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24 de julio de 2016

¿QUÉ RAYOS PASÓ EN TURQUÍA?

Este viernes pasado, con el mundo todavía pasmado ante los acontecimientos sangrientos y deleznables ocurridos en Niza, Francia --y el incendio en la base de la Torre Eiffel, del que nadie habla y aseguran, en forma un tanto titubeante, que fue un accidente con los fuegos artificiales-- se gestó un intento por parte del ejército turco, de dar un golpe de Estado en contra del gobierno presidido por el islamista Reccep Tayyip Erdogan.
De Erdogan he hablado en el blog anterior, probablemente es uno de los hombres más peligrosos del mundo y a mi parecer, es quizá el único de los líderes mundiales que entiende tan bien el juego geopolítico  como Vladimir Putin, y quizá sea también el único rival de éste que se encuentra al mismo nivel, salvo que quizá sea mucho más perverso, retorcido y genuinamente malévolo que el ruso.
Erdogan es, dentro del ámbito turco, el producto del fortalecimiento del radicalismo del Islam Sunnita que empezó a darse en la década de los 90, con la aparición de grupos terroristas como Al-Qaeda, así como el reconocimiento oficial de la causa palestina contra el Estado de Israel. El partido político del actual mandatario turco, el Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) es un partido islamista que surgió del Partido del Bienestar, instituto político que en el año 2000 fuera disuelto por el ejército por su tendencia islamista; y aquí tenemos que explicar algunas cuestiones que nos llevan a entender lo que está pasando:
1.- Antecedentes:
El clan turco de los Otomanos u Osmanlíes (depende cómo se pronuncie el nombre del primer líder de ese clan: Othmán, en árabe/ Osmán en turco) inició desde el siglo XIV un proceso de expansión contra sus rivales, otros clanes turcos que ocupaban, desde el siglo XII, tras la batalla de Manzinkert, la parte central y oriental de Asia Menor, arrebatada al Imperio Romano Oriental. Los Turcos, mongoles de origen, se habían convertido al Islam y mezclado con los pueblos semitas de lengua árabe y persas de Medio Oriente. Posteriormente, su expansión no fue solo sobre las otras tribus turcas sino sobre el resto de Estados Musulmanes del Medio Oriente, lo que los llevó a chocar contra el otro poder islámico de la época: el imperio mongol musulmán de Tamerlán basado en Samarcanda, y finalmente a dar fin al Imperio Romano de Oriente en 1453 con Mohamhed II, para luego buscar unificar de nueva cuenta a los musulmanes Sunnitas, lo que lograron cuando Selim I tomó Egipto y Arabia, consiguiendo que el último Califa Abbasida, Al-Muwattakil III, que ya no ejercía más que un poder simbólico, le cediera sus derechos al trono imperial islámico.
Los turcos por tanto, fueron líderes del Islam desde el siglo XVI hasta la Primera Guerra Mundial. Desde el siglo XVII, sin embargo, comenzaron a decaer ante el mayor desarrollo económico, militar y tecnológico de Europa Occidental sobre ellos: la batalla de Lepanto, donde la flota con la que el Califa Selim II pretendía invadir Italia fue arrasada por las fuerzas navales españolas, venecianas y papales al mando de Don Juan de Austria, lo que marcó un punto de inflexión, perdiendo el dominio del Mediterráneo: posteriormente, en 1689, cuando intentaron tomar Viena bajo Mohamhed IV, capital de los Habsburgo, comenzó el deterioro de su fuerza militar y empezaron las deserciones y rebeliones al interior del imperio: a partir del siglo XVIII, el movimiento religioso wahabita en Arabia llevó a una de las familias poderosas de la región, los Saud, a convertirse en rivales de los Otomanos reinantes.
Ya desde fines de ese siglo, el Califa Selim III buscó iniciar un proceso de modernización a fin de que los musulmanes pudiesen competir contra los Europeos y mantener su rol de gran potencia, y evitar seguir perdiendo territorios ante los Austriacos, Rusos, Prusianos, etc. a ese proceso se le conoció como tanzimat, ante la rebelión de los Jenízaros, guerreros de origen cristiano que, conversos fanáticamente al mahometismo, constituían las tropas de élite del ejército islámico, y llenos de privilegios, que le asesinaron y el breve reinado de Mustafá IV, sería el sucesor de éste, Mahmoud II, quien dirigiría las reformas, creando con ayuda de militares británicos y prusianos, a un ejército moderno y exterminando a los Jenízaros, estableciendo el servicio militar y tropas permanentes profesionales en vez de las milicias feudales aportadas por Sultanes, Emires, Reyes y Jeques de todas las etnias y pueblos islámicos y no islámicos del Imperio. Pero las constantes derrotas militares y la pérdida de territorios a manos de Franceses y Británicos, la independencia de Grecia y la pérdida de los pueblos eslavos de los Balcanes independizados o absorbidos por los Austriacos, así como el endeudamiento público galopante, convenció a algunos militares jóvenes, formados precisamente en Alemania, Inglaterra o Francia, de que el Imperio necesitaba también adoptar un sistema político calcado de Europa Occidental.
Los Jóvenes Turcos, como fue conocido el partido político Comité Unión y Progreso, que era un grupo de generales educados en Inglaterra y Alemania, menores de 30 años al momento de su rebelión, en 1908, entre los que destacaban Ismail Enver Paschá, Mohamhed Talat Paschá, y Ahmed Cemal Paschá, así como Mustafá Kemal Paschá, derrocaron al Califa Abdul-Hamid II y colocaron en su lugar a Mohamhed V, reducido a un papel de monarca constitucional; implantando un parlamento y una carta magna, continuando con la adopción de vestimentas, tecnología y costumbres occidentales en la población, sin embargo, siendo fuertemente nacionalistas, colocaron a los árabes y demás semitas y otras etnias en un plano de subordinación y sometimiento al pueblo mongólico que se convirtió en la élite gobernante; además, no renunciaban al Islam, por el contrario, se lanzaron en una política de discriminación y exterminio de los pueblos cristianos y judíos del Imperio, enfocándose sobre todo en los Armenios y los Griegos de Asia Menor, provocando el terrible genocidio de 1915-1918. A la par, esto volvió a encender en Arabia la flama de la rebelión de los clanes nobles como los Haschemitas y los Saud, que sería apoyada por los Británicos en la persona de Thomas Edward Lawrence.
Al final, se consumó la derrota del Califato en la Primera Guerra Mundial, donde los Jóvenes Turcos habían alineado a la Khilafa del lado de Alemania, Austria-Hungría y Bulgaria, siendo estas últimas potencias, hasta pocos meses antes de 1914 sus mortales enemigos. Los aliados se repartieron los territorios del Imperio con arreglo al Acuerdo Sykes-Picot de 1916, en que se acordó que Irak pasaría a Gran Bretaña junto con emiratos del sur de la península arábiga, Siria y Líbano para Francia, y Palestina también para los Ingleses, a fin de permitir el asentamiento de colonos judíos para honrar el compromiso de la Declaración de Balfour, mientras que a los Turcos les dejaban solo una parte de Asia Menor, otra era entregada a los Armenios, ahora absorbidos por la Rusia Soviética y Grecia buscaba anexarse la Jonia.


El único líder de los Jóvenes Turcos que se mantuvo en el poder en ese momento, y con prestigio por su rango de héroe en la defensa de Galípoli, era Mustafá Kemal, (en la imagen) quien derrotó a los Griegos y rechazó a los Armenios y Bolcheviques en el este. Kemal, quien después sería apodado Atatürk, o "Padre de los Turcos" ya que se le consideró como el creador de una nacionalidad turca moderna diferenciada del resto de pueblos musulmanes; ya que, dueño del poder, proclamó la república, derrocando a Mohamhed VI a quien quitó el poder político: su título de Sultán (soberano, en árabe), y al sucesor de éste Abdul Mejid II, a quien dejó el carácter de Califa, para suprimirlo dos años después, en 1924 y exiliándolo.
Atatürk no era un personaje suave ni liberal, ni mucho menos demócrata. Participó en el Genocidio Armenio y nunca dejó de ser, en realidad, un auténtico musulmán. Sin embargo consideraba --de manera similar al emperador japonés Meiji-- que para que Turquía progresara y conservara su independencia, debía adoptar el modo de vida occidental y también su sistema político, sin embargo, había que meterlo con calzador: prohibió la vestimenta tradicional, como las túnicas y turbantes, o el sombrero fez, en los hombres, velos y vestidos largos para las mujeres, adoptó el alfabeto latino para escribir la lengua turca, prohibió el uso del árabe en la liturgia de las mezquitas para usar el turco, estableció el calendario cristiano gregoriano como calendario civil y pasó el día de descanso del viernes al domingo, todo claro, usando el gran garrote de la represión y las ejecuciones sumarias a los que se opusieran, igualmente levantó las prohibiciones al alcohol y estableció un sistema político basado en una constitución y una legislación basada en el Derecho alemán, quitando la aplicación de la Shari'a y decretando la igualdad entre el hombre y la mujer. Sin embargo, como dije, Kemal siempre fue un musulmán en el fondo y más cuando le convenía: era polígamo (cuatro esposas y concubinas, igual que los Califas a los que había derrocado) y se casaba y divorciaba o repudiaba a sus mujeres de acuerdo con la Shari'a, por ejemplo y aunque señalaba que el Estado era laico y con libertad de cultos, la situación de Cristianos y Judíos en Turquía no mejoró nada bajo su régimen; incluso, creó un ministerio de asuntos religiosos en el gobierno, que se ha mantenido ejercido por un clérigo islámico desde entonces.
También Kemal nunca comprendió que las instituciones occidentales respondían a una realidad y un desarrollo histórico diferente al del mundo islámico y que no podían ser implantadas por decreto; por ello, se dio cuenta que sus reformas sólo podrían sostenerse con una fuerza poderosa que lo garantizara respecto a las costumbres y tradiciones de los habitantes, sobre todo en las áreas rurales y ciudades pequeñas de Asia Menor: el ejército, quien aprobaría  a los partidos políticos y el desempeño de los políticos que ocupasen cargos públicos, para que, en caso de ser públicamente islamistas o tendientes a negar otra de las aspiraciones de Kemal: que Turquía fuese aceptada como una nación europea, --algo verdaderamente aberrante que solo exhibía los propios complejos de inferioridad del rubio y más eslavo que turco padre de los turcos, descendiente de Jenízaros-- para que el ejército diese un golpe de Estado y restaurase la ficción implantada por el gran líder.
El modelo de Kemal, denominado Kemalismo, inspiraría otros movimientos nacionalistas en Medio Oriente, como el caso de Egipto, donde los coroneles egipcios liderados por Gamal Abdel Nasser pretenderían esa misma occidentalización y modernización sostenida por los militares, o en Libia, donde Ghaddafi hizo lo propio, e Irak y Siria, donde los regímenes de Saddam Hussein y de los Assad padre e hijo, tienen mucha similitud con el de Kemal: aunque formalmente eran hasta cierto punto democráticos, en realidad eran dictaduras militares. Sin el sostén del ejército, derrotados por la intervención extranjera, como en Irak y Libia, el sistema se derrumbó, en otros, apenas sobrevive, como en Siria y Egipto, ante una realidad que muestra que en el fondo, los pueblos se han mantenido sin cambios desde la caída del Imperio Otomano, es más, desde la Edad Media, y que los esfuerzos de los dictadores Kemalistas, no fueron en realidad, más que un maquillaje de modernidad occidental sobre pueblos milenarios reacios a cambiar y sin haber pasado por la misma evolución que provocó tales cambios en nuestro hemisferio.
Simplemente un indicativo de ello era la cuestión de los derechos humanos, incluso retratada en forma brutal por Oliver Stone en Expreso de Media Noche, basada en un hecho real, donde se refleja que, detrás de la fachada "modernizada" de un régimen militar disfrazado de Democracia se esconde la misma ferocidad y crueldad exhibidas por el ISIS en la república de Atatürk.
2.- Erdogan y el fin del Kemalismo:
Tras esta reseña histórica, llegamos al momento que nos lleva a entender lo que está sucediendo en Turquía hoy en día. El país es miembro de la OTAN, dada su estratégica posición cercana a Rusia y el control que continúa ejerciendo sobre los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo que dan acceso al Mar Negro, por ello, Turquía tenía el segundo ejército más grande en número de efectivos de la organización, después de Francia, no solo por la posición ante la amenaza entonces soviética, sino por las rivalidades entre la república otomana y Grecia y otros países balcánicos que tienen abiertas con los turcos contenciosos desde hace medio milenio; pero también la amenaza interna del separatismo kurdo; pueblo irreductible con el que el régimen de los Jóvenes Turcos y su continuador Atatürk no pudo ni exterminar ni expulsar, pero también, para asegurar el control de la población y el mantenimiento del sistema laicista, pro-occidental y modernizador establecido por el legendario general.
Para el año 2000, sin embargo, Turquía aparentemente estaba muy lejos del islamismo militante: los jóvenes iban al antro, se bebía alcohol y las mujeres, sobre todo las más jóvenes, lucían ropas occidentales y costumbres de "mujeres liberadas"; sin embargo, en el fondo crecía una tendencia hacia el retorno de la identidad islámica de los turcos, ¿porqué? Aquí algunos factores:
  1. Pese a la promesa de modernización del régimen, 80 años de "democracia controlada" por el ejército y occidentalización no sacaban a Turquía del subdesarrollo, pues comparte con México el sótano de la OCDE en rubros como educación, desarrollo humano, salud y corrupción; en contraste, su mayor rival regional: Arabia Saudita, y otros países con regímenes fundamentalistas islámicos como Emiratos Arabes, Qatar y Kuwait, contaban con un desarrollo económico muy superior y con estándares de vida igualmente más elevados. Los turcos se dieron cuenta que el desarrollo no necesariamente depende de vestir jeans en vez de túnicas y togas y el liberalismo occidental.
  2. La nostalgia por el pasado imperial, ante el ascenso, dentro del mundo musulmán de sus rivales como Arabia e Irán, Turquía empezó a ver más reducida su influencia y su presencia en Oriente, mientras que no era aceptada como un país occidental; ante esto, y a sabiendas que tenía una mayor posibilidad de influir en el Medio Oriente, sobre países con los que compartía religión y numerosos rasgos culturales, que sobre Europa, es que empezó a revivir el espíritu del "otomanismo".
  3. La resurrección de una identidad túrquica que oponer a la árabe tras el desmembramiento de la URSS, Turquía buscó restaurar sus nexos étnicos con Turkmenistán, Kazakhstán, Uzbekistán y Kirguistán, en el Asia Central, cuyas poblaciones son de origen turcomano, lo mismo que poblaciones dispersas en Irán e Irak, los pueblos turcos así, pueden aparecer como otro de los grandes grupos de pueblos islámicos en oposición a los pueblos de lengua árabe y los iránios. Esto además, lleva a la línea de choque con Rusia, para quien sus ex-republicas islámicas centroasiáticas siguen siendo su área de influencia.
  4. La desilusión del sueño europeo que impactó sobre todo en los jóvenes, que perdieron las esperanzas de que Turquía entraría en la Unión Europea, aparte, la Guerra de los Balcanes revivió los recuerdos de la feroz dominación musulmana encabezada por los turcos en la región y sus secuelas. Por tanto, los Turcos se sintieron rechazados por Europa y esto provocó que se buscara rescatar la identidad propia en rechazo a lo europeo.
  5. Las diferencias entre las dos principales zonas urbanas: Estambul (Constantinopla) y Ankara con el resto del país, fundamentalmente el Asia Menor o Anatolia; en las zonas rurales y las ciudades pequeñas las reformas kemalistas nunca permearon del todo y conservaron viva la identidad turca y musulmana en contraste con el cosmopolitismo artificial de las dos capitales.
Ante estos factores, el triunfo del partido de Erdogan que manejó un discurso populista en que disfrazaba el islamismo detrás del nacionalismo turco, estaba cantado. Lo que nadie se esperaba era la facilidad con la que el Primer Ministro y después Presidente minaría las bases del régimen; demostrando la enorme fragilidad del mismo. Como un niño jugando Jenga y sin necesidad de golpes violentos --hasta ahora-- Erdogán fue desarmando el edificio construido por Kemal: primero se aseguró una mayoría absoluta en el parlamento, después, controló el Poder Judicial, posteriormente depuró a los altos mandos del ejército, sustituyéndolos por otros más favorables al islamismo. Después fue haciendo campaña por los medios a favor de que las mujeres recuperasen el uso del velo y aceptasen un papel secundario en la sociedad, volvió a permitir el uso litúrgico del árabe en el culto, asesinó a un obispo católico, volvió a identificar como enemigos a los armenios, lanzó una campaña para aplastar a los kurdos, y antes del sainete del viernes pasado, puso limitantes a la libertad de expresión y censura a la prensa, cerrando diarios y poniendo límites y vigilancia a las redes sociales. Mientras hacía todo esto, mantenía el culto cívico a Mustafá Kemal de dientes para afuera.
Entre tanto, a nivel internacional Erdogan empezó a jugar activamente, el mandatario turco demostró, por un lado, ser brillante y entender tan bien como su par ruso: Vladimir Putin, al Juego de Tronos geopolítico, pero también demostró ser mucho más siniestro: para no quedar atrás de Irán, se convirtió en un gran apoyo de la causa palestina y se confrontó con Israel, comenzó una política de chantaje a Europa en torno a la migración a cambio de ayudas económicas y acuerdos con el bloque, luego comenzó a ayudar descaradamente al ISIS y ha sido uno de los promotores de la oleada de refugiados musulmanes hacia Europa, atreviéndose incluso a provocar a Rusia con el derribo de un avión caza que participaba en el conflicto sirio a favor de Assad, con quien primero el turco trabó buenas relaciones, al ser regímenes "hermanos" para después decantarse por el apoyo a la oposición islamista. Igualmente, recibió de forma hipócrita al Papa Francisco I, de quien recibió elogios y halagos fiel a su pragmatismo, para luego tronar contra él por su denuncia del genocidio armenio de hace 100 años.
¿Qué pasó el viernes? Para empezar, Erdogan acaba de matar lo que quedaba del sistema kemalista. El primero en su tipo, fue el último en morir, al parecer, se trató de un autogolpe que promovió el propio Erdogan de forma magistral --el hecho de que sea un sujeto perverso no le quita lo brillante-- al parecer difundió informaciones falsas y rumores entre los militares respecto a una presunta debilidad del régimen o de que el mismo no contaba con apoyo entre el pueblo y la mayoría de la milicia, con lo que animó a los sectores dentro del instituto armado más leales a las ideas de Atatürk a alzarse en armas contra su gobierno; sin embargo, esto ha demostrado al mundo que Erdogan cuenta con el apoyo mayoritario de la población, incluso en Ankara y Estambul las multitudes salieron a las calles, en una versión propia de la Primavera Arabe, a detener a los golpistas. Hubo combates y heridos, y muchos de los soldados rebeldes, detenidos por los ciudadanos, fueron linchados por estos que se comportaron como militantes del ISIS.
Una semana después, parece que Erdogan tiene planeado hacer una purga de dimensiones genocidas ante el más que probable restablecimiento de la pena de muerte: se habla de 50,000 detenidos, entre jefes militares, gobernadores provinciales, agentes policiales, elementos de tropa, profesores y académicos, periodistas y civiles en general, acusados de simpatizar con el golpe y, --con descaro-- ser enemigos de la "Democracia" y los "derechos humanos". De golpe, terminó con la independencia de la que todavía gozaba el ejército y con su papel de garante del sistema laico y pro-occidental. A partir de ahora, Erdogan prácticamente podrá reconstituir al Estado a voluntad, tras esto que podemos calificar, fue su "incendio del Reichstag" o como algunos lo han calificado, de "su 23-F", recordando el sospechoso intento de golpe de Estado del general Tejero en España en 1981 que sirvió para que Juan Carlos I legitimara su trono, cuestionado tras la transición por su carácter de sucesor de Franco y legitimara, con ello, a toda la Democracia Española surgida de la Constitución de 1978. En un caso con más similitudes aún, la situación parece a la de Venezuela tras la intentona golpista de 2004 que fracasó, misma que sirvió a Hugo Chávez para prácticamente desmembrar a la oposición, adquirir plenos poderes y a partir del cual un oscuro chófer convertido en agente de seguridad del Coronel, Nicolás Maduro, comenzó su ascenso.
Pero, a nivel exterior es donde Erdogan está jugando algo muy peligroso, en que cualquier paso en falso puede desatar consecuencias insospechadas y letales para todo el planeta. Como hemos dicho, Erdogan primero provocó a Moscú con su auxilio descarado al ISIS y el derribo de un avión caza ruso, ahora de repente, parecía que buscaba la reconciliación, cuando se da el golpe. Ahora, el mandatario otomano echa la culpa del mismo a un clérigo fundamentalista de nombre Fathullah Gülen que se encuentra exiliado en EUA, y también acusa a los servicios de inteligencia norteamericanos de apoyar a este sujeto en los preparativos del golpe por los intentos conciliadores de Erdogan hacia Putin.
Ante la perspectiva de un Erdogan desatado, que conducirá a Turquía a su completa reislamización y que ahora luce buscando la alianza con Rusia, es probable que se de su expulsión de la OTAN, algo que es riesgosísimo para Occidente, pues tendrá a las puertas de una zona de riesgo como los Balcanes a un enemigo fuerte que tras de sí tendrá a toda la multitud de "refugiados" entrando al Viejo Continente. Por otro lado, esto muestra el enorme pragmatismo de Putin que los "Tradilocos" no quieren ver: el peterburgués más que defensor de la Cristiandad es defensor de los intereses de Rusia y puede en ello, llegar a aliarse al Islam, incluso al mismísimo Abu Bakr II o a través de uno de sus principales valedores como es Erdogan, aunque quizá el ruso sabe bien que no puede fiarse de un tipo como el turco que trae consigo una agenda propia destinada a favor de Turquía y del Islam... ¿acaso el otomano pretende "amarrar navajas" y generar un conflicto entre la OTAN y Rusia, que termine por generar un río revuelto del que nazca, como ganancia de pescadores, el nuevo califato?
Por lo pronto, hay 14 barcos de la armada turca perdidos... nadie sabe donde están ni lo que van a hacer, salvo quizá la mente maquiavélica de Erdogan, y esto, es de temer, para temblar...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Como no colocó el artículo sobre Moloch en esta página le pongo aquí el enlace a éste perturbador video filmado en Suiza:



Ceremonia Luciferina en la Inauguración del Túnel de San Gotardo

https://www.youtube.com/watch?v=iqltRuQbs1k