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15 de octubre de 2026

50

 The year 1976 Stock Vector Images - Alamy

Nací el 06 de octubre de 1976. Estoy cumpliendo cincuenta años, y la verdad, no me lo creo... no me siento alguien de cincuenta años, y creo que tampoco me veo como tal, al menos, como clásicamente se piensa que debe verse alguien de cincuenta años, o al menos es mi propia percepción, aunque, la verdad, no es lo mismo tener cincuenta años hoy que hace cincuenta años, valga la redundancia. Recuerdo aquella película que vi de niño, en los años 80 del pasado siglo: Cocoon, sobre un grupo de ancianos que se encontraban unos extraños capullos en una alberca de una casa vecina a la del asilo en la que se encontraban, y que en realidad eran cápsulas de hibernación de unos científicos extraterrestres que despedían cierta radiación o energía que daba el efecto de que los ancianos rejuvenecieran, al menos en cuanto a sus energías y capacidades físicas, que no en su aspecto. Varios de los actores que interpretaban a aquellos viejos, tenían entre 48 y 52 años, y en aquel entonces ya eran considerados en edad provecta, y se veían como tal. Hoy en día, se cuenta con una esperanza de vida mayor, tenemos un modo de vida con menos estrés físico, y tenemos menor presencia del tabaco, mayor conciencia en el uso de protección solar, y mejor calidad de alimentos y medicamentos más eficaces, además del ejercicio físico en gimnasios, hace que a los 50 años uno no se vea o sienta como un viejo.

Es increíble todo lo que he visto en este medio siglo de vida al que, gracias a Dios, llego. El mundo de hoy, en crisis, es muy diferente al existente en 1976, que tenía problemas y una situación muy diferente a la que presenciamos hoy en día. ¿Menos graves o peores? Eso ya sería una cuestión subjetiva, diferentes, cada época tiene sus problemas y sus retos, lo que sí, la Historia es un encadenamiento de acontecimientos, y lo que vivimos hoy, es consecuencia de lo que pasó antes y así sucesivamente hacia atrás en el tiempo.

A los de mi generación nos tocó ver grandes cambios tecnológicos y científicos: en 1976 y por lo menos hasta la mitad de los años 80, cuando se dió la tragedia terrible de la explosión del transbordador espacial Challenger, vivimos todavía bajo el coletazo de la Carrera Espacial de los años 60 que había culminado con la llegada del Apolo XI a la Luna. Incluso, en 1976 apenas habían pasado cuatro años del último alunizaje, en 1972, del Apolo XVII, y el año anterior, en 1975, se había dado la misión Apolo-Soyuz, un encuentro de buena voluntad entre astronautas estadounidenses y cosmonautas soviéticos en el marco de la Guerra Fría., y aquello había sido la última vez que se había lanzado una nave de ese programa de la NASA, que había sido ya utilizado solamente como transporte hacia la estación espacial Skylab.

Cuando tenía 6 años apenas, en 1982, es cuando empezó el boom de las computadoras personales, Bill Gates, entonces un joven genio, admirado por su precocidad, sin ser mencionado en teorías de la conspiración, y antes de que, embriagado por la soberbia y las adulaciones, aburrido por la riqueza y la fama, se tirara a un camino de excesos y comenzara a tener delirios mesiánicos que culminaron con su inclusión en la Lista de Epstein lanzaba al mercado el sistema operativo MS-DOS, sencillo de usar y de aprender, lo que contribuyó a la popularización del uso de la computadora, que ya había comenzado con aquellas máquinas que se conectaban al televisor como monitor y de apenas 16 o 64 bits de memoria, generalmente con imágenes monocromáticas; durante mi infancia jugué videojuegos en un Atari también con gráficos muy simples pero colores muy vibrantes.

Cuando nací, México se encontraba a finales del mandato del Presidente Luis Echeverría Álvarez, quien falleció hace poco, ya centenario. Su gobierno se caracterizó por políticas populistas de subsidios y subvenciones y un discurso pretendidamente Izquierdista a la par que el mandatario, según se sabe, colaboraba con la CIA y el Gobierno de EUA, entonces presidido por Gerald Ford, por lo que libraba la llamada Guerra Sucia contra grupos guerrilleros de Izquierda herederos del movimiento de 1968; aún así, el país gozaba de estabilidad garantizada por la entonces aparente inmovilidad del régimen Priísta; claro, las políticas asistencialistas, Keynesianas de Echeverría se sustentaban en la bonanza petrolera de aquellos años y los altos precios del petróleo provocados por la Guerra del Yom Kippur de tres años atrás, ese derroche, combinada con una enorme corrupción, se acentuaría a partir del gobierno de su sucesor, el aristócrata, culto y preparado Secretario de Hacienda, su amigo José López Portillo y Pacheco, quien pensaría que el petróleo podría financiar todos los excesos y se dejó devorar por su narcisismo y egolatría, algo que, después, tendría el valor de reconocer.

A nivel internacional, el mundo se mantenía en esa tensa calma de la Guerra Fría, un orden sustentado en el equilibrio entre el Imperio Ruso, en esa época denominado Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y sus satélites, enfrentado a Estados Unidos de América y sus aliados, principalmente de Europa Occidental, y ambos bloques buscaban generar zonas de influencia, por lo que EUA promovió en Hispanoamérica y Brasil la erección de dictaduras militares que mantuvieron a raya el surgimiento de regímenes comunistas como el de Cuba, muchas veces con el empleo de la violencia más despiadada, la intervención directa de organismos de inteligencia norteamericanos como la CIA y la garantía de los intereses económicos del país del norte; aún así, la Guerra Fría garantizaba un orden, y un equilibrio de poder entre Moscú y Washington  de ahí que Putin alguna vez dijera que la caída de la URSS fue una verdadera catástrofe geopolítica.

En ese mismo año: 1976, moría el Presidente chino Mao Tse Tung, líder de la Revolución Comunista, dejando una China como en estado de tabula rasa, sobre la cual, su sucesor como líder de facto del país, Deng Xiao Ping, empezaría a sentar las bases de la potencia económica, financiera e industrial que es hoy; aunque quizá eso no lo hubiera podido lograr sin los llamados Gran Salto hacia Adelante y Revolución Cultural, movimientos que se saldaron con millones de vidas, pero que sin duda transformaron la mentalidad y la economía chinas, que habían permanecido estancadas por siglos, y la prepararon para los cambios que ya el propio Gran Timonel había atisbado con su sorprendente alianza con el Estados Unidos de Nixon y Kissinger y su rompimiento con la Rusia Soviética y su ortodoxia marxista. Pero por lo pronto, en 1976, China era aún un país pobre, demolido tras un siglo y medio de sometimiento a potencias extranjeras y sangrientas guerras civiles, y considerado con cierto respeto tras blindarse con algunas armas nucleares.

En resumen, en estos 50 años de vida, he visto el paso de un orden, tanto el existente al interior de México, como a nivel internacional, que se consideraba definitivo hacia el caos. He visto, como ninguna generación lo vio, el acelerado desarrollo de la tecnología informática: desde los 16 bits, y los diskettes de 5 1/4 al Internet, y la IA, desde el videocassette Beta y VHS al streaming, desde el disco de vinilo al cassette, al CD,  y finalmente las plataformas. 

Pocos meses después de que nací, murió Elvis Presley, pero el Rock and Roll disfrutaba una década de los 70 de verdadera "Edad de Oro" dominada por bandas como Led Zeppelin, Queen, Pink Floyd, Kiss y Black Sabbath, como también lo fue de la balada romántica en el mundo hispánico con gigantes como José José, Raphael, Emmanuel, Camilo Sesto, Sandro y otros más; presencié el auge del Heavy Metal en los años 80 durante mi infancia, con Van Halen, Guns and Roses, Metallica, Megadeth, Iron Maiden, Def Leppard, y mi adolescencia en los 90 la viví con el enojo de las canciones Grunge de Nirvana, Stone Temple Pilots o Pearl Jam y Alice in Chains, la crisis de fe hecha canción por R.E.M., la amargura juvenil de los hermanos Gallagher de Oasis y cerré la década con la entonces melancolía de Coldplay y el sencillo romanticismo de Keane, y un retorno a la psicodelia y progresividad con Muse, mientras, siempre perenne a lo largo de esas décadas, la banda canadiense Rush mantenía su virtuosismo y su influencia sobre muchos músicos de todo el mundo.

Pero ese esplendor sonoro se fue apagando detrás del ruido generado por una pseudomúsica pretendidamente folklórica en México pero que era la favorita de bandas delincuenciales, que se empezó a hacer notoria a partir de los 90, el Rap y el Hip Hop con su historia igualmente criminal, se impuso y multitud de artistas de plástico sin talento, pero con ayudas informáticas generadoras de sonidos intrascendentes fueron llevando al marasmo actual, pese a lo cual, el Rock y el Metal subsisten como una nueva rama de la música culta, siguiendo el mismo camino que el Jazz y el Blues transitaron.

En México, el espejismo de la Democracia derribó al sistema priísta: corrupto y autoritario, pero funcional y adecuado para la complejidad de la sociedad mexicana, unida a base de pactos y alianzas entre grupos sociales. Presiones internas tras los desastres económicos de Echeverría y López Portillo, la tragedia del terremoto de 1985 que convirtió a los damnificados de tal desastre en clientela de demagogos, y presiones externas, principalmente de EUA, que siempre ha buscado debilitar a México y frenarlo, desde 1821, porque en el fondo nos teme, llevaron a sustituir el sistema corporativo y centralizado por la competencia entre partidos y demagogias, funcionarios que, ante la precariedad de sus puestos, dejaron de planear a futuro y en cambio, buscaron enriquecerse ante su fugaz paso por el poder, con la Política vista como medio para lograr el ansiado ascenso social, tras el año 2000, la corrupción fue aumentando progresivamente año tras año, y el poder del Estado y su capacidad para mantener el orden y la Ley, la pérdida de virtudes morales sustituidas por el afán de lucro, llevaron al ascenso del Crimen Organizado en México a convertirse en un poder fáctico que lo permea todo y lo ha corrompido todo, incluso, ha desbordado las fronteras y se ha convertido en una verdadera multinacional que condiciona decisiones de gobiernos y ambiciones de Estados en todo el continente. De ahí que Morena el actual partido en el poder, por un lado es un intento desesperado de recobrar ese antiguo orden, pero por el otro, es claro que se encuentra en manos de los elementos más corrompidos y desastrosos producto de la decadencia de la Clase Política mexicana a lo largo de 38 años, pues es un proceso que se puede decir, inició con las elecciones presidenciales de 1988.

Cuando nací, el Imperio Ruso-Soviético estaba encabezado por el Presidnente Soviético Leonid Brehznev: hierático, monolítico, viejo, que daba impresión de ser inamovible. Tras su muerte, vino una crisis sucesoria, vi el ascenso de Gorbachov y sus reformas, malogradas por su propia imprudencia y el accidente nuclear de Chernobyl, y por tener enfrente a tres grandes estadistas: Ronald Reagan en EUA, Margaret Thatcher en Inglaterra y el Papa San Juan Pablo II, quien hizo como empresa fundamental de su pontificado la liberación de su patria: Polonia, respecto del yugo moscovita, a costa de descuidar mucho de la crisis postconciliar del Vaticano II que quedó sin soluciones claras, los escándalos de abusos cometidos por clérigos ante la relajación de la disciplina eclesiástica y sin oponer a la cada vez más galopante secularización de Occidente más que el culto hacia su personalidad de Rockstar. Como resultado, su sucesor Benedicto XVI tuvo un pontificado tormentoso, y vino después Francisco I con sus ambigüedades y populismo eclesiástico, para desembocar en León XIV, quien a un año de reinado, ha mostrado tener un sorprendente carisma, así como un claro conocimiento de la realidad actual misma que lee desde la filosofía agustiniana, pero que parte desde la desventaja de una Iglesia debilitada que no se ha repuesto de lo ocurrido hace 60 años y de la sombra gigantesca del pontífice polaco, y que posiblemente será un Papa incomprendido, pues para unos es woke, para otros es conservador, cuando creo que las sinceras intenciones de Prevost --sin quitar que en algunos temas pueda estar equivocado, o suscriba posturas que se encuentran en el debate teológico-- son las de predicar el Evangelio con celo misionero y fe auténtica, sin el estilo maquiavélico y político de su predecesor surgido de los oscuros vericuetos argentinos.

Vi caer el Muro de Berlín, y a Rusia volver a sus fronteras de la época de Pedro I el Grande, cuando comenzó apenas a convertirse en un verdadero poder mundial, tambalearse con riesgo de desaparecer con Boris Yeltsin y tener cierto renacimiento con Vladimir Putin, que ahora se ha empeñado en intentar recuperar parte de los territorios perdidos, aunque actualmente se encuentra aparentemente empantanado en Ucrania, pero aún así, amenaza con, en algún momento, desplegar una fuerza que no hemos visto, pues hasta ahora, se ha contenido y llevado a Europa y la OTAN en general a una larga guerra de desgaste, que precisamente, está llevando a sus miembros a una severa crisis económica y social interna, que puede terminar en un colapso, en lo que parece haber sido desde un inicio la apuesta del actual dueño del Kremlin.

EUA en 1976 se encontraba bajo el mandato del Presidente Gerald Ford, único que llegó a la Jefatura del Ejecutivo sin haber sido elegido en las urnas, como consecuencia del escándalo Watergate que echó del poder a Richard Nixon, en lo que se consideró una gravísima falta contra el orden constitucional por espiar los planes de campaña electoral del Partido Demócrata, Nixon quedó demonizado en mucho de manera injusta, ensombreciendo sus logros: haber puesto fin a la infructuosa Guerra de Vietnam y haber labrado una alianza con China, aunque esto, a largo plazo, propiciaría el ascenso del Celeste Imperio hasta convertirse en un rival para su país; sin embargo, en aquel momento, el colocar a China del lado de Washington fue una medida correcta que contribuyó a debilitar al Bloque Comunista y socavar el poder soviético; hoy en día EUA se encuentra, como alguna vez lo comenté, en la situación de Roma en el siglo IV, tras una aparente fachada de poder, esconde las grietas profundas del edificio de su poder. Donald Trump aparece como un síntoma de esa hipertrofia de un poder que en realidad se repliega, humillado por un Irán que no se ha doblegado, harto de una Europa tambaleante al borde de su disolución, parece centrarse en el control del Continente Americano ante una Canadá que tras su bienestar esconde una debilidad crónica que jamás podrá superar por el peso de la Naturaleza indómita, el clima, la Geografía y sus consecuentes limitaciones demográficas, una Hispanoamérica dividida, eternamente en conflictos por políticos que siguen, igual que hace doscientos años, peleando entre sí por imponer un proyecto de Nación que excluye al de sus contrarios y que en realidad esconde luchas por hacerse con el poder para enriquecerse y hacer uso del Estado como de su negocio particular, sin importar si son de Derecha o de Izquierda.

Hoy, EUA, bajo Trump y el grupo de jerarcas tecnológicos de Sillicon Valley, creyentes en la pseudofilosofía de la Ilustración Oscura, por un lado, y por el otro de un Partido Demócrata que sigue anclado en el wokismo al que suma la inclusión de Marxistas declarados y sus ideas en sus plataformas electorales, e incluso de representantes del Islam político, encuentra un sistema liberal surgido a fines del siglo XVIII agotado y a las puertas de un cambio profundo que lo llevará, de un modo u otro, hacia un atoritarismo no visto antes en el otrora "faro de la libertad" (si es que alguna vez lo fue) o a su disolución, ante lo cual, lo de Nixon fue una mera travesura casi infantil.

Brasil, el gigante con pies de barro, nunca ha logrado convertirse en la potencia con la que soñó su padre fundador y emperador Pedro I de Braganza, ahora, devorado por los intereses estadounidenses que han impulsado la difusión de las más disparatadas sectas protestantes "evangélicas", ha perdido su alegría, su fútbol, y quizá llegue a perder su capacidad de fijar su propia política exterior y defender sus propios intereses para sostener los del norte.

En 1976, y durante los años de mi infancia, estaba presente el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto, la terrible persecución y exterminio de los Judíos en Europa por la Alemania Nacionalsocialista. El Islamismo había realizado la matanza de deportistas israelíes en las Olimpiadas de Munich en 1972 y nadie dudaba que, con el pretexto de la causa palestina, encabezada entonces por la OLP, liderada por Yasser Arafat, existía un movimiento que contaba con el apoyo del Bloque Comunista y amenazaba a Israel, país cuya existencia se veía como una reivindicación o compensación a los Judíos por la tragedia ocurrida y como la única luz democrática en un marasmo de oscurantismo musulmán.

Hoy, Israel se ahoga en el fanatismo de su cúpula gobernante, mientras el antisemitismo resurge con las consabidas teorías de conspiración y una Izquierda que, irracionalmente, apoya al crecimiento del Islam pese a que éste es antitético a los postulados de una corriente ideológica que igualmente, ha degenerado y ha abandonado las reivindicaciones de las clases trabajadoras y sus postulados económicos y filosóficos para defender vicios, perversiones, delitos, inventar víctimas y con eso esparcir la decadencia. 

Europa en 1976 era visto como un mundo de glamour, cultura, elegancia, Historia y sobre todo de un elevado nivel de vida; sin embargo, iniciaba su decadencia: en España acababa de morir el Generalísimo Francisco Franco, quien había salvado a su país del desastre que fue la Segunda República, un verdadero caos de enfrentamiento entre facciones políticas que había hundido a España en la miseria, la irrelevancia y la anarquía, aunque lo tuvo que hacer tras una sangrienta Guerra Civil y un régimen en mucho represivo; sin embargo, a su muerte, aunque había dejado a una España que se estaba convirtiendo en una potencia industrial y podía volver a ser un poder militar por derecho propio, la corrupta figura del Rey Juan Carlos I y políticos débiles y que rápidamente se sometieron a los intereses norteamericanos y alemanes como Adolfo Suárez o Felipe González, condujeron a España a la Democracia, que terminó siendo una dictadura de dos partidos políticos oligárquicos y que han destruido las bases morales y religiosas de España para crear una sociedad consumista, hedonista y viciosa que no es más que un chiste. Alemania, Inglaterra, Francia se acercan a su desaparición ante la inmigración islámica y africana necesaria para sustituir la bajísima natalidad de los europeos nativos.

Es curioso, en 1976, el temor era a la sobrepoblación, y ante eso nos prevenía un filme como Soilent Green protagonizada por el extraordinario Charlton Heston; hoy el temor es lo contrario, la natalidad es muy baja en el mundo occidental y gran parte de Asia, mientras que en el África Subsahariana y el mundo Islámico la misma sigue siendo alta, lo que llevará a un gran cambio en el balance de poder en el futuro; pero volviendo al cine, en ese año en que nací, el entonces desconocido Sylvester Stallone sorprendía al mundo con una película como Rocky y su historia de superación y desafío a las dificultades con hombría, constancia, resistencia, tezón, Cincuenta años después, el cine nos muestra historias huecas que buscan sólo entretener, cuando no, adoctrinar en el feminismo, en el homosexualismo, alterar las Historias clásicas de Occidente para incluir a las personas de África para evitar el racismo, aunque esto es más racista todavía, porque es decirles que su propia Historia, sus tradiciones y narraciones no importan, sino que para contar en el mundo deben hacerse europeos u occidentales. Han pasado 40 años de que se vio en los medios occidentales que se contara la extraordinaria vida del rey Shaka de los Zulu, y nadie ha retratado la vida de Mansa Musa de Malí, el hombre más rico de la Edad Media, o de las fieras candaces o faraonas negras de Nubia, o la heroicidad de la cristiana Etiopía cercada por el Islam durante siglos y vencedora del colonialismo italiano.

En 1976 era fácil formar una familia, hoy, los hombres temen acercarse a las mujeres por temor de ser denunciados como acosadores, y las mujeres desconfían de los hombres o compiten con ellos o de plano los ven como amenazas ante las ideologías que se han difundido. Los costos de vida elevadísimos, los obstáculos a la movilidad social, y el hedonismo imperante que denunciara el Papa Pablo VI, sin duda han destruido la idea misma de familia, de matrimonio, de compromiso.

En resumen, en cincuenta años, el mundo ha transitado del orden al caos. Se ha avanzado mucho en tecnologías de la información, del entretenimiento y la comunicación, mientras en otros rubros, como la conquista del Espacio exterior, todo se ha estancado. Hace cincuenta años había un orden, un sistema tanto en México como en el mundo que parecía inamovible y que no cambiaría en mucho tiempo. Hoy, los cambios son vertiginosos, caóticos e imprevisibles, por todos lados reina la incertidumbre y no hay vistas de futuro claro.

En estos cincuenta años he sido testigo de la Historia, he vivido transformaciones y acontecimientos que muchos jamás habrían creído que se darían. Y estoy seguro que me falta mucho por ver. No puedo negar que estoy emocionado por ver qué pueda pasar en los próximos cincuenta, o los años futuros que Dios disponga para mi en esta Tierra.

Por todo ello, solo puedo darle gracias, porque en estos cincuenta años he recibido tantas cosas inmerecidas, buenas y malas, pero todas al final, no han sido más que bendiciones.

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