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18 de julio de 2014

UCRANIA Y LA GRAN ESTRATEGIA DE PUTIN



Mientras la Política Exterior norteamericana se desmorona en Irak, igualmente se deshace en Ucrania, misma que también está demostrando o agrandando aún más las grietas y defectos de la Unión Europea y su política exterior, pretendidamente ejercida en bloque, mientras que le está permitiendo a Rusia recuperar su rol de Gran Potencia y condicionar la política occidental a sus intereses.

Putin se ha hecho con Crimea, territorio que históricamente, desde el siglo XVIII pertenece a la Rusia propiamente dicha (aunque esto representó una política genocida iniciada por Catalina II y terminada brutalmente por Stalin en contra de Tártaros y Cosacos) y que Nikita Khruschev cedió a su terruño Ucrania más que nada por una cuestión administrativa, en una época en que realmente el nacionalismo ucraniano era prácticamente inexistente, aunque no así el resentimiento tras el Holodomor o hambruna provocada por el dictador comunista en aras de aplastar a sus opositores en la región.

Después de lo ocurrido en Crimea, otras regiones, donde se habla el dialecto Moscovita (Ruso) en vez del Kievano (Ucraniano) situadas al este y sur del país, declararon su independencia respecto del Gobierno de Kiev, al que no reconocen por ser producto de un golpe de Estado en contra del Presidente legal --y democráticamente electo-- Víctor Yakunovich que, leal al Kremlin, optó por asociarse con Rusia en la Unión Euroasiática, que muchos ven como un renacimiento de la URSS o del Imperio Ruso, en vez de con la Unión Europea, lo que lesionó los intereses estratégicos de EUA a través de la OTAN para arrinconar a Rusia y evitar un renacimiento del poder moscovita, además del control del paso del gas natural y el petróleo rusos a Occidente. 

El nuevo régimen ucraniano, salido de la rebelión de la Plaza Maidán de Kiev, está compuesto por grupos de lo más disímbolos, desde jóvenes que creen en los oropeles del hedonismo occidental y las maravillas del consumismo, a oligarcas corruptos enemistados con Moscú como Yulia Timoschenko que ya antes habían participado en la llamada Revolución Naranja de 2004 prooccidental y que terminó en un sonoro fracaso con el regreso de los ex-comunistas y fieles al Kremlin representados por Yakunovich en 2010, pero también a vulgares bandas de matones y neonazis, ultranacionalistas herederos de aquellos grupos que, en la II Guerra Mundial, y alentados por el brutal gobierno de Stalin y antes, la cruel Guerra Civil que siguió a la Revolución de 1917, pues Ucrania era una región donde el zarismo conservó numerosos adeptos.

Hoy en día, parece que Putin está aplicando el timing o manejo del tiempo, primero, no interviniendo directamente en Ucrania y aparentando una distensión en cuanto a la posibilidad del uso de fuerzas militares rusas en territorio ucraniano, hablando de la necesidad de negociar y lograr una solución pacífica y hasta dejando que las fuerzas ucranianas masacren a sus simpatizantes en Donetsk, Jarkov y Lugansk, ¿porqué hace esto? Por estrategia: no quiere quedar como el agresor o invasor del territorio ucraniano, sin embargo, no deja de apretar por la principal arma que tiene: la Economía, de una forma sutil, espera lograr un efecto: que sea Ucrania la que agreda y cometa un error, para de esta forma, tener el pretexto de intervenir sin que la comunidad internacional pueda negarle su derecho a la defensa, o bien, exhibir a las potencias occidentales en su apoyo descarado al régimen instalado en Kiev.



Apenas el día de ayer 17 de julio, parece que el error o el incidente que esperaba Putin con el derribo de un avión de las Aerolíneas Malayas cuyo esquema de colores es muy similar al avión presidencial ruso, mismo que pasó, con una diferencia de minutos, sobre el lugar en que la aeronave comercial fue destruida, al parecer por un misil tierra-aire o aire-ruso disparado desde o sobre territorio ucraniano, justo en las cercanías de Donetsk, ciudad que se encuentra en disputa entre las fuerzas kievanas y los separatistas prorrusos; aunque bien podría tratarse de una nueva "voladura del Maine" (yo no dudaría en atreverme a pensar esto) para tener el pretexto para la intervención, será difícil determinarlo, habida cuenta que rusos y ucranianos utilizan el mismo armamento, los mismos aviones, misiles, sistemas antiaéreos y explosivos heredados de la época soviética. Por ahora, y según la versión rusa, se tiene que el objetivo era eliminar al propio Presidente Putin y se equivocaron de blanco.

¿Qué puede pasar? Simple: Putin puede aducir que además de que se intentó una agresión directa en contra de su persona y el Estado Ruso, además de demostrar que el actual régimen de Kiev es terrorista y peligroso, la comunidad internacional lo puede respaldar, aunque habrá que ver qué hace EUA y la Administración Obama, que luce desconcertada, torpe, paralizada, aunque acaba de hacer que la Unión Europea se sume a un nuevo paquete de sanciones económicas contra Moscú, mismas que pueden afectar más a los europeos antes que a los eslavos, pues estos cuentan con la alianza económica de los BRICS, cuya ofensiva financiera está por desatarse tras la reciente cumbre de Brasilia y el designio de crear un banco de desarrollo alterno al FMI y el abandono del dólar norteamericano en sus transacciones.

Entre tanto, el régimen ucraniano parece de broma: el actual Presidente, Petro Poroshenko, un empresario comercializador de chocolate en el país eslavo es un completo improvisado de la política y un pelele de oligarcas y organismos financieros internacionales, Putin sabe de sus limitaciones y parece ponerse en plan de gato a punto de jugar con el ratón; sabe además que Poroshenko no cuenta para nada, sino que los radicales son quienes dirigen las agresiones contra los prorrusos del este, mientras que el chocolatero parece intentar, sin lograrlo, aplicar una política más moderada y conciliatoria por momentos, para luego ceder ante las presiones de los golpistas que le auparon al poder. El mismo proceso electoral del que salió su muy cuestionable investidura fue una farsa en la que hasta contendió un tipo disfrazado de Darth Vader.

Como sea, Putin está obrando con prudencia; sabe que Rusia, en su estado actual, muy probablemente no podría contra todas las fuerzas de la OTAN combinadas, sabe ciertamente, que los Europeos y aún los Norteamericanos no están en condiciones de partir hacia la guerra en contra de Rusia y que la perspectiva de la misma sería terrible: el riesgo de la aniquilación nuclear sería muy alto, pero también sabe que un Barack Obama desesperado ante la pésima imagen que tiene ante el propio público norteamericano --ha sido calificado, según encuestas, como el peor mandatario desde el fin de la Segunda Guerra Mundial-- y las constantes críticas en contra de su debilidad desplegada como gobernante, sería capaz de cometer una estupidez temeraria, como ya en su momento lo ha señalado el empresario neoyorkino Donald Trump.

Por lo pronto, Putin está demostrando una gran habilidad para aprovechar los errores de los Occidentales: si Obama dejó de lado sus relaciones con Sudamérica, el Peterburgués ha llenado el hueco, aprovechando la constitución del "Eje Bolivariano", lejos de fracaso, el Chavismo fue un éxito rutilante en sustraer a gran parte del Cono Sur de la influencia de Washington, quien sólo conserva en la región la alianza con Perú y Colombia, --además de cuatro países que a nadie importan: las Guyanas y Paraguay-- las revelaciones del espionaje informático que hiciera Snowden, ya muy avecindado en Rusia, han contribuido a tensar las relaciones entre Alemania y Estados Unidos --La Sra. Merkel descubrió que sigue siendo objetivo de la OTAN mantener a los "Alemanes abajo"-- y quizá sean un aliciente a Berlín a actuar en forma más autónoma. Sabe que la Unión Europea, presionada por la crisis económica y los conflictos internos está en un momento en que puede desmoronarse; como lo atestigua la falta de acuerdos para nombrar altos cargos del bloque  y una Inglaterra cada vez más lejana del continente.

Mientras, sabe que las sanciones no podrán pasar de cierto límite: los intereses en la construcción de los oleoductos con los que se nutre Europa Occidental de energéticos son su mayor baza, en cualquier momento, puede cortar el flujo de gas, y creo que lo hará una vez llegue el invierno, y si es muy duro, mejor, dejará que los europeos sufran las inclemencias del tiempo o que se arruinen comprando carísimos hidrocarburos de EUA o de la indiferente Noruega, que no alcanza a satisfacer la demanda, o bien, que ayuden a su aliado Irán levantándole sanciones y comprándole petróleo y gas, lo que también será una victoria. Los contratos navales en Francia y muchas otras ligas, que de romperse, arruinarán a la golpeada economía europea.

Igualmente, Putin abandona su coqueteo con Israel para ahora nuevamente reiterar invitaciones a Hamas a negociar la paz en Palestina en Moscú. No resulta atractivo para nadie ponerse del lado del Estado Judío en estos momentos y hasta EUA prefiere guardar un incómodo silencio ante los sucesos de Gaza. Bien sabe el líder ruso que los Sionistas están decretando su propio ostracismo y cavando su propia tumba.

En definitiva, estamos en un momento enormemente peligroso, pero a la vez, fascinante, estamos viendo que la Historia de la humanidad está a punto de cambiar en un punto de inflexión clave. Sigamos atentos a lo que sucede en los próximos días.

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