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9 de julio de 2018

LAS RAZONES DE LA ELECCIÓN


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Tras la jornada electoral, pasando una semana, ya con las aguas un poco más calmadas, o las nubes de tormenta más cercanas, depende de cómo se quiera ver, se puede hacer una evaluación de lo que pasó ya más a fondo.

Nadie puede negarlo, esto fue un triunfo de la Democracia; pero precisamente, el triunfo de MORENA y su candidato presidencial, la obtención de mayoría absoluta en el Poder Legislativo, así como triunfos en la gubernatura de cinco estados es el deseo del pueblo mexicano. Como lo formulé en los posts anteriores, el resultado electoral es una radiografía de la mentalidad y de la cultura del mexicano.

Es decir: pasó lo que yo había comentado, el electorado se decantó por aquello que le asegurara un cambio para no cambiar nada, o es más, regresar al punto de partida, como algún amigo comentaba en redes sociales, la actitud del mexicano, desde el año 2000 y la primera derrota electoral del PRI, o quizá desde 1994, cuando el sistema de partido hegemónico comenzó a tambalearse tras el levantamiento del EZLN en Chiapas, y los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu, es similar a la de los Judíos durante el Éxodo. Cansados de vivir a la aventura y en el riesgo, y sobre todo, de ser responsables de ellos mismos, añoraban la seguridad que les brindaba la esclavitud en Egipto. Lo he repetido varias veces: ya Vicente Leñero señaló en su obra El Evangelio de Lucas Gavilán que los mexicanos y los hebreos tenemos mucho en común: esperamos un mesías,  alegamos ser especiales o elegidos por la Providencia, nos gusta la usura y los negocios ventajosos, nos hacemos siempre las víctimas --siempre alegamos racismo-- y echamos a otros la culpa de nuestros problemas, además de que igualmente, tenemos una gran diáspora. Pues bien, se ha elegido el regreso a Egipto.

Así, primeramente quiero señalar que las comparaciones, tanto en sentido positivo --como algunos amigos también con doble nacionalidad que en EUA son trumpistas y aquí son amlovers,--  como negativo --léase a Ricardo Alemán, por ejemplo-- entre el Peje y Donald Trump no son válidas, no hay punto, realmente, de semejanza entre ambos, son polos opuestos, salvo quizá el gusto por declaraciones estrambóticas y convertirse en foco de interés de los medios, pero mientras Trump es un outsider del sistema además de confrontarse con la clase política norteamericana, y tiene una larga trayectoria en el ámbito empresarial, así como es un decidido creyente en la economía de libre mercado, Andrés Manuel López Obrador es, en cambio, un producto directo del sistema político mexicano y parte misma de la clase política nacional, además de que nunca ha trabajado ni se ha desempeñado de forma alguna en la iniciativa privada ni fuera de las maquinarias partidistas y puestos gubernamentales. De igual manera, es un decidido creyente, no en el comunismo --esto también es una exageración de parte de sus créditos,-- sino en el no menos malo keynesianismo y la socialdemocracia, con la intervención del Estado Benefactor en todos los ámbitos de la vida y la economía, así que, en realidad no hay nada que ver, entre uno y otro.

Pero volviendo al punto: se eligió volver a Egipto, esto es, a un momento en que al próximo mandatario se le otorgó un poder omnímodo: tendrá la mayoría absoluta en el Poder Legislativo, e incluso, el número suficiente de gubernaturas de su partido (en realidad, un movimiento centrado en su persona) como para tener votos favorables de los estados para aprobar reformas a la Constitución, sin pesos ni contrapesos; tal parece que el mexicano decidió que el mar de las reformas necesarias para aligerar nuestra economía, hacerla competitiva y que el Estado descargase el peso de la responsabilidad en los individuos en el que nos encontrábamos navegando desde 1988 con Salinas de Gortari era demasiado riesgoso y ponía en peligro a su confortable existencia de dormir apoyado en el cáctus, que eligió a quien le propone regresar al pasado de hace 40-30 años sin importar el costo que pretender a estas alturas retornar a un Estado de Bienestar oneroso y dueño absoluto de la economía.

La génesis de esto comenzó desde ese sexenio de trancisión que significó el gobierno de Don Miguel de la Madrid. Desde la selección de Carlos Salinas de Gortari como candidato presidencial en 1988 y por tanto, la volcadura del partido hacia la liberación de la economía, incursión en el mundo globalizado y creación de un sistema político igualmente pluripartidista, se dio el cisma, en la persona de Cuauhtémoc Cárdenas y la presunta Izquierda, que no era más que el sector radical del PRI favorable al estatismo y al corporativismo y al sistema keynesiano o socialdemócrata, así como prácticas tales como el clientelismo político.

La tensión entre ambas posturas se mantuvo durante estos treinta años: la postura principal de la Izquierda, que se fue nutriendo con desertores de las filas del PRI era la oposición sistemática a todas las reformas emprendidas por los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, excepto las electorales que podían beneficiarles para ganar espacio; en pocas palabras, oposición a todas las reformas que representasen un rompimiento con los esquemas que se construyeron durante la llamada "Docena Trágica", y aún antes en el esquema de corporativismo creado desde los orígenes del PRI, con los sindicatos y redes clienterales omnipotentes, en la estructura que Plutarco Elías Calles, y después Lázaro Cárdenas tomaron del Partido Fascista Italiano e incluso, del pensamiento de Jacques Maritain, así como del rol del Estado como rector y participante activo de la economía.

Mucho se ha hablado también del parteaguas que significó el terremoto del 19 de septiembre de 1985, y que llevó a que en la Ciudad de México se iniciase el proceso de "democratización" que llevaría a la caída del PRI en el 2000, esto es en parte cierto, pero también fue la vía en que la Izquierda, en ese entonces mínima aún, pero colaborando con la rama "tradicional" del PRI, la podríamos llamar así, y aún de en ese entonces, nuevos actores, como el Regente de la Ciudad de México: Manuel Camacho Solís, que se aprovecharon de los damnificados del desastre para estructurar una sólida base de apoyo popular a base de dádivas con miras a futuras pretensiones electorales. Cuando Camacho, en la sucesión presidencial de 1994 se vio desplazado por Luis Donaldo Colosio, no dudó en salirse del PRI y emigrar a la Izquierda, llevándose consigo todas las redes clientelares que había construido en la capital del país a su favor.

Vino el asesinato de Colosio, motivado en mucho, a que el sonorense iba a continuar en forma aún más acelerada con las reformas iniciadas por Salinas, el famoso discurso con el que inició campaña y que emitió la memorable frase: "Veo un México con Hambre y Sed de Justicia" no puede sino interpretarse como un reto a las élites que habían contribuido al estancamiento del país y que habían obstaculizado al gobierno del nativo de Agualeguas, Nuevo León. El asesinato de éste, y el encumbramiento de Zedillo y su llegada al poder implicó el poner el freno al proceso de reformas. Aún así, el economista bajacaliforniano pondría fin al sistema de Partido Hegemónico en 1997, cuando el PRI perdió la mayoría en las cámaras y posteriormente, en el año 2000, entregando el poder a Vicente Fox.

Los dos mandatos Panistas, por su parte, se estancaron, no llevaron a cabo ninguna reforma importante, y echaron la culpa de la parálisis a la oposición tanto del PRI como de la Izquierda, aunque también ellos, timoratos, se dedicaron más bien a tratar de usufructuar el sistema para legitimarse y conservar el poder para sus siglas, finalmente, y como lo he dicho aquí anteriormente, el PAN mismo es producto del primer cisma priísta, en los orígenes del sistema postrrevolucionario. De ahí la alianza impúdica que tanto Vicente Fox como Felipe Calderón fraguaron con los corruptos sindicatos de Maestros y Petroleros liderados por Elba Esther Gordillo y Romero Deschamps, algunos otros, no se plegaron al nuevo estado de cosas y fueron desechados, como el caso de Napoleón Gómez Urrutia líder del Sindicato Minero o del Sindicato de la empresa paraestatal, extinta --y quién sabe si pronta a ser resucitada por el mesías de Macuspana-- Luz y Fuerza del Centro.

Irónicamente, fue Peña Nieto quien intentó continuar con la senda reformista y liberación económica veinte años después de haber sido frenada, con circunstancias adversas, de manera tarde y mal, aparte de no saber manejar las expectativas ni las críticas desatadas en medios, sobre todo, porque jamás comprendió el uso y el abuso, de las redes sociales. Ante ello, y ante la campaña mediática desatada tras la desaparición de los 43 "estudiantes" (porros, pistoleros y golpeadores a sueldo, en realidad) de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero, --en la que nada tuvo que ver el mandatario, ni el PRI, sino más bien los propios simpatizantes de Izquierda y hasta relacionados con el hoy Presidente electo-- sacando a relucir los verdaderos escándalos de corrupción del propio presidente Peña y de varios Gobernadores estatales priístas, mismos que fueron magnificados, mientras que los de la Izquierda, como el robo o fraude de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, o ahora la malversación de los fondos recaudados para los damnificados del nuevo seismo del 19 de septiembre de 2017, fueron minimizados.

El proceso de reformas y de democratización en México, que ojo: fue llevado a cabo por el propio PRI, que decidió ceder la palestra política a sus "hijos" y opositores ante las presiones externas e internas para la democratización, además de disminuir el control del Estado sobre la economía ante la imposibilidad de sostener al sistema económico estatista en el mundo globalizado actual, ha fracasado, pues no encontró después de Salinas y Zedillo a quienes le dieran continuidad, los Panistas se preocuparon más por el poder en sí mismo  y usufructuar el sistema en su favor, y Peña fue incapaz de reencausarlo. Para colmo, el proceso de debilitamiento de las estructuras autoritarias supuso el dejar sueltos a numerosos poderes fácticos que aprovecharon los vacíos dejados por el Estado para llenarlo, y ahí tenemos a los grupos empresariales, que buscaron satisfacer sus intereses en colusión con políticos oportunistas y voraces, a los sindicatos y sus líderes que igualmente se convirtieron en potentados dueños de poder suficiente para desquiciar al Estado, como lo demostró la CNTE en Oaxaca y otras partes, y por supuesto, el crimen organizado; las reformas incompletas y sin condiciones de ser concluidas propiciaron esto.

De manera similar a Rusia, en que la Perestroika de Gorbachov dejó vacíos que la incompetencia de Yeltsin no pudo llenar, y se retornó al autoritarismo milenario con Putin a fin de salvar al Estado y hasta a la Nación, los mexicanos decidieron que no vale la pena los riesgos: se apostó por la seguridad antes que por la libertad, y de esa manera, se pidió a gritos que todo volviese a ser como era. López Obrador, quien viene de la escuela estatista y autoritaria de Echeverría y López Portillo tiene, al igual que aquellos, en sus manos el "carro completo" y la posibilidad de manipular tanto la Constitución como las leyes de la forma que desee sin cortapisas. Los grupos de poder, hasta los empresarios que le hicieron la guerra, ahora dócilmente aparecen adulándole y asegurándole la fidelidad absoluta; los sindicatos le apoyaron para llegar al poder, los intelectuales le saludaron como a un nuevo César y los medios de comunicación se rindieron a sus pies. En pocas palabras, AMLO es el Diocleciano que nuestra decadencia esperaba, como lo proyectara el analista José Luis Trueba Lara en su magnífica obra La Tiranía de la Estupidez, del que alguna vez hablé en este espacio. Alguien que salve al Estado y nos brinde sensación de seguridad; sin embargo, tal y como ocurrió con el emperador romano, su férreo mandato y el de la Tetrarquía que estableció, únicamente disfrazó y aplazó la gravísima crisis que ya carcomía al Imperio desde los tiempos de Marco Aurelio y que nadie pudo evitar que estallara de nuevo tras su abdicación, sólo la contendrían primero Constantino y Teodosio después, y al final, sus esfuerzos sólo llevarían a salvar a la mitad de todo el orbe romano.

AMLO ha restablecido el sistema priísta, pero con una diferencia: el PRI estableció un sistema que, como su nombre lo indica, descansaba en la creación de instituciones que trascendían a las personas: los presidentes no podían ser más que caudillos durante su periodo de gobierno y después se encaminaban discretamente a las sombras, por el contrario, nuestra regresión en este aspecto es todavía mayor, pues estamos regresando al caudillismo; simplemente véase lo que ha pasado con el PRD, ese partido, sin las figuras dominantes de Cuauhtémoc Cárdenas o del propio López Obrador, se encamina a su extinción y sólo se salvó gracias a la transfusión de votos y presencia que le dio la fallida alianza con el PAN de Anaya, éste partido, ante el fracaso del joven líder y candidato, se encuentra en el marasmo de carecer de figuras, y en Jalisco tenemos el ejemplo de Enrique Alfaro, que él solo convirtió en dominante a un partido que fuera de las fronteras del estado es igualmente minoritario. Así que volvimos a la era de los caudillos: Zapata, Madero, Villa, Díaz, Juárez o Santa Anna; sin la figura y el carisma del líder, todo se vendrá abajo, a menos que decida perpetuarse de una u otra manera y hasta que la vida le alcance.

En el ambiente se aprecia división e incertidumbre, un espíritu de revancha de aquellos que se sienten fueron agraviados por el sistema por décadas, la ambición sin cuenta de aquellos que se frotan las manos ante las posibilidades de aprovecharse de la nueva situación, y el temor de muchos que ven truncadas las esperanzas de un futuro distinto.

Pero ¿qué podíamos esperar? la Democracia históricamente, jamás ha funcionado a largo plazo, desemboca siempre en oligarquías o tiranías, y en nuestro caso, creo que se decanta por la segunda opción, soy pesimista y creo que además, se abre para México el último capítulo de su Historia, una Historia de una Nación que nunca pudo cuajar ni levantarse tras su Independencia por ser uno más de los fallidos experimentos de la modernidad. Arrastrada por la propia decadencia de la Civilización Occidental de la que forma parte, se encamina, como todas las demás de su hemisferio, hacia el abismo y a ser parte del pasado y lo peor, empujada por los propios mexicanos que nunca supieron valerse por sí mismos ni romper con sus mediocridades y complejos. 
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La Selección de Fútbol:

Ya habrá tiempo, en el próximo post, de hablar acerca del que probablemente, ha sido el peor Campeonato Mundial de Fútbol de la Historia, y no me refiero a la organización, que ha sido excelente, de parte de la renovada, estructurada y autoritaria Rusia de Putin, sino por el nivel de juego de los equipos participantes, finalmente, las escuadras han sido una representación de lo que pasa en sus países, bastante elocuente además, y así es el caso de México, donde nuevamente, no se pasa de Octavos de Final...

Mientras se ve que el fútbol de los tradicionalmente considerados "equipos chicos" ha evolucionado favorablemente en los últimos años: Corea del Sur ha llegado hasta un tercer lugar, las potencias africanas también luchan, y hasta países islámicos como Irán, Marruecos o Egipto dieron buena pelea, y este Mundial ha sido la aparición de sorpresas como la propia Rusia, Bélgica o Croacia, y las grandes potencias tradicionales de ese deporte se han hundido, México no retrocede, pero tampoco avanza: el conformismo y el estancamiento son su característica, lo mismo que se vio en las urnas.

3 comentarios:

misteryhouse dijo...

O, problemas, sobre todo en educación. Tal parece que la revocación de la Reforma Educativa por parte de López Obrador y sin duda que es porque quiere tener el favor de la CNTE, pero hay un regalito igual o peor. El señor peje quiere impulsar una reforma constitucional al agregar al artículo 3 el derecho a al educación superior. La educación superior debe quedarse como un privilegio porque es muy costosa y por más que se intente nunca se van a tener los recursos necesarios para atender a toda esa masa de jóvenes que quieren estudiar una carrera. Se debe evitar a toda costa que esas aberraciones lleguen a toda costa porque el desastre educativo será mayúsculo porque ya ahora no nada más a va a ser el nivel básico, también el superior y ahora sí estaremos en problemas.

José María Ortega dijo...

Estimado Yorch

Me he tomado la libertad de recomendar tu blog, y de publicar en la página de Facebook En Ñ, dos de tus entradas, "Azteconomía, el peor de nuestros lastres" , de 2012, que me parecen magníficas.

Espero ayudar, aunque sea muy modestamente, a que tu trabajo, que es brillante, se divulgue.

Un abrazo

José María

YORCH dijo...

Muchas gracias José María, pues aquí estamos tratando de crear un espacio de opinión informada que ilustre la deriva del mundo actual.

Respecto a lo de la Educación Superior, cabe decir que en EUA se ha estado dando un debate al respecto, al señalarse incluso por comentaristas "Trumpistas" o simpatizantes Republicanos que es una falacia que todos deban tener acceso a la Universidad o forzosamente tener una licenciatura, ya que, por un lado, las universidades en EUA se han estado convirtiendo en centros de adoctrinamiento ideológico antes que en centros de formación de profesionales, y por otro lado, algo más práctico: el mercado laboral no está en condiciones de recibir a tanto licenciado, ingeniero, médicos, maestros o doctores, por lo que recomendaban el estudiar carreras técnicas.

Para AMLO creo que la sobreproducción de licenciados sería, igual que para los Demócratas, la oportunidad de formar cuadros y chairos al por mayor