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21 de mayo de 2013

LINCOLN, DE STEVEN SPIELBERG



Pues he continuado con mi particular festival de cine a pesar de haber terminado mis vacaciones, y en este fin de semana le tocó el turno a dos películas Promesa Mortal, una producción para TV con la actriz conocida por su intervención en CSI: Marge Hellengberger de 1999, en la que encarna un caso de la vida real sobre una mujer que fue envenenada poco a poco con metales pesados por su lujurioso y ambicioso esposo, quien se encuentra penando una cadena perpetua por el envenenamiento que se saldó con la muerte tanto del personaje protagonista como de la segunda esposa: una política local. Un thriller policíaco-legal interesante.

Pero eso fue el sábado, para el domingo me preparé un plato fuerte: la película que perdió el Oscar ante Argo de Ben Affleck, y me refiero a Lincoln, filme con el que el legendario director Steven Spielberg regresa a las pantallas, por cierto que la primera película la tengo pendiente de ver, aunque tras haber visto esta superproducción de carácter histórico hecha por uno de los directores de cine que fuera de lo más emblemático en los años 80 y ganador del Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de EUA en 1996 por La Lista de Schindler, comprendo porqué no ganó, la película, muy ambiciosa, se queda corta y tiene grandes defectos, aunque compensados por la extraordinaria actuación del irlandés Daniel Day-Lewis, sin duda el mejor actor de su generación, quien merecidamente ganó la codiciada estatuilla por tercera vez en su carrera: las anteriores lo hizo por Mi Pie Izquierdo, de 1989, en que encarna al pintor discapacitado irlandés Christy Brown, y más recientemente en 2007 por su interpretación de un ambicioso empresario petrolero, fanático religioso protestante y a la vez hipócrita en There Will be Blood de 2007, además de estos papeles, son inolvidables sus actuaciones en El Ultimo de los Mohicanos, La Edad de la Inocencia y sobre todo, en la excelente y muy jurídica película En el Nombre del Padre, de 1993, en la que encarna al irlandés injustamente acusado de terrorismo Gerry Conlon junto a varios amigos y familiares, en el famoso caso de "los Cuatro de Guilford" en 1975. En esa ocasión no ganó el Oscar, aunque bien lo merecía, pero la Academia decidió darle la presea a Tom Hanks por Filadelfia.

Aunque la película tiene una producción magnífica y una ambientación precisa, ganando también el premio a la Dirección Artística, las actuaciones de dos actores ya veteranos e importantes en el medio, como Sally Field, que hace de la esposa del histórico Presidente norteamericano, y de Tommy Lee Jones, que encarna a uno de los diputados más influyentes en la Cámara de Representantes del momento. Thaddeus Stevens, y quien ya fue ganador de la estatuilla como actor de reparto por El Fugitivo en los años noventa, se me figura un tanto sobreactuada y que no corresponde al nivel magistral que exhibe Lewis, no solo gracias al maquillaje y la caracterización, sino porque Day-Lewis asume por completo la personalidad del mandatario a grado que la verdadera persona del actor desaparece tras el personaje que ahora mejor que nunca dicho: encarna, la verdad no entiendo por qué Tommy Lee Jones fuese nominado de nueva cuenta como actor secundario, pues tanto él como la Field lucen por momentos totalmente fingidos y emocionalmente exagerados; (si bien es cierto que la esposa de Lincoln: Mary "Molly" Todd padeció de depresiones tras la muerte sucesiva de dos hijos y terminaría su vida realmente enajenada, pero la actuación de Sally Field me parece melodramática, más propia para la telenovela que protagonizó: Brothers and Sisters, casi estilo de Televisa, que para un filme de reconstrucciónhistórica y serio) en este sentido es que la película deja mucho que desear en lo actoral.


Por otro lado, Spielberg acierta en centrarse en un episodio, ya en los últimos meses de la vida de Lincoln: la aprobación de la 13a enmienda a la Constitución de Estados Unidos, así que no se trata del típico biopic que trata de mostrarnos toda la trayectoria vital de un personaje; si alguien está interesado en ver un estudio biográfico más completo de la vida del "libertador de los esclavos" pueden ver la miniserie también titulada Lincoln de 1988, en que el prócer es interpretado por Sam Waterston, (más conocido por su rol de Jack McCoy en La Ley y el Orden) pero que además está basado en el polémico libro de Gore Vidal sobre el Presidente por su tónica revisionista y muy tendiente a revisar a profundidad los hechos y sus causas y a romper con la figura de bronce del "héroe nacional" para retratarnos a un hombre de carne y hueso, con fortalezas y debilidades, con ambición y apego al poder, autoritario y a la vez, generoso. ¿Porqué se centra sólo en esos últimos 4 meses de vida del ilustre personaje? Porque como dice el Evangelio: "el árbol se conoce por su fruto", la eliminación de la esclavitud en EUA y todo el proceso para las reformas legales conducentes a ello ilustran la personalidad completa de Lincoln: hombre de origen humilde, pero inteligente y de vasta cultura adquirida en forma autodidacta (incluso, su formación como abogado se dio en forma empírica, en una época en que las únicas escuelas de Derecho en el país eran las de las universidades de Harvard y Yale, y muy costosas, se reconocía el título y se autorizaba a ejercer la profesión a cualquiera, en zonas apartadas del país, que hubiese adquirido experiencia en ello, algo que además, en el Common Law no es tan difícil, y Lincoln de joven trabajó como ayudante para varios abogados hasta que adquirió la experiencia profesional para ser reconocido como uno) y dotado de un gran sentido del humor y un agudo sarcasmo, así como una peculiar y desaliñada apariencia física, motivada, según varios estudios médicos, por padecer una enfermedad genética: el Síndrome de Marfan, que le provocó una gran estatura y un rostro alargado pero asimétrico, rasgo que comparte con otro personaje histórico: el Faraón Amenhothep IV o Akhenatón. Todo ello es retratado hábilmente en la película y con maestría inigualable por Daniel Day-Lewis.

Aún así, el actual filme de Spielberg está basado también en un libro, de la historiadora Doris Kearn Goodwin titulado: Equipo de Rivales: El Genio Político de Abraham Lincoln, que relata no sin controversia, el proceso de negociación y aprobación por la Cámara de Representantes de la 13ª enmienda a la Constitución, misma que estableció la prohibición de la esclavitud. El tema, es sumamente interesante y la trama realmente tiene dosis de suspenso, sin embargo, Spielberg entra con su afán por lo políticamente correcto y el "cine familiar" que lo hizo tan influyente en los 80.

Para empezar, muestra una Guerra Civil en plan maniqueo: unos yankees que representan las fuerzas del bien, contra unos sureños que son más o menos como los nazis, incluso en la estética: los norteños visten el uniforme azul en forma más relajada, fuman puro y muestran desenfado, todos igual que Grant, los Confederados en cambio, llevan el uniforme gris pulcro y abotonado hasta el cuello, elegantes y lujosos, como los integrantes de la Wermacht, y sus caras denotan rigidez, intransigencia, orgullo y hasta soberbia, también coloca como único tema central la cuestión de la esclavitud y la discriminación a los africanos como causa de la guerra, y esto, en realidad, como lo muestra otra producción excelente: Dioses y Generales, tenía causas más profundas, por ejemplo, hubo dos estados: Kentucky y Missouri que aunque eran esclavistas, permanecieron fieles al Gobierno Federal, por lo que, además de la esclavitud, había causas económicas, ideológicas y sociales que motivaron la rebelión: fundamentalmente, que los Estados del Sur, gobernados por las élites que habían logrado la Independencia y que eran descendientes de la aristocracia británica, --el propio General Robert E. Lee era descendiente de un hijo ilegítimo del Rey Carlos II Estuardo por parte de Padre y del Rey Jorge I Hannover por parte materna y estaba emparentado con la familia de George Washington-- fueran vistos como una colonia de los estados del norte, que sustentaban su rápido progreso industrial en los recursos expoliados al sur y bajo control de las nacientes elites financieras norteñas, hoy en día mucho de esto se ha realizado y por ello es que estados como Alabama, Louisiana, Mississippi, Missouri son los más pobres (con zonas al nivel de las zonas de miseria de Latinoamérica) y tienen una economía fundamentalmente agrícola hasta el día de hoy y producen las materias primas para la industria del norte.

Además, en los estados sureños se gestaba la formación de una identidad nacional basada en la herencia británica, mientras que en el norte se abrían las puertas a la inmigración, inicialmente irlandesa, que convertiría a EUA en un rompecabezas sin identidad clara ni cultura propia y probable cultivo de futuras tensiones étnicas graves. En mucho, a los sureños les motivaba más ese nacionalismo WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant) y buscaban defenderlo a fin de convertir al joven Estado en una verdadera Nación con bases firmes para ello en vez de sustentarlo en un vago discurso basado en el Racionalismo Inglés de John Locke y David Hume y las teorías políticas de la Ilustración Francesa sobre Democracia, División de Poderes y Libertad individual que hasta el día de hoy son las características que hacen de EUA un país excepcional en el mundo en el imaginario de los norteamericanos y que en aquella época era la bandera de los políticos en Washington.

Pero volviendo al filme: es un acierto de Spielberg contrastar el ideal democrático de Lincoln expresado en su discurso posterior a la Batalla de Gettysburg con la realidad de la Democracia: la corrupción y el conflicto de intereses entre facciones de la élite gobernante. Sin embargo, desdibuja bastante a los integrantes de una agencia de lobbying cuyos servicios contrata el Presidente a través del Secretario de Estado Seward, con todo y que el principal de estos cabilderos es interpretado por un irreconocible James Spader (actor de grandes aptitudes y que prometía mucho a fines de los 80, cuando al lado de Andie McDowell protagonizó Sexo, Mentiras y Vídeo, película que llevó a la fama al director Steven Soderbergh y le abrió las puertas a las grandes producciones) parece que las intenciones de Spielberg fue presentarlos como la trouppé cómica de la película, como los payasos en una adición innecesaria de humor, pero que nos recuerda que Spielberg continúa atado al cine familiar de los 80, como con ET, probablemente su mejor película o la serie de Indiana Jones.

Sin embargo, esta muestra de la realidad corrupta de la Democracia no la hace Spielberg con afán crítico; por el contrario, al igual que en La Lista de Schindler, nos quiere presentar que "el fin justifica los medios", así, en su momento, el director de origen judío nos mostró que el empresario alemán Oscar Schindler fue un hombre que cambió del utilitarismo al altruismo y salvó la vida de muchos hebreos de las manos de los Nazis; la realidad es que antes de su oscareado filme nadie sabía del hombre de negocios germano, cuya compañía subsiste hasta hoy fabricando elevadores y escaleras eléctricas entre muchos otros productos, todo fue una muy inteligente campaña planeada incluso por la cornuda viuda del supuesto héroe humanitario, que en realidad salvó siempre a los judíos para obtener mano de obra esclava en sus empresas y luego lo presentó como credenciales para lograr, como muchas otros empresarios alemanes, indulgencias de los aliados y continuar con el negocio en los muy jugosos años de la reconstrucción y del Plan Marshall, pese a haber colaborado decididamente con los esfuerzos bélicos de Hitler, haber participado en la financiación de las campañas electorales con las que éste llegó al mando y nunca haber renunciado a su membresía al NSDAP o Partido Nacionalsocialista. Así, si Spielberg hizo de un hombre que veía en los judíos valiosos esclavos a los qué atar a las líneas de producción de sus fábricas, un hombre providencial y con ello se embolsó cantidades millonarias y se presentó como un director capaz de hacer películas de drama serias aparte de filmes de aventuras (su intento anterior, El Color Púrpura, elevó a la fama a Whoopi Goldberg pero pasó un tanto desapercibida) a la vez que le permitió a la viuda de Schindler también ganar cantidades millonarias a costa de exhibir las frecuentes aventuras de su marido con sus esclavas judías (mostradas en la pantalla como enamoramientos) y reactivar las empresas, y a Liam Neeson ganar el Oscar para después no hacer filmes dramáticos (excepción hecha de K-19, compartiendo cartel con Harrison Ford) sino avocarse a buscar ser otro más de los "héroes de acción" de Hollywood, y aquí sucede algo similar: la corrupción es mostrada como una cosa buena si sirve para un final noble: la Libertad.

Spielberg ha estado obsesionado con el tema de la esclavitud de los africanos y sus descendientes en el EUA colonial y postcolonial y le ha dedicado varias de sus películas "serias", quizá incluso puede decirse que ha hecho una trilogía, que empieza con la mencionada Color Púrpura, sigue con Amistad y termina con esta película sobre "el honesto Abe". Quizá en mucho es porque ve en el caso de los negros una similitud con el caso de los judíos y el Holocausto, y hemos de recordar que Spielberg, aparte de ser fiel simpatizante del Partido Republicano (cuyo primer candidato que llegó a la Presidencia norteamericana fue precisamente Lincoln) es un Sionista recalcitrante. Sin embargo cae en intencionados errores garrafales al intentar mostrar que EUA fue líder del mundo al abolir la escalvitud definitivamente de su cuerpo legal en 1865, con afanes propagandísticos; por el contrario, EUA fue el penúltimo (el último sería Brasil, y la medida le costaría el trono al gran emperador Pedro II, en 1888) de los países del Continente Americano en abolir la esclavitud, y hasta hoy, es probablemente el único en el que el tema racial sigue siendo tema de debate.

Así, por ejemplo, en el Imperio Español, si bien existía la figura de la esclavitud, la misma fue mucho más laxa y rara que en los casos del Imperio Británico o del Imperio Portugués. Frecuentemente, los africanos eran liberados tras pocos años de servicio y los Españoles no ponían trabas a los matrimonios interraciales, lo que propició las llamadas "castas" o mezclas entre colonos hispanos, inmigrantes europeos y asiáticos, indígenas y africanos, (un ejemplo: el primero en poner una panadería en América continental fue un africano que llegó con Hernán Cortes y sirvió como soldado y cocinero en la Conquista de Tenochtitlan, pues aunque nacido y comprado en Guinea, el hombre hacía varios años que había sido liberado y trabajaba como panadero, se había afincado en Sevilla como cualquier vecino castellano y después migró a Cuba, donde se enlistó en las tropas del conquistador buscando aventuras, tras la derrota de los Mexica fue el primero en sembrar trigo en este continente y después, el primero en hacer pan blanco y dulce, para romper con la monotonía de la tortilla de maíz) es cierto lo que sale en el filme Amistad, que mientras el resto de las potencias europeas, a fines del siglo XVIII, abolían la trata de esclavos y la esclavitud misma, España no hacía lo mismo, sino que mantuvo la trata hasta 1840 más o menos, sobre todo por motivos fiscales, pues los impuestos cobrados a la actividad daban buenos ingresos al estado, y esa trata nutrió de mano de obra a los mercados del recién independizado EUA, del joven Imperio del Brasil e islas caribeñas británicas que hacían oídos sordos a las prohibiciones.

Pero por ejemplo, la mala leche de Spielberg se denota cuando pretende hacer creer --y como lo hizo en su momento John Quincy Adams en sus alegatos a favor de los esclavos amotinados del buque-- que en España las decisiones de gobierno las tomaba una reina Isabel II de 9 años de edad... en el caso del para entonces ex-Presidente Adams, hijo del Padre Fundador y también Presidente John Adams, encarnado magistralmente por Anthony Hopkins, eso es entendible por haber sido alguien a quien toda su vida se le había educado en la "Leyenda Negra" Española y el cuento anticatólico y era masón por familia, formación, conveniencia y convicción, en el caso de Spielberg, en la pasada década de los 90, por ser también un Sionista convencido, pero más por el patrioterismo gringo de creer que su país es el único con gente pensante en el universo, olvidando intencionalmente la Regencia de la Reina madre María Cristina de Borbón Dos-Sicilias, y que tenía un Gabinete de ministros tan liberales y masones como los políticos gringos como Mendizabal de tan nefasta memoria. Así ahora, pretende hacer creer que EUA, con Lincoln a la cabeza cambiaba la Historia del mundo al abolir la esclavitud: sí fue un hecho trascendente, pero solo en la Historia Norteamericana, pues en otras partes del mundo estaba ya claramente superado el tema, y  acierta al representar eso como el primero de un larguísimo proceso que llevaría hasta 100 años después al reconocimiento de los plenos derechos políticos de los Negros y el fin de la segregación en los estados del sur, incluso, puede decirse que el proceso no terminó sino hasta el 2009 con la elección de Obama a la presidencia, lo que abrió demasiado las expectativas en torno al mandatario, injustificadamente visto como un personaje mesiánico.


Sin embargo, lo mejor de la película y lo que más ilustra la verdadera grandeza de Abraham Lincoln (quien por cierto, hombre de su época, no estaba muy convencido de que los negros fuesen iguales en capacidades a los blancos, como lo estudia Gore Vidal en su obra al analizar su correspondencia) no radica en la abolición de la esclavitud, radica, en realidad, en la visión de reconstrucción y de reconciliación nacional que el propio Presidente quiso para el final de la Guerra y así lo trata con los delegados rebeldes y con el propio General Grant (Jared Harris) tras contemplar el campo de Petersburg: no castigo, no represalias, no destrucción ni humillación del vencido, como quería el radical Stevens, sino tender la mano y recuperar la idea de que había sido una contienda entre hermanos que debía finalizar, esto, el hecho de que ni Jefferson Davis, ni Lee, ni ninguno de los comandantes o políticos que habían encabezado la rebelión, salvo el criminal Anderson, amo y señor del campo de prisioneros Andersonville, donde dicho coronel confederado torturó, asesinó y dejó morir de hambre y tifus a cientos de prisioneros yankees, haya sido ejecutado o pasado el resto de sus días en la cárcel, sino que sólo se les despojó de la ciudadanía, pero se les respetó en sus personas y posesiones, deja ver la grandeza del personaje, así, Lee, por ejemplo, pudo ser Rector de una Universidad a la que dotó de prestigio y de un código de honor extraordinario y sus hijos pudieron integrarse a la vida política y militar nacional.

Eso muestra la enormidad de Lincoln como ser humano y como líder, por contraste, su homólogo y contemporáneo al sur del Río Bravo, Benito Juárez, al vencer en 1867 desató una oleada de ejecuciones que empezó en el Cerro de las Campanas en Querétaro cobrándose la sangre del Emperador Maximiliano. La grandeza y la bajeza en ese tiempo fueron vecinos.

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