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7 de octubre de 2008

EL CINE MEXICANO

Sigo insistiendo: sólo los norteamericanos comprendieron a plenitud el invento de los hermanos Lumiére, y sólo ellos han logrado hacer cine como debe de hacerse: los europeos no lo han hecho, sino que han pretendido usar el cine como arena para disquisiciones filosóficas interminables que no llegan a nada y terminan por atraer a unos cuantos; los norteamericanos, aunque también pueden hacer muchos bodrios, han comprendido que el cine es un medio artístico masivo, con capacidad de llegar a muchos y por ello buscan atraer a como dé lugar al gran público, lejos de que se trate de un "cine vacío" y un "puro negocio" como los intelectualillos critican a Hollywood, el cine norteamericano es un arte visual completo, y si no, véase la trilogía de Peter Jackson sobre "El Señor de los Anillos" y no se negará que es una obra de arte desde el principio al fin.
En cuanto a lo de negocio, es cierto, el cine es un gran negocio, como lo es la literatura o el comercio de souvenirs del Ché Guevara de los que tanto gozan los intelectualillos. o como resulta negocio el vender en precios astronómicos animales muertos conservados en tanques de formol de colores y decir que es una nueva forma de expresión artística, como acaba de hacerlo cierto "artista" inglés.
Por lo que vé al cine mexicano, he de confesar que no soy fan, por lo menos del actual, llamado "NUEVO cine mexicano" y que surgió al inicio de la década de los noventa, me parece que estamos muy lejos de llegar a los estándares de calidad y de logros artísticos que se consiguieron en la llamada "época de oro", misma que se considera, inicia con "Allá en el Rancho Grande" en 1937 y termina con "Mecánica Nacional" en 1969. Durante esos 32 años, México tuvo la segunda industria cinematográfica del continente americano y gozó, pese a los clichés de la comedia ranchera, el cine de la revolución o los melodramas con los maniqueos y sadomasoquistas temas favoritos de los mexicanos: los pobres buenos vs. los ricos malos o la injusticia de que los hijos crezcan y hagan su vida dejando a sus padres, de un inmenso prestigio, sustentado además en los talentos naturales de figuras de la actuación que iban desde Pedro Infante a los hermanos Soler o de María Félix a Sara García, de fotógrafos como Gabriel Figueroa o directores como Emilio "el Indio" Fernández y de comediantes geniales como Cantinflas o Tin-Tan, todos ellos sin una formación académica real en la actuación o el canto y la música, pero con una extraordinaria vocación para ello y una experiencia vasta ganada sobre las tablas de los escenarios.
Así, si los guiones o historias resultaban flacas, las levantaban la presencia de estas grandes personalidades y el arte fotográfico, casi pictórico de Figueroa y otros o la dirección precisa de los grandes de aquel momento.
Desde 1970 a la fecha en cambio, el cine mexicano carece de talentos: las crisis económicas crónicas vividas desde ese entonces provocaron el derrumbe de la industria mexicana del cine, así como una progresiva vulgarización del cine, o la sobrevivencia de aquellos géneros destinadas a públicos con escasa cultura o formación y los intentos desesperados por mantener con vida algunos otros que habían sido de los fuertes del cine de oro, como la comedia ranchera, la cual, si en los años 60 era ya anacrónico ver a Javier Solis montado en su caballo y vestido de charro hablando con una chava vestida estilo "a go-go", para los ochenta era ya realmente absurdo, en el México urbanizado e industrial ver a Vicente Fernández de charrito y protagonizando una historia sobre algún pueblillo idílico de Guanajuato o Jalisco pero moviéndose en pick-up.
La falta de dinero, de talentos y de originalidad provocó el declve del cine, y la televisión ocupó su lugar como entretenimiento masivo, y la telenovela se convirtió ahora en el medio para la aparición y explotación de talentos actorales y de escritores. Ernesto Alonso, tras haber sido una de las figuras del cine de oro se mudó a la TV y en ella realizó, ciertamente, verdaderas obras maestras: las telenovelas históricas y una historia de suspenso y con temas sobrenaturales como "El Maleficio", en lo que, si bien en el caso de la novela histórica la productora Carla Estrada ha tomado la batuta, y muy acertadamente, ha decidido no centrarse en la vida de los personajes históricos fundamentales, sino describir en cada caso (Amor Real--La Revolución de Ayutla y las luchas entre Conservadores y Liberales, Alborada--Los años inmediatamente anteriores a la Independencia y Pasión--La piratería y los cambios sociales y políticos de las Reformas Borbónicas en el siglo XVIII) la vida de gente ordinaria en el contexto de tres periodos fundamentales en la historia de México, nadie ha igualado al legendario productor, pues todo lo demás no deja de ser la típica historia de cenicienta y del juego maniqueo marxistoide de ricos malos y pobres buenos, además filmada en un pobre formato y privilegiando la imagen por encima del talento actoral, lo que hace que el 95% de estas producciones realmente no sea digno del recuerdo, dada su mediocridad y su estupidez, por más que se exporten a países de Europa Oriental, Africa y Asia.
Volviendo al cine, esta industria de la telenovela quizá ha sido causa de que el "Nuevo cine mexicano" tenga tan poco de nuevo y tenga mucho de monopolio y de mediocridad, además de grandes dosis de morbo y de poses pseudointelectuales y de izquierda. La mayoría de las veces, resultan ser historias insípidas o propias de telenovela, como el caso de la tan cacareada "Arráncame la Vida" basada en una obra de Angeles Mastreta, y que, en la realidad, no es más que una novela medio rosa estilo Bárbara Cartland pero con mensaje político de mostrar la implícita maldad del difunto régimen priísta encarnado en el general caciquil contrapuesto al director de orquesta que simboliza a los intelectuales (greñudo y barbón) que luchan por la democracia y la libertad y por el amor de la protagonista, quien es una feminista de avanzada, pues manifiesta su dignidad y libertad de mujer bajándose los calzones y acostándose con el primero que le diga "mi alma", ante una sociedad oscurantista y perversa...
Si la novelita es en sí misma una historia insípida que para atraer al lector requiere del morbo de las escenas sexuales, sucede lo mismo en la película, pues para evitar el que el espectador se duerma se cuenta con las generosas curvas de Ana Claudia Talancón y su siempre buena disposición a mostrarlas, (gracias a Dios, jajaja!!!) donde radica su verdadero talento (la verdad, no creo que sea capaz de hacer una actuación como la de Cameron Díaz en "Pandillas de Nueva York, donde también hay una escena sexual pero que no es el centro de la película, ni es tan explícita ni es lo que más se recuerda de esta obra de Scorcese, pero la rubia demuestra que además de ser una cara bonita es alguien con un gran talento).
Y el problema es que esta no es la única película donde ocurre esto, todo el nuevo cine mexicano se centra en el morbo de los temas (el Padre Amaro), o en un hipersexualismo freudiano que llega a hartar (Sexo, Pudor y Lágrimas, Y tu mamá también, Amar te Duele, Arráncame la Vida...) pareciera que el chiste de hacer un cine de avanzada consiste únicamente en sexo y majaderías, de esta forma, en México un Larry Flint o un Ron Jeremy sería considerado un maestro de la cinematografía, y no se comprende entonces por qué se denigran ahora las películas de ficheras de César Bono, Alberto Rojas "el Caballo" o Alfonso Zayas, si consistían en lo mismo, una película de aquella época consistía en lo siguiente:
escena 1: César Bono dice majaderías.
escena 2: Sasha Montenegro sale encuerada y dice majaderías.
escena 3: César Bono y Sasha Montenegro son descubiertos teniendo sexo por Alfonso Zayas que les dice majaderías.
escena 4. Todo termina en un malentendido y acaban todos brindando y riendo en una pulquería de Tepito.
Hoy en día, una película del "Nuevo cine mexicano" consiste en lo siguiente:
escena 1: Demian Bichir dice majaderías.
escena 2: Martha Higareda sale encuerada y dice majaderías.
escena 3: Gael García y Demián Bichir son descubiertos teniendo sexo por Martha Higareda, que aparece encuerada y les dice majaderías.
escena 4: Todos se suicidan.
Excepto por el final trágico y la inclusión del elemento homosexual es prácticamente lo mismo, entonces, ¿por qué los izquierdosos no valoran a los grandes comediantes del cine de los 70-80s y consideran sus películas como alegatos sobre la lucha de clases y demoledores de tabúes como sí consideran a las actuales películas que arrasan con premios en los festivales?
Además de que el cine está copado por los mismos de siempre: Gael García y Diego Luna, Jesús Ochoa, Susana Zavaleta, los Bichir, la Talancón y la Higareda, Jiménez Cacho y 2 o 3 más por ahí, pero luego también andan con sus innovaciones y meten hasta a Adal Ramones a que actúe, todos ellos empezaron en las telenovelas, o bien, acorde con el México corporativista y dinástico, "son hijos de... " otro actor, actriz o director, y a veces son improvisados, sin contar con el talento natural de los figurones del ayer, pero con atractivos físicos que resultan muy rentables.

Y por supuesto, todos estos actores son sobrevaluados, lo mismo que los directores (el caso de Gullermo del Toro es excepcional, pues él más bien se ha manejado en forma independiente a la camarilla de Cuarón e Iñarritú y otros) el caso más extremo quizá sea Salma Hayek, que el dinero y la influencia de su papá, proveedor de válvulas para PEMEX le permitiría lograr que trabajara con Spielberg, quien no ha hecho más que papeles pequeños y mediocres en el cine norteamericano y producido un refrito del refrito del refrito de una telenovela cómica colombiana, pero que aparece como "una de las mujeres más influyentes de Hollywood" (y yo diría que Meryl Streep tendría muchisimo más derecho a ser influyente).
Pero sobre todo, el mensaje que nos transmite el nuevo cine mexicano es lamentable, nos muestra que estamos en la porquería (recuérdese Amores Perros o la Ley de Herodes) pero que además, debemos gustosos revolcarnos en ella, pues no podemos salir de ella y no debemos querer salir de ella. En balde buscaremos en el nuevo cine mexicano historias que hablen de heroismo, de sacrificio o de victoria, de superación o de virtudes, no lo hallaremos, solo encontraremos vicios, promiscuidad y pordedumbre para convencernos de que lo nuestro es ser corruptos y mediocres, y es cuando yo me pregunto: ¿qué intereses hay detrás para que nos ofrezcan ese tipo de historias y hasta los premien por ello?
Probablemente los intereses de aquellos que quieren conservar al cine mexicano en ese estado de mediocridad y corrupción para beneficiarse con ello.

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