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26 de noviembre de 2016

FIDEL CASTRO (1926-2016) Y EL DESTINO DE CUBA


El mundo se estremeció ayer por la noche al conocerse la noticia: el Comandante Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana y gobernante de la isla ya sea por sí o a través de otros, desde 1959 y hasta su retiro a favor de su hermano Raul en 2008 con el título de Primer Ministro o de Presidente de la República, ha muerto a los 90 años de edad. (¡Vaya que la Parca ha estado activa en este año).

Poco quedaba ya de aquel joven varonil de inseparable uniforme militar y característica barba que en 1959 había tomado la ciudad de la Habana derrocando al anterior dictador: el sargento Fulgencio Batista, para instaurar lo que prometía, iba a ser un régimen en que lo primordial iba a ser la Justicia Social y la Democracia tras una breve historia de la independencia de la isla, desde 1898, en que había estado dominada por la larga sombra de EUA, potencia a la que en realidad, los cubanos debían la independencia respecto de la Corona Española, y por los cuartelazos y regímenes despóticos, como el del propio Batista o anteriormente, el del General Machado de Assís; regímenes además que se caracterizaron por su corrupción y por haber convertido a Cuba en lavaderos de dinero y centro de operaciones del crimen organizado norteamericano... hoy no se dice esto, pero en los años cincuenta, quien apoyó a Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto Ché Guevara en su aventura revolucionaria no fue otro que EUA a través de la CIA y del gobierno mexicano que les había brindado refugio tras haber sido derrotados y expulsados de la isla tras una primer tentativa rebelde contra el régimen del folklórico y rapaz sargento; sin ir más lejos, la cúpula dirigente de la rebelión se embarcó en el puerto de Veracruz, curiosamente, un 25 de noviembre, pero de 1956, hace sesenta años, a bordo de un pequeño barco pesquero llamado Granma para incendiar la cordillera central de Cuba, la Sierra Maestra y establecer un nuevo régimen.

Fidel Castro fue y será por siempre una figura polémica sobre la que revolotearán elogios y maldiciones, panegirístas y detractores por siempre, y es que se trató de un personaje sin duda complejo y que es muy difícil de catalogar. Es indudable que ejerció un mandato de puño de hierro sobre la isla por casi sesenta años, pero también no puede negarse que su figura fue una inspiración para el nacionalismo en Hispanoamérica --incluso Francisco Franco, quien se encontraba en las antípodas ideológicas del cubano, lo reconocía así y por eso nunca rompió relaciones con su régimen-- y de oposición a las ambiciones hegemónicas norteamericanas, aunque también, no puede negarse, se colocó dócilmente bajo las órdenes del imperialismo ruso; tan vigente bajo Iván el Terrible, Pedro el Grande o Catalina II como bajo Stalin, Kruschev, Brezhnev o Putin pese a la retórica de defensa de la Cristiandad, de la liberación de los pueblos o de la oposición al unilateralismo de Washington que ha sido sucesivamente empleada por Moscú para tapar un expansionismo muchas veces igual o más brutal que el de sus rivales occidentales, y cuya última víctima está siendo Venezuela.

En lo particular, no dudo que en los años 50, el joven Castro haya estado impulsado por ideales en los que creía sinceramente: si bien es cierto que la Cuba de Batista era un país con crecimiento económico y una aparente prosperidad, también es cierto que bajo los oropeles de los grandes hoteles, casinos y centros nocturnos de la Habana o de Santiago se ocultaba una realidad mucho más escabrosa, en que la isla, desde precisamente su desprendimiento a través de la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898, un conflicto sobre el que campean muchas dudas y preguntas, sobre todo aquellas que hablan de que España pactó con EUA una guerra y una derrota --en un momento en que Madrid, aunque ya no era una gran potencia mundial, seguía siendo un poder mediano europeo, contaba con un ejército más poderoso y una marina más numerosa y potente que la norteamericana, pues EUA no desarrollaría por completo su poderío militar sino hasta la Primera Guerra Mundial, contando hasta entonces con fuerzas militares reducidas y bisoñas-- a fin de deshacerse de posesiones de ultramar costosas y problemáticas como Cuba o Filipinas, donde si bien las insurrecciones eran fáciles de dominar, implicaban así mismo un gran derroche de recursos materiales, financieros y humanos a cambio de beneficios reducidos, se encontraba totalmente sometida a los intereses de los gobiernos que se sucedían en la Casa Blanca de la Avenida Pensilvania, convirtiendo a la isla en una especie de parque temático para los capos de las mafias norteamericanas donde éstas lavaban su dinero y dejaban, por momentos, de molestar al país con sus sangrientas operaciones y corruptos procederes.

Sin embargo, se llegó a un límite en los años 50 y es ahí cuando se apoyó a Castro y a su grupo cuando se decidió enfrentar a los carteles criminales, en especial por impulso de un joven abogado de origen irlandés llamado Robert F. Kennedy, asesor del Congreso Norteamericano en sus investigaciones sobre la operación del crimen organizado y el cómo la corrupción desprendida de éste había permeado en las distintas esferas de gobierno en EUA. Derrocar a Batista implicaba arrebatarle a los capos de la mafia una base de operaciones y una sede de poder bastante importante, tal y como lo retratan Mario Puzo y Francis Ford Coppola en El Padrino II.

Castro así, se vio inicialmente apoyado por Washington, pero como es clásico lo que sucede con EUA y los monstruos que produce, una vez instalado en el poder de La Habana, el Comandante riñó con sus patrones, y nada tonto, apeló a Moscú, el gran rival en la Guerra Fría, para evitar seguir a su predecesor en la lista de derrocamientos, así que el antiguo alumno de Jesuitas y probablemente imbuido de ideas de la Doctrina Social Cristiana hizo profesión de fe Marxista para ganar el apoyo financiero y militar de los eslavos, muy interesados en aprovechar la estratégica posición de Cuba respecto de EUA, a apenas unos cuantos kilómetros de las costas de Florida. 

La dictadura de Castro así, se vio consolidada tras la llamada Crisis de los Misiles de 1963, Cuba, finalmente, es una isla que en realidad carece de recursos naturales y por ello, desde que fuera descubierta por Colón y reclamada por España como posesión de ultramar, ha cambiado de manos en base a su posición geográfica que la hace un punto geopolítico clave: como bien se plasmó en su escudo de armas, es "la llave" del continente: desde la isla, los españoles iniciaron expediciones a tierra firme como las de Vespucio, Grijalva, Hernández de Córdoba o Balboa, y sobre todo, la de Hernán Cortés. Todos los conquistadores y colonizadores hispanos pasaron por Cuba, desde la cual es fácil trasladarse hacia el norte, el centro o el sur de nuestro continente. Sin emabargo, una isla que apenas produce algunos cultivos importantes, como la caña de azúcar, café o tabaco, depende más bien de los subsidios de otros. España mantuvo a Cuba como resto de su anterior Imperio, porque si bien año con año durante todo el siglo XIX los ingresos que remitía la Habana a la Corte de Madrid decrecían, la isla era todavía la esperanza de poder ejercer influencia sobre sus otrora "Reinos de Indias", y contar con presencia naval y militar en este lado del Atlántico. Posteriormente, los norteamericanos buscarían quedarse con ella o convertirla en un protectorado por la misma razón, finalmente los Rusos, ansiando un lugar desde el cual pudiesen colocar su pistola sobre la sien de sus enemigos, aceptaron la amistad incondicional de Castro, a cambio de que el régimen de éste se convirtiera en un barril sin fondo en el que Moscú dilapidaba rublos a grado tal que el parasitismo cubano mucho tuvo que ver en el colapso del sistema soviético ocurrido durante la segunda mitad de los ochenta.

Apoltronado en el poder, Fidel Castro se convirtió en un hábil propagandista aprovechando su carisma personal y su discurso populista, con sus reclamos hacia la dominación norteamericana sobre los países de Hispanoamérica, en los cuales EUA implementó el "Plan Cóndor" con el que aupó a regímenes igualmente dictatoriales y despóticos, pero de tintes conservadores y capitalistas, sobre todo en el Cono Sur, mientras en México recibía el apoyo del régimen  del PRI, que también apoyaba a Castro... Muchas veces, en lo personal, me he preguntado si no el propio dictador cubano no hizo una especie de pacto secreto con los angloamericanos: después de todo, nada lo benefició más y nada explica mejor la longevidad de su régimen, que la existencia del embargo y las sanciones de EUA a Cuba. Esto le vino como anillo al dedo a Castro, que así siempre tuvo a alguien a quien culpar de la pobreza, el estancamiento y los fracasos de sus políticas socialistas, así como para justificar el militarismo y la falta de libertades en la isla: se trataba de un estado de emergencia permanente ante las posibles insidias del enemigo que podría realizar alguna otra intentona de invasión como la tristemente célebre de Bahía de Cochinos, o los continuos anuncios de Fidel de haber descubierto planes para asesinarlo, a veces, de formas que parecían sacadas de alguna caricatura de los Looney Tunes, como puros envenenados o cámaras fotográficas que en realidad eran pistolas, la verdad, parecía que los norteamericanos estaban igualmente cómodos con él a tan corta distancia de Miami y le dejaron en paz, finalmente, les garantizaba cierta paz en el Caribe, aunque a veces las duras condiciones de vida y las persecuciones políticas, cuando no hasta la mala fe de mandarles a sus delincuentes liberados de prisión, precipitasen una constante marea migratoria de personas que, curiosamente, deseaban huir del paraíso.

Poco se dice ahora, pero a finales de los años 70, un Fidel confiado y en la cúspide de su poder y popularidad a nivel mundial, y pese a despotricar contra el imperialismo yankee, soñó con crearse un imperio en Africa con la bendición del Kremlin, so pretexto de ayudar a la implantación del Comunismo en Etiopía, apoyando al brutal General Mengistu Haile Mariam, quien diera un golpe militar para derrocar y asesinar al último representante de la Casa Real de David: el emperador Haile Selassie, y después interviniendo en Angola y Mozambique, supuestamente para luchar contra el injusto régimen del Apartheid en Sudáfrica y evitar la extensión de la dominación blanca a estas naciones; en realidad, se cree que lo hizo para asegurar el control del mercado de diamantes y otras materias primas africanas a favor del Bloque Soviético en la Guerra Fría; los cubanos vivieron un infierno similar al de sus rivales norteamericanos en Vietnam y fueron rechazados por aquellos a los que supuestamente acudían a liberar, la aventura además, resultaba insostenible para la débil economía isleña, y fracasó rotundamente, aunque quizá tuvo éxito en su lucha contra la segregación racial: nada como la lucha contra el enemigo común caribeño y las guerrillas comunistas africanas para que naciera camaradería entre soldados negros, anglos y bóers en el ejército sudafricano y se empezaran a reconocer ascensos y honores según el mérito con independencia de la raza en el mismo; este hecho influyó mucho para que al iniciar los noventa, el injusto régimen racista desapareciera, quizá tanto o más que la figura de Mandela o las prédicas de Desmond Tutu.

Pese a todo, Fidel y su familia, sus aduladores y favoritos en el ámbito de la música, artes y el deporte, se convirtieron y vivieron como una élite privilegiada en la Habana: yates, partidos de golf, pesca de alta mar, incluso hay quien dice que también entró en connivencia con el crimen organizado como lo hiciese Batista en su tiempo, ni siquiera la caída del Muro de Berlín o el desplome de la URSS en 1989-1991 le conmovieron, autorizó algunas reformas económicas que permitieron cuantiosas inversiones europeas, asiáticas y hasta mexicanas en el turismo y las comunicaciones en la isla, igualmente, de manera gradual y disfrazada, se fue dando una creciente laxitud en el embargo estadounidense contra la isla, (mismo que surgiera con la crisis de los misiles) aunque la mayoría de los cubanos jamás ha llegado a disfrutar de los beneficios: son tratados incluso como extranjeros en su propia tierra, convertidos en sirvientes y prostitutas para los turistas extranjeros y no han dejado de sufrir la escasez y privaciones como consecuencia del ineficiente sistema comunista, dominado por el Estado para la producción de bienes y servicios.

Desde el triunfo de la Revolución, Fidel decidió aplicar el terror puro y duro en contra de sus opositores y críticos, el destierro, la confiscación, el silenciar a las voces disidentes con la complicidad de las "élites intelectuales" hispanoamericanas y europeas que se quedaban en el discurso del joven barbado y rebelde en contra del imperialismo, pero que jamás aceptarían, como lo observaba Julio Cortázar, vivir como los cubanos bajo Fidel. No, ellos manifestaban su apoyo desde cómodos departamentos parisinos, cafés de lujo en Coyoacán o hasta en la misma Nueva York, y eso, hasta la fecha, ha creado en mucho del imaginario la figura del héroe Castro, del héroe Ché cuya imagen es hoy un reclamo capitalista, alaban el que no haya ricos en Cuba, pero quieren o viven de plano como tales en sus países de origen. Pero casi no se oye la oleada de asesinatos políticos, el racismo del régimen, en que toda la cúpula del sistema son blancos de ascendencia española como el propio Fidel, --hijo de un inmigrante gallego que se enriqueció en la isla como latifundista-- o que incluso la Izquierda actual tan impulsora de la ideología de género calla ante la cruel homofobia desplegada por Castro, los campos de concentración, los fusilamientos, la persecución religiosa atemperada tras la visita de San Juan Pablo II en 1998 y las posteriores de los Papas Benedicto XVI y Francisco I, y que han hecho de la Iglesia Católica un interlocutor reconocido por el régimen, el cual ha autorizado la apertura de seminarios, las desapariciones y las represiones contra opositores como el movimiento de las Damas de Blanco, el objetor de conciencia Guillermo Fariñas o la joven bloguera Yoani Sánchez.

Es innegable que la Revolución tuvo sus logros: un reclamo por la independencia y oposición a las ambiciones imperiales de EUA, por un lado, en el terreno ideológico, y ahí es donde tenemos al Fidel Castro heroico, un sistema de salud universal y médicos extraordinariamente preparados, así como un sistema educativo igualmente de avanzada y que hace que de Cuba uno de los países con los niveles de mayor formación escolar del continente, junto con también la búsqueda de excelencia en los deportes y figuras en el atletismo altamente reconocidas; sin embargo, lo que es más patente es el fracaso: Cuba se mantiene estancada con una economía que solo produce pobreza, ineficiente y controlada casi absolutamente por el Estado, y en la que las tímidas reformas impulsadas por Raul, apenas han tenido efecto, con todo y la distensión producida en los últimos años ante la débil y condescendiente presidencia de Barack Obama en EUA. La gente, para sobrevivir huye a Florida o México o se dedica a una economía clandestina, a pesar de su alta preparación universitaria, lo que podría ser un campo para que Cuba se desarrolle como Singapur ante la falta de recursos naturales, no existen oportunidades y la gente no puede hacer uso de sus altos conocimientos ni tiene estímulos al mérito en un sistema donde se premia a los aduladores y se teme ser denunciado como "contrarrevolucionario", mientras el colectivismo y el fanatismo igualitario no incentivan la posibilidad de emprender, innovar o destacar.

Fidel se retira como un vencedor que incluso ha doblegado al Imperio ante la política de acercamiento a la isla desplegada por Obama y la restauración de las relaciones diplomáticas entre ambos países vecinos, aplaudido y llorado por muchos. Sin embargo, será el juicio de los propios cubanos el que determine finalmente cómo pasará a la Historia: ¿qué sucederá ahora? Es difícil saberlo: Trump parecía que echaría atrás las medidas de distensión y de apertura a Cuba iniciadas con Obama, aunque ahora probablemente continúe con ellas; después de todo, fue la apertura de Rusia con los programas de reformas de Gorbachov, las llamadas Perestroika y Glasnost, las que provocaron el derrumbe del sistema fundado por los Bolcheviques en 1917, y algo similar puede pasar en el caso cubano, más ante la desaparición del gigante político --porque lo fue, eso es innegable-- que le daba sustento con su sola persona, aunque ante las buenas relaciones que se prevén entre el Kremlin encabezado por Putin y el magnate inmobiliario en la Casa Blanca, es posible que ambos lleguen a una negociación respecto a dentro de qué área de influencia se situará la isla. En la propia Cuba, por otro lado, crecen voces que plantean la reabsorción de la isla por España, y lo mismo en un Puerto Rico atrapado por la crisis económica y ante un EUA progresivamente más débil. La pregunta aquí sería qué tanto le convendría volver a ser la nodriza de una Cuba que sigue sin poder valerse por sí misma y que ya exprimió a Venezuela, que desde el régimen de Chávez se convirtió en el proveedor de recursos para la isla. Lo que es seguro es que ni Washington ni Moscú estarían dispuestos a mantener a la isla sin beneficios.

Dejemos que los cubanos sean los jueces y ellos dictaminen cómo recordarán al hombre de los largos discursos, del uniforme olivo y humeantes puros, lo que sí, esperemos que sea en justicia, y que todos aquellos que hayan sido responsables de crímenes bajo su férula, sean sujetos de responsabilidad, y no continúe el que, pese a los genocidios cometidos, el Marxismo, una ideología sustentada en la envidia, en el rencor y en la violencia, siga siendo vista como una doctrina capaz de brindar un mejor futuro, cuando en todos los casos, sólo ha traído muerte y destrucción, incluso en grado mayor, que el fascismo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No olvidemos que los propios compañeros de armas de Fidel, como el caso del ya fallecido Huber Matos, se alejaron de él al ver las barbaridades que cometió, vaya, hasta su propia hermana colaboro con la CIA en su contra tras ver el monstruo en que se había convertido, y pago el precio uniéndose a los exiliados en Miami, donde incluso dijo que todas las fotos donde ella aparecía las quitaron, borrándola de la familia y abandonándola a su suerte.
Seguro Camilo Cienfuegos, Chávez y el Ché lo andan esperando para cobrarle sus traiciones.