La excelente documentalista española Raquel de la Morena, que hace un extraordinario contenido que puede verse en su canal de Youtube, ha hecho un excelente vídeo en el que trata de lo que fue el enfrentamiento de la Guerra Fría en Hispanoamérica en los años 60, 70 y 80 del pasado siglo principalmente. y que es un antecedente de lo que ha pasado en este fin de semana, el primero de este 2026 que parece será una montaña rusa de acontecimientos y emociones, sobre la dicotomía entre Izquierda y Derecha en nuestros países al sur del Río Bravo.
Sin embargo, eso corresponde al pasado, mientras que en México, siempre trasnochados, vamos unos 10 años por detrás de la Historia y estamos en una especie de "pico" del Izquierdismo con MORENA en el poder, y también todavía con políticas públicas que impulsan al Wokismo, como era en EUA y otras partes del Mundo Occidental durante la década del 2010, --y en lo mismo anda atrasado Brasil, con Lula,-- La realidad es que, probablemente con la caída de Nicolás Maduro en Venezuela hemos visto también la caída de la Izquierda Latinoamericana, lo que, en cierta forma sí da la razón a Francis Fukuyama: estamos viendo el fin total, de la política impulsada por ideologías... pero no de la Historia.
Hace unos días, por ejemplo, vi en Youtube el mensaje de Año Nuevo del Presidente chino Xi Jinping, quien no hizo mención alguna del Comunismo, de Marx, Lenin o aún de Mao Tse Tung, habló de innovación, de inversiones en desarrollo tecnológico y estímulos a empresas, en nada sacó a relucir los sustentos ideológicos de su régimen. Entre tanto, Trump ha dejado de usar la retórica tradicional de "defender la Democracia y extender la Libertad" siempre usada por los Presidentes norteamericanos par justificar invasiones e intervenciones en otros países, el magnate, de forma descarada y cruda, ya ni siquiera habla del Narcotráfico, sino del control del petróleo, prácticamente, se está estableciendo una relación neocolonial entre Washington y Caracas.
Tal y como en su momento lo planteé en este Blog, dije que lo más seguro es que el conflicto venezolano terminaría con un acuerdo mediante el cual el Chavismo cambiaría de bando y se colocaría a las órdenes de EUA, como parte, muy probablemente, del reparto de zonas de influencia negociado entre Putin y Trump en Alaska hace unos meses. Claro, el detalle que preví fue la captura de Maduro por las fuerzas norteamericanas, pero finalmente, puedo ufanarme de que acerté en gran parte, y no porque tenga dones sobrenaturales, sino porque simplemente hay que saber leer los patrones. Trump sabía que era muy riesgoso lanzarse a una invasión tal cual, con el armamento ruso y chino dado al régimen, sus fuerzas paramilitares y demás, aquello podía volverse un nuevo Vietnam. Pero el neoyorkino sabe negociar y corromper, como hiciera en el pasado con funcionarios municipales del área de desarrollo urbano de Nueva York, y sabe que los regímenes autoritarios son más proclives a venderse que los democráticos.
Así, es muy claro que la cúpula chavista entregó a Maduro como su cordero pascual, a cambio, tanto la Vicepresidente, ahora a cargo del Ejecutivo venezolano, Delcy Rodríguez, señalada por crímenes de lesa humanidad, como su hermano Jorge, Presidente del Parlamento, el Ministro del Interior Diosdado Cabello, señalado como verdadero jefe del llamado Cartel de los Soles, y el Ministro de Defensa Vladimir Padrino López, se mantienen al frente, y al parecer, han pactado con EUA, hacer pingües negocios con la administración Trumpista y las petroleras norteamericanas; ha quedado en ridículo todo ese discurso virulento "antiimperialista", marxistoide y demás que todavía hasta el mismo sábado pasado esgrimía la ahora mandataria. Trump, por otro lado, ha deslegitimado por completo y ha destruido las reclamaciones de la Oposición al desestimar el papel de María Corina Machado, no falto de razón, por otro lado, además de que, muy probablemente, y en esto insisto, ella siempre fue una disidencia controlada, y no dudo que haya sido, tras salir del país sudamericano e ir a Oslo, para recoger el Nobel de la Paz, el contacto con el que se concretó la negociación final.
Delcy será una verdadera Virreina con la que se establecerá una relación totalmente colonial al estilo del imperialismo británico o francés decimonónico: Venezuela producirá materias primas, principalmente el petróleo, que será vendido a EUA, que de esa manera tendrá poder para controlar los precios del carburante y habrá neutralizado en gran parte a la OPEP, salvando además al petrodólar, y de esa forma frenando la caída de su moneda nacional, misma que empezó a ser socavada desde que las sanciones económicas implementadas por Biden contra Rusia llevó a que ésta y los BRICS empezaran a sustituirla por una canasta de monedas propias para las transacciones de hidrocarburos. A cambio, el país caribeño comprará única y exclusivamente mercancías norteamericanas y no venderá sus productos a China, Rusia, o cualquier otra potencia rival de Estados Unidos. Es decir, es una vuelta a los siglos XVI y XVII, en que la Casa de Contratación de Sevilla, bajo la dinastía de los Habsburgo en España, prohibió a los Virreinatos y posesiones americanas comerciar entre ellas y con potencias rivales del reino ibérico, como Portugal, Inglaterra, Francia o la naciente Holanda.
¿Y la Democracia? Puede esperar, aunque hay algunos indicios de que el régimen se suavizará, y así se ha dado la liberación de presos políticos, también ha trascendido que, contradictoriamente, se ha dado en esta semana una fuerte represión de disidentes, probablemente no los que festejaron la captura de Maduro, como los medios dicen, sino de aquellos que se oponen al nuevo estado de cosas. No nos engañemos, ya no se trata de Democracia, ni de establecer el Estado de Derecho, esto se trata de una política del poder y de un caos internacional que se estructurará como fue desde 1492 a 1945: una lucha entre potencias y un reparto de zonas de influencia. Así, es de preverse que en Venezuela no se dará esa transición, se dará el establecimiento de un régimen títere en que los Chavistas se mantendrán como "gobierno virreinal" garante de los intereses de Washington y sus petroleras, con las que el Presidente se entiende mientras ningunea al Congreso y desoye los controles constitucionales de su poder.
Trump no es un demócrata, ni un liberal, de su propia boca ha salido el desprecio a la existencia de un orden jurídico internacional y de que sus límites son sus propios criterios morales (¿los tiene) y su mente, pero también su actuación al interior se ha dado en completo desprecio al orden jurídico nacional: la muerte de una aparente manifestante en Minneapolis, capital del estado de Minnesota, y también otros tiroteados en Portland, Oregon, a manos de agentes federales a los que se da cobijo directamente desde el Ejecutivo Federal por boca del Vicepresidente Vance, muestran que EUA se dirige al establecimiento de un régimen autoritario, paso a pasito, a veces más rápido o más lento; por supuesto, y aquí lo he dicho: esto lo iniciaron los Demócratas, que con sus políticas wokes crearon nuevos grupos privilegiados y destruyeron el principio de igualdad ante la ley. Con Kamala Harris en la Presidencia, sin duda EUA la situación sería mucho peor: estaría sumido en un caos interno y además continuaría una represión desatada contra todos los que no fueran políticamente correctos, por lo que igualmente sería un régimen autoritario pero aún más inepto y torpe, centrado en difundir las idioteces de género y los resentimientos raciales; la autocracia de Trump, en cambio, al menos asegura mantener una cohesión interna y salir de la locura woke.
Porque también, detrás de esta actuación en Venezuela se esconde que el neoyorkino necesitaba urgentemente una victoria, un golpe de mano con el que conjurara las amenazas a las divisiones internas de su partido, ocasionadas por sus fiascos, sus indecisiones, retractaciones y sobre todo, por su falta de resolución en el Caso Epstein, lo que estaba aupando al todavía más radical Nick Fuentes y dando pie a la radicalización de los Demócratas con Mamdani. Además, tenía que mostrar fuerza a sus rivales externos: China y Rusia, con lo que quizá se conduce a la consolidación de este nuevo régimen que busca implantar en EUA tras las elecciones legislativas a celebrarse en noviembre, y en las que yo creo, Trump y este Partido Republicano, ahora más bien MAGA, arrasará, y en las que se verán las concesiones dadas a los representantes de la corriente de los Groypers extremistas de Fuentes.
Por otro lado, creo que, en cumplimiento a lo negociado con Putin, viene la toma de Groenlandia, no tanto por el valor material o estratégico de la isla helada, sino por el efecto que tendrá: la desaparición de la OTAN; Europa, sin EUA, no tendrá la fuerza para organizar una defensa conjunta ante Rusia, China o las potencias islámicas y no es de dudarse que varios de sus países terminarán por buscar ponerse en la órbita de Moscú.
En México, dudo mucho que se venga el derrocamiento de la 4T como muchos esperan y hasta se emocionaron tras el derrocamiento de Maduro, pero ahora, que el Chavismo no cae, sino que estrecha relaciones con EUA, es muy probable que las amenazas de intervención en nuestro país por parte de Trump lleven a que la Presidente se subordinará a éste como su homóloga sudamericana, y que Morena, como heredero del PRI, adoptará su camaleonismo, e igualmente evolucione, poco a poco, hacia una postura más de Derecha, mientras podemos suponer que ya está en negociación o ya negociado, que el sucesor al frente de la Presidencia de México será el empresario Ricardo Salinas Pliego.
Este año será una montaña rusa, y abróchense los cinturones, que tiempos complicados y oscuros vienen.


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