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1 de julio de 2014

¿EL REGRESO DEL CALIFATO?


El alzamiento del Ejército Islámico de Irak y el Levante no es asunto menor, por el contrario, puede ser el origen de un problema geopolítico sin precedentes, más cuando la dirigencia de este movimiento radical está proclamando la reconstrucción de la Khilafah, o Califato, el Imperio Islámico, encarnación política de la Ummah o Comunidad de Creyentes.

El origen del Islam se explica en mucho por la búsqueda de Mahoma de lograr la unidad de las tribus árabes, éstas, hermanas menores de las brillantes civilizaciones semitas del Medio Oriente antiguo, se encontraban desunidas, enfrentadas entre sí y entregadas en su mayoría al nomadismo; el profeta musulmán, descendiente de Ismael, hijo de Abraham y Agar, y miembro de la tribu de los Qoriaschíes, como comerciante, conoció tanto al Imperio Persa Sasánida como al Imperio Romano de Oriente, y muy probablemente buscó la manera de dotar a su patria de una unidad política a la vez que ideológica y religiosa; sin embargo, lo hecho por él rebasaría sus expectativas, a su muerte, se planteó quien dirigiría a la comunidad de creyentes musulmanes, y así, se planteó la existencia de un "sucesor" khalifa en árabe, que dirigiría la comunidad y a la vez sería el máximo intérprete de la doctrina religiosa.

Los llamados "4 primeros califas bien guiados", eran parientes de Mahoma y eran electos por la comunidad, sin embargo, después vendría el cisma Chiíta encabezado por Hussein, nieto del profeta y el apoyo que recibió de los Persas, recién convertidos al Islam y que pronto habían adquirido una enorme influencia sobre el Mundo Islámico, a grado tal que los rasgos culturales que hoy identificamos como árabes o musulmanes en general, son en realidad provenientes de la Cultura Persa y en segundo lugar del Egipto Helenístico-Romano: vestimenta, música, costumbres, bailes, arquitectura, urbanismo, etc. No era de extrañarse, los árabes tenían una cultura muy pobre y claramente se deslumbraron por la cultura imperial de los iránios, quienes a su vez, adoptaron mucha de su civilización de los pueblos de Mesopotamia.

En los terrenos políticos eso también se reflejó, tanto Mahoma como los primeros Califas vivían como ascetas y eran vistos como líderes espirituales; pero todo cambió tras la llegada al poder de los Omeyas tras la derrota de Hussein, quien si bien había tenido el apoyo iraní en forma directa, la influencia cultural persa había ya permeado en toda la élite dirigente árabe que había adoptado el lujoso modo de vida de los nobles conquistados en unos cuantos años.

Por ello, el Califa se reconvirtió en un monarca verdadero, asumiendo el carácter, el ceremonial y las insignias que originalmente habían pertenecido a los monarcas aqueménidas, arsácidas y sasánidas, asumiendo el título de Padishá o Rey de Reyes, e instalados en Damasco primero y Bagdad, pasando después a residir en suntuosos palacios hechos a imagen y semejanza de los que en el pasado habían pertenecido a poderosos monarcas como Ciro el Grande, Darío, Jerjes y demás, rodeados de una gran corte y poseedores de un enorme harem. 


El Califato sin embargo, tras una brillante etapa inicial de expansión y esplendor bajo los Omeyas y los Abasidas se fue disgregando y cayendo en la decadencia: luchas dinásticas ligadas a la poligamia, la separación de los Omeyas sobrevivientes y la creación de un Califato rival en Córdoba, los descendientes de Mahoma que se instalaron en Egipto, creando su propio Imperio basado en El Cairo, y la invasión de los Turcos Selyúcidas, llevaron a los Califas a reducir su poder político y volver a ser contemplados como líderes religiosos, a la vez que se aceleraba la división del Islam entre numerosas corrientes y doctrinas; el poder político Sultanyia "soberanía", empezó a ser ejercido por otros príncipes, los Sultanes, quienes ejercían el mando militar, muchas veces tras haber recibido la sanción o el reconocimiento debido de parte de alguno de los Califas rivales, aunque la mayoría de los Musulmanes reconocía como tal al de Bagdad, primero, hasta la caída de la capital iraquí en manos de los Mongoles de Hulagu Khan a mediados del siglo XIII, para posteriormente reconocerse la supremacía del Califa Fatimita de Egipto.

No serían sino los Turcos Otomanos quienes en 1517 asumirían el título de Califa tras la conquista de las tres ciudades santas del Islam: La Meca, Medina y Jerusalén y la cesión de los derechos sobre el trono imperial de los Fatimitas de El Cairo al regente turco de Estambul, pasando así el Califato de los Arabes a un clan de origen mongol, que sin embargo, adoptó toda la práctica política, el ceremonial, lujo y corte de los árabes y persas. Los Otomanos, como Sultanes o soberanos, ejercerían su poder político sobre gran parte del Norte de Africa, el Medio Oriente y los Balcanes, a la vez que tras haber unificado la suprema potestad religiosa, fueron reconocidos como máxima autoridad islámica en todo el Islam Sunnita, no así en Irán, donde se mantuvo el Imperio rival de los Safávidas y la división religiosa al ser Chiítas.

Esta unidad aparente del Islam Sunnita, la corriente mayoritaria en el mundo musulmán empezó sin embargo a resquebrajarse en el siglo XVIII en la península arábiga, donde surgió el Wahabismo, una corriente muy crítica contra la aparente heterodoxia de los Califas Turcos, y que predicaba el retorno a una visión más integral del Islam; esta corriente, apoyada por los príncipes locales de la familia Saud, se mantuvo en rebelión contra el régimen Otomano hasta la Primera Guerra Mundial, en que el apoyo británico, representado por el mítico T. E. Lawrence, llevaría a la independencia del después llamado Reino de Arabia Saudita y las demás monarquías del Golfo Pérsico, todas ellas impulsoras del Fundamentalismo Islámico basado en esa doctrina.

Al igual que sus antecesores, el Califato Turco tras una etapa inicial de expansión y éxito empezó a entrar en una lenta decadencia tras la Batalla de Lepanto en 1571 y los dos intentos por tomar Viena en que la cada vez mayor supremacía tecnológica de los Europeos Occidentales empezó a pesar contra los ejércitos islámicos, numerosos pero anclados en el medioevo. El mundo musulmán y el Califato en particular, no supo digerir la modernidad pese a que a partir de Selim III, a fines del siglo XVIII, se intentó adoptar una política que buscara adoptar las innovaciones occidentales (el zamizdat), lo cual reforzó el integrismo de los Wahabitas. Para finalizar el siglo XIX, el Imperio Otomano era el hombre enfermo de Europa y ya varias potencias europeas le habían arrebatado provincias enteras, además de tenerlo sujeto por una enorme deuda externa y la dependencia tecnológica. Ante ello, las voces que pedían reforma fueron creciendo, y para 1908, la rebelión de un grupo de militares jóvenes, educados en Occidente, como Enver Paschá y Mustafá Kemal, los llamados Jóvenes Turcos impusieron un régimen pretendidamente parlamentario y constitucional, reduciendo al Califa a un papel meramente ceremonial y religioso; en la práctica, impusieron una dictadura militar que buscaba mezclar tanto la modernización a la europea como el integrismo musulmán, algo que se vería reflejado en el genocidio de los Armenios, hace ya cien años.

Sin embargo, la derrota en la Primera Guerra Mundial y el desmembramiento del Khilafah o Imperio Islámico tras los Tratados de Sévres y Lausana en mandatos y protectorados a manos de Británicos y Franceses llevó a Mustafá Kemal a proclamar la República, aplicar un nacionalismo laicista como política y derrocar y abolir el Califato en 1923, entonces en manos de Mohamhed VI. A la fragmentación política del Islam siguió una fragmentación religiosa y a de inmediato, buscar la restauración para evitar el reino de incertidumbre que se apoderó de los países musulmanes creados a base de fronteras ficticias y repartos coloniales; no en balde, en 1928 surgiría la Hermandad Musulmana en Egipto, considerada como la organización madre del fundamentalismo musulmán y que recientemente condujo la "Primavera Arabe" en la tierra de los faraones. Tal vez el fruto final de esta "Revolución Francesa a la Musulmana" sea en realidad el renacimiento de la idea de Imperio, tan es así, que basta hacer una búsqueda de las entradas caliphate o khilafah en Google y uno se da cuenta de lo popular y extendido que está la idea del regreso del imperio entre los musulmanes, sobre todo entre los jóvenes.

Hoy en día, el EIIL está proclamando la reconstrucción del Califato como solución a los problemas de los países islámicos y la intervención de las potencias occidentales desde los años 20 del pasado siglo, Al-Qaeda y Osama Bin Laden lo predicaban y es un objetivo clave del islamismo radical sunnita de vertiente wahabita-salafista. El mapa con el que inicia esta entrada refleja el objetivo: construir un Imperio que abarcaría desde el Al-Andaluz o la España Musulmana, los Balcanes, la mitad norte de Africa, Medio Oriente, Asia Central, gran parte de la India, Indonesia y Malasia: un Imperio así que obtendría el control de grandes recursos naturales y una población de 1,300 millones de personas. Sin duda, sería la mayor potencia mundial en muchos aspectos y representaría un serio peligro para la Civilización Occidental y el Cristianismo mismo, como en tiempos medievales.

Incluso, ya hay un pretendiente al trono imperial del Islam impulsado por el EIIL: Abú-Backr Al-Baghdadi, nombre que creo, ha sido adoptado como toda una declaración de principios (en realidad se llama Ibrahim bin Awad bin Ibrahim al Badri): primero, por que Abú-Backr fue el primer Califa tras la muerte de Mahoma, y el apeellido es una alusión a que la ciudad mesopotámica vuelva a ser la capital imperial, habiendo sido sede de las mayores glorias del Islam, sobre todo bajo los siglos IX y X, durante el reinado del mítico Harún Al-Raschid, por ejemplo. ¿Quién es este hombre que al llamarse así pretende presentarse como un nuevo nacimiento del imperialismo musulmán y el regreso a la "Edad de Oro"?


De él se conocen estas fotografías, y al parecer es el líder de esta poderosa fuerza rebelde que se está haciendo con el control del norte y centro del país, al parecer, inició como militante de Al-Qaeda y obtuvo el liderazgo del grupo al que ha convertido en una potente fuerza de combate a la muerte del líder anterior Omar Al-Baghdadi, y es relativamente joven, pues al parecer tiene 43 años. Incluso, ha anunciado un ambicioso plan de, en cinco años, reconstruir el Califato y extenderlo por grandes territorios. Cabe decir que, muy probablemente, esta estrategia está "palomeada" o cuenta con el visto bueno de las monarquías integristas del Golfo Pérsico, que le han financiado y posiblemente, vean en el autoproclamado emperador a un títere para beneficiar sus intereses o a quien puedan controlar, aunque quién sabe, el caudillo puede luego rebelárseles.

No cabe duda que estamos en ciernes a una etapa de grandes cambios que parecen volver hacia el pasado: a mediados del siglo XIII, Othman era un cacique turco que lideraba un pequeño emirato en el oriente de Asia Menor, en pocos años, él y sus sucesores iniciaron una expansión dominando otros Estados musulmanes y enfrentando y derrotando al Imperio Romano de Oriente con una estrategia y tácticas igualmente crueles y brutales a las de los islamistas actuales, hoy, Abú-Bakr aparece igual, como un caudillo guerrero oscuro, pero con grandes ambiciones y la determinación para cumplirlas. Ante la crisis de la Modernidad y su más que posible fracaso próximo, los fantasmas pre-modernos salen de los armarios de la Historia y parecen regresarnos a un mundo que parecía ya pasado.

Como sea, de renacer una monarquía islámica imperial y expansionista, estaremos ante un hecho capaz de cimbrar al mundo hasta sus cimientos y revolucionar los tiempos. Lo curioso es que esto puede agarrarnos igual que a los Romanos Orientales, perdidos en discusiones absurdas o estúpidas, se dice que, en 1453, con las tropas islámicas de Mohamhed II batiendo las murallas, los obispos ortodoxos romano-orientales se encontraban debatiendo sobre el sexo de los ángeles, hoy, Abú Bakr II y sus fuerzas pueden encontrarse a nuestros legisladores discutiendo sobre las uniones homosexuales... No cabe duda que la Historia se repite.




2 comentarios:

Francisco Javier dijo...

El último párrafo me ha encantado.

Anónimo dijo...

Me da pavor el ver como la situacion actual en Irak puede encender odios que
terminen en enfrentamientos religiosos. Aqui desde hace tiempo advierten de esta posibilidad y parece que todo va tegiendose poco
a poco como decian. http://www.caesaremnostradamus.com/Lo%20cumplido_archivos/GuerraIrak2014.htm

Miraestasitio web: Iraq