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11 de abril de 2015

LA GRAN VICTORIA PERSA


Tal parece que mientras la política exterior de la Administración Obama, en su primer periodo presidencia, dirigida por Hillary Clinton que ocupaba la cartera de Estado, se dedicó, en su grandilocuencia y despliegue de poder, así como impulsada por la mentalidad hippie combinada con el imperialismo "humanitario" del mandato de su esposo, a agitar el avispero del Medio Oriente con las malhadadas Primaveras Arabes que sólo llevaron a un renacimiento del Islamismo radical y a la incesante guerra civil en varios países de la zona, en un intento por redefinir la geografía y las relaciones de poder en el área más estratégica del planeta y que terminó en un desastre, incluso contribuyendo a debilitar la posición del propio Estados Unidos y a distanciarse de y a aislar al más viejo e incondicional aliado regional: Israel.

Ahora, con un hombre más mesurado, y también, limitado como John Kerry al frente de la política exterior e interior de Washington, aterrado ante los frentes abiertos para la política norteamericana y buscando ganar nuevos aliados, ha optado por rendirse o someterse a los planteamientos de sus contrarios: lo que la Hillary tenía de aventada, Kerry lo tiene de timorato.

Así fue que tras 50 años, finalmente EUA legitimó a la Revolución Cubana y al régimen de los Castro sobre la isla y se encuentra en vías de levantar embargo y sanciones, así como de normalizar relaciones diplomáticas y económicas, sin que el régimen comunista insular tenga que hacer modificaciones en sus políticas sobre derechos humanos, el trato a disidentes u opositores o permitir el acceso al poder a quienes no comparten el credo marxista. Ahora, aunque quizá con más sensatez y comprensión  de la realidad del Medio Oriente, EUA legitima al régimen de la República Islámica de Irán cuando desde 1979 había sido un régimen calificado de "terrorista" y de intrínsecamente malvado. En realidad, todo se había originado por la nacionalización de la industria petrolera decretada por el nuevo gobierno que lideraba el Ayatholla Ruyollah Khomeini, en detrimento de los intereses norteamericanos y británicos, imperantes y protegidos bajo el corrupto mandato del último rey persa Mohamhed Reza Pahlevi.

Hoy en día, tras el desastre en que se ha convertido la región con el Estado Islámico cada vez más violento e imparable en su expansión, por un lado, y por otro, una Arabia Saudita que también viene por sus fueros de convertirse en la potencia dominante, quién sabe si más allá de su patrocinado, el autoproclamado Califa Abú Bakr II Al Baghdadí y ahora por sus propios medios con la invasión a Yemen que está llevando a cabo en estos momentos en lo que todo indica, es un pulso con la potencia persa por el control de la zona, y más en un punto tan estratégico como es este otro país peninsular, colocado frente al Cuerno de Africa y en la entrada del Mar Rojo y por consiguiente, del Canal de Suez y el Mediterráneo, Irán verá este acuerdo alcanzado con EUA y las potencias occidentales y Rusia un gran paso a su inclusión por propio derecho en el concierto internacional como un igual.

Los grandes perdedores ante este arreglo son tres: en primer lugar, el ISIS, que ve en un probable proceso de normalización de relaciones entre Persas y Norteamericanos un cese de la hostilidad de Washington hacia Damasco, con lo que se alivia la presión sobre Bashar el Assad y se abre la posibilidad de un actuar conjunto entre Sirios, Chiítas, Occidentales, Cristianos y Persas en contra del Califato de Abú Bakr II y su temible expansión, en segundo lugar, quien pierde es Arabia Saudita, que puede interpretar lo que ocurre como una carta abierta que se le da a su rival regional para frenar su expansionismo, mientras que EUA, que desde la Administración Bush ha sido el instrumento de los intereses sauditas, ahora parece darle la espalda a Riyad y dejar que Teherán se ponga en ventaja en la carrera por el control de Medio Oriente. 

Pero el gran perdedor es Israel, para contra de conspiranóicos queda demostrado que tanto el Sionismo como los Judíos en general no tienen el enorme poder que se les atribuye; por el contrario, tras la guerra de Gaza el año pasado, el Estado Judío ha quedado aislado y más que nunca encerrado en su paranoia, lo que condujo a la reelección de Benjamín Netanyahu al cargo de Primer Ministro, y el evidente distanciamiento con respecto a Washington. Quizá cobra más peso ahora la conciencia de que Israel ha causado enormes gastos a EUA y además, ha sido en mucho la causa de los problemas de Medio Oriente desde 1948 al haber sido el factor catalizador del radicalismo islámico.

Sin duda, Irán debería ser el aliado principal de Occidente en el Medio Oriente, es la potencia dominante de la región por naturaleza, así ha sido desde el siglo VI a.C. y quizá es el único capaz de establecer un orden duradero a base de su fuerza militar, demográfica y control de la política de la zona y el único capaz de frenar al fundamentalismo Sunnita. La pregunta queda en el aire: ¿Puede esto ser el inicio de la paz en el Medio Oriente, o el incremento de problemas al aumentar las luchas por construir un nuevo imperio entre el ISIS, Arabia Saudita e Irán? Ya lo veremos.







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