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7 de abril de 2016

PUTIN, ¿EN RETIRADA?


Putin ha dado órdenes a las Fuerzas Armadas Rusas de retirarse de Siria; según esto, han cumplido la misión y ahora dan paso a las condiciones de la negociación entre el Gobierno presidido por Bashar El-Assad y la Oposición integrada por numerosos grupos, la mayoría fundamentalistas de corte Sunnita, apoyados por EUA y Occidente, excluyendo, por supuesto, al ISIS, enemigo común de todos ellos.

Sin embargo, queda patente que no ha sido una verdadera victoria cuando vemos que las capacidades del Estado Islámico para realizar atentados en Europa y para infiltrar combatientes en este continente, --se habla de al menos 400 elementos de élite, entrenados para realizar ataques como los de Bruselas-- siguen intactas, y que posiblemente las intenciones del Califa no sean ya tantas como conseguir victorias en una guerra convencional por territorio en Siria, cuando puede, dada la evidente e impresionante vulnerabilidad europea, trasladar el teatro de operaciones de la Jihad al Viejo Continente; en este caso, Putin habrá fracasado en desviar los ataques de Europa, a menos que, dada la postura antirrusa que siguen profesando hasta los franceses dada su alianza con EUA, el líder ruso haya llegado a la conclusión de abandonar a los europeos occidentales a su suerte como una especie de castigo por sus desprecios, mientras conserva a un aliado estratégico en Damasco, --a mi modo de ver, y aunque por ejemplo, los "tradilocos" sigan creyendo que el ex-KGB es una especie de defensor fidei, creo que éste estaría más dispuesto a llegar a un acuerdo con el Califa en contra del eje Washington-Londres-París que a aliarse con quienes le presionan desde el oeste por conducto de una expandida OTAN.

Tomando en cuenta lo anterior, y mientras los medios rusos interpretan lo sucedido como una gran victoria, hay que ser realistas y matizar: es cierto, por un lado Putin logró debilitar a los enemigos de Assad y exhibir el descarado apoyo occidental a los grupos terroristas, pero tampoco logró vencerlos, puesto que jamás ordenó a sus fuerzas terrestres entrar en combate, ya que no quizo arriesgarse a un nuevo Afganistán, mientras que las sanciones económicas impuestas por EUA y la baja en los precios del petróleo han cobrado su precio en la economía moscovita, por lo que en realidad, Rusia no puede sostener mucho más el esfuerzo bélico en contra de la oposición siria; sin embargo, ha logrado colocar a ambos bandos en una situación de igualdad en que no tienen más remedio que sentarse a negociar; tampoco Occidente puede apoyar por más tiempo a movimientos de fanáticos en algo que le ha resultado contraproducente con las oleadas de refugiados sin que además, obtenga algún lucro económico o político del embrollo sirio.

Ahora, tal y como se ha revelado de la liberación de Palmira en Siria, se han mantenido fuerzas especiales y asesores en el terreno; sin embargo, la intervención eslava no es ni será nunca de lleno, salvo que se diese una entrada abierta en el conflicto de Turquía o Arabia, y aún así, sería algo muy riesgoso.

Ante esto, la decisión de Putin se antoja acertada y en un esfuerzo por normalizar las relaciones con EUA y Europa, tensionadas desde la anexión de Crimea y el inicio de la guerra civil en Ucrania, donde por otro lado, ha obtenido algunos triunfos, como la firma de la declaración conjunta entre el Papa Francisco I y el Patriarca Kiril que ha contribuido a debilitar la posición de los ucranianos al sentirse traicionados, en el caso de los Católicos, por el Papa mismo que ha aceptado entregarlos a las ambiciones imperialistas del gigante eslavo, y de los Ucranianos en general al sentir como una de las más importantes instituciones occidentales los deja a su suerte ante lo que es percibido como la reconquista rusa de una de sus provincias, en cierta forma, el Acuerdo de La Habana ha venido a legitimar las acciones de Moscú en Ucrania y Siria, además de patentizar el papel protagónico que Cuba ocupa, o sigue ocupando, en el ajedrez ruso. 

Sin embargo, donde Putin quizá más esté sufriendo pérdidas es en el desmoronamiento del Eje Bolivariano; claro, están las alegaciones de que se trata de una ola de golpes de Estado orquestados desde Washington lo que derribó al Kirchnerismo en Argentina, lo que lleva a las protestas contra el régimen Chavista en Venezuela o los escándalos en contra de la dupla Lula-Rousseff en Brasil y la derrota de las pretensiones de reelección de Morales en Bolivia; sin embargo, esto no se sostiene: Obama ha demostrado a lo largo de su mandato un enorme desinterés por lo que sucede en el continente americano, fuera de estar peleando contra los Republicanos y buscando consolidar un futuro de partido hegemónico para los Demócratas en EUA sustentándose en el asistencialismo y el "progresismo" como garantía de libertad, sobre todo para el Hedonismo, y dejó crecer al Eje y penetrar los intereses rusos, iraníes y chinos en el Cono Sur sin apenas decir casi declaraciones inocuas, mientras buscaba un acercamiento con Cuba que finalmente ha concretado, aunque esto representará para Washington el echarse la carga de mantener económicamente a la isla, como era hasta antes de 1959, sin que La Habana rompa sus lazos con Moscú. En pocas palabras, el Eje Bolivariano no se está deshaciendo por la acción de Washington, sino por su propio peso: Putin escogió como aliados a dictadorzuelos de corte populista de Izquierda y muy corruptos que sólo pueden sostenerse mediante la represión y la propaganda engañosa, así como el apoyo externo, fundamentalmente de Rusia, China o Irán.

Y ahora, tenemos el mayor golpe a la imagen de Putin, la filtración --selectiva, podemos estar seguros-- de los documentos de un despacho de abogados panameño que revela cómo personajes de la política, el espectáculo y el deporte han sacado capitales multimillonarios de sus países y los han invertido en empresas reales o fantasmas, situadas en paraísos fiscales caribeños y del Pacífico. 

Si bien en los Panama Papers no se menciona directamente al mandatario ruso, sí aparecen en ellos amigos cercanos del Presidente que han sido favorecidos por su administración y construido enormes fortunas con ello, lo cual no es mentira ni un infundio inventado por la CIA, de hecho, los rusos lo saben, pero lo toleran y hasta lo perdonan mientras Putin y su corte estén levantando el edificio del poderío imperial ruso, 25 años después de su aparente colapso. Por su parte, el hecho le da material para mantener la idea de "la fortaleza asediada", mismo que le sirvió por décadas a Castro para sostener su dictadura y unió a los eslavos en torno a Stalin pese a su crueldad; hoy, esto le da la razón al presentarse como víctima de un asedio mediático orquestado por Washington.

Por supuesto que no se quedará con los brazos cruzados: la reacción de Putin ha sido tranquila y flemática, muy a tono con su carácter y con la seguridad de quien sabe, puede revirar los efectos negativos del escándalo: al parecer sabe qué lobbies y de qué forma orquestaron todo, y creo que la respuesta no se hará esperar en la forma de nuevas filtraciones que impactarán en forma muy dura a un EUA inmerso en una contienda electoral que se antoja extrema y sucia. El líder eslavo ha manifestado su respaldo a Trump... ¿tendrá entre manos algo para golpear y desbarrancar a la genocida Clinton? Estemos atentos.

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