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31 de octubre de 2018

AEROPUERTO



A tan solo un mes de que tome posesión el Presidente electo Andrés Manuel López Obrador, hemos recibido una pequeña muestra de la pesadilla que será su gobierno de seis años. Ya teníamos indicios, pero ahora queda claro que lo que nos espera es un gobierno a base de ocurrencias, caprichos y negocios turbios entre el mandatario, su grupo cercano y empresarios, como Riobóo, que tendrán la exclusiva de obras y concesiones, y la oportunidad de sus vidas para enriquecerse como nunca.

La cancelación anunciada por el próximo titular del Poder Ejecutivo, que aprovecha el vacío de poder existente en el largo periodo de transición existente entre la celebración de elecciones, el 1 de julio, y la toma de protesta del Presidente, el 1 de diciembre (¡5 larguísimos meses!) para ya mandar y disponer como si ya estuviese instalado en la silla presidencial, muestra también que está sin duda decidido a ejercer un poder absoluto, al más puro estilo de Presidentes del pasado priísta del que dice ser una alternativa, pero al cual se encuentra ligado por formación y carrera política en su juventud. Llevará a cabo un gobierno en el que no tendrá contrapesos: el electorado le dio la mayoría absoluta en ambas cámaras, y en cuanto al Poder Judicial, es muy probable que instale como Ministra de la Suprema Corte ni más ni menos que a la esposa de Riobóo, o a la hija de su futura Secretaria de Gobernación y ex ministra del mismo alto tribunal, Olga Sánchez Cordero, lo cual puede hacer con todo descaro y hasta, cínicamente, presumiendo de honestidad y seguir despotricando contra el nepotismo y favoritismos de los gobiernos anteriores... sabe que no habrá nadie que le diga que no.

La presunta consulta pública fue una farsa, ilegal pues no fue sancionada por autoridad alguna y sin mínimos requisitos de objetividad y seguridad, conducida para producir la convalidación del dicho  y los deseos del caudillo, si ahora plantea el proyecto --por muchos motivos inviable-- de construir la terminal aérea en Santa Lucía, es seguramente porque detrás se esconde un negocio de grandes proporciones y beneficios para su camarilla.

Las reacciones de los mercados que enfilan a nuestro país hacia una nueva crisis económica parecen no preocuparle, en primer lugar, dudo que las comprenda, él no cuenta con formación académica ni experiencia en territorios económicos, él es un activista y un político de calle y plaza, y además, no le interesa; formado por tanto como tantos "líderes charros" de la política priísta tradicional de los años sesenta y setenta, sólo está dirigido a la consecución del poder y su ejercicio sin cortapisas, tampoco le interesa el exterior, encerrará y aislará a México para volverlo al viejo "Nacionalismo Revolucionario". Las consultas amañadas se dirigirán a legitimar su autoritarismo, el capricho y la ocurrencia, y generará miseria, la cual usará para sostenerse: los demagogos viven de los pobres y de mantenerlos como tales, a fin de seguir teniendo un mercado que le compre sus promesas. 

El contraste entre lo anunciado por López Obrador y lo que ocurre en otros países como China o Turquía, donde Reccep Tayyip Erdogan acaba de inaugurar un nuevo e inmenso aeropuerto para Estambul (Constantinopla), es diametral: la construcción de un aeropuerto, de una carretera, de una infraestructura, no puede dejarse al arbitrio de las masas; es una decisión técnica, en la que confluyen temas como la meteorología, la orografía, la ubicación, etc. que condiciona que un lugar sea mejor que otro para su construcción; si se trataba del lecho seco del Lago de Texcoco, los Chinos, Japoneses y Cingaleses han levantado aeropuertos sobre islas artificiales en el mar, pero la diferencia está en que en esos países, aún en el caso de Erdogán, se ve por la grandeza, el tirano turco sin duda es uno de los hombres más maquiavélicos y perversos que ostenta el poder actualmente y es un demagogo, pero su discurso no consiste en acabar con los ricos para establecer la pobreza universal como garante de igualdad y satisfacer envidias y resentimientos de las masas, sino en buscar el retorno de la antigua grandeza de su pueblo mostrada en el Califato Otomano, es enemigo de Occidente, pero es uno de los principales adalides del Islam como poder global y el indudable caudillo de los turcos y su autoritarismo se encuentra en buena parte apoyado por un pueblo que desea reivindicarse y volver a ser poderoso, pero es, finalmente, porque los turcos y los musulmanes en general se perciben como conquistadores y llamados a difundir el mensaje del Corán, lo cual ha impulsado sin duda no solo a Turquía y a Erdogán, sino también a Arabia y la Casa de Saud, o a los Jeques de Emiratos Árabes o Qatar, a desarrollar sus países.

Pero en México no tenemos eso; el pueblo mexicano ha elegido a AMLO como Presidente porque es el que se adecúa a su forma de ser: la envidia, el rencor, el deseo de tenerlo todo fácilmente, la añoranza de un mesías que todo lo solucione con su palabra, el complejo de inferioridad ante el extranjero, y el temor a los cambios, aún cuando estos pudieran ser beneficiosos; no, el Mexicano desea volver a su zona de confort, cuando "papá gobierno" le era siempre dadivoso aunque no lo sacara del agujero en que estaba, no desea empuñar las riendas y ser arquitecto de su destino. En pocas palabras, el mexicano no desea superarse y mejorar, se quiere quedar donde está, sentado en el cactus y cubierto con su poncho y sombrero dejando que el mundo gire, aunque lo arrolle.

Es cierto que podían haberse dado irregularidades y hasta delitos en la construcción del aeropuerto nuevo, pero, si de verdad se quería combatir la corrupción bastaba con hacer una auditoría, labores de fiscalización y retirar concesiones a quienes fuesen encontrado culpables y otorgarlas a otros, pero para nada cancelar y hasta demoler la obra lo que implica un derroche de miles de millones de dólares, pérdida de empleos y pérdida de confianza de inversionistas, lo cual tendrá consecuencias mucho más graves que cualquier acto de corrupción.

Por si fuera poco, sabedores que pueden hacer lo que quieran, en la Ciudad de México se plantea ahora por parte del mismo partido de López Obrador el dar el derecho a recibir herencia a los animales, (los verdaderos herederos serán los sinvergüenzas que funjan como "tutores" de perros y gatos) --mientras se niega condición humana al no nacido-- en lo que a mi modo de ver es pura manifestación de soberbia sin que les importe lo racional o no de la medida, se trata sólo de demostrar que se tiene el poder absoluto hasta para decretar que los burros pueden volar y que el día es noche y viceversa, no les importa que la realidad les contradiga, lo importante es mostrar fuerza y que nadie les puede detener.

Para concluir, la situación de México me recuerda lo que alguna vez le escuché a un sacerdote: Dios castiga, pero ese castigo no es que lo imponga directamente, sino que, como al Faraón, cuando ordenó la muerte de los primogénitos judíos en el Éxodo, escogió el castigo para sí y su pueblo por desafiar el mandato de liberar a los esclavos hebreos; simplemente, Dios decide enfrentarnos a las consecuencias negativas de nuestras malas acciones u omisiones; en el caso de México, tenemos muchos y graves pecados como pueblo, nosotros mismos hemos escogido y nos hemos impuesto el castigo, ahora tendremos que sufrirlo.

Se avecinan tiempos difíciles y oscuros... ¿tendremos el valor de afrontarlos?

29 de octubre de 2018

BOLSONARO, PRESIDENTE DE BRASIL


Es una señal ampliamente positiva para Brasil la reacción que han tenido los "Progresistas" y al Izquierda internacional tras el triunfo de Jair Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil, y no solo ellos reaccionan con frustración y hasta rabia, también incluso lo hace la cadena rusa de TV (y propaganda) RT, y por ende Vladimir Putin, quien, como lo he dicho anteriormente, no es el defensor de la Tradición y el Cristianismo contra la Globalización, sólo lo es de los intereses de Rusia, y los mismos le llevaron a apoyar al Foro de Sao Paulo y la implantación de regímenes socialistas como si estuviésemos en los tiempos soviéticos, así como tramar con Brasil, China, la India y Sudáfrica una alianza que ha sido conocida como el BRICS y de la que he hablado anteriormente en este blog, en la que tuvo como comparsa a Luis Inácio Lula da Silva, cuando el obrero convertido en Presidente era visto como un mesías para el gigante amazónico. 

Sin embargo, la ilusión en torno al antiguo tornero desapareció cuando tras su mandato y el trunco gobierno de su sucesora y cómplice Dilma Rousseff, se reveló todo un entramado de corrupción, tráfico de influencias y negocios sucios construido aprovechando la cortina del aumento de gasto público y programas sociales a los que los regímenes de Izquierda son tan proclives.

En pocas palabras, el electorado brasileño se ha pronunciado por la Soberanía de su país, por el rechazo a las imposiciones ideológicas de la Globalización y también, a los supuestos aliados que en realidad tienen consignas hegemónicas que pasan por encima de los intereses propios, como es el caso de los dos grandes imperios asiáticos de Moscú y Pekín y que desean tener ganancias de pescadores en el revuelto río occidental. Brasil responde que quiere ser por sí mismo y no por o para otros ni tolerará ya más injerencias en su cultura, idiosincracia y herencia.

Brasil, en cierto modo, tiene en sus orígenes una Historia con similitudes a EUA: los Portugueses siguieron, a diferencia de España con la que estuvieron integrada por un espacio de 70 años tras la muerte en combate contra el Islam del Rey Sebastián a fines del siglo XVII y hasta la rebelión de los Duques de Bragança en contra de Felipe IV, un modelo muy similar al británico o francés en su expansión marítima durante los siglos XVI y XVII, manteniendo un extenso imperio colonial en Africa hasta la década de 1970. Brasil así, fue colonizado como una serie de factorías comerciales en la costa del Atlántico; la escasa y primitiva población indígena, además, motivó la importación de mano de obra esclava proveniente precisamente del continente negro, y también el país se vio abierto a la inmigración europea no lusa. La búsqueda de oro y la explotación de la riqueza silvícola fue lo que motivó la aparición de los Bandeirantes o aventureros que se internaban en la espesa selva del Amazonas en busca de fortuna y colonizaron el ignoto interior del país.

El verdadero desarrollo del enorme país no se dio sino hasta que las Guerras Napoleónicas motivaron la huída del Rey Juan VI a Brasil, y la erección de éste en Reino, lo que llevó a que, en los escasos 12 años (1808-1820) en que el monarca y su gobierno se instalaron en Río de Janeiro, se construyeran infraestructuras, las ciudades se establecieran en forma y se crearan instituciones, a fin de que el Imperio Portugués tuviese una sede digna y capaz de desempeñar tal rol. Posteriormente vino la independencia, y la monarquía del Imperio del Brasil bajo Pedro I y sobre todo su hijo, Pedro II, llevaron al país amazónico a una "Edad de Oro" y a ser considerado como la potencia dominante en el Cono Sur y a ambicionar ir más allá.

Independizado de manera pacífica de Lisboa como consecuencia del cisma entre padre e hijo, y salvo un breve periodo de inestabilidad al inicio, motivado además por los derechos al trono de Pedro I en Portugal, fue en esa época que Brasil se reveló como un país con el potencial de convertirse en una gran potencia: se industrializó de manera acelerada y tuvo ferrocarril y líneas telefónicas antes que EUA o cualquier otro país del continente, se fomentó la ciencia a fin de conocer las inmensas riquezas naturales del país, construyó una marina de guerra y un ejército muy potentes que revelaron su poderío en la Guerra del Paraguay; sin embargo, el talante liberal, en el buen sentido, de Pedro II y la abolición de la esclavitud le enemistaron con la oligarquía de grandes terratenientes, que dieron un Golpe de Estado y establecieron la república en 1889.

Esa oligarquía de caciques agrícolas, mineros e industriales es la que ha medrado con la República que ha tenido momentos de dictadura y largos periodos de "Democracia", en los que la opción por la Izquierda se fue consolidando. Todos los regímenes brasileños tenían un poco o un mucho de Socialdemocracia, sin perder, sin embargo, los sueños de grandeza, reflejados en la construcción de una ciudad que parece surgida de la imaginación de Asimov o George Lucas como Brasilia para ser la nueva capital basados en una supuesta profecía de San Juan Bosco sobre el surgimiento de un gran imperio cristiano en Sudamérica establecido en ciertas coordenadas del hemisferio sur. Sin embargo, todos esos sueños de grandeza parecieron que quedaron sólo en las imponentes y futuristas construcciones de Niemayer: Getulio Vargas, Kubitzchek, Collor de Mello, Sarney... todos jugaban con la demagogia y desperdiciaron el inmenso potencial del coloso del sur en corruptelas que enriquecieron a los de siempre, mientras la mayoría de la gente habitaba en las favelas o barrios marginados de las grandes ciudades como Río o Sao Paulo, el analfabetismo, la falta de salud y de comunicaciones, la sobreexplotación y deforestación del Amazonas, la miseria y las graves crisis de endeudamiento exterior y devaluaciones parecían aplazar el que Brasil emergiera como la potencia que por derecho propio, y por peso en la economía mundial al ser el primer productor de materias primas del mundo, los propios brasileños consideran merece.

Los triunfos deportivos en el fútbol, automovilismo, volleyball y otras disciplinas, confirmaron en los brasileños el ánimo a ser grandes, pero que su lastre es, como en México, una clase política corrupta, egoísta y mentirosa. Ciertamente, desde la década de los 90 empezó a haber cierta mejoría en Brasil: el nivel de vida se elevó en muchos casos y se dieron más accesos a la educación y la salud; a los brasileños les empezó a interesar menos el deporte y más la mejoría del nivel de vida, impulsados por ello, le dieron el voto a Lula Da Silva y posteriormente a Dilma Rousseff; mas mucho del espectacular progreso que se vivió bajo el gobierno del primero de estos dos representantes de la Izquierda radical se derrumbó después, --de manera similar a como en México pasó en 1994,-- la crisis económica iniciada en 2008 fue revelando que mucho de lo aparentemente avanzado y construido estaba sostenido por alfileres, y la organización del Mundial de Fútbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos de 2016, plagados de derroche, desvío de recursos, favoritismos a contratistas como la empresa Odebrecht, cuyas corruptelas han llegado hasta México, motivaron un enorme descontento popular, que terminó con el derribo de Rousseff y que el otrora carismático líder obrero fuese hasta preso y posteriormente liberado, pero continúa enfrentando el proceso penal.

Es así, que los cariocas, decepcionados, han elegido a Bolsonaro, un ex-militar y un outsider de la política hace que se compare este triunfo al de Trump en EUA, y llevó un rechazo a su persona por parte de los medios masivos de comunicación y muchos "intelectuales" y políticos a nivel mundial a tratar de pintarlo con los colores más negros y los epítetos más escalofriantes: "ultraderechista", "fascista" y por supuesto acusarlo de todo el catálogo de nuevas fobias inventadas por la Izquierda y la Ideología de Género. Sin embargo, debemos aclarar una cuestión, el triunfo de Bolsonaro se dio, al igual que el de Trump, por la existencia de una alternativa real al derrotero seguido por Brasil desde 1889 y nos lleva a plantearnos un contraste con México.

En Brasil, el Golpe de Estado que aupó a la República no fue de corte totalmente jacobino ni radical como lo fue en nuestro país la Reforma liderada por Benito Juárez y sus "Liberales", ni la "Revolución", solamente pretextaron la necesidad de Democracia y la eliminación de privilegios de la nobleza, por su parte, la tendencia socialistoide se fue implantando en los sucesivos gobiernos que la vieron como un medio de ganarse el apoyo popular con la pobreza que ellos mismos provocaban, y por otro lado, la Monarquía y el pensamiento tradicionalista y cristiano nunca desapareció ni fue suprimido con violencia como en nuestro país con sendas persecuciones por parte de los Juaristas y en la Cristiada; a pocas décadas del exilio de Pedro II, se permitió el regreso de sus restos y honrarlo como Jefe de Estado y además, como lo que fue, probablemente uno de los mejores gobernantes y estadistas del continente americano en el siglo XIX, en cuanto a Pedro I, no pudo más que celebrársele como Padre de la Patria y sus restos, sepultados en Portugal donde también reinó, fueron llevados a Brasil y colocados en el monumento a la independencia, junto con los demás miembros de la familia real; los Bragança, hasta hoy, viven y  son honrados en Brasil sobre todo el día de las fiestas de independencia y presiden un movimiento favorable a la reinstauración de la monarquía que tiene numerosos adeptos, además de que pesan en la opinión pública.

La aparición de un fuerte movimiento cristiano protestante, aunque fragmentado en un sinnúmero de sectas, pero que mantiene una firme enseñanza moral, junto con un sector tradicionalista católico,--en contraste a la exhibido por la mayoría en la Iglesia Católica actual con Francisco I y su "Sínodo para la Juventud" que parece condescender a la permisividad-- que contrarresta al despelote popularmente asociado a Brasil e impulsado por la ideología de género. El pensamiento tradicionalista o conservador, así, ha contado con ideólogos y pensadores que siempre han estado presentes en el debate político brasileño, como fue el caso del Dr. Elías Carneiro, por muchos años de lo que desde fuera se señala como "extrema derecha" y precursor de Bolsonaro.

En México, por el contrario, el Liberalismo Jacobino se aseguró de descabezar al Partido Conservador tras su victoria en 1867 con el apoyo norteamericano, la familia de Iturbide al día de hoy, vive en Australia, tan exiliada de la conciencia del mexicano como el autor de la independencia nacional, la Guerra Cristera eliminó a un pensador y líder político en potencia, como Anacleto González Flores (aunque quizá él hubiese terminado por caer en la misma impostura de la "Democracia Cristiana" de Jacques Maritain y tantos gobiernos nefastos en Europa, como el de la Sra. Merkel) que plantease una alternativa al sistema jacobino-liberal-progresista-socialdemócrata impuesto en México desde el fusilamiento en el Cerro de las Campanas en Querétaro y consolidado tras la Revolución. El último líder e ideólogo tradicionalista o conservador real fue Don Lucas Alamán, en la primera mitad del siglo XIX.

Así, desde la Revolución, todos, absolutamente todos nuestros partidos políticos tienen el mismo origen y no hay alternativas reales; la gente está formada por ya un siglo de educación en los postulados que han legitimado a nuestra clase política --increíblemente, los supuestos "tradicionalistas" mexicanos admiran a José Vasconcelos, quien creó el sistema educativo y de adoctrinamiento para legitimar al régimen postrevolucionario con sus buenas dosis de maniqueísmo marxista, y quien probablemente era un perturbado con una extraña mezcla mental de afirmaciones cristianas de dientes para afuera, vida personal escandalosa, tendencias filo fascistas o nacionalsocialistas y por supuesto, postulados marxistoides-- y como alternativa ante los fracasos de los últimos gobiernos del PRI y del PAN, optó por darle el poder a López Obrador, cuyo régimen será retrotraernos a lo mismo de hace treinta años, a fin de no afectar el estatus quo de tantos favorecidos por redes clientelares, influencias y prebendas que se veían afectados por el proceso de reformas implementado desde el mandato de Carlos Salinas en 1988-1994, simplemente, no tenemos ningún liderazgo que esté por fuera de estas tendencias ni que rompa realmente con ellas.

Por lo pronto, Bolsonaro plantea el ir expurgando a la política brasileña de todo rastro de marxismo y toda tendencia socialista, retomar los valores cristianos como base de la sociedad y mantener la Soberanía de Brasil, por encima de las influencias del Globalismo o del "Eje Bolivariano". ¿Podrá cumplir? No cabe duda que le espera un camino difícil como lo vive ahora el inquilino actual de la Casa Blanca en el norte,  al ocupar el Palacio de la Alborada, Bolsonaro probablemente habrá de enfrentar los ataques y boicotts de los grandes medios de comunicación internacionales, andanadas de falsas noticias y difamaciones y hasta la ruptura y enfrentamiento contra sus vecinos de Izquierda, pero no está solo, se une tanto al neoyorkino como a Víctor Orban en Hungría, Matteo Salvini en Italia, Polonia, Croacia, y en cierta manera a Putin, aunque marcará su distancia con éste, seguramente, en toda una tendencia contraria al progresismo y la Izquierda. Su victoria en las urnas, sin duda, da signos de esperanza de que viene una fuerte reacción contra una ideología y unos intereses que han estado minando nuestras sociedades y Civilización. 

Bien por Brasil... en cambio, qué lástima por México, que por el contrario, va a convertirse en bastión de estas ideologías destructoras y nocivas, sin que tengamos alternativas...

27 de octubre de 2018

DAREDEVIL



Siendo fan de los cómics desde los 4 años de edad, he de reconocer que siempre tuve problemas con el personaje de Marvel Daredevil, de niño, recuerdo cómo mi mamá me compraba ejemplares de Spiderman, o los Avengers, principalmente, obras de la "Casa de las Ideas" que en aquel entonces, en los años 80, eran publicadas en México por Novedades Editores, la misma casa que publicaba un diario capitalino de tal nombre, y que tenía la licencia de la editora de tebeos norteamericana, el personaje del abogado ciego Matt Murdock, lo confieso, no me gustaba; lo consideraba aburrido y un sujeto llorón que siempre se encontraba chillando por perder el amor de Karen Paige, quien había sido su secretaria y de la que se encontraba perdida, y valga la ironía, ciegamente enamorado.

Así que de aquel entonces, en mi colección, tengo unos cuantos ejemplares de él, aunque tengo un número que fue especialmente espectacular: cuando el invidente dotado de súpersentidos reta a combate a puños al Capitán América, poniéndole una verdadera paliza al héroe de las barras y las estrellas en una pelea de beneficiencia, a la que Murdock llega porque no tenía nada qué hacer. Como el personaje era diseñado como alguien altamente entrenado en artes marciales, se encuentra muy por encima del nivel de habilidad luchística del antiguo militar, y ese número, hasta el día de hoy, es considerado un clásico.

Posteriormente, el personaje tuvo una temporada en la que sus guiones fueron escritos ni más ni menos que por el gran Frank Miller, quien le dio un cariz menos dramático al personaje y lo mete más en tramas de acción y suspenso, pero le llena de matices muy interesantes: es quien coloca como su némesis al obeso gangster Wilson Fisk, conocido como el Kingpin, quien originalmente había aparecido en el Universo Marvel como antagonista del arácnido, y en vez de la insulsa y a veces pesada Karen, emparejó al invidente con la misteriosa, letal y aventurera Elektra Natchios, en una relación de amor-odio que recordaba a la existente en DC, entre Batman y Catwoman. Cuando un amigo me prestó los números, ya editados en ese entonces, en la década de los 90, por Editorial Vid,  correspondiente a la era de Miller, es que empecé a interesarme más en el personaje.

Hoy, ya adulto, he tenido oportunidad de ver la serie que se transmite por la plataforma Netflix en sus tres temporadas y ahora, ya, comprendo plenamente al personaje, y me parece además, que lejos de la pirotecnia de las otras producciones marvelitas en cine y TV, esta serie es la mejor adaptación de sus historietas a un medio audiovisual. La serie cuenta con las extraordinarias actuaciones tanto de Charlie Cox en el papel principal como del excelentísimo actor Vincent D'Onofrio, quien encarna a Fisk de manera magistral. 

Daredevil no era un personaje para niños, si este héroe parecía frágil y depresivo lo era por que se enfrenta a dramas verdaderamente adultos y muy profundos, en que el héroe se cuestiona el concepto del bien, del mal y el sufrimiento. El show televisivo así lo retrata: está lejos de ser un hombre rico con invencible armadura como Ironman y no es una leyenda ética y patriota como el América, es un hombre que si bien tiene los sentidos de la audición, el equilibrio, olfato, tacto y gusto aumentados, y un gran entrenamiento acrobático y de artes marciales, no deja de ser débil y vulnerable; golpea a sus enemigos, pero estos también le propinan sus buenas palizas y frecuentemente queda herido y agotado. Además, el serial retrata algo muy interesante del personaje: su fe católica, la difícil relación que muchas veces uno, como católico sostiene con Dios y la "noche oscura del alma" que muchos hemos experimentado cuando Dios parece respondernos con el silencio a nuestras oraciones y preguntas, pero también, el fuerte sentimiento de Justicia, de indignación ante la mentira y el mal que el abogado percibe y le impulsa a actuar para salvar al barrio de Hell's Kitchen de las garras de organizaciones mafiosas, en mucho, el personaje pareciera un Quijote que se lanza a una lucha que sabe, nunca podrá ganar, pero que lo hace porque nadie más lo hace, y porque si las autoridades no pueden hacer nada contra un peligro como lo es Fisk, quien busca destruir a la comunidad local de ese barrio neoyorkino en su beneficio.

Es en especial esta Tercera temporada donde más se trasluce esto, Murdock, pese a haber detenido los planes de La Mano, se siente derrotado por la pérdida de Elektra, y se encuentra sumido en una profunda depresión y su cuestionamiento al aparente silencio de Dios sin encontrar una causa para continuar o que le diga que su lucha tiene algún sentido. Sin darse cuenta, la trama misma lo conduce a encontrarlo, sobre todo cuando el Kingpin sin ser liberado demuestra ejercer un control absoluto sobre las autoridades y las manipula en su beneficio. Realmente, no puede creerse que esta historia pertenezca al mismo "universo" en el que se desarrollan las aventuras de los Avengers, dado el realismo que muestra: la corrupción de las agencias policíacas, la compra de funcionarios, el demoledor poder del crimen organizado que deja en nada a las autoridades e inerme a la sociedad ante los intereses de éste.

Es bueno ver este tipo de producciones en la pantalla: mientras que las otras series de Marvel han fracasado: Iron Fist terminó de despeñarse tras una producción mediocre y guiones débiles, Luke Cage tras una buena primera temporada, la continuación fue para curar el insomnio, y Jessica Jones era insoportable en su pesimismo y la excesiva mala fortuna de la protagonista. Punisher sin embargo, pese a su ritmo lento, parece ser una serie equiparable, Entre tanto, las películas han sido espectaculares y la última, Infinity War fue una excelente cinta aunque ahora, impulsado por Disney, con la entrada de Captain Marvel, parece que se hundirán en el pantano de la corrección política y el feminismo extremo. Como sea, han carecido de la dimensión humana y hasta espiritual o no se han adentrado en la crítica social como lo ha hecho esta serie, las actuaciones, además, están en un nivel muy por encima de lo que hemos visto en el resto de las obras de Marvel.

Para concluir, resulta agradable ver que aún hay productores que se atreven a hacer una serie como ésta, hoy que la corrección política y las ideologías "progresistas" y de Izquierda están haciendo zozobrar la creatividad de Hollywood y de los cómics, se las recomiendo ampliamente, ya que vale mucho, muchísimo la pena.

25 de octubre de 2018

LA CARAVANA DE MIGRANTES


En días recientes, los sucesos que han acontecido en nuestra frontera sur ha provocado un enorme revuelo en toda nuestra sociedad mexicana. Para muchos, esto ha llevado a darle la razón al Presidente norteamericano Donald Trump y su postura ante la inmigración ilegal; otros más, sin embargo, llaman a abrirle las puertas a los inmigrantes, de manera indiscriminada haciendo eco de los eslógans que últimamente han sido promovidos por la Izquierda: "Ningún ser humano es ilegal", "las fronteras no existen", "nuestros hermanos centroamericanos", etc. Incluso se señala con el dedo flamígero de la acusación de fascista y de ser igual a Trump a quien ha mostrado su desacuerdo con permitir el paso a los inmigrantes hondureños y salvadoreños en general.

Este conflicto suscita el interés por observar numerosas aristas, que podemos ir desmenuzando para tener un panorama más claro sobre lo que está pasando y las consecuencias de estos hechos:

Primero: para los hispanistas radicales, la división de la América Hispana tras la disolución del Imperio Español en las primeras décadas del siglo XIX es irreal y obedeció a los intereses de las potencias rivales de España, principalmente Inglaterra; esto me parece una exageración, por un lado, aunque no carece de razón en algunos matices, pero que no alcanzan a desvirtuar que la Independencia, tarde que temprano, hubiera llegado: la accidentada geografía, la distinta procedencia y proporción de los colonizadores europeos en las diferentes regiones, y los recursos naturales con los que se encontraron, así como el número y desarrollo cultural de los pueblos indígenas presentes en las diferentes áreas, condicionaron diferencias, a veces enormes, entre los distintos países hispanoamericanos, es más, me atrevo a decir que un mexicano es más similar incluso, a un estadounidense o a un francés, que a un boliviano, en su forma de vida y costumbres --pues ha recibido más influencia de esos países, mientras que en el país del altiplano el factor indígena es preponderante por ejemplo,-- mientras que Argentina y Uruguay son sociedades con influencias europeas no ibéricas mayores a las presentes en Colombia o México. Las diferencias son hasta idiomáticas, pues el dialecto cubano a veces parece incomprensible para un regiomontano en México, y la influencia italiana en el dialecto argentino es palpable.

En este sentido, es claro que la distancia que separa a un centroamericano, sea guatemalteco, hondureño, nicaragüense o salvadoreño de un mexicano es mucho mayor que la anchura del cauce del río Suchiate, y la diferenciación en una región que ya desde los tiempos virreinales era ya denominada como Capitanía General de Guatemala, como distinta de la Nueva España, era real; simplemente, ha costado mucho trabajo y hasta sangre, la integración de Chiapas y la Península del Yucatán a México, dado que la herencia y presencia Maya en la zona, opuesta a la herencia indígena Nahua del centro del país y la Occidentalización preponderante en todo el resto de México, ha venido a ser definitoria de una identidad propia y muchas veces irreductible que no se ha integrado del todo en la nacionalidad común.

La integración pudo haberse dado, pero Centroamérica rompió con México tras la caída de Iturbide --promovida eso sí, por los intereses hegemónicos de EUA, que no deseaba un rival en el continente-- y a partir de ahí, su Historia, como ya lo narré al hablar del caso de Nicaragua en este espacio, es un largo rosario de dictaduras y anarquía, guerras civiles y entre los mini-Estados fallidos que surgieron de una fragmentación favorable a intereses de familias terratenientes y potentados.

Eso los ha convertido en verdaderas fábricas de miseria y violencia, la desmovilización de antiguos combatientes en los procesos de paz de la década de los noventa, en los cuales intervino México muchas veces como mediador o con sus buenos oficios, alimentó organizaciones criminales como las Maras que ahora imponen su ley a través de la fuerza, mientras que los gobiernos no dejan de padecer de una grave debilidad institucional que poco pueden hacer contra el poderío de estos grupos. La expulsión de personas que huyen del imperio criminal impuesto por esas pandillas que controlan el tráfico de drogas, armas y hasta de esas mismas personas que se ven expulsadas por las actividades criminales de las bandas que exigen pagos por protección, extorsionan y ahogan la economía, junto con la corrupción, ineficientes políticas de corte socialista y los monopolios económicos de unos cuantos.

Sin embargo, el éxodo masivo que vemos en estos días es evidente que dista de ser espontáneo; es comparable quizá al desvergonzado envío que hizo a inicios de los 80 Fidel Castro de convictos cubanos que fueron sacados de las cárceles y puestos en balsas con destino a Miami y que sirvió de inspiración para el clásico Scarface de Brian de Palma, aunque en esta ocasión esto viene aparejado con intereses y fines político-electorales en EUA: Estas personas salieron de Honduras, El Salvador con un itinerario marcado, y la mayoría parecen hasta entrenados, las mujeres y niños que les acompañaban hasta nuestra frontera sur, han dado la vuelta y regresado a su lugar de origen, mientras que un contingente mayoritariamente masculino continúa su marcha hacia el norte.

Se habla que, detrás de la organización de esta marcha se encuentra George Soros y toda la élite financiera y empresarial que se encuentra enfrentada al Presidente Trump en nuestro vecino del norte, presionados ante lo que parece, será una espectacular victoria del Partido Republicano en las elecciones legislativas a celebrarse en los próximos días en EUA, y que implicaría que Trump tendría la mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso y el camino despejado a su reelección en 2020; no es de dudarse que tenga algo que ver, y que los mandatarios centroamericanos y muchos grupos que han sido los verdaderos beneficiarios de la ayuda económica norteamericana --que ahora el neoyorkino pretende recortar-- se hayan prestado a la organización de los contingentes. Más sospechosa y vergonzante parece la actitud del Presidente Electo mexicano: Andrés Manuel López Obrador y toda la caterva izquierdo-progresista que le es adicta: se habla no sólo de dejar pasar a la caravana y brindarle "apoyo humanitario", sino incluso de que se les daría visas de trabajo a sus integrantes en el país, cuando, en total contradicción dentro de su discurso de demagogo, ha hablado de la según él terrible crisis que padece México y la virtual "bancarrota" con la que le deja el país el Presidente Peña, (para luego afirmar que por lo contrario, lo recibe estable y con buenos números) sin poder asegurar el bienestar de sus connacionales.

Cabe señalar cómo no solo de parte del Gobierno actual, del entrante y de numerosos usuarios de redes sociales que se dejan llevar por una falta compasión y una buena dosis de hipocresía --hablan de que no hay fronteras, pero cuando se van de shopping a San Antonio, no dudan en ir a hacer fila en el consulado norteamericano para sacar la visa, no los veo cruzando el desierto, solicitando los servicios de un pollero o plantarse frente a la garita fronteriza para protestar por la existencia de una línea divisoria entre los territorios nacionales de ambos países, ni tampoco los he visto recibir refugiados o migrantes del istmo en sus casas o darles trabajo-- existe muy poca empatía para con los elementos de los servicios de seguridad mexicanos que han sido agredidos por los miembros de la caravana, ni preocupación por el respeto al Estado de Derecho en México y la protección de los nacionales ante todo.

En resumidas cuentas, yo veo con suma preocupación lo que está ocurriendo: tal parece que los poderes fácticos que han controlado a la poderosa economía y política de Washington no están dudando en acometer medidas extremas, desesperadas, de manipulación de la opinión para intentar arrancar una mayoría en el Poder Legislativo de EUA. Incluso llegando a supuestos atentados con artefactos presuntamente explosivos hacia los domicilios de los Clinton, Obama, Soros, la CNN, Robert de Niro y otros críticos a Trump y partidarios del "progresismo", pretendiendo hacer creer que la "extrema derecha" está atacando a los "defensores de la libertad", cuando han sido estos los que no han dudado en ejercer la violencia y agredir a militantes pro-vida, religiosos o conservadores y hasta a legisladores republicanos. Con la caravana, lo que pretenden hacer es que Trump no dudará en sacar a las fuerzas del orden y remitirlas a la frontera con México, a fin de evitar lo que, en realidad, parece ser un conato de invasión en toda la regla de una verdadera horda vandálica. Ante ello, lanzarán el grito de que el mandatario actúa de manera racista y violenta, cuando sólo actuará defendiendo la Soberanía Nacional. Sin embargo, creo que van a fracasar.

Por el contrario, la opinión pública norteamericana parece que no solamente mantiene la aceptación de los votantes que sufragaron por Trump en ese sentido, sino que incluso, el número de sus adeptos ha aumentado; las mejoras económicas, el éxito en la negociación en Corea, la cada vez mayor marginación respecto de las guerras de Medio Oriente, y la renegociación, ventajosísima para EUA, del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ha aumentado las simpatías del norteamericano promedio hacia el otrora empresario inmobiliario, mientras que la violencia, el hartazgo hacia lo "políticamente correcto" y el indignante intento de destruir la reputación y vida del Juez Kavannaugh en su camino a la Suprema Corte, han alienado para muchos al Partido Demócrata de manera definitiva, por lo que creo, el Partido Republicano ganará la mayoría de las dos cámaras legislativas. Aunque por supuesto, esto no parará a los "progresistas" en su campaña de acoso y derribo contra Trump.

Pero, en contraste, me preocupa la situación de México que queda reflejada en estos acontecimientos: seguimos, como lo hemos venido siendo desde la malhadada actuación de Joel R. Poinsett a inicios de nuestra vida independiente, y bajo Benito Juárez, siendo rehenes de la política de Estados Unidos, hasta de sus propias luchas internas. Creo que lo que intentan los grupos contrarios a la actual administración estadounidense, es cercar a su propio país con un Canadá, cada vez más camino de precipitarse en el abismo del vicio y la anarquía moral por un perturbado como Justin Trudeau que no sabe lo que hace ni los alcances que tendrán sus medidas que no conducen a los habitantes del país de la hoja de maple a la libertad, sino al vicio y a la decadencia, y por el otro lado a un México entregado a un régimen de Izquierda que, por sus posturas de feminismo extremo, aborto e ideología de género, se encuadra dentro de la agenda globalista.

Así, ni el Gobierno de Peña, ni el entrante de AMLO, son capaces de defender la Soberanía Nacional de México, ni la seguridad ni los intereses del Estado y la sociedad mexicanas. Por el contrario, como ha sido tónica de muchos gobiernos desde la Independencia, los mismos parecen subordinarse a intereses ajenos a cambio de gozar del poder en el país con el apoyo firme del norte, desde Porfirio Díaz, no hemos tenido un Gobierno que realmente vea por los intereses y la seguridad de México, sino que se han contentado con ser lacayos de poderes extraños a los que el país les importa un pepino, salvo usarnos como instrumento para sus fines mezquinos.

Lo peor es ver que muchos en la opinión pública en México no se dan cuenta de esto, sino que se han tragado el fácil discurso sentimental de que las fronteras no existen y ningún ser humano es ilegal, esas frases implican la abolición del Derecho, del patriotismo, y de todo orden, por la primacía de la emoción y el sentimiento, del subjetivismo y de seres que han renunciado a la razón por todo aquello que la mercadotecnia y la propaganda han estimulado, signos inequívocos de la decadencia de una sociedad que prefiere dejarse arrastrar por los listillos que se benefician del caos.

23 de octubre de 2018

EL EMPERADOR XI, CHINA Y EL CRISTIANISMO

Xi Jinping TIME 100

En otra medida de su, al menos, controversial pontificado, el Papa Francisco I recientemente logró la firma de un acuerdo con el gobierno de la República Popular de China, mismo que es presidido por Xi Yinping (en la imagen), mismo que parece brindar algunas garantías de libertad de culto y creencias a los ya millones de católicos chinos que han vivido al menos setenta años de crueles persecuciones que recuerdan a las realizadas por el Imperio Romano, a cambio de ciertas concesiones al gobierno, formalmente comunista, del Celeste Imperio, como es la designación de obispos, en una medida que recuerda un tanto al Regio Patronato Indiano ejercido por los monarcas españoles respecto a la provisión de prelados a las diócesis que fueron erigidas en los territorios americanos de España durante los siglos XVI a XVIII. En mi muy humilde opinión, este acuerdo, en primer lugar, es un logro diplomático enorme para la Santa Sede desde el punto de vista meramente político, y puede ser catalogado como una especie de pequeña victoria para un Pontificado al que los escándalos de abusos sexuales del clero ha minado bastante, incluso afectando la credibilidad del propio pontífice argentino, cuando no renovando las dudas sobre su legitimidad, en segundo lugar, no lo considero tan catástrofico como muchos críticos al Papa argentino lo han mostrado, pero tampoco puede ser considerado como una victoria sin precedentes y como un hecho histórico comparable a la labor de San Juan Pablo II en contra del Bloque Soviético en los años 80, esto es igualmente una postura exageradamente triunfalista de parte de los papólatras que festejan y aplauden cada gesto o palabra de Bergoglio de manera irreflexiva.

Pero empecemos por lo primero: ¿Cuáles han sido históricamente las razones para la hostil relación entre el Gobierno Chino y el Cristianismo? ¿Cuál era la situación de los cristianos chinos hasta antes del acuerdo? Son cuestiones poco conocidas en Occidente y cabe hacer un pequeño repaso a las mismas:

En primer lugar, la hostilidad de China al Cristianismo va más allá del Marxismo o Comunismo, mismo que en el país asiático no es aplicado en la misma forma que de manera clásica lo fue en Rusia, o lo es en Cuba o Venezuela, ciertamente el régimen chino si bien persigue a los cristianos, financia a templos Budistas, e impulsa el estudio de las doctrinas de Lao Tsé --el Taoísmo-- y ha reivindicado a Confucio; siendo que estas doctrinas que son filosóficas y no religiosas, tienen en común con la doctrina del economista y filósofo alemán que son cosmovisiones ateas; aunque pueden tener puntos en común con el Evangelio, como es la idea de la caridad, el ascetismo, el menosprecio a las riquezas y una idea de solidaridad entre las personas, la realidad es que parten de una premisa inversa: para estas doctrinas filosóficas --que no religiones-- el ser humano puede convertirse en un dios, en un iluminado, desde el propio pensador hindú Siddartha Gautama, hasta el Emperador de Japón, el Rey de Tailandia, o los dictadores de Corea del Norte, donde Kim Il Sung ha sido proclamado "Presidente eterno" del país, y el culto póstumo a la personalidad de Mao Tse Tung, se da el reflejo de estas doctrinas propias del Lejano Oriente incompatibles con el Cristianismo que supone para los asiáticos un verdadero terremoto ideológico.

En segundo lugar, y quizá esto es lo que ha importado históricamente a los regímenes orientales, el Cristianismo es visto como una injerencia ideológica de los intereses de las potencias occidentales: para el Japón de la Era Edo, tras los misioneros católicos se encontraban el Imperio Español y Portugal, y se veía con recelo a protestantes Ingleses y Holandeses y sus deseos de conseguir concesiones comerciales, para China, sucede algo similar en la actualidad, además de que el Cristianismo, con su prédica a favor del libre albedrío y la dignidad humana, se opone a los regímenes tradicionalmente autoritarios y hasta totalitarios vigentes en esos países desde tiempo inmemorial.

Es en este contexto que aparece el actuar del Presidente Xi Jinping, hombre que no parece ser especialmente malvado, es sin duda, después de Vladimir Putin, quizá uno de los líderes o estadistas más hábiles del momento, y que ha tomado como misión, el logro de lo que él ha llamado Sueño Chino, es decir que el Celeste Imperio adquiera finalmente no solo la prosperidad material tanto como Estado como para sus habitantes, y que éste al exterior sea considerado una potencia clave en el mundo, evitando volver a ser humillado y subordinado a los intereses de los poderes occidentales.

Así, el Cristianismo fue predicado inicialmente por Jesuitas en los siglos XVI y XVII, y durante el caótico periodo de las postrimerías de la Dinastía Manchú y las Guerras Civiles que culminarían con el triunfo de Mao, por clérigos británicos y estadounidenses y otros europeos, como se retrata en la excelente película Las Llaves del Reino, con el gran Gregory Peck. Ante la expansión de los fieles, Mao decidió lidiar con el problema creando una Iglesia Católica nacional subordinada al Estado: la Asociación Patriótica Católica China, cuyos miembros y sobre todo, jerarcas, debían jurar lealtad al Gobierno y a los postulados ideológicos del Partido Comunista Chino.

Xi es un sujeto culto, refinado, de orígenes aristocráticos puesto que proviene de una familia de terratenientes y militares desde los tiempos imperiales. Su padre fue uno de los generales que colaboró con Mao en la organización de guerrillas que combatieron tanto a Japoneses como a Nacionalistas, y a pesar de ello, no dudó en comenzar desde abajo y escalar, paso a paso, en su carrera política. Es de recordar incluso que siendo un joven funcionario municipal viajara a EUA a inicios de la década de los 80 a aprender técnicas porcícolas y se quedara en la casa de una familia del estado de Iowa, a la que ha ido a visitar ya siendo mandatario, demostrando la tradicional gratitud china.

Casado además con la famosa cantante de ópera y música folklórica china Peng Liyuan, quien ha dado glamour al hasta hace poco muy oculto puesto de primera dama, Xi llevó muchas veces su carrera bajo la sombra de su mujer, muy reconocida y premiada en toda Asia, al grado tal que se bromeaba que, al preguntar quién era Xi Jinping, se respondía "es el esposo de Peng Liyuan", con la que procreó una hija, que ha sido educada como verdadera princesa y ha terminado sus estudios universitarios en Harvard. Xi llegó a la primera magistratura y ha ejercido el poder como un déspota benevolente, --aunque no hay que olvidar que el régimen chino es más bien un sistema colegiado, donde gobierna una cúpula de tecnócratas, casi como la continuación de los Mandarines de la antigüedad, o una verdadera aristocracia, de la que el Presidente es sólo vocero, rostro y ejecutor-- ha flexibilizado la política demográfica del "hijo único" y perseguido con dureza la corrupción, comportándose además con cercanía al pueblo sin perder su personalidad refinada y amable, aunque también ha promovido su imagen, en lo que parece ser la mayor campaña de culto a la personalidad desde Mao y Deng, algo que los siguientes mandatarios habían tratado de evitar. Sin embargo, Xi parece querer mostrarse como el tercero de una cadena empezada con el Gran Timonel que sentó las bases del régimen actual y volvió a colocar a China en el tablero mundial como un jugador a tomar en cuenta, seguida por Deng Xiao Ping, mostrado como el "reformista" que dio inicio al proceso que ha llevado a China hacia la riqueza, y él como el destinado a consolidar la obra de los revolucionarios hacia la hegemonía del "reino del centro" sobre el orbe.

Pero para ello, Xi debe colocar la identidad china al centro de todo y eliminar toda posible injerencia extraña: el Cristianismo es visto como un foco de influencia occidental que puede resultar perniciosa --no en balde puede que tengan una óptica negativa del Cristianismo ante la evidente decadencia de nuestro hemisferio-- y también el Islam, que a través del fundamentalismo islámico que puede filtrarse del cercano y problemático Afganistán, es visto también como un posible instrumento de injerencia de potencias como Turquía, Arabia o Irán, deseosas de ejercer su influencia en el Centro de Asia, visto por Pekín como uno de sus patios traseros, y por ello también ha iniciado una campaña para la "reeducación" de los Uighur o chinos musulmanes de la Provincia de Sinkiang.

Así, la vida de los Cristianos chinos no es fácil y recuerda mucho lo vivido bajo el Imperio Romano, incluso pueden verse algunos testimonios fotográficos, que son verdaderamente desgarradores. Ahora bien, se han dirigido críticas al acuerdo alcanzado entre la Santa Sede y Pekín, en el sentido de que Francisco I parece traicionar a los múltiples mártires de la Iglesia china y entra en connivencia con un régimen que ante todo, es Marxista, al menos en las formas. Abona a esto el secretismo pretendido del acuerdo, del cual, lo que se sabe, es por que se ha filtrado.

En esencia, por lo que se ha filtrado, parece que el acuerdo consiste en una especie de regreso al regalismo, dada la intervención que la Santa Sede concede al Gobierno Chino, aunque tampoco hay que remontarnos a casos tan antiguos, es muy similar a los arreglos hechos en el marco de la Guerra Fría entre la Santa Sede y los gobiernos comunistas de Polonia, Checoslovaquia o Hungría en el marco de la Ostpolitik:

  • Se levanta la excomunión a los obispos de la Asociación Patriótica y se les reconoce su carácter.
  • Los obispos clandestinos, por su parte, son reconocidos por el Gobierno, que deja de perseguirles.
  • Se acepta que el Gobierno fije los lugares de culto autorizados, con lo que se acepta la demolición de templos, así como otras restricciones.
  • El Presidente de China propondrá al Papa a las ternas de candidatos para ocupar alguna sede episcopal, o, según otros, el Papa los propondrá y deberán ser aprobados por el mandatario.

La crítica que se ha levantado ante este acuerdo gira en torno a que el mismo se manejó con total secretismo, además de que al colocar como iguales tanto a los que con heroísmo han vivido su fe en la clandestinidad o sufrido persecución, como a los que se han sujetado y subordinado a los intereses y políticas del Gobierno; por ello, el Cardenal Zen, Arzobispo Emérito de Hong Kong, no ha dudado en calificar al acuerdo de "traición" e incluso tirar duras palabras en contra de Monseñor Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede. La verdad, ciertamente el equiparar a los "vendidos" a la Ciudad Prohibida con los que se han mantenido fieles sí es una bofetada para estos últimos, así como el seguir aceptando restricciones y reducción de la presencia cristiana en China de parte del Gobierno.

Pero por mi parte, yo creo que no debemos llegar a ninguno de los dos extremos al contemplar este acuerdo: primeramente, sí creo que al llegar a un acuerdo entre la Santa Sede y la tradicionalmente hostil República Popular de China, es, con todo y sus asegunes, un logro diplomático y un avance; dice un conocido aforisma jurídico que "más vale un mal arreglo que un buen pleito", y quizá éste acuerdo encuadre el supuesto de ese dicho. Aunque restringidos, los Cristianos Chinos tendrán al menos la garantía de contar con ciertos espacios y un reconocimiento legal, y una posibilidad de que termine o al menos se atenúe la brutal represión ordenada por el régimen.

Además, quisiera plantear una inquietud: finalmente, Dios obra siempre de maneras misteriosas, o escribe derecho sobre renglones torcidos, así que, si bien es posible temer una infiltración de la política pseudomarxista china en la Iglesia como resultado de este acuerdo, pero ¿porqué no? ¿Qué tal si el mismo sirve a la inversa y sin querer, Xi le ha abierto la puerta a la cristianización de China? Después de todo, y pese a la clandestinidad, el número de fieles ha ido en ascenso, y aunque en muchos puede haber cierto resquemor u oposición al acuerdo, otros seguramente, lo pueden ver como una oportunidad de distensión. La Iglesia China, sancionada de manera oficial para obtener de ella una pretendida lealtad hacia el Estado, puede sin embargo tener también una semilla de verdad que puede florecer y extenderse, lo quieran o no las autoridades del Imperio de los Dragones.

En mucho, China es como el Imperio Romano para Asia, a diferencia de éste, que se derrumbó, en su parte Occidental en  el año 476 d.C. y la Oriental en 1453, China pervive tras múltiples avatares y cambios en su sistema político, fuese por la caída y ascenso de dinastías, o finalmente, la llegada al poder del Partido Comunista con Mao, que más bien ha seguido una interpretación de Marx que la ha guiado a la adopción de un sistema liberal-capitalista aún más extremo y salvaje que en EUA o Inglaterra para lograr la prosperidad económica y finalmente, a asumir un puesto de liderazgo mundial mediante una política exterior hegemónica y fuerte.

Xi Jinping, así, me recuerda mucho a emperadores como Trajano, Adriano o Marco Aurelio, déspotas --porque no fueron otra cosa-- paternales y benevolentes que guiaron a su Imperio hacia la prosperidad, sin que eso significara que no fueran brutales en ocasiones, como lo fueron, siendo igualmente perseguidores del Cristianismo, al igual que el Presidente chino. ¿Porqué no pensar, que algún día, China igualmente tendrá su Constantino? Tal vez no lo veamos, pero, ¿qué tal si esa Asociación Patriótica no se contagia más del Cristianismo fecundado por la sangre de los mártires chinos que de las diatribas políticas salidas de la Ciudad Prohibida y algún día llega a fructificar en un mandatario y en una sociedad que tome un cariz diametralmente distinto?

El día que ocurra eso, sin duda, todo el mundo va a conocer la verdadera Revolución China, y la misma, será mundial, y yo estoy seguro que un día, se va a dar.