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6 de septiembre de 2008

MUGRE-G


Perdonarán aquellos que estudien o sean egresados de la Universidad de Guadalajara el despectivo título de este post, pero tras haber visto el escandaloso conflicto suscitado en esta casa de estudios en las semanas pasadas, no cabe más que concluir que efectivamente, existe mucha mugre, no solo en esa institución educativa, sino en muchas de las universidades públicas.

No soy egresado de la UDG, ni tampoco imparto clases en dicha casa de estudios, sin embargo, sí soy un contribuyente y como tal, estoy interesado en saber qué ocurre con mis impuestos, ya que de los mismos se sostiene el sistema de educación pública, incluyendo por supuesto, las universidades que son parte del Estado, por lo que me interesa que el destino de los recursos que aporto sea especificamente aquel que la Ley establece y no para financiar el enriquecimiento de alguna persona o carreras políticas o frivolidades; sin embargo, mucho me temo que gran parte de los recursos que se destinan a las Universidades públicas en general en nuestro país van destinados no a la preparación de profesionales capaces de competir en el mundo de hoy, a proyectos de investigación científica y tecnológica, o a facilitar el acceso a la educación superior a personas de bajos recursos, sino a fines bien distintos y ahí está la clave que nos explica conflictos tan vergonzosos como el que hemos presenciado.
Pero, en fin, las Universidades públicas, hay que decirlo, junto con todo nuestro sistema educativo y graaan, pero graaan parte de nuestras instituciones no están destinadas realmente al fin para el que fueron creadas sino para una finalidad política. (El campo es un claro ejemplo de ello). Desde 1917 en que nuestros constituyentes decidieron redactar, en vez de una verdadera Ley Constitucional un manifiesto político cargado de eslógans y buenas intenciones con qué poner fin a la lucha revolucionaria, buscando contentar a campesinos, obreros y uno que otro socialista entre otras de las fuerzas desatadas por Madero en su lucha contra la dictadura Porfiriana, el Estado Mexicano se tuvo que enfrentar al reto de, por un lado, construir un sistema educativo que contribuyera a sacar del atraso a un país en que la inmensa mayoría de la población era analfabeta, y por otro, que efectivamente como lo dice el artículo tercero constitucional fuera laico y GRATUITO destinado para todos los mexicanos, lo que es ante todo, una tarea titánica, por no decir imposible.
En el caso de la educación superior el reto era mayor todavía, puesto que el sistema de instituciones universitarias había sido dinamitado prácticamente en 1833 por Valentín Gómez Farías en su famosa "prerreforma", y apenas unos años antes, (1910) a iniciativa de Don Justo Sierra se había fundado una Universidad en la Ciudad de México, es decir, había nacido la UNAM.
El Reino de México, dentro del Virreinato de la Nueva España había sido el primero en América en contar, desde el siglo XVI, con una institución de educación superior similar a las europeas, como fue la Real y Pontificia Universidad de México, a la que siguieron otras instituciones educativas de carácter superior que surgieron en el Virreinato, como el Colegio de San Nicolás en Valladolid (hoy Morelia) y otras más, en Mérida y Oaxaca, incluso, instituciones como el Imperial Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, dieron cabida a los indígenas, al menos a los nobles, que así pudieron acceder a la cultura y ciencia europeas, y que fueron fundadas casi todas por órdenes religiosas o por iniciativa de los obispos, como fue el caso de la Real y Literaria Universidad de Guadalajara, fundada a fines del siglo XVIII por iniciativa del heróico Obispo Fray Antonio Alcalde. Sin embargo, Gómez Farías y sus hermanos, los "albañiles cósmicos" (pronto hablaré de ellos en un post) decidieron que por lo mismo las universidades eran un bastión del clericalismo y las suprimieron, lo cual no fue más que una aberración que destruyó por completo el sistema educativo mexicano de arriba a abajo.
No hay explicación por qué los liberales decidieron llegar a este extremo por demás estúpido, después de todo, en países que vivieron procesos similares de secularización como Francia o España, no se llegó a la supresión de las universidades, sino que el control de las mismas pasó de la Iglesia o de las órdenes religiosas al Estado y/o a patronatos de académicos; la solución que pretendieron dar, mediante la creación de las Escuelas Nacionales de Medicina o Jurisprudencia, o los Institutos de Ciencias y Artes en los estados no provocaron más que la fragmentación del sistema y un descenso en la calidad inmenso.
Tras el proceso revolucionario se formaron las Universidades actuales, y resulta irónico cómo las universidades de hoy en día pretenden enraizar, cuando les conviene, sus orígenes en las instituciones educativas coloniales, así, para efectos de prestigio internacional, la UNAM dice ser la misma que la Real y Pontificia de 1551, lo mismo que la UDG pretende ser la misma que fundara el "fraile de la calavera" y aparecen ostentándose en rankings internacionales con las fechas de fundación en aquellas épocas, con lo que pretenden realmente hacerse de un prestigio y una historia que no es la suya. La UNAM nace en 1910, y la UDG, en 1925.
Esto es parte de la propaganda política que hay detrás, que, como Macario Schettino y en una abundante literatura acerca de la historia de las universidades públicas en el siglo XX dicen, de la utilización del sistema educativo mexicano como legitimador del régimen surgido de la Revolución: éste, debía demostrar continuidad, y por tanto, las universidades creadas tras este movimiento eran las mismas del pasado.
Pero además, las universidades se convirtieron en un jugoso botín y un excelente trampolín para las aspiraciones políticas. Al ser gratuitas o cobrar cuotas de recuperación irrisorias a los alumnos, dependen del presupuesto que les proporciona el Estado, del que, además, con el pretexto de las autonomías universitarias, no rinden cuentas, por otro lado, tienen el pretexto para crear "empresas universitarias" para obtener financiamiento, y de ahí los espectáculos, ferias y exposiciones que organiza a fin de conseguir recursos sin pedírselos a los estudiantes. Por otro lado, ser rector implica tener el control sobre una estructura gigantesca, tener en nómina a muchos académicos prestigiados o tenerla a disposición para premiar o castigar a quien se requiera y que decir de cientos o miles de alumnos.
Y eso es lo que sucede aquí en el caso de la UDG. El sr. Padilla sin duda libró a esta universidad de los Ramírez Ladewing, quienes habían utilizado a la universidad para su enriquecimiento y como vehículo político en contra de Guadalupe Zuno y su familia, quien no solo fuera fundador de la Universidad en los años 20, sino también perseguidor religioso, y en una muestra de los vuelcos de la Historia y también del lamentable pragmatismo de algunas de nuestras autoridades eclesiásticas, prestanombres de los Hermanos Maristas, además de fundador del crimen organizado en Jalisco. Los años 70 son recordados por la violencia vivida en las calles de Guadalajara por la guerra abierta entre los grupos político-criminales que luchaban por el control del botín presupuestal de la universidad.
Padilla cambió esto, logró, al menos en apariencia, convertir a una universidad utilizada como campo de batalla en una verdadera casa de estudios, le dio presencia internacional y devolvió la confianza de los patrones a contratar a los egresados de la Universidad, que vio elevar en muchos casos la calidad educativa de sus programas.
Sin embargo, Padilla no escapó al caudillismo, esa tendencia política de la que hablábamos en el post anterior y que nos ha acompañado desde la Independencia. La UDG le permitió tener contacto con personalidades de la política de los tres partidos políticos más importantes en Jalisco, presencia mediática y control sobre periodistas y medios, más tras la apertura de la Licenciatura en Periodismo hace no mucho, pero también por las notas aportadas por la universidad a la prensa, funcionarios del gobierno fueron cooptados con la nómina de la y se les ofrecieron puestos dentro de ella y jugosos sueldos sin necesidad de que dieran clases o desempeñaran labor alguna. Sistemas de becas y estímulos, cursos en el extranjero y aumentos salariales sirvieron para premiar fidelidades, la sociedad de alumnos permitió formar cuadros y que alumnos brillantes pasaran a engrosar las filas de la burocracia universitaria, estructurada en forma feudal y jerárquica que culminaba en el emperador-rector. El nepotismo además, se hizo la regla común.
Pretextando la autonomía universitaria, no se permitió hacer auditorías al gasto de la institución, y resulta sorprendente que pese a las ganancias extraordinarias como son los espectáculos organizados en teatros y auditorios como el Telmex o el Diana, cuya operación y concesiones no han quedado claras, no se cuente con recursos para dotar a todos los salones de plumones y borradores en los pizarrones o de pupitres nuevos, o de hojas de papel para realizar exámenes, ni para asear y reparar los baños de algunas facultades.
Padilla ha seguido controlando la UDG a pesar de haber dejado la rectoría hace ya tiempo, y me atrevo a decir que se encuentra controlando todo el estado, más después del escándalo presentado. Después de todo, aparece ahora como el héroe de la autonomía universitaria ante un Carlos Briseño que pretendió hacerle lo que él hizo con Alvaro Ramírez Ladewing, traicionándolo para quedar en su lugar. Además, era obvia la alianza entre Briseño y el desprestigiado y débil gobernador Emilio González para eliminar a Padilla y su cacicazgo.
No lo lograron: al igual que Saaakashvili, el presidente georgiano, subestimaron al oponente: pensaron que tendrían de su parte a los empresarios y a gran parte de la comunidad académica y a los medios, mas, para cuando se dieron cuenta que los empresarios se hicieron a un lado ante el conflicto, que gran parte de la comunidad académica defendió al "hombre fuerte" y que los medios se alinearon de inmediato con éste, así como que políticos de todos los partidos se echaron encima del rector, era demasiado tarde para retroceder y el desastre fue completo. Un poder judicial federal de oscuros vericuetos terminó por ayudar y la destitución de Briseño fue inevitable e irrevocable. El Gobierno, tuvo que reconocer al nuevo pelele y quedar reducido al mayor de los ridículos y a ejercer una autoridad simbólica bajo el "hombre fuerte".
Estamos, ante el resurgimiento de los cacicazgos, como hemos dicho en el post anterior: la Democracia sólo ha traído el debilitamiento del Estado mexicano y un vacío de poder que es llenado por los poderes fácticos u otras instituciones, en Jalisco, mucho de la preeminencia que se achaca al Cardenal Sandoval se produce también porque, como en la decadencia del Imperio Romano ante la ausencia de autoridad civil, se da la natural tendencia a acudir a la autoridad religiosa como nuevo vehículo que dote de sentido a la sociedad, como diría el internacionalista turco Zaki Laïdi, o como ahora, el hombre que controle la institución o estructura más grande después del Estado como es la UDG, se convierte en el verdadero gobernante.
Las universidades públicas deben cambiar para transformarse en reales instituciones educativas, en primer lugar, deben olvidarse del mito de la gratuidad de la educación, que eleva el gasto público y convierte el presupuesto en botín en manos de quien dirija a la institución, permite la estancia en la institución de cualquier alumno que no sea de excelencia, de fósiles y porros y mantiene el atraso educativo. Una cuota de recuperación realista, combinado con formas de financiamiento alternas y rendición de cuentas permitiría un manejo más eficiente de los recursos.
La vinculación del sector productivo con las universidades permitiría el desarrollo de verdaderos centros e institutos de investigación, en forma similar a lo que sucede en EUA, Europa y Asia, y no en lo que son hoy, refugio de políticos en desgracia que son investigadores que no investigan pero sí cobran. La formación de una nueva forma de gobierno de las universidades, con patronatos y la intervención de elementos empresariales y de la sociedad civil, así como la intervención del gobierno, que sí deberá continuar aportando cierto subsidio y becas y estímulos a los estudiantes de bajos recursos que demuestren excelencia, sería un paso ecelente hacia la conversión de las universidades públicas en verdaderos centros educativos y no en instrumentos políticos, partidistas e ideológicos como lo son hoy, y en ello, está la clave para el desarrollo de nuestro país.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

MIRA PRIMERO ENSEÑATE A ESCRIBIR BIEN DIGO SI NO ESTUDIASTE EN LA MUGRE G ES POR NULIDAD DE MATERIA GRIS QUE NO TE DEJA DESARROLLAR TU PSICOMOTRICIDAD INTELECTUAL DE TU PERSONA FISICA PERO ES TRIZTE QUE HAYAS ESCRITO ESTE ARTICULO QUE EN VERDAD NO SIRVE PARA NADA. CON MUCHO RESPETO. SALUDOS.

YORCH dijo...

Bueno, en aras de la libertad de expresión se publica el comentario de este anónimo, sin embargo, hubiera sido mejor ver una defensa de la UDG o de la política interna de esa institución mediante argumentos razonados y no mediante insultos aunque hayan sido dichos con mucho respeto... creo que con ello se confirma lo publicado, que responde a mi opinión, y que lamentable que la persona que lo escribió no tenga razonamientos para rebatirme.