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18 de noviembre de 2010

EL PRINCIPE GUILLERMO...¿EL RETORNO DEL REY?

 

Para un país como el Reino Unido, sumido en una crisis con diversas aristas o que se desarrolla en diversos aspectos, la noticia del próximo matrimonio del Príncipe Guillermo de Windsor y Spencer llena de esperanza sobre una próxima renovación para un sistema político avejentado que se mantiene casi sin cambios desde el siglo XVIII y que hace unos 10 años empezó a mostrar señales de evidente agotamiento y de crisis de legitimidad o aceptación por el pueblo, precisamente al darse la muerte de la madre del mencionado heredero a la corona británica, la famosa Princesa Diana de Gales.

La dinastía Hannover llegó a Inglaterra al iniciar el siglo XVIII procedente del norte de Alemania; resulta curioso, pero ni Inglaterra ni España han sido gobernadas, la mayor parte de su Historia como Estados-Nación por dinastías nativas; en el caso de nuestra madre patria, la última dinastía nativa fue la Trastámara que a partir del siglo XIV reinó dividida en dos ramas diferentes sobre Castilla y Aragón, extinta con la muerte de Juan, hijo de los Reyes Católicos, que hizo que el heredero de la corona recién unificada fuese Carlos V, hijo de la hija de los monarcas íberos: Juana "la Loca" y el nieto del Emperador Alemán Maximiliano I de Habsburgo: Felipe "el Hermoso"con lo que el trono de San Fernando pasaría primero a una familia alemana que, curiosamente, se convirtió en el emblema de la hispanidad y bajo su mando la cultura, el arte, la ciencia y el poder militar español estuvo en su apogeo y después, al extinguirse dicha familia, entraron los franceses Borbón, que continúan reinando sobre España y sobre los que ya traté en su momento.

En el caso de la "pérfida Albión" como se hizo conocida por su política astuta y su promoción de la piratería durante los siglos XVI a XVIII, y si tomamos como base la creación definitiva del "Reino de Inglaterra" en 1066 por el normando Guillermo "el Conquistador", sólo ha gobernado una dinastía plenamente anglosajona, y que incluso contaba con raíces indígenas celtas: los Tudor, como ya también lo señalé en otro post, puede señalarse a los Stuart o Estuardo también como otra dinastía nativa, incluso más que los Tudor, pues eran los reyes de la céltica Escocia, mas debemos recordar que en ese momento, ambos países conformaban entidades completamente distintas y los Estuardo llegaron como extranjeros, trataron de imponerse y establecer un absolutismo ajeno a la tradición constitucional inglesa originada con Juan "Sin Tierra" en el siglo XIII y finalmente fueron derrocados, con la Revolución de 1648, la decapitación de Carlos I y la efímera dictadura de Cromwell y después la "Revolución Gloriosa" que destronó al menor de los hijos del monarca ejecutado: Jacobo II a finales de aquel siglo.

Tras el breve reinado compartido entre Guillermo IV de Orange y la reina Ana Estuardo, hija del derrocado Jacobo, llegaron los Hannover, que gobernaban uno de los pequeños principados alemanes resultado de la fragmentación definitiva del Sacro Imperio Romano-Germánico tras la Reforma Protestante. Como descendían del matrimonio de una de las hijas de Jacobo I Estuardo, Rey de Escocia e Inglaterra, a la muerte de Guillermo de Orange y de Ana Estuardo, y al haber cambiado de la fe protestante a la católica los descendientes de esta familia escocesa, siendo ésta una de las causas de la rebelión contra Jacobo II (recuérdese la entrada en que hablábamos que el anticatolicismo es parte de la identidad nacional británica, o fue un factor importante en su formación y si no, pregúntenle al "Chicharito" Hernández sobre las amenazas recibidas por causa de su religiosidad de parte del equipo, de afición protestante Rangers de Glasgow, Escocia, lo que habla mucho de la tolerancia religiosa que se practica en un país en que supuestamente se luchó a favor de ella por parte de Enrique VIII e Isabel I, claro, no se atreverían a hacer lo mismo con Mesut Özil, el turco-alemán que milita en el Real Madrid y que agradece a Alá los goles, porque me temo que los amenazados serían otros), se llamó al trono a la dinastía alemana, por tener el parentezco más cercano con los reyes anteriores y ser Luteranos, y por tanto, estar legitimados para reinar.

Previo a asumir el trono, los Hannover, con Jorge I, aceptaron un documento constitucional fundamental: el Acta de Establecimiento de 1701, así, los monarcas se comprometían a reinar junto con el Parlamento, la celebración de elecciones y la formación de un Gabinete encabezado por un Primer Ministro que sería designado por el órgano Legislativo y confirmado por el Rey, quien ejercería las funciones de Jefe de Estado.

Así, el esquema que inició su formación en 1214 con la Carta Magna, mediante la que los nobles y los representantes de las ciudades obligaron al Rey Juan I Plantagenet a respetar una serie de garantías y derechos a la nobleza, al clero y al pueblo llano, en materia judicial y fiscal, llegó al punto máximo de su formación, y sigue operando en esa forma; a pesar de ser cuna del constitucionalismo, en Inglaterra no opera la idea de la Soberanía Popular, sino que el monarca sigue siendo el soberano y ha sido éste quien ha ido delegando, a través de los diferentes documentos constitucionales (El Reino Unido no cuenta con una Constitución escrita, como es bien sabido), las facultades y funciones en una serie de órganos: el Parlamento, que empezó a reunirse en el siglo XIV, los tribunales que incluso empezaron a organizarse aún antes con las Constituciones de Clarendon de Enrique II en el siglo XII, el Acta de Supremacía que creó la Iglesia Anglicana, el Acta de Navegación bajo Cromwell, el Bill of Rights tras la Revolución Gloriosa, las reformas electorales bajo Guillermo IV y la Reina Victoria en el siglo XIX y la última reforma que creó una Suprema Corte de Justicia de Inglaterra y otra de Escocia y que entró en vigor en 2009, todas giran en torno al Rey que ha delegado funciones que en principio, le correspondían a él, como hacer las leyes e impartir justicia.

Por esa razón es que el monarca es tan importante para los británicos; si no existiese la Monarquía, tendrían que crear todo el entramado institucional de nueva cuenta, desde cero, y es el monarca quien, finalmente, tiene la última palabra, por ello, todos los viernes el Primer Ministro se reúne aún hoy en día con la Reina Isabel II y sostiene acuerdo con ella, a puerta cerrada y le informa de los asuntos de Estado, incluso ella puede solicitar al Primer Ministro, o a cualquiera de los miembros del gabinete se le informe sobre algún asunto en específico, la Reina debe dar su consentimiento para la entrada en vigor de leyes y decretos, que no pueden ni publicarse ni ejecutarse sin la firma del monarca dando su sanción, la Reina además cuenta con el "Privy Council" especie de Gabinete del monarca paralelo al del Gobierno que le asesora en asuntos de gran importancia y que incluso actúa como órgano judicial máximo del antiguo imperio británico en el caso de que los ahora Estados independientes hayan mantenido el que sea la última instancia jurisdiccional para asuntos juzgados en sus países, en el Privy Council se encuentran tanto miembros designados en forma vitalicia por el monarca como ministros del gobierno popularmente electo. De hecho, el Presidente Actual de dicho órgano del gobierno británico es el Viceprimer Ministro Nick Clegg, Líder del Partido Liberal y aliado del Primer Ministro Cameron y sus Conservadores.

Los Hannover han respetado el orden constitucional establecido en Inglaterra, aunque su participación activa en la toma de decisiones políticas ha variado según el carácter de cada monarca: así, Jorge I no participó mucho en la política británica, avocado más a sus dominios alemanes; pero Jorge II y Jorge III sí tuvieron una activa participación en la dirección de Gran Bretaña en su proceso de conversión en un imperio, salvo el tropiezo que significó la independencia de EUA, y la enfermedad mental del último rey, Jorge IV fue más activo como regente ante el estado de su padre que ya como monarca en funciones, pero Guillermo IV y su sobrina y heredera Victoria I serían los más inmersos en la política imperial, correspondiéndole a ella llevar al apogeo del Imperio Británico y co-gobernando con el Gabinete y el Parlamento donde contó con ministros como Disraeli o Sidney, destacándose por su férrea ética, su amor por su familia, sencillez e inteligencia.

Los sucesores de Victoria, bajo el apellido del esposo de ésta: Alberto de Sajonia-Coburgo que después su nieto Jorge V cambió a Windsor ante el sentimiento antigermano provocado por la I Guerra Mundial, fueron más bien mediocres y se dedicaron a tener una actuación más que discreta, invisible, eclipsados por los grandes primeros ministros de la época como Lloyd George y sobre todo Winston Churchill, sin contar con una buena preparación ni carisma quedaron como figuras casi decorativas y así, a Jorge VI e Isabel II les tocó vivir la II Guerra Mundial y el declive británico, con las independencias de ls grandes colonias (que se habían dado desde Jorge V en los años 20 con Canadá y Australia pero que lograron plenitud tras la segunda contienda mundial), pero sobre todo la pérdida de la India. Eso sí, se empezaron a dar los escándalos, como el matrimonio de Eduardo VIII con la divorciada norteamericana Wallis Simpson, su abdicación y degradación a Duque de Windsor, aunque también se plantea que la causa de su renuncia al trono fue que se trataba de un monarca preparado y con talento, deseoso de participar activamente en los asuntos de Estado, pero simpatizante del Nazismo alemán.

Isabel II ha visto desmoronarse ante sus ojos al poderío británico, heredó un país golpeado por la Guerra Mundial y en proceso de conversión en un Estado de Bienestar, le tocó celebrar la independencia de Africa y de el Caribe y la última posesión continental en América: Belice, y tener simbólicamente el trono de Canadá y Australia aunque bien sabe que fue una fórmula para una independencia pacífica y para mantener activas relaciones económicas y de libre comercio, en el seno de la Commonwhealth que preside, entre la madre patria y las excolonias pero que por demás son tronos de humo, ha visto como Inglaterra ha pasado a subordinarse a los intereses norteamericanos, sobre todo tras la partida de Margaret Tatcher, tal vez la mejor ministro que ha tenido bajo su reinado y la última que llevó a que el reino Unido tuviera un rol de importancia mundial y con poder militar, incluso nuclear, mientras la economía, estatizada bajo los gobiernos laboristas en los 60 y 70 se estancaba y ahora privatizada, ha pasado a manos de capitales rusos, americanos, islámicos y asiáticos, así como ver la inclusión con calzador dentro de la Unión Europea del país que encabeza. Ha visto también que la cultura británica ha dejado de ser referente salvo en música popular o en entretenimiento, pero ya no condecora a científicos o a inventores a literatos o a militares defensores de la patria, sino a cantantes y actores de vidas escandalosas.

Pero sobre todo, ha visto la lenta decadencia de su familia, la Hannover-Sajonia/Coburgo-Windsor y los escándalos y vidas disipadas de sus hijos, en especial, Carlos ha sido una decepción completa para ella y también para el pueblo británico; mientras que Diana, la esposa de origen en la baja nobleza que trabajaba de educadora, la carismática, la elegante pero sencilla que se concebía como una servidora pública antes que como princesa, la engañada por el príncipe que de ser azul se volvió un hombre menudo de rasgos desagradables, producto quizá de tantas generaciones endogámicas en la realeza europea, puso a tambalear a la familia real y con ella, a todo el sistema político británico al cuestionarse la figura de la corona.

Sobre todo tras la sospechosa muerte de Diana, Isabel II lo sabe, sabe que Carlos será un rey indolente e impopular como su esposa, la norteamericana divorciada Camilla Parker-Bowles, repitiéndose la historia de su tío Eduardo, pero en cambio, Guillermo, el mayor de sus nietos, heredó el carisma y la sensibilidad social de su madre, querido y admirado por el pueblo que ve en él una esperanza de renovación para un país que sufre achaques de vejez, que ve hundirse poco a poco su economía y su peso en el mundo es cada vez menor, mientras que se ve cada vez más lleno de musulmanes y otras comunidades de los otrora colonizados que ahora colonizan, y que sufre una crisis espiritual y moral gravísima y dura, ve en el hijo de Diana a alguien capaz de renovar al edificio, de aceitar la maquinaria, alguien que aunque se limite a ejercer las funciones limitadas de sus antecesores después de Victoria, tiene la madera para convertirse en el líder indiscutible de su país.

Se ha anunciado su próxima boda con Kate Middleton,una muchacha plebeya, hija de empleados de British Airways a quien conoció como compañera de estudios en la universidad, pues a diferencia de los anteriores monarcas ha recibido una educación completa en Historia, Arte, Geografía, Ciencias Militares y que ha exhibido su capacidad de trabajo y de preocupación por los más pobres pues ha dormido con los indigentes en los parques y lavado baños, (mientras su hermano Enrique ha vivido lo que es el combate y la vida en los cuarteles tras haber tenido escándalos con drogas y alcohol), este anuncio del próximo matrimonio no puede sino interpretarse como el primer paso para el ascenso al trono, es muy pero muy probable que el reinará en vez de su padre y se convertirá en Guillermo V ya sea que su abuela renuncie o a su muerte; los ingleses preferirán a un rey joven y activo, carismático y responsable a un monarca avejentado, indolente y preocupado más por restañar su imagen de marido infiel y cornudo a la vez.

Quizá sea hora,como en el Señor de los Anillos, de que el Rey regrese, porque el Rey tiene manos que curan, y en el futuro, en que el modelo democrático entrará en crisis ante su partidización y su incapacidad para resolver problemas a largo plazo (de hecho,creo yo que está ya en crisis) y que las nuevas potencias tienen modelos políticos decididamente autoritarios, veremos un renacimiento de las ideas monárquicas, no como en el pasado con corona y todo, pero quizá veremos el ascenso de líderes como en Corea del Norte que no se sientan en un trono pero son verdaderos reyes, o sistemas como el vigente en la era victoriana en que un gobernante vitalicio y con poderes amplios los comparte con autoridades electas en un equilibrio perfecto y balanceado, combinándose la estabilidad y la previsión con el respeto a la participación del pueblo.

Ya lo veremos, y ojalá que Guillermo no decepcione.




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