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10 de enero de 2026

IRÁN ¿CAÍDA DEL RÉGIMEN (Y DEL ISLAM)?

 Protestas en Irán: gobierno 'apaga' acceso a internet; suman 45  manifestantes fallecidos | Radio Fórmula

El año pasado se dio la Guerra de los Doce Días entre la República Islámica de Irán y el Estado de Israel. Tal y como lo señalamos en este espacio, de ese breve pero contundente conflicto, que tuvo una salida que claramente fue negociada por Trump tanto con Netanyahu como con la dirigencia persa, y tenía que ser así porque realmente, el régimen islamista había demostrado contar con una capacidad  de resistencia bastante mayor de la esperada, pues, ante un aparente éxito inicial de Israel, los Persas fueron saliendo de la sorpresa en que los encontraron los bombarderos del Estado Judío, comenzaron a desplegar sus misiles y drones más modernos, a evadir las defensas israelíes y a causar daños serios a infraestructuras militares, pero también civiles de Israel, si la guerra hubiera durado más, eso habría comprometido seriamente la posición de Netanyahu al frente del Gobierno.

Sin embargo, y pese a que lograron salvar gran parte de su programa nuclear, la realidad es que Israel había conseguido, tras su operación militar en Gaza, y en Líbano, debilitar a las milicias islamistas financiadas por el Estado Persa: Hamas y Hezbollah, mientras que la derrota y huída de Bashar El Assad en Siria, le quitó un aliado importantísimo en la región. Además de ello, las sanciones económicas, agravadas por Trump en contra de Teherán, fueron provocando una crisis económica que estalló con virulencia en diciembre con una devaluación muy fuerte del Rial, la moneda nacional iraní, ante la cual, el descontento igualmente explotó como nunca antes, junto con el hartazgo de las mujeres persas ante su carácter como ciudadanas de segunda en la sociedad.

A fuer de ser justos, es de señalar que el Islam Chiíta, corriente mayoritaria profesada en Irán, es el más liberal de todas las variantes del credo mahometano. Los Persas, desde la batalla de Karbala, en que Hussein, el nieto de Mahoma fuese muerto por los Omeyas en el siglo VII, que de esa manera se hicieron con el trono califal del recién fundado Imperio Islámico, acogieron a su familia reconociendo a sus descendientes como los Imanes que predicaron la correcta versión de la doctrina del "profeta", y además le adaptaron a sus costumbres, convirtiéndolo en parte de su identidad nacional, aunque no fue sino hasta el siglo XVI en que la dinastía de los Safávidas que se sentaba en el trono de Ciro el Grande, le convertiría en la religión oficial del Estado Persa, así, las restricciones del vestuario de las mujeres fueron más laxas que en los países de Islam Sunnita, como en Arabia, por ejemplo, e incluso, no se les negaba acceso a la educación. Además de ello, las dinastías Qajars desde el siglo XIX, y la Pahlavi, ya en el XX, fueron muy receptivas a la influencia Occidental, principalmente británica, mejorando aún más la situación de las mujeres, en parte gracias a la famosa "princesa bigotona" Zahra Tal-Saltaneh. Para el reinado de Mohamed Reza Pahlavi en los años 70 del pasado siglo, las mujeres iraníes, sobre todo de las zonas urbanas, habían adoptado un modo de vida totalmente similar al occidental, incluso en el vestuario, usando hasta faldas cortas.

Sin embargo, precisamente que el régimen, contrario a otros más radicales de signo Sunnita, permitiese que las mujeres tuviesen acceso a  ciertos cargos públicos, y que fuese el país musulmán con más mujeres egresadas de carreras universitarias, en particular las ingenierías, fueron llevando a que finalmente, exigieran recuperar los derechos plenos de los que gozaban bajo el último sucesor de los Aqueménidas, y mayores oportunidades laborales, mismas que no hay como consecuencia de las sanciones económicas que impiden invertir en el país, con todo y pese a que el gobierno del último Rey de Reyes no fue precisamente pulcro y apenas una caricatura de aquellos que convirtieron al antiguo Irán en una poderosa potencia expansionista, para encontrarse totalmente sometida a los intereses norteamericanos e ingleses, sobre todo tras el golpe contra el Primer Ministro Mossadegh.

La crisis económica, las sanciones y el aislamiento al haber perdido o haberse debilitado sus principales aliados externos, así como una terrible sequía que ha asolado al agro persa y afectado al servicio de agua potable en las urbes, combinado todo ello con la no descartable acción de agentes norteamericanos e israelíes promoviendo alguna agitación para provocar una Revolución de Colores, que está poniendo en riesgo al régimen de la República Islámica tras cuarenta y siete años de riesgoso aventurerismo con sus intentos por convertirse en la potencia máxima de la región y el mundo musulmán, dirigidos principalmente contra la implantación del Estado de Israel, a quien ve como su principal rival, están costando factura.

Pero además, el alineamiento de Irán con Rusia y China, coloca como momento propicio para provocar el derrumbe del régimen, más cuando lo que busca Trump es evitar que estos dos colosos asiáticos amenacen la hegemonía estadounidense. Así, si ahora Venezuela, ya sometida a los dictados imperiales de Trump, ya no será fuente de hidrocarburos para Pekín, ésta se había acercado a Teherán a fin de que le surtiese del preciado oro negro; sin embargo, la eventual caída del régimen y el restablecimiento de la monarquía en la persona de Reza Ciro Pahlavi, hijo del depuesto Sha, como igualmente, un títere de Washington, implicaría no solo que China no tendría acceso a un importante proveedor para su potente industria, sino que, igualmente, la probable instalación de bases militares en territorio persa constituiría una amenaza directa tanto para el Celeste Imperio  y la India de Modi, distanciada de EUA por sus ambiciones que le han llevado también a ser parte de los BRICS, desde el oeste, como para Rusia desde el sur. En el ajedrez mundial, Trump tendría una posición de ventaja para tener vigilados y amenazados a sus rivales eurasiáticos.

La caída del régimen islamista en Irán sin duda sería algo bueno para el mundo, no solamente porque eliminaría una fuente de terror al planeta, y evitaría que un Estado aventurero continuase intentando revivir sus glorias de un lejano pasado, aliviaría las presiones sobre Israel, pero sobre todo, puede tener una consecuencia inimaginable: la actual rebelión no solamente se dirige contra un gobierno que ha fracasado en sus excesivas ambiciones y por contrario, le generó una situación angustiosa a su pueblo, al que ha reprimido violentamente y discriminado a un sector del mismo --el femenino-- por seguir los dictados de un mercader psicópata del desierto árabe que unificó a tribus bárbaras y nómadas y derrotó y humilló a los poderosos Sasánidas, entonces reinantes en Irán, imponiéndoles un credo, que en parte, se había originado del Zoroastrianismo iránio pero que se combinaba con dogmas e ideas propias del mundo semita, siempre opuesto y antitético al persa, de raíz indoeuropea.

Así, se están dando serios cuestionamientos en estas protestas contra el Islam mismo, incluso, se han quemado mezquitas, con lo que quizá, el nuevo régimen que se imponga a la caída de los ayatollah, se establezca como un verdadero Estado laico que permita la libertad de conciencia y de cultos, y que desislamice a Irán, la pregunta sería, si eso iniciaría una reacción en cadena que lleve a que el Islam sea cuestionado en Arabia Saudita y las otras petromonarquías, en Egipto, Turquía, Siria, --donde existen grupos insurrectos que no reconocen al terrirista Al Jolani como nuevo Presidente-- y hasta el Norte de África. 

Mientras que el Cristianismo, y aún el Judaísmo actual contienen una doctrina eminentemente espiritual, el Islam no es otra cosa que un paganismo evolucionado, conformado por elementos de los cultos semitas antiguos, influencias del Cristianismo Gnóstico, de ciertas corrientes Judías igualmente minoritarias y aún del Zoroastrianismo, que no concibe una verdadera dimensión espiritual, incluso, su visión del Más Allá, se concreta a un paraíso materialista, con el goce de placeres sensibles, sobre todo sexuales para los varones. Ante el mundo de hoy, la doctrina del Corán no ofrece respuestas sobre el sentido de la vida y los problemas de la existencia, ni de la trascendencia, por lo que, puede que veamos el principio del fin de la religión Musulmana, que a partir del siglo XVI empezó a mostrarse incapaz de superar a Occidente en ciencia, tecnología y poderío, y si bien los inmigrantes islámicos en Europa pueden representar una amenaza para ésta, también lo es que mucho musulmán queda con la frustración y rabia de no lograrlo, y encontrar que la causa radica en continuar con un culto fundado por nómadas pobres y belicosos, y que si bien en su momento, unificó a los pueblos del Medio Oriente en lo político, en lo intelectual, y en lo espiritual, no ofrece nada.

Es hora de que esos pueblos, se sacudan tal lastre y el mundo respire sin una ideología supuestamente religiosa, pero que sólo predica la guerra, la opresión y la conquista más salvaje y primitiva.

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