanos no eran precisamente humanitarios y delicados; incluso, es sabido que en los misterios dedicados a Artemisa/Diana en Éfeso, y recordando el sacrificio hecho por Agamenón de su hija Ifigenia para pedir vientos favorables hacia Troya, se llegaban a hacer sacrificios humanos y que los combates de gladiadores tenían también un sentido religioso, o que al terminar las ceremonias triunfales, los jefes de los vencidos eran ejecutados en el templo de Marte Vengador, lo que era una especie de sacrificio del enemigo cautivo al dios de la guerra, pero nada de eso se comparaba a la muerte tan cruel que se daba a un inocente como un niño recién nacido; muchas veces hijo del oferente del sacrificio: cuando las legiones romanas sitiaban Cartago hacia el desenlace de la III Guerra Púnica, los guerreros romanos contemplaron espantados ante la desesperación y lo que no dudaron de calificar como perversidad, de los líderes púnicos sacrificando a sus hijos pequeños a Moloch para pedir la victoria sobre sus acérrimos enemigos. Esto solo reafirmó en ellos la convicción de que debían destruir por completo a aquel pueblo que era capaz de matar a sus propios hijos en las aras de una deidad siniestra, a la que identificaron con Cronos/Saturno, devorador de sus propios hijos.
El culto a Moloch, junto al de Baal, sin embargo sobrevivirían en Líbano y Siria, pero poco a poco fue abandonado ante la romanización; su supresión definitiva se dio con la caída de Palmira ante el Emperador Aureliano, en la segunda mitad del siglo III, quien la primera orden que dio fue destruir el templo de Baal como símbolo de abominación, cuyo imponente arco central se ha mantenido en pie hasta que el ISIS lo dinamitó en un atentado contra la Historia y la cultura, sin olvidar que Alá, el dios de los musulmanes, no es otro que Baal-El maquillado en un monoteísmo evolucionado del paganismo original.
 Si Elías y Escipión, con unos 600 años de distancia entre ellos coincidieron en la implícita maldad del culto a tal ídolo, es por el terrible impacto que tenía la celebración de la muerte de niños inocentes dados en sacrificio, lo que llevó también a que los profetas del Antiguo Testamento, y posteriormente, los Padres de la Iglesia, no dudasen en identificar a Baal y a Moloch, entre otros, como verdaderos demonios y no seres ficticios o legendarios producto de la especulación religiosa de pueblos primitivos, de simbolizar a las fuerzas naturales o de divinización de héroes del pasado como ocurría con los Grecolatinos.
Toda esta Historia viene a cuento por que, hace unas semanas, entre las revelaciones hechas por Wikileaks de las comunicaciones realizadas por Hillary Clinton como Secretaria de Estado del Gobierno de EUA, no a través de un servidor oficial encriptado, sino por conducto de un proveedor particular, lo que constituiría en sí una violación gravísima que debería llevarle a enfrentar responsabilidades y a quedar fuera de la carrera presidencial, se filtró un correo electrónico en el que habla de hacer un sacrificio a Moloch...
Veamos el texto causante de la polémica:
"With fingers crossed, the old rabbit's foot out of the box in the attic, I will be sacrificing a chicken in the backyard to Moloch . . ."
El texto alude a diferentes prácticas o acciones de cábala o que supuestamente traen buena suerte: cruzar los dedos, lo que en México coloquialmente llamamos "hacer changuitos", sacar la pata de conejo que estaba guardada en una caja en el ático, y después, sacrificar, en el patio trasero, un pollo al dios fenicio. Esto dentro de una conversación vía correo electrónico en torno a la postura a asumir sobre el intento de golpe de Estado por el Presidente de Honduras Manuel Zelaya  con el que quiso entrar al "Eje Bolivariano" y, a través del populismo, perpetuarse en el poder como lo habían logrado ya para entonces, en el año 2009, Hugo Chávez y Evo Morales; lo cual fue desactivado por las propias instancias hondureñas, como el Poder Judicial, la Legislatura y el Ejército, que se negaron a secundar al rico terrateniente devenido en mesías de los pobres, en su aventura autoritaria.
No nos debe extrañar, por otro lado, este tipo de prácticas entre los políticos. Estos son una especie altamente supersticiosa debido a las enormes presiones, responsabilidades y ambiciones que se abaten sobre ellos o despliegan, y viene desde muy antiguo el que sigan determinadas creencias mágicas --no solo religiosas-- para procurarse la buena fortuna, sea el éxito en sus disposiciones, sea la victoria en la guerra sobre sus enemigos o la destrucción de aquellos que les envidien y deseen arrebatar el poder. La misma Biblia que nos trae testimonios de primera mano de la Antigüedad, desde la Edad de Bronce así nos habla de cómo los reyes babilonios acudían a adivinos y astrólogos, en la Mitología Griega y en la Historia Romana conocemos la importancia del Oráculo de Delfos, la consulta a los auríspices que examinaban las entrañas de las víctimas de sacrificio o que pretendían saber el futuro acorde al vuelo de aves, el propio Saul, Rey de Israel, incurrió en pecado al demostrar poca fe en Dios al acudir a una adivina cananea y preguntarle por el futuro.
El propio Napoleón tuvo en nómina a Mademoiselle LeNormand, una tarotista, y se dice que Ronald Reagan, o más bien su esposa Nancy, contaba en su staff con una astróloga. Pero ha habido quienes se han atrevido a más; si desde 1776 tenemos que EUA ha sido gobernada por miembros de las más diferentes sectas o logias de la Masonería, sean del Rito Yorkino, o del Rito Escocés, o Rosacruces, o miembros de la Skull and Bones Society y de la más tenebrosa, y ligada por los conspiracionistas al culto a Moloch, la sociedad llamada Club Bohemia, Bohemian Groove. De igual forma, ocultistas o satanistas como Alistair Crowley estuvieron al servicio de gobiernos y grupos --se dice que un Churchill desesperado durante la oleada de bombardeos del "blitz" se hizo cliente de este último, quien le "vendió" la idea de hacer con los dedos la "V" de la victoria para atraerla y elevar la moral del pueblo británico, aunque Crowley, previamente, parece que tuvo que ver con los grupos esotéricos detrás del Nazismo.-- Y detrás de los Nacionalsocialistas alemanes hubo mucha influencia de grupos deseosos de restaurar el paganismo nórdico. Las SS, por ejemplo, se estructuraron por Himmler como una verdadera secta religiosa en torno a ello.
Sin embargo, hablar de Moloch no es poca cosa y no cuadra con las otras supersticiones de las que habla en el mail que, se puede decir que son inocentes; en cuanto al sacrificio de un pollo, es sabido que en la brujería tradicional se sacrifican gallinas o pollos de plumaje negro a deidades paganas o de plano, a demonios.
Esto nos puede indicar, efectivamente, la vinculación de la Clinton con algún grupo ocultista o su creencia personal en hechicerías y neopaganismos; lo cual no resulta tan inócuo como podría parecer. Si la Clinton es abanderada de toda la tendencia que existe desde la década de los 90 de la hipersexualización de la vida humana como parte de la "Ideología de Género" de la que es principal representante, y a la vez, una gran impulsora del aborto a nivel mundial... ¿no estamos ante una búsqueda de implantar la doctrina o acciones que recuerdan al culto fenicio en nuestros días? ¿No es el aborto una práctica tendiente también a la muerte del inocente, ya no en un ídolo-horno-altar de bronce, sino en el aséptico ambiente de un quirófano, pero igualmente asesinado al ser quemado en una solución ácida y no en llamas?
Se habla de la vinculación de la clase política norteamericana --incluyendo al matrimonio Clinton, pero también a los Bush, hoy por hoy las familias en el poder más importantes de EUA-- al llamado Club Bohemia, y que anualmente celebran reuniones que incluyen sacrificios y orgías. Esta agrupación tiene su lugar de reunión y culto al norte de San Francisco, en el estado de California, destacando un enorme altar con una silueta de un búho hecha de concreto para parecer una formación rocosa, y hasta eso, se ha logrado sacar de ellas imágenes o testimonios de gente que, evadiendo la seguridad, ha logrado llegar al punto; aquí algunas imágenes que circulan en Internet:
 
La ceremonia arriba representada es la "quema de las preocupaciones" una especie de parodia donde los "sacerdotes" del club queman a un muñeco que simboliza las preocupaciones que los importantes personajes que son miembros del club quieren abandonar al entrar. Al club solo pueden pertenecer hombres, aunque ha habido algunas mujeres con carácter honorario, por cierto, y se habla que así como se llevan a cabo conferencias sobre temas de actualidad --algo similar a las reuniones del Club Bilelberg-- y actividades recreativas como representaciones teatrales y musicales, también se dan orgías de carácter homosexual... quizá sea más leyenda que realidad; como, por ejemplo, y como decíamos líneas arriba, se dice que este club es un culto alrededor de Moloch; sin embargo, y pese a lo que dicen los conspiranóicos, no existe en la iconografía antigua dato alguno que lleve a concluir que el búho es representación de Moloch, quien más bien, era representado como el toro o famoso "becerro de oro". El búho en cambio, es representación de la diosa grecorromana Palas Atenea/Minerva, representando la sabiduría; por otro lado, la ceremonia más bien tiene un carácter paródico antes que de sacrificio real, aunque por las imágenes, no deja de ser impactante, pero es, antes que nada, una puesta en escena.
Eso no quita que, al igual que el caso del Bildelberg, las reuniones del club Bohemia no tengan importancia o trascendencia en la toma de decisiones por la clase política y empresarial de nuestro vecino del norte y que lo que ahí se hable no llegue a tener repercusiones mundiales; por supuesto, siempre se ha dicho que las decisiones importantes no se toman en las oficinas, sino en ambientes más informales y relajados. Al escritorio se llega ya todo previamente consensado y acordado.
Y de cualquier modo, la revelación hecha por la Clinton sobre sus supersticiones nos lleva a pensar ¿de qué forma las creencias particulares del político nos influyen como sociedad? ¿los valores o principios en los que haya sido formado o vicios y prejuicios que tenga? ¿Qué se puede esperar de alguien que sacrifique al menos pollos a un dios de culto siniestro del antiguo Medio Oriente, detestado y rechazado como inhumano desde aquellos tiempos?
Y volvemos a preguntarnos: ¿en manos de quiénes estamos?

¿QUÉ RAYOS PASÓ EN TURQUÍA?

Este viernes pasado, con el mundo todavía pasmado ante los acontecimientos sangrientos y deleznables ocurridos en Niza, Francia --y el incendio en la base de la Torre Eiffel, del que nadie habla y aseguran, en forma un tanto titubeante, que fue un accidente con los fuegos artificiales-- se gestó un intento por parte del ejército turco, de dar un golpe de Estado en contra del gobierno presidido por el islamista Reccep Tayyip Erdogan.
De Erdogan he hablado en el blog anterior, probablemente es uno de los hombres más peligrosos del mundo y a mi parecer, es quizá el único de los líderes mundiales que entiende tan bien el juego geopolítico  como Vladimir Putin, y quizá sea también el único rival de éste que se encuentra al mismo nivel, salvo que quizá sea mucho más perverso, retorcido y genuinamente malévolo que el ruso.
Erdogan es, dentro del ámbito turco, el producto del fortalecimiento del radicalismo del Islam Sunnita que empezó a darse en la década de los 90, con la aparición de grupos terroristas como Al-Qaeda, así como el reconocimiento oficial de la causa palestina contra el Estado de Israel. El partido político del actual mandatario turco, el Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) es un partido islamista que surgió del Partido del Bienestar, instituto político que en el año 2000 fuera disuelto por el ejército por su tendencia islamista; y aquí tenemos que explicar algunas cuestiones que nos llevan a entender lo que está pasando:
1.- Antecedentes:
El clan turco de los Otomanos u Osmanlíes (depende cómo se pronuncie el nombre del primer líder de ese clan: Othmán, en árabe/ Osmán en turco) inició desde el siglo XIV un proceso de expansión contra sus rivales, otros clanes turcos que ocupaban, desde el siglo XII, tras la batalla de Manzinkert, la parte central y oriental de Asia Menor, arrebatada al Imperio Romano Oriental. Los Turcos, mongoles de origen, se habían convertido al Islam y mezclado con los pueblos semitas de lengua árabe y persas de Medio Oriente. Posteriormente, su expansión no fue solo sobre las otras tribus turcas sino sobre el resto de Estados Musulmanes del Medio Oriente, lo que los llevó a chocar contra el otro poder islámico de la época: el imperio mongol musulmán de Tamerlán basado en Samarcanda, y finalmente a dar fin al Imperio Romano de Oriente en 1453 con Mohamhed II, para luego buscar unificar de nueva cuenta a los musulmanes Sunnitas, lo que lograron cuando Selim I tomó Egipto y Arabia, consiguiendo que el último Califa Abbasida, Al-Muwattakil III, que ya no ejercía más que un poder simbólico, le cediera sus derechos al trono imperial islámico.
Los turcos por tanto, fueron líderes del Islam desde el siglo XVI hasta la Primera Guerra Mundial. Desde el siglo XVII, sin embargo, comenzaron a decaer ante el mayor desarrollo económico, militar y tecnológico de Europa Occidental sobre ellos: la batalla de Lepanto, donde la flota con la que el Califa Selim II pretendía invadir Italia fue arrasada por las fuerzas navales españolas, venecianas y papales al mando de Don Juan de Austria, lo que marcó un punto de inflexión, perdiendo el dominio del Mediterráneo: posteriormente, en 1689, cuando intentaron tomar Viena bajo Mohamhed IV, capital de los Habsburgo, comenzó el deterioro de su fuerza militar y empezaron las deserciones y rebeliones al interior del imperio: a partir del siglo XVIII, el movimiento religioso wahabita en Arabia llevó a una de las familias poderosas de la región, los Saud, a convertirse en rivales de los Otomanos reinantes.
Ya desde fines de ese siglo, el Califa Selim III buscó iniciar un proceso de modernización a fin de que los musulmanes pudiesen competir contra los Europeos y mantener su rol de gran potencia, y evitar seguir perdiendo territorios ante los Austriacos, Rusos, Prusianos, etc. a ese proceso se le conoció como tanzimat, ante la rebelión de los Jenízaros, guerreros de origen cristiano que, conversos fanáticamente al mahometismo, constituían las tropas de élite del ejército islámico, y llenos de privilegios, que le asesinaron y el breve reinado de Mustafá IV, sería el sucesor de éste, Mahmoud II, quien dirigiría las reformas, creando con ayuda de militares británicos y prusianos, a un ejército moderno y exterminando a los Jenízaros, estableciendo el servicio militar y tropas permanentes profesionales en vez de las milicias feudales aportadas por Sultanes, Emires, Reyes y Jeques de todas las etnias y pueblos islámicos y no islámicos del Imperio. Pero las constantes derrotas militares y la pérdida de territorios a manos de Franceses y Británicos, la independencia de Grecia y la pérdida de los pueblos eslavos de los Balcanes independizados o absorbidos por los Austriacos, así como el endeudamiento público galopante, convenció a algunos militares jóvenes, formados precisamente en Alemania, Inglaterra o Francia, de que el Imperio necesitaba también adoptar un sistema político calcado de Europa Occidental.
Los Jóvenes Turcos, como fue conocido el partido político Comité Unión y Progreso, que era un grupo de generales educados en Inglaterra y Alemania, menores de 30 años al momento de su rebelión, en 1908, entre los que destacaban Ismail Enver Paschá, Mohamhed Talat Paschá, y Ahmed Cemal Paschá, así como Mustafá Kemal Paschá, derrocaron al Califa Abdul-Hamid II y colocaron en su lugar a Mohamhed V, reducido a un papel de monarca constitucional; implantando un parlamento y una carta magna, continuando con la adopción de vestimentas, tecnología y costumbres occidentales en la población, sin embargo, siendo fuertemente nacionalistas, colocaron a los árabes y demás semitas y otras etnias en un plano de subordinación y sometimiento al pueblo mongólico que se convirtió en la élite gobernante; además, no renunciaban al Islam, por el contrario, se lanzaron en una política de discriminación y exterminio de los pueblos cristianos y judíos del Imperio, enfocándose sobre todo en los Armenios y los Griegos de Asia Menor, provocando el terrible genocidio de 1915-1918. A la par, esto volvió a encender en Arabia la flama de la rebelión de los clanes nobles como los Haschemitas y los Saud, que sería apoyada por los Británicos en la persona de Thomas Edward Lawrence.
Al final, se consumó la derrota del Califato en la Primera Guerra Mundial, donde los Jóvenes Turcos habían alineado a la Khilafa del lado de Alemania, Austria-Hungría y Bulgaria, siendo estas últimas potencias, hasta pocos meses antes de 1914 sus mortales enemigos. Los aliados se repartieron los territorios del Imperio con arreglo al Acuerdo Sykes-Picot de 1916, en que se acordó que Irak pasaría a Gran Bretaña junto con emiratos del sur de la península arábiga, Siria y Líbano para Francia, y Palestina también para los Ingleses, a fin de permitir el asentamiento de colonos judíos para honrar el compromiso de la Declaración de Balfour, mientras que a los Turcos les dejaban solo una parte de Asia Menor, otra era entregada a los Armenios, ahora absorbidos por la Rusia Soviética y Grecia buscaba anexarse la Jonia.


El único líder de los Jóvenes Turcos que se mantuvo en el poder en ese momento, y con prestigio por su rango de héroe en la defensa de Galípoli, era Mustafá Kemal, (en la imagen) quien derrotó a los Griegos y rechazó a los Armenios y Bolcheviques en el este. Kemal, quien después sería apodado Atatürk, o "Padre de los Turcos" ya que se le consideró como el creador de una nacionalidad turca moderna diferenciada del resto de pueblos musulmanes; ya que, dueño del poder, proclamó la república, derrocando a Mohamhed VI a quien quitó el poder político: su título de Sultán (soberano, en árabe), y al sucesor de éste Abdul Mejid II, a quien dejó el carácter de Califa, para suprimirlo dos años después, en 1924 y exiliándolo.
Atatürk no era un personaje suave ni liberal, ni mucho menos demócrata. Participó en el Genocidio Armenio y nunca dejó de ser, en realidad, un auténtico musulmán. Sin embargo consideraba --de manera similar al emperador japonés Meiji-- que para que Turquía progresara y conservara su independencia, debía adoptar el modo de vida occidental y también su sistema político, sin embargo, había que meterlo con calzador: prohibió la vestimenta tradicional, como las túnicas y turbantes, o el sombrero fez, en los hombres, velos y vestidos largos para las mujeres, adoptó el alfabeto latino para escribir la lengua turca, prohibió el uso del árabe en la liturgia de las mezquitas para usar el turco, estableció el calendario cristiano gregoriano como calendario civil y pasó el día de descanso del viernes al domingo, todo claro, usando el gran garrote de la represión y las ejecuciones sumarias a los que se opusieran, igualmente levantó las prohibiciones al alcohol y estableció un sistema político basado en una constitución y una legislación basada en el Derecho alemán, quitando la aplicación de la Shari'a y decretando la igualdad entre el hombre y la mujer. Sin embargo, como dije, Kemal siempre fue un musulmán en el fondo y más cuando le convenía: era polígamo (cuatro esposas y concubinas, igual que los Califas a los que había derrocado) y se casaba y divorciaba o repudiaba a sus mujeres de acuerdo con la Shari'a, por ejemplo y aunque señalaba que el Estado era laico y con libertad de cultos, la situación de Cristianos y Judíos en Turquía no mejoró nada bajo su régimen; incluso, creó un ministerio de asuntos religiosos en el gobierno, que se ha mantenido ejercido por un clérigo islámico desde entonces.
También Kemal nunca comprendió que las instituciones occidentales respondían a una realidad y un desarrollo histórico diferente al del mundo islámico y que no podían ser implantadas por decreto; por ello, se dio cuenta que sus reformas sólo podrían sostenerse con una fuerza poderosa que lo garantizara respecto a las costumbres y tradiciones de los habitantes, sobre todo en las áreas rurales y ciudades pequeñas de Asia Menor: el ejército, quien aprobaría  a los partidos políticos y el desempeño de los políticos que ocupasen cargos públicos, para que, en caso de ser públicamente islamistas o tendientes a negar otra de las aspiraciones de Kemal: que Turquía fuese aceptada como una nación europea, --algo verdaderamente aberrante que solo exhibía los propios complejos de inferioridad del rubio y más eslavo que turco padre de los turcos, descendiente de Jenízaros-- para que el ejército diese un golpe de Estado y restaurase la ficción implantada por el gran líder.
El modelo de Kemal, denominado Kemalismo, inspiraría otros movimientos nacionalistas en Medio Oriente, como el caso de Egipto, donde los coroneles egipcios liderados por Gamal Abdel Nasser pretenderían esa misma occidentalización y modernización sostenida por los militares, o en Libia, donde Ghaddafi hizo lo propio, e Irak y Siria, donde los regímenes de Saddam Hussein y de los Assad padre e hijo, tienen mucha similitud con el de Kemal: aunque formalmente eran hasta cierto punto democráticos, en realidad eran dictaduras militares. Sin el sostén del ejército, derrotados por la intervención extranjera, como en Irak y Libia, el sistema se derrumbó, en otros, apenas sobrevive, como en Siria y Egipto, ante una realidad que muestra que en el fondo, los pueblos se han mantenido sin cambios desde la caída del Imperio Otomano, es más, desde la Edad Media, y que los esfuerzos de los dictadores Kemalistas, no fueron en realidad, más que un maquillaje de modernidad occidental sobre pueblos milenarios reacios a cambiar y sin haber pasado por la misma evolución que provocó tales cambios en nuestro hemisferio.
Simplemente un indicativo de ello era la cuestión de los derechos humanos, incluso retratada en forma brutal por Oliver Stone en Expreso de Media Noche, basada en un hecho real, donde se refleja que, detrás de la fachada "modernizada" de un régimen militar disfrazado de Democracia se esconde la misma ferocidad y crueldad exhibidas por el ISIS en la república de Atatürk.
2.- Erdogan y el fin del Kemalismo:
Tras esta reseña histórica, llegamos al momento que nos lleva a entender lo que está sucediendo en Turquía hoy en día. El país es miembro de la OTAN, dada su estratégica posición cercana a Rusia y el control que continúa ejerciendo sobre los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo que dan acceso al Mar Negro, por ello, Turquía tenía el segundo ejército más grande en número de efectivos de la organización, después de Francia, no solo por la posición ante la amenaza entonces soviética, sino por las rivalidades entre la república otomana y Grecia y otros países balcánicos que tienen abiertas con los turcos contenciosos desde hace medio milenio; pero también la amenaza interna del separatismo kurdo; pueblo irreductible con el que el régimen de los Jóvenes Turcos y su continuador Atatürk no pudo ni exterminar ni expulsar, pero también, para asegurar el control de la población y el mantenimiento del sistema laicista, pro-occidental y modernizador establecido por el legendario general.
Para el año 2000, sin embargo, Turquía aparentemente estaba muy lejos del islamismo militante: los jóvenes iban al antro, se bebía alcohol y las mujeres, sobre todo las más jóvenes, lucían ropas occidentales y costumbres de "mujeres liberadas"; sin embargo, en el fondo crecía una tendencia hacia el retorno de la identidad islámica de los turcos, ¿porqué? Aquí algunos factores:
  1. Pese a la promesa de modernización del régimen, 80 años de "democracia controlada" por el ejército y occidentalización no sacaban a Turquía del subdesarrollo, pues comparte con México el sótano de la OCDE en rubros como educación, desarrollo humano, salud y corrupción; en contraste, su mayor rival regional: Arabia Saudita, y otros países con regímenes fundamentalistas islámicos como Emiratos Arabes, Qatar y Kuwait, contaban con un desarrollo económico muy superior y con estándares de vida igualmente más elevados. Los turcos se dieron cuenta que el desarrollo no necesariamente depende de vestir jeans en vez de túnicas y togas y el liberalismo occidental.
  2. La nostalgia por el pasado imperial, ante el ascenso, dentro del mundo musulmán de sus rivales como Arabia e Irán, Turquía empezó a ver más reducida su influencia y su presencia en Oriente, mientras que no era aceptada como un país occidental; ante esto, y a sabiendas que tenía una mayor posibilidad de influir en el Medio Oriente, sobre países con los que compartía religión y numerosos rasgos culturales, que sobre Europa, es que empezó a revivir el espíritu del "otomanismo".
  3. La resurrección de una identidad túrquica que oponer a la árabe tras el desmembramiento de la URSS, Turquía buscó restaurar sus nexos étnicos con Turkmenistán, Kazakhstán, Uzbekistán y Kirguistán, en el Asia Central, cuyas poblaciones son de origen turcomano, lo mismo que poblaciones dispersas en Irán e Irak, los pueblos turcos así, pueden aparecer como otro de los grandes grupos de pueblos islámicos en oposición a los pueblos de lengua árabe y los iránios. Esto además, lleva a la línea de choque con Rusia, para quien sus ex-republicas islámicas centroasiáticas siguen siendo su área de influencia.
  4. La desilusión del sueño europeo que impactó sobre todo en los jóvenes, que perdieron las esperanzas de que Turquía entraría en la Unión Europea, aparte, la Guerra de los Balcanes revivió los recuerdos de la feroz dominación musulmana encabezada por los turcos en la región y sus secuelas. Por tanto, los Turcos se sintieron rechazados por Europa y esto provocó que se buscara rescatar la identidad propia en rechazo a lo europeo.
  5. Las diferencias entre las dos principales zonas urbanas: Estambul (Constantinopla) y Ankara con el resto del país, fundamentalmente el Asia Menor o Anatolia; en las zonas rurales y las ciudades pequeñas las reformas kemalistas nunca permearon del todo y conservaron viva la identidad turca y musulmana en contraste con el cosmopolitismo artificial de las dos capitales.
Ante estos factores, el triunfo del partido de Erdogan que manejó un discurso populista en que disfrazaba el islamismo detrás del nacionalismo turco, estaba cantado. Lo que nadie se esperaba era la facilidad con la que el Primer Ministro y después Presidente minaría las bases del régimen; demostrando la enorme fragilidad del mismo. Como un niño jugando Jenga y sin necesidad de golpes violentos --hasta ahora-- Erdogán fue desarmando el edificio construido por Kemal: primero se aseguró una mayoría absoluta en el parlamento, después, controló el Poder Judicial, posteriormente depuró a los altos mandos del ejército, sustituyéndolos por otros más favorables al islamismo. Después fue haciendo campaña por los medios a favor de que las mujeres recuperasen el uso del velo y aceptasen un papel secundario en la sociedad, volvió a permitir el uso litúrgico del árabe en el culto, asesinó a un obispo católico, volvió a identificar como enemigos a los armenios, lanzó una campaña para aplastar a los kurdos, y antes del sainete del viernes pasado, puso limitantes a la libertad de expresión y censura a la prensa, cerrando diarios y poniendo límites y vigilancia a las redes sociales. Mientras hacía todo esto, mantenía el culto cívico a Mustafá Kemal de dientes para afuera.
Entre tanto, a nivel internacional Erdogan empezó a jugar activamente, el mandatario turco demostró, por un lado, ser brillante y entender tan bien como su par ruso: Vladimir Putin, al Juego de Tronos geopolítico, pero también demostró ser mucho más siniestro: para no quedar atrás de Irán, se convirtió en un gran apoyo de la causa palestina y se confrontó con Israel, comenzó una política de chantaje a Europa en torno a la migración a cambio de ayudas económicas y acuerdos con el bloque, luego comenzó a ayudar descaradamente al ISIS y ha sido uno de los promotores de la oleada de refugiados musulmanes hacia Europa, atreviéndose incluso a provocar a Rusia con el derribo de un avión caza que participaba en el conflicto sirio a favor de Assad, con quien primero el turco trabó buenas relaciones, al ser regímenes "hermanos" para después decantarse por el apoyo a la oposición islamista. Igualmente, recibió de forma hipócrita al Papa Francisco I, de quien recibió elogios y halagos fiel a su pragmatismo, para luego tronar contra él por su denuncia del genocidio armenio de hace 100 años.
¿Qué pasó el viernes? Para empezar, Erdogan acaba de matar lo que quedaba del sistema kemalista. El primero en su tipo, fue el último en morir, al parecer, se trató de un autogolpe que promovió el propio Erdogan de forma magistral --el hecho de que sea un sujeto perverso no le quita lo brillante-- al parecer difundió informaciones falsas y rumores entre los militares respecto a una presunta debilidad del régimen o de que el mismo no contaba con apoyo entre el pueblo y la mayoría de la milicia, con lo que animó a los sectores dentro del instituto armado más leales a las ideas de Atatürk a alzarse en armas contra su gobierno; sin embargo, esto ha demostrado al mundo que Erdogan cuenta con el apoyo mayoritario de la población, incluso en Ankara y Estambul las multitudes salieron a las calles, en una versión propia de la Primavera Arabe, a detener a los golpistas. Hubo combates y heridos, y muchos de los soldados rebeldes, detenidos por los ciudadanos, fueron linchados por estos que se comportaron como militantes del ISIS.
Una semana después, parece que Erdogan tiene planeado hacer una purga de dimensiones genocidas ante el más que probable restablecimiento de la pena de muerte: se habla de 50,000 detenidos, entre jefes militares, gobernadores provinciales, agentes policiales, elementos de tropa, profesores y académicos, periodistas y civiles en general, acusados de simpatizar con el golpe y, --con descaro-- ser enemigos de la "Democracia" y los "derechos humanos". De golpe, terminó con la independencia de la que todavía gozaba el ejército y con su papel de garante del sistema laico y pro-occidental. A partir de ahora, Erdogan prácticamente podrá reconstituir al Estado a voluntad, tras esto que podemos calificar, fue su "incendio del Reichstag" o como algunos lo han calificado, de "su 23-F", recordando el sospechoso intento de golpe de Estado del general Tejero en España en 1981 que sirvió para que Juan Carlos I legitimara su trono, cuestionado tras la transición por su carácter de sucesor de Franco y legitimara, con ello, a toda la Democracia Española surgida de la Constitución de 1978. En un caso con más similitudes aún, la situación parece a la de Venezuela tras la intentona golpista de 2004 que fracasó, misma que sirvió a Hugo Chávez para prácticamente desmembrar a la oposición, adquirir plenos poderes y a partir del cual un oscuro chófer convertido en agente de seguridad del Coronel, Nicolás Maduro, comenzó su ascenso.
Pero, a nivel exterior es donde Erdogan está jugando algo muy peligroso, en que cualquier paso en falso puede desatar consecuencias insospechadas y letales para todo el planeta. Como hemos dicho, Erdogan primero provocó a Moscú con su auxilio descarado al ISIS y el derribo de un avión caza ruso, ahora de repente, parecía que buscaba la reconciliación, cuando se da el golpe. Ahora, el mandatario otomano echa la culpa del mismo a un clérigo fundamentalista de nombre Fathullah Gülen que se encuentra exiliado en EUA, y también acusa a los servicios de inteligencia norteamericanos de apoyar a este sujeto en los preparativos del golpe por los intentos conciliadores de Erdogan hacia Putin.
Ante la perspectiva de un Erdogan desatado, que conducirá a Turquía a su completa reislamización y que ahora luce buscando la alianza con Rusia, es probable que se de su expulsión de la OTAN, algo que es riesgosísimo para Occidente, pues tendrá a las puertas de una zona de riesgo como los Balcanes a un enemigo fuerte que tras de sí tendrá a toda la multitud de "refugiados" entrando al Viejo Continente. Por otro lado, esto muestra el enorme pragmatismo de Putin que los "Tradilocos" no quieren ver: el peterburgués más que defensor de la Cristiandad es defensor de los intereses de Rusia y puede en ello, llegar a aliarse al Islam, incluso al mismísimo Abu Bakr II o a través de uno de sus principales valedores como es Erdogan, aunque quizá el ruso sabe bien que no puede fiarse de un tipo como el turco que trae consigo una agenda propia destinada a favor de Turquía y del Islam... ¿acaso el otomano pretende "amarrar navajas" y generar un conflicto entre la OTAN y Rusia, que termine por generar un río revuelto del que nazca, como ganancia de pescadores, el nuevo califato?
Por lo pronto, hay 14 barcos de la armada turca perdidos... nadie sabe donde están ni lo que van a hacer, salvo quizá la mente maquiavélica de Erdogan, y esto, es de temer, para temblar...