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18 de agosto de 2015

UBER VS. TAXI


La evolución en las tecnologías de la información está teniendo un enorme impacto en el ámbito de la prestación de servicios; en mucho, el Internet, desde los años 90, está permitiendo la eliminación de la figura del "intermediario", un tercero que no es ni el productor de un bien o prestador de un servicio, ni tampoco es el comprador o consumidor del bien o servicio ofertado, esto, por supuesto, golpea intereses muy bien definidos: ¿recuerdan, hace poco más de diez años lo ocurrido con la aparición de Napster? Aquél sitio de Internet permitía descargar de la red mundial música sin necesidad de comprar a las disqueras; a la larga, eso permitiría una relación inmediata entre músicos y público, lo cual, claramente, llevaba a chocar con los empresarios de la industria discográfica, mientras que la aparición de los libros electrónicos plantea también la posibilidad de un nexo directo entre un autor y sus lectores.

Como sabemos, los intermediarios se reinventaron: mientras que Napster fue ilegalizado por considerar que se trataba de piratería, surgieron servicios en línea para la compra de música y su descarga en cualquier computadora, teléfono móvil o reproductor portatil en formato MP3 o MP4 en caso de ser un archivo de vídeo: aparecieron servicios como iTunes y más recientemente, Spotify, finalmente, el intermediario se reinventó y mantuvo su negocio. En el caso de los libros, la evolución al formato electrónico no extinguió --afortunadamente-- al libro físico en papel; sin embargo, está latente que la tecnología nos conduzca a una simplificación de la Economía hacia sus bases más sencillas, a la relación directa entre productor y consumidor sin necesidad de un distribuidor o un comerciante, y en muchos casos, sin necesidad de la intervención del Estado que luego ha aparecido interviniendo en el esquema del comercio como un regulador, cuando no como un agente económico que directamente produce, consume u obtiene de alguna manera un lucro por su participación en actividades que deberían ser meramente de realización por los particulares.

El reciente caso de Uber y la resistencia de parte de las autoridades, no solo en México y en específico en Guadalajara, sino en muchas otros lados del mundo: Francia, la India, EUA..., junto con los prestadores del servicio de automóviles de alquiler o taxis, muestra la verdadera revolución en la prestación de un servicio como es el transporte de pasajeros: mediante una aplicación que puede instalarse en el teléfono móvil, se puede pedir un vehículo de lujo, propiedad del conductor que solo paga una comisión a quien facilita el software, se hace el pago a través de tarjeta de crédito o de débito para el servicio, sin entregar efectivo al chófer.

Como se ve, es una gran innovación, sobre todo, porque simplifica la relación entre el chófer-propietario del vehículo y el que solicita el servicio, sin dueños de flotillas ni sobre todo, la intervención del Estado, que otorga un "permiso", que en realidad es una concesión a los dueños de los tradicionales taxis. Y aquí es donde llegamos al punto álgido:

El régimen de concesión es un resabio que existe de la era del Mercantilismo en los siglos XVI a XVIII, en mucho, este sistema que se sustentaba en una intervención directa del Estado en la actividad económica y el otorgamiento de monopolios, concesiones y privilegios a los allegados a la autoridad, se mantiene vigente en mucho en nuestra economía, o por ejemplo, en Francia, lugar donde se ilegalizó el servicio de Uber. Como dijera uno de los fundadores de este servicio, en las ciudades o países donde se prohibe o se resiste a la entrada de la aplicación, es una muestra de corrupción, y es que si en el Virreinato la corona española creaba a favor de tal o cual familia aristocrática un monopolio, o estanco del tabaco, los vinos, el café o algún otro producto o servicio, o en el siglo XIX, la corona británica otorgaba el privilegio a algún empresario para producir o distribuir whisky, hoy en día esto se estima como una práctica tendiente a alterar el balance del mercado a favor de alguien que contaba con el favor de las autoridades o se encuentra coludido con ella; en la época del Mercantilismo, por el contrario, era algo considerado ideal para mantener una relación empresario-gobierno y que éste percibiese ingresos directamente del concesionario.

Este tipo de régimen se ha prestado, en países como México, y Francia también, donde ha pervivido mucho del sistema mercantilista y donde el Estado ejerce un activo papel como regulador, pero en realidad como agente de la actividad económica, o más bien, al servicio de intereses particulares de funcionarios que se otorgan a sí mismos, o son beneficiados por colegas, los permisos o concesiones para el transporte de pasajeros en autos de alquiler, como se ve, la verdadera amenaza que representa Uber es para estos intereses y no para la actividad honesta de muchos chóferes que son dueños individuales de un solo vehículo con el que trabajan; pero en cambio hay verdaderos magnates del taxi que poseen docenas de ellos con el favor de las autoridades, tal y como ocurría en la época virreinal en que se otorgaban los reales estancos a aquellos gentileshombres que eran favorecidos por la gracia de su Majestad. Para asegurarse de ello, resulta que no cualquiera puede adquirir un permiso de taxi que otorga el Gobierno, dado su elevado coste, se estima que cada uno cuesta $500,000.00 pesos por carro, lo que lo hace inalcanzable para la mayoría, añádase a esto los costos de operación (gasolina, sueldo del chófer en caso de que el coche no sea manejado por su dueño, refacciones, aceites, llantas, etc.), así que solo aquellos que son favorecidos o cuentan ya con un elevado poder económico pueden hacerse con los permisos.

Uber representa por tanto un reto o desafío directo al estatismo que ha sido causa fundamental de la desigualdad y el estancamiento social en México; se critica mucho al Liberalismo, que ciertamente, como sistema cuenta con innumerables defectos y en mucho es cuestionable, pero también cuenta con varios puntos positivos que desde la Edad Media eran señalados por los escolásticos que prefiguraron lo que después plantearía en forma --y alejándolo de su aspecto ético-- Adam Smith, fundamentalmente que nos evita la presencia del Estado, que cuando interviene directamente en el esquema económico, lejos de ser un garante de orden, estabilidad y libertad de trabajo, se convierte en el principal obstáculo y el garante de los beneficios para unos cuantos, además de ser la mayor fuente de corrupción.

Por ello, la aparición de Uber, como en el pasado Napster o Pirate Bay causan polémica y llevan  a la desesperada y feroz acción de las autoridades en su contra, finalmente, se trata de servicios o o modos de hacer negocios inmediatos y directos, sin la intervención de intermediarios o del Estado, en forma libre y sencilla, como originalmente debieron ser las relaciones económicas; si queremos realmente remediar el actual estancamiento económico y permitir que los particulares tengan más oportunidades de desarrollo, debemos reducir las distancias entre productores/prestadores y consumidores/usuarios, nada ha contribuido más al desastre económico y financiero que la aparición de muchos parásitos: distribuidores, especuladores, bancos, financieras, que no generan riqueza pero sí la obtienen y acaparan, o la intervención presuntamente reguladora del mercado que ejerce el Estado, en realidad generadora de corruptelas y privilegiados, la tecnología nos abre las puertas a la simplificación y liberalización, ojalá las innovaciones se mantengan por adelante de los intereses vetustos y mezquinos que se ven amenazados por éstas, y por otro lado, esperemos que las leyes se dirijan a proteger la libertad de trabajo y la libre competencia en vez de proteger a monopolios, privilegiados y camarillas; esto sería un gran paso.

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