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12 de noviembre de 2012

CHINA RENUEVA SU DIRIGENCIA


Mientras en nuestro mundo occidental y democrático hemos tenido un año electoral bastante agitado que concluyó con la reelección de Obama que hemos comentado en los artículos anteriores, en China también se ha iniciado el proceso para el cambio de titulares de los poderes constitucionales que rigen a la poderosa cuna de la civilización asiática.

El sistema político actualmente seguido en China seguramente haría las delicias de Aristóteles o Platón si lo pudieran contemplar, ya que estamos ante uno decididamente Aristocrático y que, contra la opinión oficialmente aceptada, tiene mucho en común con el régimen imperial mantenido en el país desde el 221 a.C: en que Quin Sing Huang Di, rey de Quin culminó la conquista de los otros pequeños reinos combatientes y arrebatándoles el título simbólico y religioso a los Zhou de "Monarcas de Todo Bajo el Cielo", fundó el Estado Unificado --y la Nación-- que conocemos como China, hasta la caída de su último sucesor: Aisingoro Puyi, quien fue también último representante de la Dinastía Manchuriana que dirigió los destinos del país desde el siglo XVII  hasta 1912. Es más, podríamos decir que China no abandonaría el estilo decididamente monárquico de gobierno sino hasta la muerte de Deng Xiao Ping en 1996, a partir de entonces, el sistema ha tomado un cariz mucho más institucional y colegiado, con órganos regulados por un sistema jurídico-constitucional diseñado como máquina de relojería para la toma de decisiones y aplicación de las mismas, en vez del peso de una gran personalidad o caudillo nacional como lo fueron en su momento Chiang Kai Shek, antes de la toma del poder por los "Comunistas" y a partir de 1949 y hasta su muerte, Mao Tse Tung y después de él, el reformista Deng. Después de éste, el régimen se ha venido a convertir en uno ejercido por una especie de nobleza formada por funcionarios profesionales, casta existente en China desde el inicio de los tiempos, desde antes de la unificación: los mandarines, llamados así porque en tiempos imperiales lucían como uniformes unos kimonos del color del cítrico.

Igulamente, y siendo un sistema basado originalmente en el modelo soviético instaurado en Rusia en 1917 y hasta 1991, los dos grandes caudillos comunistas habían encontrado la base de su poder en ser los líderes o Presidentes Nacionales del Partido Comunista, (partido que, contra la creencia extendida, no es el único en China, sino hegemónico, pues existen otros cuatro institutos políticos minoritarios, que tienen millones de militantes, que, por supuesto, palidecen ante los 86 millones de miembros afiliados al partido en el poder, lo que le hace ser el más grande del mundo; esos otros cuatro partidos contienden en las elecciones directas que se dan en el ámbito municipal y tienen representantes en el parlamento, en 1949, hartos de la corrupta dictadura Nacionalista de Chiang y de la persecución que éste les hacía, se aliaron a los Comunistas y colaboraron para aupar a Mao al poder, haciendo un pacto de ser, no una oposición, sino colaborar en un proyecto de construcción nacional.) Tanto Mao como Deng fueron Presidentes Nacionales del Partido, (algo que quedaba claro en inglés, donde a Mao se le denominaba Chairman y no President, la primera palabra se usa para directivos ejecutivos de entidades no estatales) y no desempeñaban cargo alguno en el Estado, como ocurría en el sistema ruso, donde la máxima autoridad era el líder del Partido y no el Jefe del Estado, mismo que quedaba en una posición simbólica y meramente protocolaria.

Tras la muerte de Deng, sin embargo, en China se diferenciaron claramente las estructuras del Gobierno Nacional del organigrama del Partido, y éste quedó diferenciado del Gobierno,el partido sería la forma para llegar al gobierno e integrar el partido; así, los líderes del partido posteriores a Deng: Jiang Zemin y Hu Jintao, han sido primero líderes del partido y después, ungidos con la Presidencia de la República, pero el poder no les viene de su dirección del instituto político, sino de ser los titulares de la Jefatura del Estado del Celeste Imperio.

Igualmente, es el Partido el que determina quiénes de sus militantes ocuparán los cargos más importantes del Gobierno, como la Comisión Central de Defensa, máximo órgano militar del país encargado de planear y ejecutar la política de defensa de la Nación, y quiénes asumirán los ministerios que conforman el Gabinete que es encabezado por el Primer Ministro; ni Jiang, ni Hu han sido hombres especialmente carismáticos o enérgicos, como Presidentes han sido más que nada portavoces y ejecutores de las determinaciones que el Ejecutivo, concebido ante todo como un órgano colegiado, asume.


La actual dirigencia china está compuesta fundamentalmente por Ingenieros y Economistas, siendo notoria la ausencia de Abogados en los altos puestos, muchos de ellos con estudios de postgrado en universidades norteamericanas y europeas, como es el caso del todavía Presidente Hu, (arriba) quien salió de las fijas de las Juventudes Comunistas, Ingeniero Eléctrico, empezó su carrera en el servicio público dentro del equipo de mantenimiento de una hidroeléctrica, posteriormente, fue ascendiendo en diversos cargos, incluso la difícil posición de Gobernador de la Provincia del Tibet, y llegó a ser designado, primero por el Congreso del Partido como Secretario General en 2002, y Presidente de la República por el Parlamento en el año 2003.

El prácticamente ya nuevo mandatario será Xi Jinping, actual Vicepresidente en la administración de Hu, quien acaba de ser designado Secretario General del Partido Comunista, y por tanto, con toda seguridad, el próximo año, la nueva Legislatura del Parlamento Chino le designará Presidente de la República, y que pertenece, no precisamente a la clase de funcionarios profesionales a la que pertenece el mandatario saliente, de origen humilde pero que a base de méritos y ascensos escalafonarios llegó hasta arriba, sino que pertenece a la élite de las élites, la llamada "Casta de los Príncipes", esto es un grupo de hijos o nietos de los caudillos revolucionarios que llevaron al triunfo a la causa comunista en 1949.


Xi Jinping (arriba) es hijo de Xi Zhongxun, (en chino, el apellido va primero y el nombre propio después) un líder guerrillero que colaboró, en el norte de China, a la derrota de los Nacionalistas en la fase final de la Revolución, esto le llevó al padre a ocupar diversos cargos públicos (como decimos en México, le hizo justicia la Revolución) y asegurar a su hijo un futuro brillante, sobre todo, la mejor educación, porque, no se piense aquí que esto le aseguró una vida de privilegios, si así fuera, el nieto de Mao Tse Tung, el fundador de la República comunista, sería lo máximo en china, en vez de ello, Mao Xin Yu, que hizo carrera en el ejército y fue recientemente ascendido a General, más en términos honorarios que verdaderos, sin que esto equivaliera a volverse millonario, es un tranquilo profesor de Historia Militar en la Academia de Ciencias Militares del Ejército y de Filosofía en la Universidad de Guangzhou, lo que no evita que los medios chinos lo traten --y hasta acosen-- como a una verdadera celebridad del espectáculo o miembro de alguna casa real europea, y aunque dice tener deseos de participar en política, su paso por la misma ha sido discreto: ha ocupado algún escaño en el Parlamento y ha sido miembro de un comité asesor del Gobierno, y actualmente es uno más entre los 2 mil y tantos delegados al Congreso del Partido.

Xi es otro ingeniero, en este caso, químico por la Universidad de Pekín, con un doctorado en Marxismo (supongo que para saber cómo rebatirlo en la práctica) y otros estudios de postgrado en Economía, y empezó muy joven a dedicarse a la política del Imperio de los Dragones en un humilde puesto municipal, hace treinta años, estando en esas funciones y en el inicio de la apertura encabezada por Deng Xiao Ping, viajó por primera vez a Estados Unidos, en específico a Iowa, donde fue a tomar un curso de porcicultura junto a granjeros y otros cargos locales chinos deseosos de implementar técnicas para la crianza del cerdo (tan apreciado en la gastronomía oriental) más modernas. En aquella ocasión, Xi vestía su sencillo traje "a la Bruce Lee" tan de uso en China en aquel entonces, y rentó una habitación en la casa de una familia norteamericana al no haber cuartos disponibles en la posada del pueblo donde se quedó; hace unos meses, Xi viajó en su calidad de Vicepresidente a Estados Unidos y visitó a sus antiguos anfitriones, sorprendidos y halagados al ver a aquel joven chino humilde y sencillo convertido en todo un caballero elegante y púlcramente vestido y a las puertas de ejercer uno de los mayores poderes sobre la Tierra.

A los chinos siempre les ha importado los méritos, y desde antaño los ascensos se han conseguido por logros profesionales y capacidad, donde desde la noche de los tiempos se han hecho exámenes para conceder ascensos en la administración pública, así que los "Príncipes" no la han tenido fácil y han tenido que ascender paso a paso en la política china, Xi pasó por ese escalafón y ha llegado ahora, al fin, a la cumbre, incluso, en la vida personal así ha sido, y se casó con una popular y famosa en toda Asia, cantante y actriz de nombre Peng Liyuan, (abajo) quien también tiene una historia personal curiosa: labró una exitosa carrera militar, llegando al grado de generala en el ejército chino, que compaginó con su carrera artística que la hace de las figuras más fulgurantes de la farándula china y de todo Oriente.


¿Qué podemos esperar de Xi al frente del Dragón Rojo? Xi como he dicho, tiene una gran familiaridad con EUA, incluso, su hija estudia Negocios Internacionales en Harvard, y habla inglés con gran fluidez, tiene plena conciencia y conocimiento de los nexos económicos entre ambos colosos, aunque tampoco es tan condescendiente: en su juventud se vinculó también al ejército, y tras su servicio, se mantuvo en cargos vinculados a la administración militar, manifestando en muchas ocasiones la necesidad de aumentar el poder del ejército chino, de que ejerza una mayor presencia al exterior y una postura más agresiva en Asia, por lo que el próximo mandato de Xi es visto con suspicacia y temor por los vecinos, en especial Japón, Filipinas y Corea del Sur, además de Taiwán, por supuesto. En lo económico, seguirá con las reformas y tratará quizá de consolidar a China como la primera economía del mundo  y convertir al Yuan en moneda de reserva y referencia mundial, Xi conoce las debilidades de EUA a la perfección y sabrá dónde golpear y qué hacer para superarlo.

Al interior, deberá combatir la corrupción y dar más espacios para asegurar al pueblo mayores libertades y un mejor funcionamiento del Gobierno sin caer en los nefastos efectos de la Democracia que estamos viviendo en Occidente, pero eliminando los aspectos totalitarios del sistema chino, como la política del hijo único. En cuanto a la corrupción, resulta notorio el escándalo de corrupción y homicidio en el que resultó implicado su rival por la Presidencia y otro miembro de los Príncipes: Bo Xilai, que le costó la caída de sus cargos públicos (se desempeñaba como Gobernador de la ciudad de Chongquing), expulsión del Partido y probablemente hasta prisión tras verse implicado en tráfico de influencias y la muerte de un empresario inglés.

Como se ve, a Xi le esperan retos difíciles, pues igualmente habrá de hacer frente al regionalismo tibetano y el islamismo en Sikiang, aunque podemos estar seguros que los Chinos, acostumbrados a no rendirse y superar sus dificultades con paciencia y trabajo, su brillante cultura y su tranquila astucia lo lograrán, en cuanto a Xi, él se observa tranquilo, algo muy propio de la Filosofía Budista que practica, parece no perturbarle el hecho de que dentro de unos meses él será, y no Obama, el hombre más poderoso del mundo... veamos cómo usa ese poder.


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