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3 de junio de 2014

LA ABDICACION DE JUAN CARLOS I Y LA CRISIS EUROPEA


Lo dicho: vivimos tiempos interesantes. El día de hoy, sin que nadie se lo esperara, se anunció la abdicación del Rey de España Juan Carlos I de Borbón. El hecho ha cimbrado como un verdadero terremoto a la ya de por sí convulsa Madre Patria, en lo que parece ser el punto culminante de una severa crisis política y económica que recuerda mucho a lo ocurrido en los años treinta, cuando el sistema de la Restauración Borbónica colapsó y llevó a la Segunda República que fue derivando en un régimen cada vez más dominado por facciones Comunistas o Anarquistas y que llegó a ser terriblemente caótico, para el que sólo hubo como solución la Guerra Civil y la posterior Dictadura del Generalísimo Franco.

Tras este régimen hubo de nuevo una restauración de los Borbón en el trono de San Fernando, planteada por el Caudillo español desde 1969 en que Juan Carlos, titulado Príncipe de España, era nombrado sucesor al frente del Estado; muchos cuestionarían esa decisión: Franco bien pudo optar por un proyecto republicano hasta cierto punto, --después de todo, su alzamiento se hizo a nombre de las instituciones y el orden de la República Española trastornado por las ambiciones del Frente Popular y los intereses rusos detrás de ellos-- o bien pudo haber optado por la restauración de la Monarquía a favor de la rama Carlista de la Casa de Borbón con la que incluso, él había emparentado; no lo hizo así, sino que eligió como sucesor al hijo de su enemigo político declarado: el Conde de Barcelona Don Juan de Borbón; años más tarde, el asesinato del Almirante Carrero Blanco eliminaba cualquier posibilidad de instaurar un gobierno no monárquico posterior a la muerte del militar gallego.

Quizá el mayor error de Franco fue haber instaurado un régimen tremendamente ligado a su personalidad y no haber construido un sistema de instituciones permanentes que le hubiesen sucedido; por el contrario, Juan Carlos I repetiría el error: verdadero arquitecto de la "Trancisión Democrática" en los años posteriores a la muerte del Caudillo e impulsor de la Constitución de 1978, se ha dicho que el régimen así construido no fue ni una Monarquía ni una Democracia, sino el "Juancarlismo", mismo que fue demolido por él mismo y su familia, algo que no es extraño entre los Borbón: al igual que sus parientes franceses en 1789, la corrupción de la familia le hizo perder el favor del pueblo, al igual que en 1808 las desavenencias entre Carlos IV y el príncipe Fernando y la corrupción y venalidad de su Jefe de Gobierno: Manuel Godoy, las hoy divisiones entre los hijos del soberano y las corruptelas de los dos grandes partidos que crecieron bajo su égida: el PSOE y el PP, están llevando al sistema a un punto de colapso que está siendo aprovechado por los radicales de la Extrema Izquierda, como Izquierda Unida y ahora "Podemos", para presionar al sistema y buscar la proclamación de una Tercera República, que creo, sería una pesadilla violenta como lo fue en las dos veces anteriores.

España, junto con Inglaterra conforman a las dos grandes monarquías europeas que quedan: en el caso de Bélgica, la reciente abdicación de Alberto II también fue producto de una crisis política que el monarca destrabó, provocada por los regionalismos Valón y Flamenco; la abdicación, por su parte, de Beatriz de Holanda, obedeció a una práctica ya seguida por sus antecesoras como vía de renovar el poder sin llegar a la senilidad; como sea, ni Holanda ni Bélgica tienen el peso específico dentro de Europa que tienen la Gran Bretaña o España, ni siquiera lo tienen las monarquías escandinavas, cuyos países se mantienen en una especie de aislamiento respecto al continente y a las políticas o decisiones tomadas en Bruselas --en el caso de Noruega, el país no es miembro de la Unión Europea, y Dinamarca y Suecia aunque miembros del bloque se mantienen fuera del Euro-- lo cual no ocurre en el caso británico o ibérico, quienes también tienen peso dentro de la alianza militar occidental: la OTAN, incluso por razones históricas, ambos países se encuentran por encima del resto: España fue la primer superpotencia de la Historia y la primera gran potencia occidental, extendiendo su hegemonía de 1492 hasta mediados del siglo XVII y aún así se mantuvo como competidora por la cúspide hasta 1808 y la invasión napoleónica, acontecimiento que señaló tanto su decadencia definitiva como el inicio de las convulsiones que llegan hasta hoy, mientras que la gran Bretaña se convirtió en la potencia hegemónica durante todo el siglo XIX y la primera mitad del XX, hasta que, vapuleada severamente por las dos guerras mundiales, hubo de ceder su sitial a su antigua colonia EUA.

España necesita la monarquía como garantía de unidad nacional: formada por la unión de las distintas pequeñas monarquías medievales que resultaron de la destrucción del reino de los Visigodos  por el Islam, su constitución fue una especie de federación de esos reinos autónomos en torno a la figura del Rey, como sucedió desde los Reyes Católicos y más con Carlos I (V de Alemania), su conformación como un Estado centralizado, en torno al monarca, igualmente, se dio por los Borbón y más tras los Decretos de Nueva Planta de Felipe V y Fernando VI, quienes trataron de convertir a España en un clon de su natal Francia, sembrando en mucho el germen de los regionalismos actuales que, sin el Rey como elemento unificador, pueden hacer saltar en pedazos todo el edificio.

De hecho, los intentos republicanos españoles fracasaron al faltar el poder moderador del Rey y no haber un ejercicio de arbitraje entre las fuerzas políticas, lo cual había garantizado antes el éxito del sistema de la Restauración vigente entre 1874 y 1931: tener un Jefe de Estado electo, surgido de entre los partidos políticos sirvió de acicate a los extremismos y a las diferencias radicales entre estos, generando o ahondando las divisiones sociales. Por ello, y ante la falta de la creación de grupos políticos conservadores fuertes --dado que el Partido Popular es más una fuerza liberal que conservadora, y la Falange Española está reducida a una expresión muy marginal, lo mismo que el Carlismo, ambos neutralizados por el propio Franco, quien así buscó la benevolencia de los Aliados tras la derrota de Hitler y Mussolini, quienes habían sido sus apoyos durante la Guerra Civil-- se tiene el ambiente perfecto para que la Izquierda radical que tras las elecciones europeas aparece como una fuerza repentinamente poderosa, no dude en desestabilizar y derribar al naciente reinado de Felipe VI.

Juan Carlos I cometió diversos errores: el principal, haber dudado al principio tras la muerte de Francisco Franco, y haber desmantelado todo el andamiaje creado por el Caudillo que había asegurado la estabilidad del país desde el fin de la Guerra Civil, por el contrario, buscando congraciarse con EUA y el resto de Europa y legitimar su propia corona, emanada de la Dictadura y que por tanto, podía ser tildada de hechura del Franquismo, apostó por la adopción de un sistema democrático de partidos y se embarcó en el proyecto de la Unión Europea que al final terminó por ser una pesadilla para el país y para los españoles promedio, que han caído víctimas de la crisis económica perdiendo empleos, ingresos, nivel de vida y hasta la esperanza. En el camino, hizo que España traicionara su identidad, sus ideales como Nación católica y como generadora de una de las culturas más vibrantes del Viejo Continente para subirse al Progresismo más materialista y hedonista, libertino y homicida y a la cultura más chatarra producida por la Globalización.

Juan Carlos siempre buscó ganarse una legitimidad de la que siempre dudó por considerar que la figura de Franco, de quien había derivado su corona, no era aceptable para los cánones democráticos: por ello buscó ser un personaje popular, y no es de extrañarse que incluso aquel intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 aparezca, tras revisar las evidencias históricas, como una hechura del propio monarca para aparecer, ante españoles y extranjeros, como un adalid de la Democracia y un defensor del orden constitucional que él mismo había instaurado tres años antes. Así, Juan Carlos I a quien quizá la Historia en el futuro asigne el mote de el Ambiguo, sustentó su reinado en su aceptación popular, en aparecer como un monarca liberal que aceptaba todo aquello que en apariencia significaba romper con Franco y con las ataduras nacional católicas para una generación ávida de los placeres y lujos que gozaban norteamericanos o alemanes; sin importar que esto llevaría a la radicalización y al cuestionamiento del origen de su trono, cosa que había intentado evitar, aceptó y hasta demonizó a la figura de Franco y su régimen en el cine, los libros y la TV, buscando quedar bien con los países Hispanoamericanos se tragó entera la "Leyenda Negra" y la difundió entre los Españoles que ahora viven pidiendo perdón por un glorioso pasado al que se les ha enseñado a denostar y odiar.

Pero Juan Carlos, un Rey Borbón que en las ironías de la Historia quiso aparecer como el primer demócrata de su país, cuando su apellido es en realidad sinónimo del Absolutismo Monárquico representado por su antepasado Luis XIV el Rey Sol, olvidó que las masas son traicioneras y que deben ser siempre complacidas para obtener su favor; esas masas no le han perdonado que en medio de un punto álgido de la crisis económica él se marchara a Africa a un safari a cazar elefantes en compañía de su amante, ni le han perdonado la corrupción de su yerno Iñaki Urdangarín y los negocios sucios de su hija la Infanta Cristina. El mismo, que no pudo poner orden en su casa, probablemente será la causa de la monarquía hispana... ¿y después? otra vez el diluvio.

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Felipe VI: Dudas y esperanzas


En cuanto al heredero, pronto a ser entronizado como Felipe VI, existen muchas dudas: retratado como un sibarita sin oficio ni beneficio, dominado por una mujer ambiciosa como Letizia Ortiz Rocasolano, venida de una familia de raigambre antimonárquica, y que vería en su coronación como reina consorte de España la culminación de sus sueños de ascenso social, tiene sin embargo un currículum de estudios que le hacen ver como el príncipe mejor preparado para ejercer el mandato de Jefe de Estado de una Nación europea; al contrario del Príncipe Carlos de Gales que constantemente exhibe frivolidad y una enorme ignorancia sobre el difícil entorno que tiene Inglaterra, Felipe se ha caracterizado por su prudencia y mesura en los actos públicos y en sus declaraciones.

Creo que debemos darle el beneficio de la duda; quien quite y nos sorprenda y resulte ser alguien capaz de tomar las riendas del Estado y sujetarlas con firmeza para evitar su disgregación. No sería la primera vez que alguien en apariencia débil resulta ser todo lo contrario; ya desde la época clásica ocurrió esto con el mismo Julio César que en su juventud era considerado un libertino y hasta afeminado, o con el Emperador Claudio I, quien de ser el tartamudo apocado de la casa imperial terminó hasta divinizado por sus logros de gobierno... y eso que también estuvo casado con mujeres problemáticas como Messalina y Agripina.

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¿Está en ciernes una gran crisis europea?

Imaginemos el siguiente escenario: Tras la jura del Rey Felipe VI, los grupos radicales de Izquierda, los Indignados y demás dirigen una huelga general, manifestaciones y motines en contra de la Monarquía, provocando su derribo, aprovechando esto, los nacionalistas catalanes y vascos proclaman la independencia mientras se dan verdaderas escenas de una nueva Guerra Civil entre Republicanos y Monárquicos, al final, toma el poder un grupo que establece un régimen similar al Chavista en Madrid, entre tanto, llega septiembre y en el referéndum celebrado al efecto, Escocia vota también por separarse del Reino Unido.

Estos ejemplos son aprovechados por otras regiones como la Lombardía y Venecia en Italia y se da un rediseño de las fronteras europeas mientras se dan violentos enfrentamientos entre facciones por todo el continente, la salida de las regiones separatistas de países comunitarios provocan el quiebre de la Unión Europea y de la OTAN, y los nuevos países son financiados por capitales rusos, chinos, emiratíes, qataríes y sauditas; incluso, Escocia firma un acuerdo con Moscú para el establecimiento de bases de reaprovisionamiento naval en su territorio. La pérdida de Escocia, por su parte, lleva a la caída de la monarquía británica y su sustitución por una República conservadora liderada por el UKIP, mientras en Francia, el Frente Nacional toma el poder y llama a elaborar una nueva constitución para una Sexta República.

La OTAN se derrumba, lo mismo que la Unión Europea. Los grupos radicales y separatistas han recibido apoyo de Rusia y otras potencias emergentes y Estados Unidos ha perdido a sus aliados más importantes, mientras la economía global ha sido golpeada por la desaparición del Euro y el fortalecimiento repentino del Yuan chino y el Rublo ruso.

Espero no estar siendo profeta de lo que veremos en los próximos meses...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas tardes desde España. Decirle ante todo que sus crónicas y análisis sobre política internacional y otros temas son muy interesantes y de una profundidad difíciles de ver por la Red. Muy buen análisis de la situación española, que, como dice más adelante, es extrapolable al resto del continente europeo. Sin embargo, a pesar del auge de la extrema izquierda en las europeas, de todas las algaradas republicanas y de los separatismos de Cataluña y del País Vasco, la inmensa mayoría de la población española no está por alimentar extremismos y tiene bastante buena opinión del futuro Felipe VI (no tanto de su esposa, a la que se ve como antipática, fría y dominante). Es más, después de las elecciones europeas (en las que hubo más del cincuenta por ciento de abstención, no olvidemos ese dato) se escucha decir, en gente que no es nada sospechosa de ser conservadora, que votarían, si se convocaran ahora las elecciones generales, al Partido Popular,a pesar de los errores y corruptelas de éste, para evitar una peligrosa subida de la extrema izquierda, ya que el Partido Socialista se ha radicalizado y está inmerso en un proceso que le puede llevar a su descomposición. Por otro lado, la economía, aunque débilmente, está remontando poco a poco y los últimos datos del paro son esperanzadores. Por lo que respecta a los nacionalismos, la gente del resto de España está muy cansada de los mismos, y son cada vez más las voces que proclaman que se vayan ya de una vez. Una prueba de ello es el boicot que empieza a haber en España a productos catalanes y vascos y a servicios de empresas radicadas en esos territorios, ya que no hay que olvidar que más del setenta por ciento de los que producen y generan esas regiones se vende en el resto del país, con lo cual, la salida de dichos territorios de la Unión Europea sería una auténtica hecatombe para esas dos regiones, un auténtico suicidio en la situación actual. Un saludo y gracias.

Ernesto Romo Pérez dijo...

Me gustaria mucho que publicara algo acerca del EZLN. Muchas gracias.