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24 de marzo de 2014

COLOSIO: VEINTE AÑOS DESPUES


Hace 20 años, lo recuerdo bien, por la tarde, prendiendo la TV, mis padres y yo nos enterábamos de lo ocurrido en la Colonia Lomas Taurinas de la ciudad fronteriza de Tijuana, con el asesinato del entonces candidato a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) Luis Donaldo Colosio Murrieta; poco después, la actriz, periodista y conductora de Televisa Talina Fernández, quien tenía a su cargo la corresponsalía en la metrópoli bajacaliforniana y que dio, en forma por demás muy profesional, la cobertura de lo acontecido, anunciaba que el político sonorense había fallecido mientras era atendido en el Hospital General de Tijuana.

Aquello se sumó más a un clima de progresiva intranquilidad, que, a manera de presagios negativos de lo que se vendría: la realidad actual que vivimos en el país, anunciaban el derrumbe del Sistema Político Mexicano anclado en la figura del partido hegemónico conformado en 1929 por otro sonorense, --de origen libanés, mientras que Colosio era de origen italiano, lombardo para más detalle-- el Presidente General Plutarco Elías Calles, quien estructuró el régimen, basándose en lo ideológico, en el Partido Socialdemócrata Alemán (PSD) que ejercía el poder dentro del régimen de la malograda República de Weimar, en el Partido Fascista Italiano de Mussolini, de quien tomó el corporativismo, y en el entonces todavía joven Partido Comunista de la Unión Soviética, (PCUS) en cuanto a su esquema de control del poder; como ya lo he tratado en este blog en artículos anteriores, el sistema así diseñado y perfeccionado por el enemigo de Calles y alumno aventajado, el General Don Lázaro Cárdenas, quien aseguró la pacificación del país tras los tormentosos años de la Revolución y permitió treinta años de un gran y sostenido desarrollo económico y social en el país.

Sin embargo, el modelo se agotó y no supo responder ante la cambiante situación internacional, el PRI, con su habilidad camaleónica se disfrazaba de establecer un sistema de Izquierda, mientras en realidad se manejaba como un régimen conservador y que permitía un grado aceptable de libertad económica, si al principio fue un régimen antirreligioso y perseguidor de la Iglesia Católica, después se convirtió en su protector y respetuoso de su autoridad como algo de facto, aunque la Ley no la reconociera; para los años 70 y ante el auge del Socialismo, las Presidencias de Echeverría y López Portillo, en la llamada "Docena Trágica", se caracterizaron por un populismo derrochador junto con una enorme corrupción, lo que provocó que durante la década de los 80 el régimen se encontrara tambaleante.

Aquello orilló a buscar cambios, y ahí es donde se centraron las Presidencias de Don Miguel de la Madrid y de Carlos Salinas de Gortari, sobre todo la de éste. Salinas, en cierta forma, se avocó a realizar una especie de Perestroika mexicana y colocar al país en condiciones de entrar de lleno a la Globalización y a la competencia internacional: reconocimiento pleno a la libertad religiosa y la normalización de relaciones Iglesia-Estado, privatización de gran parte del sector público, estímulo a la participación ciudadana en la solución de problemas con el programa de Solidaridad, adelgazamiento del aparato burocrático, saneamiento de finanzas públicas y renegociación de la deuda externa, finalmente, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, parecía llevar al país hacia una nueva era de prosperidad y desarrollo verdadero.

Pero habían surgido ya señales de alarma: en 1992, las explosiones de varias calles en el Barrio de Analco de Guadalajara el día 22 de abril revelaron que tras la aparente eficiencia de la administración de Salinas se escondía una enorme corrupción y los robos de combustible por el propio personal de la empresa paraestatal que quedaba intocada por el ánimo reformista del Presidente neoleonés. En 1993, el asesinato del Cardenal Arzobispo de Guadalajara: Juan Jesús Posadas Ocampo sembró la desconfianza en el Gobierno, pues el público y los medios jamás creyeron la versión oficial, la cual, de cualquier modo demostraba la creciente amenaza del crimen organizado que había crecido por la negligencia o la colusión de las autoridades, después, el levantamiento zapatista el 1 de enero de 1994 mostraría la inconformidad de ciertos sectores sociales con las políticas neoliberales y la resistencia a los cambios, así como los intereses enfrentados en zonas estratégicas como Chiapas.

Yo soy de la idea que ese 23 de marzo de 1994 la administración Salinas sufrió un golpe de Estado asestado por las ramas más retrógradas del PRI: sindicalistas, líderes de los grupos corporativos, beneficiarios del asistencialismo y demás, que se veían afectadas por las reformas pretendidas por el entonces mandatario y que muy probablemente, con excepción de la muerte del Cardenal Posadas, (muerto en el fuego cruzado en un enfrentamiento entre criminales) fueron responsables de las tragedias que ensombrecieron el fin de su sexenio; en forma similar al golpe sufrido por Mikhail Gorbachov en Rusia en agosto de 1991, se pretendió mantener el estado de cosas o devolverlo a una situación anterior a las reformas a fin de evitar sufrir una afectación en sus intereses, y al igual que en el caso ruso, aceleró la descomposición del sistema en lugar de su restauración plena. Posteriormente al magnicidio, la Presidencia de Salinas se apagó y sus últimos meses se dedicó a gobernar por inercia, como atada de manos, vendrían las elecciones con el triunfo del Dr. Ernesto Zedillo, abanderado del PRI, pero muy probablemente el hombre deseado por los perpetradores del crimen y que derrotaron a Salinas, en Diciembre, a los pocos días de tomado el poder, vino la grave devaluación que nos precipitó de nueva cuenta en la crisis económica de la que todavía no salimos y la demonización de Salinas, quien pasó a engrosar las filas de los "villanos" de la Historia Oficial al lado de Don Porfirio Díaz, Maximiliano de Habsburgo, Miramón, Santa Anna e Iturbide, mientras que la Presidencia de Zedillo, y los doce años de Panismo mostraron pocas reformas y el mantenimiento, e incluso el aumento de los privilegios de aquellos opositores al reformismo salinista, cuando no la salida de los priístas más rancios que pasaron a la Izquierda "progresista" que está a favor de las drogas, el homosexualismo y el aborto, pero no de poner freno a la corrupción y al parasitismo de quienes viven del erario.

Colosio por su parte ha sido idealizado y de él se han aprovechado todos, hasta los de la Izquierda y el PAN, que ahora se deshacen en elogios hacia su figura y en aquel entonces le denostaban y le echaban en cara su gris papel al frente de la Secretaría de Desarrollo Social; como todos se han agarrado de la demonización de Salinas, todos le acusan de haber mandado matar a Colosio, cuando el propio Presidente le escogió como sucesor por haber sido el más fiel de sus amigos de entre el "Grupo de los tecnócratas de Yale" y el más cercano a sus ideas, como lo relata en sus memorias, así como el más sereno y el más recto, a diferencia de Zedillo y de Camacho Solís, a quienes califica de mezquinos, ambiciosos, traicioneros e inestables emocionalmente, y cuyos dichos y hechos posteriores, han confirmado.

Cuando a inicios de 1994 se veía que la candidatura del sonorense no levantaba, empezaron a surgir voces, sobre todo del lado de los contrarios al gobierno y sus reformas, que planteaban que Colosio renunciara a la candidatura y fuera sustituido, a lo que Salinas contestó airadamente con una frase hoy convenientemente olvidada de respaldo a su abanderado: "¡No se hagan bolas!, ¡Colosio es nuestro candidato!". Con ello, el entonces Presidente remarcaba su apoyo, desesperado incluso, hacia su amigo, y usando el poder presidencial para calmar a la disidencia, poder que no serviría de nada ante el crimen.

Colosio muy probablemente habría sido una continuación del gobierno de Salinas, incluso, el famoso discurso por el cual se dice, Colosio firmó su sentencia de muerte, no iba dirigido en contra del nativo de Agualeguas, Nuevo León, sino en contra de la cúpula priísta que se oponía a los cambios; igualmente, continuaría con la línea de Miguel de la Madrid y de Salinas de establecer un Liberalismo autoritario, en que, sin ceder totalmente el poder, el PRI, contando con el apoyo fundamentalmente del PAN, cedería algunos espacios a la oposición y buscaría brindar reformas que aseguraran una mayor libertad económica y rompiese con el pasado y sus dogmas decimonónicos; no habría sido ni populista ni inclinado a la Izquierda y tampoco un demócrata, era un hombre del sistema y habría permanecido como tal, de no haber muerto y llegado a la Presidencia, probablemente con un poco de ayuda del sistema electoral debidamente aceitado para ello por su antecesor, Colosio sería hoy tan controvertido y criticado como aquel.

Pero eso no sucedió: la muerte de Colosio llevó a la Presidencia a Ernesto Zedillo en unas elecciones limpias en las que Salinas no intervino, se abrió la puerta a la Democracia Liberal en cuyas trampas cayó el país; se perdieron los controles verticales que aseguraban la ansiada paz social que era prioritaria para el régimen y  se perdieron veinte años en que privilegios, canonjías y elites no fueron tocadas, sino empoderadas, y si bien México entró de lleno a la Globalización, perdió el tiempo y no tuvo condiciones para hacerle frente. El resultado: hoy en día tenemos un Gobierno, el de Peña Nieto, que parece encausarse por la misma línea que Salinas y continuar con las reformas estructurales, pero las mismas chocan contra una resistencia formidable y violenta que se junta con gravísimos problemas sociales y el crimen organizado que se ha convertido en un verdadero Imperio tras esos veinte años de inacción, la Educación es un desastre, la sociedad está descompuesta y corrompida hasta la médula, y ante el panorama internacional, cabe pensar si las reformas liberales no llegarán ya muy tarde, justo cuando, como lo he dicho en los últimos artículos sobre Rusia y la crisis ucraniana, el Liberalismo puede que se encuentre entrando a su fase final de fracaso y desaparición.

Aquel día, en Lomas Taurinas, no solo Luis Donaldo Colosio recibió heridas mortales, las recibió el país entero. 

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