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25 de diciembre de 2014

AL BORDE DEL PRECIPICIO IV



La Crisis de la Iglesia Católica:

Lo que más nos tiene a la Civilización Occidental al borde del precipicio para este 2015 que se acerca es la crisis de naturaleza espiritual y moral que nos azota y que tiene su máxima expresión en la crisis que vive la Iglesia Católica desde los años 60 tras el Concilio Vaticano II y que sin duda ha llegado a su punto más álgido desde la renuncia de Benedicto XVI en febrero del año 2013 y la elevación al solio pontificio de Jorge Mario Bergoglio, hoy Francisco I.

Como ya lo he expuesto en artículos anteriores en este espacio, yo no soy afecto a este pontificado y mantengo mis dudas sobre su legitimidad, habida cuenta la súbita renuncia del Papa alemán sin que quedaran nunca claras las razones de la misma ni el porqué fue tan precipitada en apariencia. Tampoco se ha investigado a fondo acerca de los alcances de dicha renuncia, puesto que existen estudiosos del Derecho Canónico y la Teología que plantean que Ratzinger habría renunciado al ejercicio material del ministerio petrino, mas no al carácter de sucesor del Príncipe de los Apóstoles, motivo que explicaría el porqué el argentino se ha cuidado de llamarse Papa y solo nombrarse "Obispo de Roma", e incluso el no usar a plenitud los ornamentos litúrgicos e insignias propias del Sumo Pontífice.

Sin embargo, lo que más me preocupa no es la forma en la cual el porteño haya llegado a asumir la suprema dignidad terrena, sino el ejercicio de la misma, en la que hemos visto una serie de dislates, actitudes y acciones que evidencian un claro designio por parte de Jorge Mario Bergoglio de transformar la Iglesia Católica en algo diferente, algo que los medios, los políticos y gran parte de la misma feligresía aplaude, lo que sin embargo, no necesariamente sea bueno o responda a las finalidades y funciones propias de la Iglesia.

Es claro que esto viene desde los inicios mismos del Cristianismo, el propio Jesús definió a la Iglesia como el grupo de sus escogidos que eran sacados del Mundo y señaló como motivo de preocupación el tener el aplauso de éste. Sin embargo, desde la Ilustración y la Revolución Francesas empezó a gestarse al interior de la Iglesia Católica una tendencia a contemporizar con los tiempos e ideologías del momento: es el "Modernismo", mismo que es definido por el teólogo alemán Ludwig Ott como la idea de que "el progreso de las ciencias exigía que se reformasen los conceptos de la doctrina católica acerca de Dios", y que "no existen dogmas definitivos y permanentes, sino siempre sometidos a perpetuo cambio", esto lleva al "relativismo dogmático, que exige que los dogmas se expresen en conceptos tomados de la filosofía predominante en cada época." Esta postura es considerada herética y así fue catalogada por el Concilio Vaticano I, puesto que si los dogmas expresan la verdad de Dios y Dios es la verdad inmutable, el hacerlos variables implicaría no reconocer la verdad absoluta e inmutable de la divinidad; en terrenos lógicos, debemos entender que los dogmas vienen a ser una serie de principios básicos en los que se sustenta todo el discurso de la doctrina cristiana, afectados esos principios, todo el resto se derrumba o carece de sentido, como ocurre con la Geometría de Euclides, si desconocemos alguno de sus axiomas tendremos la generación de otro tipo de Geometría, como la Hiperbólica, pero no la que conocemos o consideramos más común o basada en los Elementos escritos por el sabio griego en la Biblioteca de Alejandría.

Para inicios del siglo XX, sin embargo, el Modernismo había cobrado gran fuerza y por ello es que el Papa San Pío X dedicó los mayores esfuerzos durante su pontificado para combatirlo, como se desprende de su encíclica Pascendi aunque ya antes, Pío IX había hablado al respecto en la suya titulada Quanta Cura, el Papa Sarto además, incluyó la adopción de un "Juramento anti-Modernista".  mediante el cual el clero se comprometía a defender la totalidad de la doctrina católica: la incluida en las Escrituras, en el Magisterio y la Tradición, rechazando la tentación de variarla con la ideología de cada época.

Sin embargo, las pulsiones de la Modernidad durante la pasada centuria, con sus vertiginosos desarrollos tecnológicos y científicos, así como las Revoluciones y las dos Guerras Mundiales y las traumáticas consecuencias que ambas tuvieron sobre la concepción del mundo y las ideologías derivadas de dichos movimientos bélicos y sociales llevaron a la Iglesia a buscar la manera de lidiar con ellas, así se explica lo que impulsó a San Juan XXIII, pero que ya había hecho cavilar al respecto a Pío XII, a convocar al Concilio Vaticano II, cuando el Papa Roncalli habló que la intención del concilio sería pastoral, es decir, de buscar medios para, ante la Modernidad, hacer llegar el mensaje de la Iglesia a las entonces nuevas generaciones. Sin embargo, el Concilio terminó siendo algo tan ambiguo y tan lleno de innovaciones y cambios no solo en el discurso, sino en cuestiones fundamentales como la Liturgia, que muchos no dudan de calificarlo o considerarlo como una especie de triunfo del Modernismo.

Hoy en día, el pontificado de Francisco parece ir por derivas aún mayores de cambio y de Modernismo; la tensión entre la defensa de la Tradición y esta corriente se acrecentó durante los años siguientes al concilio, si bien se le había mantenido a raya bajo el reinado de San Juan Pablo II y de Benedicto XVI, si bien ambos mantuvieron la aplicación de mucho de las reformas conciliares, mantuvieron perfecta continuidad con la doctrina de la Iglesia en terrenos morales; sin embargo, bajo el sudamericano, parece plantearse un cambio radical en la doctrina moral de la Iglesia y en general, en el papel que ésta debe jugar ante un mundo que, dominado por el Neoliberalismo capitalista, el individualismo y un hedonismo desenfrenado, es reacio a seguir un mensaje que habla de autocontrol, austeridad, mesura y prudencia.

No me parece que Bergoglio trabaje para conspiradores que desean la destrucción de la Iglesia por un mandato expreso del demonio como muchos lo señalan, una postura así es un tanto extrema y poco realista acerca de cómo operan estas cosas, lo que me parece es que el argentino sí responde a los intereses de un grupo afecto al Modernismo y que sí desea cambios en el rol desempeñado por la Iglesia, y que muy probablemente lo hacen impulsados por intereses mundanos: el pontificado largo del santo polaco provocó una ola de simpatía hacia la Iglesia que ocultó muchos de los problemas que afectaban a la Iglesia desde dentro, muchos que incluso fueron provocados o exacerbados por el Concilio que relajó la disciplina del clero y debilitó la formación de los fieles. Tras el reinado de Benedicto XVI, un pontífice que colocó en el centro de su reinado a la doctrina, se encontró en choque directo con la posición del mundo y el contraataque de los medios fue inmisericorde: un mundo como el de hoy en el que todo es desenfreno y diversión no acepta conceptos como "pecado" o "responsabilidad" y en que hablar de los errores de otras doctrinas religiosas como el Islam para defender la certeza en la propia es visto como intolerancia y soberbia.

Pero en Bergoglio se da un intento por dar un discurso admisible para el mundo de hoy, tal y como lo dije en el artículo en el que hablé sobe el Sínodo de las Familias, Su discurso navideño ante la Curia, en el que se deshizo en recriminaciones y críticas, su "pobrismo" y apelaciones a mensajes surgidos en apariencia a la Teología de la Liberación apuntan a la llegada al Vaticano del discurso político populista latinoamericano y también al gusto de Bergoglio por reforzar su popularidad y conseguir el apoyo de la masa para ejercer un poder omnímodo sobre la Iglesia pasando por encima de la Curia y las instituciones, en un giro propio del caudillismo político latinoamericano, la gente hoy en día, espera escuchar un mensaje de la Iglesia acorde con un mundo permisivo y que les quite cualquier carga de conciencia moral, y que la Religión se limite, como lo hacen en mucho los protestantes, a un discurso de autoayuda y superación, y la Iglesia o cualquier organización religiosa, se dedique a la filantropía pero no tenga ninguna repercusión social real ni influya con un código moral para sus practicantes.

¿Cómo acabará todo esto? No lo se aún, solo sé que como católico debo rezar por la preocupante deriva del pontificado y que esto no termine en un cisma entre Tradicionalistas y Modernistas,con una tercera facción, los Neoconservadores, quienes aunque se mantienen firmes en la doctrina moral de la Iglesia, aprueban los excesos de Bergoglio por el culto a la personalidad o Papolatría por inercia del largo pontificado de Wojtila y que ven en el argentino a un nuevo líder carismático, masivo, diferente al académico y reservado Ratzinger. Solo esperemos que esto no sea como con los lemminges, quienes corren, cegados por los jefes de la manada, hacia el acantilado para acabar ahogados en el mar.


Entre tanto, solo me queda desear a mis lectores UNA FELIZ NAVIDAD!!! Y QUE EL 2015 ESTÉ LLENO DE BENDICIONES Y LOGROS PARA TODOS, sabiendo soportar las dificultades que parecen estar por venir. Muchas Felicidades, nunca hay que rendirse ni desesperarse.

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