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2 de enero de 2016

PARA EMPEZAR EL AÑO...


Y para comenzar "bien" el año, en lo que parece será una continuación del complicadísimo 2015, el Gobierno del Rey Salman Saud en Arabia, ordenó la ejecución de diversos prisioneros acusados de terrorismo, pero en especial, del clérigo chiíta Nimr al-Nimr (en la foto). Recordemos que, desde su ascenso al trono hace ya casi un año, Salman se ha caracterizado por su puño de hierro para ejercer el de por sí poder absoluto de su dinastía sobre la Tierra Santa del Islam; en poco tiempo, el Rey, político astuto y quizá el más radical de todos los hermanos que se han sucedido al frente de la corona del país peninsular desde la muerte de Abdel-Aziz Ibn Saud, el genio político que fundó a la ahora potente monarquía.

Lo que estamos viendo detrás de todos los conflictos actuales en Medio Oriente, en realidad, es la eterna guerra entre Chiítas y Sunnitas, las dos corrientes más importantes en el Islam, que a su vez, sólo disfrazan la rivalidad entre Persas y Semitas dentro del Islam y más que dentro del mundo musulmán, dentro de la más convulsa, más estratégica y quizá más importante región del planeta. Ya lo he apuntado aquí: Irán, desde el siglo VI a.C., se convirtió en el centro rector del Medio Oriente. Antes del ascenso de Ciro el Grande, la región era un caos cambiante entre imperios como el Egipto Faraónico, Sumeria, Akkad, Asiria, Babilonia o el Imperio Hitita, sin que hubiera un verdadero orden o estabilidad; los Persas, por el contrario, brindaron un orden estable a la zona, floreciendo la economía y el comercio en un espacio ininterrumpido que iba del Mediterráneo al Norte de la India, algo que más tarde no lograron plenamente ni Alejandro Magno y sus Diadócos y en lo que sí tendrían éxito y con creces Genghis Khan y los Mongoles.

Como sea, en todos los pueblos de la región se percibe, hasta el día de hoy una enorme influencia de la Persia de los Aqueménidas, Arsácidas y Sasánidas, en mucho de lo que conocemos ahora de la cultura musulmana: vestimentas, música, arquitectura y estilos, hay mucha influencia iránia antes que propiamente árabe o semita en general; y era lógico, finalmente, con la expansión del Islam y la aparejada conquista árabe, sucedió como en el caso de Roma y Grecia, los incultos árabes nómadas encontraron en la vieja Persia un modelo de cultura, de política y de Imperio que adoptaron en los Califatos.

Si Irán es una de las potencias más antiguas del mundo, que como ya apuntaba en algún otro artículo de este espacio, se ha mantenido en la cumbre y ha provocado terremotos geopolíticos, desde el despertar a Grecia para que ésta lograse su máximo desarrollo tras las Guerras Médicas, provocar un desbalance con el Imperio Romano que lo conduciría a su declive, y finalmente, equilibrar tras el cisma Chiíta a los Califatos Arabes y Otomano, su resurgimiento posterior a la Revolución de 1979 ha provocado todo este terremoto y ha generado un competidor: Arabia, por su parte, es una potencia relativamente joven, si bien apareció por primera vez en los mapas geopolíticos de la mano de Mahoma en el siglo VII, y aunque considerada el santuario musulmán por excelencia por las ciudades santas de La Meca y Medina, no fue sino un área periférica de los imperios islámicos, no siendo sino hasta la unificación a manos de Abdel-Aziz Ibn Saud y su dinastía que la convirtieron en un Estado moderno, y además, en una potencia económica sustentados en la enorme riqueza petrolera del reino.

Como ya lo he explicado aquí: la Primavera Arabe, la Guerra en Siria, la invasión a Yemen ante la rebelión de los chiítas Houtis y ahora la ejecución de uno de los líderes más importantes de la comunidad chiíta, minoritaria en Arabia, de una provincia al norte que al igual que el sur de Mesopotamia o Irak, se ha mantenido bajo la influencia política y religiosa iraní desde Ciro el Grande; en lo que, para muchos, parece ser un acto decidido de provocación deliberado de la corte de Riyad a Teherán, y que es de pronóstico reservado: por ahora, el Gobierno de Rohani ha llamado al embajador saudita a consultas, mientras que la sede diplomática en la capital persa ha sido atacada por la turba que indignada, clama por vengar la muerte del clérigo ejecutado... por otro lado, no deja de inquietar que ante la baja de los precios del petróleo, en una estrategia que buscó dañar a Rusia y concertada con EUA como compensación o contraprestación a su actuación favorable a los intereses de la Casa de Saud.

¿Estamos por ver una Guerra Civil Islámica y el enfrentamiento entre Irán y sus aliados sirios, libaneses, iraquíes y demás chiítas en contra del bando Sunnita capitaneado por Arabia, Turquía y las otras monarquías del Golfo Pérsico? Como sea, no deja de ser impresionante lo que esto significa: las potencias occidentales han actuado como comparsas de Arabia y aliados con sus intervenciones y cambios de régimen que han beneficiado a los Sauditas y a los fundamentalistas a quienes patrocinan; pero los acontecimientos no se están decidiendo ni en Washington, Londres, Berlín o París, sino en Riyad, Teherán o incluso Moscú y Pekín --no dudemos que Rusia y China tomarán cartas en el conflicto, si llega a desatarse, y es posible apostar que lo harán de parte de Irán-- con lo que vemos cómo Occidente ha perdido su capacidad rectora de la política internacional mientras el poder se concentra ahora en Asia.

Estemos atentos: son tiempos interesantes.

1 comentario:

Itzayana-chan dijo...

Feliz año nuevo, señor Yorch!!!!