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24 de julio de 2016

MOLOCH

Hace unos 2,200 años, la República Romana se enfrentaba ante la situación de mayor peligro de su Historia: la invasión a Italia de parte del ejército de mercenarios encabezado por el General Cartaginés Aníbal Barca, y quien tras haber cruzado media Europa Occidental proveniente de Hispania, atravesando tanto a los Pirineos como a los Alpes, había llegado a la península conduciendo a un abigarrado conjunto de pueblos enemigos de los antiguos Latinos: Íberos, Celtíberos, Galos y por supuesto Púnicos o Fenicios, quienes, procedentes de Tiro en el Líbano, habían fundado, desde el siglo XI a.C., la ciudad de Qart Hadasch, latinizada como Cartago, que se había convertido en la gran potencia marítima del Mediterráneo Occidental continuando con la tradición naviera de sus antepasados; ante el previsible ocaso de los Griegos, sumergidos en las grandes guerras entre las Monarquías Helenísticas sucesoras de Alejandro Magno, quedaba claro que el trono del mundo sería o para los Romanos, o para los Fenicios cartagineses, quienes se habían convertido también en un enorme poder militar, aunque sustentado en contingentes de mercenarios, pero comandados por una elite de guerreros púnicos que habían adoptado la estrategia y la táctica griegas.
Para los Romanos, la lucha contra Cartago no era solo cuestión de mantener su supervivencia, sino también se convirtió en una lucha entre el bien y el mal; ya que la propaganda en la urbe de las Siete Colinas comenzó a ir dirigida en el sentido de que los púnicos eran ciertamente salvajes, más que bárbaros, y aún tras haberles derrotado en dos guerras, posterior al fin de Aníbal, probablemente el enemigo más temible que tuvo Roma en su Historia, el Censor Catón el Grande terminaba siempre sus arengas con la frase Delenda Carthago!, es decir "¡debemos destruir Cartago!", no solo porque la ciudad norafricana se había repuesto de la derrota y amenazaba nuevamente con reducir al comercio romano en el Mediterráneo o a volver a ser una potencia militar rival, sino porque la misma existencia de ella era algo así como dejar vivir a la raíz del mal mismo.
¿Qué repugnaba tanto a los Romanos de los Cartagineses? Curiosamente, lo mismo que hace que las páginas del Antiguo Testamento estén llenas de diatribas de los Profetas Judíos en contra de los enemigos Cananeos de Israel y la influencia de los demás pueblos Semitas --hoy genéricamente englobados bajo el gentilicio de "Árabes"-- de Israel: su religión. El culto de los antiguos pueblos del Medio Oriente se sustentaba en divinidades astronómicas y de la fertilidad (de ahí que el monoteísmo Judío en torno a Yahvé sea tan discordante y ajeno al entorno en el que se desarrolló y, esto, para los que somos creyentes sea prueba misma de su origen revelado). Deidades solares como Marduk, de la flora y la agricultura como Astarté, del caos primigenio como la dragona Tiamat y su esposo, el demonio Kingu, de quien  provino el coágulo de sangre del que fue creado el ser humano (mito que pervive en el Corán), el dios de la realeza: Shamash... para referirse a todos estos númenes, se les invocaba con el título de "Baal", que quiere decir "amo" o "señor"; el principal de todos, el Padre de todos los dioses semitas, era conocido como Baal-El, pero también se contaba con el "Señor de las Moscas", dios de la muerte: Baal-Tzebub o Belcebú, y en diferentes regiones, además, se contaba con dioses particulares, como en Emesa, el meteoro negro caído del cielo (como la piedra negra de La Meca) y adorado como representación misma de El-Aga-Baal, del que fuera devoto después el Emperador Severo Heliogábalo, a inicios del siglo III.
Entre los Fencios, Cananeos y Amorreos, vecinos de los Hebreos, se contaba así con un Baal muy particular y cuyo culto llenaba de horror, más que el extravagante, y aceptable para los itálicos, dirigido a las otras deidades: Moloch; representado como una figura antropomorfa sentada en un trono y con cabeza de toro, a este dios que representaba al fuego, la fuerza primigenia y la fertilidad masculina encarnada en el bóvido, se le rendía un culto horrendo: el sacrificio humano de bebés recién nacidos o con pocas semanas, que además eran muertos de  forma por demás espantosa: la estatua de Moloch era generalmente de bronce, y se le encendía un fuego en su interior que se avivaba hasta que la escultura estuviese al rojo vivo, entonces, el niño era colocado en los brazos del ídolo,  en otros casos, era introducido en sus fauces, muriendo incinerado lenta y dolorosamente. Los gritos y llantos del bebé eran tapados por la estridente música y cantos que se entonaba por la concurrencia, que además danzaba, entregada a un culto orgiástico.
Bien sabemos que los Romanos no eran precisamente humanitarios y delicados; incluso, es sabido que en los misterios dedicados a Artemisa/Diana en Éfeso, y recordando el sacrificio hecho por Agamenón de su hija Ifigenia para pedir vientos favorables hacia Troya, se llegaban a hacer sacrificios humanos y que los combates de gladiadores tenían también un sentido religioso, o que al terminar las ceremonias triunfales, los jefes de los vencidos eran ejecutados en el templo de Marte Vengador, lo que era una especie de sacrificio del enemigo cautivo al dios de la guerra, pero nada de eso se comparaba a la muerte tan cruel que se daba a un inocente como un niño recién nacido; muchas veces hijo del oferente del sacrificio: cuando las legiones romanas sitiaban Cartago hacia el desenlace de la III Guerra Púnica, los guerreros romanos contemplaron espantados ante la desesperación y lo que no dudaron de calificar como perversidad, de los líderes púnicos sacrificando a sus hijos pequeños a Moloch para pedir la victoria sobre sus acérrimos enemigos. Esto solo reafirmó en ellos la convicción de que debían destruir por completo a aquel pueblo que era capaz de matar a sus propios hijos en las aras de una deidad siniestra, a la que identificaron con Cronos/Saturno, devorador de sus propios hijos.
El culto a Moloch, junto al de Baal, sin embargo sobrevivirían en Líbano y Siria, pero poco a poco fue abandonado ante la romanización; su supresión definitiva se dio con la caída de Palmira ante el Emperador Aureliano, en la segunda mitad del siglo III, quien la primera orden que dio fue destruir el templo de Baal como símbolo de abominación, cuyo imponente arco central se ha mantenido en pie hasta que el ISIS lo dinamitó en un atentado contra la Historia y la cultura, sin olvidar que Alá, el dios de los musulmanes, no es otro que Baal-El maquillado en un monoteísmo evolucionado del paganismo original.
 Si Elías y Escipión, con unos 600 años de distancia entre ellos coincidieron en la implícita maldad del culto a tal ídolo, es por el terrible impacto que tenía la celebración de la muerte de niños inocentes dados en sacrificio, lo que llevó también a que los profetas del Antiguo Testamento, y posteriormente, los Padres de la Iglesia, no dudasen en identificar a Baal y a Moloch, entre otros, como verdaderos demonios y no seres ficticios o legendarios producto de la especulación religiosa de pueblos primitivos, de simbolizar a las fuerzas naturales o de divinización de héroes del pasado como ocurría con los Grecolatinos.
Toda esta Historia viene a cuento por que, hace unas semanas, entre las revelaciones hechas por Wikileaks de las comunicaciones realizadas por Hillary Clinton como Secretaria de Estado del Gobierno de EUA, no a través de un servidor oficial encriptado, sino por conducto de un proveedor particular, lo que constituiría en sí una violación gravísima que debería llevarle a enfrentar responsabilidades y a quedar fuera de la carrera presidencial, se filtró un correo electrónico en el que habla de hacer un sacrificio a Moloch...
Veamos el texto causante de la polémica:
"With fingers crossed, the old rabbit's foot out of the box in the attic, I will be sacrificing a chicken in the backyard to Moloch . . ."
El texto alude a diferentes prácticas o acciones de cábala o que supuestamente traen buena suerte: cruzar los dedos, lo que en México coloquialmente llamamos "hacer changuitos", sacar la pata de conejo que estaba guardada en una caja en el ático, y después, sacrificar, en el patio trasero, un pollo al dios fenicio. Esto dentro de una conversación vía correo electrónico en torno a la postura a asumir sobre el intento de golpe de Estado por el Presidente de Honduras Manuel Zelaya  con el que quiso entrar al "Eje Bolivariano" y, a través del populismo, perpetuarse en el poder como lo habían logrado ya para entonces, en el año 2009, Hugo Chávez y Evo Morales; lo cual fue desactivado por las propias instancias hondureñas, como el Poder Judicial, la Legislatura y el Ejército, que se negaron a secundar al rico terrateniente devenido en mesías de los pobres, en su aventura autoritaria.
No nos debe extrañar, por otro lado, este tipo de prácticas entre los políticos. Estos son una especie altamente supersticiosa debido a las enormes presiones, responsabilidades y ambiciones que se abaten sobre ellos o despliegan, y viene desde muy antiguo el que sigan determinadas creencias mágicas --no solo religiosas-- para procurarse la buena fortuna, sea el éxito en sus disposiciones, sea la victoria en la guerra sobre sus enemigos o la destrucción de aquellos que les envidien y deseen arrebatar el poder. La misma Biblia que nos trae testimonios de primera mano de la Antigüedad, desde la Edad de Bronce así nos habla de cómo los reyes babilonios acudían a adivinos y astrólogos, en la Mitología Griega y en la Historia Romana conocemos la importancia del Oráculo de Delfos, la consulta a los auríspices que examinaban las entrañas de las víctimas de sacrificio o que pretendían saber el futuro acorde al vuelo de aves, el propio Saul, Rey de Israel, incurrió en pecado al demostrar poca fe en Dios al acudir a una adivina cananea y preguntarle por el futuro.
El propio Napoleón tuvo en nómina a Mademoiselle LeNormand, una tarotista, y se dice que Ronald Reagan, o más bien su esposa Nancy, contaba en su staff con una astróloga. Pero ha habido quienes se han atrevido a más; si desde 1776 tenemos que EUA ha sido gobernada por miembros de las más diferentes sectas o logias de la Masonería, sean del Rito Yorkino, o del Rito Escocés, o Rosacruces, o miembros de la Skull and Bones Society y de la más tenebrosa, y ligada por los conspiracionistas al culto a Moloch, la sociedad llamada Club Bohemia, Bohemian Groove. De igual forma, ocultistas o satanistas como Alistair Crowley estuvieron al servicio de gobiernos y grupos --se dice que un Churchill desesperado durante la oleada de bombardeos del "blitz" se hizo cliente de este último, quien le "vendió" la idea de hacer con los dedos la "V" de la victoria para atraerla y elevar la moral del pueblo británico, aunque Crowley, previamente, parece que tuvo que ver con los grupos esotéricos detrás del Nazismo.-- Y detrás de los Nacionalsocialistas alemanes hubo mucha influencia de grupos deseosos de restaurar el paganismo nórdico. Las SS, por ejemplo, se estructuraron por Himmler como una verdadera secta religiosa en torno a ello.
Sin embargo, hablar de Moloch no es poca cosa y no cuadra con las otras supersticiones de las que habla en el mail que, se puede decir que son inocentes; en cuanto al sacrificio de un pollo, es sabido que en la brujería tradicional se sacrifican gallinas o pollos de plumaje negro a deidades paganas o de plano, a demonios.
Esto nos puede indicar, efectivamente, la vinculación de la Clinton con algún grupo ocultista o su creencia personal en hechicerías y neopaganismos; lo cual no resulta tan inócuo como podría parecer. Si la Clinton es abanderada de toda la tendencia que existe desde la década de los 90 de la hipersexualización de la vida humana como parte de la "Ideología de Género" de la que es principal representante, y a la vez, una gran impulsora del aborto a nivel mundial... ¿no estamos ante una búsqueda de implantar la doctrina o acciones que recuerdan al culto fenicio en nuestros días? ¿No es el aborto una práctica tendiente también a la muerte del inocente, ya no en un ídolo-horno-altar de bronce, sino en el aséptico ambiente de un quirófano, pero igualmente asesinado al ser quemado en una solución ácida y no en llamas?
Se habla de la vinculación de la clase política norteamericana --incluyendo al matrimonio Clinton, pero también a los Bush, hoy por hoy las familias en el poder más importantes de EUA-- al llamado Club Bohemia, y que anualmente celebran reuniones que incluyen sacrificios y orgías. Esta agrupación tiene su lugar de reunión y culto al norte de San Francisco, en el estado de California, destacando un enorme altar con una silueta de un búho hecha de concreto para parecer una formación rocosa, y hasta eso, se ha logrado sacar de ellas imágenes o testimonios de gente que, evadiendo la seguridad, ha logrado llegar al punto; aquí algunas imágenes que circulan en Internet:
 
La ceremonia arriba representada es la "quema de las preocupaciones" una especie de parodia donde los "sacerdotes" del club queman a un muñeco que simboliza las preocupaciones que los importantes personajes que son miembros del club quieren abandonar al entrar. Al club solo pueden pertenecer hombres, aunque ha habido algunas mujeres con carácter honorario, por cierto, y se habla que así como se llevan a cabo conferencias sobre temas de actualidad --algo similar a las reuniones del Club Bilelberg-- y actividades recreativas como representaciones teatrales y musicales, también se dan orgías de carácter homosexual... quizá sea más leyenda que realidad; como, por ejemplo, y como decíamos líneas arriba, se dice que este club es un culto alrededor de Moloch; sin embargo, y pese a lo que dicen los conspiranóicos, no existe en la iconografía antigua dato alguno que lleve a concluir que el búho es representación de Moloch, quien más bien, era representado como el toro o famoso "becerro de oro". El búho en cambio, es representación de la diosa grecorromana Palas Atenea/Minerva, representando la sabiduría; por otro lado, la ceremonia más bien tiene un carácter paródico antes que de sacrificio real, aunque por las imágenes, no deja de ser impactante, pero es, antes que nada, una puesta en escena.
Eso no quita que, al igual que el caso del Bildelberg, las reuniones del club Bohemia no tengan importancia o trascendencia en la toma de decisiones por la clase política y empresarial de nuestro vecino del norte y que lo que ahí se hable no llegue a tener repercusiones mundiales; por supuesto, siempre se ha dicho que las decisiones importantes no se toman en las oficinas, sino en ambientes más informales y relajados. Al escritorio se llega ya todo previamente consensado y acordado.
Y de cualquier modo, la revelación hecha por la Clinton sobre sus supersticiones nos lleva a pensar ¿de qué forma las creencias particulares del político nos influyen como sociedad? ¿los valores o principios en los que haya sido formado o vicios y prejuicios que tenga? ¿Qué se puede esperar de alguien que sacrifique al menos pollos a un dios de culto siniestro del antiguo Medio Oriente, detestado y rechazado como inhumano desde aquellos tiempos?
Y volvemos a preguntarnos: ¿en manos de quiénes estamos?

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