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31 de mayo de 2015

UN VISTAZO A LA NOSTALGIA IMPERIAL DEL ISLAM



En mis navegaciones por Internet, y en específico por Youtube, me encontré con una serie de TV turca de producción reciente, su título en turco es Muhtesem Yüzuly, que se traduce como "El Siglo Dorado", y que se centra en la biografía del Califa y Sultán Otomano Solimán I (o más correctamente en árabe y turco Suleymán) el Magnífico, como se le conoce en Occidente por sus riquezas, o entre los islámicos sunnitas como Kanuni o "Legislador", pues es bajo su reinado que el estricto Derecho Islámico, la Shari'a, fue sistematizado y alcanzó su contenido actual y severo de la mano de las escuelas jurídicas sirias, y que ahora es defendido por los radicales musulmanes como los Talibán, impulsado quizá por un deseo de imitar a Justiniano, puesto que desde Mohamed II tomara Constantinopla, la dinastía turca pretendió erigirse incluso, de manera imperfecta y por supuesto, con el rechazo de todo Occidente y el mundo Cristiano-Ortodoxo Oriental, como heredero de Roma, cuyo imperio finalmente cayó ante los mahometanos en 1453.

La verdad la producción sorprende; el cine turco es considerado uno de los peores del mundo y reconocido por unos productos de calidad espantosa, generalmente pobres imitaciones de temas tratados por el cine occidental con bajos presupuestos y actores pésimos, casi improvisados, y su televisión ha adoptado los clichés y los temas de las telenovelas latinoamericanas, que tienen en la república del Asia Menor un gran mercado de consumo. Sin embargo, esta producción resulta toda una excepción al relatar la vida del Califa mencionado, que es considerado como el más grande de la Dinastía Otomana, comparable al gran Harún Al-Raschid de los Abasidas que reinara en el siglo IX y protagonizara Las Mil y Una Noches, o a Abd El-Rahmán III del Califato Omeya de Córdoba y a Al-Hakim de los Fatimitas (hasta antes de enloquecer); el vestuario, las locaciones en escenarios naturales o reales --el palacio de Topkapi-- y el trabajo de los actores, en los que se incluyen europeos, da una reconstrucción histórica muy interesante y muy acertada en lo general, de la civilización islámica del siglo XVI.

Es sin duda interesante y también necesario conocer el punto de vista de los musulmanes sobre su propia Historia y los desencuentros con Occidente, aunque claro, no puede negarse que la serie da una versión edulcorada y matizada de la realidad histórica sobre Solimán y los acontecimientos en los que participó y tapando un tanto los aspectos que, para el mercado occidental, resultarían desagradables; aunque no se puede negar que sí existe cierta glorificación del integrismo musulmán en la serie, lo que evidencia que la misma fue impulsada por el actual régimen de Reccep Tayyip Erdogan, quien por un lado fomenta el nacionalismo turco, pero no al estilo de la República laica implantada por Mustafá Kemal Atatürk en 1923, sino retomando el pasado imperial de los turcos cuando fueron cabeza del Islam, aunque en ese entonces no se sentían tanto como turcos, sino como parte de la Ummah o conjunto de los creyentes, y hasta preferían hablar en árabe --la lengua sagrada del Corán-- que en el turco (reservado al vulgo o a conversaciones informales), hasta que el caudillo militar tras el derrocamiento del último Califa Abdul Mejid II en 1924 determinó dignificar al turco, una lengua mongola de origen ural-altaico lejanamente emparentada con el japonés, sino difundiendo el papel de Turquía como líder del mundo musulmán, pese a que tal papel está muy disputado, hoy en día, por Irán, Arabia Saudita y el pretendiente al trono imperial: Abú Bakr (II) Al Baghdadí.

De igual manera, Erdogan dirige conscientemente una clara política de islamización de Turquía y de dar marcha atrás al laicismo implantado por Atatürk, y esto se ve reflejado en el argumento de la serie, donde son constantes las invocaciones a Alá y la muestra de la fe sincera de Solimán I en la doctrina coránica y la seriedad con la que asumía su papel religioso-político como Califa de todos los musulmanes y Sultán (soberano) particular de los Turcos, pretendiendo además que su potestad fuera universal, considerando a los Safávidas, con quienes Irán recuperaba las glorias imperiales del pasado Sasánida, Arsácida y Aqueménida como herejes chiítas rebeldes y asumiendo como su misión en la vida la conquista de los "infieles" cristianos europeos y lograr su conversión al Islam... sin ocultar que esto se lograría a través de la violencia y la guerra, lo cual es visto como algo necesario, casi incluso como un favor que se hace a los enemigos del Islam en la óptica en la que se narra la historia.

Por otro lado, la visión que se muestra de los Occidentales Cristianos es más acorde a la actual, y en esto es muy clarividente la serie, respecto al concepto que los Musulmanes tienen de nosotros y repito, parece ser más de los Cristianos de la época actual que del siglo XVI; para muestra, Luis II de Hungría es retratado como un cuarentón obeso, haragán, cobarde, frívolo y sibarita --cuando en 1521 era en realidad un adolescente de 15 años de edad, muy consciente de su cargo y dignidad, dotado del sentido de honor, valiente y lleno de energía, así como un fiel devoto católico-- pero es que en él no se representa al verdadero monarca húngaro de aquel entonces, sino se representa, muy certeramente diría yo, a los dirigentes políticos occidentales de hoy en día que llenan el perfil mostrado en el serial televisivo y contrastando con un Islam que, personificado en el Caudillo de los Creyentes Solimán Ibn Othmani, encarnado por el actor Halit Ergenc, muestra potencia, seriedad, firmeza y vigor atlético que contrasta con la imagen de una Europa, y de una Iglesia Católica decadentes y timoratas, de acuerdo a la forma en que son mostradas en la serie, y que insisto, muy probablemente muestran la visión que el turco y musulmán promedio tiene del Occidental y el concepto que se tiene del Cristianismo.


La serie se centra en la relación entre Solimán y su favorita: la rusa Alexandra Lisowska, hija de un sacerdote ortodoxo y que fue conocida por los occidentales como "Roxelana" esto es, "la pelirroja", mientras que los islámicos le conocían, tras haber apostatado de su fe cristiana, como Hürrem "la alegre" en turco. Sin embargo, en la serie, la mujer es mostrada como de carácter rebelde e impetuoso, víctima de la inveterada práctica de la trata de féminas seguida por los islámicos para nutrir los harenes, es robada por tártaros que hacían razzias de saqueo por encargo de sus socios comerciales turcos, y vendida como esclava al harem del Sultán. Nuevamente vemos cómo esto es tratado en el programa no como algo grave, sino como algo que solía ocurrir (y suele ocurrir a manos de los patrocinados de Erdogan: ISIS y Boko Haram) y que además, llevaba a las ¿afortunadas? a vivir ahora una vida mejor, no como campesinas en las estepas, sino como princesas en un harem que parece un internado británico para señoritas de la aristocracia y no lo que era: una jaula dorada donde hasta 400 bellas mujeres eran vistas como objetos preciosos de colección para satisfacer los instintos de un hombre, algo que contaba con la sanción expresa del profeta árabe del siglo VII, no se aclara que los sirvientes del harem eran eunucos, hombres castrados para no generar tentaciones en las odaliscas, y que iban armados tanto para custodiar a las mujeres como para, en dado caso, ajusticiarlas si cometían alguna falta grave o intentaban escapar, aplicando correctivos brutales contra aquellas que resultasen rebeldes o groseras o renuentes a complacer al Sultán, tampoco se muestra cómo el lesbianismo se extendía entre ellas a manera de fincar alianzas o de desahogo emocional ante el encierro, y las intrigas, que, ciertamente, fueron empleadas por Roxelana para hacerse con un enorme poder sobre la voluntad del Califa, quien es mostrado como un hombre cuya gran debilidad se encontraba en la entrepierna y son mostradas, no lo son en la manera cruda y feroz que eran en realidad.

Roxelana (encarnada por la bella actriz germano-turca  Meryem Uzerli --de padre turco y madre alemana) es la coprotagonista y a la vez, la antagonista de la Historia, y se debe a que se muestra que la rusa se convertirá al Islam para agradar al Califa, mas en realidad permanecerá Cristiana a escondidas y dominada por un enorme deseo de venganza contra el Otomano, en quien ve a la encarnación del Islam, responsable de la muerte de su familia, de su prometido y de su esclavitud; maquiavélica, la eslava utilizará todos sus encantos y habilidades eróticas para enajenar a la voluntad de Solimán quien despreciará a su primera esposa: la princesa Mahidevrán Giray, perteneciente a la familia real de los Tártaros islámicos de Crimea, (responsables de la esclavitud de la rusa), le alejará de su mejor amigo y Gran Visir Pargali Ibrahim Paschá, a quien Solimán terminará acusando de traición y hasta consiguiendo la ejecución del capaz e inteligente hijo mayor de Solimán: Mustafá, para que así, al final el hijo de Hürrem: Selim II, llegase al trono pese a su ineptitud política y militar --lo que llevaría a los islámicos al desastre de Lepanto-- a la muerte de Solimán, en complicidad de Rüstem Paschá, quien era otro Cristiano a escondidas y sería, según la serie, asesinado personalmente por el Califa al darse cuenta de la mentira y la traición, aunque nunca sospechará de su mujer.

Esto es, la serie muestra que los Cristianos viviendo en medio de los Musulmanes son un peligro para éstos: traicioneros, manipuladores y obrando en las sombras, un poco como ciertos Cristianos radicales o extremistas ven a los Judíos. Las crueldades de Solimán, quien decapitaba tanto como lo hace hoy en día su virtual sucesor Abú Bakr II, todas, son justificadas: o son para castigar traidores enquistados en la Khilafa o Imperio, o fueron realizadas por la nociva influencia de la favorita rusa.

En definitiva, estamos ante una producción que, ciertamente, merece la pena ser vista, pero con cuidado y conociendo el contexto actual y de la época, se trata de una obra de propaganda sin duda cocinada para el gusto de Reccep Tayyip Erdogan y los "islamistas moderados" que conforman actualmente la dirigencia de la República Turca, mostrando a un régimen fundamentalista islámico como fue el Imperio Otomano y a un radical como Solimán el Magnífico, que aprovechó las rivalidades entre España y Francia para tener de aliado a Francisco I, el "muy cristiano rey" galo en contra de Carlos V, que utilizó la piratería y saqueó puertos a través de los temibles piratas tunecinos y argelinos capitaneados por los hermanos Barbarroja, que esclavizaba a marinos y a habitantes de las costas italianas y españolas y que dejó por los Balcanes y Europa Central un recuerdo pavoroso de destrucción, muerte y fuego como sus antecesores Selim I, Bayaceto II y Mohamed II lo hicieron sin dejar ninguna herencia cultural o material perdurable o tangible, y que fue sonoramente derrotado en Malta, Viena y Túnez cuando la potencia occidental más poderosa: el Imperio Español, le puso un alto a sus soberbios sueños de expansión mundial que quiso cristalizar incluso mandándose hacer una tiara como la del Papa pero con cuatro coronas en vez de tres para indicar que el Islam era superior a la Fe Cristiana.

En suma, al ver este serial, uno no debe sino darse cuenta de la nostalgia que tiene el Islam por aquellos años de gloria en que hizo temblar al Mundo Occidental, y quizá por ello la respuesta que tiene entre los musulmanes el llamado del ISIS a restablecer el Califato, pero también debe ser una alerta: Occidente, hoy anticristiano y perdido en el hedonismo y la frivolidad, no está preparado para hacerle frente a una fuerza tan potente como puede tener el Islam militante, impulsado por agravios supuestos o reales que le han sido infligidos y por el recuerdo de aquellas túnicas bordadas en oro, altos turbantes enjoyados y los lujos de Topkapi, mientras los ejércitos del Islam marchaban haciendo temblar la tierra y esparciendo el terror a su paso.

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