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29 de agosto de 2016

RIO 2016, LA DECADENCIA DEL OLIMPISMO MODERNO


Primero que nada: una disculpa, no había escrito nada en este Blog en las últimas semanas debido a una cuestión meramente personal (el fallecimiento de mi mamá) pero ya estoy de vuelta con un post que pretendía publicar antes de que iniciasen los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, Brasil.

En el año 393 d.C., el emperador romano César Flavio Placidio Teodosio Augusto, mejor conocido como Teodosio I el Grande, clausuró los últimos Juegos Olímpicos celebrados en la antigua Grecia, que se habían estado llevando a cabo desde el año 776 a.C., aunque la leyenda les atribuía una Historia mucho más antigua y un fundador ilustre: Heracles, desde los tiempos micénicos. Tradicionalmente, se atribuyó la decisión de este César, el último en gobernar el Imperio Romano completo, a cierto fanatismo cristiano. Después de todo, Teodosio fue quien convirtió al Cristianismo en religión de Estado y prohibió el culto a las deidades paganas, sobre todo a las olímpicas, veneradas tanto por Romanos como Griegos.

Sin embargo, ese decreto del César era reconociendo la realidad de que el Cristianismo ya se encontraba muy extendido en las ciudades, mientras que el culto pagano pervivió hasta el siglo VII, sobre todo en zonas rurales, y en Egipto perduró en la isla de Filae hasta poco antes de la llegada del Islam, y salvo casos de chusmas histéricas --independientemente de la presunta muerte de Hypatia a manos de los Cristianos en Alejandría, cosa que no fue realmente así, como tampoco la biblioteca de la capital egipcia fue incendiada por los Cristianos, sino que ya desde los tumultos por la llegada de César durante el reinado de Cleopatra se dieron los primeros incendios, incrementándose las destrucciones con cada tumulto, mitin o manifestación dentro de la agitada vida política del Egipto romano,-- no hubo destrucciones del arte clásico destinado al culto, sino que hasta la Iglesia se dio a la tarea de conservarlo y Constantinopla se llenó de obras de arte clásico, como la estatua de Zeus de Fidias, que permanecería admirada en el palacio imperial hasta el saqueo de los cruzados en 1204; por otro lado, Teodosio no prohibió las actividades deportivas lúdicas que llenaban los ratos de ocio: las carreras de carros fueron todo un acontecimiento en Constantinopla hasta el siglo XV, y los combates de gladiadores siguieron celebrándose en el Coliseo hasta el siglo VI, cuando ya Roma había dejado de ser la ciudad de los césares y se encontraba bajo el mando de los Ostrogodos, mientras que en el Imperio Romano de Oriente ese tipo de combates se seguirían llevando a cabo en el hipódromo constantinopolitano hasta el siglo XII. El Cristianismo, además, no era ni es hostil al ejercicio físico o al deporte, incluso San Pablo en una de sus cartas hace símiles de la vida espiritual a los logros atléticos, por ejemplo; aunque hay que recordar que la idea de deporte de los clásicos era muy diferente a la nuestra.

Teodosio finalmente pudo haber cristianizado la celebración de los Juegos Olímpicos, como tantas otras festividades paganas fueron absorbidas y adaptadas por el Cristianismo; sin embargo, no fue así, y la clave quizá no las da el gran historiador de Roma Theodor Mommsen, en su obra El Mundo de los Césares, cuando habla de la situación de Grecia dentro del Imperio Romano: la realidad es que para la época de Teodosio, los Juegos Olímpicos carecían ya totalmente de sentido: las actividades atléticas que se practicaban en el pasado y con las que competían entre sí las distintas polis tenían la finalidad de preparar a los hombres como combatientes; con la desaparición de la independencia de las ciudades-estado helenas, todas formando parte de las provincias romanas, ya no tenía objeto preparar guerreros que antes eran esenciales dentro de las luchas constantes entre las polis. 

Además, como nos dice Mommsen, la población griega había conocido un descenso brutal comparado con la época clásica: las guerras de los Diadocos, la invasión romana y graves epidemias que se sucedieron periódicamente desde el siglo I al III y las incursiones de los Godos en ese siglo, habían reducido el número de habitantes sensiblemente. Muchas de las antiguas poderosas ciudades se habían convertido en poco más que aldeas, como el caso de Esparta, donde, por supuesto, el espíritu militar había desaparecido. Los Juegos Olímpicos, por tanto, se habían reducido a ser una especie de feria pueblerina que se seguía celebrando por mera costumbre sin tener el carácter sagrado que tenía en el pasado, con el decreto de una tregua entre las rivalidades ahora inexistentes, y por supuesto, con el Cristianismo extendido, el significado religioso de honrar a Zeus con las competiciones se había perdido. En pocas palabras, Teodosio no hizo más que certificar la muerte de algo que ya, desde el siglo I, estaba en vida vegetativa.

La situación actual me lleva a preguntar si no estamos viendo nuevamente el vaciamiento de sentido del movimiento olímpico, fundado a fines del siglo XIX por el barón belga Pierre de Coubertain tras el surgimiento del deporte como lo conocemos durante dicha centuria como consecuencia de la Revolución Industrial que permitió la existencia de tiempo libre para los trabajadores y sobre todo, la clase media: el fútbol, el rugby, el basquetball, el béisbol, tenis, etc., son deportes que empiezan a surgir desde mediados del siglo XVIII como medio de entretenimiento sobre todo de las clases populares, y después, como espectáculo, y que se extiende a toda la población, cuando originalmente la práctica deportiva se reservaba a los aristócratas, precisamente dueños del tiempo libre.

Ya lo apuntaba hace 4 años cuando hablé aquí de las Olimpiadas de Londres 2012, que se notaba a diferencia de lo ocurrido antes, en 2008 y en ediciones anteriores de la justa deportiva, una tibia expectación a nivel mundial por la celebración del evento, como había sido desde 1936, en que Hitler, con fines propagandísticos de los logros de su régimen, convirtió a los Juegos Olímpicos en un evento masivo al que se le buscaba dar difusión mundial. Hoy la expectación no ha sido tibia, ha sido helada, abonando a ello una serie de circunstancias lamentables:

  • Brasil en crisis: Cuando Brasil se presentó para ser sede de tres eventos seguidos: la Copa Confederaciones en 2013, el Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos de Río en 2016, se encontraba con Luiz Inácio Lula da Silva en la presidencia; estos tres torneos deportivos, se pretendía, serían la forma de mostrar al mundo los logros de Brasil que al fin, se decía, dejaba de ser un país del Tercer Mundo para realizar lo que siempre se había esperado de él: convertirse en una verdadera potencia: había mejorado sus condiciones económicas y sacado a 40 millones de personas de la pobreza, sin embargo, esto también obro en contra de Lula, como lo he dicho antes: el brasileño dejó de ser un dócil habitante distraído por los deportes de sus problemas para ser ahora más consciente de su realidad: los eventos se convirtieron en ocasiones perfectas para negocios provechosos para Lula, su sucesora Dilma Roussef y adláteres, lo que contrasta con las enormes necesidades de las clases menos favorecidas en el país, lo que ha provocado enormes molestias y denuncias por los brasileños. La crisis originada por la corrupción de los anteriores presidentes, la escasa popularidad del mandatario interino Michel Temer, y las dudas sobre el futuro político del país ensombrecen la celebración, misma que se mantuvo por tener que cumplir con el compromiso, pese a que la misma devoró los escasos recursos de la ciudad y del estado de Río de Janeiro y del propio Gobierno Federal brasileño.

  • Pésima organización: Que el bienestar y logros de Brasil en los últimos años, son en parte reales es cierto, pero también que hay mucho de maquillaje: basta ver las espantosas condiciones ambientales de Río de Janeiro, con aguas contaminadas que pueden poner en riesgo a la salud de los deportistas, la quiebra de las finanzas públicas de la ciudad y del estado de Río, una villa olímpica calificada de inhabitable por varias delegaciones que han preferido rentar hoteles, y lo peor: una piscina para clavados, water-polo y otros deportes acuáticos contaminada con el agua de color verde.

  • Inseguridad: Nomás bajar del avión unos deportistas chinos fueron asaltados, Un entrenador de remo alemán falleció en un accidente de tráfico, y las balaceras y actos de violencia se sucedieron en Río por las luchas entre pandillas por el control del mercado de drogas. Mención aparte tiene el escándalo generado por Ryan Lochte quien ganó la medalla de oro al ridículo, pretendiendo usar a la inseguridad en Brasil como pretexto para cubrir sus indisciplinas y sus complejos por ser siempre superado por el titán Michael Phelps. 
  • Política: Como si estuviésemos en los años de la Guerra Fría, estos Juegos Olímpicos se vieron ensombrecidos por las acusaciones hechas principalmente por EUA a lo atletas rusos sobre la presunta existencia de un programa orquestado por el Estado Ruso para el dopaje y por tanto, mejora de los rendimientos de los deportistas moscovitas; esto llevó a la amarga despedida de la gran saltadora de pértiga Yelena Isinbayeva y sus diatribas lanzadas contra el COI, y la descalificación, al completo, del equipo paralímpico ruso. Por supuesto, esto redundó en los resultados del medallero y que Rusia se precipitase hasta el cuarto lugar sin que muchas de sus grandes figuras pudiesen competir. A lo largo de la justa deportiva se notó una gran tensión en contra de los rusos, quienes hace dos años en Sochi, cuando organizaron los juegos invernales, tuvieron que soportar la mala prensa occidental que cuestionaba las políticas del Kremlin contrarias al homosexualismo.

  • Ideología de género: Si uno de los principales temas del choque entre Rusia y EUA es el fomento que la Administración Obama ha dado a la ideología de género, misma que se hizo presente en las pistas con la polémica victoria del(a) sudafrican@ Caster Semenya en los 800m planos.

Añadamos a todo lo anterior el fiasco que representaron algunos deportistas como Serena Williams o Novak Djokovic en el tenis, en que prácticamente jugaron para perder, ante el desinterés completo en la justa olímpica y tener las miras apuntadas hacia el U.S. Open, lo que refleja el peso que tienen las ganancias millonarias de los deportistas profesionales por encima del "amor a la camiseta", lleva a que cada vez el nivel de muchos competidores esté más bajo, a menos que se trate de gente que realmente compite por el honor como un Rafael Nadal o Andy Murray, un Neymar que finalmente buscó y logró darle a Brasil la alegría de una medalla de oro en el fútbol; y es que no todo fue malo en estas olimpiadas.

Lo Positivo:

Pudimos ver probablemente por última vez a dos gigantes de la Historia del Deporte: Michael Phelps que se convierte en el máximo ganador de todos los Juegos Olímpicos -incluso contando los de la Antigua Grecia-- y a Usain Bolt llegar por tercera vez a ser campeón en los 100 metros planos , en los 200 y en relevos. Ambos son unos fenómenos, verdaderos superhumanos que tienen unas capacidades con las que se colocan muy por encima de sus contrincantes, pero también son fuentes de inspiración, como pasó con Phelps que sólo fue superado por el nativo de Singapur Joseph Schooling, quien veía en el Tiburón de Baltimore, a un ejemplo a seguir en las albercas, 

Y ¿qué tal el equipo norteamericano de gimnasia tanto femenil como varonil? Sobre todo la destacadísima actuación de Simone Biles, quien ha sido entrenada por la esposa del mítico Vela Karoli, el famoso entrenador detrás de Nadia Comannecci, ante la implosión de Rumania, que ya ve en su deporte emblema la afectación tras ya dos décadas de gobiernos incompetentes, crisis económicas y corrupción, 

Como cosa curiosa, estas Olimpiadas fueron casi unas "Olimpiadas católicas": fue muy destacada la actuación de muchos deportistas católicos que además, no ocultan su fe, sino la ostentan con valor en un mundo secularizado y hasta cada vez más hostil hacia el Cristianismo, y sobre todo, en países anglosajones: Neymar y la banda que se puso en la cabeza agradeciendo a Jesús en la ceremonia d premiación, Andy Murray y Nadal, Simone Biles y la nadadora campeona Cathy Ledeckie, la voleybolista de playa Jennings, el propio Usain Bolt, o el fondista keniano David Rashida, e incluso Michael Phelps que pasa por un proceso de conversión que quizá lo puede llevar a la Iglesia dieron buena cuenta de ello.  

México:

La actuación de México en las Oimpiadas fue un reflejo de la implosión, el amiguismo y las miras estrechas del gobierno de Enrique Peña Nieto, con la a todas luces detestable gestión de Alfredo Castillo al frente de la Comisión Nacional del Deporte (CONADE), un funcionario emanado del ámbito policíaco donde, también, su paso ha sido, en el mejor de los casos: mediocre, cuando no ha sido digno para fincarle responsabilidades hasta por delitos contra la seguridad del Estado como en Michoacán, pero que tiene la única virtud de ser amigo del actual Presidente de la República, cuyo gobierno, en todos los aspectos, se está desmoronando como un mazapán en el agua. Peña, que parece completamente ajeno a la realidad, o porque no confía en nadie más que en sus amigos de siempre, siguiendo esa idea de "Club de Toby" que tienen entre ellos en el Grupo Atlacomulco, prefiere mantener a sus amigos pese a sus inepcias, pues no confía en nadie más, y tal es el caso de Castillo, de Videgaray o de Osorio Chong.

Los resultados de tan nefasta mentalidad quedaron a la vista con 5 magras medallas de plata y bronce conseguidas de último minuto y con deportistas, como en el caso del boxeador Misael Rodríguez, que tuvieron que pedir limosna para costearse la preparación y el viaje a Brasil, o el pesista que tuvo que competir con un uniforme parchado por no ser el oficial para competir en la justa olímpica, mientras Castillo se llevaba a su novia de paseo por el evento.

Increíblemente, Peña ratificó a Castillo al frente del organismo gubernamental encargado de apoyar a los deportistas y que no ha hecho nada por limpiar de corrupción a las federaciones deportivas mexicanas ni por eliminar la "futbolización"de la cultura deportiva nacional que mantiene en el olvido a otras disciplinas en las que México es mucho más exitoso.  Es realmente indignante.


En resúmen, creo que estos juegos quizá signifiquen el principio del fin del Olimpismo como lo conocemos: la excesiva comercialización, lo oneroso de su organización, los escándalos e indisciplinas de los atletas, la corrupción de las federaciones deportivas, todo ello, deberán llevar a una reorganización o un replanteamiento de los juegos, es cierto: el mundo necesita circo, pero también necesita los ideales que inspiraron a Coubertain, sin ellos, no cabe duda que faltará poco para que alguien tome la misma decisión que Teodosio al finalizar el siglo IV.

6 de agosto de 2016

EUA: INICIA EL CIRCO ELECTORAL


Hace unas semanas, el columnista Rubén Cortés del diario La Razón publicó un muy lúcido artículo sobre las dimensiones de Obama como Presidente de EUA, tras ocho años de mandato: el balance que hace es demoledor y lleva a preguntar por qué a la "comentocracia" mexicana y los medios en nuestro país sienten tal veneración por el mandatario norteamericano.

El realista retrato que el articulista mencionado hace del afroamericano es demoledor: ha sido un fracaso, que dejó todo en promesas o las cumplió a medias o mal, no duda de sus habilidades de orador, --y ha de incluirse aquí también las de su esposa Michelle-- pero no así de sus capacidades como Estadista. Recordemos: el Estadista (así, con mayúscula) toma decisiones y actúa con miras al futuro y no duda en actuar sin importar con la opinión pública o mayoritaria en contra, en contraste con el Político, para quien sus preocupaciones terminan en el siguiente proceso electoral; Obama, lo mismo que la gran mayoría sino es que la totalidad de los personajes de la vida pública en México, es un Político, y la verdad, probablemente en EUA ya no han contado con un liderazgo del calibre de un Estadista desde Ronald Reagan.

Reagan fue un Estadista y como tal quedó inmortalizado con la frase "¡Sr. Gorbachov: derribe ese muro!", pronunciado ante el muro de Berlín. Antes de él, quizá el último Estadista del lado Demócrata fueron John y Robert Kennedy, quienes pretendieron dirigir a su país a una era de liderazgo mundial y de limpieza de la política: lo primero, lo lograron, con la llegada del hombre a la Luna y vencer a la Rusia Soviética en la carrera espacial, lo segundo les costaría la vida.

Pero los mandatarios que van desde Bush padre a Obama han carecido de ese ímpetu y de visión: el primero de esta serie de Presidentes menores solo se concretó a recoger los frutos de la era Reagan, Clinton únicamente promocionó su figura personal y maquilló las cifras económicas, con ayuda de Alan Greenspan para generar la impresión de que EUA estaba en una etapa libre de problemas y de prosperidad inaudita, mas la realidad le estallaría a Bush Jr. que ante el reto económico no hizo más que hacerse de la vista gorda ante los malos manejos de las corporaciones financieras y ante el reto lanzado por el terrorismo islámico sólo lanzó guerras para expandir la Democracia que sembraron las semillas del caos y del auge del radicalismo musulmán al que pretendió combatir, mientras dejaba en claro las componendas tejidas con regímenes autocráticos como los de Arabia, Qatar y Emiratos; Obama, por su parte, solo ha sabido responder a base de discursos de excelente retórica a graves problemas heredados de sus antecesores o ha visto, durante su mandato, nacer y crecer otros nuevos.

Obama deja una sociedad con gran tensión étnica en un país que no ha podido conformar una identidad nacional propia real más allá de ideas políticas de "libertad y democracia" o económicas como "capitalismo" para unir a un conglomerado heterogéneo de inmigrantes que gravitan en torno a la población original de origen británico: ingleses, escoceses e irlandeses principalmente que hicieron la conquista y colonización original de Norteamérica en su costa este, con la imagen de las policías a nivel municipal y estatal por los suelos, pues se ha demostrado que la brutalidad, corrupción, racismo e impunidad de los agentes de la Ley campean a sus anchas, lo que también refleja la pésima capacitación para atender ciertas situaciones o desórdenes y la falta de protocolos adecuados para la actuación de los policías, lo que derrumba aquella idea forjada en Hollywood de abnegados y heroicos oficiales a los que no se escapa nada. Obama, en vez de impulsar reformas sobre el tema y fomentar una mejor policía ha impulsado el victimismo de los afroamericanos, iniciando un enfrentamiento mediático y abriendo la brecha racial, olvidando también los enormes índices de criminalidad entre sus hermanos de raza y sin proponer soluciones para ello.

Las reformas en seguridad social y sistema de salud no han cuajado y resultan incosteables, la promesa de una reforma migratoria ha sido un vil recurso electorero que se esgrime mientras se deporta a miles de hispanos que ilegalmente se encuentran en el país, o se les apapacha con prestaciones inmerecidas que significan costos para los contribuyentes y se les invita a la Convención del Partido Demócrata para acrecentar la demagogia y que los hispanos muerdan el anzuelo a la par que se les azuza contra los anglosajones representados por Trump; aparte, la respuesta del gobierno obamita contra el terrorismo islámico resulta débil, cuando no queda claro que la propia administración ha brindado su apoyo a los terroristas y generado el caos definitivo en Medio Oriente con el Estado Islámico, mientras igualmente, se ha buscado innecesariamente la confrontación con Rusia y China, reviviendo la Guerra Fría. Todos esos problemas el mandatario y su partido los tapa abriendo debates bizantinos sobre temas como la homosexualidad, los baños sin diferencia de sexos, animalismo y similares, generando distractores que consumen energías y espacios que deberían estar abocados a enfrentar los verdaderos problemas, nada pequeños a los que EUA se enfrenta mientras su poderío global mengua día con día.

Ante esto, como concluye el propio columnista, no es de extrañarse que surja un candidato como Trump; aunque Cortés cae nuevamente en lanzar epítetos negativos contra el ahora candidato del Partido Republicano, pero el empresario inmobiliario no está en realidad, cayendo en un discurso de odio ni ferocidad, como los medios de comunicación "progresistas" lo hacen ver, en mucho, el eslogan adoptado por el magnate para su campaña es ilustrativo "I am your Voice": Trump ha decidido ser la voz de aquella "mayoría silenciosa" que ha permanecido callada y que ha dejado que en los mandatos de Bush y Obama sean gobernados por elites que han hecho y deshecho al país e impuesto políticas adornadas de intelectualidad. Mentiríamos si dijéramos que Trump será un estadista, muy probablemente no lo será, pero representa al sector de gente sinceramente preocupada por los problemas de su país y que quiere resolverlos, cansado también de tanta corrección política; Trump, efectivamente, no será un tipo de maneras diplomáticas ni de oratoria barroca y adornada como el actual Presidente; pero al menos, no será hipócrita, con todo y los problemas que se deriven de ello, como ocurre con el caso de los padres del soldado musulmán que participaron en la Convención Demócrata y las declaraciones del abanderado del elefante.

Para muchos, la actitud de Trump no es ofensiva, sino un respiro de franqueza y de sinceridad en un tiempo en que expresar una opinión, emitir una ironía o sarcasmo, puede ser la puerta para ser víctima de ostracismo y condena ante políticos que han inventado un sinnúmero de vías para no decir la verdad, e inventado ofensas a tal o cual "grupo vulnerable" del que recopilan votos y apoyos, lo cual es cansino e hipócrita.

Del otro lado, se encuentra la Sra. Hillary Clinton, que llega con el apoyo en bloque de los medios masivos de comunicación: prensa, TV, articulistas y columnistas no solo en EUA, sino a nivel internacional; en México, La ex-primera dama es la candidata del Gobierno y de los medios, que todos los días nos tratan de convencer de sus bondades y que su triunfo sería positivo para México. Si vemos lo que fue el gran evento de arranque de la campaña, encontramos que igualmente el Partido del Burro cuenta con el apoyo de la farándula y los músicos no se quejan de que suenen sus temas amenizando los actos, a diferencia de lo ocurrido con Trump --recuérdese que fue un gobernante Demócrata: Kennedy, quien empoderó a Hollywood en la política norteamericana-- pero a pesar de la aparente fortaleza de la aspirante, su campaña empieza con problemas.

Para empezar, la Sra. Clinton no es la primera mujer candidata a la Presidencia de la República norteamericana: ya en el siglo XIX y antes de que se reconociera el derecho al voto de las mujeres en nuestro vecino del norte, la feminista Victoria Woodhull fundó un partido político por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y se lanzó a una campaña que se podría decir, fue simbólica, por la primera magistratura; recientemente, en 2012, en el proceso que llevaría a la reelección de Barry Soetoro, fue candidata --ahora sí, oficial-- la activista por el medio ambiente Jill Stein, por el Partido Verde de EUA. Claro, un partido minoritario que al parecer, para los medios mainstream no existe, junto con otros sobre los que hablé en este espacio ya con anterioridad. Este pequeño dato incómodo, por supuesto, no es dado a conocer porque reduce las ínfulas de la ex-secretaria de Estado.

En segundo lugar, apareció Julian Assange y Wikileaks, el famoso sitio que ha venido a ser uno de los mayores dolores de cabeza para EUA desde la Guerra de Irak y que ha llevado al albino australiano a estar recluido en la Embajada de Ecuador en Londres desde hace ya algunos años, ante el peligro de ser extraditado a EUA por filtrar y difundir información confidencial de Washington. Estas filtraciones han golpeado más duramente a la campaña de la candidata, todavía más que aquellas de sus famosos correos de su etapa como Secretaria de Estado y de los que salió el profesar diversas supersticiones como su adoración a Moloch y su inacción mientras el embajador Christopher Stevens y su personal de seguridad eran linchados por los grupos islamistas aliados a EUA y la OTAN en el derrocamiento de Ghaddafi.

Los correos ahora filtrados corresponden a la dirigencia nacional del Partido Demócrata Democrat National Committee, y exhiben cómo la precampaña y el proceso electoral interno del instituto político mencionado estuvieron cargados a favor de la Sra. Clinton, y cómo también se amarró con las principales cabezas de los medios de comunicación el apoyo para ella en detrimento de su rival interno y de Donald Trump, con lo que además se daña enormemente la credibilidad de los medios masivos tradicionales norteamericanos, igualmente, se refleja aquí cómo la élite financiera de Wall Street está abrumadoramente a favor de la abanderada Demócrata, lo que ha redundado en las donaciones recibidas por uno y otro candidato y los gastos de campaña erogados hasta ahora: para el caso del magnate inmobiliario, apenas se han donado $19,000 dólares, para el caso de la abogada, la cantidad ha sido de $48.5 millones de billetes verdes... y esto lo reconoce uno de los principales corifeos de los Clinton que es el Wall Street Journal; claro, en ese diario, el manejo de la información es que eso refleja la mayor confianza que brinda la supuestamente experimentada señora que desea volver al palacio presidencial de la Avenida Pensilvania, sin embargo muestra que su campaña ha sido un dispendio brutal que sin embargo, la tiene por abajo en las encuestas iniciales del proceso electoral, con 7 puntos porcentuales favorables al millonario neoyorkino.

Putin, ¿convidado de piedra?


Es un secreto a voces que Assange y Wikileaks tienen nexos con Rusia, tal y como se demuestra del refugio que el gobierno de Rafael Correa le ha dado al periodista australiano, siendo un firme aliado del Kremlin en Sudamérica, y el asilo concedido por Moscú al soplón Edward Snowden, siendo ambas sendas derrotas en el tablero estratégico para Obama ante el gran rival Putin.

No cabe duda que el líder ruso se ha convertido en una especie de líder del conservadurismo mundial, con su política de restauración de las tradiciones cristianas rusas y una reconciliación del pasado moscovita tanto por su vertiente comunista como por la zarista, finalmente, ambas fueron épocas de esplendor imperial para el gigante eslavo y a la par que se reivindica a Nicolás II reivindica a Stalin, Es muy posible que el magnate, que recientemente se ha decantado --no podemos negar que por conveniencia al saber que la "mayoría silenciosa" es favorable a esa tendencia,-- pero también porque sabe que EUA no está en condiciones de reiniciar una Guerra Fría con su rival histórico, por lo que se ha expresado en varias ocasiones en el sentido de tener el ánimo de reconstruir las relaciones con Moscú.

Lo curioso del caso es que el hecho de que los Demócratas acusen a Rusia de intervenir en el proceso electoral actual es casi una confesión de que EUA se ha derrumbado hasta cotas tercermundistas, es casi como las quejas que hacían regímenes de Izquierda en América Central en los años 80 o la consabida monserga de Nicolás Maduro quejándose de que Washington apoya a la oposición, así que, en vez de que esto obre contra Trump parece más bien una confesión de la debilidad del país tras los ocho años de la administración Obama que hasta poderes extranjeros intervienen en su política interna, lo cual por otro lado, es cierto, con la injerencia enorme de las monarquías árabes que llevaron a las Primaveras Arabes, o la fácil forma de ceder del gobierno ante los chantajes persas que terminaron en el pago de un jugoso soborno a Irán para obtener la liberación de prisioneros acusados de espionaje. Por otro lado, no es de dudarse que Rusia abiertamente simpatiza con Trump de la misma forma que simpatizó con el Brexit, y que ahora de tener a Erdogan catalogado como enemigo ahora lo aceptan como aliado de corazón contrito, en un juego que, sin duda, divierte bastante a Putin, quien está saliendo ganador del mismo.


La moneda está en el aire, mientras, nos espera una campaña sucia llena de polémicas y escándalos, ante la amenaza que representa Trump para el orden establecido de la Globalización que es representado por los Clinton; ante la posibilidad real de que el millonario inmobiliario gane, algunos medios en México empiezan a despertar y ofrecen una visión mucho más centrada y objetiva, incluso por voces autorizadas como Raymundo Riva Palacio que ha criticado igualmente a la Clinton,  como verdadera enemiga de México, lejos de la demonización del personaje, nos llevan a concluir que es más bien nuestra responsabilidad el generar empleos y aprovechar el cambiante ámbito de nuestras circunstancias para lograr beneficios para nuestro país y competir en un panorama global cada vez más difícil y conflictivo.