
Lo que estamos presenciando, en lugar de estimular que surjan más "teorías de la conspiración", debería de verse cómo en realidad prueban su falsedad y superficialidad. En realidad, lo que hemos visto en las elecciones brasileñas, la campaña electoral para las Legislativas en EUA, el ascenso del partido AFD en Alemania, el ascenso del poder regional de los Hutíes en la Península Arábiga, el estancamiento, favorable para Irán, del conflicto en el Golfo Pérsico, los disturbios en Europa y muchos otros fenómenos políticos que hemos contemplado a lo largo de los diez meses que lleva este año muestran que no todo es tan sencillo como para calificarlo de una guerra del Bien contra el Mal o todo parte de un plan orquestado por algún conciliábulo secreto de extraterrestres, miembros de algún culto o millonarios. En realidad, estamos contemplando el choque de muchas fuerzas en un periodo de transición en el que, cada una de ellas, trata de proponer y definir un futuro cuando los modelos e ideologías con las que se ha vivido en los últimos 250 años, tras la Ilustración, se están derrumbando, sin tener ni siquiera una claridad sobre los objetivos que se pretenden alcanzar.
Un caso particularmente claro de esto y que desmonta toda teoría conspirativa de corte antisemita es el de las recientes elecciones israelíes y de la situación empantanada que ha quedado tras la cita con las urnas el pasado 27 de octubre de 2026, mismas que demuestran que el Sionismo está lejos de ser el movimiento o ideología todopoderosa y dominante que muchos imaginan.
Los principales candidatos fueron Benjamín Netanyahu, impulsado por su partido conservador: el Likud, y una coalición en la que entran movimientos o grupos extremistas a los que pertenecen personajes como Ben Gvir o Smotrich. Netanyahu ha sido un personaje que ya tiene labrado su lugar en la Historia, mismo que va a ser bastante polémico, en mi opinión; por un lado, es indudable que Bibi ha sido un líder valiente que ha dedicado su vida a la defensa de su pueblo, sea como sea o dígase lo que se diga sobre él, es indudable su compromiso con la causa de la existencia y la pervivencia del Estado de Israel y la defensa de su pueblo, tan perseguido y masacrado a lo largo de la Historia. Por el otro, es también indubitable que en ese celo, se ha dejado llevar por el exceso y porque, finalmente, al fundamentalismo y la violencia desplegada por los radicales islámicos que han sido sus oponentes durante toda su vida, terminó por devorarlo y convertirlo en su reflejo, instrumentando una brutalidad y ferocidad similar a la ejercida por los enemigos de Israel. Además de ello, es muy probable que, su prolongada estancia en la política, y haberse convertido en el hombre que por más tiempo ha ocupado el cargo de Primer Ministro en Tel Aviv, le ha llevado probablemente a crearse una imagen de sí mismo como "el necesario", o como una especie de "mesías" o de ser el único capaz de defender a su pueblo y vencer a sus enemigos... esto lleva a la soberbia y a cometer errores y descuidar cosas vitales como el plantear alguna sucesión: en México, esta necedad de Don Porfirio Díaz, sería causa inmediata de la terrible guerra civil mal llamada Revolución, iniciada por el pelele de Francisco I. Madero.
Del otro lado, aparece el General Gadi Eizenkot, que incluso fue Jefe del Estado Mayor del ejército, y que rompió con Netanyahu y con el partido Likud, para fundar su propio partido: Yashar!, al considerar que el incombustible ministro ha actuado de manera indebida desde el día 07 de octubre de 2023, incluso pareciéndole sospechoso que los servicios de Inteligencia y las fuerzas armadas hubiesen permitido los sangrientos ataques de Hamas de aquel día. Eizenkot, por otro lado, no es ningún pacifista ni alguien que busque la paz con los palestinos... tiene motivos personales incluso, para no hacerlo: uno de sus hijos, también militar, pereció en Gaza durante la campaña, y lo mismo dos sobrinos.
En ese sentido, es claro que ganara quien ganara la contienda electoral, no habría mucho cambio en la política bélica seguida por Israel en contra de las milicias islámicas como Hamas en la Franja de Gaza o Hezbollah en Líbano y el enfrentamiento contra los Persas, patrocinadores de aquellas, aunque interiormente sí habría un cambio de ganar la elección Eizenkot: sin duda, Netanyahu perdería el poder, y se vería en riesgo de acabar en la cárcel dadas las acusaciones de corrupción de las que es objeto, además de la probable investigación y probable imputación de responsabilidades por un actuar negligente el 07 de octubre de 2023 y en la conducción de la guerra, y quizá una mayor indulgencia para con los Ultra-Ortodoxos que se rehúsan a formar parte del ejército y cuestionan incluso, la existencia del Estado de Israel.
Sin embargo, el escenario se ha complicado: ninguno de los candidatos, ni aún sumando los votos de los partidos minoritarios llega a obtener la mayoría de 61 escaños en el Parlamento, el Knesset, unicameral, (formado por 120 diputados) para poder formar un Gabinete Ministerial y encabezar una administración --recuérdese que Israel es una República Parlamentaria, y que existe un Presidente, que únicamente tiene funciones representativas como Jefe de Estado, mientras que el Primer Ministro encabeza un Gabinete que ejerce materialmente el Poder Ejecutivo, cuya conformación se desprende de la bancada partidista mayoritaria en el Legislativo-- y ambos han jurado que no conformarán una coalición o "Gobierno de Unidad Nacional", Eizenkot y Bibi se detestan personalmente mutuamente, además de que el General no puede traicionar a su electorado formando una alianza con el veterano político, cuando el descontento en su contra ha sido el motor principal de su lucha.
Y en mucho, esta especie de impasse, se ha originado por la aparición de una fuerza inesperada, y al parecer, no prevista ni por un astuto animal político como Netanyahu, ni por un militar experto como Eizenkot, ni ningún otro de los personajes del Liderazgo Judío.: los Árabe-Israelíes.
Creo haber mencionado anteriormente que en Israel existe un 20% de la población que no es de etnia o religión judía ni de lengua natal hebrea: son de lengua árabe y vendrían a ser en realidad descendientes de los palestinos que, al darse la Independencia de Israel en 1948, no huyeron ni fueron expulsados por los colonos judíos, a los que se les concedió la nacionalidad israelí, y cuentan con plenos derechos civiles y políticos, incluso pueden ocupar cargos públicos y ha habido Jueces del Tribunal Supremo que son árabes; en su mayoría son musulmanes, pero hay un importante número de ellos que son cristianos, católicos u ortodoxos, así como pertenecientes a ese extraño culto gnóstico y endogámico de los Druzos, siendo estos últimos tradicionalmente sólidos aliados de los Judíos.
En mucho, al nacer el Estado de Israel, mismo que se presentaba como Estado Judío, e incluso así se le adjetiva popularmente, se permitió que existiera una minoría no judía a fin de mostrar que el nuevo país era realmente democrático, que no discriminaba ni restringía derechos como la libertad religiosa y que era una sociedad plural y diversa, de este modo, se podía mostrar a Israel como "la única Democracia verdadera de Medio Oriente" y totalmente compatible con los valores occidentales emanados desde la Ilustración del siglo XVIII, la Independencia de EUA y la Revolución Francesa del Estado Liberal de Derecho y hasta laico. Sin embargo, Medio Oriente, aunque se oiga como perogrullada, no es Occidente.
Evidentemente: Judíos y Musulmanes aunque compartan la nacionalidad en el papel, no se ven entre sí como iguales y tienen siempre sospechas y reticencias unos sobre otros: Israel es fruto del Sionismo, entendido éste como una reivindicación nacionalista de los Judíos para constituir su propio Estado-Nación, (no un ideal supremacista racial o religioso como pretende mucho conspiranoico y también algunos radicales judíos) por lo tanto, aplicando esta tesis surgida del nacionalismo decimonónico, aderezada con el milenario tribalismo de la región, los árabes y de religión distinta, no tendrían cabida en el proyecto. Para los otros, los Judíos, sobre todo los Ashkenazi, no son otra cosa más que intrusos, colonizadores extranjeros que llegaron y rompieron la convivencia relativamente pacífica existente entre las comunidades de la zona durante la dominación del Califato Otomano: Musulmanes, Cristianos e incluso Judíos Mizrahi, es decir, aquellos que vienen de las comunidades que jamás abandonaron su hogar ancestral ni se convirtieron a otros credos.
Así, para muchos políticos Judíos en Israel, los Arabe-israelíes no son de fiar, pueden ser una quinta columna infiltrada en lo que debe ser "su" Estado exclusivamente y generalmente no les aceptan en ninguno de los partidos políticos tradicionales israelíes, como el Likud, o el Laborista; y por supuesto, Eizenkot tampoco los acepta en el suyo; además, aunque algunos de ellos hayan ocupado altos puestos en la Judicatura, no ha habido miembros de los Gabinetes Ministeriales de 1948 a la fecha que hayan sido pertenecientes a las comunidades musulmanas del país, y es que, ante esta separación, los Arabe-israelíes han formado sus propios partidos políticos por los que votan los de su propia etnia. Eso hacía, además, que no fueran tomados en cuenta por los políticos y ciudadanos judíos siempre aplastantemente mayoritarios, ya que de los 120 legisladores del Knesset, los partidos árabes siempre apenas obtenían 5 o 10 escaños máximo, ya que además, convencidos de que poco podían hacer para cambiar o influir en el estado de cosas, la mayoría de sus electores se abstenían de votar.
Pero, a raíz de los hechos del 07 de octubre de 2023, las cosas cambiaron:
La agresividad desplegada por el Gobierno de Netanyahu contra los Gazatíes, la actuación desbocada de los colonos judíos en Cisjordania y también los ataques de parte del psicópata Ben Gvir como Ministro de Seguridad Nacional que de inmediato señaló a los Árabe-israelíes de ser quintacolumnistas o infiltración del enemigo, despertaron en estos cierta conciencia étnica y de solidaridad con sus correligionarios palestinos, a la vez que muchos Judíos, inconformes y hartos con la guerra y la hostilidad internacional que la misma ha propiciado hacia los hebreos, llevaron a que muchos comenzaran a ver a los "partidos árabes": la Lista Árabe Unida y el Raam, como verdaderas opciones electorales viables, con lo que, en estas elecciones vieron aumentar de manera exponencial los sufragios recibidos con relación a procesos anteriores, obteniendo un decisivo número de escaños en el Legislativo: 18.
De esta manera, si el Likud y su bloque quisieran formar gobierno, tendrían que hacer alianza con estos institutos políticos árabes, o lo mismo tendrían que hacer el General Eizenkot y sus partidarios, sin embargo, ninguno quiere hacer tal cosa (aunque el exmilitar parece últimamente estar levemente sopesando ceder y aliarse a los árabes) y tampoco hacer una alianza entre ellos. Así que de repente, y de una manera irónica, que tras tanta violencia y mortandad infligida contra los palestinos, sus similares con pasaporte israelí tienen en sus manos, el destino de la Democracia Hebrea.
Por supuesto, tanto Netanyahu como Eizenkot han salido a despotricar y a acusar a los partidos árabes de "robarse la elección", hacer fraude y contar con apoyo económico de Qatar, el emirato petrolero que ha financiado al terrorismo palestino por años, aunque es poco probable que haya habido alguna práctica fraudulenta de parte de estos partidos minoritarios para alterar los resultados electorales, no es de dudarse que Qatar u otras fuerzas islamistas les hayan brindado apoyo monetario y también en la planeación de una astuta e inteligente estrategia que ha convertido, por primera vez, con ayuda de la Demografía a los ciudadanos israelíes de lengua árabe en un factor decisivo de poder, colocando a los Judíos en un dilema: o aceptan la plena participación política de aquellos en el Estado de Israel, que perdería así su carácter puramente Judío, permitiendo que musulmanes ocupen cargos ministeriales en el Gobierno, lo que sin duda cambiaría lo política respecto a los palestinos necesariamente, o le quitan el carácter de ciudadanos a tales árabes, lo que redundaría en la imagen de Israel como un Estado segregacionista al estilo de la Sudáfrica del Apartheid y le convertiría en un verdadero paria internacional.
Para los que creen que el Sionismo es una especie de secta omnisciente y todopoderosa, esto demuestra que no es así, y para los que creen que los Judíos forman un todo monolítico que domina el mundo, esto también muestra que eso es falso. La verdad, tal parece que el futuro de Israel como Estado Judío está comprometido, esto demuestra sus debilidades y falencias, y por el contrario, muestra la capacidad de las fuerzas islámicas para incluso, hacerse con influencia y cierto control sobre la vida política de su enemigo. Han pasado ya varios días y la moneda está en el aire.
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Cuauhtémoc Cárdenas:



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