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19 de enero de 2011

EL EXTRAÑO RETORNO DE "BABY DOC"



A un año del terremoto, Haití sigue completamente destruido en todos los aspectos, a la destrucción ocasionada por el fenómeno geológico, se vino una terrible epidemia de cólera, presuntamente llevada a la isla de La Española por los cascos azules de la ONU; por si fuera poco, y como si hubiera las condiciones para el funcionamiento de un gobierno, no digamos del Estado, completamente dislocado tras el terremoto y sus consecuencias, a nuestros amigos de la ONU se les ocurrió que debían celebrarse elecciones; por supuesto, se presentaron los aspirantes a mandamás y que buscaban, más que el voto ciudadano, el apoyo de la organización internaional y sus corruptos funcionarios y el aplastamiento de los rivales para poder hacer el saqueo efectivo de los despojos de la segunda nación independiente de América y el primer Estado moderno fundado por personas de raza negra. Las acusaciones de fraude no se hicieron esperar, (si no hay casi ni locales cerrados o lugares para instalar casillas electorales, energía eléctrica para que funcionen los equipos de cómputo, ni verdadera autoridad que imponga el orden y sí multitud de funcionarios de la máxima organización mundial acusados de abusos sexuales, corrupción con los jefes de pandillas y demás miembros de la "elite" haitiana y regentear el mercado negro de víveres, es cómico pensar que iban a ser elecciones transparentes e imparciales) ni los enfrentamientos y actos de violencia.

Ahora, resulta que de repente acaba de ocurrir un fenómeno extraño, pero que quizá sucede porque no se ve otra salida para la situación: el ex dictador Jean Claude Duvalier "Baby Doc" regresa a su país tras 25 años de exilio en Francia. Es curioso, pero al igual que en el caso de Túnez, o en el pasado, con la relación tejida de sobornos mutuos entre Valery Giscard D'Estaigne y Jean Bedel Bokassa en Centroáfrica, los galos tienen predilección por proteger a tiranuelos y bandidos, supongo que a cambio de cierta "mochada" (se dice que Bokassa enviaba a Giscard costosos diamantes a cambio de su apoyo en su disparatado sueño imperial).

Los Duvalier: "Papa Doc" Françoise y Jean Claude, (en la foto ambos) gobernaron Haití con mano de hierro y crueldad extrema, pero además explotaron los temores ancestrales de la gente: si ha habido alguien en el mundo que parezca sacado de las novelas de Harry Potter y que se pueda creer fue una inspiración para diseñar a Voldemort, ese seguramente fue o el padre o el hijo de esta familia de políticos caribeños.

En Haití oficialmente la religión mayoritaria es la Cristiana-Católica, sin embargo, es bien sabido que en realidad, la población que en su inmensa mayoría es de origen africano y descendiente de esclavos convertidos por sus amos franceses en los siglos XVII y XVIII, a la fuerza y sin prepararlos debidamente o evangelizarlos, conservó muchas de sus creencias en las religiones animistas tradicionales africanas, aderezadas con un ropaje cristiano por fuera o fundidas con el folklore francés, junto con conocimientos de herbolaria y medicina antigua africana dieron por origen al Vudú (en Cuba ocurriría algo similar, pero con un mayor sincretismo religioso con el Cristianismo e influencia indígena, y extendido entre los blancos, aparecería la Santería). Los Duvalier, creyentes en ese culto, decidieron utilizarlo como forma de infligir temor sobre sus gobernados y amenazar a todo potencial opositor con hechizos maléficos, el más terrible de todos, el convertir al enemigo en zombi o "no-muerto" pero tampoco vivo, dócil y sometido a los dictados de los brujos, dirigidos por supuesto por Papa y Baby Doc (llamados así porque Don Françoise era médico, Jean Claude es abogado, pero le gustaba jugar a los soldaditos y vestía el uniforme del hoy desaparecido ejército haitiano).

Así, crearon a uno de los servicios de inteligencia y seguridad más extraños del mundo: los "Tonton macoutes", verdadera banda de brujos no muy diferentes a los "Mortífagos" de Rowling, torturadores y asesinos, que además, cumplían las amenazas de lanzar sus maleficios, detrás de los cuáles, por supuesto, existen razones científicas; existe una película de Holywood, hecha a fines de los 80 y que cuenta con la actuación de Bill Pullman, donde se narra tanto los hechos de ese cuerpo de seguridad como las investigaciones en torno a la naturaleza de los zombies reales y otras prácticas de vudú: en cuanto a los zombies, no se trata más que de un narcótico que provoca un estado cataléptico, tras ser sepultado, el supuesto difunto era dejado en la tumba algunas horas, hasta que la falta de oxígeno, junto con el enervante, provocan daño cerebral. Al salir de su sepultura, el "no-muerto" (que en realidad está muy vivo, pero convertido en un completo discapacitado mental) se había convertido en un ser errante, con una muy vaga conciencia de sí mismo y dócil a recibir las órdenes de quien lo sacase del cementerio y le condicionara a hacer su voluntad.

Los zombis así se convertían en recordatorios vivientes para los aterrorizados haitianos de lo que ocurría con aquellos que se rebelaban contra el régimen y podían ser utilizados también para atacar a otros. Pero además de esto, la tortura, el asesinato político, el secuestro y el saqueo estaban a la orden del día.

Pero como decía el cura, amigo de Don Quijote: "No hay libro tan malo que no tenga algo de bueno" y hasta los Duvalier tuvieron algo de rescatable, comparado con lo que han sido los últimos 25 años, en que los haitianos, presuntamente "libres" y viviendo en "Democracia", han conocido un infierno mucho peor a lo vivido bajo padre e hijo, no porque exista un tiranuelo dispuesto a torturar y encarcelar a cualquiera que ose criticarle, aunque por poco, Jean Bertrand Aristide o ahora el presidente-damnificado René Préval han estado cerca de serlo, pues ambos pretendieron tergiversar las instituciones y el sistema electoral para eternizarse en el poder o ahuyentar a sus rivales por el poder, en un país que desde su misma independencia ha vivido ese fenómeno de la lucha eterna por el poder en una exageración hasta el ridículo: sino por el vacío de poder y de orden.

Así, hay que reconocer que bajo los Duvalier, por muy corruptos y tiránicos que fueron, Haití conoció cierto órden, un bajo pero al menos existente nivel de institucionalidad y un nivel de desarrollo ciertamente mayor al presente, cosa que nadie después de ellos ha podido lograr. Sin duda, el régimen de ambos ha sido el periodo más prolongado de estabilidad de Haití desde los lejanos y gloriosos días de Jean Pierre Boyer, quien pretendió reformas económicas y sociales importantes y conquistó a República Dominicana. Incluso, Haití llegó a ser promovido como centro turístico en el Caribe.

¿Será entonces que el retorno del ex-dictador responde a un último y desesperado recurso al que acuden tanto los haitianos como la comunidad internacional? Al menos así lo deja entrever Alvaro Vargas Llosa ante una situación caótica, agravada por un imprudentemente llevado a cabo proceso electoral, pues ni era el momento ni se daban las condiciones para realizarlo, igualmente, fue ¿para elegir qué? ¿Realmente Préval gobierna algo? Ya veremos que sucede; lo que es cierto es que parece que los haitianos están convenciéndose que era mejor malo por conocido que una serie de buenos por conocer que han resultado peores.

Lo curioso es que la solución para Haití es cercana, lamentablemente, resulta ser una figura caída en desuso y con reputación de colonialista: el sistema de mandatos, aplicado por la Sociedad de Naciones tras la I Guerra Mundial y renombrado como "Administración Fiduciaria" por la ONU tras la Segunda: una potencia, o la comunidad internacional toma en sus manos el gobierno de un territorio que no cuenta todavía con las condiciones para ser un Estado independiente, construye infraestructuras, crea una administración y un sistema fiscal, una vez estructurado esto, y consolidado, se declara la independencia, aunque no siempre ha resultado exitoso, eso depende del pueblo beneficiado o de que el mandatario o fiduciario no se haya despachado con la cuchara grande.

La situación de Haití es grave, terrible, y lo que más aterra es que en algunas partes de México el vacío de autoridad llegue a niveles similares.
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En el procedimiento que se sigue contra los jueces que liberaron al presunto homicida de la hija de la activista Marisela Escobedo compiten por unlado, la legalidad y por otro, el poder de los Medios, al que tanto he criticado en este espacio. Los jueces obraron conforme a Derecho, el problema es que el sistema de procuración de justicia descansa sobre un modelo burocrático, napoleónico, que es exactamente igual al planteado originalmente en la codificación impulsada por el emperador corso en Francia hace 200 años, en México, el Ministerio Público o Fiscalía sigue apegado por tanto a un modelo totalmente obsoleto, lo mismo que la policía judicial o investigadora que depende del mismo.

Urgen por tanto reformas que doten de herramientas con el que los Fiscales puedan trabajar en forma más eficiente y lleven a los tribunales averiguaciones integradas en forma impecable y con el uso de la más moderna tecnología y más avanzada ciencia forenses, a fin de lograr castigar efectivamente a los culpables y exonerar a los inocentes; de lo contrario,se seguirá poniendo en peligro a las víctimas o a sus familias y se seguirá entregando poder a los corporativos mediáticos, que convertidos en una nueva Inquisición, condenan y queman en leña verde a funcionarios que hicieron su labor con las manos atadas por la propia Ley, mientras los Legisladores, que tienen en sus manos la solución a este problema se dedican a holgazanear o a dictar leyes y reformas sobre bagatelas o están más al pendiente de sus luchas partidistas, ellos, y no los jueces, son los verdaderos responsables de que el sistema de procuración e impartición de justicia en México sea fatal y sobre ellos recae la sangre de la activista asesinada.





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