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20 de marzo de 2014

ALGUNAS PRECISIONES MAS SOBRE LA CRISIS UCRANIANA



Creo que me quedé con algunas ideas en el tintero en el post anterior, así que aquí las quiero verter:

1.- No es oro todo lo que parece: Es cierto que uno como conservador o tradicionalista, al igual que Juan Manuel de Prada, no puede dejar de simpatizar con Putin y con Rusia, pero lo vuelvo a repetir: A Putin y a los Rusos no les interesa la suerte de Occidente, no piensan hacer nada para salvarnos y mucho menos les interesa, a través de la Iglesia Ortodoxa Rusa, la reserva espiritual de nuestro hemisferio y coincidir con el Tradicionalismo Católico y salvar a la Iglesia de la cual han estado separados por mil años de su actual crisis, acentuada con la renuncia (¿o golpe de Estado en contra?) de Benedicto XVI y el ascenso de Jorge Mario Bergoglio a la sede petrina el año pasado; para nada, yo creo que en realidad, nunca como ahora las Iglesias Ortodoxas se encuentran más que convencidas de que Miguel Cerulario y el César Constantino IX Monómaco Comneno Augusto tuvieron razón en consumar la separación de Oriente y Occidente en 1054. Para muestra, está este muy inquietante, preocupante, diría yo, párrafo del artículo de Aleksandr Duguin que mencioné en el post pasado en este blog:

"Necesitamos luchar conscientemente frente a cualquier tentación de enmarcar a Rusia como potencia pre-liberal. Tenemos que dejar que los liberales no se salven sino que se acerquen fatalmente al final. No tenemos por qué retrasarlo, tenemos que acelerarlo. Para hacerlo tenemos que presentar a Rusia no como entidad pre-liberal, sino como fuerza revolucionaria post-liberal que lucha por la alternativa de futuro para todas las personas en el planeta."

Esto, en pocas palabras significa que saben que estamos en decadencia gracias al Liberalismo en todos los aspectos, incluso es muy probable que en el terreno religioso consideren a la Iglesia Católica como contagiada de la ideología Liberal, sobre todo tras el Concilio Vaticano II, los Rusos, lejos de ayudarnos a salir de nuestra decadencia, van a ayudar a hundirnos más, y una vez que estemos en el fondo del pozo, Rusia aparecerá como la guía para un nuevo orden, una mezcla, bastante interesante, de soberbia al saberse superiores moralmente, con un mucho de mesianismo político e intereses hegemónicos nada ocultos.

Esto es lo preocupante, ¿Rusia apuesta por provocar el caos en nuestro hemisferio? ¿Ha llegado la hora en que lo hará? ¿Cómo sufriremos las consecuencias de dicha política?

Esto lo podrían lograr si Rusia y China, por ejemplo, responden con el cambio del patrón dólar hacia el oro o adoptando una nueva moneda, incluso artificial, para las transacciones internacionales, se generará sin duda una crisis económica internacional durísima, recordando el enorme endeudamiento de EUA respecto a China, si ésta le corta fondos a Washington en los preparativos de una intervención militar en el Mar Negro, el desastre estará asegurado. La cuestión está si los Occidentales se atreverán a proceder más duramente contra el gigante eslavo, lo que pondría en riesgo el suministro de hidrocarburos a Europa, que se podría subsanar con los provenientes de EUA u otras partes, pero a un precio mucho mayor, lo que constituiría un golpe durísimo para la economía ya de por si vapuleada del bloque continental.

Las consecuencias de algo así las sentiríamos incluso en México, y Rusia y sus aliados la podrían aprovechar como factor desestabilizador en otras áreas, incluso dentro de la misma Unión Europea o América Latina, contribuyendo a minar aún más la supremacía estadounidense y sepultando definitivamente a las viejas potencias europeas: Inglaterra, Francia y España, y también afectando a Alemania y dislocando su expansión comercial hacia Europa del este.

En definitiva, en lo que Rusia y sus aliados construyen un nuevo orden y muestran el fracaso del Liberalismo, precisamente el fracaso mismo de éste será una pesadilla para todos.

2.- La Realpolitik: Rusia siempre ha obrado impulsada por ideales; los primeros Zares Riurikovich y Romanov, por el ideal de la "Tercera Roma" y la defensa del Cristianismo, los Romanov posteriores a Pedro I el Grande, identificaban su ideario en los tres colores de la bandera: Ortodoxia = Blanco, Autocracia o régimen absolutista = Azul y Eslavismo = Rojo, posteriormente con el Comunismo, el ideal utópico del Marxismo, hoy, Putin está impulsado por las tesis de Duguin de Nacionalismo y Cristianismo, sin embargo, siempre imperó un sentido de la realidad bastante agudo que inspiró la diplomacia y la política exterior rusa siempre, misma que se manejó con astucia, maquiavelismo y claridad en sus objetivos a grado tal que supo triunfar, por ejemplo, sobre norteamericanos y británicos durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

Este realismo político, la Realpolitik, no debe perderse de vista hoy en día, si Rusia tiene pensado estructurar un nuevo orden en el que desaparezca la hegemonía norteamericana y se coloca ella si no como hegemón, sí como una de las potencias prepondrantes en un orden multipolar, obrará en consecuencia y sin escrúpulo alguno; así lo ha hecho desde siempre: aceptando pagar tributo a los Mongoles para no desaparecer, aliándose a Napoleón en Tilsit pero permitiendo el comercio con Inglaterra en sus puertos del Báltico y el Artico, interviniendo o aliándose a Irán y Siria en el Medio Oriente, o como lo ha venido haciendo, y esto es algo que nos pega directamente en América, el apoyo al demencial régimen chavista ahora encabezado por Nicolás Maduro con el único objeto de desestabilizar Sudamérica y destruir la influencia norteamericana en la región, apuesto que en los pasillos del Kremlin se dice lo mismo que en la Casa Blanca durante los años en que Washington apoyó a la dictadura de los Somoza en Nicaragua: "Es un hijo de puta, pero es NUESTRO hijo de puta".

Ese mismo realismo político se cristaliza en la alianza que Rusia sostiene con dos enemigos seculares: China e Irán en el momento actual, a fin de asegurar el logro de un objetivo común: desbancar a EUA y a Occidente de la primacía, sin duda buscan un orden multipolar en el que se repartirán las áreas de influencia: Rusia, dominando Europa, China, la cuenca del Pacífico, Brasil a Sudamérica, Irán, el Medio Oriente y Sudáfrica al continente negro, todo un reparto del poder con la creación de grandes imperios regionales.

3.- Un Discurso Imperial antiimperialista: Una herencia de los tiempos soviéticos es el manejo de una imagen de una Rusia que se opone al imperialismo de las potencias occidentales, y en especial al norteamericano, apareciendo como la única potencia capaz de oponerse a sus designios y ser el defensor de los países menos desarrollados que son atropellados por los grandes y sus intereses económicos.

En ese sentido se entiende la participación de Vitaly Churkin, embajador ruso ante la ONU en la sesión del Consejo de Seguridad antier, en el que criticó el intervencionismo y las ambiciones de las potencias occidentales, solo que, seguramente, Polacos, Afganos, Lituanos, Checos, Alemanes Orientales, Húngaros, Eslovacos y Cubanos exiliados se han de haber quedado sorprendidos ante la amnesia de los moscovitas que han hecho lo propio desde los tiempos de Catalina II la Grande en el siglo XVIII y de la "Doctrina Brezhnev" o las formas en que fueron aplastadas las rebeliones en Hungría en 1956 y Praga en 1968.

A pesar de esto, es claro que Rusia cuenta con la simpatía de muchos, tanto por el conservadurismo desplegado por la política social de Putin que contrasta con el exceso de liberalismo y tolerancia en Occidente, como por las acciones recientes, claramente criminales de los gobiernos norteamericanos y europeos desde la Invasión de Irak en 2003 hasta las Primaveras Arabes, mientras que los crímenes soviéticos y zaristas ya han quedado olvidados o resultan brumosos para las nuevas generaciones en el desmemoriado mundo actual.

4.- Las Debilidades de Occidente: Putin supo como actuar, seguramente porque desde que llegó al poder en 1999 ha estudiado a fondo la situación occidental: las acciones de Assange y Wikileaks, así como las de Edward Snowden bien pudieron ser parte de una trama bien dirigida y planeada que le permitió obtener toneladas de información valiosa acerca de las situaciones económica, política y social de los países occidentales. Recordando al internacionalista Jean Baptiste Duroselle en su obra Todo Imperio Perecerá, en la obtención y clasificación de información por los órganos de Inteligencia debe considerarse todo: los métodos y capacidades de lucha del adversario o del "otro", las condiciones personales y hasta de salud física y mental del gobernante del otro, la situación social, que nos puede determinar si habrá apoyo en caso de lucha y la fortaleza económica, que condiciona la capacidad del Estado para procesar y generar poder.

Los rusos se han dado cuenta de las enormes contradicciones y divisiones de nuestras sociedades: la Globalización ha eliminado la independencia económica de los Estados y ellos se han aprovechado, como acertadamente lo señala el diario español La Vanguardia, los capitales rusos son parte importante de las inversiones en la City de Londres y en la Premier League del fútbol británico, sosteniendo la aparente y artificial prosperidad de la otrora monarquía más poderosa del globo, Europa depende del gas y del petróleo producido por los eslavos, y a cambio, un bloqueo comercial o sanciones económicas contra ellos apenas les afectarían teniendo como socios a la India, China e Irán y sus enormes mercados y posibilidades.

Estados Unidos, entre tanto, se encuentra limitado de recursos y carente de liderazgos, como nadie, Putin ha desnudado la realidad de Obama como un personaje producto de la propaganda electoral más efectiva pero vacío: ante la crisis, el Presidente norteamericano opta por ver una película dirigida por el mexicano Diego Luna acerca del fallecido líder de los campesinos mexicanos de los cultivos de California César Chávez en un acto además de hipocresía, ya que Soetoro (su verdadero nombre) elogia al personaje y lo señala como una inspiración, cuando en realidad ha deportado a más de dos millones de aquellos a los que el líder gremial hubiera defendido, mientras se llena la boca, una y otra vez de la promesa de una reforma migratoria que ni siquiera tiene la intención de proponer seriamente. Las alternativas al afroamericano son igualmente decepcionantes: Hillary Clinton, que no demostró capacidad alguna para entender lo que desataba ni lo que sucedía con las Primaveras Arabes o, por el lado republicano, a Marco Rubio y Ted Cruz, ambos hispanos, críticos certeros de las políticas económicas y del autoritarismo de Obama y la Izquierda progresista norteamericana, pero cerriles, ignorantes y belicosos en temas de política exterior.

Pero además, la reacción rusa es originada por 20 años de ninguneos y de continuar con el discurso de la Guerra Fría; Occidente empezó a temer a Rusia tras la derrota de Napoleón en 1815 y el Congreso de Viena, antes, bajo las zarinas del siglo XVIII y Pedro el Grande, había sido visto como un país exótico, que trataba de salir de la barbarie e imitaba burdamente la cultura, las modas y los estilos occidentales, pero cuyos gobernantes y elites eran concebidas como snobs y extravagantes; tras haber demostrado su capacidad militar y el poderío del que era capaz de desplegar, los europeos no supieron qué hacer con Rusia, a la que vieron como un intruso y un peligro por su discurso imperial; el régimen soviético, en mucho, fue una forma que encontraron también los rusos de diferenciarse de Europa y marcar su propia senda ajena al Occidente que no les comprendía ni les aceptaba.

Tras la Perestroika de Gorbachov, los Occidentales no vieron a una Rusia más abierta ni que buscaba esa comprensión y aceptación, sino a una oportunidad de hundirla y de mantenerla débil para que no representara ya ningún peligro, sin embargo, y en forma que pocos sospechaban, Rusia se ha fortalecido y hoy, teme mucho menos que antes en las épocas paranoicas de Alejandro I y Nicolás I, o de Stalin a Occidente, pues se sabe mucho más fuerte que él.

4.- Una Nueva Era: Si no me equivoco, este discurso, pronunciado por Putin ante la firma del decreto que admite a la República de Crimea y a la Ciudad Autónoma de Sebastopol en la Federación Rusa, pasará a la Historia como uno de los momentos clave del siglo XXI:



Este discurso sin duda, marca el inicio de una nueva era y el fin de la supremacía de Estados Unidos como único polo de poder que venía ostentando desde 1991. Estamos ante los inicios de una nueva estructura del poderío mundial con Rusia de nuevo como un actor importante, como el principal responsable, junto con China y su éxito económico, de dicha reestructuración.

Estamos también ante el primer discurso de un líder de una potencia importante, y no de un país bananero o aislado como Cuba, Corea del Norte u otro, que adopta una posición crítica contra Occidente y se atreve a señalar las debilidades, contradicciones y pecados de éste. Es una verdadera declaratoria de guerra entre civilizaciones y el inicio de una nueva forma de las relaciones internacionales; sobre todo, un discurso que muestra cómo se irá dando una progresiva irrelevancia de las instituciones y los mecanismos para dichas relaciones que se construyeron durante la supremacía occidental: el llamado G-8, formado por las presuntas siete economías más fuertes del mundo: EUA, Gran Bretaña, Francia, Canadá, Italia, Alemania y Japón, a la que se agregaba Rusia, por su peso como productor de materias primas y su potencia militar, está prácticamente disuelto; pero los rusos se encogen de hombros, les da igual, ¿porqué?

Porque inexplicablemente en ese G-7 se sigue incluyendo a un país de economía frágil, enormes desigualdades y sujeto a tormentas políticas como Italia, pero no está China ni la India, con todo y que ambos imperios asiáticos se han convertido en gigantes industriales, por ello, a Rusia le importa más conservar la membresía del G-20 o actuar en bloque con los BRIC, que lo que digan Francia e Italia o un país estancado y cada vez más arrinconado por las ambiciones chinas como Japón.

Haciendo un símil, se recuerda que a inicios del siglo XV el Rey Quechua de Cuzco que había consolidado un poder regional soñó que ponía de cabeza a la Tierra y cambiaba el orden del mundo, por ello, el Rey cambió de nombre al de Pachacutec, que significa "Quien voltea al mundo" y adóptó el título de Inca equivalente al de "Emperador" y fundó un poderoso imperio, el de las Cuatro Partes del Mundo, Tahuantsinsuyo... hoy en día, parece que Vladimir Vladimirovich Putin está dirigiéndose para ser uno de esos personajes que son capaces de poner al mundo patas arriba y definir eras completas; si Putin se convierte en alguien así dependerá de lo que venga a continuación y del implacable juicio de la Historia.

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