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12 de marzo de 2012

LAS CAUSAS DEL AUGE DEL CRIMEN Y LA VIOLENCIA

El viernes 9 de marzo, tras la odisea de regresar a casa de mi trabajo ante el caos desatado por los narcobloqueos registrados en distintas partes de Guadalajara, y haberme quedado varado en Plaza del Sol hasta, más o menos las 6:30 pm, una vez hubieran retirado un camión de carga incendiado en la avenida López Mateos, pasando el pazo a desnivel de San Agustín, lo que provocó que el tránsito, cerca de mi casa, anduviera a vuelta de rueda, me dediqué a ver en TV los noticieros locales con toda la cobertura de lo ocurrido esa tarde y escribí la entrada anterior de este blog; por la noche, terminados los noticieros, cambié de canal a TCM, y vi una obra maestra del gran Martin Scorsese: "Goodfellas" con Robert de Niro, Ray Liotta y Joe Pesci, extraordinario filme sobre la mafia italoamericana de EUA realizado en 1990, que como anillo al dedo le viene a la situación que estamos viviendo en México, y que ayuda a comprender el porqué jóvenes de 17, 19, 21 a 35 años se encuentran implicados en hechos como los ocurridos el viernes, o en las masacres que también han acontecido a lo largo y a lo ancho de nuestra geografía nacional.

Este filme, basado en una historia real, contenida en un trabajo de investigación titulado Wise Guy, del periodista y guionista Nicholas Pileggi, narra la historia de un joven gangster, interpretado por Liotta, (actor que pese a su magnífica interpretación en el filme, inexplicablemente después no ha podido sostener una carrera consistente, quizá se deba a que después tomó malas decisiones al escoger los títulos en que quiso aparecer, así, quiso incurrir en el cine de acción con "Fuga de Absalom" película del montón que no tuvo trascendencia y desde entonces no ha hecho sino desempeñar puros papeles secundarios, como en "Hannibal" donde parte de su cerebro termina siendo menú de la cena del Dr. Lecter) desde sus inicios hasta que, finalmente, y obligado por las circunstancias, decide salirse de la organización y colaborar con las autoridades norteamericanas en la detención de sus otrora socios, maestros y cómplices en el hampa.

Pero lo más interesante de esta película es que, como ninguna, ahonda en la motivación del mafioso para serlo. ¿Qué hace que un adolescente, a los 13 años se sienta atraído por el bajo mundo? La respuesta es muy clara: el personaje de Liotta, al inicio, es hijo de una familia de inmigrantes: padre irlandés y madre italiana, pobre y numerosa; son 7 hijos, uno de ellos es paralítico y el padre es obrero, y viven en los barrios bajos de Nueva York. Frente a la casa de la familia, se ubica una pizzería que es, en realidad, el camuflaje de un centro de operaciones de los miembros de una banda del crimen organizado: el chico ve llegar a ella a grupos de hombres vestidos con trajes finos, relojes Rolex de oro y lujosos Cadillacs, les ve llegar y dedicarse a jugar a las cartas, beber buenos vinos y pavonearse con las mejores chicas del barrio, lo que contrasta con la pobreza de la casa paterna, donde el padre, pese a todo su esfuerzo diario, apenas consigue traer lo indispensable para la mesa, y la tediosa tarea de acudir diariamente a la escuela pública con la promesa lejana de un mejor futuro.

En pocas palabras, el adolescente que tras insistir con el cabecilla criminal local consigue ingresar a su servicio, se halla hipnotizado por la aparente riqueza, la vida fácil y poco esfuerzo que exhiben los criminales, igualmente, se maravilla ante el terror que inspiran sobre los demás, que considera, es el respeto que no obtendría siendo una persona ordinaria y que no tiene su padre. Posteriormente vemos cómo el chico asciende de ser "el que echa aguas" y recadero a vendedor de mercancía robada, ladrón, planificador de asaltos y contrabando, y terminar siendo un hábil narcotraficante, en el trayecto, le vemos contraer matrimonio, conseguirse amantes, corromper policías y autoridades carcelarias, incluso caer preso y gozar de privilegios tales como entrar y salir de prisión para hacer compras, tener una suite en vez de una celda, tener alimentos de gourmet en la misma cárcel y demás; finalmente, todo en su vida manifiesta que está dominado por el materialismo más ramplón, en definitiva, la razón que motiva su actuación y la de todos los que están cerca de ella es el TENER antes que el SER. El hambre insaciable de dinero, riqueza y una posición de poder, de tener la capacidad de aterrar a todos a fin de obtener su "respeto"--algo muy claro, sobre todo, en el personaje de Joe Pesci, donde llega a grados claramente psicóticos--Y eso se ve incluso en la esposa del protagonista, que desde novia decide no ver nada sospechoso en las evidentes manifestaciones de influencia y riqueza excesivas para un joven de 21 años, y que después decide aguantar las humillaciones, infidelidades y hasta violencia del marido sólo para no ver perdidos todos los placeres y lujos que el crimen proporciona... resulta curioso que en el epílogo de la historia se menciona que ella se separó de él ya cuando éste había abandonado las actividades delictivas, es decir, cuando ya no le convenía.

Incluso, es en el mismo epílogo donde el ya ex-mafioso confiesa que extraña los lujos, la buena comida y la riqueza obtenida, calificando de "idiota" la vida del hombre común que decide ser trabajador y honrado.

Scorcese no hace aquí una apología del delito como sí lo hace un narcocorrido donde se aplaude el obtener la riqueza y el lujo, o se defiende el ser una especie de opositor a un gobierno comunmente concebido como el único villano que sufre el mexicano, o como lo hace Pérez-Reverte en "la Reina del Sur" donde se enaltece el presunto valor y la decisión de la jefa mafiosa en un mundo en que los capos son hombres y machistas,  Scorcese y otros grandes italoamericanos de Holywood como de Niro o Pacino, en las numerosas películas sobre la mafia que han protagonizado o dirigido lo han hecho con ánimo de denuncia o de presentar una realidad terrible y cruel, lo mismo que hace Mario Puzo en su inmortal "Padrino" ya que al haber nacido y crecido en "la Pequeña Italia" han sido antes que nada víctimas y testigos directos de lo hecho por las bandas criminales y del terror desplegado contra quienes permanecían al margen de ellas o como sus súbditos. Aquí, Scorsese no se anda por las ramas y lisa y llanamente nos dice que el crimen florece como consecuencia de haber creado una sociedad, una cultura en la que el éxito material lo es todo, y que por el afán de riqueza y de lujos se está dispuesto a hacer lo que sea, y que fundamentalmente, el criminal es una persona que no puede pensar en otra cosa que no sea en dinero, como lo hace mucha otra gene sin dedicarse a actividades delictivas, pero que también adora al becerro de oro,  aparte de que el hombre de hoy esta inmerso en un ambiente en que la mentalidad es de "que todo vale" y no hay límites morales para lograr lo que uno se propone.

Es cierto, tanto en el caso presentado en el filme como en la vida real, en que tenemos a muchos jóvenes que se han convertido en sicarios a los 17 o 19 años, (es particularmente estremecedor el caso de una muchacha que a su corta edad ya fue entrenada en el manejo de armas de alto poder) impulsados por la falta de oportunidades tanto para estudiar como para trabajar o para emprender un negocio. Eso es innegable, en la película, el personaje de Liotta ve el contraste entre la pobreza de su casa y los caros Cadillacs estacionados enfrente, sin embargo, de los 7 hijos de la familia, él es el único que escoge una carrera criminal, y podemos ver, salvo casi al final, en que se demuestra que tiene cierta convivencia con su hermano paralítico, que se encuentra totalmente desligado de sus padres y hermanos, y los ha sustituido por sus compinches de la mafia, que constituyen su verdadera familia.

Y es que, finalmente, todo descansa en la capacidad de decisión y de ejercicio de la libertad personal de cada uno, aunque claro, ésta tendrá elementos que pueden si no condicionarla totalmente hacia una dirección, sí al menos a orientarla hacia aquello que la voluntad considera deseable. Lo que realmente pasma es que estas personas, sin ningún remordimiento y sin dificultad alguna decide, como primera opción, entrar al crimen organizado y atentar no contra la simple propiedad de las personas, sino contra la vida misma de los demás, y que, después, al ser detenidos, no muestran emoción o arrepentimiento alguno por lo que han hecho, ni parecen comprender el valor de la vida humana.

Empezábamos este mes comentando la publicación de un artículo "científico" en el que se aboga por la práctica del infanticidio, el aborto es ya una realidad en la capital del país, en Holanda, escuadrones de la muerte de los servicios públicos de salud practican la eutanasia a domicilio; todo ello son síntomas del proceso irrefrenable de autodestrucción en el que nuestra Civilización Occidental se haya inmerso y en el que es factor importante la minusvaloración de la vida y la dignidad humanas, México incluido: ante una adoración total a los ídolos del dinero, el sexo, el poder y la muerte, no quedan muchas opciones cuando tenemos gente que desde la infancia ha aprendido a valorar estos por encima de todo, ante esto, también, es perfectamente explicable que las personas se planteen sin cargos de conciencia, el dedicarse al crimen y a la muerte como un proyecto de vida, o aunque se oiga raro: "de desarrollo personal". El mismo viernes, por ejemplo, se dió un linchamiento mediático tanto en TV, prensa como en redes sociales contra un joven que en un evento organizado por la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México habló sin ambages ni tapujos de la labor destructiva hacia la familia realizada por disposiciones legales impulsadas por la Izquierda en la capital del país, hemos dicho que en muchos medios se ha denunciado y hablado de la trata de personas y de las organizaciones que promueven la prostitución, y en esos mismos medios se impulsa tal actividad publicando anuncios de la misma. No se quiere reconocer lo que está mal ni cortar por lo sano con ello, sino se quiere seguir en la misma espiral que está produciendo el caos y la violencia que nos rodean.

Así que, finalmente, podemos concluir que la sociedad, con su consumismo desbocado, su materialismo absoluto y su permisividad moral ha generado a sus propios monstruos, que ahora la están devorando, solo podríamos evitarlo con un cambio radical de regreso a los valores de convivencia social, familiar y trascendentes, un regreso a la espiritualidad y un retorno a la Filosofía y a la Moral. Sin embargo, veo muy difícil que esto ocurra en la actualidad, en que, por el contrario, se impulsa consciente e inconscientemente a las fuerzas disgregadoras: libertinaje, relativismo, economicismo, etc. Perdonen si soy pesimista, pero creo que ya estamos condenados.

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