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3 de julio de 2015

DON JACOBO ZABLUDOVSKY Y EL FIN DE UNA ERA


En la época en que México era "el país de los monopolios" --aún lo sigue siendo en muchos aspectos-- Televisa era la dueña prácticamente de la TV y buena parte de la radio en el país. La empresa, además, tenía un enorme prestigio internacional, no solo en nuestro continente, sino incluso a nivel mundial era reconocida. El poderoso imperio mediático era, de los años 70 a 90 dirigido por el extraordinario empresario Emilio el Tigre Azcárraga Milmo, y se sostenía sobre cuatro pilares, en sus distintos ramos: Raúl Velasco, que llegó a ser el hombre más poderoso del espectáculo en México y quizá, del mundo de habla hispana; Ernesto Alonso, extraordinario actor, director y productor formado en el cine de oro mexicano, que se convirtió en realizador de telenovelas de calidad apoyado por grandes actores e historias inteligentes que recibieron premios y grandes audiencias incluso en Europa y Asia, Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, que gozó de una enorme influencia gracias a sus personajes y programas cómicos y por otro lado, Don Jacobo Zabludovsky.

Zabludovsky sin duda fue un protagonista de la segunda mitad del siglo XX mexicano, hijo de inmigrantes judíos polacos de situación humilde, --se avecindaron en el popular barrio de la Merced en la capital del país-- representó la tónica de muchos de los miembros de la comunidad hebrea mexicana: integrado e identificado con nuestra nacionalidad, era un enamorado de la Ciudad de México, que jamás hizo alarde de ser seguidor de la Ley Mosaica y su postura respecto al Estado de Israel fue siempre fría, neutra, mostrando en sus noticieros las dos caras del conflicto judeo-palestino, quizá tuvo mucho que ver que sus padres, de escasos recursos, le matricularon en una escuela pública en vez del Colegio Israelita, donde se mexicanizó al completo. Entre muchos de sus rasgos estuvo el ser un gran aficionado y promotor de la Tauromaquia. Aunque obtendría el título de Abogado por la UNAM, se inició siendo adolescente en el periodismo en forma empírica, casi accidental, por un vecino que trabajaba de linotipista en el periódico El Nacional, para después ser corrector de estilo, entrar a trabajar a una estación de radio como locutor de anuncios comerciales y posteriormente, dar el salto a conductor de noticieros.

Zabludovsky, en 1950 entraría a la naciente industria de la Televisión Mexicana y ahí, su importancia, sería tan grande, o quizá más que la del mítico Walter Conkrite en EUA, pues incluso, la obra del mexicano fue innovadora al diseñar lo que sería el noticiero televisivo y esto trascendería más allá de México: escenografía, modo de dar las notas, el segmento de opinión, la entrevista televisiva, los enlaces con corresponsales al interior del país y en el extranjero, siendo el verdadero arquitecto de una red de corresponsales y enlaces con reporteros situados en distintos países, y siendo un gran profesional: sería el único reportero mexicano en encontrarse en Cuba en 1959 cuando entró el ejército revolucionario de Fidel Castro a La Habana, teniendo oportunidad de entrevistar a Ernesto el Ché Guevara. Otras entrevistas clave en su carrera serían las hechas al propio dictador comunista de la isla, al gran pintor surrealista español Salvador Dalí o a la actriz María Félix. Narraría el alunizaje del Apolo XI en 1969, o la cobertura de la Guerra del Golfo Pérsico en 1991 y la caída del Muro de Berlín y la URSS, hecha a través de la red noticiosa en español llamada ECO Noticias, esfuerzo iniciado por Televisa que quizo ser una especie de CNN del mundo hispano.

Pero donde daría muestras de ser un verdadero titán de la crónica, sería con la narración que hizo de la gran tragedia del Terremoto del 19 de septiembre de 1985 que destruyó gran parte de la Ciudad de México, dañando o acabando con edificios históricos o tradicionales como el Hotel Regis o el Hotel del Prado, y la propia sede de Televisa Chapultepec, todos ellos lugares entrañables para el ya entonces veterano periodista que siempre abogó por la conservación del vasto patrimonio arquitectónico e histórico de la vieja México-Tenochtitlan y sus tradiciones, hasta llegar a ser presidente del Comité para la Conservación del Centro Histórico de la capital. Esa crónica la realizó a bordo de su automóvil y gracias a un primitivo teléfono celular instalado en el vehículo; en sí misma, creo que es un monumento al periodismo a nivel mundial:


Sin embargo, Don Jacobo no estuvo exento de polémicas; en mucho se le identificó como la voz oficial del régimen priísta, quizá no tanto por voluntad propia; aunque ciertamente, siempre fue bien recibido en Los Pinos, y cuando el Presidente de la República salía a alguna visita de Estado o a participar en una reunión cumbre con otros mandatarios, Zabludovsky tenía lugar seguro a bordo del avión presidencial. Sobre todo, se le critica por la cobertura parcial al Gobierno realizada en 1968 del conflicto estudiantil y la "matanza" de Tlatelolco.

Y digo que quizá no tanto por voluntad propia es que fue identificado o fungió quizá como la voz del sistema, él mismo, en 1997, cuando se acercaba la cancelación de su noticiero: 24 Horas, y al mismo tiempo se daba la transformación de la política mexicana con la pérdida de la mayoría en el Poder Legislativo del PRI, narró en una entrevista cómo su trabajo debió plegarse a las circunstancias imperantes en México durante sus años de labor en Televisa, más cuando su jefe, Azcárraga Milmo, se había calificado a sí mismo como "soldado del PRI" en un evento al interior de la empresa en la que dictó línea a todos los empleados: Don Jacobo, pese a su prestigio, haber sido reconocido hasta con la Legión de Honor francesa y con muchas otras condecoraciones a nivel mundial, no era más que un empleado del poderoso empresario y tenía que aceptar las órdenes de éste. 

Pero con la muerte de el Tigre y su sustitución por su, en mi opinión, inepto y soberbio hijo Emilio Azcárraga Jean, la situación cambió: el joven heredero quizo hacer una especie de renovación generacional en la empresa y empezó a afectar a los viejos pilares de la empresa, aprovechando la mala salud de Velasco, le cesó su programa, igualmente, sacó a Chespirito y dejó a Alonso languidecer dándole preferencia a otros productores de telenovelas mucho más jóvenes y populacheros, así como menos exigentes con actores y la calidad de los argumentos de las telenovelas, y en el caso de Zabludovsky, se desató un conflicto entre el empresario y el hijo de aquel: Abraham, economista y también periodista, conocido por la forma dramática que tenía de presentar las notas, en particular en los resúmenes de cada fin de año de las noticias más importantes, pero que padecía de alcoholismo, se vio obligado a renunciar a Televisa, lo que motivó también la renuncia de su padre. Cabe decir que desde entonces, Televisa se ha encontrado en una inexorable decadencia: el joven Azcárraga se ha rodeado de personajes mediocres y vulgares a los que aupó como recompensa por su amistad y su actitud servil: Adal Ramones, Eugenio Derbez, Consuelo Duval, Juan Osorio y Joaquín López Dóriga, quien vino a ocupar el papel del anciano periodista, entre otros muchos personajes patibularios, mientras su programación llega, realmente, a niveles asquerosos.

Don Jacobo se fue a la radio, donde condujo los últimos 15 años de su vida el noticiero De 1:00 a 3:00, y donde según dijo, conoció la mejor época de su labor profesional, ya que, ahora sí gozando de completa libertad editorial, asumió una postura muy crítica tanto con las administraciones panistas de Fox y Calderón como contra la actual priísta de Peña Nieto. Hasta hace quince días, condujo su noticiero, pero ya se encontraba debilitado, como pudo verse en su última aparición televisiva en su viaje a Cuba colaborando con ESPN, finalmente, se internó ante un cuadro de grave deshidratación. El día de ayer, y tras una aparente mejoría, falleció víctima de un derrame cerebral. De acuerdo con la tradición judía, anclada en el libro del Levítico, fue sepultado casi de inmediato.

Don Jacobo queda para la Historia, con sus enormes logros y sus polémicas, dejando un hueco imposible de llenar, ni en la generación de periodistas que todos aducen ser sus discípulos o alumnos, ni en los más jóvenes existe alguien que combine cultura, carisma, profesionalismo, habilidad en el trato, sencillez y pasión por el periodismo con mayúsculas como Don Jacobo Zabludovsky, es un titán más que se marcha, dejándonos con nuestro presente de mediocridad. Para nuestros mayores, se acaba el representante de una era, que, si bien no fue democrática, en mucho, fue mejor.

DESCANSE EN PAZ.

1 comentario:

Anónimo dijo...

https://youtu.be/-vqWL1KC29I
TLV1 - Características para ser un buen dirigente - Pedro Varela