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5 de abril de 2015

EL VUELO DE GERMANWINGS


La reciente caída del avión Airbus A-320 de la aerolínea Germanwings que cubría la ruta Barcelona-Düsseldorff se une a las terribles tragedias aéreas que han enlutado los cielos del mundo en los meses recientes, como la misteriosa desaparición de un vuelo de Malasia Airlines y el derribo de otro de la misma compañía aérea sobre Ucrania en el contexto de la guerra civil que se libra en el país eslavo; ahora resulta que a pocas semanas de acontecida la tragedia se ha escrito ya el canon de lo ocurrido y se exhibe como verdad incuestionable: el avión fue echado abajo en pleno vuelo por el propio copiloto, un joven aviador alemán de nombre Andreas Lubitz, (en la imagen) que resultaba ser, pese a la fotografía que lo retrata como un hombre sano y deportista, un verdadero saco de enfermedades físicas y mentales: un probable desprendimiento de retina y un trastorno maniaco-depresivo le incapacitaban para seguir a los controles de las aeronaves, aún así, resulta increíble que se mantuviera en activo hasta el día en que entró a la cabina de mando del desgraciado vuelo por la empresa.

Y es que todo resulta muy extraño: al principio se decía que el piloto en cuestión era un modelo que había pasado como sobresaliente todos los exámenes, de conocimientos, psicológicos y físicos, contaba con una novia embarazada por él y resulta que se trataba de un hombre solitario; un enfermo aterrado por perder su licencia de piloto que sin embargo, competía en carreras de fondo sin demostrar tener problemas visuales, un hijo modelo y que se retrataba, por ejemplo, a la vera del puente Golden Gate en una ocasión en que por su profesión llegó a San Francisco, California, EUA. Y resulta que nomás estrellado el avión sobre los Alpes franceses, la investigación, apenas iniciada, ya apuntaba en su contra, describiéndolo como un monstruoso psicópata con tendencias suicidas que decidió irse al infierno acompañado de 150 inocentes pasajeros y compañeros de tripulación.

Creo no ser el único a quien le huele mal la investigación llevada a cabo por la Fiscalía gala, la historia que se narra de lo ocurrido, supuestamente grabada en las cajas negras del aparato parece más propia de una película protagonizada por Liam Neeson que algo real: aprovecha la salida de la cabina del capitán para saciar una necesidad fisiológica --orinar-- para, aprovechando las paranoicas medidas  de seguridad adoptadas desde el 11 de septiembre, como es el cierre hermético de las cabinas de pilotaje de las aeronaves de pasajeros con puertas blindadas y seguro desde dentro, dirigir al avión contra los montes y así liberarse de sus miserias y acabar con todo el pasaje, para así, ser un nuevo Piróstrato --quien incendió el templo de Artemisa en Efeso para ser famoso-- y pasar a la Historia como el autor de una catástrofe aérea sin igual.

Aún antes de analizar los restos del avión y realizar todo el proceso científico de estudio de los vestigios del aparato y de los restos mortales de las víctimas, se difundieron por TV y redes sociales muchos detalles personales sobre la figura de Lubitz, de inmediato, no se mencionó ninguna posible causa, sea técnica o atribuible al terrorismo como lo que ocasionó el derribo del avión, sino que el dedo acusador de inmediato apuntó al aviador germano como el único e incuestionable responsable del desastre, filtrándose además las supuestas grabaciones de audio contenidas en la caja negra, misma que, en caso de ser auténtica, debería haberse conservado reservada en tanto se desarrollaban las investigaciones.

Si estamos ante una tapadera ¿qué es lo que se pretende ocultar? Pueden ser dos cosas: 

1.- El avión fue derribado por una maniobra, sea mediante explosivos, misiles o sabotaje, atribuible al terrorismo islamista: recordemos, el ISIS ha prometido llevar la guerra a Europa, y como lo mencionaba en este espacio en un post anterior, esta guerra irregular se llevaría a cabo a base de aguijonazos o golpes esporádicos y repentinos a través de musulmanes que ya son parte de la población europea; las autoridades, en especial el Gobierno de Hollande, tras los ataques a la revista Charlie Hebdo temen que revelar que esta fue la causa detrás de la catástrofe lleve a un brote de xenofobia anti-islámica que caiga en la violencia o a adoptar medidas que podrían ser tildadas de racistas contra los musulmanes residentes en Francia, además de generar una verdadera paranoia ante la muestra de lo fácil que es burlar la seguridad en cualquier momento.

2.- Algo está podrido en los Airbus: tras la desaparición en el mar de un vuelo de Malasia Airlines que también era un aeroplano producido por ese consorcio que es una especie de encarnación de la Unión Europea en la figura de una empresa constructora de aeronaves, y sobre el que también han arrojado el velo del misterio, otro desastre provocado por fallas técnicas en los aviones de esta marca cuestionarían su calidad y su fiabilidad, por el contrario, aparecerían como aviones peligrosos, lo que redundaría en grave perjuicio económico para Europa, que tiene como joya de la corona a una empresa que está conformada por consorcios de distintos países comunitarios y que es una muestra de la colaboración entre ellos: España, Alemania, Italia, Inglaterra, todos hacen algo en el proceso constructivo de cada avión. Esto obligaría al retiro de todos los aparatos que pudiesen presentar los mismos problemas o fallas que los siniestrados y dejaría el campo libre a los constructores norteamericanos y aún rusos de aviones comerciales.

¿Es Lubitz un chivo expiatorio? Yo, al menos, así lo creo. Muy probablemente, pasará mucho tiempo para que se sepa la verdad, si es que algún día la misma se llega a descubrir, de ser así estamos ante un caso que nos ilustra como a políticos y empresarios de nuestros días, desprovistos de toda ética o moral, les importa un bledo el respeto a la reputación y la memoria de otros, con tal de cubrir sus huellas y lavar sus sucias manos manchadas de intereses económicos y sangre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fíjese lo ocurrido con el vuelo 447 de Air France (Río de Janeiro-Paris) en 2009 donde murieron todos los pasajeros y tripulación en el medio del mar. Se acumuló un error del copiloto con un grave defecto de diseño del comando del avión, que en lugar de los tradicionales "cuernos" simétricos, cuyo par funciona perfectamente solidario y permiten saber al copiloto lo que está haciendo el piloto y a la inversa, por un moderno "side stick" que no registra el movimiento del otro piloto y que envía la orden a una computadora, que la compensa con la otra orden que pudiera existir... Esto se deduce claramente de los diálogos dentro de cabina registrados por la caja negra y publicados.
Así pues, si uno de los pilotos inicia una maniobra y el otro intenta otra, se han de perder los dos pues ninguna de las dos llega a su fin. En el informe de la BEA surge que el copiloto Bonin intentaba levantar la nariz, mientas el comandante Dubois intentaba bajarla para ganar velocidad y poder finalmente elevar el avión.
Y esto ha sido, sí, un error de diseño del Airbus.