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22 de mayo de 2015

PALMIRA Y EL AVANCE DEL CALIFATO


En México, absortos en nuestros gravísimos problemas ocasionados por nuestra clase política corrupta e inepta, nos pasan desapercibidos los hechos que están ocurriendo en Irak y Siria, pero también los medios occidentales parecen no estar al tanto de lo que está ocurriendo, como lo dije en otra ocasión, el Califa Otomano Mohamed II encontró a los Obispos ortodoxos reunidos en Constantinopla discutiendo sobre el sexo de los ángeles, y ahora su pretendido sucesor Abú Bakr --a quien correspondería el ordinal II como monarca del Islam-- Al-Baghdadí va a encontrar a los políticos occidentales enfrascados en cuestiones como los "derechos" de los animales o el "matrimonio" homosexual (así sucedió hoy, donde la noticia central para medios "progresistas" como los diarios británicos The Guardian o The Independent, y por supuesto, el New York Times es el referéndum sobre el "gaymonio" en Irlanda del Norte, presentándolo con tonos exagerados que hasta todos los irlandeses dispersos por el mundo vuelan de regreso a su tierra natal para votar a favor de la igualdad); entre tanto, sus tropas avanzan y no hay quien lo pare.

Palmira (en la imagen) acaba de caer en su poder, y muchos temen que sufra el destino de otros antiguos emplazamientos arqueológicos de Medio Oriente, en medidas adoptadas por seguir con rigor fanático la iconoclastía extrema del Islam, saquear piezas valiosas qué vender luego a coleccionistas occidentales --que sin saberlo, puede que estén financiando a sus futuros verdugos-- para obtener recursos con los que el autoproclamado Califa sostiene un ejército cada vez más potente, y también para manifestar que con él surge una nueva era, un nuevo imperio ante el cual desaparecen las huellas de los anteriores que han hollado con su planta el dramático paisaje del Levante.

Palmira es un símbolo del poderío imparable de Abú Bakr II (admitámoslo, tal parece que tendremos que llamarle así y reconocerlo como Califa y líder de una potencia nueva y antigua a la vez, que de palmo le convertirá en uno de los hombres más poderosos del mundo, sino lo es ya); esta ciudad le plantó la cara a Roma en uno de los periódos más críticos de su Historia: el siglo III y la crisis llamada Anarquía Militar, en que las legiones combatieron entre sí, a la muerte de Severo Alejandro I, por el trono de los césares, lo que fue aprovechado por algunas de las provincias para tener una existencia autónoma, cuando no hasta se separaron, al menos por un tiempo, del Imperio bajo el mando de algún caudillo: tal fue el caso de el Imperio de las Galias, separado por sus gobernadores y conformado por las Galias, Hispania y Britania, o el caso del Imperio de Palmira, liderado por la Reina Zenobia, viuda del Gobernador Romano de Siria y que puso en problema serio de mantener la unidad imperial: si el proyecto de Zenobia de crear un imperio en Medio Oriente con las provincias de Siria, la antigua Judea, Arabia y Egipto hubiese tenido éxito, la Historia hubiera sido muy diferente, pero no fue así, hacia el año 270, había tomado el poder uno de los grandes emperadores-soldado del siglo III, de origen Ilirio, de donde después vendrían Diocleciano y los Tetrarcas y los segundos Flavios que darían a Constancio I Cloro y a Constantino I el Grande; me refiero a Aureliano.

Formidable militar, Aureliano derrotó la secesión gala encabezada por los proclamados emperadores Tétrico I y Tétrico II, para después reducir a la obediencia romana a Zenobia y recuperar el control de Egipto; el granero del Imperio. Así lo hizo, y Palmira fue destruida: jamás volvió a levantarse como el estratégico y rico puesto comercial que fue desde el periodo Helenístico bajo los Seleúcidas y hasta la caída en poder de Aureliano; sin embargo, sus monumentales vestigios son testimonio de la refinada cultura de raigambre griega que se fusionó con los elementos orientales en la zona, y del esplendor de una metrópoli situada en un punto estratégico.

Hoy, el ISIS ha obtenido importantísimas victorias que demuestran que, pese a los constantes anuncios del aparato de propaganda de Washington respecto a presuntos líderes del movimiento heridos o muertos en los bombardeos aéreos, el valiente sacrificio de las milicias kurdas y de los ejércitos sirios e iraquíes, y hasta el anuncio de la muerte del propio Califa, está muy lejos de verse frenado; por el contrario, tal parece que se encuentra en camino a expandirse y consolidar sus conquistas. Occidente no lo quiere ver, y yo lo sostengo: Abú Bakr II es un conquistador, de viejo cuño, es como si viéramos lo hecho por los primeros sultanes Otomanos en el siglo XIV, o lo hecho en tiempos antiguos por caudillos como Sargón de Akkad, el fundador del primer imperio, o por Ciro el Grande en sus conquistas por esas mismas tierras. Hoy por hoy, Abú Bakr ya tiene, tras tomar Palmira, el camino abierto hacia Damasco, entre tanto, ha tomado también Ramadi en Irak, con lo que tiene ya el control de los caminos del norte hacia el sur de Mesopotamia para tomar Bagdad.

Nadie parece tomar conciencia de esto: no solo la amenaza sobre el patrimonio cultural de la humanidad representado por Palmira está en riesgo: ¿qué sigue después? Si cae el régimen de Assad en Siria seguirá con toda seguridad Líbano, y después Israel y Jordania,  pero nadie parece creer que el nuevo Califa sea una amenaza; al menos, no inminente; empiezan también las especulaciones y las teorías, pero todo indica que si bien el ISIS surgió de la rebelión patrocinada desde Occidente contra Assad siguiendo las directrices planteadas no en Tel Aviv ni en la propia Washington, sino en Riyad, Dubai, Doha y Abú Dhabi, en el plan de cercar a Irán, pero quizá ahora el Califa se ha tomado en serio su aventura imperial y el título que ha adoptado, y bien puede estar ahora en contra de quienes le auparon a su posición y muy lejos de ser un títere, sabe que puede ser un jugador.

De ser así, podemos vislumbrar un Medio Oriente cercado por tres potencias que se disputarán la supremacía en la región: por un lado, Irán, aliado de los BRICS, por el otro, Arabia Saudita, que ahora invade Yemen y ha revelado contar con un poderío militar bastante importante, y al norte, el ISIS, que tiene todo para aparecer como un Estado por derecho propio y puede terminar por dominar la "creciente fértil" e incluso más allá si logra consolidar también dominios en Libia y hasta Nigeria a través de Boko Haram. Como sea, mueven sus piezas y saben que algo importante se viene, la pregunta, ¿estamos preparados?

No sé si estemos viviendo en los últimos tiempos, Jesús dijo que eso sólo lo sabe el Padre, pero lo que sí, es que estamos presenciando acontecimientos que, dentro de mucho tiempo, los historiadores del futuro considerarán cruciales, definitorios de una nueva era, que nosotros veremos cómo inicia. A muchos, el cambio los tomará desprevenidos, pero eso sí, será un cambio brutal, nada sutil y a todos, absolutamente a todos, nos tocará.

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