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11 de noviembre de 2013

LA ENCUESTA DE FRANCISCO I


El Papa Francisco I, como ya lo habíamos dicho en los post anteriores, ha lanzado una encuesta preparatoria al Sínodo de los Obispos a celebrarse próximamente, con una temática relativa a la posición de la Iglesia en torno a la problemática actual de la familia y de la moral sexual, y la admisión de personas en situaciones irregulares, digámosle así, a los sacramentos.

Aunque es muy probable que se haya magnificado esta acción por los medios, (como nos dice el Blog Fe y Razón, habida cuenta de que siempre, previo a estos sínodos se han hecho encuestas similares y con temáticas igualmente referidas a estos temas en el pasado) ávidos de ver en Bergoglio un revolucionario que va a "modernizar" a la Iglesia Católica y a su doctrina, queriendo en mucho, verla reducida a un simple rollo motivacional, a unas meras prácticas rituales a celebrarse en el interior de la vivienda y sin ninguna repercusión social más allá de la filantropía, como es el caso del Liberal Carlos Alberto Montaner, que quisiera una Iglesia que no presente obstáculos morales para el capitalismo salvaje y el Catolicismo sea puro rito hueco y en vez de un magisterio profundamente racionalista se apueste por un sentimentalismo efectista de la foto besando niños o abrazando a deformes, es el tono ambiguo, mismo que parece ser ya el sello de la casa durante este pontificado, con el que está formulada, lo que da pie a pensar a muchos, sobre todo desde el ala tradicionalista, que el "Obispo de Roma" está planteando una revolución en los terrenos de la moral cristiana que romperá con 2,000 años de tradición.

No creo, sin embargo, que Bergoglio llegue a tanto, pero tampoco va a ser un defensor de ese magisterio; creo que más bien dejará la puerta entreabierta para que todo mundo lo interprete como crea o como le convenga, y eso es lo peligroso; como he dicho en este espacio antes: el otrora Arzobispo de Buenos Aires no es más que un acomodaticio y una veleta que se mueve a dónde soplan los vientos y busca que su persona salga indemne, fue elegido, no me cabe duda, para que esas habilidades de político latinoamericano las aplique a la situación de la Iglesia y ayude a capear el temporal que azotó a la Barca de Pedro durante el reinado de Benedicto XVI, quien se aferró a nadar contra corriente, como San Atanasio: "Si el mundo esta en contra de la Verdad, entonces Atanasio está en contra del mundo", no, en la mente de los Cardenales que acudieron al Cónclave estuvo el nadar un poco a favor del viento y estar un poco acorde con el mundo para que éste los deje de molestar tantito y eligieron al más hábil en ello.

En una cosa sí tiene razón el argentino, y es en el caso de señalar que existe una obsesión con temas como el aborto y la homosexualidad, sin embargo, el pontífice reinante olvida un detalle: esa obsesión no es de la Iglesia, sino del mundo, y si desde la encíclica Evangelium Vitae de Pablo VI se ha venido hablando de esos temas no ha sido sino para señalar uno de los problemas más profundos que tiene el mundo de hoy, y sobre todo, las sociedades occidentales, y una occidentalizada como la japonesa, porque puede tener repercusiones calamitosas en todos los aspectos; más adelante hablaré del caso nipón, pues la Nación Asiática está entrando de lleno en una espiral de autodestrucción que tuvo como causa, en mucho, décadas de desenfreno en la materia.

Existen muchas cuestiones morales tanto o más importantes que la cuestión sexual, e igualmente se encuentran olvidadas por un sistema económico y social que exige la falta de escrúpulos, el egoísmo y el individualismo extremos para lograr el éxito material: no en balde hoy tenemos esta ola de criminalidad que no solo engulle a México, sino a gran parte del mundo, si, finalmente, no existe otra cosa que el logro de la riqueza y la obtención de los placeres como máximo ideal, los medios no importan, y si se niega que exista un orden natural preexistente y externo a los seres humanos, también por ello se exige el totalitarismo del Estado Democrático: éste debe determinarnos por Ley lo bueno y lo malo, lo que se permita y lo que no, sin embargo, la importancia de la cuestión sexual radica que de ella surge la familia, la célula básica de la sociedad.

Cuando Pablo VI escribió su polémica encíclica, acababa de darse el descubrimiento y la comercialización de los anticonceptivos, y se daba la "Revolución Sexual", el Papa, proféticamente sabía que aquello era el inicio de una espiral que nos ha llevado hasta hoy: finalmente, si el sexo pierde su finalidad principal y natural: la reproducción, y queda únicamente como un medio de obtener placer, todo lo relacionado con ello pierde sentido: el matrimonio ya no se trata, --hagamos a efectos de estos argumentos a un lado que es un sacramento-- de un estado de vida, sino de un mero contrato civil, y al que se llega porque hombres y mujeres eligen al cónyuge no porque sea el idóneo para formar una familia y tener una vida en común, sino en base al atractivo sexual, y por "amor" solo se entiende esto, como resultado, cuando se llega a la insatisfacción en esa materia se acaba el matrimonio; de igual forma, y como el fin del sexo es el placer, da igual cómo se obtenga: como muy vulgarmente dice el dicho: "conque haya hoyo, aunque sea de pollo". Por ello, el homosexualismo se ha extendido tanto, finalmente, es una forma más de obtención de placer y en esa lógica, es perfectamente válida.

Y junto con ella, otras extravagancias: las relaciones poliamorosas, el intercambio de parejas, los tríos, y hasta la pederastria o el incesto, a todas las cuales llegará su "legalización" o visto bueno por el Estado, no es por nada, pero creo que llegará el día en que al Padre Marcial Maciel se le considerará un "hombre adelantado a su tiempo" injustamente censurado y perseguido por una sociedad y al final, por una Iglesia oscurantistas.

Como resultado, ¿qué tendremos? una atomización de las sociedades que se precipiten a esta tendencia: no surgirán nuevas formas de familia, sino que ésta desaparecerá, con lo que se pondrá en riesgo a la primera y más importante de las comunidades intermedias, el individuo queda a merced del Estado o en una situación inmediata frente a éste, con lo que el poder de los políticos, quienes detentan en realidad al poder del Estado, será absoluto y completo, pues, perdido un referente moral autónomo, éste será impuesto por los gobernantes y legisladores de acuerdo a su conveniencia, y a la de sus electores arrastrados como rebaño ovino ante las urnas por el pienso de la demagogia.

Pero no solo eso: vemos los problemas que han salido de toda esta hipersexualización que de los años 60 a la actualidad se han presentado en nuestras sociedades: una explosión en los cánceres de mama y cérvico-uterinos debido al uso y abuso de anticonceptivos químicos y hormonales, el genocidio silencioso del aborto, la cada vez mayor violencia de los niños que crecen sin la guía del padre o de la madre, las infecciones venéreas, no solamente del SIDA, sino el Papiloma Humano, la Hepatitis C y otras más, que se han vuelto enfermedades comunes, la trata de personas para nutrir las florecientes industrias de la pornografía por Internet y la prostitución, la misma autodenigración de las mujeres, los abusos sexuales a menores y mujeres, todo ello problemas que se han convertido en serios riesgos para la vida y la seguridad de las personas, y aún para la existencia misma del orden social, pese a que existan países "progresistas" en los que parezca que todo marcha de maravilla (piénsese en los Escandinavos o en Holanda, donde, sin embargo, existen larvados problemas consecuencia de todo esto que tarde que temprano les van a estallar y no van a poder resolverlos)  pero nadie parece dispuesto a cambiar o a dar marcha atrás.

Y si nos vamos más lejos, entramos en una etapa en que los escrúpulos y los valores morales en otros ámbitos han desaparecido: la corrupción reina, a muchos se les hace fácil entrar en el crimen como modo de vida, la gula, la frivolidad, el consumismo domina la vida de las personas, la búsqueda de la diversión lleva a vidas vacías, soledad, depresiones, todo fruto de concebir cada quien una moral "a la carta". Y quién sabe, puede que nos pase como a Japón:

El Imperio del Sol, se teme, puede ser una sociedad en extinción, tras la II Guerra Mundial, si bien volvió a ser una gran potencia económica, Japón entró en un proceso de autoflagelación y una especie de "depresión colectiva" que viene de la derrota sufrida; ya en un post, al inicio del año, traté del tema de que Japón ha sido superado por China y jamás alcanzará a su odiado y eterno rival regional, tal parece que se está haciendo el seppukku, y mucho de ello tuvo que ver con una enorme relajación de la rígida moral sexual de los tiempos pasados, en que aún la prostitución con las famosas geishas estaba sujeta a una serie de reglas y límites fielmente seguidos, por el contrario, Japón durante los años 60 a la actualidad, ha sido cuna de las perversiones y la pornografía más asquerosas, aberrantes y denigrantes de todas; pero hoy, en cambio, a los jóvenes nipones el sexo ha dejado de interesarles, no solamente ya no se casan, sino que además no sostienen relaciones sexuales de ningún tipo y por supuesto, no engendran niños, ¿porqué? ¿por un súbito impulso de espiritualidad y castidad? No, es por hartazgo tras décadas de saturación de lo hentai hasta en la sopa y una verdadera inmunización a la atracción entre hombres y mujeres; a grado tal llega esto que Japón es el país con mayor población de la Tercera Edad y uno de los índices de natalidad más bajos del mundo, a grado tal que las autoridades se preocupan por la sobrevivencia de la nación japonesa.

Y no temo que al escribir esto se me tilde de mocho, me importa un bledo que lo hagan o lo piensen, soy un hombre normal al que le encantan las mujeres y la verdad, no he sido un santo, y tampoco me enorgullezco de ello, pero creo que llega un momento de hacer una reflexión profunda y cambiar el rumbo, más cuando se analiza a profundidad lo que sucede en el entorno en general, pues la idea tan extendida hoy día de que puede hacerse lo que se quiera y que, actuando con "responsabilidad" no habrá consecuencias es falsa, todo, absolutamente todo lo que se hace o se deja de hacer tiene consecuencias, ya sea para uno mismo o para los demás, positivas o negativas, inmediatas o tardan en aparecer, pero finalmente, nada es gratuito ni nada es inocuo.

Por ello, es terrible que se pretenda por la actual dirigencia de la Iglesia el dejar de ser la voz que grita en el desierto o la defensa de la racionalidad, para ser, por puro temor a la persecución y al desprecio, contemporizador con las fuerzas y las ideas que siembran el caos y el desorden, a la espera de que estas fuerzas cesen en sus ataques, lo que equivale a permitirles que venzan, pero ¿qué podemos esperar? Como lo he dicho en los post anteriores, la cobardía se ha sentado en la Cátedra de Pedro.

2 comentarios:

Terzio dijo...

Parece como si la opinión abierta ocupara la Cátedra del Magisterio...¿Por duda implícita en la mente/intención del responsable?

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Rigoberto Gerardo Ortiz Treviño dijo...

Lo más irónico de Bergoglio es que fue creado cardenal por Juan Pablo II. ¿Qué cualidades le habría creído ver? Otra ironía, apuesto a que los electores de Bergoglio eran cardenales de la camada de Wojtila. Ya que Bergoglio es tan afecto a la horizontalidad, pues no estaría de más pensar en instituciones propias del parlamentarismo para pedir una moción de censura al porteño y juicio políticos a los cardenales que le eligieron. Pedro Martínez de Luna fue –a pesar de trato de antipapa en la historia oficial- un sucesor de Pedro mucho más digno. Finalmente, si mal no recuerdo, Lady Diana llegó a abrazar a enfermos de SIDA cuando se desconocía como se contagiaba el VIH… ¿Acaso un papa debe buscarse fotografías a Lady Di?