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13 de febrero de 2013

A CIEN AÑOS DE LA DECENA TRÁGICA I-ANTECEDENTES



En esta semana, se cumplen cien años de uno de los acontecimientos clave en la Historia de México, como es la llamada "Decena Trágica" esto es, 10 días en los que se desmoronó el primer gobierno revolucionario, el de Francisco I. Madero. Oficialmente, como se sabe, se plantea que Madero es el "bueno" de la Historia y los militares golpistas los "malos" de la misma, sin embargo, lo que le pasó fue tanto desencadenado por él como también producto de un pésimo gobierno que, en aproximadamente un año y tres meses de gobierno demostró unos grados de incompetencia inmensos.

Como narraciones de los hechos que se engloban en esos diez espantoso días que ensangrentaron las calles de la Ciudad de México, es de destacar el libro Temporada de Zopilotes de Paco Ignacio Taibo II, a pesar de que la obra tiene un gran esfuerzo de investigación y un estilo ameno y atractivo, no es de negarse que  la tendencia ideológica de Izquierdas del autor le lleva a apoyar la visión oficial y maniquea de este episodio histórico, aún así, tanto el libro como su versión para TV transmitida por el History Channel en el 2010 no carecen de interés, sin embargo, tiene varios errores de apreciación exto de Historia  que aparecen en los libros de texto de Historia

En primer lugar, califica a Madero de Liberal o Progresista y a Huerta y los otros militares conjurados en su contra, de Conservadores, no era así, estos último, lo mismo que el coahuilense eran  herederos del Movimiento Liberal de Benito Juárez y compañía; e incluso, uno de ellos: el General Bernardo Reyes no puede calificarse sino como el emblema mismo del Liberalismo Clásico en México, mismo que aplicó durante sus sucesivos mandatos como Gobernador en el estado de Nuevo León, mientras que Madero provenía de una familia de latifundistas que habían controlado grandes extensiones de tierra en el norte de México desde la época del Virreinato y eran (y son, todavía actualmente) propietarios de la primera empresa vitivinícola de América: "Casa Madero", fundada en 1597 y de profundo abolengo, pues incluso eran parientes del líder independentista argentino José de San Martín, lo que los ligaba con la Nobleza Española y por tanto, más cercano en su origen al "Antiguo Régimen" que al Liberalismo Juarista y Porfirista; aún así, resulta extraño que nadie haya dado con la realidad: la Revolución no fue sino un conflicto interno entre los Liberales: una verdadera lucha generacional, entre los herederos de la camada que hizo la reforma y enfrentó al Imperio de Maximiliano y los nacidos cuando el orden establecido por la constitución de 1857 ya se encontraba plenamente vigente después de 1867.

I.- Antecedentes: El Triunfo de Madero

Las propias causas de la derrota y muerte de Madero y su administración en sólo 10 días se debieron precisamente a su Presidencia,  muy probablemente, --y pese a los esfuerzos recientes de Vicente Fox y Felipe Calderón-- la peor de todas las que se han ejercido en México desde la proclamación de la República en 1824. Don Porfirio Díaz no fue derrotado por las fuerzas revolucionarias, ciertamente, éstas, tras la toma de Ciudad Juárez, en aquel entonces un polvoriento poblado fronterizo, obtenían ya una base central de operaciones y una puerta con EUA, principal promotor de la rebelión maderista: la toma de la ciudad se logró gracias a Gustavo Adolfo "ojo parado" (debido a que era tuerto y usaba un ojo de vidrio) Madero, hermano menor y principal consejero de Francisco, negoció un crédito y la compra de armas con el Gobierno del Presidente Taft.



Gustavo (arriba) da su nombre a una de las demarcaciones de la capital de la República, pero no fue ningún héroe, a pesar de su horrenda muerte, misma que tuvo una razón, como en adelante se verá, y es que fue un personaje extremadamente corrupto, además de haber sido un sibarita amante de placeres caros. Como ejemplo de ello está el enjuague en el que se metió con el embajador norteamericano Henry Lane Wilson, otro pájaro de cuenta, aficionado a la bebida y de carácter altanero. Así, el joven empresario coahuilense prometió al diplomático una concesión petrolera para él una vez su hermano llegase a la Presidencia de México, a cambio de sus buenos oficios ante la Casa Blanca, ésta, estaba muy interesada con provocar la caída de Díaz, pues no quería un México fuerte y vinculado a Europa. Wilson lo hizo ante su gobierno y en mucho, la intervención del embajador fue vital para que se diera el apoyo a Madero y la victoria en Ciudad Juárez, sin embargo, Gustavito no cumpliría su palabra y se ganaría un enemigo temible.

Díaz, ante la toma de Ciudad Juárez decidió rendirse, dimitir y exiliarse en un muy generoso gesto, tendiente a poner fin al derramamiento de sangre, que hasta entonces no había sido tan grande ni tan brutal. La Revolución, en apariencia, había concluido.

II.- El Interinato de León de la Barra:

Con los Tratados de Ciudad Juárez, Díaz se exiliaba y Madero quedaba, a todos los efectos, como el caudillo vencedor. Para muchos, sin embargo, la Revolución no había tenido nada de social ni de  búsqueda de cambios estructurales profundos; había sido, hasta ese momento, una más de la larga lista de rebeliones, asonadas y golpes militares que habían sido la tónica de la Historia mexicana desde 1810 y hasta 1876, salvo la interrupción de los 33 años del mandato de Don Porfirio (en los que también hubo conatos de rebeliones, pero ninguno exitoso) Madero, sin embargo, a diferencia de los caudillos de antaño, no se hizo con el Poder Ejecutivo de inmediato, sino que negoció que habría un periodo de trancisión en lo que se llevaban a cabo elecciones democráticas para llegar a la Primera Magistratura.

Por supuesto, estaba seguro que el voto popular terminaría por legitimar su victoria, pero, entre tanto, aceptó que el Presidente Interino fuera Francisco León de la Barra, queretano y hombre de trabajo que se había forjado una carrera diplomática y empresarial por sí mismo, pero a la vez, colaborador de Díaz y decididamente contrario a Madero, a quien veía, no sin causa justificada, como el causante de la pérdida de la paz en el país.


En la foto que se ve aquí, aparecen, flanqueando al interino el día de su toma de protesta a Madero y al ya mencionado General Reyes, ambos aparecían como los más probables ganadores de las próximas elecciones a celebrarse en noviembre de 1911.

En mucho, la estructura del régimen porfirista se mantenía intacto, al quedar León de la Barra como Presidente interino, no despidió a ningún funcionario, y lo más importante, a ningún alto mando militar, ciertamente, los altos colaboradores de Díaz se exiliaron junto con él, excepto, por supuesto, Bernardo Reyes, quien siempre había buscado sustituir al dictador y se sentía su delfín.

Reyes queda en la Historia como una oportunidad perdida para México, el eterno aspirante presidencial y que en Nuevo León había demostrado una gran aptitud para gobernar, y era claramente el continuador del liberalismo económico con el autoritarismo que predicaba Díaz, sin embargo, bajo el mandato de éste, Reyes siempre se contentó con permanecer bajo la sombra del general, sin atreverse a romper con él y oscilaba entre el ministerio de Guerra (hoy secretaria de la defensa nacional) y el gobierno de Nuevo León.

Pero, sin el anciano dictador, Reyes decidió lanzarse a buscar la presidencia; sin embargo, topó con Madero, evidentemente, el coahuilense decidió que sí había ganado la lucha armada, debía ganar las elecciones, después de todo, en la convulsa historia del siglo XIX, a cada asonada venía luego un proceso electoral legitimador, así que durante la campaña electoral, los Maderistas empezaron a acosar y hacerle la vida imposible a los Reyistas (¿se dan cuenta? no hablamos de ideologías, sino de movimientos en torno a los caudillos) a razón de la cual Reyes terminó por salir del país.

Entre tanto, Madero se peleó con su propia gente: Zapata y Pascual Orozco no estaban de acuerdo con la situación, reclamaban que no se hubiera planteado la transformación del ejército, con la salida de los altos mandos y su sustitución por los jefes armados de la revolución, igualmente, Madero manifestó un escaso interés por resolver las cuestiones sociales y minimizaba los reclamos de Zapata respecto a la situación en el estado de Morelos.

De la Barra, ante el rechazo a desarmarse de estos caudillos, lanzó al ejército en su contra, (con el beneplácito de Madero) y así en el norte mandó a Victoriano Huerta y al antes bandido, ahora general Pancho Villa a detener a Orozco, en el transcurso de dicha expedición, Villa se insubordinó al general Huichol, por lo que éste estuvo a punto de fusilarlo, pero el hecho de que Doroteo Arango se humillará y llorará por su vida, bastó para satisfacer a Huerta, que lo encarceló.

III.- La Presidencia de Madero:

Madero llegó a la presidencia en noviembre de 1911, y continuó por la línea de de la Barra, de inmediato, Zapata lo desconoció como Presidente con el Plan de Ayala y se rebeló en su contra, Orozco se mantuvo en la misma línea y Villa se escapó de la cárcel, pero prefirió esconderse antes de acudir a auxiliar al Presidente. Madero mandó entonces a Huerta a aplastar a Zapata y se destacó por su crueldad en Morelos, tanta, que después de unos meses, lo sustituyó por el pudonoroso Felipe Ángeles, que de todos modos tenía como objetivo acabar con el alzamiento agrario. Entre tanto, Venustiano Carranza, otro poderoso cacique y latifundista coahuilense, con quien los Madero habían hecho negocios en el pasado, permanecía expectante, fiel porfirista, es posible que hubiera pensado levantarse en contra de Madero y a favor de Reyes, pero prefirió esperar a ver hacia qué lado se inclinaba la balanza de los hechos.

Madero no quedaba bien con nadie: timorato y supersticioso, guiaba sus decisiones por el espiritismo que practicaba, llenando a la entonces residencia presidencial, el Castillo de Chapultepec, de médiums y taumaturgos, consultaba la tabla de ouija y otras formas de adivinación o de supuesta comunicación con los espíritus, demoraba en tomar decisiones y sólo escuchaba a dos personas, a su esposa Sara y su hermano Gustavo además de los espiritistas.

Entre tanto, tanto el propio Gustavo  se enriquecía a manos llenas aprovechando el poder de su hermano mayor Panchito, lo mismo que el tío de ambos, Ernesto Madero, irónicamente, mientras el Presidente dilapidaba su patrimonio rodeándose de charlatanes y tras haber costeado de su bolsa buena parte de la Revolución y de sus campañas políticas. Pero cuando el embajador Wilson fue a pedir su pago: la concesión de un pozo petrolero, Gustavo se hizo el tonto y no cumplió la promesa hecha. Desde entonces, Wilson buscó la forma de desestabilizar al Gobierno de Madero, y la oportunidad la encontraría pronto.

La prensa, que tanto había combatido a Díaz y llamado por la Democracia, se convirtió en el peor enemigo de Madero, es algo similar que ocurrió en el año 2000 con Vicente Fox, las caricaturas, las burlas a la baja estatura del presidente, a su carácter y su indecisión, todo ello fue socavando la autoridad del presidente. El nombramiento del oscuro periodista José María Pino Suárez como Vicepresidente motivó más inconformidades, quizá hubiera sido una mejor solución haberle dado el puesto a Reyes, más no fue así, Reyes se levantó en armas y fue detenido y encerrado en la prisión militar de Tlatelolco, en el antiguo convento que se encuentra en la hoy Plaza de las Tres Culturas, de igual manera, el sobrino de Don Porfirio, que se concebía como el heredero natural del poder, se rebeló, ambos clamando la ingobernabilidad en que había caído el país y la necesidad de recuperar el orden. Félix fue capturado y condenado a muerte, pero Madero le otorgó el perdón y ordenó encarcelarlo al igual que Reyes en Tlatelolco.

Terminaba el año 1912, y México estaba en llamas en peor situación que la de 1910 o 1911, sin duda, la situación avanzaba hacia la de un Estado fallido, todo empeoraría apenas empezara el año de 1913, al inicio de éste, ya nadie dudaba que Madero caería, la cosa estaba saber el cuándo y el cómo.

En el próximo post, veremos a los protagonistas de los hechos.

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