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10 de agosto de 2014

MEXICO Y EL CONTEXTO INTERNACIONAL ACTUAL


Una muestra de la rotunda ignorancia de nuestros periodistas y gente de los medios de comunicación respecto al entorno internacional es el reiterado uso, para referirse ya sea al avión misteriosamente desaparecido en el Océano Pacífico hace unos meses, o al siniestrado sobre los cielos de Ucrania en las regiones disputadas con Rusia, el apelativo de malasio, cuando el gentilicio aplicable a los nativos o relacionados con la Federación de Malasia, país conformado por archipiélagos en el sudeste de Asia y Oceanía, es el de malayo, lo cual es demostrativo incluso de la escasa cultura general de nuestros comunicadores en México, que se van con la finta de que en inglés, el nombre de la aerolínea a la que ambos aparatos sea Malaysian Airlines, sin atreverse a consultar siquiera un diccionario escolar o un almanaque.

Pero esto es consecuencia de algo mucho mayor: el 90% sino es que más del tiempo de los espacios noticiosos en TV y radio, así como los diarios (en ellos algo menos) está dedicado a las noticias de índole nacional y local, esto último, dedicado a asuntos del estado o de la ciudad desde donde se edita o emite el medio. Resulta curioso, pero esto no siempre fue así; incluso en tiempos del gran monopolio que ejercía Televisa bajo la dirección de Emilio el Tigre Azcárraga Milmo, a fines de los años 80 e inicios de los 90, se quiso hacer lo que el magnate de los medios estadounidenses Ted Turner hacía en aquellos años: crear una cadena de noticias por televisión cuya programación fuera permanentemente, aunque repetitiva, de noticias de todo tipo: nacionales e internacionales sobre política, espectáculos o deportes y programas de variedad, para los países de habla española; así, si en el mundo anglosajón existía la CNN, en el mundo hispano aparecía ECO. La iniciativa tuvo éxito los primeros años, aunque después, sobre todo con la muerte del empresario y su sustitución por su hijo, actual presidente de Televisa, fue languideciendo y finalmente, cancelada.

Sin embargo, esta cadena noticiosa cubrió de manera excelente aquellos años cruciales de 1989 a 1992 en que se dio el derrumbe del Bloque Comunista, la disolución de la URSS y la posterior Guerra del Golfo Pérsico, dirigida por el decano del periodismo televisivo en México: Don Jacobo Zabludovsky y con un equipo de corresponsales y analistas extraordinario, como el español Alberto Peláez en Europa o la judía Ericka Drexler en Israel y Medio Oriente, (quien se hizo conocida por divulgar, en algo que provocó un momento de pánico e histeria colectiva, que el contraataque israelí ante el bombardeo que con misiles Scud-1 hiciera el régimen de Saddam Hussein contra Tel-Aviv, iba a ser nuclear, algo que tiempo después se supo, era una posibilidad real, abortada por la presión norteamericana sobre el gobierno sionista) sin embargo, no ha vuelto a reproducirse: las cadenas noticiosas mexicanas actuales, como Telefórmula o Milenio, no son sino remedos pobres, dedicados a un periodismo de chisme y enfocados casi exclusivamente al ámbito nacional.

Por ello, da la impresión que en México somos como una almeja o un caracol, encerrados en la concha de un chauvinismo y nuestros --irrelevantes y pequeños-- problemas locales, lo que es también muestra de la poca conciencia internacional de nuestros gobernantes en todos los ámbitos: todo consiste en lucha de partidos, corrupción, discusiones eternas sobre los mismos, siempre los mismos temas: la reforma energética, la reforma educativa, el narcotráfico, etc.

El debate energético, por ejemplo, ha sido el más claro ejemplo de esta concepción cerrada, cerril, localista de las cuestiones estratégicas para el país, en que la Izquierda se erige en defensora de los dogmas de la Revolución de hace cien años y de un modelo implantado desde 1938 que sólo tuvo éxito en unas condiciones y circunstancias históricas determinadas, para posteriormente convertirse en una fuente de corrupción, ineficiencia y despilfarro que no ha contribuido como debiera al desarrollo del país, a comparación de los esquemas petroleros de otros Estados como Noruega, Rusia, Canadá o las Petromonarquías islámicas, todo siempre desde la óptica del temor al malvado Masiosare, es decir: el extranjero, contemplado desde una visión marxista del imperialismo y una bajísima autoestima del mexicano, siempre autoflagelándose con el membrete de eterna víctima de ese "extraño enemigo" al que hace referencia nuestro himno nacional y según se ha enseñado en la Historia Oficial desde el triunfo liberal de 1867.

Lo malo es que las reformas implementadas por el Gobierno de Peña Nieto llegan tarde y mal: es algo que debió ocurrir hace 20 años, hoy, ante unas circunstancias históricas que amenazan con destruir el orden global que hizo posible al Neoliberalismo: la rivalidad Rusia-Occidente, el bloque de los BRICS, el fundamentalismo islámico, epidemias como el Ébola, etc. Puede que la vida fructífera de las reformas sea muy corta y no haya conciencia de qué hacer ante la andanada de cambios brutales que parecen avecinarse. 

Por otro lado, las reformas no vienen acompañadas de cambios en hacer un aparato público más eficiente, ahorrativo y reducido: por el contrario, estamos ante un Estado Mexicano hipertrofiado, con la creación exponencial de institutos, comisiones, consejos y demás que aparecen como reguladores de esto y de lo otro, la creación de un cuerpo legislativo gigantesco y prolijo que establece reglas casi hasta para parpadear sobre esto  y aquello, que únicamente ahogarán la escasa libertad económica existente y exigirán una recaudación fiscal cada vez mayor para sostener todo el paquidérmico edificio. Por el contrario, resulta bastante preocupante comprobar que, pese al enorme tamaño de la Administración Pública actual, a nivel federal, estatal y aún en los municipios, sobre todo aquellos que conforman áreas metropolitanas, el Estado Mexicano nunca había sido tan débil como ahora: es clara su descomposición en zonas como Michoacán, la alianza, o más bien, sometimiento de las autoridades locales ante el poderío de los carteles del Narcotráfico; en especial el de los Caballeros Templarios, liderado por Servando Gómez la Tuta, indica que dicho estado se encuentra a un paso de encontrarse en la situación de Somalia o Afganistán, a manos de "señores de la guerra", es probable que el mencionado capo del crimen haya adoptado tanto una denominación medieval como cierto cariz místico, reglas de disciplina y orden para su organización con plena conciencia de estar convirtiéndose en un verdadero señor feudal que imparte justicia y posee una fuerza armada con la que gobierna verdaderamente sobre el territorio del que se ha adueñado mediante la violencia, mientras que el Comisionado del Gobierno Federal Alfredo Castillo y demás funcionarios, son como los missi dominici de los tiempos carolingios, cuentan con un título y una representación del Estado, pero sin poder efectivo alguno.

En otras zonas, el poder en realidad está en manos de organizaciones sumamente fuertes y que también doblegan a las instituciones y autoridades constitucionales, como es el caso de Oaxaca y el inmenso poderío de los sindicatos de maestros: SNTE y CNTE, que han impedido la entrada en vigor de la reforma educativa y la aplicación de evaluaciones para la obtención de plazas docentes vía el mérito; no están dispuestos a renunciar a los privilegios obtenidos desde la época de Vasconcelos; en Guerrero, y de manera similar a Michoacán, surgen las autodefensas ante la incapacidad de las autoridades para hacer frente a la situación del crecimiento de las organizaciones criminales: las componendas, la corrupción, la falta de recursos para el diseño y la operación de corporaciones policíacas y para el funcionamiento de los municipios, contrastan con el predominio, en todo, de la materia electoral, del auge y nacimiento de partidos políticos cuyas finanzas siempre están muy bien nutridas con recursos públicos, cuando muchos de esos partidos apuestan por el caos, por la inoperancia de los gobiernos que encabecen los rivales, para luego hacerse ellos con el poder, como no dándose cuenta que una vez conseguido esto, los desplazados de la cima harán lo propio para estorbar e impedir llevar a cabo sus proyectos. Nunca se trata del logro del bien común, solo de los intereses partidistas y del uso del poder público para el provecho personal.

Simplemente, resulta patético que en Guadalajara, nuestras autoridades sean incapaces de reestructurar el servicio del transporte público en la ciudad... no pueden siquiera imponerse a los concesionarios para que acaten ciertas reglas, algunas tan simples como el aseo adecuado, diario, de los autobuses. Cuando surge un proyecto que evidentemente será beneficioso para toda la comunidad, como es la línea 3 del Tren Ligero, de inmediato surgen las acusaciones partidistas de uno y otro lado sobre opacidad, sospecha de corrupción y malos manejos. 

Ante un ambiente así, surgen las siguientes cosas: 

  1. La inestabilidad política y el debilitamiento del Estado en algunas zonas harán imposible la inversión ante la falta de garantías para la inversión o para emprender negocios. La amenaza de la Izquierda de echar abajo las reformas, como su constante apuesta por la violencia o el bloqueo sistemático de todo aquello que no provenga de sus manos es un obstáculo serio para el avance del país, lo mismo que los constantes berrinches del PAN cuando los resultados electorales no le favorecen y su falta de autocrítica ante los 12 desastrosos años de su gestión en la Presidencia, también la inepcia y la vuelta a prácticas corruptas del pasado del PRI que parece no haber aprendido nada de sus errores no son el caldo de cultivo propicio para un futuro promisorio, sino lo contrario: el constante conflicto político lleva al debilitamiento de las instituciones y a la  falta de aplicación de la Ley, sujeta siempre a negociación.
  2. La aparición de facciones políticas de uno u otro signo, así como de grupos de poder fáctico bastante fuertes es un escenario bastante apetecible para poderes externos que pueden aprovechar la estratégica posición de México en la frontera sur de EUA, más cuando la actual crisis migratoria demuestra la permeabilidad tanto de ésta como de los límites de México con Guatemala y Belice y el tránsito abierto de migrantes por su territorio, controlado por grupos criminales que ejercen enorme poderío. Si vemos que en Sudamérica existe una alianza entre Moscú y los regímenes de Izquierda en Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Uruguay, ¿no podría darse un apoyo similar para llevar a radicales al poder?
  3. La cuestión de la Seguridad Pública ha venido, sin que se revierta, desde el año 2000 a la fecha, convirtiéndose en una cuestión de Seguridad Nacional, precisamente porque la criminalidad ha aprovechado los vacíos de poder, la ruptura de los controles verticales y la competencia entre fuerzas políticas que ha traído la "Democracia" a México, para hacerse con un poder enorme, cada vez mayor y que pone en peligro la misma existencia del Estado Mexicano; la ruptura de éste puede ser campo abierto para la entrada de esos intereses extranjeros a la caza de la mayor presa: nuestro vecino del norte, que cada vez se parece más a una bestia herida.


Sin embargo, nada de esto parecen comprenderlo nuestros políticos, que prefieren seguir peleando por los fantasmas de Juárez, Madero, Lázaro Cárdenas o Zapata a quienes invocan en todo y para todo, hoy, más que nunca, México requiere de unidad para no verse arrastrado por el tsunami que viene: una reconfiguración completa del poder global, la transformación igual de la economía internacional y hasta modificaciones de fronteras en Europa o el resurgimiento de imperios masivos si el ISIS liderado por Abú Bakr Al-Baghdadí llega a tener éxito en su proyecto de restaurar la unidad política y reviviendo el Califato o Imperio Islámico.

De lo contrario, seremos tomados por sorpresa y arrastrados hacia un abismo de incertidumbre e intrascendencia. Está en juego que México, como Nación y como Estado tenga futuro; lamentablemente, parece que casi nadie lo comprende en nuestra cerrada y despreocupada sociedad, y nadie, en nuestras esferas políticas. El futuro luce negro.

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