
Es incomprensible que un Director de Cine tan laureado y reconocido como Christopher Nolan haya tomado decisiones que, evidentemente iban a ser controversiales para filmar su nuevo proyecto: La Odisea, basada en el poema épico atribuido a Homero, y considerado como uno de los fundamentos de la Literatura Occidental. Nolan se había mantenido ajeno al wokismo, y era el único de su generación que se había alejado de ello. Otros dos de su misma camada de cineastas: JJ Abrams y Ryan Johnson, cayeron en el wokismo, tras haber sido contratados por Disney y puestos a filmar la trilogía final de Star Wars que ahora, ante la nueva deriva ideológico-política imperante en Washington con Trump, el rechazo del público y el fracaso económico, está siendo desechada.
¿Porqué Nolan insistió en hacer esto? No es sólo cuestión de elección de vestuarios, en que, siguiendo la tónica presente en Hollywood desde los gloriosos años del género del Peplum en los años 50 y 60, con algunos productos posteriores, como Furia de Titanes de 1981, siempre se han tomado la licencia de retratar acontecimientos ocurridos en los Tiempos Micénicos, en la Edad de Bronce, entre el 1700 y el 1200 a.C., como los mitos de Teseo, Heracles o Perseo y la Guerra de Troya, con la estética, muy, pero muy posterior, de la Época Clásica Griega, esto es, entre los años 500 a 323 a.C. El hecho que el Odiseo/Ulises de Matt Damon luzca como un hoplita de la Batalla de Maratón y no como un guerrero micénico ataviado con un yelmo de colmillos de jabalí adornado con cuernos y una pesada coraza articulada de bronce como la armadura de Dendra, es una licencia pasable, pues la imagen del hoplita es la más reconocible para el gran público como la de un griego antiguo; finalmente, la propia iconografía griega de los tiempos Helenísticos y Clásicos retrataba a los héroes del pasado ataviados de manera contemporánea a la época en que se hacía la escultura o la pintura sobre cerámica y no con exactitud arqueológica.
No, la polémica radica en la selección del elenco, en particular el haber contratado a la actriz keniana nacida en Ciudad de México Lupita Nyong'o, para el papel de la mismísima Helena de Troya, e incluir al rapero Travis Scott, hombre también de raza negra y que luce un peinado a base de rastas, como una especie de narrador, el rumor existente de la inclusión de la actriz, mutilada por decisión propia y trasvestida de hombre Eillen Paige en el y la selección del lenguaje en Inglés con modismos norteamericanos y actuales, no una traducción a un Inglés más culto, como en el pasado se había hecho. ¿Porqué decidió hacer de esta manera a su película, tras haber hecho una obra maestra como Oppenheimer, de la que en su momento hablé en este espacio?
Por supuesto, no podemos leer la mente del realizador británico, pero sí podemos especular sobre lo que hay detrás de estas aparentemente incomprensibles decisiones que pueden desbarrancar su carrera, y de paso, perjudicar la de la propia Nyong'o pese a ser una actriz bastante talentosa y competente, de Tom Holland, Zendaya, Pattinson, Anne Hathaway y el propio Damon, como la trilogía woke de las secuelas de Disney de Star Wars prácticamente terminaron las carreras de la protagonista Daisy Ridley y de quien al parecer al principio estaba destinado a estelarizar el filme pero fue hecho a un lado por imposición de la productora a Abrams: John Boyega; pese a todo, ambos jóvenes actores fueron los menos culpables de las decisiones que llegaron del estudio y en especial de las derivas ideológicas de Kathleen Kennedy, persona a cargo de Lucasfilm y feminista a ultranza, ellos hicieron su trabajo y pensaron que el proyecto les abriría las puertas al estrellato, algo muy válido, pues cualquier profesional desea mejorar su situación laboral y económica; en vez de ello, se estrellaron, pero fueron víctimas claras de que se instrumentaran las películas para una finalidad política-ideológica propia del desnortado Partido Demócrata. Aún así quien se salvó del naufragio y ha logrado labrar una carrera consistente ha sido el antagonista: Adam Driver, e incluso el guatemalteco Óscar Isaac, pese a su fatal personaje de Poe Dameron y la espantosa actuación que ofreció; bueno, en su descargo, hay que decir que era imposible que con la basura que le dieron pudiera crear algo memorable.
O una de dos: Primero, podríamos especular que la visión de Nolan sobre el poema homérico va a ser una versión un tanto distópica del legendario viaje de Odiseo en su regreso a Ítaca, incluso surrealista, y eso explicaría los cambios y algunos diseños extraños como la cola del penacho del yelmo de Agamenón adornada con unas vértebras doradas y que el mismo yelmo es de tipo corintio pero a la vez, parece salido de un ambiente futurista, los Lestrigones ataviados con armaduras de placas de cuerpo entero más propias de fines del siglo XV d.C. y que me recuerdan a los soldados alienígenas de la película de fantasía-ciencia ficción clásica de los 80 Krull, y los cambios de raza, lenguaje y hasta ambientación de los hechos, alejándolos del Mediterráneo. Si es así, podríamos darle el beneficio de la duda a Nolan y esperar una buena película pero partiendo que se toma muchas licencias porque no habla de la Odisea como algo ocurrido en un momento fijo del pasado y en un ámbito cultural igualmente determinado, sino como algo universal, abstracto y hasta onírico; si ya nos desconcertó con Tenet, es posible que lo haga de nuevo con una forma de contar esta historia alejada de un contexto físico fijo y ubicable con precisión en el tiempo y el espacio y en ciertas coordenadas culturales. Nolan estaría arriesgándose, pero apostando porque esta forma novedosa de contar un clásico, anclada en una visión artística válida y muy propia de él, pueda atraer a las audiencias y a los críticos.
(¡Vamos! en los 80, en Japón se hizo un anime: Ulises 31, en que la Odisea fue llevada al espacio y en que el héroe quería regresar a su planeta Ítaca a bordo de una nave espacial, y dioses, monstruos y personajes con los que se topaba eran concebidos como extraterrestres, así que Nolan puede que esté pensando en una visión un tanto alejada de lo puramente grecorromano y clásico para contar su versión del viaje de Ulises).
La otra posibilidad es que Nolan haya sido víctima de presiones muy fuertes ante las que tuvo que ceder, a sabiendas de que esto le iba a arruinar a futuro, pero le salvaba de alguna especie de peligro inminente. Los casos de Puff Daddy, Harvey Weinstein y en parte el de Epstein, nos muestran que Hollywood en buena parte se maneja como una organización mafiosa, para la que, si no te ajustas a sus líneas o intereses, viene una sanción: la cancelación, la mala publicidad, la exclusión, una especie de "muerte civil" que aplican a aquellos que no se ajustan a los dictados de los estudios, productores y financieras detrás que alimentan una cada vez más costosa industria del entretenimiento antes que arte, muchas veces, actores, actrices, directores y mucha gente más tiene que volverse comparsa del político en turno, u ocultar crímenes y corruptelas con tal de mantener las puertas abiertas y tener oportunidades de trabajo.
Ya a fines de los años 70, el director Michael Cimino había alzanzado la gloria y el premio Óscar por su película The Deer Hunter, misma que retrataba de forma descarnada el infierno del estrés postraumático y la lucha de los veteranos de la Guerra de Vietnam por reinsertarse en la sociedad al regresar a EUA, un filme que contó con la última actuación del malogrado genio John Cazale, su entonces mujer Meryl Streep, Robert de Niro y el extraordinario Christopher Walken. Al parecer la película no fue del agrado de mucha gente poderosa, como tampoco su siguiente proyecto, en el cual incluyó de nueva cuenta a Walken como antagonista y que protagonizaría el genial (que descanse en paz) Kris Kristofferson: Heaven's Gate.
Heaven's Gate es una película que desde que salió fue masacrada por la crítica, se le hizo muy mala publicidad y fue un fracaso en taquilla que llevó a la quiebra a su casa productora: United Artists, mítico estudio que fuera fundado por Chaplin, Douglas Fairbanks y Mary Pickford, cuando Hollywood se convertía en el monstruo que conocemos en los años del cine mudo. Desde entonces, este filme se ha convertido en sinónimo de los excesos de los productores cundo han querido hacer películas sin escatimar costos ni caprichos, la verdad, a comparación de todo el cine de superhéroes que ha dominado lo que va del siglo, Heaven's Gate es una película barata y austera.
El problema con esa película; un Western, es que la misma toca un tema muy incómodo: las políticas migratorias e EUA reflejadas en un hecho real: una pequeña Guerra Civil que se dio en el ahora estado de Wyoming a finales del siglo XIX entre voraces terratenientes anglosajones e inmigrantes provenientes de Europa Oriental que fueron prácticamente exterminados a fin de acaparar latifundios en zonas donde los indígenas ya habían sido o masacrados o desplazados. Aquel acontecimiento es recordado como la Guerra del Condado de Johnson. Un hecho que la "Historia Oficial" estadounidense pretende ocultar debajo de la alfombra.
La película, en realidad, no es mala, sino todo lo contrario, cuenta con una fotografía bellísima, y las actuaciones de Kristofferson, que en 1980 estaba en el punto culminante de su carrera, así como de la actriz francesa Isabelle Huppert, son extraordinarias, lo mismo que las de Walken, John Hurt y Brad Dourif, todos ellos actores excelentes. Sin embargo, tanto la crítica, la prensa y el propio medio Hollywoodense se dedicaron a destruirla, y señalar y culpar a Cimino de caprichoso y elevar demasiado los costos, cuando, al tratarse de una película "de época", y sin contar en aquella época con efectos electrónicos o CGI, muchas escenografías eran construidas de verdad, --y ocurrieron misteriosos incendios en el set, o se acusó a la producción de maltrato animal a los caballos, entre otras cosas-- y al final, la película fue un fracaso. Cimino no volvió a rodar una película importante y desapareció en la oscuridad en la que permaneció hasta su muerte en 2016. La realidad fue que Hollywood se deshizo de un cineasta incómodo.
¿Qué ha pasado con Nolan? Me temo que esté sucediendo algo similar: Nolan se había rehusado a sumarse a la moda woke, y sus películas encierran todas ellas una visión crítica de la sociedad y la política. Desde la trilogía de Batman, y ni se diga Oppenheimer, donde, más que tratar del conflicto personal existente entre el físico y el corrupto político Lewis Strauss, lanza una advertencia acerca de que Oppie, como el Prometeo americano, tal y como se subtitula la biografía en la que basó el filme, puso el poder atómico en manos de idiotas, corruptos y malvados, y el peligro que esto implica para la humanidad entera; un mensaje que repercute hasta nuestros días, como lo vemos en los desaciertos y fanatismos detrás de las dos guerras principales de hoy en día: Ucrania e Irán; algo que no ha sido exclusivo de la Administración Trumpista, sino que ya se veía con Biden y personajes como Kamala Harris. Nolan es ya un personaje incómodo.
Así, es posible especular que el realizador británico se endeudó hasta la coronilla como resultado de la costosa filmación de Oppenheimer. Los cineastas ganan mucho dinero, sin duda, pero los proyectos resultan ser sumamente caros, de forma que al final les queda sólo una pequeña parte de todas las ganancias, mismas que se van en la recuperación de la inversión, el pago de impuestos, sueldos, costos, etc. De lo contrario, pues con una película de éxito bastaría para retirarse y no volver a trabajar, pero no es así, como cualquier persona, actores, directores, productores, cumplen con su labor día a día y de eso comen, de eso sostienen a sus familias y buscan dejar un futuro a sus hijos. Es así que es probable que a Nolan lo acucien las deudas derivadas de los créditos contraídos para filmar tanto la vida del científico como de sus proyectos anteriores. De ahí que tal vez financieras como Blackrock, misma que ha invertido en muchos proyectos hollywoodenses y haya impulsado gran parte de la agenda woke, le estén obligando a filmar algo apegado a ésta a cambio de hacerle alguna quita o descuento en sus deudas y salvarle de la bancarrota.
Sin embargo, es posible que la Odisea, sea su Heaven´s Gate, a cambio de no quebrarlo y que salve su patrimonio, le van a destruir su carrera haciendo que filme un fracaso seguro, sabiendo que las audiencias están hartas del wokismo y no van a perdonarle ni una Helena negra, ni un Aquiles transexual como presumiblemente parece ser el caso de Eillen Paige, actriz con la que había trabajado anteriormente en Inception y que ahora se ha mutilado para hacerse llamar Elliot y sentirse hombre en sus delirios de evidente enfermedad mental.
Nolan había crecido enormemente como cineasta, pero se había mantenido lejos de las tendencias que Hollywood dictaba, había mantenido gran libertad creativa y una visión crítica, que al final, resultó incómoda. Creo yo, que le están obligando a suicidarse profesionalmente, así como alguna vez "mataron" a Cimino. En adelante, cuando las bajas ventas de taquilla, las salas vacías y las demoledoras funas en redes sociales destrocen su Odisea, veremos que Nolan, al igual que Ulises, descenderá al Hades cinematográfico, sólo que él no volverá a salir de él.


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