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Ha fallecido el Rey de Noruega Harald V, y de inmediato ha sido sucedido por su hijo y heredero Haakon VIII, sin embargo, el anciano monarca de 89 años, deja el país sumido en una crisis moral derivada de la inmensa y descarada corrupción de la propia familia real: la Casa de Glücksburg, que ha salido a la luz por los presuntos nexos de la ahora Reina Consorte Mette Maritt con Jeffrey Epstein, y la protección que el Estado Noruego en su conjunto, ha brindado al hijo de ésta en su primer matrimonio, Marius Borg, quien ha sido condenado por delitos de abuso sexual a mujeres, agresión e incluso tráfico de drogas, --cabe decir que el padre de éste, Morten Borg, estuvo preso, precisamente por Narcotráfico-- quien pese a ello, no ha pisado la cárcel y cuenta con la protección de los servicios de seguridad del Estado, incluso, en estos días posteriores al fallecimiento del Rey, se le ha visto siendo trasladado en vehículos oficiales.
Aunque Harald V es llorado por su pueblo, no cabe duda que la implicación de sus hijos y nietos, tanto del adoptado como de los biológicos en vidas desenfrenadas y actos delictivos, bien pudo haber sido encubierta por el propio Rey, facilitado por un sistema que, de manera solapada en el texto de su Constitución, mantiene un régimen que podría calificarse de "semi-absolutista", que contrasta con el papel que otros regímenes monárquicos mantienen para sus testas coronadas, como el de España, o aún en Gran Bretaña, centrados en funciones representativas y reguladoras del juego político, aunque es de señalarse que, muchas veces estos reyes ejercen facultades que no están escritas en las Leyes y mantienen una sombra de poder enorme sobre las instituciones democráticas que, tras los procesos revolucionarios de 1789, 1830, 1848, y sobre todo de la Primera Guerra Mundial, que significó el fin de las Monarquías del Ancien Régime, absolutistas en Europa, se instalaron definitivamente en aquellos países que conservaron esta forma de gobierno.
Sin embargo, esto no ocurre en Noruega: basta leer su Constitución, promulgada en 1814 tras la ruptura con Dinamarc, esto es, en una época en que el Constitucionalismo apenas se estaba desarrollando tras la promulgación de la "Carta Magna" de EUA en 1787, las varias emitidas en las distintas fases de la Revolución Francesa y la Española de Cádiz de 1812. Posteriormente, fue adecuada cuando se dio la unión personal con Suecia, y recuperada la Independencia, reformada para contar con un monarca propio que provino de una rama menor de la familia real danesa de los Glücksburg, misma que a su vez, es de origen alemán.
Mientras que en España o Inglaterra, u Holanda, el monarca "reina pero no gobierna" y existe un sistema de división de poderes, en que el Ejecutivo emerge del Parlamento y generalmente es el líder del partido político que obtiene la mayoría de escaños en la asamblea, quien lo ejerce junto con su gabinete, conformado por diputados salidos de su propia fracción legislativa, en Noruega el Poder Ejecutivo es ejercido directamente por el Monarca, y si bien, como en el resto de sistemas parlamentarios, se elige diputados y el líder de la mayoría ocupa el cargo de Primer Ministro y éste nombra a su gabinete, existe un órgano que, sin embargo, lo eclipsa y se sobrepone a éste: es el Consejo de Estado, que depende directamente del Rey, al que el Primer Ministro también integra, junto con aquellos ministros que el monarca designa y otras personas que igualmente llama al efecto.
El Primer Ministro, en realidad, funge como un simple jefe de gabinete, y puede ser destituido por el monarca en cualquier momento, previa asesoría del Consejo, que no le va a decir que no.
El Rey, y los demás miembros de la Casa Real, no tienen órganos que fiscalicen su actuación ni normas que les exijan responsabilidades, gozan de completa inmunidad, por no decir impunidad. Si a eso se añade que Noruega es un país entre los más ricos del mundo, gracias al dominio de los yacimientos petroleros del Mar del Norte que producen el oro negro considerado de mayor calidad y de más fácil refinación, el Brent, tenemos que el país es un verdadero "emirato vikingo", y que los Glücksburg son en buena parte beneficiarios de esa riqueza, el campo está servido para un actuar irresponsable, autoritario, sibarítico o hedonista, sin frenos y corrupto, no muy diferente a lo que hacen los jeques que reinan en el Golfo Pérsico, o aún en Marruecos, donde Mohamed VI es famoso tanto por sus ambiciones expansionistas y su brutalidad como por sus perversiones y gusto por las fiestas y el alcohol sin importarle los mandatos puritanos del Corán.
Harald V siempre me dio la impresión de ser alguien con problemas derivados de la consanguinidad de sus padres, el Rey Olav V y la Princesa Marta Bernadotte de Suecia (dinastía de origen plebeyo francés, pero que rápidamente emparentó con otras casas reales europeas), quienes eran primos hermanos, dados sus movimientos lentos y un hablar también atiplado y pausado, quizá su matrimonio con una plebeya como la Reina Sonia se debió más a la búsqueda de insertar genes nuevos y sanos --como ha ocurrido con el matrimonio de el Príncipe Guillermo de Gales con su compañera de universidad Kate Middleton o del rey Felipe VI de España con la periodista Letizia Ortiz-- en la familia y evitar casos trágicos como la esterilidad de Carlos II de España o la hemofilia del Zarevich Alexei de Rusia, que a historias de amor auténtico. Su hijo Haakon, durante su juventud en los años 90, se dio una vida de destrampe y excesos, en la que conoció a una joven llamada Mette Maritt Tjessen Høiby, mientras ambos se encontraban en Estados Unidos, ella acababa de terminar su relación con Borg y tenía a su hijo pequeño.
En ese contexto en el que la ahora Reina del país escandinavo se movía entre fiestas y excesos, es que también cayó en las adicciones a las drogas y probablemente en el oficio de la prostitución, donde conocería precisamente al "padrote" más famoso del mundo: Jeffrey Epstein, con quien al parecer también tuvo algún tipo de relación íntima, de la que salieron a la luz cartas y mensajes.
Ahora, nadie niega que, pese a este sistema político anclado en un régimen de monarquía autoritaria en el que el gobernante goza de una enorme licencia, Noruega es un país de un altísimo desarrollo social y económico, y donde ningún oficial de la policía de tránsito o autoridad municipal exigirá sobornos a cambio de no imponer una multa o hacerse de la vista gorda ante alguna construcción irregular, y que existe un enorme bienestar social; pero también hay que tomar en cuenta que eso se debe a que es, de entrada, un país pequeño territorialmente: casi 324,000 kilómetros cuadrados, con una población de apenas 5 millones y medio de habitantes, con la mayoría concentrada en el sur, donde el clima es más benigno, y que además obtiene inmensos ingresos de su industria petrolera y del gas. Sin embargo, con el país en manos de un sujeto inescrupuloso como Haakon, de quien se cuentan historias como el ir junto a su hijastro en busca de prostitutas o amantes ocasionales, que ha protegido la carrera delincuencial de éste, y que incluso le permitía organizar orgías en los sótanos del mismo palacio real de Oslo, la sede del Poder Ejecutivo de la nación, con la propia ahora Reina fungiendo de anfitriona, donde también fluía toda clase de sustancias, e incluso se habla de una relación incestuosa entre el joven Borg y su media hermana, la ahora heredera al trono Ingrid Alexandra, hija de Haakon y Mette Marit, y que al parecer, también ha tenido problemas con las drogas, puede generar un panorama oscuro en el futuro para el país escandinavo.
Por mucho tiempo, los países nórdicos han labrado una imagen de ser verdaderos "paraísos terrenales", y nosotros en México siempre tendemos, en un complejo de inferioridad que nos han implantado desde la Historia Oficial como país conquistado, con la Leyenda Negra anti española y anti católica por un lado, el indigenismo y otros discursos nocivos desde los tiempos de Riva Palacio y Pérez Verdía a la actual Izquierda, a pensar de que nosotros tenemos al peor país del mundo y al más corrupto. Esto no es cierto, la naturaleza humana es la misma en todos lados. En Noruega, no existe una corrupción a nivel de calle, pero al parecer sí existe a nivel del palacio, en la esfera más alta del Estado y en unas cotas inimaginables.
Ya hemos hablado de que el Caso Epstein probablemente ha sido muy exagerado en cuanto a los alcances de los objetivos del financiero y proxeneta judío-estadounidense a grado tal de imaginarlo como el hombre clave de la geopolítica en los últimos 30 años y una especie de brazo ejecutor de una política de chantajes y manipulación para beneficiar al Estado de Israel; no lo creo tanto así, pero es indudable que creó una red de tráfico y explotación sexual de personas de diversas edades para "ofrecer servicios" a gente situada en las altas esferas de la política y el ámbito empresarial en EUA y Europa, principalmente, y respecto a la cual, la Administración Trump no ha querido actuar en contra, sino más bien ha buscado proteger a los implicados, porque ha de ser de tal grado la participación de, por ejemplo, los integrantes del círculo de poder de Silicon Valley o de Wall Street como clientes de Epstein que su aprehensión y juicio causarían movimientos tectónicos en los mercados globales, así como cuestionamientos a la labor de los órganos de inteligencia de EUA, Israel y otros países que le compraban información, que llevarían a crisis en el modelo de seguridad nacional del propio país y de otros.
De modo que Haakon VIII al elevar al trono a Mette Marit y proteger al golfo de su hijastro garantiza la impunidad tanto de ellos como muy probablemente de él mismo, de la alta sociedad noruega y de otros países europeos implicados en redes de tráfico y explotación de personas, narcotráfico, blanqueo de dinero y otras lindezas. Sin duda, eso será la prioridad de su gobierno. Lo increíble es que, salvo una pasajera indignación que brotó cuando se reveló la existencia de la relación entre la hoy reina y Epstein, y también algo menor respecto a la desvergüenza con la que el propio Estado le ha garantizado al hijastro real no ser castigado por sus delitos, ninguna voz se alce para exigir investigaciones o reformas constitucionales que aseguren, si no al cambo a una forma de gobierno republicana --lo cual sería meramente cosmético, de sobra sabemos en México que las familias presidenciales caen siempre en los abusos del nepotismo, corrupción y uso del aparato estatal para su beneficio, y en EUA, los casos de Hunter Biden o de los hijos de Trump también lo ejemplifican--sí la fiscalización y exigencia de responsabilidades a la Casa Real y un cambio de concepción del poder que no vea en el Estado el patrimonio de la familia Glücksburg del que puede usar y disponer discrecionalmente, sino que ellos deben cumplir con un deber o función de servicio al Estado y sus ciudadanos.
Noruega es un ejemplo de cómo la corrupción se ha extendido a todos los rincones de Occidente, y cómo existen lugares que, como sepulcros blanqueados, por fuera pueden parecer majestuosos monumentos de mármol purísimos y antisépticos, pero por dentro padecen un cáncer que los corroe hasta la médula.


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