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17 de octubre de 2013

ESCENAS DE LA MEDIOCRIDAD MEXICANA


1.- La Destrucción del Caballito:

La estatua ecuestre del Rey Carlos IV de España, popularmente conocida como El Caballito, es considerada una de las obras cumbre de la escultura a nivel mundial, para muchos expertos, solo es superada por la antigua estatua ecuestre de Marco Aurelio, el emperador romano, que puede verse en la Plaza del Capitolio en la capital italiana; obra del arquitecto y escultor español --valenciano, a mayor precisión-- Don Manuel Tolsá, fue erigida por el entonces Virrey Marqués de Branciforte, uno de los peores gobernantes que tuvo la Nueva España y México desde 1521, a fin de congraciarse con el monarca, uno, también, de los peores gobernantes que ha tenido España en su Historia, pero al que en la estatua se representa glorioso, vestido como un emperador romano y sobre un poderoso caballo, un corcel llamado Tambor y que era propiedad de un hacendado de las cercanías de la Ciudad de México.
Cuenta el anecdotario que el día de su inauguración en 1803, todos quedaron sorprendidos por la perfección de la estatua, hasta que la después famosa mecenas de la Independencia, la Güera Rodríguez, hizo una observación sobre un defecto de la escultura: Tolsá, hombre que pecaba de escrupuloso, no le había puesto al caballo sus órganos genitales, Tambor, que era todo un semental y un vigoroso ejemplar de los caballos de batalla europeos, aparecía retratado como un ser asexuado por el exceso de pudor del, por otro lado, genial artista, probablemente el más grande que pisó tierras americanas en la época virreinal y que dejó a México lleno de su obra. Tolsá se vio obligado a corregir el error y le agregó los órganos faltantes.
Tras la consumación de la Independencia en 1821, la Historia de esta estatua ha sido jalonada por la estúpida politización de la vida nacional que ha continuado hasta nuestros días; originalmente situada en el centro de la Plaza de Armas (mal llamada "Zócalo") de la capital mexicana, el Gobierno imperial de Iturbide la mandó tapar con una lona azul, posteriormente, el del primer Presidente, Guadalupe Victoria, planteó su destrucción por ser un resabio de la monarquía hispánica, pero el líder Conservador, Don Lucas Alamán, consiguió su salvación y traslado al patio del edificio de la Universidad Pontificia de México, (hoy desaparecido) alegando las innegables cualidades artísticas del bronce, donde permaneció hasta 1852, después, pasó a la Avenida Bucareli en su cruce con el Paseo de la Reforma, tras la construcción de esta última vialidad bajo el reinado de Maximiliano de Habsburgo (llamada entonces "Paseo de la Emperatriz"), y ahí estuvo hasta 1979 en que se le trasladó frente al Palacio de Minería, otra de las grandes obras de Tolsá, en la Plaza que lleva el nombre del genio ibérico.
México debería tener orgullo de contar con una de las piezas escultóricas más destacadas del mundo, y debería hacer lo máximo por protegerla, mas esto, desgraciadamente, no ha sido así. En días pasados, el Caballito ha sido irremediablemente dañado, y para siempre, gracias a la enorme corrupción del Gobierno de la Ciudad de México que encabeza Miguel Angel Mancera y su Fideicomiso para el Centro Histórico, que realizó una ilegal contratación de una empresa para realizar la restauración del mantenimiento de la estatua, sin la supervisión del Instituto Nacional de Antropología e Historia, instancia dedicada al cuidado del patrimonio artístico e histórico del país y que es, vale decirlo, una de las instituciones de mayor calidad científica y técnica en materia de Arqueología, Historia y mantenimiento a monumentos antiguos, no en balde, la foto que con la que se abre esta entrada, una broma de un amigo que la publicó en su muro de Facebook y de donde la tomé prestada, es algo comparable a la famosa y horrenda restauración hecha por una anciana española a una pintura del Ecce Homo de su parroquia hace dos años.

Así, la estatua sufrió fracturas por los torpes operarios encargados de la restauración, y lo que es peor: corrosiones por el ácido nítrico con la que se le pretendió dar limpieza, basta ver las imágenes para comprobarlo:


Y es que casi casi eso pasa con la estatua, que quedará ahora no como un recuerdo del Imperio Español, o el inmerecido homenaje a un Rey mediocre, o como lo que debería ser: una obra escultórica brillante, sino como un recuerdo del desprecio por nuestra Historia, del negocio, de la corrupción y el influyentismo, todo un monumento a la decadencia del otrora opulento Virreinato de la Nueva España convertido en los Estados Unidos Mexicanos, un país "independiente", esquilmado y destruido por sus propios gobernantes y sus propios hijos, que prefieren llevar una vida mediocre peleando constantemente entre sí a buscar unirse para progresar y han destruido el legado que le dejaron sus antepasados, todo a cambio de dinero; en vez del arte y de la cultura, el mexicano se contenta con las migajas que la farándula le ofrece, veámoslo:

2.- El cine, la gran distancia entre Derbez y Cuarón

Los medios andan cacareando que este ha sido un año magnífico para el cine mexicano, y como ejemplo, dan los éxitos taquilleros locales de la película dirigida y actuada por Eugenio Derbez: No se Aceptan Devoluciones, o la ópera prima de Gary Alazraki: Nosotros los Nobles, así como el éxito internacional de los directores mexicanos Guillermo del Toro con Pacific Rim y de Alfonso Cuarón con la aclamada Gravity.

Sin embargo, esto no es del todo aplaudible ni es muestra de una renovada salud de nuestra otrora gloriosa industria fílmica; antes bien, es representativa de la crisis de la misma y de que el talento verdadero migra, mientras que en México, el cine, como ha sido desde la década de los 70 sigue dominado por los intereses y todos los derivados de Televisa.

Así, creo que nadie está siendo más sobrevaluado que el hijo de Silvia Derbez, gran acrtriz de la época de oro de nuestro cine (1936-1969) quien, como muchos "hijos de" se unió a las filas de la televisora de Avenida Chapultepec en el DF como comediante en el grupo de actores de Anabel Ferreira, actriz que en los 80 se encontrara en la cima del éxito y que seguía una entonces exitosa, y bastante interesante fórmula de comedia basada en el humor blanco, la sátira de situaciones cotidianas y la parodia de obras literarias clásicas, algo que iniciara Roberto Gómez Bolaños Chespirito y ahora nadie hace, a mediados de los 90, Derbez inició su carrera en solitario aprovechando el apellido materno y desde entonces, aunque a mucha gente le parece ingenioso, no ha dejado de demostrar sus evidentes limitaciones de talento que le llevan a explotar lo vulgar, lo zafio, lo grosero y la violencia verbal como formas de humor, para un público que igualmente cada vez es más inculto y tiene peor gusto.

 
Basta ver su serial cómico La Familia Peluche para comprobarlo: el insulto y la violencia entre cónyuges o entre padres e hijos es su forma de generar risas, no se si proyecte su libertina vida personal o lo que vivió en casa de sus padres, pero no se me hace un humor sano, el caso es que ya ha intentado su internacionalización y participar en proyectos en Estados Unidos que, ante un público más exigente, han terminado en fracaso: primero una serie de TV con el vulgar cómico gringo Rob Scheider, que fracasó y fue cancelada en la primera temporada, y después una película con Adam Sandler, a quien, al parecer, el mexicano pretende emular en mucho, y que incluso ganó el premio razzie el año pasado como el peor filme del año. Hay que destacar sin embargo, su actuación rescatable, hasta ahí, en el filme dramático La Misma Luna, de hace unos años acerca de la migración a EUA.
 
Pero ahora, apoyado en una poderosa campaña de mercadotecnia, pretende convencernos de que su película No se Aceptan Devoluciones es una joya del cine mundial, y manifiesta número millonarios de recaudación en taquilla incluso en EUA, sin embargo, es una cinta que no posee un argumento original, es la misma historia de siempre del libertino que por x o y circunstancias debe hacerse cargo de un niño/a y adornado con situaciones cómicas o dramáticas, algo visto desde la época de Chaplin con The Kid, y más parecido por su mediocridad, a lo hecho por Adam Sandler o Hugh Grant en tiempos recientes que han hecho películas con el mismo argumento trillado y apelando, como siempre al sentimentalismo de la audiencia.
 
En cuanto a Nosotros los Nobles, filme del hijo del brillante publicista y polemista Carlos Alazraki y sobrino de la periodista conversa al catolicismo Valentina Alazraki (seguimos con el "juniorismo" o nepotismo tan mexicano que abre tantas puertas) si bien es una película mejor lograda, no deja de ser un remake o refrito de lo hecho por un genio del cine mundial como Luis Buñuel en su comedia el Gran Calavera, en la década de los 40, ciertamente, tiene el tino de adaptar el argumento del empresario millonario que finge la ruina para que sus hijos se enseñen a trabajar a la época actual y hacer un retrato bastante lúcido de la ridiculez de modas actuales como los mirreyes o metrosexuales y los hipsters, tiene en contra el ser una simple copia y un vano intento por emular a un realizador gigante como fue el español, sin tener la fina crítica social ni la factura cuidada de las obras de Buñuel. En pocas palabras, aunque es una película entretenida, no es más que para pasar el rato y es un cascarón vacío.
 
Ambos casos muestran la falta de creatividad y las limitantes del cine mexicano, producido y filmado por los herederos de Televisa, mientras que Cuarón y del Toro, liberados de las ataduras monopólicas mexicanas: no solamente la televisora, sino también los grupos de actores que han hecho del cine su coto personal (los Bichir, Susana Zavaleta, Martha Higareda, Diego Luna, Gael García y demás) y de las ideologías, que incluso persiguieron a Del Toro a  España, como es visible en El Espinazo del Diablo y El Laberinto del Fauno, películas impecables del tapatío, pero en las que, a fin de obtener fondos del Gobierno zapaterista español, se retrató con los mismos clichés de siempre a la Guerra Civil Española: los Republicanos comunistas buenos y los Franquistas católicos malvados.
 
Hoy sin embargo, ya sin esas ataduras y en la mayor libertad creativa que ambos realizadores  han encontrado en Hollywood, se están dedicando a hacer cine, sin etiquetas ni compromisos, solo cine, con filmes que generan en el espectador interés y gusto. La mala noticia es que, a pesar de que los dos directores son mexicanos, se trata de producciones 100% norteamericanas.
 
3.- La Selección Mexicana de Fútbol:
 
 
El fracaso de la selección mexicana de fútbol, casi eliminada del próximo campeonato mundial a celebrarse en Brasil, y que queda sujeto al repechaje a celebrarse en un partido contra Nueva Zelanda, gracias a una combinación de resultados con EUA, es para cancelar tanta fascinación que ejerce el balompié en nuestro país, fascinación que fue fomentada por las televisoras desde los años 60, porque antes el universo deportivo mexicano era mucho más amplio: el box, la lucha libre, el jai-alai y el frontón, el tenis, el automovilismo, y el béisbol y el básquetbol se practicaban a un muy alto nivel profesional.
 
Hoy, el fútbol está dominado por ambas televisoras: Televisa y TV Azteca, además de las cerveceras y millonarios locos como Jorge Vergara que no saben nada del deporte profesional, a diferencia de los clubes deportivos norteamericanos en la NFL o el Béisbol de las Grandes Ligas o los grandes clubes europeos de fútbol. Igualmente han hecho pasto del fútbol nacional la mafia de promotores, entrenadores y jugadores sudamericanos de dudosa calidad que han encontrado en México un ambiente propicio para medrar, como los insectos en los cadáveres.
 
Talento lo hay, y así se ha demostrado en los campeonatos mundiales sub-17 y en los recientes Juegos Olímpicos y Panamericanos, el problema está que cuando estos jóvenes pasan de fuerzas básicas a los primeros equipos entran en un ambiente de corrupción y de indisciplina que convierte a posibles "cracks" como Marco Fabián en divas alcohólicas, o a prospectos de estrellas internacionales como Javier "Chicharito" Hernández en meras estrellas de comerciales televisivos soberbios y vacíos.
 
La verdad, creo que nada sería mejor como la eliminación, para que el público mexicano abra los ojos al fin y vacíe los estadios obligando a directivos a hacer un cambio verdadero en el deporte más popular en el país, y también a fomentar otros deportes en los que México puede tener grandes logros, como lo han demostrado los niños indígenas Triquis de Oaxaca que acaban de vencer en un torneo de básquetbol en Argentina jugando hasta descalzos, eso demuestra el enorme potencial que tenemos como nación para incluso vencer superando dificultades en apariencia imposibles, pero también, desgraciadamente, se demuestran nuestros enormes vicios que todo lo corrompen, y desgraciadamente, nuestra falta de voluntad para romper con ellos.
 

 
 


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