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9 de octubre de 2014

A LA GUERRA CONTRA EL ISIS



Hacia la segunda mitad del siglo XVI, el Islam Sunnita había sido reunificado en un nuevo Califato encabezado por el clan turco de los Otomanos; estos habían logrado restaurar la unidad en la mayor parte del mundo musulmán y habían creado un imperio con las fronteras más o menos similares a las de los Imperios Omeya y Abasida de algunos de cientos de años atrás; los Otomanos habían devuelto paz interna, unidad y prosperidad a los pueblos de Medio Oriente y Norte de Africa --excepto Irán, que tenía un renacimiento imperial bajo el mandato de los Safávidas, primera dinastía de origen netamente iránio tras el derrocamiento de los Sasánidas por la conquista islámica en el siglo VII;-- tras siglos de divisiones, guerras intestinas e invasiones, que habían puesto al Islam en un estado de postración o debilidad que permitió a los europeos lanzar las Cruzadas y aliviar la presión musulmana, además de la Reconquista en España, e iniciar una fase de expansión comercial en el Mediterráneo, que durante la Alta Edad Media, principalmente en los siglos VII a XI, con el apogeo de los primeros Califatos había quedado vedado a los europeos occidentales; posteriormente, la llegada de los Turcos, pueblo mongólico rápidamente integrado a la cultura de Medio Oriente y mezclado con Persas y Semitas, liderado por diferentes familias del clan Selyúcida, supuso la fragmentación del Califato y la creación de diversos Estados rivales entre sí.

Había habido intentos de reunificar políticamente al Islam, pero todos fracasaron en mayor o menor medida: los Kurdos Ayyubíes liderados por Saladino en el siglo XII-XIII, los Mamelucos de Egipto, que pasaron de esclavos caucásicos a constructores de un nuevo Imperio Egipcio, el nuevo Imperio Mongol Islámico de Tamerlán basado en Samarkanda, ninguno contó con la suficiente asabiya, término empleado por el tunecino Ibn Khaldun para referirse a la armonía o aceptación social para  unificar pueblos y ejercer poder sobre áreas extensas, Sin embargo como el propio historiador noteafricano de origen yemení y andalusí lo señalaba, el caso era distinto con el clan fundado por el jeque turco Othmán en la recientemente arrebatada Asia Menor a los Romanos Orientales: la rápida expansión del poder de este caudillo y la facilidad con la que, ante los triunfos alcanzados por sus sucesores, como Mohamhed II, quien clamaba para sí la corona de sucesor del profeta, y terminó derrotando y conquistando a Constantinopla, a la que convirtió en su capital con el nombre de Estambul, de esta forma, asumía que el nuevo Imperio Musulmán continuaba con el destino de Roma de dominar el mundo y hasta se atrevió a titularse "César".

Los Europeos nuevamente se vieron ante la presión de un Islam imperial y poderoso; aunque al principio nadie tomó en serio la amenaza representada por el nuevo califato, y se dejó caer a Constantinopla y después a los Balcanes y buena parte de Hungría, en algo que manifestó la división de la Cristiandad entre Ortodoxos y Católicos, se vio pronto que el Califato Otomano sí representaba un serio peligro para las potencias occidentales: los sucesores de Mohamhed II: Bayaceto II, Selim I (quien obtuvo los derechos al trono califal del último Fatimita Mütvekkil III, quien ya no ejercía ningún poder efectivo, mismo que le había sido arrebatado a su dinastía por los Kurdos Ayyubíes y después por los Mamelucos) y Solimán I el Magnífico derrotaron en el campo de batalla a diversos monarcas europeos llegando hasta las cercanías de Viena, Austria o al sur de Polonia, mientras que infestaron el Mediterráneo de barcos piratas dirigidos por argelinos y tunecinos, destacando entre ellos los corsarios Horuck y Jereddín Barbarroja, que fueron los primeros en aplicar la estrategia del ataque pirata en contra de las riquezas que llegaban a España procedentes de América asaltando los puertos o los buques cuando se acercaban a su destino, además, en una estrategia realmente terrorista, atacaban las costas italianas o españolas y secuestraban personas a las que luego vendían como esclavos en Alejandría, Estambul o Túnez, o pedían rescate por ellos, como le ocurriría a Miguel de Cervantes.

Al igual que hoy, en que su sucesor Abú-Bakr II al Baghdadí, ha gozado del apoyo de EUA en su lucha contra el Gobierno de Bashar el-Assad en Damasco, Solimán I el Magnífico, llamado así por el esplendor de su corte en el Palacio de Topkapi, Estambul, (aunque los musulmanes lo recuerdan como el Legislador, por el impulso que este Califa dio al estudio y desarrollo de la Shari'a) logró el apoyo de Francia por el Rey Francisco I, quien fue el primer gobernante occidental en traicionar el concepto de Cristiandad, para, velando por el interés nacional, aliarse con el Califa en contra de España y el Sacro Imperio Romano-Germánico, entonces encabezados por Carlos V. Solimán no ocultaba su designio de conquistar Roma y destruir el Papado, por lo que invadió las islas de Chipre y Malta como escalones para atacar la península, siendo en la última isla donde sus fuerzas se vieron derrotadas por la naciente superioridad tecnológica del armamento europeo sobre el empleado por los islámicos.


Su hijo, el Califa Selim II, (a la izquierda), continuó con ese plan y preparó una poderosa flota de guerra con la misión de preparar la invasión a Italia, mandada por el almirante egipcio Mohamhed Sirocco y el corsario Uluj Alí, un italiano converso al Islam que fue azote de los europeos; ante el terrible peligro, de una invasión que sorprendiera a una Europa Cristiana dividida en el momento por las luchas por la supremacía entre España y Francia, y las diferencias religiosas entre Católicos y Protestantes, fue el Papa San Pío V, (abajo) quien llamaría a la formación de una alianza a fin de detener la nueva expansión musulmana a la que acudieron los propios Estados Pontificios, España y la República de Venecia, formando la Santa Liga que derrotaría a los musulmanes en Lepanto.

A partir de entonces, los islámicos no volverían a expandirse; perderían el control del Mediterráneo y el asedio a Viena en 1683 terminaría en desastre; la lenta decadencia del Islam, que culminaría con la desintegración del Imperio tras el Tratado de Lausana posterior a la I Guerra Mundial y la deposición del Califa Mohamhed VI en 1924 por Mustafá Kemal Atatürk que proclama la República Turca, mientras los ya reducidos territorios del Imperio se dividían en protectorados y Estados independientes con fronteras dibujadas por los políticos europeos y estadounidenses.

Han pasado quinientos años de que la amenaza Otomana se cerniera sobre Occidente y hoy las cosas aparecen de la misma manera a través del ISIS, que entre Siria e Irak está conformando un nuevo Califato, encabezado por el caudillo Abú-Bakr Al-Bagdadí, y existen numerosos paralelismos: no solo la rápida expansión que están teniendo los dominios del autoproclamado emperador islámico; el apoyo que ha tenido de Occidente, pues ahora aunque Obama finja demencia, es claro que el ISIS surgió con el financiamiento y el apoyo de EUA y de las Monarquías del Golfo Pérsico al pretender evitar el resurgimiento de Irán como potencia regional y dislocar la presencia rusa en el Medio Oriente con la caída de Bashar el-Assad en Siria.

Si en las fuerzas de Selim II y su padre, antes que él, Solimán el Magnífico figuraban antiguos cristianos que habían renegado de su fe y llegado a ocupar hasta altos cargos civiles y militares en el Califato; hoy en día en las filas del ISIS figuran numerosos europeos, australianos y norteamericanos, hombres y mujeres, que se han pasado al Islam radical y parecen también ocupar puestos relevantes entre las tropas de Abú-Bakr II; ¿porqué ocurre esto? Me atrevo a decir que se debe a la más que evidente decadencia en el orden moral y espiritual que se vive en nuestras sociedades: el Islam muestra una permanencia sin cambios desde los orígenes hasta nuestros días y los radicales muestran tal convencimiento por sus ideales que son capaces de matar y de morir por ellos; por el contrario, en Occidente presenciamos el triste espectáculo de una Iglesia Católica mundanizada bajo Bergoglio, condescendiente y que prefiere mimetizarse con el mundo moderno y aceptar cobardemente los errores, o Iglesias y Sectas Protestantes convertidas en mero negocio o formalidades.

Una Europa sumida en el desarraigo, con una fuerte migración islámica y ante la cual las autoridades no han encontrado forma de integrar a la cultura propia, sino han tolerado su modo de vida y hasta sus ordenamientos jurídicos propios, como la Shari'a constituyendo verdaderos Estados dentro de los Estados, es caldo de cultivo para estas conversiones y para el crecimiento de los radicalismos entre los nuevos musulmanes.

Hoy en día, no es posible esperar del Papado la convocatoria a la lucha contra este peligro islamista, menos cuando el discurso de la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II ha sido el del ecumenismo relativista por el cual todas las religiones se equiparan al Cristianismo; una Iglesia así, queda desarmada para exigir respeto y salir a la defensa de sus fieles perseguidos y masacrados por las fuerzas del nuevo Califa; por el contrario, se maneja un discurso apaciguador y tolerante, remarcando que solo son unos cuantos musulmanes los que han aceptado el programa imperial de Al-Baghdadí, pese a que el Islam, en sí mismo es una ideología expansionista, militarista e imperial contra la cual los Pontífices romanos se han pronunciado desde su aparición.

Ahora, la coalición en contra del peligro islamista se espera que sea encabezada por EUA, pese a que este país, movido por el interés nacional, haya apoyado inicialmente al ISIS en contra del Gobierno de Siria, ahora se espera que acuda a deshacer el entuerto que él mismo provocó; sin embargo, la estrategia empleada hasta ahora no parece ser muy efectiva: las fuerzas del Estado Islámico no parecen haber perdido mucho de su combatividad, y continúan asediando ciudades y ejecutando a sus opositores, los bombardeos lucen dispersos y no han golpeado en lugares clave, (algunos señalan que, pese a los maquillados resultados económicos de lo que va del año, en realidad EUA está pasando por una muy mala situación económica que se está viendo reflejado en un débil esfuerzo militar para combatir al ISIS y en haber aceptado, prácticamente, que las provincias del este de Ucrania obtuviesen una autonomía que en sí misma es el primer paso para que Kiev se pliegue a los intereses de Moscú y acepte el paso de dichas regiones a Rusia, todo por falta de dinero con qué apoyar las operaciones bélicas ordenadas por el Gobierno de Poroshenko y el rescate de la destrozada economía kievana) el peso de la contienda en realidad lo están llevando los valientes Kurdos y sus peshmerga o guerrillas, y son quienes han logrado derrotar a los combatientes del Califa, ¿pero por cuánto tiempo lo lograrán hacer hasta que el desgaste haga mella en ellos? Aparte, el súbito empoderamiento de los Kurdos llevará a un nuevo conflicto: los Kurdos, desde la caída del Califato Otomano, precisamente, han pugnado por su independencia y la construcción de un Kurdistán soberano escindido de Irak, Turquía, Siria e Irán, el Gobierno de Ankara, presidido por Reccep Tayyip Erdogan no ve con buenos ojos el que EUA se apoye en los Kurdos para su lucha contra el pretendiente al trono imperial islámico, pues teme que ante una eventual derrota de éste, los Kurdos busquen su independencia y Turquía pierda sus territorios al sureste, que pasarían a formar parte de un nuevo Estado.

Jugar con la lealtad de un miembro de la OTAN generándole un problema interno no es poca cosa, más cuando es gobernado también por un movimiento islamista, por muy "moderado" que se pretenda verlo, no hay que olvidar que la Turquía de Erdogán, que se encuentra en un proceso de retorno a sus raíces islámicas tras la pantomima del secularismo y la europización de los regímenes Kemalistas sostenidos por el ejército, apoyó también a los fundamentalistas en Siria.

El pronóstico es reservado, el ISIS puede ser derrotado como puede conocer un mayor fortalecimiento y continuar con su serie de conquistas; de ocurrir esto, habremos de prepararnos, sin duda, para el regreso de los Imperios.

(Por cierto, vean los retratos que he colgado aquí: mientras tanto Selim II como Abú-Bakr II muestran miradas llenas de determinación y firmeza, el contraste entre un San Pío V, un anciano jovial con una mirada llena de fe y un Jorge Mario Bergoglio con una expresión propia de un loco son todo un diagnóstico sobre la situación actual).
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2.- Ebola:


El virus del Ébola ya es un viejo conocido; desde los años 90 en medio de las guerras civiles africanas de aquella década se hablaba de la letalidad de este virus y la peligrosa posibilidad de que el mismo saliera más allá del oscuro rincón de Africa central donde es endémico para trascender fronteras y convertirse en una epidemia global.

Hoy en día, por efecto de la Globalización esto parece estarse produciendo, quizá también se le está exagerando un tanto, a fin de mantener al personal distraído y amedrentado, y pujante el negocio de farmacéuticas y de desvío de fondos a supuestos programas de prevención y salud, aún así, tampoco es para estar tan tranquilos, a pesar de nuestros avances en sanidad, en tecnología, higiene y medicina, las epidemias son tan posibles hoy como en la Atenas de Pericles o la Europa del siglo XIV, después de todo los microorganismos, y en especial los enigmáticos virus se encuentran en perpetua evolución y son muy susceptibles de sufrir mutaciones que incrementen su capacidad infecciosa y su morbilidad, mientras que los avances para eliminar a unos seres que ni siquiera son "vivos" en el pleno sentido de la palabra: los virus no respiran, no comen ni se reproducen por sí mismos, son una especie de USB biológico que invade células del huésped a las que obligan a clonarlos tanto en su material genético como en sus cubiertas de proteínas y lípidos, están en pañales y solo se puede apostar a la prevención o al sistema inmunológico de cada individuo.

Ante todo esto, no puede uno más que rezar, pareciera que se van a desatar una serie de plagas apocalípticas, quizá por que hemos hecho todo para merecerlas.

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