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19 de noviembre de 2014

AYOTZINAPA: INDIGNACION, CONFUSION, ANARQUIA


El Gobierno de Enrique Peña Nieto en México paga su economicismo; aquella consigna irrespetuosamente pronunciada por William Clinton en su debate televisivo con Bush padre: "¡Es la Economía, estúpido!", demuestra en realidad que ese mantra de los tecnócratas que han dominado la política en Occidente desde la década de los 90 no es del todo cierto: la economía no lo rige todo, es un factor importantísimo, pero no es el condicionante; curioso que Marxistas y Liberales así lo creyeran por igual, pero hoy, la cruda realidad demuestra que muchas veces la Economía requiere de otros factores y que la labor del Estado no puede ser únicamente la de un gestor económico, sino que una de sus tareas básicas debe ser ante todo: la Seguridad, y por otro, la conducción política de la Sociedad.

Me da la impresión que Peña y todo el PRI, cuando recuperó el poder en 2012, no se dio cuenta del reto que afrontaba ni cómo ese periodo de 18 años, contados desde 1994, había llevado, por un lado, a la "democratización" del país, pero por otro, a la degradación misma del Estado Mexicano. Tanto el Gobierno de Ernesto Zedillo, como las dos administraciones panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón no fueron sino una reacción contra el proceso reformador realizado por Carlos Salinas de Gortari en sus seis años de mandato: con todo y sus errores y las corruptelas presentes bajo su presidencia, el neoleonés sin embargo trastocó el régimen constituido tras la Revolución Mexicana y abrió el país a las inversiones y el comercio internacionales y pretendió liberalizar la economía al interior; por supuesto, esto le llevó a pegarle a muchos intereses y privilegios de élites que, como ya lo hemos dicho, pactaron el derribo del PRI neoliberal en el Grupo  San Angel, junto al PAN y la Izquierda a fines de los 90, y no solo eso, vino la demonización de Salinas al más puro estilo de lo ocurrido en el pasado con tantos y tantos personajes de nuestra Historia: Maximiliano, Miramón, Iturbide, Don Porfirio, etc. Que no se han ajustado a los intereses de la "Familia Liberal-Revolucionaria".

Es muy curioso que justo cuando Peña Nieto terminase el proceso de "Reformas Estructurales" en las que cifró las esperanzas de su Gobierno y que no fueron sino la continuación de las iniciadas por Salinas en su momento, se vinieran como avalancha una serie de problemas: la desaparición de los Normalistas de Ayotzinapa, la huelga en el Instituto Politécnico Nacional, las protestas cada vez más violentas aderezadas con episodios de vandalismo y destrucción, la cancelación de la licitación a favor de China Railways para la construcción del tren de alta velocidad México-Querétaro, ligada al parecer con los presuntos, --y muy posiblemente bien fundados-- actos de corrupción: sobre todo por la inexplicable adquisición de una enorme y lujosa mansión que se estaba a nombre de la actriz Angélica Rivera, esposa del mandatario y en realidad parece ser propiedad de una constructora mexiquense, asociada a la empresa china a la que se había otorgado el contrato para el proyecto ferroviario. Por último y para agregar más salsa al peligroso platillo del descontento estudiantil, viene un operativo pésimamente llevado a cabo al interior del campus o Ciudad Universitaria de la UNAM en que se pretendió originalmente recuperar un teléfono celular robado, según se dice, y después, desalojar a los "porros" y dizque militantes de una organización estudiantil de Izquierda que desde el año 2000 tiene secuestrado al Auditorio "Justo Sierra" al que han rebautizado como "Ché Guevara" y sobre lo cual, se dice, que en realidad, sirve de lugar para la comisión de diversos delitos: desde tráfico de drogas hasta proxenetismo.

Lo sorprendente y atemorizante es la pasividad del Gobierno Federal ante la situación de caos y de tensión que se percibe en el ambiente: Peña bien sabía desde el día de su toma de posesión que no la tendría fácil: los años de la "Alternancia" habían creado una situación bastante confortable para los partidos de oposición y era claro el resentimiento de los mismos ante las elecciones de 2012, principalmente para la Izquierda, tanto la digamos "institucional" como la radical. Las protestas y actos de vandalismo que acompañaron su toma de protesta el 1 de diciembre de 2012 lo demostró. Las reformas que planteó, en particular la Educativa y la Energética, golpean a sectores sumamente poderosos: como los docentes, que era claro iban a defender a uñas y dientes privilegios feudales ganados por sus caciques años atrás: si toda la prevención consistió en encarcelar a Elba Esther Gordillo, olvidó hacer lo propio con los dirigentes regionales y los de aquella facción denominada "Magisterio Disidente" como la CNTE o la CETEG en Guerrero, tan sinvergüenzas y ladrones como la maestra chiapaneca, además de más violentos.

Veladamente ya venía la amenaza de que no iban a dejar operar las reformas, sin embargo, pareciera que el Gobierno de Peña continuase confiado y dormido en sus laureles, pensando que las reformas por sí mismas iban a funcionar mágicamente y a lograr automáticamente una mayor prosperidad para las familias mexicanas y esto iba a traer la paz: ilusiones neoliberales que ahora son desmentidas por la realidad: el Estado debe proveer a la seguridad de sus ciudadanos, y el Estado además, debe procurar, primero que nada, su propia existencia manteniendo los mecanismos de control que le permitan garantizar el orden; de lo contrario, si el Estado mismo no puede asegurar el funcionamiento de su estructura institucional entonces no puede asegurar que proveerá a los ciudadanos de las condiciones necesarias para su desarrollo, ni de los servicios públicos que debe proporcionar. Ante la emergencia de la situación actual tras los desgraciados hechos de Iguala, el Gobierno aparece pasmado, desconcertado y la respuesta no ha sido la adecuada ni la que daría un gobernante hábil sabedor de por dónde vendrían los tiros ni las críticas: ha sido de una pasividad extraña y hay que decirlo: estúpida.

Con esto no me coloco en la defensa de Peña Nieto como gobernante, no lo merece, más cuando hay pruebas de que él y su partido continúa en la misma inercia seguida no solo por el PRI, sino por toda la clase política mexicana, de corrupción y de impunidad, misma que es a todos los niveles: impunidad que goza Angel Aguirre, ahora ex-gobernador de Guerrero, impunidad de la que goza la Dirigencia del PRD que aupó a los Abarca al Gobierno de Iguala, impunidad que goza López Obrador desde cuando incendiaba pozos petroleros en Tabasco, impunidad que goza René Bejarano que fue filmado recibiendo un cuantioso soborno y ahora está libre, en la política y con el descaro de ahora denunciar la corrupción, impunidad de la que gozan los transportistas en Guadalajara que ofrecen un servicio de calidad infrahumana y que ha costado vidas, pero impunidad también de quien extorsiona, secuestra, roba, quema y daña propiedad ajena justificándose en la "protesta social" y a quien agita las aguas y promueve la violencia.

La renuncia de Peña, sin embargo, no me parece el camino para resolver las cosas; al contrario, eso es lo que parece quieren ciertos grupos que hábilmente han utilizado el antipriísmo sistemático de sectores de la población y el resentimiento que campea en otros, motivado por la desigualdad económica y los problemas sociales. Así, han logrado inculpar al mandatario y al PRI de lo que surgió de las luchas internas y de las colusiones de la Izquierda con el crimen organizado --que tampoco seamos ingenuos, el narco seguramente también ha infiltrado y embarrado al PAN y al propio PRI-- El derribo del Gobierno actual llevaría al ascenso de radicalismos, quizá a que haya nuevas elecciones y en ellas ganase López Obrador que nos entregaría al Chavismo más populista posible mientras asegura mantener las cosas en beneficio de los maestros que seguirán sin trabajar pero cobrando y heredando y vendiendo plazas, porque eso, y no otra cosa, es lo que pedían los Normalistas de Ayotzinapa: seguir viviendo como parásitos del Estado que les pagara un sueldo sin trabajar, que les concediese plazas laborales sin demostrar su aptitud; la caída del Presidente no solo implicaría la salida de una persona del poder, sino el derribo de todas las instituciones y todo ¿para qué? para beneficiar muchos intereses de nacionales y extranjeros, ¿Acaso están interesados en convertir a México en la Ucrania de EUA? 

Ayotzinapa es la gota que derrama el vaso tras tantos hechos violentos en los últimos años y tanta impunidad: la muerte de 49 niños en el incendio de la Guardería en Hermosillo, Sonora, la quema y muerte de personas en el Casino Royale de Monterrey, y las sangrientas matanzas de San Fernando en Tamaulipas, sobre inmigrantes centroamericanos. Sin embargo, aquellos que desean el derribo de la autoridad cómodamente sentados frente al teclado y el monitor de una computadora, no saben lo que piden, serían sin duda, los primeros en correr ante el sonido de las armas,ni saben las consecuencias que ello tendría, sería desatar el infierno.

Urge que el Gobierno, sin temor a ser juzgado de autoritario y represor restaure el orden y aplique la Ley tanto a narcopolíticos como a vándalos, no se pide que masacre o que desaparezca ahora sí, cometiendo crímenes de Estado a los que disientan, simplemente que mantenga el respeto a la Ley y a los derechos de todos, que no pueden ser vulnerados ni por el Estado ni por particulares por mucha que sea su indignación o la justicia de su causa; de lo contrario, estaremos entrando a la Ley de la Selva y a la anarquía completa, que parece ser por lo que apuestan muchos para el surgimiento después de un líder carismático y mesiánico que restaure mágicamente el orden: ¿AMLO? No sé, a veces me parece que todo está demasiado elaborado para ser un plan y creo que el tabasqueño no es tan brillante como para planear una estrategia digna de Fouché o Hitler.

Pero en la raíz de todo se encuentra una situación muy compleja: México ha llegado a este grado de abyección por muchos factores, no solamente la situación económica es la que hace que un campesino se convierta en criminal; existe también un tema moral detrás, la falta de escrúpulos, el desprecio al trabajo, la falta de conciencia y de participación en los asuntos de la comunidad, la falta de solidaridad y respeto hacia los demás, la fragmentación de las familias, el desarraigo, la pérdida de las costumbres y tradiciones, 150 años de Laicismo antirreligioso que ha convertido a la Moral en un tema tabú, una educación pública que sólo ha servido de adoctrinamiento político en una extraña e incompatible mezcla de Marxismo con Liberalismo decimonónico, el desprecio a la cultura, la doble cara al plantearse la existencia de una faceta pública y otra privada en las personas y no la integridad... todo ello nos ha llevado a este punto, las verdaderas reformas que necesita México empiezan por uno mismo, si cada uno cambia, lograremos cambiarlo todo.

Lamentablemente, yo no soy optimista, creo que es demasiado tarde.
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2.- Solalinde:



Hacer una crítica de la labor del Padre Alejandro Solalinde es arriesgarse a que lo tilden a uno de todo, de fariseo, de insensible, de burgués o de no se qué, a mi, me vale, y lo voy a decir: posiblemente este sacerdote tenga grandes méritos como activista social o político, como pastor de almas, sin embargo, creo que es pésimo y es una muestra del porqué la gente se ha alejado de la Iglesia Católica últimamente, según los estudios estadísticos recientes en México e Iberoamérica.

Pero dirán ¿y la la acción social que realiza, denunciando la violación a los derechos humanos? ¿viendo por los pobres, por los migrantes, por las víctimas de la violencia? Pues ese es el problema: que habla mucho de derechos humanos, de Justicia y de desigualdad, precisamente hace un discurso en apariencia subversivo, pero en realidad, bastante "políticamente correcto" y ceñido a aquello que gobiernos, poderes fácticos y medios de comunicación quieren que la Iglesia se vea reducida, y al Cristianismo convertido en una ideología política-social más emparentada con el Marxismo más rancio, pues se habla de cuestiones materiales, pero nunca del concepto más polémico y subversivo de todos: DIOS ni mucho menos de la crisis espiritual que se vive, mientras que su labor social se aleja de la verdadera caridad cristiana para convertirse en mero activismo político y agitación revolucionaria; porque Solalinde desea un cambio revolucionario y el derribo del orden actual y su dedo acusador se dirige a los gobernantes, siempre los gobernantes aliados de los malvados ricos, pero no se dirige al pecado individual de cada una de las personas y no denuncia la crisis moral y espiritual por la que atraviesa la sociedad mexicana.

Es correcto denunciar lo que ocurre con los migrantes centroamericanos al transitar por el territorio mexicano, pero no lo es pretender que México o EUA se hagan responsables de una problemática que tiene su origen en la pésima situación de los países centroamericanos que si expulsan migrantes no es por ser víctimas, sino por sus propios gobiernos criminales que han sido incapaces de generar una mejor situación en sus países donde sus nacionales puedan prosperar; es también irresponsable el exigir a EUA que se haga cargo de esas personas y plantear que se borren las fronteras cuando la presionada economía del coloso del norte también tiene límites y no puede absorber tal número de personas que llegan cada año; además de que le despoja del más elemental derecho de decidir quién entra o pasa por su territorio como cuando uno decide quien entra y quien no a su casa. ¡Pero claro! siendo un seguidor de la Teología de la Liberación que sueña con el derribo violento del rico y la venganza del pobre.

La gente necesita pastores, no activistas, necesita fe y formación en las virtudes, no política ni doctrinas comunistas, necesita que se le hable del Reinado Social de Cristo y no de desigualdad económica. Si logramos implementar y vivir realmente los principios cristianos en la sociedad, la Justicia Social se dará por añadidura; mientras tanto, solo tendremos división, envidias y el germen de más violencia que es lo que a veces parecen sembrar personajes como Solalinde.

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