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11 de enero de 2014

ARIEL SHARON


El General Ariel Sharon, ex-Primer Ministro de Israel ha fallecido, al fin, tras una agonía de 8 años. Pese a los elogios que recibe ahora de Jefes de Estado occidentales que lo vieron siempre como su aliado incondicional y el antemural de las Democracias frente al fundamentalismo islámico, la realidad es que el militar y político judío siempre fue la cara más feroz y deleznable del Sionismo, ese nacionalismo extremista Judío que llevó a la creación del Estado de Israel contra toda lógica y contra toda razón y con apoyo de la mala conciencia occidental ante la incapacidad multisecular de integrar al pueblo "hebreo" (porque además de los auténticos hebreos semitas, la mayor parte de los judíos actuales son más bien eslavos y khazaros turco-mongoles de Europa Oriental) en sus sociedades, lo que sin duda fue el punto de partida para el despertar musulmán y que, desde antes de 1948 ha actuado con plena violencia e impunidad para hacer efectivos los sueños de grandeza de sus dirigentes surgidos de una extraña mezcla de fanatismo religioso, racismo, resentimiento histórico y socialdemocracia.

Ariel Sharon fue la antítesis de Isaac Rabin. Ambos militares, veteranos de la Guerra de 1948 que le dio independencia a Israel y después del resto de las Guerras Arabe-Israelíes, como la de los Seis Días o el Yom-Kippur, se diferenciaron en su visión y trato a los vencidos, y lo mismo fue como políticos: Rabin se fijó como objetivo lograr la paz con los Palestinos y obró en consecuencia, firmando con Yasser Arafath los Acuerdos de Oslo frente al Presidente William Clinton de EUA, lo que daba esperanzas de llegar a la paz entre ambos pueblos; el segundo, buscó la destrucción de Palestina y no respetó dichos acuerdos, provocó y atizó la guerra cuando visitó la antigua explanada del Templo de Salomón, donde se encuentran el Domo de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa, ambos lugares santos del Islam, que recuerdan el sacrificio de  Isaac por Abraham (ellos insisten que era Ismael, el ancestro de Mahoma el que iba a ser sacrificado) y la visita que hizo a Jerusalén el Profeta en un viaje espiritual a lomos de Buraq, una especie de centauro que le fue enviado por Alá encontrándose en éxtasis místico y siendo Ministro de Agricultura de Israel fue conocido como el "Ministro Bulldozer" por la desctrucción que con dicha máquina hizo de asentamientos palestinos para establecer colonias judías.

Pero sobre todo, Sharon es recordado por las matanzas de los campos de refugiados de Sabra y Chatila en Líbano, en la invasión que Israel hizo del país vecino, interviniendo en su Guerra Civil y en contra de la protección que ciertas facciones, entre ellas la islámica radical Hezbollá hizo de Yasser Arafath y la Organización para la Liberación de Palestina, entonces considerada un grupo terrorista, en 1982, cuando él se desempeñaba como Ministro de Defensa del Estado Judío.

Los orígenes de ambos hombres fueron diferentes y también sus destinos: Rabin provenía de una familia de Judíos de pura cepa que jamás habían salido de la "Tierra Prometida", Sharon en cambio, era hijo de inmigrantes que provenían de Alemania y su verdadero apellido era el germánico Scheinermann, por lo que pertenecía a los Judíos Azhkenazi de origen eslavo/kházaro y germano, que han sido los más tenaces defensores del sionismo. Rabin fue abiertamente asesinado por los extremistas sionistas, precisamente, acusándolo de traidor por buscar la paz, y además, parece que Rabin llegó a acariciar la idea de crear un Estado multiétnico y pluriconfesional, en el que Judíos, Cristianos, Musulmanes y Druzos convivirían en una sola Nación. Esto era visto como algo contrario totalmente a los ideales de Theodore Herzl y David Ben Gurión. Sharon no le apretó la mano a Arafath, sino que muy probablemente fue quien lo mandó envenenar como ha resultado de los estudios forenses hechos a los restos del líder palestino, quien murió en 2004.

Sin embargo, para el año 2005, Sharon cambió repentinamente su actitud: comenzó a ordenar el desmantelamiento de asentamientos judíos en territorios palestinos y a prohibir la edificación de nuevos; en sus últimos meses a cargo del Gobierno Israelí, pareció buscar un acercamiento con los Palestinos y reiniciar el proceso de paz, aunque bajo sus términos y no según lo planteado por Rabin. En eso estaba cuando por sorpresa le vino el derrame cerebral que lo dejó en estado vegetativo durante ocho años hasta que al fin murió. ¿Otra víctima de las intrigas políticas de Tel Aviv?

Como sea, militar de valor temerario pero insubordinado, soberbio e insolente, cruel criminal de guerra y patriota fanático, hombre de poder, defensor de su pueblo y genocida de otros. Sharon será siempre un personaje polémico y centro de las controversias, su herencia: una camada de políticos radicales y extremistas que han quedado a cargo, empezando por el actual Primer Ministro Benjamín Netanyahu, y un insoluble círculo de violencia con Palestina y un Medio Oriente cada vez más amenazante para el Estado Judío con nuevos poderes que surgen en las Monarquías del Golfo Pérsico o Irán y Turquía. Israel cada vez está más aislado y más dejado de lado por sus antiguos e incondicionales aliados que se han espantado de la agresiva política israelí adoptada desde Sharon, cada vez menos defendible y con una opinión pública mundial mayormente en contra.

Lo que es incuestionable, sin embargo, es que Sharon quedó ya en las páginas de la Historia. El juicio sobre lo que hizo, está por escribirse.

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