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1 de junio de 2010

¿QUIEN FUE QUETZALCOATL?


Dejando atrás temas desagradables de política, corrupción y desastres deportivos, es hora de hacer un post sobre la Historia de México en este año del Bicentenario, y si anteriormente narré en uno algunos de los misterios que rodean la figura de Maximiliano de Habsburgo, ahora trataré acerca de la figura de otro personaje rubio, blanco y barbado que tembién resultó tener una gran influencia sobre la Historia de lo que hoy es México: Quetzalcóatl--"Serpiente Emplumada".

Pese a la excelente representación que figura arriba a la izquierda, no debemos suponer a la ligera que los antiguos mesoamericanos se imaginaban a una espectacular criatura con reminiscencias de los dragones chinos como la divinidad; en absoluto, la concepción de lo divino entre los índigenas era altamente abstracta, y las imágenes, ya sea pintadas en códices, u obras escultóricas no representan a los dioses como los imaginaban bajo un criterio antropomórfico como lo hacían los griegos y romanos, o de materializar creaturas fantásticas; por el contrario, pinturas y estatuas de culto, como la famosa Coatlicue del Museo de Antropología e Historia, no representan tal cual como era imaginado o hacen un retrato del dios, como sí ocurre con una estatua de Zeus, sino es una representación simbólica de las fuerzas naturales y los atributos que se encuentran encarnadas o a cargo del númen del que se trate; así, Quetzalcóatl representado en la pirámide de su nombre en Teotihuacán, como se ve arriba a la derecha, no es más que el  glifo o ideograma de su nombre: una serpiente cubierta de plumas verdes y de otros colores, lo cual, a su vez, implica una simbología bastante compleja. Los dioses indígenas eran concebidos como fuerzas espirituales imposibles de representar tal cual como eran, sino a través de sus atributos e insignias de poder: Coatlicue, la diosa madre, con una falda tejida de serpientes, Tlaloc, dios de la lluvia y las aguas con una máscara formada por serpientes entrelazadas, el rayo y el color azul, su esposa Chalchicoatlicue, diosa de los ríos con una capa azul que formaba las corrientes de agua, etc.

Por otro lado, dependiendo de los atributos representados o ejercidos por el dios, éste podía tener múltiples identidades; así, Tonatiuh, el sol, era a la vez Mictlantecuhtli, dios de los muertos cuando iluminaba el inframundo tras ocultarse en el ocaso y el propio Quetzalcóatl era también Ehécatl, dios del viento.

Pero vayamos por partes: estamos hablando de una divinidad, probablemente la más importante del panteón mesoamericano del Altiplano Central y cuyo culto además, se generalizó a otras áreas como los Mayas, quienes le veneraron como Kukulcán o Gucumatz, dependiendo el dialecto de su lengua y también tuvo importancia fundamental en su mitología, pues aparece entre los dioses creadores, junto a Hurakán, dios de las tormentas, Tepehú e Itzamná o Corazón del Cielo, el dios supremo, según podemos leerlo en el Popol Vuh, el libro sagrado de este pueblo.

Bajo el nombre de Quetzalcóatl, al parecer se sitúan tres personajes:

1.- Una divinidad de culto muy antiguo, surgido desde los primeros tiempos con los Olmecas, donde comienza a darse el culto a la serpiente y a su contrario, el jaguar.

2.- Un personaje que sin duda debió ser real, con una apariencia física muy diferente a la de los indígenas, y sobre la que ha gravitado la "hipótesis vikinga", sobre la que más adelante hablaré.

3.- Otro personaje real, cuyo recuerdo se conserva en las crónicas como el Rey Topiltzin de Tollán y del que también se hablará más adelante.

La mezcla de estos tres elementos dió origen a la leyenda que ha llegado hasta hoy, y que a continuación analizaremos:

1.- Quetzalcóatl el dios y la leyenda:

Según la mitología nahua, esto es, del centro del país, Quetzalcóatl es el dios bueno y el que más ama a la humanidad, pues es el creador del hombre, al que formó con masa de maíz y su propia sangre, con la que le dió vida; además, enseñó a los hombres las artes, la ciencia y la agricultura, trazó los primeros caminos y se volvió por tanto, patrono del comercio y también, como Ehécatl, era el señor de los vientos; además, siempre precedía al sol, como estrella de la mañana y estrella de la tarde, o sea, el planeta Venus, pues debemos recordar que la religión mesoamericana tenía fundamentalmente una base astronómica, algo muy importante para las civilizaciones agrícolas que constituían la región, que basaban los ciclos de siembra y cosecha según los movimientos de los cuerpos celestes.

Quetzalcóatl es el opuesto a su hermano Tezcatilpoca (Espejo humeante), el dios de la noche, del mal y de la magia, identificado con la luna, y si Quetzalcóatl es la serpiente, el buen "Tezca" era representado como el jaguar, en una dualidad que recuerda al origen asiático de los indígenas americanos, no en balde, Quetzalcóatl en sus representaciones como serpiente emplumada recuerda a los dragones chinos, mientras el jaguar es el felino más grande de América, ocupando el lugar del tigre, existiendo también esta significación: el dragón representa al bien y a la sabiduría, el tigre a la maldad, la noche y los instintos.

Pero lo más importante es el mito mesiánico alrededor de él y en el que se conjugan los personajes y elementos del que hablábamos, la idea de un mesías, de un hombre-dios está presente en todas las religiones, para los que somos creyentes, es una pefiguración de Cristo presente en los mitos paganos: Hércules entre los Grecorromanos, Buda en Asia, Krishna en la India, el Mahdi en el Islam, Viracocha en Perú, Horus entre los egipcios, y Quetza en Mesoamérica, antropológica y psicológicamente, es el deseo del ser humano por ser salvado de su animalidad, de su tendencia al mal y que alguien le muestre el camino a la perfección.

Así, la leyenda nos dice que reinando en la ciudad de Tollán el rey Huemac, seindo el año uno-caña (Ce-acatl) llega a sus oídos que en la costa del Golfo ha aparecido un hombre sabio y capaz de hacer milagros, que habla en nombre de los dioses y dice llamarse Ce-Acatl Topíltzin Quetzalcóatl, que predica el abandono de los sacrificios humanos y la paz entre los hombres, pero que además, destaca por ser blanco, no moreno rojizo como los indígenas, alto, tener el cabello rubio como los elotes y de ojos azúles, luciendo en el rostro una poblada barba . Quetzalcóatl profetiza y predica y avanza hacia el interior del país. Huemac, intrigado, ordena que lleven al extraño personaje ante su presencia; sus soldados y servidores cumplen la orden y van por el profeta, que es llevado ante la corte del Rey.

Ahí, Huemac, impresionado por los conocimientos y la sabiduría del personaje, cede en él plenos poderes para el gobierno del reino y se convierte en su discípulo, como prácticamente la totalidad de los toltecas, Quetzalcóatl, investido como primer ministro gobierna con justicia y sabiduría, funda siete templos, forrado uno de oro, otro de turquesas, otro de pedernales, etc., donde hace penitencia y ayuno, orando constantemente a los dioses, a quienes ofrece, no la sangre ni los corazones de los hombres, sino flores, piedras preciosas y víctimas animales que destaquen por su belleza, como quetzales y mariposas. Durante los muchos años que Quetzalcóatl está al frente del gobierno, se unen a Tollán multitud de pueblos, el mundo florece y se da una era de paz, prosperidad y armonía, no hay hambre ni tormentas, ni plagas ni odios.

Pero los demás dioses, habituados a la sangre y a la guerra, le tienen envidia, y nadie más que Tezca, que siente ira de verse desplazado del corazón de los hombres que han perdido el miedo hacia las divinidades que como él desean saborear la sangre humana.Entonces, urde un plan para acabar con Quetza, y baja del cielo por el hilo de una araña y toma la forma de un anciano hechicero.

Ya en Tollán, Tezca se presenta ante el palacio de Quetza y solicita audiencia para ver al gran sacerdote y profeta; le es concedida y se encuentra con su rival celeste, quien no lo reconoce. Quetza es ya anciano (recuérdese que se ha vuelto humano) y Tezca lo envuelve y le hace ver los estragos de la edad cuando le muestra su envejecida imagen en un espejo, y le hace dudar de su poder ahora que es viejo, pero le ofrece un elixir que le devolverá la jueventud; Quetza, herido en su vanidad y deseoso de recobrar el vigor juvenil lo pide ansiosamente y resulta que el elixir no es otra cosa más que pulque, bebida alcohólica que se obtiene de cierta clase de maguey del altiplano central por fermentación del aguamiel o savia del maguey (lectores extranjeros: no confundir con el tequila, que se obtiene del agave, otra especie distinta del Occidente de México por destilación).

Y así ocurre que mientras afuera del palacio hay una terrible noche de tormenta, Quetza se pone una borrachera monumental y épica, llama músicos y danzantes, se sirven viandas y aquello termina en un banquete y fiesta que degenera en una orgía, todos los discípulos beben con él y se emborrachan y se entregan con desenfreno a todos los vicios y placeres, pero Quetza culmina su degeneración violando a una sacerdotisa: Quetzalpetatl, que si mal no recuerdo así se llamaba.

El orden que él había construido se desmorona y empieza el caos: se desatan guerras, hambrunas, plagas de langostas y epidemias, la gente vuelve a tener miedo y ofrece de nueva cuenta víctimas humanas a los dioses, Tezca, complacido por que el terror ha vuelto a reinar, desaparece, antes de que Quetza despierte con una espantosa cruda o resaca, y se da cuenta de lo que acaba de ocurrir, en particular la violación que cometió.

Avergonzado, se retira durante días a meditar y hacer penitencia a una gruta, de donde sale con la determinación de irse al lugar más allá del horizonte: Tillán Tlapallán, donde se purificará y emprende su camino de regreso al mar oriental, hoy llamado Golfo de México. Sus discípulos lo siguen. Por donde quiera que va, encuentra destrucción y desolación, producto del caos que el dejó penetrara en el mundo con su pecado, en el camino, muchos de sus seguidores mueren en un desfiladero y otros ya no pueden seguirlo, entre ellos, muere el discípulo llamado Xipe-Totec (Dios solar del equinoccio de la primavera, representado vestido con la piel de un hombre sacrificado, pues en su honor se mataba a un hombre, se le arrancaba la piel y se hacía con ella un disfraz con el que se revestía un sacerdote que luego pedía limosna caracterizado en una versión prehispánica de Ed Gein) y Quetza llega a la playa, construye una balsa con serpientes entrelazadas y se despide de la gente que se reune para verlo partir, prometiéndoles que enmendará su error y que regresará algún día para restaurar el orden y la paz en el mundo.

Quetza se hace a la mar, llega al lugar más allá del horizonte y le prende fuego a la balsa, y como en el mito de Hércules, su parte humana se incinera y muere, liberándose su espíritu divino como la estrella de la tarde (la hoguera es una representación del atardecer) subiendo al cielo.

Este es, en líneas generales, el contenido de la leyenda divina de Quetzalcóatl.

2.- El Personaje Rubio:

Si consideramos que la Tollán de la leyenda, como clásicamente se ha considerado, es la actual Tula, en el estado de Hidalgo, caemos en la contradicción que el culto a Quetza es mucho más antiguo: Tula estuvo habitada y tuvo su apogeo en los siglos VIII a XII d.C., pero en Teotihuacán, ciudad fundada en el siglo V a.C. y que alcanza su máximo esplendor entre los siglos I a VI d.C., encontramos el templo en su honor y el origen de su culto entre Olmecas y Mayas en tiempos anteriores, como sea el caso, es que nace la duda de porqué la figura humana de un dios sería concebida como un hombre caucásico: blanco, rubio y barbado (hay versiones en que también es caucásico pero de pelo oscuro) y hay varias pòsibilidades.

Primero: recordemos que Quetza interviene en los mitos del origen del hombre y la creación tanto entre náhuas como entre mayas, así pues, su figura está ligada a tiempos muy primitivos y a la adquisición de las primeras artes; pues bien, recientes, polémicos y sorprendentes descubrimientos nos dicen que los amerindios, que son de raza asiática, emparentados estrechamente con tártaros y siberianos no fueron los primeros en llegar por el estrecho de Bhering en el 10,000 a.C., sino que antes, hacia el 20,000 a 15,000 a.C. llegó otra etnia, la "Cultura de Clovis" como se les ha llamado, analizándose sus restos y obteniendo que se trataba de gente de raza blanca. Esto no es de sorprenderse cuando se toma en cuenta que en Japón, antes de llegar los asiáticos de China y Corea, habitaban los ainos, una etnia que todavía existe, de personas de raza blanca y barba poblada, que aunque sometida por los japoneses en forma definitiva en el siglo X, en una serie de guerras de exterminio (de donde nació el título de Shogún) se asimiló a ellos y por eso es que hay cerca de un 20% de japoneses que no tiene los ojos rasgados o los tiene más ovalados que el resto y tiene mayor vello corporal y barba que sus compatriotas que son asiáticos puros, pues son mestizos, aparte de poblaciones de ainos en el norte del país.

Esto indica que, en un tiempo primigenio, la raza blanca se extendió por las costas del Pacífico en Asia y de ahí, por el estrecho de Berhing, pasó a América antes de que llegaran las migraciones mongólicas o asiáticas.

Es posible que los recién llegados amerindios tomaran de los clovis algunos avances que éstos hubieran tenido en el poblamiento de América y perdurara el recuerdo de gente rubia, blanca y barbuda como inventora de algunos avances tecnológicos, y luego esto generara el mito de un dios civilizador con ese aspecto.(Viracocha el dios incáico que comparte con Quetza su función civilizadora tiene también un aspecto europeo).

Pero otra posibilidad, hablando de ya un Quetza más histórico y que explicaría su vinculación con el mar es la teoría del Vikingo, y que coincide con la Tula histórica de los siglos VIII a XI d.C. Incluso, si ya se hablaba de un dios cuyo nombre y avatar es una serpiente con plumas y que este dios era recordado como blanco y rubio, el haberse encontrado a un náufrago con ese aspecto, junto a los restos de un drakkar que en la proa exhibiese la cabeza de una criatura similar al glifo del nombre del númen en mención, es muy probable que los indígenas creyeran que se trataba del personaje y fuese recibido con honores y devoción en la corte tolteca.

Los Vikingos, como se sabe, llegaron a América en esa época, incluso colonizando Groenlandia, Terranova y otras partes del norte de Canadá, aunque fracasaron estos intentos, como lo dice Jared Diamond en su obra "Colapso" por su falta de capacidad de adaptación al clima extremo de esas regiones y la pobreza de recursos de los escandinavos, en contraste con Españoles, Portugueses, Franceses e Ingleses a partir del siglo XVI, que llegaron a lugares de mejor clima y abundancia, y con los recursos propios de economías nacionales sustentándolos (de hecho, los países escandinavos como países desarrollados es una historia reciente, Suecia, si bien desde Gustavo Adolfo, María Cristina y Carlos XII en el siglo XVII será un actor importante en Europa, no logrará un alto desarrollo económico sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en que surtió plenos efectos los avances legislativos habidos desde el siglo XVIII: gobierno limitado, protección a los derechos fundamentales, transparencia y rendición de cuentas, parlamentarismo sano, y activa participación de los ciudadanos; Finlandia, por su parte, no logró ser del Primer Mundo sino hasta los años 90 del siglo XX, gracias a la explosión del desarrollo tecnológico, como en el caso de Nokia, producto de su extraordinario sistema educativo.)

Sin embargo, no ha habido pruebas de que los Vikingos se aventurasen tierra adentro en América o Vinland, como la llamaron, o que navegaran más al sur, hacia México, el contacto entre ellos y los indígenas, a quienes llamaban skraelings, no fue del todo pacífico, según relatan las sagas nórdicas que se conservan relatando la aventura americana y no supieron establecer relaciones de interdependencia, como sí lo harían los colonizadores posteriores (es de recordar la película holywoodense de "Pathfinders", en que muestra la violencia probable del choque, aunque los vikingos ahí mostrados parecen más guerreros de la era Hiboriana imaginada por Howard en los relatos de Conan que verdaderos aventureros suecos o noruegos del siglo X), sin embargo, creo que la Arqueología, tanto en América como en los propios países escandinavos o Inglaterra o Irlanda, donde hubo presencia vikinga, nos deparará por ahí alguna sorpresa, más cuando ahora se está investigando más acerca de estos violentos pero geniales navegantes.

Recientemente, por cierto, ha sido publicada una novela respecto al Quetzalcóatl vikingo que aún no he leído, pero prometo hacerlo.

En cuanto a la huída de Quetza, es probable que haya habido un levantamiento en su contra y haya sido expulsado, quizá, intentando hacerse a la mar y buscar encontrarse con algun navegante que se aventurase por el Atlántico, hablara de que algún día los europeos llegarían a América, lo que no era una profecía mística, sino producto de comparar la tecnología marítima del Viejo Mundo, y la apacible sedentarización agrícola de los mesoamericanos, ni siquiera los Mayas que desarrollaron comercio con el Caribe, ni los Caribes, precisamente, llegaron a construir barcos, solo canoas.

Por cierto, aquí he omitido las tesis de los primeros misioneros católicos que sostuvieron que Quetza era el apostol Sto. Tomás, o los mormones, que nos dicen que era el propio Cristo, pues ambas tesis carecen totalmente de fundamento y se basan más en el celo religioso que otra cosa, pues la leyenda de este mesías mesoamericano es diferente a los Evangelios y relatos bíblicos. Más probable sería, en todo caso, que hubiese sido un monje irlandés naufragado o un escandinavo con cierta formación cristiana, y de ahí saldría que entre los atributos de Quetza estuviese un manto con unas cruces blancas o rojas como muestran algunas representaciones y un cetro similar a un cayado episcopal.

3.- El Rey Topiltzin:

El gran problema para estudiar la Historia de la América antigua es la carencia de fuentes, no sólo por la destrucción de códices y materiales durante la conquista española, sino por la propia destrucción y manipulación de la Historia ocurrida en aquellos tiempos, pues se buscaba formar una visión favorable a un personaje o rey en particular (piénsese en la historia del Rey Ocho Venado-Garra de Jaguar narrada en el Códice Borgia, unificador de Oaxaca en el siglo XII) o a un pueblo, como lo que hicieron el emperador azteca Itzcóatl y su primer ministro Tlacaélel, especie de Henry Kissinger indígena que destruyeron todos los libros de historia existentes a fin de reescribir el pasado, legitimar la supremacía azteca y aparecer como los herederos de los toltecas, cuando en realidad eran un pueblo venido del norte, de probable origen piel-roja o norteamericano, bárbaro y nómada y que adoptaron el Náhuatl, la religión y las costumbres de los pueblos de Mesoamérica al entrar en la región contratados como mercenarios, en la serie de guerras que convulsionaron el inicio del periodo Post-Clásico (siglos XII-XIII).

Así, ahora se cree que en la Tollán de la leyenda de Quetza se confunde la actual Tula con Teotihuacán, la primera ciudad sin duda fue una capital importante, pero no parece haber sido tan rica ni poderosa como se describe, mientras que Teotihuacán evidentemente es una capital imperial, una especie de Roma americana que opaca a todas las ciudades anteriores, contemporáneas y posteriores a ella, por esa razón, se cree que con el término "Tollán" para la época de la Conquista, se hace referencia a una especie de ciudad ideal o de utopía, misma que se identifica con el Teotihuacán en su esplendor, la Tula, capital de los toltecas históricos, sería un intento de lograr una nueva Tollán, como después lo intentarían los Aztecas con su México-Tenochtitlan.

Aún así, se conservan crónicas, como los relatadas por Fernando de Alva Ixtlixóchitl o Chimalpahin y Fernando Tezozómoc, todos ellos nobles aztecas que escribieron ya bajo los primeros años de la Colonia, y del cual se desprende la existencia de personajes la existencia de personajes claramente históricos y reales en situaciones altamente plausibles y sin tanto barniz legendario: se habla de una Tula en la que el culto dominante adoptado por la familia real tolteca habría sido el de Quetzalcóatl, en que el Rey era al mismo tiempo su Sumo Sacerdote, adoptando el nombre del dios como su título real. Así, se habla de una dinastía que arranca con Mixcóatl, quien luego sería deificado como dios del fuego y la caza, fundador de Tula y destructor de Teotihuacán, y que culmina con Ce-Acatl (año de su nacimiento) Topiltzin, hijo del rey anterior y de una campesina, buen gobernante pero débil de carácter y manejado por su madre, lo que le genera la oposición de la nobleza, que finalmente se rebela bajo el mando de Huemac, un líder militar que enarbola el estandarte de la religión de Tezcatlipoca, logrando la derrota del Rey, quien junto a sus seguidores huye a Yucatán, probablemente por mar, donde la migración tolteca tendrá una gran influencia entre los Mayas, como es en el caso de Chichén Itzá que por esos años conocerá su apogeo.

Huemac, entre tanto, se corona Rey de Tula, pero viene la decadencia ante la gran cantidad de tropas mercenarias, entre ellas los aztecas que exigen el pago con tierras prometido; la lucha sigue y el imperio tolteca se desmembra; Huemac debe abandonar Tula y pierde el apoyo de los restos de su ejército y de los pobladores fugitivos, que le desconocen como rey y en su lugar nombran como monarca a un hijo de Topiltzin, Huemac se suicidaría en una gruta del Cerro de Chapultepec, y la monarquía tolteca es reinstalada en la pequeña ciudad-estado de Culhuacán, cerca del Lago de Texcoco, los aztecas, más tarde harían qeu su realeza emparentara con esta familia real de abolengo y así se proclamarán herederos de los toltecas.

En esta crónica, no aparece nadie rubio ni con barbas pobladas, sin embargo, da una explicación muy plausible de hechos históricos que dieron base a la leyenda, como el enfrentamiento entre las deidades opuestas de Quetza y Tezca, y la huída del primero.

Como se ve, la identidad de Quetzalcóatl seguirá siendo un misterio; es probable que los descubrimientos arqueológicos brinden datos para esclarecer la verdad detrás de la leyenda, después de todo, tuvo una influencia fundamental en el devenir histórico posterior: la Conquista no se explicaría sin el parecido físico entre Quetza y Hernán Cortés, ni la introducción del Cristianismo sin la historia de un dios encarnado que predicó la paz y la armonía, ni tampoco, la indolencia del mexicano que hasta la fecha, sueña con que llegue un día un súperhombre a la Presidencia del país y resuelva todos los problemas mágicamente y lleve a la prosperidad sin necesidad de que los ciudadanos se esfuercen o trabajen para lograrlo, basta que un semidiós gobierne y todo se solucionará.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encantaron tus palabras sobre Quetzalcoatl. Sobre la historia de mezclas raciales te recomiendo consultar el libro de Urantia.

Un fuerte Abrazo

Gerardo

YORCH dijo...

Agradezco tus comentarios, sin embargo, el Libro de Urantia no es más que una charlatanería tipo Jaime Maussan, propia del New Age, que no es confiable como fuente histórica alguna.