
Entre muchos otros síntomas de los cambios que nos está tocando vivir y que de manera indudable señalan la decadencia de las instituciones y el orden mundial que conocimos al menos desde 1945 está el ámbito del deporte profesional, o al menos de aquellos deportes que fueron considerados como mainstream o de los eventos de los mismos que consistían en eventos fundamentales con consecuencias incluso políticas y diplomáticas, aparte de convertirse en enormes motores económicos.
Estamos a unos cuantos días de que se inaugure la Copa Mundial de Fútbol a celebrarse en tres países: México, Estados Unidos y Canadá, y por primera vez desde 1930, en que tal torneo tuviera su primera edición en Uruguay, país cuya selección nacional fuese el primer campeón del certamen, no se siente la expectación, ni la emoción, ni el interés que este evento siempre había tenido. Yo lo recuerdo, hace cuarenta años, cuando yo estaba en la Escuela Primaria, México fue sede por segunda vez del torneo, --la primera vez fue en 1970, y para muchos, aquella ocasión ha sido la que exhibió la ejecución de este deporte en su máximo nivel en toda la Historia, con figuras tales como Edson Arantes de Nascimento Pelé, y toda la oncena brasileña que en aquella ocasión se consagró como tricampeona, llevándose de manera permanente al trofeo conocido como Copa Jules Rimet, o Franz Beckenbauer y Gerd Müller de Alemania, entre otras luminarias que labraron páginas históricas en esta disciplina.-- en las calles, en el ambiente, los medios, etc., era palpable, es uno de los principales recuerdos de mi infancia, cómo incluso, en el colegio, se paraban las clases, se introducían televisiones en las aulas, y acompañados de botanas y refrescos, veíamos los partidos de la selección mexicana, encabezada por el gran goleador Hugo Sánchez, Miguel Negrete, quien probablemente ejecutaría el gol más hermoso del torneo, con una chilena o bicicleta extraordinaria, Tomás Boy y su coraje, en la portería el confiable Pablo Larios, Javier Aguirre, (hoy Director Técnico del seleccionado) Ricardo Peláez, Luis Flores, Fernando Quirarte...
En 1986, México había tomado la sede del campeonato de Colombia, que había obtenido la oportunidad de parte de la FIFA para celebrarlo; sin embargo, el país sudamericano vivía una grave crisis de violencia provocada por el enorme poder de Pablo Escobar Gaviria y su Cartel de Medellín y las narcoguerrillas de las FARC y el ELN, a las que se sumaban grupos paramilitares financiados por bandas rivales. México vivía bajo las secuelas de una grave crisis económica, iniciada en 1982, y del terremoto de 1985 que destrozó a la Ciudad de México y algunas otras localidades, en Jalisco, Ciudad Guzmán fue el municipio más afectado.
Aún así, y aunque el Presidente Don Miguel de la Madrid fuera abucheado en la inauguración y en la final del torneo, el país no se sentía a la deriva como ahora, también y si bien los carteles del Narcotráfico ya se sentían presentes, con el asesinato del agente de la DEA, el mexicoamericano Enrique Camarena Salazar, en 1985, y ya antes, en 1981 el asesinato del periodista Manuel Buendía había sentado el primer precedente de lo que se vendría después, aún el Estado concentraba gran poder y era capaz de mantener el orden; el PRI, mantenía vigentes los pactos entre élites y grupos sociales que garantizaban la estabilidad y cierta "paz social", aunque el descontento entre los damnificados del terremoto, en la capital del país, comenzó a ser semillero de militantes y electorado a ser cazado y utilizado por la Izquierda.
De igual manera, el orden internacional se mantenía bajo los simples esquemas duales de la Guerra Fría, en la URSS, Gorbachov tenía poco de haber asumido la Presidencia tras la muerte de Yuri Andropov e iniciaba su programa de reformas: la Perestroika y la Glasnost, justo unos meses anteriores al inicio del Mundial, se había dado el accidente de la central nuclear de Chernobyl, situada en Ucrania, entonces una entidad federativa del inmenso Imperio Ruso vestido de Comunismo. Aquel hecho, significaba el principio del fin, precisamente, del poderío moscovita, labrado desde Iván III el Grande y llevado a su apogeo por Stalin apenas cuarenta años atrás. EUA por su parte, bajo el mandato del otrora actor mediocre de Hollywood, Ronald Reagan, alcanzaba el auge de su poder blando a través de los medios, principalmente el cine, su economía pujante y el carisma del propio Presidente, visualizado como líder de la Libertad.
En ese esquema, la vida era aderezada por una serie de eventos periódicos que suspendían todo para que la gente estuviera atenta a la TV y se dejara fascinar por el deporte, convertido en forma de propaganda para las dos grandes potencias y algunas otras que, a través de los héroes que sobre las pistas y las canchas reivindicaban el patriotismo y los colores de sus banderas cada cuatro años: los Juegos Olímpicos y el Campeonato Mundial de Fútbol.
Hoy, sin embargo, las cosas han cambiado.
La Federación Internacional de Fútbol Asociación o FIFA, bajo la dirección del suizo Gianni Infantino, creo yo, se ha convertido en la mayor muestra de la corrupción, el oportunismo político y la conversión del deporte en un negocio vacío, en un mero marketing para la venta de mercancías colaterales al propio balompié alejado de aquellos ideales que pioneros como Pierre de Coubertin o el mencionado Jules Rimet habían fijado como finalidades de la competición deportiva. Esto ya comenzaba en los 80, cuando la Federación era encabezada por un empresario (de la industria de armamentos) brasileño llamado Joao Havelange, quien convirtió al Fútbol en un producto o mercancía que vendía. Y no era el único, en el Comité Olímpico Internacional, el máximo organismo deportivo mundial, el español Juan Antonio Samaranch igual dejó de lado la idea del deporte amateur para convertir a las Olimpiadas en un negocio lucrativo y pujante sostenido por la publicidad y los patrocinadores. En el Automovilismo, Max Mosley, hijo del líder Nacionalsocialista inglés Oswald Mosley y de Diana Mitford, amiga personal de Adolfo Hitler, era el Presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) y Bernie Ecclestone, el Director de la Fórmula 1, la máxima categoría del deporte motor, hacían grandes negocios y comenzaban a protagonizar una serie de escándalos de corrupción.
Sin embargo, es claro que Infantino ha superado a cualquiera de estos personajes o aún a su antecesor: su compatriota Joseph Blatter, con quien inició la hoy al parecer imparable decadencia del Fútbol: Blatter inició la implementación de la ideología Woke en el deporte, fomentando la creación de ligas femeniles profesionales que sobreviven prácticamente subsidiadas porque en realidad a nadie le interesan, ni siquiera a las propias mujeres (un enorme número de entre las jugadoras, por otro lado, resultan muchas veces tener tendencias más varoniles que sus contrapartes masculinas) dado que, por las características anatómicas, fisiológicas y hasta psicológicas de las féminas, sus movimientos en la cancha resultan ser mucho más torpes, son mucho más dadas a cometer faltas, algunas sumamente violentas, corren de manera más lenta, se les dificulta controlar la pelota, no tienen puntería hacia la portería y se agotan más rápidamente, además de que las agresiones en el campo y las peleas o "broncas" entre jugadoras son mucho más frecuentes que entre los varones, lo que lleva a que en enfrentamientos entre equipos femeniles de primera línea contra equipos incluso escolares de adolescentes varones, resulten derrotadas de manera no solamente aplastante, sino humillante con abultados marcadores --al igual que el Béisbol, donde se creó el Softbol como una versión adaptada a las características de las mujeres, creo que para que el Fútbol femenil fuera más atractivo tendría que ser adaptado: una cancha más reducida, periodos de juego igualmente más cortos, porterías más grandes, un balón más suave y quizá más grande también,-- pero subsiste con tal de cumplir con dictados ideológicos y políticas impuestas. Igualmente, se adoptó el credo LGBTQ, lo que no impidió que, a cambio de algunos millones de dólares o euros, se concediese las sedes de los campeonatos de 2018 y 2022 a Rusia y Qatar, países con feroces políticas anti-homosexuales.
Pero además, durante estos años se dio la cada vez mayor "islamización" del Fútbol, sobre todo del europeo, cuando miembros de las familias reales de las monarquías del Golfo Pérsico y algunos otros países del mundo islámico, comenzaron a adquirir clubes o a invertir en ellos: varios potentados de Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Qatar o Bahrein y Pakistán o hasta Indonesia se volvieron propietarios o accionistas de equipos legendarios como el Barcelona FC, Arsenal, Manchester City, Manchester United, Paris Saint Germain, Liverpool, Cristal Palace, entre otros muchos, esto incluso ha quedado sellado en el terreno personal, con el matrimonio de Gianni Infantino con una aristócrata libanesa con la que ha tenido hijos (pese a los rumores de su homosexualidad, y que él mismo lo ha dejado entender). Esto ha inyectado mucho capital en las ligas europeas, aunque también, es claro que en las plantillas de esos equipos se ve tanto la influencia de esos países, como los cambios demográficos en Europa.
Sin duda, la culminación de esto fue el Mundial de Qatar en 2022, mismo que se saldó con la victoria de Argentina sospechosamente conveniente para vender la figura de Lionel Messi, jugador habilidoso, pero muy lejano de estar realmente a la altura de un Maradona, Pelé o Zidane y cuya figura fue inflada a lo largo de su carrera por la mercadotecnia y patrocinado por la Directiva del Club Barcelona, punta de lanza de la propaganda separatista catalana y vendido a los intereses del propio Qatar y su familia real.
Así, llegamos a un campeonato que recibe a las tres sedes: ya en 2002, bajo Blatter, se celebró el Mundial en Corea del Sur y Japón, lo cual no representaba grandes desafíos logísticos, dada la corta distancia entre ambos países y también los territorios pequeños de ellos. En cambio, Canadá es el segundo país más grande del mundo, EUA, el cuarto, y México, el décimo tercero, estamos hablando de países enormes con distancias larguísimas entre las ciudades sedes. Pero además, en un momento político enormemente tenso y complicado para los tres.
México vive una crisis de seguridad, pero igualmente política y social semejante a la que obligó a Colombia a declinar la sede en 1986: la administración de la señora Sheinbaum está colapsando; sin el carisma de su antecesor y mentor, ni su habilidad política para "torear" los problemas, y con las instituciones demolidas por el populismo autoritario practicado igualmente por él, la primer mandataria mujer y judía de México naufraga ante los escándalos de corrupción, narcotráfico e inseguridad generalizada, con Gobernadores estatales investigados en EUA, lo que ha llevado a tensar las relaciones, aunque dentro de lo que parece un arreglo siniestro con Trump --por las declaraciones de su nuevo Secretario de Seguridad, que elogia la "colaboración" entre ella y Washington, pese a la negativa a entregar al Gobernador Rocha Moya de Sinaloa y otros funcionarios investigados-- obras de infraestructura hechas al vapor, muchas aún inconclusas faltando pocos días, y aún con protestas sociales de víctimas de la delincuencia como son las familias de los enormes números de desaparecidos y sindicatos inconformes con el sistema de pensiones, como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación CNTE.
Estados Unidos vive bajo una gran tensión social bajo el Gobierno de Donald Trump, empantanado en la Guerra con Irán en un estado que oscila entre la negociación y la contienda, con combates y bombardeos esporádicos, anuncios de acuerdos y luego negaciones de los mismos, crisis económica y la erosión institucional llevada a cabo por el propio mandatario en un programa de reformas que parece conducir no a su autocracia personal, pero sí a pavimentar el terreno para el entronizamiento de las ideas de la Ilustración Oscura de la que hemos hablado aquí, junto con tensiones sociales internas ante la falta de acción en torno al Caso Epstein, el hartazgo ante el apoyo sistemático de EUA a Israel, una situación económica deteriorada y en la que la crisis energética originada por la Guerra en Medio Oriente ha tenido que ver.
Igualmente, la política migratoria del actual Gobierno ha llevado a que haya descendido el número de visitantes a EUA en los últimos dos años, y el caso de la Selección Nacional de Irán, que como resultado del sorteo, jugará la fase de grupos en San Diego, California, pero con la guerra y las amenazas de Trump contra sus jugadores, se ve obligada a hospedarse en Tijuana, Baja California, en México. Además de todo ello, es de recordar el tradicional desinterés de los estadounidenses por el Soccer, como ellos le llaman (un derivado de la abreviatura Asocc. para referirse a la Footbal Asociation, la Federación Inglesa, que fue el primer organismo rector del deporte de las patadas) ya que este deporte, aunque en los años 20 fuera popular, y que incluso EUA se colara al podio en el primer campeonato siendo el tercer lugar al ser derrotado por Argentina que se enfrentó a Uruguay en la final, y a su vez, venciera al entonces Reino de Yugoslavia para quedarse con la presea de bronce, nunca logró desbancar al Béisbol y sobre todo a su deporte hermano: el Fútbol Americano, que tenía mucho empuje en las universidades y, a partir de los años 60, una avalancha de apoyo de la mercadotecnia.
Por su parte, Canadá carga con una fuerte tensión con su vecino del sur, ya que Trump sigue con sus discursos expansionistas y es posible ver su influencia en el separatismo de la Provincia de Alberta con la intención de que sea anexada por EUA, además de que la situación económica tampoco es buena, y aunque el Fútbol sí genera interés en los canadienses, por las circunstancias climáticas y de tradición, son mucho más proclives al Hockey sobre Hielo, verdadero deporte nacional del país de la Hoja de Maple.
¿Porqué Infantino determinó darle la sede a tres países en situaciones complicadas y controversiales? Por simple y puro negocio: desde la edición de 1994, si bien los estadounidenses no se sintieron particularmente atraídos por un deporte que, pese al renacimiento de una liga profesional, la Mayor League Soccer o MLS, y al surgimiento de talentos nacionales como Alexis Lalas y posteriormente Landon Donovan, entre otros, siguen viendo como algo ajeno a ellos, sus grandes empresas de medios y productos deportivos sí lo vieron como una oportunidad de negocios monumental --algo que el codicioso Havelange, en ese entonces, también vió-- y ahora resulta que los gringos sí saben quién es Cristiano Ronaldo, quién es Messi, o quién fue Beckham, (quien incluso es propietario del Inter de Miami, equipo en el que actualmente milita el argentino), también ubican al Real Madrid o al Barsa, y hacen apuestas millonarias en torno a los resultados de las ligas europeas, pero sobre todo hacen grandes negocios vendiendo merchandising en torno al Fútbol, cobertura mediática y demás. Por ello, Infantino le dio la sede a EUA, pero como necesitaba público y ése en su mayoría lo dan los inmigrantes hispanos, los más de origen mexicano en suelo estadounidense, decidió extender la sede a México, y como, parte de la alianza comercial existente en Norteamérica con el T-MEC, decidió también incluir a Canadá.
Claro, el regreso de Trump a la Presidencia de la República del norte en cierta forma desbarrancó los planes: la política migratoria ha ahuyentado a la audiencia hispana y sobre todo mexicana de los estadios en EUA, las tensiones con Canadá y México dificultan un tanto la logística, y el clima de guerra y conflicto que se respira en el mundo hizo temer que incluso algunos países regresaran, como en 1980 y 1984 al boicot contra la justa deportiva como protesta contra las políticas de Trump, aunque muchos aficionados europeos se la han pensado en viajar a EUA al que ahora ven como un lugar hostil. Entonces Infantino, ante las posibles pérdidas millonarias determinó que se inflaran los precios de las entradas a niveles estratosféricos.
De igual manera, Infantino decidió, ridículamente, arrastrarse a los pies de Trump, de una manera asquerosamente servil y lambiscona, otorgándole el --inventado para la ocasión-- Premio FIFA de la Paz, quizá buscando que, ante el torneo, el neoyorkino temperaría sus medidas migratorias y rebajaría el tono de sus diatribas contra sus otrora aliados europeos, mas no fue así, a Trump, quien no es más que un redneck adinerado, el Fútbol le es intrascendente y en todo caso, sólo le importa salir en la foto entregando la copa al vencedor del torneo, a fin de promover su ego.
Además de ello, el aumento de participantes en lo que es, en puridad, la fase final del Campeonato Mundial, a 48 selecciones, implica un descenso en el nivel de juego a verse: no puede ser que países como Cabo Verde o Curazao, con ligas prácticamente amateurs, se midan a potencias como España, Argentina, Brasil o Alemania. Además de ello, es claro que tendremos, por primera vez, un torneo al que no llegan verdaderas figuras; a grado tal se da esto, que tanto Lionel Messi como Cristiano Ronaldo, quienes ya superan los 40 años de edad, van a jugar su sexto campeonato, superando el récord que hasta ahora sólo dos jugadores que, a la distancia, ya parecen personajes mitológicos, han logrado: el portero mexicano Antonio la Tota Carvajal y el mediocampista alemán Lothar Matthäus con cinco participaciones cada uno. Aunque tanto el argentino como el portugués mantienen una buena condición física, y aparentan menor edad de la que tienen, el hecho de traerlos ya, en la etapa final de sus carreras a jugar el campeonato muestra el terrible estancamiento en el que se encuentra el Fútbol sin la generación de nuevos talentos: ni el noruego Herling Haaland, o el francoafricano Kilian Mbappé muestran tener madera de estrellas; el primero, porque su talento se pierde, como en su momento le pasara al norirlandés George Best, en la mediocridad generalizada del resto de su selección, y el segundo por su propia conflictiva manera de ser.
El que selecciones europeas como la francesa o incluso la española, cuenten con casi la totalidad de sus miembros surgidos de los inmigrantes africanos o islámicos que han llegado a sus países, nacidos en los suelos ibéricos o galos, pero hijos de esos inmigrantes, o de plano naturalizados, exhibe la crisis demográfica de esos países, en que hay un escaso número de jóvenes europeos, y menos con talento o la necesidad de dedicarse profesionalmente al Fútbol, ante ello, han tenido que echar mano de estos jóvenes salidos de los arrabales e impulsados por el hambre que los lleva a correr tras un balón. Y esto ya no es reciente, recordemos que la última gran estrella francesa del balompié francés: Zinedine Zidane, era en realidad un argelino, accidentalmente nacido en Marsella.
Algo similar pasa en Brasil, donde, como ya lo había comentado aquí en ediciones anteriores del campeonato, la magia del fútbol se va apagando ante la indudable elevación del nivel de vida de los brasileños y donde las favelas cada vez se exhiben más hasta como atractivos turísticos con una miseria al estilo Potemkin que oculta que, para fortuna de esas personas, han pasado a ser clasemedieros, a tener estudios profesionales y a dejar de lado el Fútbol como única forma de salir de la miseria, y cuando no ha sido esto, ha sido su suscripción a organizaciones criminales tan potentes y "exitosas" como los carteles mexicanos, pensemos en el Comando Vermelho o el Primeiro Comando da Capital y el Terceiro Comando Puro, han generado opciones, desgraciadamente, ajenas al deporte. Produjeron una falsa estrella: Neymar, que nunca logró salir de ser un jugador regular, y después ya no ha habido nadie.
Es cierto que países de Europa Oriental como Polonia mantienen selecciones conformadas por nativos, debido a políticas migratorias estrictas, pero también son países que, blindados por sus valores religiosos templados en la resistencia al Comunismo, y aún por éste, que tomó un cariz bastante conservador en lo moral, hizo que la crisis demográfica les llegara más tarde, hasta los últimos años; sin embargo, sus ligas profesionales no cuentan con los recursos y la capacidad de generar jugadores y equipos tan potentes o reconocidos como los de Alemania, Francia, Italia o Inglaterra; aunque es de contemplarse con tristeza el desmoronamiento brutal y repentino del Calcio italiano, que no logró clasificar a la justa, como tampoco lo hizo a los Mundiales de 2018 en Rusia y a Qatar en 2022.
Ante todo esto, no es de extrañarse que otros deportes empiecen a aumentar su popularidad con la creciente decepción de los aficionados: el Mundial de Béisbol, también llevado a cabo este año, terminó con la coronación de Venezuela ante una selección de EUA conformada por estrellas de las Grandes Ligas, apenas unas semanas posteriores a la captura de Maduro, en algo que se antojó hasta cierto punto reivindicativo por muchos. Las artes marciales mixtas atraen a un público numeroso, e incluso, esa barroca mezcla de circo, maroma, teatro y deporte de combate que es la Lucha Libre está comenzando a tener un nuevo boom pese a las pésimas decisiones directivas de la mayor empresa de esa disciplina, la WWE, en sus torneos estadounidenses, puesto que la nueva compañía, encabezada por el magnate pakistaní de los deportes: Tony Khan, la AEW, está logrando un nivel de competición extraordinario, y lo mismo su aliada mexicana el Consejo Mundial de Lucha Libre, y tras la adquisición el año pasado de la mexicana AAA, precisamente por la WWE, bajo el mando del mítico luchador Mark Callaway, mejor conocido como Undertaker, el nivel creativo y deportivo de esta promoción que parecía pocos meses antes hundirse en la irrelevancia, está logrando un impacto internacional brutal.
En definitiva, Gianni Infantino, y la FIFA, impulsados por una codicia sin límites y los intereses comerciales detrás del Fútbol han llevado a la decadencia de este deporte y a que la afición resulte ahora bastante apática ante un torneo caro, malo y polémico. Habría que pensar si el que se celebren este tipo de eventos, desde los Juegos Olímpicos --los recientes Invernales, llevados a cabo en Turín, Italia, apenas suscitaron interés, y se caracterizaron por un nivel deportivo paupérrimo, bastaba ver en el Patinaje Artístico las continuas caídas y malas ejecuciones de los competidores de los diversos países, o los accidentes en el Bobsleigh-- A las Copas Mundiales de Fútbol, o al menos en la forma que se llevan a cabo actualmente, de lo contrario, incluso las metas de negocio y monetarias que pretenden, no serán alcanzadas; definitivamente, ya puede plantearse, a apenas unos días de que inicien los partidos, que éste será el peor Mundial de la Historia, y quizá sea algo bueno, porque puede llevar a que los directivos del Fútbol, jugadores y aficionados exijan la salida de Infantino y que al igual que a Blatter, se le investigue por sus más que indudables corruptelas, su subordinación a intereses políticos y ajenos al deporte, negligencias y acciones dolosas que han destruido al deporte en pro de su becerro de oro.

