Es decir: los logros deportivos son importantes, la organización de estos eventos también, por imagen o por muestra de desarrollo o generación de percepción de los ciudadanos y de los extranjeros en torno a las capacidades de un país, e incluso, como actividad económica que genera riqueza, no es un mero distractor.
Así, ha resultado bastante interesante lo que se ha desprendido de este torneo por lo que ve a nuestro país y la percepción que se tiene del mismo. Sí, tenemos un grave problema de seguridad pública y un Gobierno de porquería, pero también se desprenden cosas positivas de México que, curiosamente, notan más los extranjeros que nosotros, y que incluso, los "sabelotodos" y quejumbrosos de siempre, también señalan como algo malo y lo denigran.
En particular, creo que este Mundial muestra el contraste enorme existente entre México y EUA en un aspecto que en los últimos años ha cobrado relevancia: la relación con el extranjero y la inmigración. Y esto me ha llevado a elucubrar varias cosas, tal vez, me estoy pasando, tal vez me equivoque, pero no he podido dejar de pensar en varias cosas: primero que nada, que somos un país con una identidad mestiza y que el proceso de mestizaje, iniciado hace 500 años con la llegada de la hueste de Hernán Cortés a estas tierras, no se ha detenido, continúa y se abre más. Estas semanas hemos escuchado frases como "Un mexicano nace donde le da la chingada gana", misma que se atribuye a la cantante costarricense Chabela Vargas, quien no es una "santa de mi devoción", siempre me pareció un personaje un tanto repulsivo, pero que me parece, en esa oración acertó con creces.
¿Porqué? Porque reconoce primero que nada que México, al igual que nuestro vecino del norte y todos los países de este continente, somos países construidos por inmigrantes. Si los propios indígenas llegaron de Asia o Polinesia, y posteriormente llegaron los conquistadores, y tras ellos, numerosos individuos y familias que llegaron de España buscando mejores oportunidades, a las que luego se han unido gente de diversos orígenes: libaneses, de donde viene gente como Carlos Slim, Alfredo Harp o Salma Hayek, judíos, de donde viene incluso la Presidenta, o muchos personajes de los medios de comunicación y espectáculo: Zabludovsky, Faitelson, Burak, Micha, Krauze, Zuckermann, Telch, Alexander... italianos que fundaron la industria de lácteos en Cotija y Chipilo, Michoacán, coreanos, japoneses, irlandeses como aquellos que integraron el Batallón de San Patricio en la Guerra contra EUA, alemanes, polacos, e incluso gente de ascendencia africana, de donde ahora tenemos a la actual estrella de la selección, el delantero de origen colombiano Julián Quiñones o el beisbolista Randy Arozarena. Pero a diferencia de EUA, donde por generaciones se mantienen los guetos, las comunidades cerradas de italoamericanos, de japoamericanos, de polacos, de judíos, de negros, los barrios chinos, hispanos, etc., en México, todos los miembros de esas comunidades terminan integrándose, disolviéndose en la mexicanidad; si hasta en la gastronomía y la cultura esto se ve: el sushi en México se empaniza, se hace de carne asada o de carne al pastor, se le pone salsa picante o chile a la pizza italiana que se hace igualmente con ingredientes propios de tacos, los pastes británicos son parte de la rica gastronomía hidalguense, la música de Banda Sinaloense o Norteña vienen en realidad de inmigrantes alemanes o austriacos y sus polkas. El traje de la China Poblana se origina de nobles del Imperio Mogol de la India llegados a Puebla en el siglo XVII...
De ahí que el grito de "¡(pongase el gentilicio cualquiera) hermano, ya eres mexicano!", explique esa capacidad de recepción y de integración del extranjero a una sociedad y una cultura compuesta y surgida de mezclas diversas entre lo indígena, lo español, lo de otras partes de Europa, lo africano y lo asiático. Es México, y no EUA, el verdadero crisol de razas y etnias, que con esto no nos vamos a poner de Vasconcelistas y a creernos la mafufada de la Raza Cósmica, pero sí a señalar la capacidad de asimilación que tiene México y que un racista estúpido, ignorante y fanático como Tucker Carlson no puede comprender, porque realmente, no hay algo "mexicano típico", (mientras que él considera que el estadounidense verdadero es el WASP "white anglosaxon protestant") porque los mexicanos somos de todas las razas, colores y estaturas, más bien, todo, hasta lo anglosajón, lo árabe, lo coreano, etc., puede convertirse en mexicano.
La recepción y buen trato dado a delegaciones de países islámicos como Marruecos o Irán, libre de los recelos y odios de la administración Trump que se dedicó a humillar a la selección persa lo más que pudo, como una revancha ante su derrota en batalla y la humillación del Memorando de Entendimiento, muestran el carácter abierto del mexicano más allá de diferencias religiosas o ideológicas (con el exterior, porque entre mexicanos, como bien sabemos por nuestra violenta Historia desde la Independencia, el encono y la polarización son lo nuestro), y que, si no tenemos problemas con países islámicos, aún sabiendo que el Islam es peligroso, no tenemos razones para meternos gratuitamente en problemas o conflictos ajenos. Incluso, quizá de alguna manera pueda resultar ventajoso tener buenas relaciones con ambas potencias emergentes musulmanas.
Al final, creo que los mexicanos debemos dejar de ver únicamente lo negativo en nosotros: sí, tenemos problemas, tenemos vicios, cometemos errores, y tenemos defectos como todos los demás, porque también tendemos a idealizar demasiado a otros países y la vida en ellos: Corea del Sur nos puede deslumbrar con su desarrollo económico, pero nos damos cuenta de la represión social --no política como la que se ejerce en el norte de aquel país dividido, por la dinastía gobernante en esa mitad-- un sistema dirigido por una oligarquía conformada por unas cuantas empresas y un estilo de vida espantoso que prácticamente obliga a las personas a ser esclavos de una productividad que al final beneficia a unos pocos y a los demás les genera condiciones en que ni siquiera pueden gozar de los beneficios de un país que ha logrado una gran riqueza en poco tiempo, y que en México sienten que encuentran la Libertad y las ganas de vivir de las que carecen allá. Creo que tenemos que aprender a ver también nuestras virtudes y aspectos positivos que podemos tener como país, como sociedad y como personas.
Porque si queremos salir de nuestros problemas, y queremos realmente aspirar a la grandeza, debemos estar conscientes no solamente de nuestras debilidades y dejar de sólo revolcarnos en nuestras miserias, también debemos estar conscientes de nuestros talentos y fortalezas y valorar virtudes o características que tenemos la fortuna de poseer, como nuestra resiliencia, nuestro ingenio, el optimismo, la alegría, el altruismo y la astucia, que no siempre es maliciosa, sino necesaria.
Y no, querer que a la selección de México le vaya bien en el torneo y que el evento, en la parte que le toca a nuestro país salga bien, no es apoyar a Morena ni hacerse ciego a los problemas, (aunque luego hay mucha tendencia de querer que le vaya mal a México para que le vaya mal a Morena, lo cual, me parece una actitud deleznable y sectaria) es atender un aspecto que no es menor ni es tan frívolo como se cree, porque en este campeonato más que en ningún otro, al menos desde el Mundial de 1934 o las Olimpiadas de 1936, también se encuentran jugando la política y la diplomacia, y quizá no tanto por parte del Gobierno, sino por parte de nosotros como pueblo.
Y quién sabe, si con tantos cambios demográficos, migraciones y mezclas, el mundo no acabe por "mexicanizarse".


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