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11 de enero de 2018

LA OBSESIÓN (MEDIÁTICA) DEL MEXICANO CON LA MUERTE


Este es un post que quizá debió haber sido publicado el pasado 02 de noviembre, pero por diversas circunstancias no lo pude escribir entonces, mas ahora, ante el discurso del director de cine Guillermo del Toro tras recibir el premio Globo de Oro por su filme La Forma del Agua, o más bien la respuesta que da a un cuestionamiento que le hace una periodista china, respecto a la relación o gusto que tiene por poner en sus películas a monstruos, en que señala que por ser mexicano, tiene una especial relación con la muerte, como cierto gusto, porque los mexicanos --al parecer,-- vivimos en un perpetuo estado de memento mori, pero que no tiene que ver con la recomendación que hacían los Padres y Doctores de la Iglesia desde antiguo para tener siempre la conciencia tranquila, sino que es algo que nos lleva a disfrutar la vida y a apreciar la oscuridad como necesaria para que haya luz.

Primero que nada, quiero señalar que Guillermo del Toro, en mi opinión, es el mejor Director de cine actualmente en México, y que además se mantiene alejado de entrar en polémicas políticas y expresarse con la típica hipocresía marxistoide de Cuarón, Iñarritú o Damián Alcazar y los hermanos Bichir que hacen profesión de fe socialista, de Izquierda o "progresista" mientras son millonarios y buscan desesperadamente entrar, ser reconocidos y ser parte del mundo de Hollywood al que, si fueran congruentes, despreciarían como instrumento del Imperialismo Yankee, pero no importa, después de todo, el estamento de la farándula anclado en California es un reducto de la Izquierda Progresista más incongruente y más vociferante de todas, que tiene en sus entregas de premios su liturgia y su púlpito, para, cómo no, despotricar contra Donald Trump y ahora fingir estar dolientes por las víctimas de abuso sexual, cuando hasta hace un año Oprah Winfrey --a quien incluso "destaparon" ahora como precandidata a las elecciones presidenciales del año 2020-- y Meryl Streep eran incondicionales de Harvey Weinstein, si no es que hasta fungieron como sus "madamas" consiguiéndole presas.

Del Toro, hasta eso, se ha mantenido ajeno a todo eso, salvo la visión falsa, pero popular, de los Republicanos Españoles como defensores de la Democracia y la Libertad, y de los Nacionalistas Franquistas como malvados esbirros de la oscuridad que muestra en sus filmes El Espinazo del Diablo y El Laberinto del Fauno

Sin embargo, esta declaración de Del Toro, es por un lado evidentemente chauvinista y hecha para quedar bien con la audiencia mexicana, que como siempre, siente que el triunfo individual del cineasta es de todo el pueblo, el típico "¡ganamos!" cuando alguien de entre nosotros obtiene una victoria y el típico "¡perdieron!" cuando viene la derrota, algo siempre presente en los avatares de la selección nacional de fútbol en los torneos internacionales. Pero por el otro, muestra la tendencia que de un tiempo para acá se ha extendido en Hollywood y otros medios de presentar al mexicano como obsesionado con la muerte.

En cuanto a lo primero, los monstruos y las películas de Del Toro no tienen nada que ver con México, es como la trilogía de Batman de Christopher Nolan, el hecho de que el cineasta sea británico, y que en la misma cinta aparezcan Christian Bale y Gary Oldman, de la misma nacionalidad, no hace de la película una producción británica, y así, las películas de Guillermo del Toro, Iñarritú o Cuarón, aunque estos realizadores sean mexicanos, las películas que han hecho son producciones hollywoodenses, y por ende, estadounidenses, lo mismo que sus contenidos, que muy poca o ninguna relación han tenido con nuestro país. Así, salvo su ópera prima: Cronos, la acción de los filmes del cineasta tapatío no se sitúa en México, sino en España (Laberinto del Fauno), Europa Oriental (Blade II) o Estados Unidos (Pacific Rim, Hellboy I y II, que también sitúa parte de su acción en Europa y ahora The Shape of Water), los contenidos no tienen relación con el folklore mexicano: ni se trata de alebrijes, nahuales, ni su más reciente y galardonado filme presenta algún ser marino propio de la mitología prehispánica mesoamericana, fuera el ahuizotl o el cipactli, sino muestra un ser muy similar al personaje de Abe Sapien del cómic y filmes de Hellboy, el cual está inspirado ni más ni menos que en H.P. Lovecraft y los profundos, o las criaturas mitad humanas, mitad alienígenas (por la hibridación con los Profundos) de su relato La Sombra de Innsmouth:



Mientras que los monstruos que plasma en Pacific Rim están inspirados en el Manga y el Anime japoneses, así que no venga con nacionalismos, porque en ninguna parte de su obra, ni en sus escenarios, ni en sus contenidos, ni en la forma en que trata las historias se refleja ni un ápice del folklore mexicano real o inventado. Mejor haría el Director en reconocerse como alguien que participa de la cultura popular global, su admiración por el gran autor de Providence y por la animación nipona, y dejar a un lado la bandera, como digo, es tan tonto como que Nolan atribuya sus éxitos cinematográficos a su flema inglesa, o a su veneración por la "pompa y circunstancia" de las celebraciones monárquicas.

En segundo lugar, me llama la atención esa intención de ligar a México con la muerte: desde la última entrega de James Bond: Spectre con Daniel Craig, en que la secuencia inicial ocurre en la Ciudad de México con un supuestamente tradicional desfile o una especie de carnaval con motivo del Día de Muertos, en Batman Vs. Superman igualmente se plasma que el kriptoniano rescata a unas personas en un incendio en México y la gente está disfrazada de esqueletos por ser Día de Muertos, y no se diga del reciente éxito de Coco y hace pocos años del filme El Libro de la Vida, en todas ellas, se centran en que el Día de Muertos y el culto a los difuntos es parte central de la mexicanidad, lo cual NO ES CIERTO.

Primero, y para todos aquellos que se quejaban de que el Día de Muertos se veía suplantado por el Halloween, parece que ahora tanto la festividad mexicana como la anglosajona se están equiparando y entremezclando: el Día de Muertos no implicaba disfrazarse como lo hace James Bond, ni había desfile, esa fue idea del Director Sam Mendes, que luego, cómo no, el Jefe de Gobierno de la capital: Miguel Ángel Mancera adoptó con miras a atraer al turismo; segundo lugar, todo parte de algo artificial, no se empezó a hacer tanto festejo por la original fiesta católica "De los Fieles Difuntos" sino a partir de la obra del caricaturista José Guadalupe Posada, quien en sus críticas a la política de fines del Porfiriato fue el primero en hacer las "calaveras" o versos sarcásticos relativos a un personaje público al que hacía por muerto y fue además, el creador de "La Catrina" que es tan artificial como el Santa Claus de su colega y casi contemporáneo el ilustrador norteamericano Sundblom creado para una campaña publicitaria de Coca-Cola.

Por otro lado, la festividad se aleja de sus raíces cristianas para paganizarla y comercializarla al igual que con el Halloween, señalando que se concreta al simple recuerdo de los muertos...

La realidad es que el mexicano no se ríe de la muerte ni tiene especial relación con ella, no rendimos culto a los antepasados como sí lo hacen pueblos orientales como Chinos y Japoneses a los que no se señala como cultistas de la muerte. El mexicano le teme a ese episodio lo mismo que un ruso, un norteamericano o un africano, lo demás pueden ser actos de temeridad, imprudencia o estupidez que son universales y no un "retar a la muerte", propios de personas con baja educación y peor sentido común, condiciones de trabajo inhumanas o mera falta de cuidado. El festejo del Día de Muertos aparte, es diferente en las distintas zonas del país; los altares, velas y vigilias en cementerios son más comunes en zonas indígenas y rurales del centro y sur del país, más que en el occidente y norte y en las ciudades, donde se vive una cultura mucho más global y en las que ha pegado la fiesta por el ámbito comercial o por meterse como calzador porque es "una de nuestras tradiciones"por parte de las autoridades educativas.

Lo preocupante es porqué se quiere fijar una relación entre el mexicano y la muerte... ¿Acaso no es parte del incremento de la "cultura del narco" que se ha extendido e impuesto en todo el país y en todas las clases sociales, que implica el culto a la Santa Muerte? Acaso hay la línea de imponer el estereotipo del México rural, conformista y pobre (como en Coco, donde la familia del protagonista se dedica a hacer zapatos, y siguen haciéndolo como en el siglo XIX y son pobres, cuando la industria del calzado en México, pese a los embates del zapato chino o brasileño es de las más importantes del país, y por supuesto está más que mecanizada) y además obsesionado con la muerte, lo que explicaría, a ojos del extranjero, los carteles y sicarios, las matanzas y la violencia.

Así que es una lástima que Guillermo del Toro salga con que le gustan los monstruos por ser mexicano y tener una relación especial de la muerte; se une al coro mediático de difundir estereotipos equivocados respecto a nuestro país y nuestra cultura; como también es patético que se haga tanto jolgorio por que un Director de Cine Mexicano, que no hace películas mexicanas, gane un premio: es la plena conciencia de que nuestra industria fílmica sea tan mediocre o tan mala que sea extraordinario que algún cineasta o actor de nuestra nacionalidad triunfe. México tuvo una cinematografía de clase mundial, los monopolios, como el de Televisa o el de los pocos que hicieron del cine su coto político-ideológico, dieron al traste con ella y acabaron con la calidad alcanzada en los años 30 a 60 en la llamada Epoca de Oro. Por otro lado, en el decadente Hollywood actual, quién sabe si recibir un premio sea más un vituperio que un reconocimiento, o al menos, queda como el tuerto sobre el reino de los ciegos. Como sea, ojalá Guillermo del Toro se olvide de politiquerías y patrioterismos y siga haciendo cine a secas, tiene un potencial enorme y creo yo, todavía le hace falta para llegar a hacer una obra maestra.

7 de enero de 2018

LIBROS PARA COMENZAR EL AÑO





Al comenzar este 2018, y como consecuencia de la pasada edición de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, tuve la oportunidad de adquirir algunos libros, tanto en dicho evento como durante mis vacaciones navideñas en la ciudad de Guanajuato, donde acudí a un mercadillo o tianguis de libros en una plaza, frente a la Iglesia de San Roque.


He aquí mis recomendaciones bibliográficas:

1.- El Problema de los Tres Cuerpos:
Resultado de imagen para el problema de los tres cuerpos

Del escritor chino Cixin Liu, vino a refrescar el aparentemente estéril campo de la Ciencia Ficción en los últimos años, cabe señalar que, ante el panorama de decadencia que se presenta en nuestro mundo occidental en cuanto a creatividad, más las restricciones que impone lo políticamente correcto, como lo he venido comentando en los últimos posts, haya mostrado que hay muchos autores más allá del mundo literario anglosajón que se están centrando en la escritura de Ciencia Ficción, y que además haya recibido --merecidamente-- el premio Hugo, el máximo galardón literario del género, y no es para menos, ya que es una novela sorprendente por muchos aspectos, y perdónenme los spoilers:

Primero que nada, porque sorprende que ante el autoritarismo del régimen chino, se haya escrito, publicado y sido un éxito un libro que contiene críticas directas a los vaivenes políticos del celeste imperio bajo Mao Tse Tung, como fue la terrible Revolución Cultural, un movimiento desatado por el propio mandatario chino para modernizar por la fuerza a China y de paso purgara aquellos elementos que amenazaban su poder, y que terminó por saldarse con millones de muertos y graves daños a la herencia cultural del gigante asiático que sólo en los últimos años se ha resuelto.

De igual manera, resulta ser una crítica bastante dura al ecologismo y otros puntos de lo "políticamente correcto", como el abandono de la ciencia racional por el mero sentimentalismo para abordar, precisamente el tema ambiental y la misantropía de los "Progresistas"; se dice que personajes como Barak Obama o Mark Zuckerberg admiran esta novela; pero quizá no han comprendido el mensaje crítico que contiene contra muchos de los postulados contrarios a la humanidad que ellos han adoptado como el antinatalismo o la concepción negativa que tienen del hombre y políticas tendientes a negar la realidad biológica o extinguir, como hizo el afroamericano, la investigación espacial, así como a buscar imponer el sentimiento y la emoción, el deseo, sobre la realidad y la concepción racional de ésta que ofrece la ciencia para reducirlo todo a mera ideología y mera política, que nos están llevando a un nuevo, y verdadero, oscurantismo.

Por otro lado, el título de la novela alude a uno de los problemas de la física teórica que es fundamental para el desarrollo de la historia: ¿cuál es la relación y el movimiento de tres cuerpos que poseen igual masa y por tanto, generan la misma gravedad en el espacio? ¿Es posible predecir los movimientos de los tres? Por lo tanto, estamos ante una novela de Ciencia Ficción dura, durísima, nada que ver con Star Wars y menos con el bodrio de su último episodio.

2.- Historia de la Iglesia:


De Ludwig Hertling S.J., esta obra es un clásico de la Historiografía sobre la Iglesia Católica, escrita con un estilo ameno y dinámico, que recuerda un tanto al del británico Paul Johnson. Conciso y directo, no aborda temas específicos ni se detiene mucho en cada acontecimiento o evento, además de que evita caer en juicios anacrónicos y engrandecer los escándalos. Tampoco es una Historia de los Papas, sino que analiza los acontecimientos y el desarrollo de la institución de acuerdo con el contexto propio de cada época. Es bastante recomendable para tener una visión general de la Historia de la Iglesia, para profundizar, ya tendremos la obra publicada por la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) en 8 tomos y consiste sin duda en una obra fundamental de consulta para la escuela o universidad.

Las Obras Completas de H.P. Lovecraft:

En una edición económica de Editorial Mirlo (perdón por el gol) que la clasifica en dos tomos: el Ciclo Onírico, y el Ciclo Mitológico del "solitario de Providence", aunque realmente no hay gran diferencia entre los temas de los relatos en uno y otro volumen, que estoy leyendo, toda vez que en ambos se encuentran los relatos que se refieren a la mitología oscura que desarrolló el genial escritor norteamericano en la década de los veinte del siglo pasado. Ya tenía yo algunas obras de Lovecraft en compilaciones más pequeñas o como obras sueltas, como En Las Montañas de la Locura, o La Llamada de Cthulu.

¿Qué se puede decir de Lovecraft? Junto a J.R.R. Tolkien forma la dupla de autores más influyentes en el género de literatura fantástica, y si el sudafricano viene a ser la parte luminosa, el nativo de Massachussets aparece como la mitad correspondiente a la noche, aunque el norteamericano en realidad, se encuentra más cerca de la Ciencia Ficción que de la Fantasía; finalmente, la magia, los hechizos para Lovecraft no vienen si no a ser manipulaciones de energía, --de naturaleza cuántica-- para llamar a seres que en su universo ficticio, no son de naturaleza espiritual o mística, ni siquiera son realmente malignos en el sentido de ser encarnaciones del mal o del odio, o ser demonios, sino que se trata de seres increíblemente primitivos, nacidos poco después del Big Bang entre el caos de particulas que conforma el origen de la materia y la energía, pero a la vez, y por lo mismo, infinitamente poderosos y complejos: incomprensibles y para quienes los seres vivos posteriores, como el ser humano, son algo equivalente a molestos virus.

El choque o contacto con estos seres, por supuesto, precipita al máximo terror ante la insignificancia del ser humano que percibe a un universo inmenso y también imposible de ser comprendido del todo por el ser humano, y en eso radica el llamado horror cósmico del que tratan sus obras. Antes de la aparición de farsantes como Erich Von Däniken, J.J. Benitez, David Icke o Jaime Maussan, Lovecraft postuló que en la Tierra habitaron, antes que el ser humano, civilizaciones antiguas de seres inteligentes de origen alienígena, con una morfología y una evolución muy diferente a la del ser humano, y de ahí el aspecto monstruoso o repugnante que imagina para sus criaturas, --con lo que el nativo de Providence demuestra haber hecho la tarea, los extraterrestres, de existir, no necesariamente serán humanoides como vemos en el cine, sus cuerpos responderán al medio en el que se originaron-- y han influido igualmente en la Historia humana. (De ahí que es evidente que los charlatanes como los que he mencionado, muy probablemente tomaron las ideas de nuestro autor para sus farsas que se venden muy bien entre conspiranóicos).

Muy recomendable, esencial en toda biblioteca.

4.- ¿Porqué Manda Occidente... por ahora?


Del arqueólogo y antropólogo británico Ian Morris, es una obra que desarrolla más las teorías que el ecólogo Jared Diamond postuló en sus obras Armas, Gérmenes y Acero, y Colapso, tratando además de encontrar leyes del desarrollo histórico de los pueblos, por lo que también recuerda a la obra del alemán Oswald Spengler, intentado encontrar las claves que llevaron a la Civilización Occidental, a partir del siglo XVI, y sobre todo, tras la Revolución Industrial en el siglo XVIII, a convertirse en la preponderante en el mundo; ¿qué factores llevaron a que los europeos: españoles, portugueses, ingleses y franceses fueran los que extendieran la influencia de sus países y sus rasgos culturales al resto del planeta y no los chinos, japoneses o hindúes? 

La obra está muy bien documentada y reforzada con estudios de campo arqueológicos, de economía y estadísticas que abarcan los últimos milenios con los que analiza todos esos posibles factores, así como a intentar analizar las tendencias futuras y el empoderamiento de Asia que estamos presenciando en los últimos años, pero además, se agradece que el autor tenga un estilo chispeante, e incluso humorístico, para no quedarse en el frío, impersonal y aburrido análisis de datos. Sin duda, es una obra interesantísima y que despierta muchas inquietudes.

Estas son mis recomendaciones bibliográficas para iniciar el año, busquen esos libros, lean y aprendan.

6 de enero de 2018

IRÁN, ¿EN CRISIS?


El 2017 termina y el 2018 inicia con la noticia de que en Irán, tras el aparente éxito de la intervención conjunta con Rusia a favor del régimen de Bashar el Assad en Siria en contra del Estado Islámico y la oposición , se encuentra envuelto en una serie de protestas en contra, no sólo de la administración persa encabezada por Hassan Rohani, sino en contra ya, del propio régimen fundamentalista Chiíta que encabeza el Ayatollah Alí Khamenei como Líder Supremo Religioso y que encabeza el órgano de control constitucional: el Consejo de Guardianes.

Como ya lo he señalado antes, el régimen de la República Islámica establecido en Irán tras 2,500 años de monarquía, significó, pese a lo que la propaganda occidental, y particularmente norteamericana, un avance dentro de los países del Mundo Islámico: un sistema con división de poderes y elecciones democráticas pero enmarcado dentro de la Shari'a, inspirado un tanto en el Derecho Constitucional Francés histórico y en el Islam Chiíta, que, pese a ser un tanto más liberal que el Sunnita, prever participación política y reconocimiento de ciudadanía a Judíos, Cristianos Nestorianos y Zoroastrianos que habitan en el país persa, sí contempla algunas cuestiones en forma bastante radical, como la desigualdad ante la Ley de hombres y mujeres, el código de vestimenta de la mujer --aunque mucho más laxo que en Arabia o Qatar-- la existencia de delitos religiosos, limitantes a la libertad de conciencia o expresión o la persecución con la muerte de conductas que se estimen inmorales.

Las razones ahora de las protestas, curiosamente, se circunscriben en mucho a ser similares a la inconformidad de la América Profunda que votó a Trump: Rohani se embarcó en una aventura imperial, pues no tenía otro remedio, ya que, al igual que Putin, debía defender al gobierno sirio, su único aliado en la región; Irán además, se encontraba en una posición de ventaja, puesto que los sucesivos gobiernos de Mahmoud Ahmadinejhad y Rohani habían emprendido y continuado el programa de desarrollo de armas nucleares y además, habían logrado engatuzar a Obama, quien había aceptado firmar un tratado mediante el cual, EUA prácticamente levantaba sanciones y restricciones para que Irán pudiese continuar con ese programa nuclear, hábilmente disfrazado de una finalidad pacífica, únicamente tendiente a la obtención de nuevas fuentes para la generación de electricidad; todo como parte del irracional juego estratégico del Gobierno Demócrata planteado tanto por el entonces mandatario afroamericano como por Hillary Clinton.

Irán, empoderado, pareció seguir bajo sus dos últimos gobiernos una política claramente imperial y de búsqueda, nuevamente, de una posición hegemónica en Medio Oriente y más allá, como ha sido la tónica desde el siglo VI a.C.; desde entonces, los Persas se han convertido en el perpetuo factor de desbalance en la región y sus actos han impactado al resto del mundo; así, se lanzaron contra el gran rival en el mundo islámico: Arabia Saudita, apoyando a la etnia Huti en Yemen, de credo Chiíta, en contra del Gobierno Sunnita de Sabeanos y Hadramutis, apoyados por la Corte de Riyadh, fomraron una alianza irrestricta teñida de petróleo con el régimen Chavista de Venezuela y, junto a China y Rusia, establecieron una especie de bloque claramente antioccidental.

Sin embargo, las cosas cambiaron con la llegada de Trump a la Casa Blanca: abandonó la política de islamización seguida por Obama y la Clinton centrada en el apoyo a los Sunnitas, reduciendo el apoyo a los rebeldes en contra del Gobierno de Bashar El Assad en Siria y al Estado Islámico, sin que esto, por otro lado, representara que ahora la Casa Blanca apoyaba al dictador damasceno, quien se ha sostenido en el poder gracias a las armas rusas y la intervención de Teherán. Trump, por otro lado, revivió la alianza estratégica entre EUA e Israel, misma que se había resquebrajado desde Bush Jr. y llegó a su punto más bajo con Obama. De igual modo, ha desconocido el tratado nuclear con Irán y ha reimplantado las sanciones en contra de la República Islámica. Y es que sucede lo siguiente: no se puede permitir libremente la formación de un poder hegemónico en una región que tiene a cuatro posibles candidatos a lograr serlo: Irán, Arabia, Turquía e Israel, si se quiere mantener la zona en paz, se debe lograr un equilibrio mediante una ajustada carrera de armamentos, alianzas y contralianzas. Dejar que uno solo de estos cuatro interesados se quede con todo el pastel es altamente peligroso.

Esto, por supuesto, ha influido en el ánimo de los persas: por un lado, la implantación de una política de corte imperial como la pretendida por los gobiernos de Ahmadinejhad y Rohani resultó muy caro para un país con restricciones en el rubro debido a las sanciones. Así que los Persas han salido a la calle a exigir algo muy similar a lo que los votantes norteamericanos hicieron en noviembre de 2016: ya no quieren un gobierno interesado en el exterior, sino que resuelva los problemas internos del país, que deje de andar en aventuras militares y solucione los problemas de desempleo, carencias e inflación, y deje de gastar en buscar bombas atómicas o nucleares para invertirlo en el desarrollo y deje de perseguir políticas que lo han aislado antes de insertarlo en la dinámica mundial como un actor importante en igualdad con los grandes centros de poder; así que, evidentemente, el pueblo se ha cansado de la temeridad y conflictividad del régimen que se instauró en 1979 apoyado por la juventud: harta de la enorme corrupción del Shá Mohamhed Reza Phaleví y de la destrucción de la cultura persa islámica por una occidentalización forzada al estilo turco, y que deseaba un régimen con respeto a valores morales, rectitud y nacionalismo que fue lo que en su momento Khomeini ofreció.

Sin embargo, hoy esas esperanzas yacen rotas por un régimen que no supo aproximarse a occidente cuando pudo ser una alternativa seria a las monarquías y dictaduras Sunnitas dados ciertos ideales políticos compartidos con nuestro hemisferio y una versión del Islam que puede ser más abierta; y la sociedad aparece dividida: sí hay un importante sector que es favorable al mantenimiento de la República Islámica, pero es innegable la existencia de oposición a la misma y que ésta, va creciendo, sin necesidad de apoyos o intervenciones extranjeras, aunque quizá no podemos negar que las mismas se están dando detrás de la oposición al régimen. Sin embargo, la caída del régimen de la República Islámica puede tener consecuencias peligrosas: la llegada al poder de un nuevo régimen, sea la restauración de la monarquía fundada por los Aqueménidas y caída con los Phaleví, o un intento de implantar una República Democrática pro-occidental llevaría al debilitamiento de Irán y abriría las puertas a la hegemonía árabe-sunnita y también al ascenso de Turquía, sin más equilibro que Israel.

Habrá que espera ver qué sucede y la intervención de otras potencias, principalmente Rusia, hay que recordar que, desde el siglo XVIII, Irán se volvió parte principal del llamado Gran Juego entre las potencias por el control del Centro de Asia, y eso provocó que, principalmente, Rusia y gran Bretaña se disputaran la influencia sobre el gobierno persa, sobre todo porque lo veían como el contrapeso natural al Califato Otomano de orientación Sunnita, llegando la culminación de esto con la entronización de Reza Khan Phaleví, de ascendencia cosaca rusa, y quien tras coquetear con la Alemania Nazi, sería derrocado por británicos y soviéticos para imponer a su hijo Mohamhed Reza, quien sería el último en ostentar la corona de Ciro el Grande, y cuyo gobierno fue totalmente entregado a los intereses europeos y norteamericanos como se demostró con el golpe palatino en contra del Primer Ministro Mossadegh orquestado con ayuda de la CIA y el MI6 y que mandó al exilio a Khomeini, en lo que se considera, fue el preludio de la revolución de 1979.

Aún así, el hecho de que los Persas estén demostrando su descontento contra los excesos del radicalismo islámico, y la temeridad y ambición excesiva de un régimen que no calculó el costo de  ser un jugador pesado en la Geopolítica mundial, ni las consecuencias de sus ambiciones que le han aislado. A pesar de su nacionalismo y sus pretensiones, el régimen instaurado por Khomeini en 1979 no logró evitar que el destino de la nación persa siga dependiendo de los intereses extranjeros, como ha sido desde hace ya 300 años y tampoco ha podido devolver a Irán al sitio de las grandes potencias, como fuera bajo Aqueménidas, Partos Arsácidas, Sasánidas y Safávidas.

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Trump ¿Loco?

No pudieron deponerlo por la pretendida conexión con Rusia y la supuesta intervención del Kremlin en las elecciones presidenciales de 2016, así que ahora, los "Progresistas" norteamericanos pretenden hacer que el Congreso de EUA declare a Trump como incapaz para gobernar por una supuesta insanía mental y buscan sustentar estos alegatos en un libro: Fire and Fury, de un tal Michael Wolff,  periodista amarillista quien por otra parte, ha sido señalado por difamar e inventar historias anteriormente.

Por el contrario, la difusión que los medios mainstream le han dado al libro sólo viene a convencer más y más al electorado que votó al empresario inmobiliario para la Casa Blanca del divorcio existente entre los medios y el pueblo norteamericano y el enfrentamiento entre Trump y las elites que controlan la opinión pública y los grandes intereses detrás de una política corrupta que han manejado al país y a buena parte del mundo desde la llegada de Bill Clinton a la presidencia y hasta Obama; resultando irónico que los grupos que apoyen como algo normal que un hombre se crea mujer o viceversa y se mutile en consecuencia, la existencia de más de 100 géneros basados en parafilias, vicios, fetichismos o perversiones sexuales, confusiones de identidad, asesinato de inocentes en el vientre, calificar de "religión de paz" al Islam pese a que el Corán diga lo contrario, considerar al hijab o velo islámico --contra el que ahora las persas se rebelan-- como símbolo de libertad, sentirse ofendido por todo ante los muchos complejos y traumas de los millenials, considerar a los animales igual o incluso superiores a las personas, sean los que se atrevan de calificar como demente o idiota a quien no comparte dichas visiones del mundo.

Los "Progresistas" o Liberals parecen no darse cuenta del hartazgo y las denuncias que circulan por todos lados en contra de la última entrega de Star Wars por haberla cargado de sus doctrinas a través del púlpito de Disney, ni que en Europa, no solamente Polonia y Hungría resisten los mandatos de lo políticamente correcto que emana de Bruselas, sino que ahora se les unen Austria y República Checa, y que hasta Macrón, en Francia, parece salirse del redil y empieza a aplicar políticas sorprendentemente conservadoras y que tienden a revertir el daño hecho por la Ideología de Género y el Islamismo, mientras que en Alemania, la nefasta Angela Merkel empieza a tambalearse ante el rechazo del pueblo alemán a autodestruirse por seguir con el mea culpa del Nazismo.

Lo que ha hecho Trump no es ninguna locura: es rebelión, es intentar cambiar el estado de cosas: si se burla del "botón nuclear" de Kim Jong Un es porque ya es momento de poner un alto a los constantes chantajes y extorsiones de la dinastía norcoreana que a base de amenazas se ha asegurado sobornos disfrazados de "ayuda humanitaria" que seguramente son el negocio de alguien que hace contubernio con la familia de dictadores comunistas de Pyongyang; Trump sabe que el joven líder únicamente despotrica y habla para aparentar ante sus vasallos que es muy poderoso y temible cuando la realidad es otra, y porque sabe que los gobiernos cobardes de Japón, Corea del Sur y el propio EUA caen temblando ante él y acceden a sus demandas de dinero; si decide reconocer a Jerusalén como capital de Israel es porque así ha sido desde el año 1,000 a.C. con el Rey David y hay todo un sustento histórico detrás, más allá de las decisiones de la UNESCO tomadas a base de sobornos y miedo. Y si decide reducir el financiamiento de la ONU es porque la organización internacional hoy en día es un ente inútil que ha traicionado las intenciones de sus fundadores y no ha resuelto conflicto alguno, ni servido de foro para ello, en los últimos veinte años, pues su mayor preocupación es extender la homosexualidad y el antinatalismo.

Trump será un extravagante y un narcisista, pero no es un loco, quizá es el más cuerdo entre una clase política y unas élites del poder occidentales interesadas más bien en difundir el caos de la locura en beneficio de sus intereses.

23 de diciembre de 2017

CATALUÑA



Samuel Huntington decía que como efecto de reacción ante la Globalización, los regionalismos, las diferencias culturales más mínimas, iban a convertirse en referentes por aquellas comunidades o grupos que se sentirían amenazados por la imposición de una cultura global, que en general, ha venido a ser la "angloamericanización" del mundo, dado el dominio de los medios y de la cultura popular que tiene EUA, y en menor medida, Gran Bretaña, en la actualidad.

En parte por ello, y también por la pésima redacción de la Constitución Española de 1978 con la que la Madre Patria demolió el régimen franquista y se encausó por los caminos de una Democracia que empoderó a los partidos políticos e insertó al país ibérico en la Comunidad Europea, después Unión Europea, cediendo grandes tajadas de Soberanía a los tecnócratas de Bruselas, España inició un proceso disgregador que parece ir marcha atrás en el tiempo hacia la descomposición del proceso de integración y unificación español que culminó en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos. Es increíble que tras 500 años no haya cuajado la formación de una nacionalidad, más cuando la misma se construyó durante los siete siglos que duró la Reconquista en la lucha contra el Islam militante, y que posteriormente, se tradujo en la conquista del primer Imperio de carácter global que conoció la Historia y que se extendió por los cinco continentes.

Y es que en estos regionalismos actuales, presentes en las diferentes regiones españolas existe un mucho de artificial: en cuestión de idiomas, ni el Asturiano, ni el Aragonés, ni el Leonés o el Gallego sobreviven hoy más allá de núcleos rurales: el Castellano, finalmente, se identificó como el idioma Español y fue el que se extendió por el mundo tras la epopeya de los grandes exploradores y conquistadores hispanos o al servicio de la Corona Española: Colón, Cortés, Pizarro, Balboa, Magallanes y otros. Es de señalar sin embargo que tanto bajo Fernando como Isabel y sus sucesores los Austrias, España no era concebida como un Estado centralizado, sino como una federación de reinos, finalmente, durante el proceso de reunificación de lo que originalmente fue la Hispania Visigoda, rota por los Musulmanes, los reinos que finalmente fueron conduciendo la lucha contra estos se fueron formando aglutinando reinos y señoríos feudales que se iban conformando en los territorios que poco a poco se arrebataban a los mahometanos.

Esto implicaba que los monarcas de Castilla y de Aragón se comprometían a respetar los fueros o leyes propias de cada una de las regiones que se adherían a sus reinos, y finalmente, cuando bajo Carlos I de España y V de Alemania se conformó la monarquía hispánica unificada, se entendía que el monarca no era en estricto sentido, Rey de España, sino Rey de Castilla, de León, Aragón, Valencia, Granada, Navarra y un largo etcétera de títulos que denotaban la soberanía y el señorío sobre distintas regiones. Es el caso que Cataluña nunca fue un reino propio e independiente, y si bien su germen se encuentra en la Marca Hispánica creada por Carlomagno a fines del siglo VIII como zona de defensa para evitar la irrupción islámica en Francia, no se concibió a la misma como una entidad soberana, sino como una serie de condados, como Barcelona, o una ciudad que sería luego tomada por los musulmanes como Valencia, que luego serían dependientes de la Corona de Aragón. Los reyes de la Casa de Austria así estructuraron la monarquía hispánica, reconociendo la autonomía de cada región componente de pero todo cambió con los Borbón.

Generalmente se dice que el problema nacionalista catalán inicia con los Borbón y se señala que el asedio sufrido por Barcelona por las tropas leales a Felipe V de Borbón durante la Guerra de Secesión Española, es el evento fundacional de la lucha por la independencia de Cataluña, esto es parcialmente cierto: los Catalanes de aquél entonces no luchaban, como ahora pretenden los nacionalistas, por esa causa, sino por la continuidad de la dinastía de los Habsburgo sobre el Trono Español, siendo partidarios del Archiduque Carlos de Austria y oponentes a la llegada de la familia francesa de los Borbón al solio de San Fernando.

Los Borbón, por otro lado, no respetarían, tras la guerra y consolidarse al frente de España y su Imperio la especial constitución de la monarquía hispana, sino que, llegados de Francia --misma que tampoco es un todo homogéneo, regiones como Aquitania, Languedoc o Bretaña, tienen también una lejana historia de autonomía y de lenguas propias, recuérdese que el idioma que conocemos como "Francés" es la "Lengua de Oil", mientras que en gran parte del territorio galo se habla la llamada "Lengua de Oc" u Occitano-- país en el que su dinastía, con Enrique IV, Luis XIII y finalmente Luis XIV se había consolidado la centralización administrativa y el absolutismo en manos del Rey, quien acumulaba en sus manos las potestades ejecutivas, legislativas y judiciales y ejercía su poder sobre todo el territorio a través de unos delegados o intendentes nombrados directamente por él sobre un país dividido en departamentos administrativos; hasta el día de hoy, esa es la estructura de Francia, que es el país centralista por excelencia.

Así, los Borbón desconocieron los fueros y los sistemas jurídicos de las diferentes regiones españolas, imponiendo el Derecho Castellano como común a todo el reino, eliminaron la necesidad de convocar a Cortes como órgano legislativo e impusieron el centralismo, creando las Intendencias bajo funcionarios nombrados directamente por el Rey, lo cual por supuesto, no benefició a las élites locales. Después, si bien la Constitución de Cádiz en 1812 pretendía imponer algo similar a un Federalismo con las Diputaciones Provinciales, la división territorial en Provincias que funcionaban dentro de un contexto centralizado no se alteró demasiado; hasta la Constitución de 1978 que equivocadamente reconoce nacionalidades dentro de España, muchas de ellas sin justificación histórica alguna, como el caso de los Andaluces, quienes descienden de Castellanos que ocuparon el territorio que fue recuperado de los Musulmanes y que, por tanto, no tienen un contexto diferente al resto de los españoles.

En realidad, todo esto vino a beneficiar a políticos locales que, basándose en discursos nacionalistas o regionalistas han justificado la creación de cacicazgos y corruptelas en cada región de España o "Comunidad Autónoma", amenazando a la integridad del Estado y de la misma Nación Española: resulta absurdo que los Catalanes vengan ahora a decir que siempre han sido oprimidos por los Españoles cuando ellos mismos son Españoles, y fuera de ese país, todo el mundo los reconoce como tales. El Catalán, en realidad dialecto Valenciano, fue resucitado cuando, si uno lee a Don Quijote, uno puede comprobar cómo, al llegar a Cataluña y visitar Barcelona, nadie le habla en dicha lengua, sino todos lo hacen en perfecto Castellano, lo cual contrasta con el episodio del Vizcaíno, un vasco que a duras penas se da a entender en un muy mal Español, lo que indica que dicha lengua se encontraba en franca retirada respecto de la lengua de Castilla.

Sin embargo, el Nacionalismo Catalán actual se ha nutrido de las ambiciones descaradas de una casta política y empresarial local que ansía con hacerse de un feudo donde imperen sus intereses y sus corruptelas sin la fiscalización de Madrid, para ello, se han servido de la Leyenda Negra, añeja artimaña propagandista usada por los rivales de España, como Francia, Portugal, Inglaterra y Holanda, para atacar y desprestigiar a la potencia ibérica, acusándola de oscurantista, fanática y sangrienta por la Inquisición, la lucha contra un Islam sobrevalorado y retratado como la cumbre de la tolerancia y la cultura o la conquista de América donde se ha elaborado un retrato irreal de las civilizaciones neolíticas americanas, para hacerlas pasar por tan avanzadas que hasta contactaban alienígenas, mientras los conquistadores son mostrados como simples saqueadores y asesinos. De igual manera, han manejado un discurso igualmente absurdo en el que se pretende demostrar una superioridad racial o étnica de los Catalanes, y que incluso, muchos personajes ilustres de la Historia española e incluso europea eran de ese origen, lo cual no lleva si no a provocar risa.

Y también está el apoyo exterior que han recibido de países como Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos o Irán, países que buscan incentivar la migración islámica a España para la "recuperación de Al-Andaluz", y que han financiado al separatismo, o Rusia, que aunque niega una injerencia en el proceso separatista, es evidente el apoyo que sus medios oficiales, como RT o Sputnik, han dado a los nacionalistas catalanes, pues al Kremlin le conviene una Europa dividida y debilitada, más cuando el Brexit da la pauta para la disolución de la Unión Europea, además de que la eventual separación de Cataluña sin duda iniciaría un proceso de reforzamiento de regionalismos que podría llevar a la involución de Europa hacia una especie de nuevo feudalismo: recuérdese que los Catalanes además se encuentran presentes en toda la llamada Costa Azul francesa, los Vascos, igualmente con un pasado reciente separatista a través del terrorismo ejercido por la banda ETA, están en el norte de España y se extienden a la Navarra Francesa, en Reino Unido, esto puede dar fuerza al separatismo Escocés, mucho más sustentable que el Catalán, al de Irlanda del Norte e incluso el de Gales, el separatismo latente de Lombardía y el Véneto en Italia, y otras regiones en diversos países europeos, por lo que lo desatado en Cataluña puede tener consecuencias insospechadas.

Pero lo más sorprendente de todo ha sido la manera estúpida en que ha reaccionado el Gobierno Central Español encabezado tanto por el Rey Felipe VI como por el Presidente Mariano Rajoy y su Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría; en vez de defender la integridad del Estado y de la Nación, han buscado defender la Democracia, cuando ésta se encuentra contaminada por el lavado de cerebro que los Nacionalistas como Puigdemont, Ada Colau, Junqueras, Jordi Pujol o Artur Mas, y la Izquierda Española encarnada ahora en Podemos, una banda de hipsters y júniors a sueldo de Irán y la Venezuela Chavista, han educado a la juventud en la Leyenda Negra y la perpetua vergüenza de ser español y de pedir disculpas por serlo, el victimismo falso de los Catalanes y la prohibición de una lengua universal como el Castellano en pro del poco conocido idioma local, al que hablan como si fuese una lengua extranjera aprendida a la fuerza.

Como resultado, en las recientes elecciones celebradas, sin las condiciones necesarias para la conservación de la constitucionalidad, los resultados dan la mayoría absoluta a los nacionalistas, los cuales quedan legitimados y podrán plantear el inicio de un proceso independentista, pese a la mayoría relativa alcanzada por el partido Ciudadanos, poniendo en riesgo a la unidad de España como a la estabilidad de Europa Occidental entera.

Todo por defender una Democracia, misma que, cada vez queda más claro, es la manera con la que los grandes manipuladores de las masas, se hacen con el poder y lo mantienen engañando al pueblo al que le hacen creer que gobiernan por su interés, cuando en realidad, es interés de grupo o de individuo. Veamos que sucede, pero España, la primer potencia mundial de la Historia, se encuentra en riesgo de desaparecer, víctima de su decadencia, de sus complejos y de la cobardía de sus dirigentes, que prefieren verla perdida a dejar de ser etiquetados como demócratas...





21 de diciembre de 2017

¿HACIA DÓNDE VA STAR WARS?




Como ya antes lo mencioné en este espacio, no soy especialmente fanático de la saga creada por George Lucas; no tengo juguetes ni coleccionables ni parte alguna de todo el merchandising derivado de la misma, por ahí recuerdo que de niño sí tuve una camiseta con la efigie del androide R2-D2, pero nada más. Sin embargo, es parte de mi vida, al haber nacido en 1976, se puede decir que el serial fílmico ha acompañado mi paso por este planeta, así que es inevitable que hable de él.

Pude ver la nueva entrega: Episodio VIII, Los Últimos Jedi, y ahora aquí me pongo a plasmar mis impresiones sobre la misma (ojo: spoilers):

Primero que nada, siempre he pensado que Star Wars contiene una muy buena idea, pero ha sido mal contada; esto se debe a que, admitámoslo, George Lucas es un mediocre narrador y un cineasta medio, no importa que fuese compañero de generación en la Escuela de Cine de la Universidad del Sur de California de Steven Spielberg o de Francis Ford Coppola; él está muy pero muy atrás de ambos grandes directores. El logro, sin embargo, inigualable de Lucas que ya he mencionado aquí antes, radica en que sus películas fueron pioneras o aventajadas para su época en varios aspectos: le dio a la Ciencia Ficción --pese a que su historia tiene muy poco de ciencia y mucho, demasiado de ficción para ser considerada del género-- carta propia para ser un género cinematográfico, pues posteriormente a ella aparecería Alien de Ridley Scott, ésa sí perteneciente a la ciencia ficción más dura, innovó en los aspectos técnicos de los efectos especiales y sobre todo, generó por primera vez todo el fenómeno de mercadotecnia que ahora acompaña a los lanzamientos de muchos estrenos de Hollywood: juguetes, ropa, chácharas coleccionables, cromos, etc.

Sin embargo, y como alguna vez lo dijera Juan Manuel de Prada, la historia ideada por Lucas gira en torno a un maniqueísmo simplón, y por supuesto, no cuenta con la elaborada estructura de la obra de Tolkien, o la actual, de George R.R. Martin, y tampoco de los grandes de la fantasía científica: Asimov, Herbert, Bradbury o Clarke, aunque quizá su simplicidad bastó a las audiencias de finales de los setenta e inicio de los ochenta para llenar los deseos de escuchar y ver una historia épica, en un momento en que estaba lejos de darse en la pantalla la posibilidad de ver aventuras y acción  de proporciones míticas ambientadas además en el espacio y en un ambiente futurista, con el recuerdo reciente de la carrera espacial hacia la Luna. Esa simplicidad le hizo ser fácilmente asimilable y comprendida por el público.

Sin embargo, la última entrega: Los Últimos Jedi ha desatado enorme controversia entre los espectadores, y esto por diversas razones:


  1. En primer término, las deficiencias del creador de la historia: George Lucas, como narrador, la realidad es que Star Wars surgió de un cúmulo de lecturas e influencias del cineasta, pero al momento de redactar el guión, no siguió un plan premeditado ni hizo un esbozo general de la historia, por ello se dio ese extraño comienzo a la mitad, a partir del episodio IV, Una Nueva Esperanza, en 1977, cuestiones tales como la identidad de Darth Vader como Anakin Skywalker, y la paternidad de éste sobre Luke y Leia, fueron improvisadas y escritas sobre el camino. En pocas palabras, Lucas quería contar una saga, pero sin tener la más mínima idea del pasado y el futuro de sus personajes, quizá también porque cuando filmó en 1977, lo hizo con ánimo de experimentar y no sabía si su idea tendría éxito o no.
  2. El afán de lucro del propio Lucas y sus limitaciones como narrador, hicieron que posteriormente a la conclusión de la primera trilogía con El Retorno del Jedi en 1983, y ante la voracidad de la multitud de fans de la serie, deseosos de saber qué pasaba después de la victoria final de los rebeldes sobre el Imperio, le llevaron a licenciar sus personajes para la elaboración de series animadas, guiones de videojuegos y sobre todo: novelas, la mayoría de regulares a malas y a pésimas, juegos de rol y cómics, creando el llamado Universo Expandido, que al contar con la aprobación de Lucas, llevó a que, para muchos fanáticos, aquello constituyera una especie de canon, como si se tratase de una Biblia, considerando que, posteriormente, de hacerse nuevas películas dentro de la serie, se tendrían que ajustar a lo narrado en tales historias.
  3. Las precuelas y su controversia: veinte años después del éxito de la trilogía original, Lucas decidió contar por él mismo lo que había pasado antes del Episodio IV, así que se enfocó con La Amenaza Fantasma, El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith, contar la historia del ascenso y caída de Anakin Skywalker, sin embargo, se inventó un personaje innecesario como Jar Jar Binks, buscando como agregarle algo de comedia a la saga, pero con un personaje infantil, sobrante y pesado que no convenció a nadie. La elección de un novel actor como Hayden Christensen que no supo interpretar la tragedia interna del patriarca espacial de forma convincente, salvo su ira, tampoco contribuyó a que estas películas contentaran a los fanáticos, pero sobre todo, la incapacidad de Lucas por dotar de profundidad a su historia y de un contexto político y social creíble o coherente, propio de "Ciencia-Ficción Dura", como era su intención, le restó méritos a las películas, por lo demás filmadas en forma espectacular y con nuevas innovaciones técnicas.
  4. La llegada de Disney: Lucas más que un cineasta es un empresario, y como tal, no dudó en vender su casa productora y los derechos de su historia al cada vez más enorme monopolio del entretenimiento que es Disney. Esta, decidió tomar en sus manos la continuación fílmica de la saga y exprimirla lo más que se pueda; pero a la vez, impregnarla de su agenda política, identificada con las doctrinas de la ideología de género, el multiculturalismo y demás puntos propios de lo "políticamente correcto" que han sido pregonados por el Partido Demócrata de EUA, los Clinton y Obama, llevó a la "casa de Mickey Mouse" a desoír las voces de los seguidores de la saga y reescribir el canon según sus intereses tanto monetarios como políticos.
Como consecuencia, hemos tenido ya dos entregas: El Despertar de la Fuerza, y ahora Los Últimos Jedi, que han sido un tanto decepcionantes, pues en mucho, no coinciden con las historias del "Universo Expandido", han traicionado la esencia de los personajes como originalmente fueron diseñados por Lucas y por otro lado, han carecido de total originalidad.

Como ya en su momento lo señalé en este espacio, el episodio VII fue una especie de refrito del episodio IV, dirigido por un J.J. Abrams que, según daba la impresión; tenía un plan original que hubiera sido interesante con el desertor Finn, --interpretado, a mi parecer, muy bien por el nigeriano John Boyega--, como protagonista, pero que después, ante las presiones de Disney por forzar a una protagonista femenina, como es el caso de la Jedi Rey, terminó por hacer una película desangelada y que se va desinflando a medida que corre el metraje, a la vez que repite situaciones y circunstancias ya antes vistas. De nada sirvió además que buscara reproducir la crudeza de una serie interminable de guerras por treinta años y sus efectos devastadores, así como lo cruento de los combates con armas generadas por una tecnología como la presentada en los filmes, la película no termina de cuajar.

Pero ahora, Los Últimos Jedi es una película que, en general sería "buena", pero hasta ahí, si no fuera parte de la saga; sin embargo, termina por desarticular y romper con la historia original de George Lucas en su esencia, y eso tiene a los fans desencantados, cuando no, hasta enojados con el resultado. 

Y es que veamos, el personaje de Finn va apagándose a medida que va avanzando la historia, de ser el presunto protagonista en el episodio anterior, se va volviendo cada vez más irrelevante. Poe Demerone, --pésimamente interpretado por Oscar Isaacs, quien además da cátedra de sobreactuación-- es probablemente el peor personaje desde el ya mencionado y despreciado Jar Jar Binks: es insoportable, es un verdadero idiota, insubordinado, temerario y peligroso que manda a sus tropas a la matanza para conseguir un resultado mínimo a cambio, y la reacción de la Princesa Leia, --la decadencia física de Carrie Fisher es más evidente en este filme que en el anterior, recuérdese que falleció, a causa de sus excesos y vicios que nunca superó pocas semanas tras concluir el rodaje-- ante ello, es irreal, mínima cuando un sujeto así, en cualquier ejército debía ser sometido a corte marcial ante el desprecio hacia la vida de sus compañeros y la pérdida de recursos valiosísimos para continuar con la lucha, por una República que no sabemos cómo volvió a derrumbarse y a volverse un movimiento de rebelión contra un poder surgido de la nada (La interrogante sobre de dónde salió el Líder Supremo Snoke, y su extraordinariamente armada Primera Fuerza continúa, además que resultó ser un villano de pacotilla, sin el poderío ni el misterio que Ian McDiarmind imprimía a Palpatine/Darth Sidious) que parece querer restaurar al Imperio.

De la protagonista Rey, ni se diga, es un panfleto feminista en sí misma, como lo fue también, la hasta eso, muy superior precuela Rogue One, además que la actuación de Daisy Ridley tampoco convence del todo. Mientras que el Luke Skywalker que vemos aquí, derrotado, indeciso, y que al final muere, o se hace uno con la Fuerza de manera inexplicable tras hacer, quizá la escena más memorable de la película y quizá una de las mejores de toda la saga, como es el enfrentamiento virtual con Kylo Ren, no convenció ni al propio Mark Hamill, quien criticó, con resignación, su papel en esta película. Lo mejor, sin embargo, en ambos episodios de la trilogía actual ha sido la actuación de Adam Driver como Kylo Ren/Ben Solo, personaje que, a diferencia de los anteriores, ha sido bien escrito y diseñado con sus conflictos morales y sentimentales, dudas y objetivos, además de que la interpretación del joven actor está por encima de la de sus compañeros de reparto. Otras cosas muy buenas de la película es el enfrentamiento entre Luke y Kylo del que hablé, y la escena final, donde vemos a un niño esclavo sensible a la fuerza que nos rememora al origen de Anakin Skywalker, como prometiendo un nuevo comienzo... ¿será eso el inicio de otra trilogía prometida en que no saldrá nadie con el apellido famoso?

Como ya comentaba Ben Shapiro, parece que Disney intenta matar a la historia como originalmente la planteara Lucas y con la que crecimos tantos a lo largo de nuestra vida, no sin antes exprimirla hasta sacarnos a los espectadores el último centavo, para después hacer un reboot de la saga según la agenda ideológica y mercadológica de la casa del ratón.

Porque, finalmente, Star Wars no puede ni debe ser tomada tan en serio: es sólo cuestión de negocios,  y evolucionará según los estudios de mercado que lleguen al consejo directivo de Disney, aún así, hay mucho esclavo del consumismo que compra hasta la pijama y el disfraz para el perro como alguno de los personajes, o la taza con el yelmo de Darth Vader y las figuras coleccionables que nunca sacará de su caja, por no decir los verdaderos idiotas que hasta creen en la religión Jedi. No es más que cuestión de negocio, mercadotecnia y mucho dinero. Si no les gusta lo que hacen, no compren, no vean, no vayan, y si realmente quieren épica: lean las historias clásicas o aquellas que menos conocidas, suponen un mayor reto al intelecto que la artificiosa, simplona y poco coherente historia de los Skywalker, pónganle un alto al voraz monstruo en que se ha convertido lo engendrado por el viejo y genial Walt.


9 de diciembre de 2017

¡OH JERUSALÉN!


Como tituló William Blake a uno de sus más célebres poemas, sobre la Ciudad Santa se despiertan hoy en día lamentos y exclamaciones de proporciones, literalmente, bíblicas; todo ante la decisión del Presidente Donald Trump de reconocerla oficialmente como capital del moderno Estado de Israel, tal y como se había planteado desde su fundación en 1948 por el movimiento sionista.

Los Judíos, y en especial el Estado que se fundó como realización de los postulados nacionalistas planteados por el periodista austriaco de origen judío Theodor Herzl tras convencerse, al haber cubierto el famoso Caso Dreyfuss a inicios del siglo XX que sus correligionarios jamás se podrían integrar ni serían aceptados como parte de las sociedades europeas, que les rechazaron primero por motivaciones religiosas, y después, por los nacionalismos que les consideraban como un pueblo dentro de otros pueblos, que solamente la fundación de un Estado dotado de territorio y gobierno propio, se podría dar la defensa y el reconocimiento de los Judíos como Nación a la par de los demás pueblos occidentales, tienen la virtud de unificar en su contra a todos los extremos del espectro político e ideológico: los Tradicionalistas católicos extremos, por un lado, a los que llamo luego como Tradilocos --y que hacen flaco favor a lograr una restauración litúrgica y de disciplina en la Iglesia previa al desastroso Concilio Vaticano II, dado su puritanismo propio más de Oliver Cromwell que de San Pío X y su filofascismo-- les culpan de todos los males del mundo actual y en todo ven su mano negra, mientras que los Progresistas, o miembros de la Izquierda, que para los primeros son instrumentos y hechuras de los hebreos, les ven como opresores y verdugos del según ellos sufrido y desgraciado pueblo Palestino. Y si a eso le añadimos el apoyo que ahora brinda el empresario neoyorkino desde el Salón Oval a la capitalidad de la antigua Sión, quien, ante los medios, todo lo que hace está mal y está impregnado de odio, maldad y racismo, la medida es muy criticada y abundan hoy por hoy los que vaticinan consecuencias apocalípticas de la medida.

Sin embargo, los conglomerados mediáticos enemigos de Trump se olvidan, o pretenden que nos olvidemos, de varios hechos históricos: primero, los más recientes; fue en 1992 cuando el entonces Presidente Bill Clinton, como parte del proceso de paz que gestionó con Isaac Rabin y Yasser Arafat, planteó el reconocimiento de Jerusalén como Capital de Israel, algo en lo que tenían que ceder los Palestinos, y en general, el mundo musulmán. Sin embargo, no estaban dadas las condiciones para ello, y ahora, Trump decide que lo están, probablemente porque con ello da un golpe severo a la deriva pro-islámica que han adoptado tanto la Izquierda "progresista" como la ONU, por un lado, y también le da un puñetazo en donde más duele al Islamismo militante y a sus patrocinadores principales como son Arabia, Irán y Turquía.

Sorprende aquí la ingenuidad e ignorancia del Mexicano para quien todo lo hecho por Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel es por supuesto, algo maligno, y se agradece en redes sociales el supuesto reconocimiento que hacen los Palestinos de Texas como territorio mexicano: Para empezar, Jerusalén ha sido su capital para los Judíos desde el rey David en ‭el siglo XI a.C., y su centro religioso y cultural desde Salomón a fines de esa misma centuria; la ocupación islámica (palestina) de esa ciudad es mucho más reciente, a partir del siglo VIII d.C. Lo hecho por el Presidente norteamericano es dar un golpe contundente al Islam y a las políticas pro-islámicas seguidas por Bush Jr y Obama y la ONU en los últimos años; para los tradilocos que ven en esto la mano del sionismo (al que culpan hasta de sus hemorroides) hay que señalar que el Estado de Israel ha respetado los lugares santos del cristianismo, lo que no ocurriría bajo dominio musulmán, (salvo claro, alguno que otro judío fanático y loco). Israel puede ser un error histórico pero hoy, debe ser un aliado imprescindible contra el islamismo militante y las ambiciones de Arabia, Irán y Turquía; por otro lado, la comparación entre Texas y Jerusalén es algo totalmente fuera de lugar: el hoy estado de EUA, realmente no fue más que nominalmente parte del Virreinato de la Nueva España, nunca fue colonizado debidamente ni por el Imperio Español ni por el México Independiente, que sólo tuvieron un control muy relativo sobre la región y fue un área muy marginal para nuestro país, no siendo sino hasta la migración por motivos económicos en el siglo XX la que realmente da una mayor presencia mexicana en Texas, y aún así, la cultura "Tex-Mex" que se ha formado es otra cosa, ni mexicana ni angloamericana; en el caso de Jerusalén, siempre ha sido punto central para la identidad, religión y cultura judías. Vamos, es como en el caso de México y la Ciudad de México, precisamente. La construcción de nuestro país y cultura, aunque se oiga muy centralista, no se explica sin la ciudad de México-Tenochtitlan desde el siglo XV, como tampoco se explica la cultura Judía, ni la Cristiana, sin Jerusalén, la cual tiene sólo una muy forzada inclusión en las doctrinas originarias del Islam, aunque la ONU y la UNESCO digan otra cosa.

Es cierto, quizá una solución que podría calificarse de salomónica sería dejar la ciudad bajo una administración internacional, y que Jerusalén fuera una "ciudad libre" que no fuese ni de Judíos, Musulmanes o Cristianos, pero el hecho de la ocupación israelí sobre la metrópoli, el funcionamiento de la misma como capital de facto y las circunstancias actuales hacen de ésta una solución prácticamente inaplicable, más cuando ninguna de las partes, o grupos extremistas en ambas partes del conflicto: Judíos y Palestinos, están dispuestos a ceder y esto le daría más combustible al conflicto: recuérdese que, sobre todo, han sido estos últimos, junto con los países musulmanes, --junto con los extremistas sionistas, que por ejemplo, mataron a Rabin y probablemente provocaron el estado comatoso final de Ariel Sharon cuando éste empezó a buscar la paz con los Palestinos tras haber sido muy agresivo-- los que han rechazado los planes de partición del territorio y han provocado a Israel en guerras.

Y lo reitero: la fundación del actual Estado de Israel en 1948 sin duda fue un error histórico que contribuyó a convertir el Medio Oriente en un polvorín y a catalizar el radicalismo islámico, ya latente desde la supresión del Califato en 1923; sin embargo, hoy en día, debe ser utilizado como un aliado de Occidente, como punta de lanza para enfrentar a la amenaza del integrismo musulmán y las grandes potencias de la región como Irán, Arabia o Turquía, quienes deben ser frenadas en sus ambiciones hegemónicas y expansionistas a fin de generar un equilibrio: tenso y precario, pero equilibrio. El reconocer que Jerusalén es la capital de Israel es un buen paso en ese sentido.

Para los que ven en esto el inicio del cumplimiento de profecías sobre la llegada del Anticristo y el Armaggedón, es muy dudoso que esto escale más allá de los tradicionales enfrentamientos callejeros entre Judíos y Palestinos y el lanzamiento mutuo de misiles entre la Franja de Gaza e Israel, con el aprovechamiento mediático que harán los Palestinos de los niños muertos que pongan como escudos humanos en los emplazamientos de sus baterías para hacer renacer el antisemitismo ya sea de la Derecha o de la Izquierda Occidental y alguno que otro desplante retórico de Erdogán, Khamenei o Salman al-Saud. Trump no es ningún idiota ni tampoco un ignorante de las consecuencias de sus actos como lo plantean los medios, ni mucho menos está alineado con las élites a las que los tremendistas identifican con las "huestes del Anticristo"; pero como he dicho, las circunstancias han cambiado, y si se quiere ver cuánto, les recomiendo el análisis que hace la columnista de Actuall Candela Sandé.

La polémica está servida, y sin duda se abre un nuevo episodio en el delicado juego político del Medio Oriente.

26 de noviembre de 2017

COMO UN CASTILLO DE NAIPES...


Siguiendo con el tema del post anterior, sigue la mata dando: tras el escándalo ocasionado por las denuncias en contra del productor Hollywoodense Harvey Weinstein, por violación y acoso sexual, se soltaron los demonios y poco a poco, se comienza a destapar la cloaca de la industria del cine y la TV estadounidense, al menos en la que se ha convertido desde hace unos 50 años para acá, revelando un tóxico cocktail de perversiones sexuales, corrupción, estrategias de marketing engañosas, mediocridad, falta de talento y originalidad y colusión con intereses políticos, que todas en conjunto están envenenando al Séptimo Arte de nuestro vecino del norte, hasta ahora, la industria del entretenimiento más poderosa del planeta y vehículo de primerísima importancia para ejercer influencia cultural e ideológica sobre el resto del mundo.

Ahora tocó el turno de caer a Kevin Spacey, un grandísimo actor de formación teatral, y que se encontraba gozando de unos pocos años para acá, de la cumbre del éxito, tras alcanzar la fama en la década de los noventa, como una presencia inquietante y castigadora en Seven, y posteriormente con grandes cintas como The Usual Suspects o American Beauty, llegó a la cúspide con la primer serie televisiva producida exclusivamente para la plataforma Netflix, donde encarna al perverso y maquiavélico político Francis Underwood, que junto a su esposa Carrie, magistralmente encarnada por Robin Wright y todo un elenco de brillantes histriones, revelan el aspecto más siniestro de la lucha por el poder, en clara alusión al matrimonio Clinton.

Sin embargo, el ejemplo de las denuncias contra Weinstein está dando poco a poco valor a otros profesionales del espectáculo a hablar y a denunciar, ya no en los términos genéricos y temerosos como lo han hecho Corey Feldman o Elijah Wood, sino citando nombres y apellidos, y así es el caso de Spacey, denunciado por un actor casi desconocido que apenas destaca en la nueva e innecesaria serie de la franquicia de Star Trek, pero que armado de valor tras el caso Weinstein decidió denunciar el abuso sufrido, hace unos treinta años, por el reconocido histrión, quien desgraciadamente no puede ser más que calificado como un monstruo, pese a su indudable y enorme talento interpretativo. Los talentos, los logros profesionales, son nada cuando no vienen acompañados de virtudes, de valores morales y comportamientos éticos.

Pero quizá, lo que más golpea es la torpe respuesta de Spacey ante las acusaciones, pretendiendo escudarse en su homosexualidad; lo cual, lejos de ser una disculpa, abre el debate en torno a la relación homosexualidad-pederastria, misma que no ha querido ser abordada, ante tantos intereses existentes, y que ahora parece evidenciarse. De igual manera, la oleada de acusaciones y denuncias en la Meca del Cine, confesiones abiertas como la de Morrisey, quien señala que no solamente en el mundo del Séptimo Arte, sino también en la industria de la música popular actual se dan de manera sistemática estas prácticas, nos debe llevar a pensar si mucho de la decadencia que presenciamos en nuestras sociedades no se deberá a que hemos seguido el ejemplo de sujetos que no tienen más relevancia que su fama, sin que esto signifique denostar el talento interpretativo que pueden ostentar muchos actores, pero aún así, ¿eso alcanzaba para que el mencionado Spacey fuese recibido casi como Jefe de Estado hace unos años por el Presidente Peña en una feria turística, como si en realidad se recibiera al Presidente Underwood de su conocido serial televisivo? A la vista de lo acontecido desde entonces es ridículo y penoso, muestra de un populismo estúpido que busca ganar apoyos en base a la fama de personajes reconocidos mediáticamente, pero que en realidad poco o nada aportan, o incluso, como en el caso concreto, pueden restar a las sociedades y a la cultura.

De este escándalo, como lo dice la columnista de Actuall, Candela Sandé, se pueden derivar dos cosas: Primero, el poner en su sitio a los faranduleros, quienes no pueden ser tomados en serio fuera de los escenarios y del celuloide ante la menos que suficiente formación educativa y peor moral en la mayoría de los casos, y en segundo: la oportunidad de dignificar su profesión y volver a elaborar productos de calidad, que por ahora parece desaparecida.

La Liga de la Justicia:



Siendo fan de los cómics, acudí a ver La Liga de la Justicia, me gustó y me pareció buena, siendo lo más destacado la actuación tanto de Gal Gadot, quien nos dejó una de las mejores películas de superhéroes que fue La Mujer Maravilla en este año --aunque queda en tercer sitio tras la trilogía de Nolan sobre Batman y la excelente Logan, esta última probablemente lo mejor que se ha hecho, y se hará en mucho tiempo, sobre los personajes salidos de las viñetas-- y nuevamente interpreta de manera excelente a la princesa amazona, así como Jason Momoa, que le da a un personaje aparentemente ñoño y muy vilipendiado como Aquaman la seriedad y el tono fuerte que el mismo tuvo sobre todo en la década de los noventa.

Sin embargo, está lejos de llegar a colocarse al nivel de lo que fue la primer película de los Avengers; DC llegó tarde y fue rebasada por Marvel quien se adelantó mucho en construir una historia sobre un equipo de justicieros superpoderosos de manera que parece uno hojear las páginas dibujadas por Jack Kirby y escritas por Stan Lee; en este caso, la película llena los huecos y corrige varios errores de los muchos presentados en el desastre hecho por Zack Snyder el año pasado con ese collage mal pegado que fue Batman Vs Superman, Ben Affleck no convence como el hombre murciélago y ni siquiera su doble pudo ahora regalarnos las buenas escenas de pelea que eso sí, estaban presentes en aquella, Henry Cavill demostró tener potencial como Superman en El Hombre de Acero, película que, aunque realizada por Snyder tenía grandes toques de Nolan que le dieron realismo al kriptoniano y daba idea de cómo sería percibido por los humanos con asombro y miedo, pero que se ha quedado corto por culpa de los malos guionistas; en cuando al Flash de Ezra Miller, parece una interpretación libre del personaje similar a la que se aventó "la Casa de las Ideas" con el Spiderman de Tom Holland, lo que decepcionó a muchos fans, que se han acostumbrado a la buena adaptación televisiva encarnada por Grant Justin.

Pero sobre todo, la película despide un agotamiento, un cansancio que deriva del desgaste del género, parece un intento desesperado por la industria hollywoodense de aferrarse al clavo ardiente de los superhéroes y el CGI ante la falta de creatividad y la crisis interna que  he detallado en los últimos posts. Con todo y que Joss Whedon trató de corregir las fallas de Snyder y el exceso de oscuridad que éste le quiso imponer, la película no deja de tener una atmósfera oscura, triste y cansada. 

¿O será que se refleja el clima que en general existe en Hollywood?

Bueno, este es el segundo y último post que hago sobre el escándalo y derrumbre del cine norteamericano, en el próximo, entraré a temas más serios, digámoslo así: Cataluña por un lado, el probable fin de Merkel, y también, el Medio Oriente que suelta chispas gracias al príncipe heredero de Arabia. Espero tener más oportunidad para escribir.