Buscar este blog

29 de julio de 2016

DEMAGOGIA Y COBARDÍA



A inicios del siglo XVII, el entonces Rey de España, Felipe III, impulsado por su Primer Ministro el Duque de Lerma, emitió uno de sus decretos más polémicos: la expulsión de los Moriscos; estos eran musulmanes o sus descendientes a los que se había permitido permanecer en España tras la culminación de la Reconquista en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos. Muchos de ellos se habían convertido al Cristianismo; sin embargo, se sospechaba de la sinceridad de ello, razón por la cual Isabel y Fernando habían fundado el Tribunal de la Inquisición. Esto no era por mera intolerancia religiosa como se habría pensado, después de todo, los islámicos que quisieran conservar su culto podían hacerlo y seguían contando con algunas mezquitas pequeñas, sin embargo, si se convertían aparentemente y en realidad se conservaban como adeptos al mahometismo, podían ser sospechosos también respecto de sus lealtades, más cuando la conversión, por así decirlo, les abrían las puertas a lo que hoy llamaríamos "derechos políticos" y podrían ocupar cargos públicos, que, ante la amenaza del Califato Otomano no era asunto menor.

La decisión de Felipe III no fue fácil y era claro que tendría consecuencias gravísimas. Los moriscos habían conservado sus tierras y eran parte importante de los pequeños propietarios rurales y poseían buen número de granjas, o bien, se desempeñaban como obreros en las manufacturas o peones en los latifundios de nobles y burgueses ricos en Andalucía y sobre todo, en el Reino de Aragón. Sin embargo, tras la derrota musulmana en Lepanto, y con Marruecos, Argelia y Túnez --provincias otomanas-- cerca de España cruzando el Mediterráneo, siendo además centros de operación de corsarios islámicos que depredaban las costas del Imperio Hispano tanto en la península ibérica como en Italia, la población musulmana en el reino constituía un grave riesgo, más cuando había constantes rebeliones, como la de las Alpujarras, o actuación de grupos de moriscos que, precisamente espiaban para el Califato, entonces regido por Ahmed I, y que colaboraban con las depredaciones de los corsarios berberiscos y tunecinos, o les pasaban información --el famoso, para los parapsicólogos y pseudohistoriadores mapa del almirante turco Piri Reis, no es más que una copia del mapa de Juan de la Cosa, hecho antes de que los descubrimientos de los navegantes españoles fueran hechos públicos-- la expulsión fue decretada y evidentemente llevó a muchas situaciones que hoy en día se calificarían de abusivas e inhumanas, incluso se dio una rebelión que fue aplacada a sangre y fuego en la Sierra Morena, y hubo un gran desplazamiento de población; los moriscos fueron obligados a embarcar, a su costa, con rumbo a Marruecos y Argelia; donde, como incluso ocurre hoy, en muchos casos los musulmanes expulsados de Europa fueron víctimas de sus correligionarios en las zonas que los recibieron, que les robaron y hasta esclavizaron o asesinaron.

El perjuicio económico a España fue mayúsculo ante la pérdida de una buena proporción de la población activa de aquel entonces (recuérdese que España no tenía el número de habitantes o la densidad de la misma con la que contaban sus rivales Francia o Inglaterra) y las tierras confiscadas a los moriscos fueron a parar a manos de terratenientes favorecidos por Lerma en muchos casos, recuérdese que el hábil jefe de la administración de Felipe III, un hombre que era mucho más sensible y flexible que su padre Felipe II y también consciente de no ser tan capaz para el gobierno, por lo que cedió el encabezar la administración al hábil pero corrupto noble que más tarde se salvaría de ser procesado por sus sucios negocios al acceder a las órdenes sagradas y a un capelo cardenalicio tras enviudar. Algunos dicen que esto provocaría el relativo atraso de España respecto de las otras potencias europeas al privarse de una fuente de mano de obra valiosa. Por otro lado, la tradición jurídica castellana y aragonesa no era proclive a dar un trato inhumano a las personas, aún a las no cristianas, como se demostró con las medidas jurídicas para la protección de los indígenas durante la conquista y colonización de América, sin embargo, la decisión tomada por el monarca español fue contundente y ejecutada con todo rigor y celeridad.

Felipe III muy probablemente estuvo consciente de lo que hacía, incluso de las consecuencias, más cuando la España de la época fue pionera en contar con académicos que elaboraron los primeros análisis económicos, pero también supo que tenía que adoptar esa medida a fin de garantizar estabilidad y paz en España y en Europa, al menos por un momento, y cancelar todas las pretensiones del Islam de recuperar Al-Andalus, evitando que los Otomanos contasen con una quinta columna al interior de España. En pocas palabras, fue una decisión valiente, que de no haber sido tomada, quién sabe qué consecuencias habría tenido en siglos pasados con los intentos del Califato turco por fenar su caída ante los europeos, o que tendría en la actualidad, más con los regionalismos españoles.

En cambio, veamos la época actual: París, Bruselas, Orlando, Niza y ahora Munich, Alemania y San Etienne, en Normandía, Francia, donde ha entregado su vida el primer mártir europeo del siglo XXI: el Padre Jacques Hamel... la lista y la cronología del horror islamista se alarga, como también crece la omisión de los líderes occidentales y su cobardía para llamar pan al pan y vino al vino. En la época de la corrección política es prioridad el no ofender, el no generar controversia, no expresar lo que se piensa, se opina o se cree en pro de una supuesta armonía, diversidad y tolerancia, creyendo cándidamente que si yo declino mi derecho a defenderme y pongo la otra mejilla, el agresor se conmoverá y depondrá las armas; erróneamente se piensa que estamos en Portugal en 1973 y que podemos poner fin a la amenaza terrorista con claveles que coloquemos en los cañones de los fusiles, con veladoras, cartitas sentimentales y osos de peluche en el lugar en que cayeron las víctimas y pianistas indignados que toquen ese himno a la pasividad del drogadicto llamado Imagine.

La cuestión es que nadie de entre los líderes occidentales se atreve a reconocer la naturaleza expansionista y bélica del mensaje contenido en el Corán, ¡vamos! desde el Papa Francisco I a mandatarios como Françoise Hollande, Obama o la Sra. Merkel, nadie se atreve a decir que el Islam trae consigo un mensaje de conquista y guerra, sino que todos insisten que el Islam es una "religión de paz" y que el libro que compila la predicación de Mahoma es un "libro de amor". Incluso entre representantes de la Izquierda o del llamado "Progresismo", se hacen comparaciones tendientes para demostrar que la Biblia, --sobre todo en sus libros históricos del Antiguo Testamento-- es mucho más violento que el libro sagrado del Islam o que la Legislación Mosaica es más cruel que la Mahometana; olvidando que ambas, en terrenos materiales, son herederas del Código de Hammurabi babilonio que ya contaba con medidas draconianas que pasaron a ambos sistemas legales semitas.

Como dice el columnista de origen Palestino Raimond Ibrahim, los líderes --si es que se les puede llamar así-- occidentales, parecen o idiotas o cobardes, o ambas cosas; pues no se encuentra razón lógica alguna para justificar el que no vean la naturaleza bélica y conquistadora del Islam, y que dicha doctrina ha tenido desde su elaboración con Mahoma como vehículo ideológico para la unificación de las tribus árabes y posteriormente sirvió como justificante para la expansión imperial de Omeyas, Abbasidas y Otomanos.

Por el contrario, se nos quiere decir que todos los atentados que han ocurrido son hechos aislados, producto de personas desequilibradas o con problemas psicológicos; sin embargo, el incremento en la frecuencia de los ataques indican otra cosa: no se trata de hechos aislados ni de personas con problemas mentales, tampoco lo demuestra los vídeos o declaraciones de los perpetradores que juran lealtad al Califa Abu Bakr (II) Al-Baghdadí, lo que demuestra una ineludible comunión con los ideales del Estado Islámico, aunque en el caso muniqués resulta que el autor del ataque era un persa nacido en Alemania, lo que indica que estaba muy lejos de ser leal al ISIS, ya que se trata de un musulmán chiíta y no sunnita como es el movimiento extremista nacido en Siria e Irak.

Pero ¿por qué se tapa tanto la realidad? ¿Porqué parece que las autoridades occidentales están dispuestos a sacrificar la libertad de sus pueblos y la seguridad y hasta la vida de sus ciudadanos? Aquí trataremos de dilucidar algunas, la realidad es muy compleja:

  • Los valores ideológicos actuales: Si se habla que desde la Revolución Francesa se ha buscado crear un Estado Laico, con libertad de culto y de conciencia, De igual manera, el Nacionalsocialismo alemán terminó por dar a entender que el nacionalismo fue la causa de las guerras y enfrentamientos; de ahí que el mensaje globalista a favor de sociedades multiculturales choque con la idea de excluir a los musulmanes de Europa, o de que ésta y Occidente en general tiene unas raíces definidas y propias; debe de llegarse a una sociedad neutra y en la que quepan todos los colores.
  • La Democracia electoral: La población musulmana en los países europeos o en EUA se ha convertido en una apetitosa fuente de votos para los partidos políticos, estos, por supuesto, no quieren perderlos, así que prefieren abrirles las puertas y hacerles concesiones: reconocer a sus autoridades y normas tradicionales, darles espacio y ayudas para construir mezquitas, etc.
  • El anticristianismo: No nos hagamos, en Occidente hay un cada vez más hostil clima contra el Cristianismo, un tema sobre el que vale la pena abundar en otro post, pero que principalmente surge de que esta doctrina religiosa es un obstáculo a la sociedad de consumo que tanto beneficia a las grandes fortunas capitalistas: finalmente se trata de estimular los impulsos, instintos y apetitos de las personas para que consuman, para ello, tienen que ser grandes buscadores de placeres y entretenimientos: sexo, drogas, frivolidades; una religión que plantea un afán de trascendencia, ascetismo y austeridad, sin el exotismo que vende del budismo, viene a ser un obstáculo para el negocio; así, se cree que el Islam, enemigo natural del Cristianismo desde el origen en la Alta Edad Media, servirá para si no destruir, sí eliminar la influencia de la Iglesia y del Evangelio en la sociedad de manera definitiva, estúpidamente, se piensa que después los musulmanes serán secularizados y modernizados.
  • Ignorancia fatal sobre el Islam: En Occidente se carece, incluso por parte de nuestros dirigentes, que no son precisamente los más cultos de nuestras sociedades, de una comprensión completa del Islam; creyéndose que es solo un conjunto de doctrinas religiosas sobre espíritus y cuestiones metafísicas, ignorando que el Islam en sí, es todo un paquete civilizatorio en sí mismo, que incluye un conjunto de doctrinas religiosas y morales, pero también un sistema jurídico, un sistema político y una forma de sociedad, por ello resulta muy difícil, si no imposible, el intentar la secularización de las sociedades o de los individuos musulmanes, siempre queda algo en el fondo, y los ejemplos los tenemos en la fragilidad y el fracaso de los regímenes como el fundado por Mustafá Kemal y todos sus continuadores en otros países del Medio Oriente; los musulmanes, trasladados a otras regiones y aún en medio de otras poblaciones, no se integrarán a ellas, por el contrario, transplantan su cultura e intentan extenderla y hacerla florecer a donde llegan; por ello, el Islam puede ayudar a la Izquierda o a los "Progresistas" a desterrar al Cristianismo de la vida pública, pero el efecto no será la sociedad plural y amorfa que gire en torno a la economía y al consumo de placeres que sueñan, sino la islamización de las sociedades receptoras de musulmanes.
  • La idea actual de los Derechos Humanos: El concepto de Derechos Humanos ha sido enormemente manipulado hasta convertirse en cadenas y esposas que atan a las manos del Estado para imponer el orden y el imperio de la Ley en sus sociedades, se le han inventado generaciones y progresividades en una tendencia que a lo que llevarán será a la anarquía y el libertinaje más irresponsable en que todo vale sin límite alguno. Los islámicos, que no desarrollaron este concepto y que además les resulta totalmente antipático, se escudan sin embargo en el mismo para gozar de la más amplia impunidad. Los gobiernos, por su parte, no osan enfrentar el problema por no caer en contradicciones en su discurso pro-derechos humanos, la fuerza queda como el último recurso a usar y se privilegia el diálogo, aunque sea con una parte que no entiende de diálogo más que el que se habla con las armas.
Es increíble, pero si lo analizamos bien, esto no es exclusivo de Europa con respecto al Islam, en México lo vemos con respecto a los "movimientos sociales", verdaderas sediciones que no solo se dirigen contra el --espantoso-- gobierno de Peña Nieto, sino que son auténticas agresiones a la sociedad, que están ocasionando severos daños a la economía con el bloqueo a puertos y vías férreas, y pese a los llamados y a los claros perjuicios que esto ocasiona, la autoridad no ejerce el legítimo recurso a la fuerza pública, ni aplica la Ley, es el temor a quedar como vulnerador a los derechos humanos, a la libre manifestación, etc. El Gobierno prefiere doblegarse y someterse a las exigencias de grupos vandálicos impulsados por intereses oscuros, con lo que provoca la ingobernabilidad, inestabilidad y por supuesto: inseguridad.

Desgraciadamente, no tenemos liderazgos: este tipo de procederes ha permeado desde la Iglesia hasta las autoridades municipales, la falta de valor y los deseos de quedar bien actuando como veletas nos ha llevado a una situación sumemente peligrosa, nuestra Civilización Occidental está pasando por una etapa crítica que exige una vuelta de timón y el regreso de liderazgos clásicos, impulsados por valores y convicciones fuertes, pero además por la conciencia de tomar decisiones que quizá serían impopulares o tomadas como tiránicas, pero que, al igual que una medicina amarga o una dolorosa inyección, tendrá efectos positivos para sus pueblos, como la tomada por Felipe III hace 400 años.

Es curioso, Felipe III es considerado como uno de los más débiles reyes de España, pues vivió bajo la sombra de sus titánicos padre y abuelo: Felipe II y Carlos V, y la gesta crepuscular de su hijo Felipe IV, sin embargo, con su acción de la expulsión de los Moriscos, demostró tener más conciencia de jugarse el futuro de España y de Europa entera ante el peligro representado por el Islam, que los gobernantes actuales del Viejo Continente. Si éste fue un "Austria menor", no sé qué tamaño tendrán los actuales políticos vistos desde el futuro.

24 de julio de 2016

MOLOCH

Hace unos 2,200 años, la República Romana se enfrentaba ante la situación de mayor peligro de su Historia: la invasión a Italia de parte del ejército de mercenarios encabezado por el General Cartaginés Aníbal Barca, y quien tras haber cruzado media Europa Occidental proveniente de Hispania, atravesando tanto a los Pirineos como a los Alpes, había llegado a la península conduciendo a un abigarrado conjunto de pueblos enemigos de los antiguos Latinos: Íberos, Celtíberos, Galos y por supuesto Púnicos o Fenicios, quienes, procedentes de Tiro en el Líbano, habían fundado, desde el siglo XI a.C., la ciudad de Qart Hadasch, latinizada como Cartago, que se había convertido en la gran potencia marítima del Mediterráneo Occidental continuando con la tradición naviera de sus antepasados; ante el previsible ocaso de los Griegos, sumergidos en las grandes guerras entre las Monarquías Helenísticas sucesoras de Alejandro Magno, quedaba claro que el trono del mundo sería o para los Romanos, o para los Fenicios cartagineses, quienes se habían convertido también en un enorme poder militar, aunque sustentado en contingentes de mercenarios, pero comandados por una elite de guerreros púnicos que habían adoptado la estrategia y la táctica griegas.
Para los Romanos, la lucha contra Cartago no era solo cuestión de mantener su supervivencia, sino también se convirtió en una lucha entre el bien y el mal; ya que la propaganda en la urbe de las Siete Colinas comenzó a ir dirigida en el sentido de que los púnicos eran ciertamente salvajes, más que bárbaros, y aún tras haberles derrotado en dos guerras, posterior al fin de Aníbal, probablemente el enemigo más temible que tuvo Roma en su Historia, el Censor Catón el Grande terminaba siempre sus arengas con la frase Delenda Carthago!, es decir "¡debemos destruir Cartago!", no solo porque la ciudad norafricana se había repuesto de la derrota y amenazaba nuevamente con reducir al comercio romano en el Mediterráneo o a volver a ser una potencia militar rival, sino porque la misma existencia de ella era algo así como dejar vivir a la raíz del mal mismo.
¿Qué repugnaba tanto a los Romanos de los Cartagineses? Curiosamente, lo mismo que hace que las páginas del Antiguo Testamento estén llenas de diatribas de los Profetas Judíos en contra de los enemigos Cananeos de Israel y la influencia de los demás pueblos Semitas --hoy genéricamente englobados bajo el gentilicio de "Árabes"-- de Israel: su religión. El culto de los antiguos pueblos del Medio Oriente se sustentaba en divinidades astronómicas y de la fertilidad (de ahí que el monoteísmo Judío en torno a Yahvé sea tan discordante y ajeno al entorno en el que se desarrolló y, esto, para los que somos creyentes sea prueba misma de su origen revelado). Deidades solares como Marduk, de la flora y la agricultura como Astarté, del caos primigenio como la dragona Tiamat y su esposo, el demonio Kingu, de quien  provino el coágulo de sangre del que fue creado el ser humano (mito que pervive en el Corán), el dios de la realeza: Shamash... para referirse a todos estos númenes, se les invocaba con el título de "Baal", que quiere decir "amo" o "señor"; el principal de todos, el Padre de todos los dioses semitas, era conocido como Baal-El, pero también se contaba con el "Señor de las Moscas", dios de la muerte: Baal-Tzebub o Belcebú, y en diferentes regiones, además, se contaba con dioses particulares, como en Emesa, el meteoro negro caído del cielo (como la piedra negra de La Meca) y adorado como representación misma de El-Aga-Baal, del que fuera devoto después el Emperador Severo Heliogábalo, a inicios del siglo III.
Entre los Fencios, Cananeos y Amorreos, vecinos de los Hebreos, se contaba así con un Baal muy particular y cuyo culto llenaba de horror, más que el extravagante, y aceptable para los itálicos, dirigido a las otras deidades: Moloch; representado como una figura antropomorfa sentada en un trono y con cabeza de toro, a este dios que representaba al fuego, la fuerza primigenia y la fertilidad masculina encarnada en el bóvido, se le rendía un culto horrendo: el sacrificio humano de bebés recién nacidos o con pocas semanas, que además eran muertos de  forma por demás espantosa: la estatua de Moloch era generalmente de bronce, y se le encendía un fuego en su interior que se avivaba hasta que la escultura estuviese al rojo vivo, entonces, el niño era colocado en los brazos del ídolo,  en otros casos, era introducido en sus fauces, muriendo incinerado lenta y dolorosamente. Los gritos y llantos del bebé eran tapados por la estridente música y cantos que se entonaba por la concurrencia, que además danzaba, entregada a un culto orgiástico.
Bien sabemos que los Romanos no eran precisamente humanitarios y delicados; incluso, es sabido que en los misterios dedicados a Artemisa/Diana en Éfeso, y recordando el sacrificio hecho por Agamenón de su hija Ifigenia para pedir vientos favorables hacia Troya, se llegaban a hacer sacrificios humanos y que los combates de gladiadores tenían también un sentido religioso, o que al terminar las ceremonias triunfales, los jefes de los vencidos eran ejecutados en el templo de Marte Vengador, lo que era una especie de sacrificio del enemigo cautivo al dios de la guerra, pero nada de eso se comparaba a la muerte tan cruel que se daba a un inocente como un niño recién nacido; muchas veces hijo del oferente del sacrificio: cuando las legiones romanas sitiaban Cartago hacia el desenlace de la III Guerra Púnica, los guerreros romanos contemplaron espantados ante la desesperación y lo que no dudaron de calificar como perversidad, de los líderes púnicos sacrificando a sus hijos pequeños a Moloch para pedir la victoria sobre sus acérrimos enemigos. Esto solo reafirmó en ellos la convicción de que debían destruir por completo a aquel pueblo que era capaz de matar a sus propios hijos en las aras de una deidad siniestra, a la que identificaron con Cronos/Saturno, devorador de sus propios hijos.
El culto a Moloch, junto al de Baal, sin embargo sobrevivirían en Líbano y Siria, pero poco a poco fue abandonado ante la romanización; su supresión definitiva se dio con la caída de Palmira ante el Emperador Aureliano, en la segunda mitad del siglo III, quien la primera orden que dio fue destruir el templo de Baal como símbolo de abominación, cuyo imponente arco central se ha mantenido en pie hasta que el ISIS lo dinamitó en un atentado contra la Historia y la cultura, sin olvidar que Alá, el dios de los musulmanes, no es otro que Baal-El maquillado en un monoteísmo evolucionado del paganismo original.
 Si Elías y Escipión, con unos 600 años de distancia entre ellos coincidieron en la implícita maldad del culto a tal ídolo, es por el terrible impacto que tenía la celebración de la muerte de niños inocentes dados en sacrificio, lo que llevó también a que los profetas del Antiguo Testamento, y posteriormente, los Padres de la Iglesia, no dudasen en identificar a Baal y a Moloch, entre otros, como verdaderos demonios y no seres ficticios o legendarios producto de la especulación religiosa de pueblos primitivos, de simbolizar a las fuerzas naturales o de divinización de héroes del pasado como ocurría con los Grecolatinos.
Toda esta Historia viene a cuento por que, hace unas semanas, entre las revelaciones hechas por Wikileaks de las comunicaciones realizadas por Hillary Clinton como Secretaria de Estado del Gobierno de EUA, no a través de un servidor oficial encriptado, sino por conducto de un proveedor particular, lo que constituiría en sí una violación gravísima que debería llevarle a enfrentar responsabilidades y a quedar fuera de la carrera presidencial, se filtró un correo electrónico en el que habla de hacer un sacrificio a Moloch...
Veamos el texto causante de la polémica:
"With fingers crossed, the old rabbit's foot out of the box in the attic, I will be sacrificing a chicken in the backyard to Moloch . . ."
El texto alude a diferentes prácticas o acciones de cábala o que supuestamente traen buena suerte: cruzar los dedos, lo que en México coloquialmente llamamos "hacer changuitos", sacar la pata de conejo que estaba guardada en una caja en el ático, y después, sacrificar, en el patio trasero, un pollo al dios fenicio. Esto dentro de una conversación vía correo electrónico en torno a la postura a asumir sobre el intento de golpe de Estado por el Presidente de Honduras Manuel Zelaya  con el que quiso entrar al "Eje Bolivariano" y, a través del populismo, perpetuarse en el poder como lo habían logrado ya para entonces, en el año 2009, Hugo Chávez y Evo Morales; lo cual fue desactivado por las propias instancias hondureñas, como el Poder Judicial, la Legislatura y el Ejército, que se negaron a secundar al rico terrateniente devenido en mesías de los pobres, en su aventura autoritaria.
No nos debe extrañar, por otro lado, este tipo de prácticas entre los políticos. Estos son una especie altamente supersticiosa debido a las enormes presiones, responsabilidades y ambiciones que se abaten sobre ellos o despliegan, y viene desde muy antiguo el que sigan determinadas creencias mágicas --no solo religiosas-- para procurarse la buena fortuna, sea el éxito en sus disposiciones, sea la victoria en la guerra sobre sus enemigos o la destrucción de aquellos que les envidien y deseen arrebatar el poder. La misma Biblia que nos trae testimonios de primera mano de la Antigüedad, desde la Edad de Bronce así nos habla de cómo los reyes babilonios acudían a adivinos y astrólogos, en la Mitología Griega y en la Historia Romana conocemos la importancia del Oráculo de Delfos, la consulta a los auríspices que examinaban las entrañas de las víctimas de sacrificio o que pretendían saber el futuro acorde al vuelo de aves, el propio Saul, Rey de Israel, incurrió en pecado al demostrar poca fe en Dios al acudir a una adivina cananea y preguntarle por el futuro.
El propio Napoleón tuvo en nómina a Mademoiselle LeNormand, una tarotista, y se dice que Ronald Reagan, o más bien su esposa Nancy, contaba en su staff con una astróloga. Pero ha habido quienes se han atrevido a más; si desde 1776 tenemos que EUA ha sido gobernada por miembros de las más diferentes sectas o logias de la Masonería, sean del Rito Yorkino, o del Rito Escocés, o Rosacruces, o miembros de la Skull and Bones Society y de la más tenebrosa, y ligada por los conspiracionistas al culto a Moloch, la sociedad llamada Club Bohemia, Bohemian Groove. De igual forma, ocultistas o satanistas como Alistair Crowley estuvieron al servicio de gobiernos y grupos --se dice que un Churchill desesperado durante la oleada de bombardeos del "blitz" se hizo cliente de este último, quien le "vendió" la idea de hacer con los dedos la "V" de la victoria para atraerla y elevar la moral del pueblo británico, aunque Crowley, previamente, parece que tuvo que ver con los grupos esotéricos detrás del Nazismo.-- Y detrás de los Nacionalsocialistas alemanes hubo mucha influencia de grupos deseosos de restaurar el paganismo nórdico. Las SS, por ejemplo, se estructuraron por Himmler como una verdadera secta religiosa en torno a ello.
Sin embargo, hablar de Moloch no es poca cosa y no cuadra con las otras supersticiones de las que habla en el mail que, se puede decir que son inocentes; en cuanto al sacrificio de un pollo, es sabido que en la brujería tradicional se sacrifican gallinas o pollos de plumaje negro a deidades paganas o de plano, a demonios.
Esto nos puede indicar, efectivamente, la vinculación de la Clinton con algún grupo ocultista o su creencia personal en hechicerías y neopaganismos; lo cual no resulta tan inócuo como podría parecer. Si la Clinton es abanderada de toda la tendencia que existe desde la década de los 90 de la hipersexualización de la vida humana como parte de la "Ideología de Género" de la que es principal representante, y a la vez, una gran impulsora del aborto a nivel mundial... ¿no estamos ante una búsqueda de implantar la doctrina o acciones que recuerdan al culto fenicio en nuestros días? ¿No es el aborto una práctica tendiente también a la muerte del inocente, ya no en un ídolo-horno-altar de bronce, sino en el aséptico ambiente de un quirófano, pero igualmente asesinado al ser quemado en una solución ácida y no en llamas?
Se habla de la vinculación de la clase política norteamericana --incluyendo al matrimonio Clinton, pero también a los Bush, hoy por hoy las familias en el poder más importantes de EUA-- al llamado Club Bohemia, y que anualmente celebran reuniones que incluyen sacrificios y orgías. Esta agrupación tiene su lugar de reunión y culto al norte de San Francisco, en el estado de California, destacando un enorme altar con una silueta de un búho hecha de concreto para parecer una formación rocosa, y hasta eso, se ha logrado sacar de ellas imágenes o testimonios de gente que, evadiendo la seguridad, ha logrado llegar al punto; aquí algunas imágenes que circulan en Internet:
 
La ceremonia arriba representada es la "quema de las preocupaciones" una especie de parodia donde los "sacerdotes" del club queman a un muñeco que simboliza las preocupaciones que los importantes personajes que son miembros del club quieren abandonar al entrar. Al club solo pueden pertenecer hombres, aunque ha habido algunas mujeres con carácter honorario, por cierto, y se habla que así como se llevan a cabo conferencias sobre temas de actualidad --algo similar a las reuniones del Club Bilelberg-- y actividades recreativas como representaciones teatrales y musicales, también se dan orgías de carácter homosexual... quizá sea más leyenda que realidad; como, por ejemplo, y como decíamos líneas arriba, se dice que este club es un culto alrededor de Moloch; sin embargo, y pese a lo que dicen los conspiranóicos, no existe en la iconografía antigua dato alguno que lleve a concluir que el búho es representación de Moloch, quien más bien, era representado como el toro o famoso "becerro de oro". El búho en cambio, es representación de la diosa grecorromana Palas Atenea/Minerva, representando la sabiduría; por otro lado, la ceremonia más bien tiene un carácter paródico antes que de sacrificio real, aunque por las imágenes, no deja de ser impactante, pero es, antes que nada, una puesta en escena.
Eso no quita que, al igual que el caso del Bildelberg, las reuniones del club Bohemia no tengan importancia o trascendencia en la toma de decisiones por la clase política y empresarial de nuestro vecino del norte y que lo que ahí se hable no llegue a tener repercusiones mundiales; por supuesto, siempre se ha dicho que las decisiones importantes no se toman en las oficinas, sino en ambientes más informales y relajados. Al escritorio se llega ya todo previamente consensado y acordado.
Y de cualquier modo, la revelación hecha por la Clinton sobre sus supersticiones nos lleva a pensar ¿de qué forma las creencias particulares del político nos influyen como sociedad? ¿los valores o principios en los que haya sido formado o vicios y prejuicios que tenga? ¿Qué se puede esperar de alguien que sacrifique al menos pollos a un dios de culto siniestro del antiguo Medio Oriente, detestado y rechazado como inhumano desde aquellos tiempos?
Y volvemos a preguntarnos: ¿en manos de quiénes estamos?

¿QUÉ RAYOS PASÓ EN TURQUÍA?

Este viernes pasado, con el mundo todavía pasmado ante los acontecimientos sangrientos y deleznables ocurridos en Niza, Francia --y el incendio en la base de la Torre Eiffel, del que nadie habla y aseguran, en forma un tanto titubeante, que fue un accidente con los fuegos artificiales-- se gestó un intento por parte del ejército turco, de dar un golpe de Estado en contra del gobierno presidido por el islamista Reccep Tayyip Erdogan.
De Erdogan he hablado en el blog anterior, probablemente es uno de los hombres más peligrosos del mundo y a mi parecer, es quizá el único de los líderes mundiales que entiende tan bien el juego geopolítico  como Vladimir Putin, y quizá sea también el único rival de éste que se encuentra al mismo nivel, salvo que quizá sea mucho más perverso, retorcido y genuinamente malévolo que el ruso.
Erdogan es, dentro del ámbito turco, el producto del fortalecimiento del radicalismo del Islam Sunnita que empezó a darse en la década de los 90, con la aparición de grupos terroristas como Al-Qaeda, así como el reconocimiento oficial de la causa palestina contra el Estado de Israel. El partido político del actual mandatario turco, el Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) es un partido islamista que surgió del Partido del Bienestar, instituto político que en el año 2000 fuera disuelto por el ejército por su tendencia islamista; y aquí tenemos que explicar algunas cuestiones que nos llevan a entender lo que está pasando:
1.- Antecedentes:
El clan turco de los Otomanos u Osmanlíes (depende cómo se pronuncie el nombre del primer líder de ese clan: Othmán, en árabe/ Osmán en turco) inició desde el siglo XIV un proceso de expansión contra sus rivales, otros clanes turcos que ocupaban, desde el siglo XII, tras la batalla de Manzinkert, la parte central y oriental de Asia Menor, arrebatada al Imperio Romano Oriental. Los Turcos, mongoles de origen, se habían convertido al Islam y mezclado con los pueblos semitas de lengua árabe y persas de Medio Oriente. Posteriormente, su expansión no fue solo sobre las otras tribus turcas sino sobre el resto de Estados Musulmanes del Medio Oriente, lo que los llevó a chocar contra el otro poder islámico de la época: el imperio mongol musulmán de Tamerlán basado en Samarcanda, y finalmente a dar fin al Imperio Romano de Oriente en 1453 con Mohamhed II, para luego buscar unificar de nueva cuenta a los musulmanes Sunnitas, lo que lograron cuando Selim I tomó Egipto y Arabia, consiguiendo que el último Califa Abbasida, Al-Muwattakil III, que ya no ejercía más que un poder simbólico, le cediera sus derechos al trono imperial islámico.
Los turcos por tanto, fueron líderes del Islam desde el siglo XVI hasta la Primera Guerra Mundial. Desde el siglo XVII, sin embargo, comenzaron a decaer ante el mayor desarrollo económico, militar y tecnológico de Europa Occidental sobre ellos: la batalla de Lepanto, donde la flota con la que el Califa Selim II pretendía invadir Italia fue arrasada por las fuerzas navales españolas, venecianas y papales al mando de Don Juan de Austria, lo que marcó un punto de inflexión, perdiendo el dominio del Mediterráneo: posteriormente, en 1689, cuando intentaron tomar Viena bajo Mohamhed IV, capital de los Habsburgo, comenzó el deterioro de su fuerza militar y empezaron las deserciones y rebeliones al interior del imperio: a partir del siglo XVIII, el movimiento religioso wahabita en Arabia llevó a una de las familias poderosas de la región, los Saud, a convertirse en rivales de los Otomanos reinantes.
Ya desde fines de ese siglo, el Califa Selim III buscó iniciar un proceso de modernización a fin de que los musulmanes pudiesen competir contra los Europeos y mantener su rol de gran potencia, y evitar seguir perdiendo territorios ante los Austriacos, Rusos, Prusianos, etc. a ese proceso se le conoció como tanzimat, ante la rebelión de los Jenízaros, guerreros de origen cristiano que, conversos fanáticamente al mahometismo, constituían las tropas de élite del ejército islámico, y llenos de privilegios, que le asesinaron y el breve reinado de Mustafá IV, sería el sucesor de éste, Mahmoud II, quien dirigiría las reformas, creando con ayuda de militares británicos y prusianos, a un ejército moderno y exterminando a los Jenízaros, estableciendo el servicio militar y tropas permanentes profesionales en vez de las milicias feudales aportadas por Sultanes, Emires, Reyes y Jeques de todas las etnias y pueblos islámicos y no islámicos del Imperio. Pero las constantes derrotas militares y la pérdida de territorios a manos de Franceses y Británicos, la independencia de Grecia y la pérdida de los pueblos eslavos de los Balcanes independizados o absorbidos por los Austriacos, así como el endeudamiento público galopante, convenció a algunos militares jóvenes, formados precisamente en Alemania, Inglaterra o Francia, de que el Imperio necesitaba también adoptar un sistema político calcado de Europa Occidental.
Los Jóvenes Turcos, como fue conocido el partido político Comité Unión y Progreso, que era un grupo de generales educados en Inglaterra y Alemania, menores de 30 años al momento de su rebelión, en 1908, entre los que destacaban Ismail Enver Paschá, Mohamhed Talat Paschá, y Ahmed Cemal Paschá, así como Mustafá Kemal Paschá, derrocaron al Califa Abdul-Hamid II y colocaron en su lugar a Mohamhed V, reducido a un papel de monarca constitucional; implantando un parlamento y una carta magna, continuando con la adopción de vestimentas, tecnología y costumbres occidentales en la población, sin embargo, siendo fuertemente nacionalistas, colocaron a los árabes y demás semitas y otras etnias en un plano de subordinación y sometimiento al pueblo mongólico que se convirtió en la élite gobernante; además, no renunciaban al Islam, por el contrario, se lanzaron en una política de discriminación y exterminio de los pueblos cristianos y judíos del Imperio, enfocándose sobre todo en los Armenios y los Griegos de Asia Menor, provocando el terrible genocidio de 1915-1918. A la par, esto volvió a encender en Arabia la flama de la rebelión de los clanes nobles como los Haschemitas y los Saud, que sería apoyada por los Británicos en la persona de Thomas Edward Lawrence.
Al final, se consumó la derrota del Califato en la Primera Guerra Mundial, donde los Jóvenes Turcos habían alineado a la Khilafa del lado de Alemania, Austria-Hungría y Bulgaria, siendo estas últimas potencias, hasta pocos meses antes de 1914 sus mortales enemigos. Los aliados se repartieron los territorios del Imperio con arreglo al Acuerdo Sykes-Picot de 1916, en que se acordó que Irak pasaría a Gran Bretaña junto con emiratos del sur de la península arábiga, Siria y Líbano para Francia, y Palestina también para los Ingleses, a fin de permitir el asentamiento de colonos judíos para honrar el compromiso de la Declaración de Balfour, mientras que a los Turcos les dejaban solo una parte de Asia Menor, otra era entregada a los Armenios, ahora absorbidos por la Rusia Soviética y Grecia buscaba anexarse la Jonia.


El único líder de los Jóvenes Turcos que se mantuvo en el poder en ese momento, y con prestigio por su rango de héroe en la defensa de Galípoli, era Mustafá Kemal, (en la imagen) quien derrotó a los Griegos y rechazó a los Armenios y Bolcheviques en el este. Kemal, quien después sería apodado Atatürk, o "Padre de los Turcos" ya que se le consideró como el creador de una nacionalidad turca moderna diferenciada del resto de pueblos musulmanes; ya que, dueño del poder, proclamó la república, derrocando a Mohamhed VI a quien quitó el poder político: su título de Sultán (soberano, en árabe), y al sucesor de éste Abdul Mejid II, a quien dejó el carácter de Califa, para suprimirlo dos años después, en 1924 y exiliándolo.
Atatürk no era un personaje suave ni liberal, ni mucho menos demócrata. Participó en el Genocidio Armenio y nunca dejó de ser, en realidad, un auténtico musulmán. Sin embargo consideraba --de manera similar al emperador japonés Meiji-- que para que Turquía progresara y conservara su independencia, debía adoptar el modo de vida occidental y también su sistema político, sin embargo, había que meterlo con calzador: prohibió la vestimenta tradicional, como las túnicas y turbantes, o el sombrero fez, en los hombres, velos y vestidos largos para las mujeres, adoptó el alfabeto latino para escribir la lengua turca, prohibió el uso del árabe en la liturgia de las mezquitas para usar el turco, estableció el calendario cristiano gregoriano como calendario civil y pasó el día de descanso del viernes al domingo, todo claro, usando el gran garrote de la represión y las ejecuciones sumarias a los que se opusieran, igualmente levantó las prohibiciones al alcohol y estableció un sistema político basado en una constitución y una legislación basada en el Derecho alemán, quitando la aplicación de la Shari'a y decretando la igualdad entre el hombre y la mujer. Sin embargo, como dije, Kemal siempre fue un musulmán en el fondo y más cuando le convenía: era polígamo (cuatro esposas y concubinas, igual que los Califas a los que había derrocado) y se casaba y divorciaba o repudiaba a sus mujeres de acuerdo con la Shari'a, por ejemplo y aunque señalaba que el Estado era laico y con libertad de cultos, la situación de Cristianos y Judíos en Turquía no mejoró nada bajo su régimen; incluso, creó un ministerio de asuntos religiosos en el gobierno, que se ha mantenido ejercido por un clérigo islámico desde entonces.
También Kemal nunca comprendió que las instituciones occidentales respondían a una realidad y un desarrollo histórico diferente al del mundo islámico y que no podían ser implantadas por decreto; por ello, se dio cuenta que sus reformas sólo podrían sostenerse con una fuerza poderosa que lo garantizara respecto a las costumbres y tradiciones de los habitantes, sobre todo en las áreas rurales y ciudades pequeñas de Asia Menor: el ejército, quien aprobaría  a los partidos políticos y el desempeño de los políticos que ocupasen cargos públicos, para que, en caso de ser públicamente islamistas o tendientes a negar otra de las aspiraciones de Kemal: que Turquía fuese aceptada como una nación europea, --algo verdaderamente aberrante que solo exhibía los propios complejos de inferioridad del rubio y más eslavo que turco padre de los turcos, descendiente de Jenízaros-- para que el ejército diese un golpe de Estado y restaurase la ficción implantada por el gran líder.
El modelo de Kemal, denominado Kemalismo, inspiraría otros movimientos nacionalistas en Medio Oriente, como el caso de Egipto, donde los coroneles egipcios liderados por Gamal Abdel Nasser pretenderían esa misma occidentalización y modernización sostenida por los militares, o en Libia, donde Ghaddafi hizo lo propio, e Irak y Siria, donde los regímenes de Saddam Hussein y de los Assad padre e hijo, tienen mucha similitud con el de Kemal: aunque formalmente eran hasta cierto punto democráticos, en realidad eran dictaduras militares. Sin el sostén del ejército, derrotados por la intervención extranjera, como en Irak y Libia, el sistema se derrumbó, en otros, apenas sobrevive, como en Siria y Egipto, ante una realidad que muestra que en el fondo, los pueblos se han mantenido sin cambios desde la caída del Imperio Otomano, es más, desde la Edad Media, y que los esfuerzos de los dictadores Kemalistas, no fueron en realidad, más que un maquillaje de modernidad occidental sobre pueblos milenarios reacios a cambiar y sin haber pasado por la misma evolución que provocó tales cambios en nuestro hemisferio.
Simplemente un indicativo de ello era la cuestión de los derechos humanos, incluso retratada en forma brutal por Oliver Stone en Expreso de Media Noche, basada en un hecho real, donde se refleja que, detrás de la fachada "modernizada" de un régimen militar disfrazado de Democracia se esconde la misma ferocidad y crueldad exhibidas por el ISIS en la república de Atatürk.
2.- Erdogan y el fin del Kemalismo:
Tras esta reseña histórica, llegamos al momento que nos lleva a entender lo que está sucediendo en Turquía hoy en día. El país es miembro de la OTAN, dada su estratégica posición cercana a Rusia y el control que continúa ejerciendo sobre los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo que dan acceso al Mar Negro, por ello, Turquía tenía el segundo ejército más grande en número de efectivos de la organización, después de Francia, no solo por la posición ante la amenaza entonces soviética, sino por las rivalidades entre la república otomana y Grecia y otros países balcánicos que tienen abiertas con los turcos contenciosos desde hace medio milenio; pero también la amenaza interna del separatismo kurdo; pueblo irreductible con el que el régimen de los Jóvenes Turcos y su continuador Atatürk no pudo ni exterminar ni expulsar, pero también, para asegurar el control de la población y el mantenimiento del sistema laicista, pro-occidental y modernizador establecido por el legendario general.
Para el año 2000, sin embargo, Turquía aparentemente estaba muy lejos del islamismo militante: los jóvenes iban al antro, se bebía alcohol y las mujeres, sobre todo las más jóvenes, lucían ropas occidentales y costumbres de "mujeres liberadas"; sin embargo, en el fondo crecía una tendencia hacia el retorno de la identidad islámica de los turcos, ¿porqué? Aquí algunos factores:
  1. Pese a la promesa de modernización del régimen, 80 años de "democracia controlada" por el ejército y occidentalización no sacaban a Turquía del subdesarrollo, pues comparte con México el sótano de la OCDE en rubros como educación, desarrollo humano, salud y corrupción; en contraste, su mayor rival regional: Arabia Saudita, y otros países con regímenes fundamentalistas islámicos como Emiratos Arabes, Qatar y Kuwait, contaban con un desarrollo económico muy superior y con estándares de vida igualmente más elevados. Los turcos se dieron cuenta que el desarrollo no necesariamente depende de vestir jeans en vez de túnicas y togas y el liberalismo occidental.
  2. La nostalgia por el pasado imperial, ante el ascenso, dentro del mundo musulmán de sus rivales como Arabia e Irán, Turquía empezó a ver más reducida su influencia y su presencia en Oriente, mientras que no era aceptada como un país occidental; ante esto, y a sabiendas que tenía una mayor posibilidad de influir en el Medio Oriente, sobre países con los que compartía religión y numerosos rasgos culturales, que sobre Europa, es que empezó a revivir el espíritu del "otomanismo".
  3. La resurrección de una identidad túrquica que oponer a la árabe tras el desmembramiento de la URSS, Turquía buscó restaurar sus nexos étnicos con Turkmenistán, Kazakhstán, Uzbekistán y Kirguistán, en el Asia Central, cuyas poblaciones son de origen turcomano, lo mismo que poblaciones dispersas en Irán e Irak, los pueblos turcos así, pueden aparecer como otro de los grandes grupos de pueblos islámicos en oposición a los pueblos de lengua árabe y los iránios. Esto además, lleva a la línea de choque con Rusia, para quien sus ex-republicas islámicas centroasiáticas siguen siendo su área de influencia.
  4. La desilusión del sueño europeo que impactó sobre todo en los jóvenes, que perdieron las esperanzas de que Turquía entraría en la Unión Europea, aparte, la Guerra de los Balcanes revivió los recuerdos de la feroz dominación musulmana encabezada por los turcos en la región y sus secuelas. Por tanto, los Turcos se sintieron rechazados por Europa y esto provocó que se buscara rescatar la identidad propia en rechazo a lo europeo.
  5. Las diferencias entre las dos principales zonas urbanas: Estambul (Constantinopla) y Ankara con el resto del país, fundamentalmente el Asia Menor o Anatolia; en las zonas rurales y las ciudades pequeñas las reformas kemalistas nunca permearon del todo y conservaron viva la identidad turca y musulmana en contraste con el cosmopolitismo artificial de las dos capitales.
Ante estos factores, el triunfo del partido de Erdogan que manejó un discurso populista en que disfrazaba el islamismo detrás del nacionalismo turco, estaba cantado. Lo que nadie se esperaba era la facilidad con la que el Primer Ministro y después Presidente minaría las bases del régimen; demostrando la enorme fragilidad del mismo. Como un niño jugando Jenga y sin necesidad de golpes violentos --hasta ahora-- Erdogán fue desarmando el edificio construido por Kemal: primero se aseguró una mayoría absoluta en el parlamento, después, controló el Poder Judicial, posteriormente depuró a los altos mandos del ejército, sustituyéndolos por otros más favorables al islamismo. Después fue haciendo campaña por los medios a favor de que las mujeres recuperasen el uso del velo y aceptasen un papel secundario en la sociedad, volvió a permitir el uso litúrgico del árabe en el culto, asesinó a un obispo católico, volvió a identificar como enemigos a los armenios, lanzó una campaña para aplastar a los kurdos, y antes del sainete del viernes pasado, puso limitantes a la libertad de expresión y censura a la prensa, cerrando diarios y poniendo límites y vigilancia a las redes sociales. Mientras hacía todo esto, mantenía el culto cívico a Mustafá Kemal de dientes para afuera.
Entre tanto, a nivel internacional Erdogan empezó a jugar activamente, el mandatario turco demostró, por un lado, ser brillante y entender tan bien como su par ruso: Vladimir Putin, al Juego de Tronos geopolítico, pero también demostró ser mucho más siniestro: para no quedar atrás de Irán, se convirtió en un gran apoyo de la causa palestina y se confrontó con Israel, comenzó una política de chantaje a Europa en torno a la migración a cambio de ayudas económicas y acuerdos con el bloque, luego comenzó a ayudar descaradamente al ISIS y ha sido uno de los promotores de la oleada de refugiados musulmanes hacia Europa, atreviéndose incluso a provocar a Rusia con el derribo de un avión caza que participaba en el conflicto sirio a favor de Assad, con quien primero el turco trabó buenas relaciones, al ser regímenes "hermanos" para después decantarse por el apoyo a la oposición islamista. Igualmente, recibió de forma hipócrita al Papa Francisco I, de quien recibió elogios y halagos fiel a su pragmatismo, para luego tronar contra él por su denuncia del genocidio armenio de hace 100 años.
¿Qué pasó el viernes? Para empezar, Erdogan acaba de matar lo que quedaba del sistema kemalista. El primero en su tipo, fue el último en morir, al parecer, se trató de un autogolpe que promovió el propio Erdogan de forma magistral --el hecho de que sea un sujeto perverso no le quita lo brillante-- al parecer difundió informaciones falsas y rumores entre los militares respecto a una presunta debilidad del régimen o de que el mismo no contaba con apoyo entre el pueblo y la mayoría de la milicia, con lo que animó a los sectores dentro del instituto armado más leales a las ideas de Atatürk a alzarse en armas contra su gobierno; sin embargo, esto ha demostrado al mundo que Erdogan cuenta con el apoyo mayoritario de la población, incluso en Ankara y Estambul las multitudes salieron a las calles, en una versión propia de la Primavera Arabe, a detener a los golpistas. Hubo combates y heridos, y muchos de los soldados rebeldes, detenidos por los ciudadanos, fueron linchados por estos que se comportaron como militantes del ISIS.
Una semana después, parece que Erdogan tiene planeado hacer una purga de dimensiones genocidas ante el más que probable restablecimiento de la pena de muerte: se habla de 50,000 detenidos, entre jefes militares, gobernadores provinciales, agentes policiales, elementos de tropa, profesores y académicos, periodistas y civiles en general, acusados de simpatizar con el golpe y, --con descaro-- ser enemigos de la "Democracia" y los "derechos humanos". De golpe, terminó con la independencia de la que todavía gozaba el ejército y con su papel de garante del sistema laico y pro-occidental. A partir de ahora, Erdogan prácticamente podrá reconstituir al Estado a voluntad, tras esto que podemos calificar, fue su "incendio del Reichstag" o como algunos lo han calificado, de "su 23-F", recordando el sospechoso intento de golpe de Estado del general Tejero en España en 1981 que sirvió para que Juan Carlos I legitimara su trono, cuestionado tras la transición por su carácter de sucesor de Franco y legitimara, con ello, a toda la Democracia Española surgida de la Constitución de 1978. En un caso con más similitudes aún, la situación parece a la de Venezuela tras la intentona golpista de 2004 que fracasó, misma que sirvió a Hugo Chávez para prácticamente desmembrar a la oposición, adquirir plenos poderes y a partir del cual un oscuro chófer convertido en agente de seguridad del Coronel, Nicolás Maduro, comenzó su ascenso.
Pero, a nivel exterior es donde Erdogan está jugando algo muy peligroso, en que cualquier paso en falso puede desatar consecuencias insospechadas y letales para todo el planeta. Como hemos dicho, Erdogan primero provocó a Moscú con su auxilio descarado al ISIS y el derribo de un avión caza ruso, ahora de repente, parecía que buscaba la reconciliación, cuando se da el golpe. Ahora, el mandatario otomano echa la culpa del mismo a un clérigo fundamentalista de nombre Fathullah Gülen que se encuentra exiliado en EUA, y también acusa a los servicios de inteligencia norteamericanos de apoyar a este sujeto en los preparativos del golpe por los intentos conciliadores de Erdogan hacia Putin.
Ante la perspectiva de un Erdogan desatado, que conducirá a Turquía a su completa reislamización y que ahora luce buscando la alianza con Rusia, es probable que se de su expulsión de la OTAN, algo que es riesgosísimo para Occidente, pues tendrá a las puertas de una zona de riesgo como los Balcanes a un enemigo fuerte que tras de sí tendrá a toda la multitud de "refugiados" entrando al Viejo Continente. Por otro lado, esto muestra el enorme pragmatismo de Putin que los "Tradilocos" no quieren ver: el peterburgués más que defensor de la Cristiandad es defensor de los intereses de Rusia y puede en ello, llegar a aliarse al Islam, incluso al mismísimo Abu Bakr II o a través de uno de sus principales valedores como es Erdogan, aunque quizá el ruso sabe bien que no puede fiarse de un tipo como el turco que trae consigo una agenda propia destinada a favor de Turquía y del Islam... ¿acaso el otomano pretende "amarrar navajas" y generar un conflicto entre la OTAN y Rusia, que termine por generar un río revuelto del que nazca, como ganancia de pescadores, el nuevo califato?
Por lo pronto, hay 14 barcos de la armada turca perdidos... nadie sabe donde están ni lo que van a hacer, salvo quizá la mente maquiavélica de Erdogan, y esto, es de temer, para temblar...

NIZA

El 14 de julio, aniversario del inicio de la Revolución Francesa con la toma de la Bastilla, --convertido en "Día Nacional" de Francia, como si ese país no hubiese existido antes de 1789, cuando la verdadera fundación de la nación francesa se dio con el bautismo de Clodoveo, de la dinastía de los Merovingios, rey de los Francos, lo que representó el inicio de la mezcla entre los Galorromanos cristianos y los Francos germánicos paganos. Lo demás es ideología, que pretende que el mundo volvió a crearse con la asunción  del credo democrático-liberal surgido de la Ilustración en el siglo XVIII y su puesta en práctica con la Independencia de EUA y la posterior Revolución en Francia que derrocó el régimen absolutista que los Borbón habían constituido desde el siglo anterior, consolidando la centralización del poder que habían buscado todos los Capeto desde su entronización en el siglo X en sus diferentes ramas, los directos, los Valois y los Borbón, ante un país que tras la decadencia de los Carolingios se desmembró entre potentados y terratenientes que convirtieron a Francia en el paradigma del Feudalismo. A ese absolutismo del Rey, los Revolucionarios lo sustituyeron con el absolutismo del Burócrata, mismo que continúa hasta hoy y ha sido un modelo a seguir por gran parte del mundo, en especial Hispanoamérica y México en particular, lo que ha sido causa de no pocos de nuestros problemas y atrasos.
Pero lo de ayer muestra enormes diferencias entre la Francia original, la de los reyes, la "Cristianísima", la "Hija primogénita de la Iglesia" que detuvo al Islam militante en Poiters con el muro de acero de los escudos de la infantería de Carlos Martel, mientras que la Francia nacida en 1789, la del Burócrata que ostenta el Poder no con base en la fe, sino en un sinnúmero de teorías que sustentan la idea de la Soberanía Popular y los pesos y contrapesos de quienes ejercen el gobierno que en la práctica se traduce en trámites kafkianos, discusiones interminables parlamentarias y buenismo rampante, que a partir de la Revolución ha perseguido al Cristianismo y negado sus raíces, que niega el primer genocidio de la Historia con las matanzas de católicos en La Vendeé, que entronizó a un loco megalómano que provocó veinte años de matanzas en todo el continente para satisfacer su narcisismo y después al payaso extravagante de su sobrino, que a duras penas y con ayuda externa pudo librarse dos veces del dominio alemán, no puede más que ser arrollada por el Islam resurgente, que sin necesidad de armas, sin necesidad de un ataque militar en regla, puede demostrar a los franceses y al mundo que ese Estado francés fundado en 1789 no es más que un castillo de papel mojado, incapaz de brindar seguridad a su propio pueblo.
Las escenas que podemos ver en el video son terribles: basta un tunecino, descendiente de aquellos guerreros púnicos adoradores de Moloch que marcharon junto a Aníbal Barca con odio eterno a Roma y lo que representa y que lo siguen sintiendo, apoderado de un camión de carga para pasar a toda velocidad dejando una estela de muerte a su paso a lo largo de dos kilómetros sin que nadie le pusiera un alto hasta que dejase, nuevamente, un rastro de terror y sangre... el Presidente Hollande, a quien ha tocado reaccionar, porque no puede prevenir, ya tres veces ante los atentados del islamismo militante.
El pueblo francés aparece nuevamente sorprendido e impotente, y no parece encontrar a nadie que le explique qué está pasando, o no quiere darse cuenta de ello: tienen al enemigo en casa, desde que abrieron las puertas a la migración musulmana en una fecha tan temprana como tras la conquista de Argelia en 1830 y el apoderamiento de antiguas provincias norafricanas y del centro de Africa del Califato Otomano que se desmoronaba ante el empuje de Europa en plena industrialización, mientras Inglaterra tomaba territorios africanos al sur del Sahara, e inteligentemente le otorgaba al Egipto de Mohamhed Alí (no el boxeador, sino del líder albanés que se propuso restaurar el esplendor del país del Nilo, perdido desde Cleopatra, de quien Cassius Clay adoptó el nombre por su gigantismo histórico)  la independencia pero tutelada por las fuerzas e intereses británicos, compartiendo el dominio de Sudán, lo que le permitió, en un primer momento, recibir una migración de una población que pudo incluso ser evangelizada en el Anglicanismo y permeable a la cultura británica.
Francia no tuvo esa suerte: argelinos, tunecinos, marroquíes, malienses y mauritanos inundaron Francia desde entonces y más incluso tras la independencia, llevando al Islam a tierras galas y formando cada vez más un proletariado al que ha sido difícil integrar, pues encuentra en el Islam el sustrato de su cultura propia, y en la doctrina coránica encuentra, también, el sustento para mantener vivo el ideal de conquista, de superioridad sobre los occidentales, los nazara, o Cristianos, a los que ve ahora envueltos en la decadencia y la perversión, por lo que deben ser eliminados.
Pero nadie en Francia, ni en Occidente se atreve a reconocer que la apertura excesiva a la migración proveniente del Medio Oriente, región que desde el derrocamiento del último Califa Abdul Mejid II, en 1924, y posteriormente, tras la fundación del Estado de Israel, se convirtió en un polvorín, pues en el mundo islámico comenzó la búsqueda por la restauración del imperio que mantenía la unidad del Islam Sunnita al menos, es la fuente del peligro, y que así como existen muchos musulmanes que son gente ordinaria que no desea más que trabajar y ganarse el pan y vivir una vida tranquila, existen muchos otros, entre ellos, que fácilmente se dejan llevar por el canto de las sirenas del radicalismo.
Las autoridades francesas y de la Unión Europea voltean para otro lado, lo mismo que los intelectuales y partidos, sobre todo los de Izquierda: no señalan al Islam como una ideología imperialista, militarista y peligrosa, que debería llevarlos a replantear la política migratoria; sin embargo, pesan más otros intereses: la defensa de intereses económicos necesitados de mano de obra ante la baja natalidad y el envejecimiento de la población nativa europea, ideológicos, sobre todo los que motivan a la Izquierda, favorables al multiculturalismo de la Globalización, el secularismo y la tolerancia religiosa, --aunque un enorme odio al Cristianismo, motivado sobre todo por los temas de moral sexual, que ven en el Islam al enemigo que puede destruir a aquel, sin importar que su ideología es totalmente incompatible con el Islam-- con tal de salvar a la Democracia y los Derechos Humanos no del peligro musulmán, sino de la llamada "extrema derecha" encarnada en el Front Nationale de los Le Pen o de los movimientos identitarios europeos.
Occidente, como dice bien esta columna referente a los hechos de Niza, y también lo plantea Juan Manuel de Prada en su columna del ABC del 16 de julio, ya no se defiende, pareciere que nuestras sociedades están conscientes de que están enfermas de muerte y no quieren luchar contra la enfermedad, están felices cayendo en ella, desean morir, no tienen esperanza para el futuro, no hay deseos de mayor trascendencia que los efímeros minutos de un orgasmo, sea como sea que éste se consiga, y permanecer distraídos respecto de la realidad con entretenimiento permanente --¿porqué creen que son tan importantes socialmente actores, directores de cine o músicos populares en nuestros días?-- con diversiones idiotas como ahora el videojuego Pokemon Go!, que hace que mucha gente busque como posesos a seres inexistentes, imaginarios, mientras se distrae de enfrentar a su realidad con sus dolores y sus gozos reales y existentes.
Occidente prefiere echarse la culpa de lo que sucede: los islámicos han lanzado esta ofensiva terrorista como respuesta a las políticas occidentales imperialistas y coloniales; no cabe duda que en esto hay algo de verdad, pues mucho de lo que vemos viene de que estamos pagando las consecuencias del Acuerdo Sykes-Picot, de la Declaración de Balfour y del Tratado de Sévres, todo consecuencia de la Primera Guerra Mundial, un cúmulo de errores de comprensión sobre el Medio Oriente que sembró las semillas del caos en el Medio Oriente, con el reparto de intereses petroleros y la creación de Estados artificiales, el primero, el establecimiento del Estado de Israel, que quedaría incrustado como banderilla en el lomo del toro del Islam, y la desaparición del Califato Islámico en su última encarnación otomana. Ciertamente, una forma de lidiar con el mundo musulmán sea el establecer regímenes clientes y secularizados, un tanto como las dictaduras militares iniciadas por Mustafá Kemal en Turquía, y sus regímenes sucesores, como el de los coroneles egipcios encabezado por Gamal Abdel Nasser, el del Partido Baath en Siria con la familia Assad y en Irak con Saddam Hussein, y en Libia con Muammar Ghaddafi. Pero quizá el haber conservado el Califato desprovisto de soberanía política y dotado únicamente de funciones de liderazgo religioso hubiese sido el antídoto contra el surgimiento de tantos grupos fundamentalistas e interpretaciones extremistas.
Sin embargo, esto no es más que una parte: la idea de la Jihad ha estado conexa al Islam desde el principio, y la rivalidad entre los pueblos de Europa y otros precursores de Occidente, como los Judíos antiguos, y del Medio Oriente es tan antigua como la Historia misma, como lo recordaba Herodoto. De igual manera, la idea de Imperio, de expansión y de conquista nace desde Sargón de Akkad, los imperios occidentales, el de Alejandro y el de Roma, surgieron como respuesta a las agresiones de Medio Oriente, con los Persas o los Cartagineses, incluso, la expansión europea surgió como forma de sacar la vuelta al Islam, que en sí mismo compiló y sumó las influencias de los imperios del Creciente Fértil del pasado y las convirtió en un credo expansionista y feroz.
Hoy estamos inermes, ya no tenemos a Leónidas, ni a Alejandro, Escipión o Heraclio, ni al Cid, Felipe Augusto o Ricardo Corazón de León o San Luis IX o Don Juan de Austria y Jean Sobiezki, nuestros dirigentes no tienen el valor, ni la fuerza para oponerse a la ola que viene, como toda defensa se tiene el iluminar los edificios públicos con los colores de la bandera del país atacado, poner veladoras y osos de peluche en recuerdo de las víctimas; y así seguirá hasta que, cobardemente, y por defensa de la Democracia, la diversidad, el multiculturalismo y la tolerancia, le entreguen el poder y las vidas de sus gobernados, a los Islamistas.

LIBROS PARA LEER EN JULIO: LA SAGA DE "DUNE"

gusano
A mi amigo Edgar, fan de esta saga en agradecimiento por el apoyo en estos tiempos difíciles.
Comienzan las vacaciones de verano y nada como pasarlas en compañía de un buen libro... o varios.
Ya hace tiempo quería escribir sobre una saga monumental de la Ciencia Ficción clásica del siglo XX como es Dune, escrita por el norteamericano Frank Herbert y continuada recientemente por su hijo Brian en compañía del escritor y guionista Kevin J. Anderson. Para muchos, se trata quizá de la obra más ambiciosa del género de todos los tiempos, y tal vez no estén equivocados; tras leerla y releerla, uno encuentra a una obra que puede tener muchas interpretaciones y muchos temas al interior, solo comparable, a mi parecer, con El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, y sí, me parece que es infinitamente superior a la Canción de Fuego y Hielo (conocida por HBO como Juego de Tronos, título de su primer volumen) de George R.R. Martin y sin necesidad de requerir, a mi modo de ver, a escenas sexuales que no aportan nada a la trama y solo sirven de gancho morboso para el lector o televidente. --Aparte, creo que el que la TV haya rebasado ya a los libros llevará al autor a precipitarse en la última parte de su saga escrita; de forma similar a J.K. Rowling, contaron más los dólares brindados por Hollywood y la calidad final de la obra se hundirá por culpa de un criterio comercial.
El caso de Dune es muy distinto: ha sido muy difícil adaptarla a la pantalla. Es bien conocido como el charlatán de Alejandro Jodorovsky, quien nunca ha leído ninguno de los tomos de la novela en los años 70 pretendió filmarla, mas solo fue un extravagante proyecto diseñado para fraudear a la Paramount con un presupuesto hiperinflado, --iba a superar a lo que después haría el recientemente fallecido Michael Cimino con su Heaven's Gate, -- aunque algunos diseños, como los propuestos por el gran artista suizo H.R. Giger resultan muy interesantes y de haber sido realizados, hubieran sido visualmente impactantes:
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=CN4xJ7WeCg0&w=560&h=315]
La imagen corresponde al diseño propuesto para el palacio de los Harkonnen en su planeta-feudo de Giedi-Prime, Giger lo imagina como una inmensa estructura antropomorfa que recuerda la obesidad mórbida del Barón Vladimir, principal antagonista en la primera novela, dotada de potentes sistemas de armas, el rostro es una cubierta detrás de la que se encuentra un cráneo --diseño que no aparece en la animación-- en la que los ojos son cañones de plasma y la boca un lanzamisiles, igualmente, la calzada de acceso, como puede verse, cuenta con dispositivos biomecánicos que, ante alguna posible acción hostil de quien avance por ella, proyectan unas especies de lanzas para ensartar al atacante. El edificio no es descrito en la novela, pero la imaginación torcida del suizo le dio este aspecto terrorífico, coincidente con el estilo dictatorial y cruel del Barón.
Otras cosas, como el contratar a Salvador Dalí para representar al Emperador Shaddam IV Corrino era una payasada, y el propio extravagante pintor español así lo tomaba, fiel a su estilo, no así el pretender que Orson Welles hiciera del Barón Vladimir Harkonnen, uno de los personajes principales, lo que sí hubiera sido algo más que interesante... de haber tenido a un director serio y no alguien que pretendía filmarla como si fuese un "viaje" de LSD y de catorce horas de duración...
La adaptación sería llevada a cabo por David Lynch en 1984 y con Kyle Mclachlan en el papel principal de Paul Muad'dib Atreides y Sting como Feyd-Rautha Harkonnen. La película tiene momentos buenos, pero en mucho difiere bastante de los libros y eso no gustó a los fans de la novela, y no ha sido sino hasta últimamente que ha sido revalorada, siendo mucho más afortunada la adaptación televisiva del 2000, con Alec Newman y William Hurt y su secuela: Hijos de Dune, basada en los tomos II y III de la saga.
Pero ¿Qué es Dune? Es una saga constituída originalmente por seis libros: Dune, Mesías de Dune, Hijos de Dune, Dios Emperador de Dune, Herejes de Dune Casa Capitular. La historia transcurre dentro de unos veinte mil años, cuando la humanidad se ha expandido y colonizado gran parte de la Vía Láctea, constituyendo un Imperio estructurado a manera de un sistema feudal-constitucional, con un emperador a la cabeza, perteneciente a la Dinastía Corrino, que ha gobernado por diez mil años y un parlamento, llamado Landsraad, conformado por representantes de las familias nobles que rigen diferentes planetas, cúmulos estelares, sistemas solares o regiones o zonas de la galaxia a manera de señoríos, y que limitan el poder del monarca, de igual manera, existe una Cofradía Espacial, consistente en una organización de técnicos especializados que son capaces de trazar las rutas para el salto hiperespacial gracias al consumo de una sustancia, la especia Melánge, una poderosa droga, que genera adicción e incluso prolonga la longevidad, además de, en ciertas personas, producir el incremento de facultades mentales, un consorcio estatal-empresarial que controla el comercio en todo el imperio, conocido por las siglas CHOAM, y también grupos religiosos muy poderosos como la Bene Gesserit: una hermandad de mujeres que siguen una disciplina de control mental que les lleva incluso a ejercer un manejo consciente de sus propios procesos bioquímicos y a seguir un programa de selección genético para producir al Kwiszat Haderach, un ser humano perfecto, y también la Bene Tleilax, una cultura cuya religión es la Ingeniería Genética.
Todo giraba en torno a un planeta llamado Arrakis, un completo desierto, un tanto similar a Marte, que por ello es llamado Dune, Dunas, en español, la llamada especia es el subproducto del ciclo de vida de una forma de vida del planeta: el gusano de arena; una enorme criatura similar a un anélido de hasta 400 metros de largo y boca cavernosa (que recuerda sin embargo a la de una ballena) erizada de dientes cristalinos (en la imagen), y del que depende el complejo ecosistema del planeta que gira, aunque no lo parezca, en la distribución y aprovechamiento del agua; no en balde, Herbert era de profesión ecólogo que trabajaba para el servicio geológico nacional de EUA, encontrando inspiración en una visita que con motivo laboral realizó al Desierto de Mojave, en el estado de California a inicios de los 60. Tras unos años de trabajo, en 1965 su imaginación, combinada con sus conocimientos, rindió fruto: editó por primera vez el primer volumen: Dune, que tuvo un éxito rotundo e inmediato, rivalizando ya con la saga de Isaac Asimov: Fundación y su entero Ciclo de Trantor, como la obra fundamental de la Ciencia Ficción del siglo XX.
Las temáticas de la obra de Herbert son muchas, de ahí la profundidad de la misma, superando con mucho lo hecho por el bioquímico ruso; primero que nada la Ecología y la relación hombre-ambiente en un entorno tan hostil como el imaginado para el planeta Arrakis: se trata de un ecosistema que gira en torno al agua, pero un agua que es capturado por la forma larvaria del gusano, la trucha de arena, lo que provoca la sequedad extrema del mundo; posteriormente, mediante una metamorfosis, la trucha, un ser parecido a una babosa, autótrofo además, se cambia a una forma sésil, el pequeño hacedor, semienterrada en la arena, que después se transforma generando una violenta reacción química en forma de una explosión que es la que deja sobre la superficie a la preciada especia, se convierte en un gusano de pequeño tamaño, el gran hacedor, shai-hulud, venerado como un ser divino por la cultura que puede decirse es nativa del planeta, la de los Fremen, similares a beduinos que encuentran en la especia la base de su alimentación y economía, creencias y religión; su forma de vida radica en el reciclaje del agua, gracias también a trajes especiales con los que se destila el agua del sudor, excrementos y orina, lo que permite permanecer indefinidamente en medio de la aridez del desierto.
El gusano, además que por sus procesos bioquímicos genera el oxígeno de la atmósfera del planeta, por su parte, se alimenta con lo que sea: seres microscópicos que constituyen una especie de plancton que vive con un mínimo de agua en la arena, y sus propios congéneres en diferentes estadíos de vida, en los abrigos rocosos y montañas donde no pueden pasar los gusanos, alguna vegetación pobre y algunos pequeños lagartos y jerbos (llamados muad-dib por los nativos) originarios de la Tierra, se han aclimatado tras haber llegado miles de años antes cuando empezó la colonización por parte de los zensunníes. 
El aspecto religioso y cultural es muy interesante en la novela: Herbert era agnóstico, sin embargo, no duda en considerar a la religión como un factor importantísimo en el desarrollo de las sociedades humanas, además, en toda la historia, y en lo que continúan las precuelas y secuelas hechas por su hijo y por Anderson, prevalece la idea o la sensación de la Providencia divina que guía los acontecimientos; de hecho, la meta de la Bene Gesserit, y mucho la mitología en torno a la especia, es lograr la presciencia o lograr conocer cuál será el futuro y cuál fue el pasado, una especie de liga con la eternidad y con la conciencia, --por no decir, los espíritus-- de los ancestros; pero por otro lado, Herbert se interesa mucho en el aspecto político de la religión, entendida ésta como una fuerza social, no en balde, imagina una civilización que en el futuro, está basado en muchos elementos del Islam; incluso ese misticismo que exhiben los Fremen y aún la Bene-Gesserit se sustenta en una mezcla de elementos del Budismo Zen y del Islam Sufi, encontrando puntos comunes entre ambas disciplinas de meditación, pero también implica el concepto claro que tenía el autor de la naturaleza política del Islam, pues en el argumento notamos ecos de la vida de Mahoma, del mito del Mahdi o mesías musulmán, de la rebelión árabe impulsada por T.E. Lawrence y de la idea del Califato o Imperio islámico.
Esto se nota en el mito fundacional de todo su "universo", mismo que debido, a su relativamente prematura muerte, Herbert no lo pudo desarrollar más allá de notas y borradores que fueron tomados por su hijo Brian y por el escritor y guionista de ciencia-ficción Kevin J. Anderson, como base para las tres trilogías que han escrito: Leyendas de Dune, Preludio a Dune, y la aún no concluida Escuelas de Dune, en el caso de la primera, se narra el punto de origen: la llamada Jihad Butleriana, que narra la lucha de los humanos en contra de las computadoras y robots dotados con inteligencia artificial y cómo la misma se convierte en una especie de guerra santa, de una religión que, en realidad, es una disputa política sustentada en una premisa humanista sobre la primacía del hombre sobre la máquina. Uno de los mejores personajes que aparecen en esta trilogía inicial, es sin duda el robot inteligente Erasmo, que evidentemente toma su nombre del humanista holandés Erasmo de Rotterdam del siglo XVI, y que hace grandes esfuerzos, incluso crueles, para comprender la naturaleza humana, carente de emociones y sentimientos, entenderá que el ser humano se mantendrá por encima de las máquinas gracias a su imperfección y su capacidad de errar que le lleva a ser creativo y a mejorar, mientras que la máquina, exacta y perfecta, no puede más que repetir eternamente los mismos procesos y las mismas acciones.
Como les digo, es una obra que vale la pena leer en estas vacaciones, sirve para que los que no conocen la ciencia-ficción se inicien en ella y se den cuenta que va mucho más allá de batallas en el espacio, rayos luminosos y vistosas explosiones en argumentos simplones como los de Star Wars. Se los recomiendo.
En el próximo post, volvemos a temas más serios de política internacional, como el fracaso de las demagogias de Obama que tienen a EUA ¿al borde de una nueva Guerra Civil?

¿QUÉ QUIERE REALMENTE GEORGE SOROS?

Uno de los personajes favoritos de los conspiranóicos es el economista y financiero húngaro de origen judío George Soros; que junto con los Rotschild y los Rockefeller (a estos últimos, que son anglosajones de pura cepa y Cristianos Bautistas se les achaca siempre ser Judíos) conforma algo así como el "top"de los constitutivos del "poder en la sombra"a los que se acusa de todos los males que asolan la Tierra. Es cierto que el poder empresarial y financiero sigue siendo uno de los principales poderes fácticos que influyen sin duda en la toma de decisiones por parte de los gobiernos; más en una época en que el punto prioritario de las autoridades, como ha sido desde los años 90 es el resolver la cuestión económica: productividad, competitividad, comercio, ganancias. Sin duda los empresarios y financieros quieren condiciones idóneas para maximizar todos estos elementos y en mucho lo han logrado.
Soros es un sujeto a la par interesante y polémico desde sus antecedentes: pese a que los teóricos de la conspiración lo asocian con el Sionismo, Soros no se identifica como Judío, sino que prefiere referirse a él como Húngaro, Británico o Estadounidense (nacionalidades que ha adquirido, la primera por nacimiento, las segundas por naturalización) e incluso es denostado por los hebreos, quienes le acusan de haber sentado las bases de su fortuna aún siendo niño y a base de delatar a sus correligionarios a las autoridades Nazis de ocupación en Hungría a cambio de inmunidad para su familia y de dinero.
Aunque se pretende que él es el cerebro detrás de muchas fuerzas y políticas mundialistas, desde la ideología de género hasta las Primaveras Árabes, las Revoluciones de Colores en el espacio postsoviético, etc., la realidad es quizá mucho más prosaica: Soros no es más que un apostador sin escrúpulos, un jugador y un oportunista al estilo del Gordon Gecko creado por Oliver Stone e interpretado genialmente por Michael Douglas que, eso sí, busca apostar a lo seguro estudiando previamente la situación que se presenta en el ámbito económico y financiero; y por supuesto, esto lo lleva a tener influencia, y como teórico de la Economía también ha publicado cierta obra con sus, por demás acertados análisis, siendo lo suficientemente lúcido como para denunciar los puntos de crisis de la globalización y de la política norteamericana... y a la vez lo suficientemente astuto como para sacar provecho de ello. Así, Soros predijo la crisis del endeudamiento en EUA y los problemas del Euro en sus libros La Crisis del Capitalismo Global La Burbuja de la Superioridad Estadounidense, La Tormenta Financiera Tiempos Inciertos, excelentemente escritos y en los que el magnate demuestra ser un agudo analista, un frío calculador que de esta manera sabe cómo tomar sus decisiones en el casino del mercado financiero global.
La prueba de esto radica en su reciente cambio de postura: de ser un impulsor de la Globalización, ahora ha salido a denunciar el fracaso de la Unión Europea y sus enormes fallos, en particular la política migratoria que condujo a abrir las fronteras a las masas de refugiados y la sobrerregulación que ha restado libertades a los europeos, entendiendo el Brexit como una respuesta a un esquema disfuncional que ha fallado rotundamente... y a la vez, se benefició de la caída de la Libra Esterlina: aunque, según aduce, no directamente de ella, sino de fondos de inversión en el Banco Central Alemán que se vio afectado, evidentemente, por la revolufia del Euro tras el golpe del Brexit. Ya anteriormente en 1992, Soros se forró con $1,000 millones de dólares de la última caída de la moneda británica anterior al viernes pasado. Entre tanto, los otros grandes billonarios del mundo, como Slim, Gates, etc. tuvieron pérdidas cuantiosas al saberse los resultados; con excepción del amo de los medios británicos y dueño también de FOX: Rupert Murdoch, que congruente con sus posturas conservadoras, siempre se manifestó favorable a la salida de Ingleterra del bloque.
De un  de repente, parece arrepentido de la vertiente hacia el "progresismo" y sus ideas de "sociedad abierta" que le había llevado incluso a financiar una ONG favorable a la migración de refugiados; hoy, pontifica condenando ya a muerte a la Unión Europea; hoy se sube al carro de los ganadores del referéndum y considera que el bloque ya se encuentra tocado en forma irremediable y achaca a la cuestión migratoria y al burocratismo de Bruselas la causa del derrumbe de la Unión.
Esto lleva finalmente a ver que Soros no ha manipulado nada, sino se encuentra siempre a la expectativa y a estudiar las tendencias o los pronósticos de la evolución de las situaciones; navega según las corrientes de la política y de los mercados, según convenga; no tiene escrúpulos ni los tendrá, ni tampoco ideología o principios; como convenía a sus negocios, se había ido por las vertientes progresistas y liberales, pero ahora, como ve que las aguas cambian de sentido, se pone del otro lado, y ahí se mantendrá, mientras aquello le genere dividendos.