Ha terminado la Copa Mundial de la FIFA en su edición del 2026, con la coronación de la selección nacional de España, por segunda vez, tras dieciséis años y tres torneos después, como Campeón Mundial en el deporte más popular del mundo. Recuerdo cuando posteé aquí aquel hito, y ahora, tal y como lo dice al iniciar la presente Justa, efectivamente fue probablemente fue el torneo más polémico, sucio, politizado y quizá con no el mejor nivel futbolístico que se ha presentado, a grado tal que equipos casi amateurs como el de Cabo Verde o Curazao, pudieron poner en aprietos a potencias reconocidas, y esto quizá se deba a que los jugadores y directivos están más avocados a los torneos de liga y su fabuloso negocio permanente a un evento periódico y breve. España venció porque, para personajes tan sombríos como Gianni Infantino, Presidente del organismo internacional rector de esta disciplina, el Chiqui Tapia, Presidente de la Asociación de Fútbol Argentino, y quizá el mismo Donald Trump, Presidente de Estados Unidos, las tramas planeadas resultaron tan evidentes y escandalosas que quizá decidieron "darle chance" al Fútbol para que se impusiera finalmente; el combinado ibérico, por su parte, supo oler muy bien al rival al que se enfrentaban, y obrar en consecuencia; aún así, estuvieron a punto de caer víctimas de un arbitraje sesgado en contra, como pasó con los anteriores rivales del equipo sudamericano, que perdonó numerosas faltas y anuló dos goles de los europeos que eran legítimos.
A mi parecer, sin embargo, creo que el mejor equipo del Mundial fue el seleccionado de Inglaterra, y el mejor jugador del Torneo, con disculpas de Rodri, fue Jude Bellingham, el joven jugador, hijo de un policía británico y de una inmigrante africana, que milita en el Real Madrid, demostró tener un talento extraordinario, ser letal para sus oponentes, pero sobre todo, poseer una calidad humana enorme. Un hombre recto, sano, respetuoso de los rivales, y que además, defiende con vehemencia el honor propio y el de sus compañeros y por ello su reacción contra aquel mozalbete argentino de apellido Barco, que sólo mostró, --en algo sobre lo que más adelante abundaré-- la lamentable miseria moral que parece aquejar a los nativos del Cono Sur, y que les lleva a no saber ni perder, ni ganar.
Inglaterra demostró ir a jugar Fútbol de manera espectacular y ahí quedó la muestra del intenso y extraordinario partido librado contra México en la cancha del Estadio Azteca de la Ciudad de México, mismo que los mexicanos no sentimos como derrota, sino que fue, a mi parecer, lo que debe ser un partido de fútbol ideal, con un ganador y un perdedor, pero en el que ambos equipos se entregaron totalmente, dejaron a la afición satisfecha por una experiencia que terminó, no en resentimientos o enojos, sino en celebración por ambos bandos, amistad y respeto entre los jugadores y los aficionados; incluso, no se estalló en críticas y desánimo como en otras ocasiones con la Selección Mexicana ante la eliminación, sino que se reconoció el esfuerzo de los jugadores que no cejaron en atacar la meta británica, pero al fin, la mayor técnica y la capacidad mental de los anglosajones para mantenerse serenos ante los embates contrarios, de la que hicieron gala aún en el siguiente partido contra los populares noruegos, fue la que se impuso.
Francia igualmente presentó un gran nivel, pero el personalismo y el despotismo de Kilian Dictador Mbappé, cuyo liderazgo es destacable, pero muchas veces negativo, llevó a que el equipo se estrellara ante un juego metódico y calculado como el de España, que efectuó un verdadero trabajo en equipo contra una escuadra cuyos integrantes fungían como lacayos de la estrella que imponia la dirección a seguir al resto.
El Mundial ha dejado muchas otras enseñanzas: reveló cómo la crisis demográfica en Europa ha transformado a los seleccionados nacionales: Francia exhibió un equipo prácticamente africano que contrastaba con sus porras compuestas por franceses étnicos, como si los jugadores fueran similares a aquellas fuerzas coloniales y mercenarias senegalesas y argelinas que con valentía y sacrificio, combatieron en el frente africano en la Primera Guerra Mundial o aún en Flandes en esa misma contienda, mientras una aparente aristocracia perezosa, similar a los Patricios romanos en el Coliseo, les aplaude y exige victorias desde cómodas tribunas. Alemania mostró esos mismos cambios y también una decadencia en lo deportivo similar a la económica en la que se encuentra entrampada, Italia ni siquiera calificó, lo que refleja cómo, pese al liderazgo de una mujer valiente como Giorgia Meloni, la influencia del país transalpino se debilita y desaparece.
En Brasil, por su parte, el ridículo hecho por su seleccionado en esta edición comienza a llevar a abrir los ojos ante la nefasta influencia que el crecimiento del Protestantismo --patrocinado desde EUA-- está teniendo sobre la sociedad, incluyendo la generación de talentos y la forma en que se juega el deporte en el que más triunfos ha cosechado el gigante amazónico, a grado tal que Fútbol y Brasil, gracias a Pelé y el seleccionado campeón del Mundial de México celebrado en 1970, llegaron a ser casi sinónimos. Hoy ni la sombra ha quedado de aquello.
Fue un torneo permeado por la política: tanto el gobierno de Claudia Sheinbaum como el de Donald Trump pretendieron usar la justa para lavar la cara a sus criticadas administraciones, en momentos en que ambos gobiernos son cuestionados por los nexos con el crimen organizado en un caso y por el desastre de la Guerra con Irán en el otro, --mientras se jugaban los partidos por la definición del tercer lugar y la Final del torneo, el sábado y domingo, los persas propinaron sendas palizas a las instalaciones militares norteamericanas en Medio Oriente, con la muerte de personal estadounidense como resultado (minimizadas, evidentemente, nadie se cree que sólo hayan muerto 2 o 3 soldados) y la destrucción de arsenales y aeronaves-- Trump siguió haciendo gala de su política migratoria que incluso afectó a un árbitro somalí, que negó la entrada a sus fronteras de simples hinchas de selecciones africanas y buscó, precisamente, la humillación de la selección nacional iraní; en estricto sentido, y siendo parejos, si a Rusia, desde 2022, se le ha impedido participar en competencias internacionales dada la Guerra de Ucrania, a EUA se le debió quitar la sede y a Irán se le debió impedir competir, dado el estado bélico habido entre ambas potencias, y el lamentable récord en materia de derechos humanos de ambas, pues si Teherán ha reprimido violentamente a opositores, la Administración Trumpista ha efectuado ejecuciones extrajudiciales tanto en alta mar como en su propio territorio.
La intervención descarada y cínica del mandatario norteamericano para el retiro de una sanción al futbolista Balogun, dócilmente aceptada por Infantino, marca la entrega total de la FIFA bajo la administración de éste, a los intereses comerciales norteamericanos; poco importa que la Copa en realidad no haya generado, más allá de la magnitud del evento, interés del público norteamericano en el Fútbol, que seguirán llamando Soccer y viendo como un deporte para inmigrantes hispanos, niños pequeños, mujeres y una curiosidad, viendo a personajes como Haaland, Cristiano Ronaldo y al propio Messi como si fueran meras celebridades hollywoodenses, sino lo que le interesa es la inversión de enormes capitales provenientes de fuentes lícitas e ilícitas, patrocinadores de marcas y la entrada de los medios de alcance mundial de EUA. Para Trump, la FIFA y su copa del mundo, representó un vehículo para tratar de mostrar una "cara amable" de su administración, y una oportunidad de alcance global y de negocios para las empresas del sector deportivo, medios y financiero de su país, y quizá en lo particular también. Sin embargo, no lo consiguió, la posterior estrepitosa derrota de la selección estadounidense ante el combinado de Bélgica dejó peor su imagen al intervenir en el deporte, mostró el pésimo nivel de su fútbol, quizá ahora incluso peor al de hace algunos años, que no logra despertar en el coloso norteamericano, y tampoco quedó lavada la cara de su gobierno, sino que también surgieron múltiples cuestionamientos respecto a la idoneidad de EUA para que siga siendo sede en el futuro de campeonatos internacionales del deporte más popular del mundo.
Sin embargo, a Infantino eso no le importa, y salvo que suba en su lugar a la más alta dirección de la FIFA, algún candidato apoyado por la confederación europea, la UEFA, y que se contrarreste a los intereses de los poderosos jeques árabes y de la CONMEBOL, el proceso de "americanización" del Fútbol en su formato y comercialización (las pausas de hidratación en realidad fueron una forma tramposa de dividir el tiempo de juego en cuatro cuartos como en la NFL o el basquetbol, reglas impuestas en tales deportes y ya hechas tradición, por las agencias de publicidad televisiva).
También resultó clara la intervención política del Estado de Israel en apoyo al seleccionado argentino, como forma de simpatizar con su aliado sudamericano Javier Milei; sin embargo, esto quizá exacerbó la postura casi universal en contra del equipo albiceleste, y creo que además fue algo contraproducente y que, curiosamente, no fue correspondido, porque si hubo alguien sensato y moderado en Argentina durante este Mundial, fue, increíblemente, el propio Presidente de dicho país, que, contrario a las estrambóticas actitudes a las que nos tiene acostumbrados, se mostró un tanto distante de la competición y del apoyo fanático a la selección. Algunos dirán que se molestó ante unas declaraciones de Messi críticas a una gestión económica que prometía acabar con los crónicos problemas de la situación del país, y que al parecer, está agravando las cosas para mucha gente, otros, a que lleva una mala relación con el Presidente de la Asociación de Fútbol Argentino, la AFA, Claudio el Chiqui Tapia, simpatizante del Peronismo; pero yo creo más bien se trata de un raro caso de prudencia por parte de Milei, quien, por ejemplo, con anterioridad ya se había manifestado en el sentido de reconocer la legítima posesión británica de las Falklands, y es que necesita presentar una imagen seria y sin caer en extremismos si quiere atraer inversiones y créditos extranjeros en su intento por sanear la economía argentina; incluso, Milei no acudió a la Final, como sí lo hicieron el Rey Felipe VI y el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez por parte de España, pese a las diferencias habidas con Trump respecto a la situación de la OTAN.
Y es que, quizá lo más, incluso diría que aterrador, ha sido lo que se ha desprendido sobre Argentina y sobre la figura de Lionel Andrés Messi Cuccittini, la propia Federación Internacional de Fútbol Asociación, la FIFA, y la gestión al frente de ésta del suizo Gianni Infantino.
En primer lugar, no lo voy a negar, --y perdón si ofendo a alguien-- pero siento muy poca simpatía por los argentinos en torno al Fútbol, esta aversión me surgió siendo niño y viendo la actitud tramposa e insolente, soberbia y vanidosa de Diego Armando Maradona en la Copa celebrada en México en 1986. Posteriormente, he conocido a argentinos que igualmente, me han dejado mala impresión. En especial, resulta que durante mis estudios universitarios en la década de los 90, tuve como profesor de Deontología Jurídica, es decir, de Ética, ni más ni menos que al ya anciano Dr. Rafael Trozzo Esposito. Según me enteré después, el tipo que hablaba de valores morales y amor cristiano, había sido en Argentina director de un banco y a finales de los años 70, durante la Dictadura Militar, fue presunto responsable de un mega fraude que dejó en la calle a miles de sus compatriotas, huyendo a México bajo la protección del Opus Dei... (organización que, por otro lado, ha sido denunciada en el propio país sudamericano por trata de personas y esclavitud) y por si fuera poco, hace no muchos años, viendo en TV un documental de National Geographic acerca de la huída de criminales de guerra alemanes nacionalsocialistas, y en particular la teoría existente de un Adolf Hitler sobre que éste habría fingido su muerte y escapado a Argentina, resultó que en las cercanías de Bariloche, y frente a un lago, se alza una mansión, actualmente deshabitada, en la que varios de estos personajes se refugiaron y cuyo propietario no era otro más que el Doctor en Derecho Rafael Trozzo, quien al parecer habría sido un operativo del Plan Odessa... un personaje monstruoso, sin duda.
Lo lamento, pero las actitudes que han mostrado aficionados y jugadores en las dos últimas Copas del Mundo han refrendado en mi tal mala percepción: insultos racistas, las declaraciones del periodista Eduardo Feinmann, la violencia desplegada en sus "celebraciones" de las victorias, el carecer totalmente de autocrítica y no reconocer que la derrota en las Falklands se debió no a que Margaret Thatcher e Isabel II fuesen feroces y crueles, sino a una Dictadura que fue brutal, que tras el pretexto del Anticomunismo se dedicó a matar, torturar, violar y saquear, teniendo entre sus víctimas, por ejemplo, al historietista Héctor Germán Oesterheld y su familia, que llegaron a cosas aberrantes como traficar con bebés recién nacidos de las prisioneras a las que mataban tras dar a luz, y que, ante la falta de apoyo popular, revivieron un contencioso que prácticamente habían abandonado desde 150 años antes, mandaron a reclutas sin experiencia, ni ropas ni armas adecuadas y con la ingenua creencia de que EUA rompería su alianza con su antigua metrópoli a favor de una pandilla de milicos corruptos y trastornados que sí, habían impedido la llegada de la influencia rusa comunista a Buenos Aires, pero llevándose entre las patas a multitud de inocentes.
Esos mismos chicos que más que tomados prisioneros, fueron rescatados por los ingleses, --a grado tal que no son pocos los casos de fuertes lazos de amistad entre veteranos argentinos y británicos de aquella contienda-- y luego fueron recibidos como perdedores y maltratados por sus compatriotas que, años después, sacan la bandera y las pancartas en apoyo a una guerra que perdieron y en la que no fueron vistos como "libertadores" por los Kelpers o nativos del archipiélago, para quienes los argentinos fueron invasores y agresores.
El hecho que los argentinos tengan por el fútbol una devoción tan fanática, sólo se explica porque es el único rubro en el que pueden presumir logros y haber generado iconos universalmente conocidos; si se compara con México, es claro que no podemos tener envidia de ellos, sino al revés, piénsese por ejemplo que el actor cómico Mario Moreno Cantinflas es conocido mundialmente como un personaje trascendente del cine mexicano y logró participar incluso en producciones internacionales como Pepe al lado de Frank Sinatra, o La Vuelta al Mundo en 80 Días con David Niven, mientras que su similar argentino Florencio Parravicini Flop, fuera de las fronteras del país sudamericano, no es conocido, salvo que uno se interese por curiosidad casual o guste de saber de Historia del Cine Hispanoamericano. La actitud fanfarrona, intolerante a las críticas, irrespetuosa no solo hacia los equipos contrarios, sino aún a las personas comunes o aficionados de ellos, que llega a la violencia, la increíble ingratitud y agresión hacia españoles o mexicanos en territorios precisamente de España o México, países donde han venido a residir en busca de mejores oportunidades laborales o de estudio, quizá reflejan frustraciones y enojo por un país que, a fines del siglo XIX prometía un futuro brillante y actualmente se hunde por los cuatro costados.
Se ha mostrado como si el argentino ante las evidentes ayudas arbitrales y de la dirigencia de la FIFA tan manifiestas, como el polémico partido con la selección de Egipto valientemente dirigida por el entrenador Hossam Hassan, no solamente no lo niega, como pasó con la mano de dios, de Maradona, o el agua bendita dada al seleccionado brasileño en el Mundial de Italia en 1990, sino que se jacta de ello, lo presume como una muestra de viveza criolla, de astucia, de reivindicación por ser una víctima de alguien poderoso, como la pirata Inglaterra, a quien deben la Independencia por haber sido José de San Martín apoyado por la Gran Logia Masónica de Londres, pese a que ni Jude Bellingham o Harry Kane hayan sido denunciados alguna vez por haber participado en actos de piratería, y creo que el único pecado que hemos heredado todos del lejano pasado es el original, no creo que los pecados de Francis Drake o Charles Vane se hereden a todo anglosajón, y si se piensa así, como lo hacen Marcelo Gullo o Patricio Lons, es por ser unos extremistas estúpidos, que además ignoran que España también recurría a la concesión de patentes de corso y que eso era una práctica legítima en los siglos XVI a XVIII.
Esta derrota y la crisis económica grave, y todas las exhibiciones de actitudes groseras, agresiones y desmanes de sus aficionados, debería motivar a los argentinos a hacer un ejercicio de reflexión y de introspección; no puede ser posible que incluso gente con estudios universitarios se comporte como trogloditas ante un resultado deportivo, sea negativo o increíblemente, incluso cuando resulta favorable a su equipo. Entre tanto, mientras la hinchada argentina se encontraba concentrada en la posible consecución de un cuarto título mundial, en lo que veían incluso una revancha por las llamadas por ellos Malvinas, Milei otorgaba concesiones sobre sectores estratégicos y presentaba una legislación permisiva con la adquisición de tierras agrícolas por extranjeros, sobre todo en el sur, en la Patagonia. De aquí se desprenden muchas teorías conspirativas, como la presunta intención de crear un nuevo Estado Judío en tal región, algo para lo que los Hebreos carecen de la capacidad demográfica e incluso económica, lo que no quita la posibilidad que, ante el previsible desastre en Medio Oriente con una apabullante derrota norteamericana, que deje a Israel a merced de un Irán fortalecido y alrededor del cual, como abejas a la miel, se teja una alianza islámica antiisraelí por el cambio de tornas, varios grupos u organizaciones judías busquen constituir comunidades o lugares de acogida para una nueva diáspora de refugiados en distintos países del mundo.
Por otro lado, es muy posible que esta decisión de Milei sea acertada y sea un desesperado último intento de salvación: la soberanía sobre estos recursos naturales no sirve de nada si no se cuenta con la capacidad para explotarlos y que generen riqueza, y que hagan cambiar a Argentina de ser un país agrícola para conveniencia de una oligarquía díscola que controla el país, a una economía industrial de avanzada, e incluso, postindustrial, aunque siempre está el peligro de que orates como Peter Thiel cobren un precio muy alto para tan atribulado país.
Este Mundial, por otro lado, ha dejado al descubierto a la figura de Lionel Andrés Messi Cuccittini, quien ha sido vendido durante veinte años, a generaciones que no vieron jugar a gigantes como Pelé, Maradona mismo, pese a sus trampas y gamberradas, Zidane, Ronaldo Nazario y Ronaldinho, como el futbolista más grande de todos los tiempos. Es un jugador bueno y habilidoso, pero no tiene la visión de campo del Rey del Fútbol, ni el dominio del balón de Ronaldinho casi irreal, la capacidad goleadora de Ronaldo o la creatividad matemática del francoargelino, ni la capacidad individual de su compatriota para hacer jugadas por sí mismo. Ha sido tan marcdo el favoritismo presentado a su favor desde que Gianni Infantino tomó el mando de la FIFA, que contrasta con unos primeros torneos en los que tuvo actuaciones mediocres, incluso en la Copa América, que le llevó a declarar, quizá de motu proprio rebelándose contra su padre y la gente que le maneja, aprovechando su aparente discapacidad intelectual (por la forma en que habla, su cara inexpresiva y miradas huecas) que se retiraba de la Selección Argentina en 2016.
Messi da la impresión de ser una especie de experimento mercadológico, utilizado en su momento por el Futbol Club Barcelona que logró igualmente controlar arbitrajes y directivos de la Federación Española de Fútbol, para prostituirse a la causa política del separatismo catalán y ser la cara de éste, y posteriormente, de malos manejos financieros y lavado de dinero e intereses de corporaciones y patrocinadores en un negocio al que se prestó la AFA del Chiqui Tapia con el corrupto Infantino y sus adláteres. Y de todo esto, creo que Messi Cuccittini ha sido más que un perpetrador consciente, una víctima abusada incluso por gente que debería quererle y protegerlo, ahora que se despide de las canchas, es de temer que le venga un futuro sombrío y triste por dejar de ser útil para otros.
Por último, este Mundial ha revelado la gran mentira de la Hispanidad, y mostrado la enorme distancia existente entre México y el resto de Hispanoamérica. La Hispanidad a la que se refiere gente como Zunzunegui, Santiago Armesilla, Patricio Lons o Juan Manuel de Prada y Marcelo Gullo, es una fantasía anclada en una idea de "supremacismo español", predicado por una minoría de extremistas que plantean un retorno al Imperio Español porque los hispanoamericanos han sido incapaces de gobernarse a sí mismos, por lo que hay que retornar a estar bajo la égida de Madrid para tener estabilidad y paz, sobre todo ante la amenaza de los Anglosajones, además de que no existen, según ellos, diferencias entre todos los pueblos situados entre el Río Bravo y la Tierra del Fuego, incluso, de manera aberrante, llegan a incluir a Portugal y Brasil y hablar de la Iberofonía, como si existiera una lengua íbera actual.
En realidad, México se encuentra ya más conformando una unidad natural por simple Geografía con EUA y Canadá, para bien o para mal, y si bien hemos recibido una enorme influencia estadounidense en todos los aspectos, no ha sido una relación unilateral, sino que la influencia es recíproca en mayor o menor medida. Ante ello, México es irreconocible para los ecuatorianos y los argentinos, con independencia de las diferencias ideológicas de sus gobiernos; een cuanto a los anglosajones, no resultaron ser tan malvados, y basta ver la actitud de jugadores y aficionados ingleses tras el partido habido con México del que hablamos al principio.
En fin, ha sido un campeonato que nos ha dejado muchas sombras en las canchas y el entorno de la FIFA, pero que nos ha dejado experiencias positivas, de alegría y unidad que se vivieron en las plazas, por parte de un pueblo, cuyos integrantes eran de diferente nacionalidad, se vieron excluidos de los estadios por los elevados precios de las entradas, en un acertado uso de la Inteligencia Artificial para crear pequeñas películas en que los jugadores más reconocidos o populares se han convertido en héroes de aventuras fantásticas y épicas, sea en estilo de Anime japonés o en animaciones hiperrealistas, así como canciones chuscas relativas a ellos, como a Kilian Dictador, el himno de los aficionados del Manchester City al noruego Erling Haaland, o la hilarante tonada en torno a Cucurella y las rimas que pueden hacerse con su exótico apellido.
Todo queda para dentro de cuatro años, cuando el mundo, tanto en lo geopolítico, como en lo deportivo, habrá cambiado mucho, solo espero que no nos quieran convencer ahora que el joven español de origen marroquí: Lamine Yamal, de raza negra, inmigrante, pobre y musulmán --dentro de varias categorías que gustan al wokismo-- es el mayor jugador de todos los tiempos pese a su paso gris en este torneo, porque será un nuevo experimento similar al de Messi y seguiremos en lo mismo.


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