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19 de agosto de 2013

LA REFORMA PETROLERA EN MEXICO


Como lo decíamos en los posts anteriores, México es un país construido en base a una mitología que pretende legitimar el actual estado de cosas y el poder de una elite llegada al mando en 1867 y reorganizada en 1910-1920. Así, uno de sus mitos es Juárez y el republicanismo, otro muy importante para el régimen, es la cuestión del petróleo. En este sentido, resulta curioso que el Partido que encarnó a ese régimen: el PRI, sea ahora un partido que luce más cercano y respetuoso con el pensamiento y la Iglesia Católica que el PAN, el supuesto partido conservador y de inspiración demócrata-cristiana, y a la vez, se encuentra buscando cambios realmente importantes que contradicen a los dogmas que le dieron sustento desde su fundación. Pero esto no es de sorprenderse, el PRI ha sido siempre un camaleón ideológico, por momentos socialdemócrata, por momentos liberal, aunque nunca en realidad, se ha apartado mucho de un esquema nacionalista y Keynesiano.
La Izquierda, por su parte, que presume de progresista por su impulso a vicios y degeneraciones, su presunto secularismo y postura a favor de la cultura de la muerte, no es sino defensora de los dogmas y los mitos de la religión laica que es en realidad la narración de nuestra Historia Nacional. Pese a su discurso de estar a favor del avance del país y de ruptura con el pasado, en realidad, la Izquierda está conformada ya por una gerontocracia: sus principales exponentes, como Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo o Manuel Camacho Solís, tienen en común dos cosas: primero, el ser todos mayores a los sesenta años, y en segundo lugar, el haber sido todos antiguos militantes del PRI, y que, salvo el caso de Camacho, todos los demás rompieron con el partido de la Revolución del que habían surgido y al que debían carreras y haciendas, cuando éste abandonó el keynesianismo del Nacionalismo Revolucionario y favoreció a políticos más liberales y más conscientes del mundo en proceso de Globalización al finalizar los años ochenta, descubriendo entonces, al menos de dientes para afuera, las bondades del Socialismo y del discurso Marxista en decadencia por aquellos años.

Así, hoy en día la Izquierda sale a la calle para evitar la aprobación de una reforma que plantea la coinversión privada en la industria petrolera nacional, como es sabido, en México desde la Constitución de 1917 en su artículo 27 se planteó la propiedad de la Nación (osease el pueblo mexicano) sobre los recursos del subsuelo, incluyendo los hidrocarburos. Sin embargo, pasaron 21 años para que el Estado Mexicano eliminara las concesiones que estaban a favor de empresas extranjeras, en la víspera de la Segunda Guerra Mundial y como respuesta a un conflicto laboral entre esas empresas y los trabajadores a los que tenían trabajando en pésimas condiciones, en el que los empresarios se comportaron con gran prepotencia y no aceptaban ni el arreglo con el sindicato ni las resoluciones de las autoridades para terminar el conflicto.

La mal llamada "expropiación petrolera" significó en realidad que el Estado Mexicano nacionalizaba los medios para la explotación de los hidrocarburos, y la formación de una empresa del Estado: Petróleos Mexicanos o PEMEX, por sus siglas, la decisión del Presidente General Lázaro Cárdenas no fue desacertada: ante el ya más que inminente inicio de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos del militar michoacano y su sucesor: el aristocrático General Manuel Avila Camacho consiguieron enormes ingresos aprovechando el conflicto y vendiendo el petróleo a los Aliados, recursos que se utilizaron para financiar el "Milagro Mexicano" que llevó a la creación de infraestructuras: carreteras, puertos, centros turísticos, universidades, etc. Pero, curiosamente, el Presidente que tanto gustaba de ostentarse como socialista, permitía la coinversión privada en la industria, tal y como ahora se propone por el Presidente Peña y tal y como se hace en países como Rusia, China y hasta Cuba, los paladines del estatismo, y se hace en Noruega o en las Petromonarquías del Golfo Pérsico, o aún en Irán.

No sería sino hasta el mandato de Adolfo López Mateos, en la década de los sesenta, que se eliminó la inversión privada en el ramo, impulsado por una oleada populista y por la búsqueda de la autosuficiencia pregonada por el nacionalismo del régimen. De ahí en adelante se vendría una verdadera cuesta abajo en nuestra industria petrolera: lo más patético fue durante la "Docena Trágica", cuando los fabulosos ingresos petroleros se dilapidaron y la corrupción al interior de la paraestatal creció.

La Izquierda tiene razón indudablemente en cuanto a que gran parte de las utilidades que se generan en la industria se pierden en el abismo de la corrupción que permea todos los niveles de la paraestatal y urgen medios para combatirla, después de todo, la privatización o la entrada de capital privado en la explotación de los hidrocarburos no lleva a una limpieza y mejora automática: los ferrocarriles, privatizados bajo el sexenio del Dr. Zedillo no solo no mejoraron su servicio, sino que otro poco y quedan extintos, o la telefonía, que únicamente benefició a Carlos Slim que la utilizó como base para su gigantesco imperio empresarial que ahora le lleva más allá de nuestras fronteras y lo ha vuelto el hombre más rico del mundo en un país con cuarenta millones de pobres, y todo no gracias a su genio emprendedor, sino a sus cercanas relaciones con los detentadores del poder público. El peor caso de la entrada de capital privado sin que haya valido maldita la cosa ha sido el de la banca mexicana, entregada a conocidos y amigos por Carlos Salinas, que pensó podría crear una elite empresarial por decreto, entregó la Iglesia a Lutero y la depredación sobre las instituciones de crédito y los fondos depositados por los ahorradores desembocó en el colapso del sistema bancario tras la crisis de 1994.

Incluso, en otros países, es de recordar que empresas privadas del ramo petrolero como Shell o British Petroleum no han sido las más éticas ni las más limpias, simplemente veamos la relación que tejieron con Obama en su primera campaña presidencial, y como, tras haber financiado su carrera a la Casa Blanca, obtuvieron de éste el silencio y la inacción tras el derrame petrolero frente a las costas de Luisiana en el Golfo de México, o también como ambas empresas han defraudado billonariamente al fisco británico. Es decir, mientras no haya mecanismos que aseguren el cumplimiento de las normas y el mantener a los particulares concesionarios dentro de la obediencia de la Ley y sujetos a la autoridad, el panorama no será mucho mejor a lo que ahora tenemos.

Y es que veamos: ¿realmente hemos sido beneficiados la mayoría de los mexicanos con el esquema actual de PEMEX? Cierto, la mayoría de los recursos que obtiene la empresa va a la caja del Gobierno, y así se han podido desarrollar infraestructuras, como en los años de Cárdenas a López Mateos, sin embargo, muchos de los ingresos en realidad van a financiar el gasto corriente, esto es, la enorme nómina del Estado Mexicano y de la propia empresa, donde además, el Sindicato encabezado por un corrupto como es el senador Carlos Romero Deschamps, y antes de él Joaquín Hernández Galicia La Quina, ha sido el principal usufructuario de la compañía petrolera estatal y sus ingresos. Por contraste, en países en los que existe una petrolera del Estado, como Canadá o Noruega, la población recibe año con año, directamente, un cheque por el oil revenue. esto es, entendiendo que el petróleo le pertenece, ahí sí a todos los canadienses o a todos los noruegos, todos reciben su utilidad o su parte de beneficios directos por la venta del recurso natural; o veamos lo que ha sucedido en países como Emiratos Arabes Unidos o Arabia Saudita o Qatar, donde los ingresos obtenidos de los hidrocarburos han servido para financiar ambiciosas obras públicas, infraestructuras lujosas y elevar el nivel de vida general en la población, o bien, sustentar el crecimiento en otras industrias, como las telecomunicaciones o la aeronáutica.

En México, en cambio, los únicos que pueden decir con certeza que "el petróleo es nuestro" son los miembros del sindicato petrolero --donde además campean privilegios, como la inamovilidad del personal, o el nepotismo-- y los políticos, finalmente, todos los partidos, hasta los de la Izquierda, reciben su tajada de recursos públicos para financiarse, razón por la cual todos aparecen ante los ojos de la generalidad del pueblo como verdaderos parásitos.

Y ahora veremos el ya cansado y hartante show de las protestas y manifestaciones de los "progresistas" que en realidad aparecen como los más reaccionarios en defensa de sus privilegios: ya estamos hasta la coronilla de ver las manifestaciones de docentes que se niegan a las reformas en materia educativa porque no quieren ser evaluados y que se compruebe su escasa preparación, su nulo compromiso con el apostolado de la enseñanza, el nepotismo y la compraventa de plazas al seno del sindicato de maestros, los egresados de las escuelas normales, que desean salir y sin esfuerzo encontrar un empleo con altos ingresos sin prepararse siquiera --no quieren ni aprender computación ni una lengua extranjera como el inglés-- y siguen y siguen con el eterno discurso marxista de defensa del pobre y demás, para en realidad proteger sus muy mercantilistas privilegios y a la vez sirven para que sus líderes vivan como los más exitosos capitalistas. (Curiosamente, a quien más benefician con su oposición los Izquierdosos es a Romero Deschamps y sus secuaces, a quienes tanto critican) Esto hace que la reforma petrolera choque con estos grupos, y sin duda, en ella Peña Nieto se juega el todo por el todo de su Gobierno.

La pregunta es si el Presidente triunfará o los "progresistas"-conservadores (en el mal sentido del término) vencerán, la arena está lista y se disputará el combate; me parece sin embargo, que Peña se atiene a la división que supo sembrar entre Panistas y Perredistas desde el inicio de su mandato con el Pacto por México, y que de ahí aprovechará para obtener apoyo para su proyecto. Veamos que sucede.

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