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23 de diciembre de 2017

CATALUÑA



Samuel Huntington decía que como efecto de reacción ante la Globalización, los regionalismos, las diferencias culturales más mínimas, iban a convertirse en referentes por aquellas comunidades o grupos que se sentirían amenazados por la imposición de una cultura global, que en general, ha venido a ser la "angloamericanización" del mundo, dado el dominio de los medios y de la cultura popular que tiene EUA, y en menor medida, Gran Bretaña, en la actualidad.

En parte por ello, y también por la pésima redacción de la Constitución Española de 1978 con la que la Madre Patria demolió el régimen franquista y se encausó por los caminos de una Democracia que empoderó a los partidos políticos e insertó al país ibérico en la Comunidad Europea, después Unión Europea, cediendo grandes tajadas de Soberanía a los tecnócratas de Bruselas, España inició un proceso disgregador que parece ir marcha atrás en el tiempo hacia la descomposición del proceso de integración y unificación español que culminó en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos. Es increíble que tras 500 años no haya cuajado la formación de una nacionalidad, más cuando la misma se construyó durante los siete siglos que duró la Reconquista en la lucha contra el Islam militante, y que posteriormente, se tradujo en la conquista del primer Imperio de carácter global que conoció la Historia y que se extendió por los cinco continentes.

Y es que en estos regionalismos actuales, presentes en las diferentes regiones españolas existe un mucho de artificial: en cuestión de idiomas, ni el Asturiano, ni el Aragonés, ni el Leonés o el Gallego sobreviven hoy más allá de núcleos rurales: el Castellano, finalmente, se identificó como el idioma Español y fue el que se extendió por el mundo tras la epopeya de los grandes exploradores y conquistadores hispanos o al servicio de la Corona Española: Colón, Cortés, Pizarro, Balboa, Magallanes y otros. Es de señalar sin embargo que tanto bajo Fernando como Isabel y sus sucesores los Austrias, España no era concebida como un Estado centralizado, sino como una federación de reinos, finalmente, durante el proceso de reunificación de lo que originalmente fue la Hispania Visigoda, rota por los Musulmanes, los reinos que finalmente fueron conduciendo la lucha contra estos se fueron formando aglutinando reinos y señoríos feudales que se iban conformando en los territorios que poco a poco se arrebataban a los mahometanos.

Esto implicaba que los monarcas de Castilla y de Aragón se comprometían a respetar los fueros o leyes propias de cada una de las regiones que se adherían a sus reinos, y finalmente, cuando bajo Carlos I de España y V de Alemania se conformó la monarquía hispánica unificada, se entendía que el monarca no era en estricto sentido, Rey de España, sino Rey de Castilla, de León, Aragón, Valencia, Granada, Navarra y un largo etcétera de títulos que denotaban la soberanía y el señorío sobre distintas regiones. Es el caso que Cataluña nunca fue un reino propio e independiente, y si bien su germen se encuentra en la Marca Hispánica creada por Carlomagno a fines del siglo VIII como zona de defensa para evitar la irrupción islámica en Francia, no se concibió a la misma como una entidad soberana, sino como una serie de condados, como Barcelona, o una ciudad que sería luego tomada por los musulmanes como Valencia, que luego serían dependientes de la Corona de Aragón. Los reyes de la Casa de Austria así estructuraron la monarquía hispánica, reconociendo la autonomía de cada región componente de pero todo cambió con los Borbón.

Generalmente se dice que el problema nacionalista catalán inicia con los Borbón y se señala que el asedio sufrido por Barcelona por las tropas leales a Felipe V de Borbón durante la Guerra de Secesión Española, es el evento fundacional de la lucha por la independencia de Cataluña, esto es parcialmente cierto: los Catalanes de aquél entonces no luchaban, como ahora pretenden los nacionalistas, por esa causa, sino por la continuidad de la dinastía de los Habsburgo sobre el Trono Español, siendo partidarios del Archiduque Carlos de Austria y oponentes a la llegada de la familia francesa de los Borbón al solio de San Fernando.

Los Borbón, por otro lado, no respetarían, tras la guerra y consolidarse al frente de España y su Imperio la especial constitución de la monarquía hispana, sino que, llegados de Francia --misma que tampoco es un todo homogéneo, regiones como Aquitania, Languedoc o Bretaña, tienen también una lejana historia de autonomía y de lenguas propias, recuérdese que el idioma que conocemos como "Francés" es la "Lengua de Oil", mientras que en gran parte del territorio galo se habla la llamada "Lengua de Oc" u Occitano-- país en el que su dinastía, con Enrique IV, Luis XIII y finalmente Luis XIV se había consolidado la centralización administrativa y el absolutismo en manos del Rey, quien acumulaba en sus manos las potestades ejecutivas, legislativas y judiciales y ejercía su poder sobre todo el territorio a través de unos delegados o intendentes nombrados directamente por él sobre un país dividido en departamentos administrativos; hasta el día de hoy, esa es la estructura de Francia, que es el país centralista por excelencia.

Así, los Borbón desconocieron los fueros y los sistemas jurídicos de las diferentes regiones españolas, imponiendo el Derecho Castellano como común a todo el reino, eliminaron la necesidad de convocar a Cortes como órgano legislativo e impusieron el centralismo, creando las Intendencias bajo funcionarios nombrados directamente por el Rey, lo cual por supuesto, no benefició a las élites locales. Después, si bien la Constitución de Cádiz en 1812 pretendía imponer algo similar a un Federalismo con las Diputaciones Provinciales, la división territorial en Provincias que funcionaban dentro de un contexto centralizado no se alteró demasiado; hasta la Constitución de 1978 que equivocadamente reconoce nacionalidades dentro de España, muchas de ellas sin justificación histórica alguna, como el caso de los Andaluces, quienes descienden de Castellanos que ocuparon el territorio que fue recuperado de los Musulmanes y que, por tanto, no tienen un contexto diferente al resto de los españoles.

En realidad, todo esto vino a beneficiar a políticos locales que, basándose en discursos nacionalistas o regionalistas han justificado la creación de cacicazgos y corruptelas en cada región de España o "Comunidad Autónoma", amenazando a la integridad del Estado y de la misma Nación Española: resulta absurdo que los Catalanes vengan ahora a decir que siempre han sido oprimidos por los Españoles cuando ellos mismos son Españoles, y fuera de ese país, todo el mundo los reconoce como tales. El Catalán, en realidad dialecto Valenciano, fue resucitado cuando, si uno lee a Don Quijote, uno puede comprobar cómo, al llegar a Cataluña y visitar Barcelona, nadie le habla en dicha lengua, sino todos lo hacen en perfecto Castellano, lo cual contrasta con el episodio del Vizcaíno, un vasco que a duras penas se da a entender en un muy mal Español, lo que indica que dicha lengua se encontraba en franca retirada respecto de la lengua de Castilla.

Sin embargo, el Nacionalismo Catalán actual se ha nutrido de las ambiciones descaradas de una casta política y empresarial local que ansía con hacerse de un feudo donde imperen sus intereses y sus corruptelas sin la fiscalización de Madrid, para ello, se han servido de la Leyenda Negra, añeja artimaña propagandista usada por los rivales de España, como Francia, Portugal, Inglaterra y Holanda, para atacar y desprestigiar a la potencia ibérica, acusándola de oscurantista, fanática y sangrienta por la Inquisición, la lucha contra un Islam sobrevalorado y retratado como la cumbre de la tolerancia y la cultura o la conquista de América donde se ha elaborado un retrato irreal de las civilizaciones neolíticas americanas, para hacerlas pasar por tan avanzadas que hasta contactaban alienígenas, mientras los conquistadores son mostrados como simples saqueadores y asesinos. De igual manera, han manejado un discurso igualmente absurdo en el que se pretende demostrar una superioridad racial o étnica de los Catalanes, y que incluso, muchos personajes ilustres de la Historia española e incluso europea eran de ese origen, lo cual no lleva si no a provocar risa.

Y también está el apoyo exterior que han recibido de países como Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos o Irán, países que buscan incentivar la migración islámica a España para la "recuperación de Al-Andaluz", y que han financiado al separatismo, o Rusia, que aunque niega una injerencia en el proceso separatista, es evidente el apoyo que sus medios oficiales, como RT o Sputnik, han dado a los nacionalistas catalanes, pues al Kremlin le conviene una Europa dividida y debilitada, más cuando el Brexit da la pauta para la disolución de la Unión Europea, además de que la eventual separación de Cataluña sin duda iniciaría un proceso de reforzamiento de regionalismos que podría llevar a la involución de Europa hacia una especie de nuevo feudalismo: recuérdese que los Catalanes además se encuentran presentes en toda la llamada Costa Azul francesa, los Vascos, igualmente con un pasado reciente separatista a través del terrorismo ejercido por la banda ETA, están en el norte de España y se extienden a la Navarra Francesa, en Reino Unido, esto puede dar fuerza al separatismo Escocés, mucho más sustentable que el Catalán, al de Irlanda del Norte e incluso el de Gales, el separatismo latente de Lombardía y el Véneto en Italia, y otras regiones en diversos países europeos, por lo que lo desatado en Cataluña puede tener consecuencias insospechadas.

Pero lo más sorprendente de todo ha sido la manera estúpida en que ha reaccionado el Gobierno Central Español encabezado tanto por el Rey Felipe VI como por el Presidente Mariano Rajoy y su Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría; en vez de defender la integridad del Estado y de la Nación, han buscado defender la Democracia, cuando ésta se encuentra contaminada por el lavado de cerebro que los Nacionalistas como Puigdemont, Ada Colau, Junqueras, Jordi Pujol o Artur Mas, y la Izquierda Española encarnada ahora en Podemos, una banda de hipsters y júniors a sueldo de Irán y la Venezuela Chavista, han educado a la juventud en la Leyenda Negra y la perpetua vergüenza de ser español y de pedir disculpas por serlo, el victimismo falso de los Catalanes y la prohibición de una lengua universal como el Castellano en pro del poco conocido idioma local, al que hablan como si fuese una lengua extranjera aprendida a la fuerza.

Como resultado, en las recientes elecciones celebradas, sin las condiciones necesarias para la conservación de la constitucionalidad, los resultados dan la mayoría absoluta a los nacionalistas, los cuales quedan legitimados y podrán plantear el inicio de un proceso independentista, pese a la mayoría relativa alcanzada por el partido Ciudadanos, poniendo en riesgo a la unidad de España como a la estabilidad de Europa Occidental entera.

Todo por defender una Democracia, misma que, cada vez queda más claro, es la manera con la que los grandes manipuladores de las masas, se hacen con el poder y lo mantienen engañando al pueblo al que le hacen creer que gobiernan por su interés, cuando en realidad, es interés de grupo o de individuo. Veamos que sucede, pero España, la primer potencia mundial de la Historia, se encuentra en riesgo de desaparecer, víctima de su decadencia, de sus complejos y de la cobardía de sus dirigentes, que prefieren verla perdida a dejar de ser etiquetados como demócratas...





2 comentarios:

Unknown dijo...

Cuando mencionó la "reacción estúpida" del gobierno español, pensé que se referiría a la fuerza excesiva que aplicó la policía nacional contra los catalanes. No le parece que se les pasó un poco la mano? Teniendo en cuenta que dicho referéndum era un simple ejercicio estadístico, sin ninguna validez.

YORCH dijo...

Pues sí, es parte de la pésima reacción que en general tuvo el gobierno español ante el problema, una mezcla de excesos donde debieron ser cautelosos y de excesiva prudencia donde debían ser asertivos.